| ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima! |
Boletín #50 de AdoraSI.com
Hermosillo, Sonora, México. Martes 18 de marzo de 2008.
CONTENIDO:
1. Del editor 2. Corredimir con Cristo 3. Avisos |
| 1. Del editor
¡Hola! Saludos afectuosos y ricas bendiciones. Te damos la bienvenida a esta
edición de nuestro boletín de noticias y temas de espiritualidad, esperando que
resulte útil y agradable para ti.
El pecado se considera una ofensa a Dios:
“Contra ti, contra ti sólo he pecado, lo malo a tus ojos cometí” (Salmo 51, 6).
El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de El nuestros
corazones.
Como el primer pecado, todo pecado es una desobediencia, una
rebelión contra Dios por el deseo de hacerse “como dioses”, pretendiendo conocer
y determinar el bien y el mal (Génesis 3, 5). El pecado es así, como lo expresa
San Agustín, “amor de sí hasta el desprecio de Dios”.
Por esta exaltación
orgullosa de uno mismo, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de
Jesús que realiza la salvación (Filipenses 2, 6-9)
Es en la Pasión y muerte de
Cristo, en donde el pecado manifiesta a plenitud su multiplicidad y violencia:
incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de
Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas, negaciones de Pedro,
abandono de los discípulos...
Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y
del príncipe de este mundo (Juan 14, 30), el sacrificio de nuestro Señor
Jesucristo se convierte en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de
nuestros pecados (Catecismo 1849-1851).
Todos los bautizados participamos del
sacrificio de Cristo al ofrecer nuestros dolores y sufrimientos para la remisión
de los pecados propios y de los demás, ya que somos parte de la Iglesia, el
Cuerpo de Cristo (Efesios 5, 29-30) y somos así, corredentores con Cristo.
Nunca
dejando de pedir por ti y tus intenciones, continuamos animándote a compartir tu
fe, recomendar este boletín y nuestro sitio en Internet, AdoraSI.com, para la
mayor gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.
¡Paz, Alegría y Bien!
P.D.
Consideremos estas meditaciones de Semana Santa:
Contemplemos la Pasión: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/contemplemos-la-pasion.php La Última Cena del Señor: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/la-ultima-cena-del-senor.php La oración de Getsemaní: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/la-oracion-de-getsemani.php Jesús es traicionado: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/jesus-es-traicionado.php Jesús muere en la Cruz: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/jesus-muere-en-la-cruz.php La sepultura del sagrado Cuerpo: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/la-sepultura-del-sagrado-cuerpo.php Resucitó de entre los muertos: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/resucito-de-entre-los-muertos.php Santo Tomás y nuestro testimonio de fe: www.adorasi.com/temas/reflexiones-cristianas/santo-tomas-y-nuestro-testimonio-de-fe.php |
| 2. Corredimir con Cristo
Redimir significa liberar por medio de un rescate. Redimir a un cautivo era
pagar un rescate por él, para devolverle la libertad.
Nosotros, después del
pecado original, éramos esclavos del pecado y del demonio, y no podíamos alcanzar
el Cielo. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, pagó el rescate con su
Sangre, derramada en la Cruz.
Jesucristo nos liberó del pecado, y así sanó la
raíz de todos los males; de esa forma hizo posible la liberaciónintegral del
hombre. Sólo existe un mal verdadero, que hemos de temer y rechazar con la
gracia de Dios: el pecado.
Los demás males que aquejan al hombre sólo es
posible vencerlos a partir de la liberación del pecado. Los males físicos -el
dolor, la enfermedad, el cansancio- si se llevan por Cristo, se convierten en
verdaderos tesoros para el hombre, y hemos de aprender a santificarlos y a
ofrecerlos (Romanos 8, 17).
¿Y la felicidad? La contemplación de Dios saciará
nuestras ansias de felicidad: “Tu rostro buscaré, Señor” (Salmo 26). Y esto
tendrá lugar al despertar, porque la vida es como un sueño. Cuando el Señor dice:
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10, 10), no
se refería a una vida terrena cómoda y sin dificultades, sino a la vida eterna,
que tiene sus inicios ya en ésta.
Es de tal valor la vida que Cristo ha ganado
para nosotros, que todos los bienes terrenos deben estarle subordinados. El
precio que Cristo pagó por nuestro rescate fue su propia vida. San Pablo nos
recuerda: “Habéis sido comprados a gran precio”, y añade: “glorificad a Dios y
llevadle en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6, 20).
¿Cómo aprecio la vida de la
gracia que me consiguió Cristo en el Calvario? ¿Uso mi voluntad y mis talentos
–la parte que me toca- para aumentarla? ¿Evito las ocasiones de pecar?
Este es
un buen momento para recordar que la Redención se realizó una sola vez mediante
la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y se actualiza ahora en cada
hombre, de un modo particularmente intenso, cuando participa íntimamente del
Sacrificio de la Misa.
La Redención se realiza también en cada una de nuestras
conversiones interiores, cuando hacemos una buena Confesión, cuando ofrecemos el
dolor en reparación de nuestros pecados, por nuestra salvación y por la del mundo
entero: nos hacemos corredentores con Cristo.
María, cuya alma atravesó la
espada (Lucas 2, 34-35), es maestra de corredención. Al terminar nuestra oración
acudamos a la Virgen para que nos enseñe a vivir nuestra vocación de
corredentores con Cristo en medio de nuestra vida ordinaria. |
¡GRACIAS Y QUE DIOS TE BENDIGA!
Quinardo Meléndrez www.adorasi.com
RECUERDA QUE: "... el que persevere hasta el fin, ése se salvará." (Mateo
10,22)
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