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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Revista Al Filo de la Realidad Nº 160
Fecha:Martes, 12 de Diciembre, 2006  11:23:25 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 
 
___________________________________________________________________________
OCULTISMO                                         OVNIs                                      PARAPSICOLOGÍA
 
Año 7                            Martes 12 de diciembre de 2006                        N° 160            
AL FILO DE LA REALIDAD
"Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo". Voltaire.
 
((( Fundada el 10-5-2000 )))
                                                                                                                      
                                                                                                                      
 
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En este número de AFR:
 
— ¿CONVENIENCIA O AGGIORNAMIENTO? ¿ALTERNATIVAS O COMPLEMENTARIAS?
     por Gustavo Fernández
 
— SI ISRAEL ES EL PUEBLO ELEGIDO, A MI DIOS QUE NO ME ELIJA
     por Ángel Rodríguez Álvarez
 
— FOTOGRAFÍAS PARANORMALES: ¿LA OPORTUNIDAD, EL LUGAR O EL SUJETO?
     por Gustavo Fernández
 
 

 
 
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  • La Embestida de los Escépticos.
  • ¿Existen los "Hechizos" y "Maleficios"?
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      Terapias

       

       
      ¿Conveniencia o aggiornamiento? 

       

      ¿ALTERNATIVAS O COMPLEMENTARIAS?

       

      escribe: Gustavo Fernández

       

       

          Algún día —qué duda cabe— las Terapias No Convencionales tendrán el rango de técnicas aceptadas no sólo por la comunidad científica sino por el común de los mortales y, siempre en el medio, los sistemas de salud de los países, sean éstos avanzados o no. Pero quedan en el camino muchos obstáculos por superar, entre los cuales no son los menos, por un lado, el mercantilismo desvergonzado de algunos cultores de estas disciplinas —que las practican menos por vocación que por oportunidad comercial— y, sin duda, muchas cuestiones epistemológicas.

       

          Una de ellas se viene soslayando sistemáticamente o, en el mejor de los casos, es defendida desde lo que creo un punto de vista filosóficamente equivocado. Y digo “filosóficamente” por ser, nostálgico pensador, un convencido de que ésta —la Filosofía de qué y por qué antes que el cómo— subyace en la raíz de toda ciencia, pura o aplicada, dura o social. Y que en tanto no resolvamos entre todos los comprometidos —por afición o elección laboral— un cuestionamiento básico, no terminaremos de cerrar ciertos círculos.

       

          Es la pregunta del título. ¿Debemos seguirlas llamando “alternativas” o, como crece en el consenso de muchos profesionales de respeto, “complementarias”?. Ya se sabe complementarias a qué: a la medicina tradicional. Y éste es el punto. ¿Se afirma esto por convencimiento o por conveniencia?. A saber que en muchos países es sencillo que se endilgue a los terapeutas no convencionales el epíteto de “ejercicio ilegal de la medicina”, uno (yo) tiene la sensación de que la afirmación de “Complementariedad” responde más a la necesidad de mantener satisfechos a los doctorandos universitarios en sus poltronas que a la plausible —pero discutible— sumatoria de las mismas (de sumarse a aquella medicina ortodoxa, digo). Como si “quedar bien” con aquellos significara —ingenuidad fatal— ser “políticamente correcto” y estar a salvo de cualquier persecución.

       

