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Boletín de AdoraSI
 | | Asunto: | No. 20 - Jesús muere en la Cruz - La sepultura del Sagrado Cuerpo | | Fecha: | 7 de Abril, 2007 01:50:20 (+0200) | | Autor: | AdoraSI <adorasi @.......com>
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| ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima! |
Boletín #20 de AdoraSI.com
Hermosillo, Sonora, México. Sábado 7 de abril de 2007.
CONTENIDO:
1. Del editor 2. Jesús muere en la Cruz 3. La sepultura del Sagrado Cuerpo 4.
Avisos |
| 1. Del editor
Un día como este, el cielo se oscureció, y el Cielo se entristeció, pues era
el Hijo de Dios quien padecía y moría. Pero no hubo reproches en los ojos de
Jesús, tan sólo piedad y compasión.
¿Porqué tanto sufrimiento? “Todo lo que
padeció es el precio de nuestro rescate”, dijo San Agustín.
Que el Señor ilumine
nuestras almas y el Espíritu Santo nos guíe en esta meditación. |
| 2. Jesús muere en la Cruz
Jesús es clavado en la Cruz. Toda Su vida está dirigida a este momento supremo.
Ahora apenas logra llegar, jadeante y exhausto, a la cima de aquel pequeño
montículo llamado Calvario o “lugar de la calavera”.
Enseguida lo tienden sobre
el suelo y comienzan a clavarle en el madero que será el travesaño de la Cruz.
Introducen los hierros primero en donde comienzan las manos, con desgarro de
nervios y carne. Luego es levantado hasta quedar erguido sobre el palo vertical
que está fijo en el suelo. A continuación le clavan los pies...
María su Madre,
contempla toda la escena con inmenso dolor. La cruz, que hasta ese día había sido
un instrumento infame y deshonroso, se convertía ahora en árbol de vida y
escalera de gloria. Jesús está elevado en la Cruz. No hay reproches en los ojos
de Jesús, sólo piedad y compasión. ¿Porqué tanto padecimiento?, se pregunta San
Agustín. Y se responde: “Todo lo que padeció es el precio de nuestro rescate”
(Comentario sobre el Salmo 21).
La crucifixión era la ejecución más cruel y
afrentosa que conoció la antigüedad. Un ciudadano romano no podía ser
crucificado. La muerte sobrevenía después de una larga agonía. Muchos son los que
se niegan a aceptar a un Dios hecho hombre que muere en un madero para salvarnos:
el drama de la Cruz sigue siendo motivo de escándalo para los judíos y locura
para los gentiles (1 Corintios 1, 23).
La unión íntima de cada cristiano con su
Señor necesita de ese conocimiento completo de su vida, también de este capítulo
de la Cruz. Aquí se consuma nuestra Redención, aquí encuentra sentido el dolor
del mundo, aquí vislumbramos la maldad del pecado y el amor de Dios por cada
hombre.
No quedemos indiferentes ante un Crucifijo. “Es muy posible que en
alguna ocasión, a solas con un crucifijo, se te vengan las lágrimas a los ojos.
No te domines... pero procura que ese llanto acabe en un propósito” (J. Escrivá
de Balaguer, Vía crucis) .
Los frutos de la Cruz no se hicieron esperar. Uno de
los ladrones, después de reconocer sus pecados, se dirige a Jesús: Señor,
acuérdate de mí cuando estés en tu reino. Para convertirse en discípulo de Cristo
no ha necesitado de ningún milagro; le ha bastado contemplar de cerca el
sufrimiento del Señor.
La eficacia de la Pasión no tiene fin. Cada uno de
nosotros puede decir en verdad: el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí
(Gálatas 2, 20). Muy cerca de Jesús está su Madre, y con Ella, Juan, el más joven
de los Apóstoles. En la persona del discípulo, Cristo nos da a su Madre como
Madre nuestra. (Juan 19, 26-27). Pidámosle a Santa María: “Haz que me enamore su
Cruz y que en ella viva y more” (Himno Stabat Mater). |
| 3. La sepultura del Sagrado Cuerpo
Después de tres horas de agonía Jesús ha muerto. El cielo se oscureció, pues
era el Hijo de Dios quien moría. El velo del templo se rasgó de arriba abajo,
significando que con la muerte de Cristo había caducado el culto de la Antigua
Alianza (Hebreos 9, 1-14); ahora, el culto agradable a Dios se tributa a través
de la Humanidad de Cristo, que es Sacerdote y Víctima.
Uno de los soldados le
abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua (Juan 19, 33).
San Agustín y la tradición cristiana ven brotar los sacramentos y la misma
Iglesia del costado abierto de Jesús (San Agustín, Comentario al Evangelio de San
Juan). Esta herida que traspasa el corazón es de superabundancia de amor que se
añade a las otras, y María, que sufre intensamente, comprende ahora plenamente
las palabras de Simeón: “una espada traspasará tu alma”.
Bajaron a Cristo de la
Cruz con profundo cariño y lo depositaron en brazos de su Madre. Miremos a Jesús
como le miraría la Virgen Santísima, y digámosle: ¡Oh buen Jesús!, Óyeme. Dentro
de tus llagas escóndeme. No permitas que me aparte de Ti (Misal Romano, Acción de
gracias de la Misa)
Excepto Juan, todos los discípulos han huido. José de
Arimatea se presenta ante Pilato para hacerse cargo del Cuerpo de Jesús: ¡Qué
valiente reclamo! Luego aparece Nicodemo, el mismo que había reconocido a Jesús
como enviado de Dios (Juan 3, 1-2). Ahora viene trayendo una mezcla de mirra y
áloe, como de cien libras (Juan 19, 39). ¡Cómo agradecería la Virgen la ayuda de
estos dos hombres: su generosidad, su valentía, su piedad!
El pequeño grupo
junto a la Virgen y las mujeres que menciona el Evangelio, se hace cargo de dar
sepultura al Cuerpo de Jesús: lo lavaron con extremada piedad, lo perfumaron, lo
envolvieron en un lienzo nuevo que compró José (Marcos 15, 46), y lo depositaron
en un sepulcro nuevo excavado en la roca propiedad del mismo José, y finalmente
cubrieron su cabeza con un sudario (Juan 20, 5-6). ¡Qué ejemplo nos dan José de
Arimatea y Nicodemo! ¡Cuando todo el mundo te abandone y desprecie, Señor, yo te
seguiré sirviendo!
No sabemos dónde estaban los Apóstoles aquella tarde.
Andarían perdidos, desorientados y confusos. Pero acuden a la Virgen. Ella
protegió con su fe, su esperanza y su amor a esta naciente Iglesia, débil y
asustada. Así nació la Iglesia: al abrigo de nuestra Madre.
Si alguna vez nos
encontramos perdidos por haber abandonado el sacrificio y la Cruz como los
Apóstoles, debemos acudir enseguida a esa luz continuamente encendida en nuestra
vida que es la Virgen Santísima. Ella nos devolverá la esperanza. Junto a Ella
nos disponemos a vivir la inmensa alegría de la Resurrección. |
¡GRACIAS Y QUE DIOS TE BENDIGA!
Quinardo Meléndrez www.adorasi.com
RECUERDA QUE: "... el que persevere hasta el fin, ése se salvará." (Mateo
10,22)
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