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Boletín de AdoraSI
 | | Asunto: | No. 19 - Contemplemos la Pasión - Jesús es traicionado | | Fecha: | 6 de Abril, 2007 03:48:51 (+0200) | | Autor: | AdoraSI <adorasi @.......com>
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| ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima! |
Boletín #19 de AdoraSI.com
Hermosillo, Sonora, México. Viernes 6 de abril de 2007.
CONTENIDO:
1. Del editor 2. Contemplemos la Pasión 3. Jesús es traicionado 4.
Avisos |
| 1. Del editor
¡Hola de nuevo! Contemplemos con profundo amor y apertura de corazón la Pasión
de nuestro Señor. En esta ocasión, nuestro boletín te invita a meditar este
misterio de nuestra redención.
Que la Gracia de Dios te inunde en esta Semana
Santa y, como siempre, te recuerdo: comparte tu fe, recomienda AdoraSI.com y este
boletín a tus amistades y conocidos. ¡Paz, Alegría y Bien! |
| 2. Contemplemos la Pasión
La liturgia de estos días nos ha acercado al misterio fundamental de nuestra
fe: la Resurrección del Señor. Pero no podremos participar de Su Resurrección si
no nos unimos a su Pasión y Muerte. Por eso, durante estos días, acompañemos a
Jesús, con nuestra oración, en su vía dolorosa y en su muerte en la Cruz.
No
olvidemos que nosotros fuimos protagonistas de aquellos horrores, porque Jesús
cargó con nuestros pecados (1 Pedro 2, 24), con cada uno de ellos. Fuimos
rescatados de las manos del demonio y de la muerte a gran precio (1 Corintios 6,
20), el de la Sangre de Cristo.
Santo Tomás de Aquino decía: “La Pasión de
Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida”. Al preguntarle a
San Buenaventura de donde sacaba tan buena doctrina para sus obras, le contestó
presentándole un Crucifijo, ennegrecido por los muchos besos que le había dado:
“Este es el libro que me dicta todo lo que escribo; lo poco que sé aquí lo he
aprendido”.
Nos hace mucho bien contemplar la Pasión de Cristo: en nuestra
oración personal, al leer los Santos Evangelios, en los misterios dolorosos del
Santo Rosario, en el Vía Crucis... En ocasiones nos imaginamos a nosotros mismos
presentes entre los espectadores que fueron testigos en esos momentos.
También
podemos intentar con la ayuda de la gracia, contemplar la Pasión como la vivió el
mismo Cristo. Parece imposible, y siempre será una visión muy empobrecida de la
realidad, pero para nosotros puede llegar a ser una oración de extraordinaria
riqueza.
Dice San León Magno que “el que quiera de verdad venerar la pasión del
Señor debe contemplar de tal manera a Jesús crucificado con los ojos del alma,
que reconozca su propia carne en la carne de Jesús” (Sermón 15 sobre la Pasión).
La meditación de la Pasión de Cristo nos consigue innumerables frutos. En
primer lugar nos ayuda a tener una aversión grande a todo pecado, pues Él fue
traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados (Isaías 53, 5).
Los padecimientos nos animan a huir de todo lo que pueda significar
hacernos comodinos y perezosos; avivan nuestro amor y alejan la tibieza. Hacen
nuestra alma mortificada, guardando mejor el buen uso de nuestros sentidos.
Y
si el Señor permite el dolor siempre será para nuestra salvación y santificación
–aunque no entendamos de inmediato cómo- y nos será de gran ayuda para el ánimo
considerar amorosamente y con gratitud los dolores de Cristo en su Pasión.
Hagamos el propósito de estar más cerca de la Virgen estos días de la Pasión de
su Hijo, y pidámosle que nos enseñe a contemplarle en esos momentos en los que
tanto sufrió por nosotros. |
| 3. Jesús es traicionado
Levantaos, vamos -dice Jesús a los que le acompañan en el Huerto de Getsemaní-
ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas,
uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos (Mateo 26,
46-47): se consuma la traición.
Judas fue elegido y llamado para ser Apóstol
por el mismo Señor, experimentó la predilección de Jesús, y llegó a ser uno de
los Doce más íntimos. También fue enviado a predicar, y vería el fruto copioso de
su apostolado; quizá hizo milagros como los demás. ¿Qué ha pasado en su alma para
que ahora traicione al Señor?
El resquebrajamiento de su fe y de su vocación,
debió producirse poco a poco. Permitió que su amor al Señor se fuera enfriando y
sólo quedó un mero seguimiento externo. El acto que ahora se consuma ha sido
precedido de infidelidades y faltas de lealtad cada vez mayores.
Por contraste,
la perseverancia es la fidelidad diaria en lo pequeño. Perseverar en la propia
vocación es responder a las sucesivas llamadas que el Señor hace a lo largo de
una vida, aunque no falten obstáculos y dificultades y a veces errores aislados,
cobardías y derrotas.
La traición se consuma en el cristiano por el pecado
mortal. Todo pecado, incluso el venial, está relacionado íntima y misteriosamente
con la Pasión del Señor. Por muy grandes que puedan ser nuestros pecados, Jesús
nos espera siempre para perdonarnos en la Confesión, y cuenta con nuestra
flaqueza, los defectos y las equivocaciones.
Debemos recordar que Dios no pide
tanto el éxito, como la humildad de recomenzar sin dejarse llevar por el
desaliento y el pesimismo, poniendo en práctica la virtud teologal de la
esperanza. Judas rechazó la mano que le tendió el Señor, y su vida, si Jesús,
quedó rota y sin sentido.
Jesús se quedó solo. Los discípulos han ido
desapareciendo poco a poco. Pedro le seguía de lejos (Lucas 22, 54). Y de lejos,
como comprendería pronto Pedro después de su negación, no se puede seguir a
Jesús. O se sigue al Señor de cerca o se le acaba negando.
Hoy nosotros le
aseguramos a Jesús que queremos seguirle de cerca, y nunca dejarlo solo. Le
pedimos a la Virgen que nos dé las fuerzas necesarias para permanecer junto al
Señor en los momentos difíciles, con afanes de desagravio y de corredención.
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¡GRACIAS Y QUE DIOS TE BENDIGA!
Quinardo Meléndrez www.adorasi.com
RECUERDA QUE: "... el que persevere hasta el fin, ése se salvará." (Mateo
10,22)
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