          No sería problema si, otra vez filosóficamente, tal aggiornamiento fuera posible. Pero, ¿lo es?. Me temo que no. Dado que, como sabemos, la enorme mayoría de las Terapias No Convencionales trabajan con (o aceptan el principio de) la existencia de “campos energéticos” y “planos sutiles” como contexto necesario de sus operatorias —porque de lo contrario, si su acción fuera puramente biológica-mecánica, ¿por qué no serían aceptadas por la medicina convencional si sus efectos serían entonces absolutamente demostrables en los protocolos de investigación académica (y, por lo tanto, absorbidos culturalmente por las facultades de Medicina) ni requerirían de conceptos tan “esotéricos” como, por caso, los que fundamentan la Homeopatía —terapia no convencional próxima al “corpus” institucional de la Medicina, si las hay[1]—. Y el problema, entre otros, es que esa concepción “sutil” conduce a la conclusión de que lo que en muchos casos eterniza la dolencia, genera nuevas en el paciente, lo empeora o simplemente no lo cura es, precisamente, la agresión sufrida en forma de químicos, cirugía, exploraciones agresivas. O, para ponerlo de otra forma, que la efectividad de las Terapias Alternativas está, precisamente, en su “suavidad”, en recomponer, armonizar lo basal, es decir, el campo energético, devolviendo el equilibrio holístico. ¿Es compatible con la Aromaterapia —por caso— que el individuo acompañe con Clonazepan o Prozac su tratamiento?. No. Porque la virulencia y desequilibrio energético de los segundos obnubilaría el sutil pero persistente efecto reparador de la primera.

       

          Y podríamos enlistar miles de ejemplos. Que es como decir: en muchos casos, quizás la mayoría, no son compatibles. Si usted tiene cáncer, está en su derecho de atacarlo con Quimioterapia o con Macrobiótica. Pero es infantil suponer que la Quimio más la Macrobiótica duplicarán sus probabilidades curativas.

       

          Y aquí se llega al fondo del problema. Porque las Terapias Alternativas no son hoy por hoy funcionales al gran negocio de la salud mundial[2]. Porque una esencia es ridículamente económica al lado de cualquier medicamento de consumo masivo donde, como se sabe, se paga más por el “marketing”, el “packaging” y los “retornos” a los mismos médicos que por el producto en sí. Otra vez, no pongamos la zanahoria delante del caballo: el problema no es la técnica sino el Sistema dominante que la prostituye y subordina a su principal objetivo que (¿adivinaron?) no es la salud el prójimo, no es mejorar la calidad de vida, no es brindar felicidad a los contribuyentes. Es hacer más dinero.

       

          Y este “condicionamiento memético” (¿recuerdan la expresión?[3]) es tal que hasta se le niega al paciente la posibilidad de elegir por sí mismo qué diablos quiere hacer con su salud, con su cuerpo, con su vida. Un condicionamiento que genera cargas culpógenas en primer lugar (¿qué terapeuta alternativo no ha escuchado, por ejemplo, aquello de “mire, si por mí fuera probaría con el método Hansen y dejaría las drogas pero... ¡qué va a decir mi médico! (o mis hijos, o el vecino), y continúa luego con verdaderas campañas mediáticas donde se le inculca a la población que hay una sola manera de entender la salud —curiosamente, la que maneja el corporativismo farmacéutico— y que asuma los riesgos de no encolumnarse con el rebaño. Esta "incapacidad de elección" llevó a un colega, Martxelo, serio y meduloso terapeuta él mismo, a señalarme muy acertadamente que tampoco es útil la expresión "Alternativas", toda vez que una alternativa significa una opción más o menos en igualdad de posibilidad de ser seleccionada, y el control mediático de la medicina tradicional, sumado a los embates pseudo científicos contra estas terapias hacen que en el paradigma cultural de miles de millones de personas no haya elección posible.

       

          ¿Pero qué término elegir, entonces?

          ¿No Convencionales, como propuse? Sólo hasta que el imperio de la costumbre las haga convencionales.

          ¿Tradicionales, en un sentido histórico? Pero, ¿de acuerdo a la línea histórica de quién?

          ¿Sagradas? Viendo cuánto improvisado mercachifle de estas terapias deambula por ahí, su sacralidad está bastante bastardeada...

