| 2. Miércoles de ceniza: conversión y penitencia
La liturgia de la Iglesia nos invita sin cesar a purificar nuestra alma y a
recomenzar de nuevo.
En el momento de la imposición de la ceniza sobre nuestra
cabeza, se nos recuerdan las palabras del Génesis, después del pecado original:
Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir (Génesis 3,
19). Y sin embargo, a veces olvidamos que, sin el Señor, somos nada.
Quiere el
Señor que nos despeguemos de las cosas de la tierra para volvernos a Él. Jesús
busca en nosotros un corazón contrito, conocedor de sus faltas y pecados y
dispuesto a eliminarlos.
También desea un dolor sincero de los pecados que se
manifestará ante todo en la Confesión sacramental.
El Señor nos atenderá si en
el día de hoy le repetimos de corazón: ¡Oh Dios! crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
La verdadera conversión se manifiesta
en la conducta: en el trabajo, hecho con orden, puntualidad e intensidad; en la
familia, mortificando nuestro egoísmo y creando un ambiente más grato en nuestro
entorno; y en la preparación y cuidado de la Confesión frecuente.
El Señor
también nos pide hoy una mortificación más especial, que ofrecemos con alegría:
la abstinencia y el ayuno; también la limosna que, ofrecida con un corazón
misericordioso, desea llevar consuelo a quien pasa necesidad.
Cada uno debe
hacerse un plan concreto de mortificaciones para ofrecer al Señor diariamente
esta Cuaresma.
Para hacerlo, tengamos en cuenta que deben ser "mortificaciones
que no mortifiquen a los demás, que nos vuelvan más delicados, más comprensivos,
más abiertos a todos" (del libro "Es Cristo que pasa" de J.M. Escrivá de Balaguer
)
San Pablo (2 Corintios, 5) nos dice que éste es un tiempo excelente que
debemos aprovechar para una profunda conversión.
Podemos estar seguros que vamos
a estar sostenidos por una particular gracia de Dios, propia del tiempo litúrgico
que hemos comenzado:
"Tiempo para que cada uno se sienta urgido por Jesucristo.
Para que los que alguna vez nos sentimos inclinados a aplazar esta decisión
sepamos que ha llegado el momento. Para que los que tengan pesimismo, pensando
que sus defectos no tienen remedio, sepan que ha llegado el momento.
Comienza
la Cuaresma; mirémosla como un tiempo de cambio y de esperanza" (del libro
"Tiempo para creer" de A.M. García Dorronsoro). |