 | | Asunto: | El Apóstol Santo Tomás y nuestro testimonio de fe. | | Fecha: | 16 de Abril, 2007 18:13:49 (+0200) | | Autor: | AdoraSI <adorasi @.......com>
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| ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima! |
Boletín #22 de AdoraSI.com
Hermosillo, Sonora, México. Lunes 16 de abril de 2007.
CONTENIDO:
1. Del editor 2. El Apóstol Santo Tomás y nuestro testimonio de fe. 3.
Avisos |
| 1. Del editor
¡Hola! Saludos afectuosos y ricas bendiciones.
Iniciamos dándote la
bienvenida a esta edición número 22 de nuestro boletín gratuito de noticias y
temas de espiritualidad, esperando que resulte útil y agradable para ti.
En este
tiempo Pascual, vivimos de manera especial la alegría de la Resurrección, y en la
presente edición de nuestro boletín te ofrecemos una meditación en aquel famoso
“ver para creer” de Santo Tomás, para provecho de nuestra fe personal.
En
AdoraSI.com tenemos un par de novedades: la primera es que incluimos una breve
semblanza acerca de la vida y obra de San Marcos, el Evangelista (puedes verla en
www.adorasi.com/temas/san-marcos-evangelista.php),
un verdadero héroe de la fe, cuya fiesta la Iglesia celebra el 25 de abril. En la
víspera, nuestra Sección Adoradora celebrará la Vigilia Solemne correspondiente,
a los piés de Jesús Sacramentado (consulta nuestro calendario de actividades en
la sección de Avisos para más información).
También, en AdoraSI.com encontrarás
un extraordinario poema de Santa Teresa de Jesús (también conocida como Santa
Teresa de Ávila), mediante el cual la gran doctora de la Iglesia expresa con
sencillez, profundidad y belleza la solución a la falta de paz. “Nada te turbe”
se llama, y te lo ofrecemos junto con un hermoso video y canto. Disfrútalo en www.adorasi.com/musica/nada-te-turbe.php.
Ayer celebramos en la Iglesia de manera especialísima a nuestro Señor de la
Misericordia... ¿ya iniciaste la novena? Las gracias que nuestro amado Señor
concede mediante esta devoción a quienes le abrimos nuestro corazón con
confianza, en verdad son grandes. Digamos desde lo profundo de nuestra alma:
¡Jesús, en ti confío!
Como siempre, te recuerdo: Comparte tu fe, recomienda
AdoraSI.com y este boletín a tus amistades y conocidos. ¡Paz, Alegría y Bien!
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| 2. El Apóstol Santo Tomás y nuestro testimonio de fe.
El primer día del mundo nuevo, aquél domingo en que resucitó el Señor, Él viene
a confortar a sus más íntimos: “... les mostró las manos y el costado. Los
discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con
vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»” (Juan 20, 20-21).
Tomás no estaba presente, no pudo ver al Señor ni oír sus consoladoras
palabras. ¡Hemos visto al Señor!, le dijeron los demás. Pero Tomás estaba
profundamente afectado por lo que había sucedido: ¡la Crucifixión y la Muerte del
Maestro! Tomás pensaba que el Señor estaba muerto, aunque los demás le aseguran
que vive: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el
agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20, 25).
Y en efecto: para muchos hombres y muchas mujeres, Cristo es como si estuviera
muerto, no cuenta en sus vidas; viven como si esta vida fuera todo cuanto hay.
Pero nuestra fe en Cristo resucitado nos impulsa a decirles de mil formas
diferentes que Cristo vive, que nos unimos a Él por la fe y lo tratamos cada día,
que orienta y da sentido a nuestra vida. Así contribuimos personalmente a
edificar la Iglesia, como los primeros cristianos.
Ocho días después, Jesús se
aparece de nuevo a los Apóstoles. Tomás estaba con ellos. El Señor le dice: “Trae
aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas
incrédulo sino fiel” (Juan 20, 26-27). La respuesta de Tomás es un acto de fe, de
adoración y de entrega sin límites: ¡Señor mío y Dios mío! Su fe brota, no tanto
de la evidencia de Jesús, sino de un dolor inmenso. El Amor lo lleva a la
adoración y de vuelta al apostolado.
La duda inicial de Tomás ha servido para
despejar dudas y confirmar la fe de los que más tarde habrían de creer en
Jesucristo. Si nuestra fe en Él es firme, también se apoyará en ella la de otros
muchos, para lo cuál es preciso que vaya creciendo de día en día, que aprendamos
a mirar los acontecimientos y las personas como Él las mira, y que nuestro actuar
en el mundo esté vivificado por la doctrina de Jesús. “¡Señor mío y Dios mío!”
Estas palabras de Tomás pueden ayudarnos a nosotros a actualizar nuestra fe y
nuestro amor a Cristo resucitado, realmente presente en la Hostia Santa.
La
Resurrección del Señor nos llama a que manifestemos con nuestra vida que Él vive:
“Ya no soy yo quien vive, Tú eres Quien vive en mí... Tu Espíritu mora en mí y mi
espíritu mora en ti” (Canto “In Persona Christi”, www.adorasi.com/musica/in-persona-christi.php).
Para confesar nuestra fe con la palabra es necesario conocer su contenido
con claridad y precisión. Muchos cristianos han olvidado lo esencial del
contenido de su fe o se han conformado con la catequesis de antes de su primera
comunión, estructurada para la comprensión infantil. Pero debemos progresar en la
fe, y ser un cristiano maduro, un maestro (Hebreos 5, 12-14).
Por eso, la
Iglesia nos insiste en el estudio del Catecismo: “Y lo que pido en mi oración es
que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo
discernimiento, con que podáis aquilatar lo mejor para ser puros y sin tacha para
el Día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo,
para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1, 9-11).
Tomás cometió el error
de ausentarse de la Iglesia. Nadie está peor informado que el que está ausente.
Separarse de la comunidad de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas
de fe. Pero él, además de que se reintegró, tenía una gran cualidad: se negaba a
creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en
realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese
tema. No, nunca iba a rezar el credo como un loro. No era de esos que repiten
maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro
de su fe.
Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias
las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo esa
bellísima profesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Por eso se fue después, de
acuerdo a la tradición cristiana, a propagar el evangelio por Persia y la India,
obedeciendo el mandato del Señor: “Como el Padre me envió, también yo os envío”,
hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado.
Bendigamos aquellas preciosas dudas de Tomás, porque obtuvieron de Jesús
aquella bella noticia: “Dichosos los que no han visto y han creído” (Juan 20,
29). Pidamos a la Virgen, Asiento de la Sabiduría, Reina de los Apóstoles, que
nos ayude a manifestar con nuestra fe, nuestro testimonio de vida y nuestras
palabras, que Cristo vive. |
¡GRACIAS Y QUE DIOS TE BENDIGA!
Quinardo Meléndrez www.adorasi.com
RECUERDA QUE: "... el que persevere hasta el fin, ése se salvará." (Mateo
10,22)
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