       

          En fin. Se puede dar el caso, verbigracia, que hasta alguien se sienta tentado, aquí, de demandarme por hacer propaganda del ejercicio ilegal de la medicina. Eso, sólo demostraría hasta dónde llega en este Sistema una “libertad de expresión” que no debe molestar a los “clichés” estructurados. Es decir, los “memobots”. Y todos, terapeutas y pacientes, agacharán sus cabezas y seguirán alabando a los íconos de lo socialmente aceptable, tal vez por cobardía. Pero siempre sobrevivirán las preguntas:

       

          ¿Alternativas o Complementarias?. ¿Conveniencia o aggiornamiento?

       

       



      [1] Como hemos demostrado en otro trabajo, la verdadera explicación de la Homeopatía —ver la serie “Fundamentos Científicos del Ocultismo” en AFR Nº 2, 4, 5, 7, 8, 10, 12, 13, 15, 16, 17, 19, 22, 23, 26 y 30— estriba en que es la “impronta” química que quede en la suspensión sin, estando por debajo del Número de Avogadro, en su homónima energética, un principio que ni siquiera es entendido por muchos médicos homeópatas aun.

      [2] Ver trabajo El negocio con las enfermedades. Descargar desde aquí.

      [3] Ver mi artículo “La Intoxicación en las Paraciencias. Memética e Illuminati.”, en AFR N° 155.

       


       
      SI ISRAEL ES EL PUEBLO ELEGIDO
      A MI DIOS QUE NO ME ELIJA
       
       

       

       

          A raíz de los comentarios realizados sobre los Annunakis —que últimamente están de moda— y sus actividades sobre el planeta Tierra, parecería que todo quedaría esclarecido en torno a la tan traída y llevada supuesta presencia en nuestro mundo de seres del espacio, es decir, de seres extraterrestres.

       

          Algunos investigadores han buceado en las Escrituras Sagradas de la Civilización Sumeria, donde los redactores de la Biblia han bebido de sus fuentes, registradas en cientos de tablillas de arcilla en escritura cuneiforme, (cuneiforme=forma de cuña, pues son grabaciones con palitos en forma de cuña, que se presionan sobre el barro o arcilla, formando los caracteres de esa escritura).

       

          Según estos investigadores, parecería claro que los Annunakis, también llamados Nephillim en la Biblia, procedentes del planeta NIBIRU, (también llamado MARDUK) serían los creadores de nuestra raza, pues una parte de los Annunakis, llamados IGIGI, encargados de las faenas y trabajos manuales más duros y agotadores, cansados de ese trabajo se rebelaron y amenazaron con destruir alguna de las dinastías "divinas" y destronar a su dios o rey.

       

          Ante esto, mediante ingeniería genética, se realizaron una serie de manipulaciones partiendo de la sangre y la carne de uno de los IGIGI, sacrificado para este menester, y que unido al barro permitió la creación de 14 matrices (7 hombres y 7 mujeres), del humano actual, (seguramente la cosa fue más compleja que lo que narran las tablillas), convertidos en una raza de vulgares esclavos, sin valor alguno como seres humanos. Nosotros haríamos las faenas que los IGIGI no querían realizar.

       

          Las dinastías reales procederían de los reyes originarios, los dioses, por lo que se les atribuía un carácter divino a estos gobernantes.

       

          Hasta aquí todo parece correcto y algunos historiadores avalarían esta tesis.

       

          Todos los relatos en los que se hacen referencias a las idas y venidas y a los tejemanejes de estos dioses, están basados en historias y epopeyas supuestamente ocurridas en la antigüedad.

       

          Pero tal vez las cosas no sean como parecen.

       

          La línea divisoria entre la leyenda y la realidad es tan sutil que se hace muy difícil —a veces imposible— separar una cosa de la otra. Los antiguos tenían un defecto: Eran demasiado poéticos y demasiado idealistas, de forma que cuando hacían un relato sobre algo o alguien, tendían a adornarlo de atributos de toda índole, divinizando a los personajes o presentando escenarios, ciudades, paisajes, de una fantasía a veces exacerbada.

       

          El idealismo y la poesía a veces —con excesiva frecuencia— se alejan de la verdad o la disfrazan.

       

          Siguiendo este razonamiento podemos llegar a descubrir que determinados dioses son realmente planetas, satélites y otros cuerpos celestes, y sus hazañas, sus heroicidades, son en realidad la manifestación de las características de esos cuerpos celestes, así como ocurre también con los fenómenos naturales.

       

          Es lo mismo decir: "Un viento fortísimo causó grandes estragos"

          que decir: "El dios Eolo, enfurecido por la maldad de los humanos, arrasó la zona y castigó con la muerte a los inicuos habitantes de la ciudad".

       

          Es lo mismo decir: "Nibiru penetró en el Sistema Solar, originando cambios en las órbitas de los planetas"

          que decir: "Y llegó el Día del Señor. Y el Señor puso en orden a los demás dioses, y entre ellos hubo gran espanto".

       

          Así pues, no tenemos muy claro quiénes son los dioses reales y cómo diferenciarlos de los dioses de la fantasía o idealización.

       

          Si para afirmar la procedencia extraterrestre de estos dioses (los de carne y hueso) nos apoyamos en sus máquinas volantes y sus hechos "sobrenaturales", nos arriesgamos a llamar extraterrestres a seres sobrevivientes de anteriores civilizaciones, destruidas y desaparecidas, confundidos con dioses —lo cual les venía muy bien e hizo que se preocupasen, los supuestos dioses, muy mucho de mantener esta creencia— cuya evolución técnica llamaría poderosamente la atención de los antiguos, que considerarían mágico o milagroso cuanto hicieran estos seres.

       

          La Civilización Sumeria es la que irradió el conocimiento de estas historias, que se hicieron comunes posteriormente a toda la Humanidad, con las variantes que se producen con el tiempo y la distancia.

       

          Lo que parece claro es que quienes se presentan como dioses no lo serían en absoluto, tal y como entendemos la divinidad, pero sí a ellos debemos nuestra existencia, evidentemente son nuestros amos y dioses a fin de cuentas.

       

          Pero este tipo de dioses no son los que nos interesan (como tales dioses) seres que poseen la misma malignidad que nosotros, pues fuimos hechos a su imagen y semejanza.

       

          Pero sí nos interesan como seres, extraterrestres o no, y saber si su existencia continúa siendo una realidad, y cuál puede ser el futuro que nos tienen reservado a los habitantes de este planeta prisión.

       

          Había —y seguramente sigue existiendo— una enemistad terrible entre dos grupos de dioses, capitaneados por ENKI (Yaveh), y su hermano ENLIL (Baal). Ambos eran hijos de ANU, (Caín), aunque a este tal Caín se le veía poco por aquí, pues estaba ocupado con los asuntos del Cielo.

       

          Entre los dioses no era Caín el asesino, sino su nieto MARDUK, también llamado RA. Este tal Ra, o Marduk fue desterrado por dos veces. Marduk corresponde al Merodach bíblico.

       

          Enki fue el que propuso la creación de los humanos, partiendo de la sangre de un dios deshonrado, llamado KINGU.

       

          A Kingu se le asesinó, y su sangre fue utilizada para la creación de la raza humana.

       

          Así pues, habría existido un Creacionismo —creados por los dioses— en contraposición al Evolucionismo —evolución humana a partir de formas inferiores de vida— aunque yo me inclino más por la palabra Intervencionismo, que es una mezcla de las dos anteriores.

       

          Existe una versión en la que se afirma que fuimos creados por la unión de dos razas, una de Nibiru y otra de Sirio.

       

          Sea como fuere, ENLIL no estaba en absoluto de acuerdo con la creación de los humanos, y su mayor determinación estaba en conseguir su destrucción (Enlil es Baal). Esa destrucción la consiguió con el Diluvio Universal, aunque los propios dioses quedaron espantados del resultado. (¿Manipulación climática?).

       

          Entre unos y otros, los humanos estábamos siempre en medio de los enfrentamientos habidos entre los dioses, llegando a guerras civiles, algunas de las cuales se tornaban en tormentas climáticas.

       

          Lo que no tengo claro es si los ANNUNAKIS llegaron a la Tierra por su voluntad, o fueron expulsados de su planeta de origen y confinados a la Tierra, por protagonizar una rebelión, que me recordaría a la protagonizada por Lucifer, según la Biblia. (Se dice que "los dioses fueron confinados en el mundo subterráneo", mientras que a Lucifer "se le arrojó al Abismo", y se dice también que "Lucifer es el Rey de este mundo"). En los textos sumerios sobre el descenso de INNANA al Mundo Bajo, se identifica a los Annunakis como los "siete jueces del Mundo Bajo".

       

          ¿Mundo Bajo?. ¿A qué se refieren con ese nombre?. ¿Al interior de nuestro mundo o es que se le llamaba Mundo Bajo o Abismo a la Tierra?.

       

          En cuanto a Lucifer, ENKI escogió como emblema el de las serpientes entrelazadas. Durante mucho tiempo, la serpiente ha sido identificada como el símbolo del Mal, el Diablo. (Ahora bien; ¿Enki = Yaveh = Lucifer?).

       

          Sin embargo, en la más remota antigüedad, la serpiente era un símbolo de la dualidad, siendo al mismo tiempo creadora y destructiva, así como la representación de la Sabiduría.

       

          Y los Annunakis son llamados en la Biblia, los NEFILIM, es decir "los caídos". O sea, ni dioses ni ángeles, sino demonios. Claro que eso depende del punto de vista, y del bando donde se alinee cada uno.

       

          Y nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de estos "demonios". Total, que entre los dos hermanos y sus partidarios y esclavos, se libraron una serie de batallas que traían a nuestro mundo a mal traer:

      a) Guerra de las Pirámides: Marduk contra Horus, (vencedor Enki).

      b) Guerra de la Cresta del Zafón: Baal contra Yaveh, o sea Enlil contra Enki, (vencedor Enki).

      c) Guerra de los Dioses Antiguos: Kumarbi contra Teshub, (vencedor Enlil).

      d) Guerra de Atra-Asis: Zu contra Ninurta, (vencedor Enlil).

      e) Guerra de ER.RA: Inana-Isthar contra todos los dioses, (vencedor Enlil, con Marduk).

       

          ¿Y cómo eran estas guerras entre dioses?. Pues eran guerras aterradoras, adecuadas al grado de evolución técnica de estos seres, al lado de los cuales éramos (¿y somos?), simples animalitos sin importancia.

       

          El Diluvio no fue, pese a su nombre, Universal, pues no abarcó a todo el planeta, sino a una amplia zona, particularmente a la zona del Mediterráneo.

       

          Los sumerios relatan que Enki, sabedor de la catástrofe que se avecinaba, advirtió a Utnapishtim, o Noé, de lo que debían hacer él, sus familiares y sus servidores, para salvarse.

       

          El resto de la Humanidad y todo ser viviente, fallecerían por las aguas de ese Diluvio:

      "Una nube negra se elevó desde los confines del cielo.

      Todo lo que era claro se volvió oscuro.

      El hermano no ve a su hermano.

      Los habitantes del cielo no se reconocen.

      Los dioses temían al Diluvio.

      Huyeron y ascendieron al cielo de Anu".

       

          Efectivamente, los propios dioses quedaron espantados de los efectos devastadores del cataclismo. Antes de que éste ocurriera, despegaron con sus naves, y desde el cielo observaron horrorizados el desastre que debía acabar con la raza humana, según los planes de Enlil.

       

          ¿Dónde estaban ahora sus palabras?: "Produciré un sumiso primitivo: Hombre será su nombre. Crearé un obrero primitivo. En él recaerá el servicio de los dioses, para que ellos (los dioses) puedan descansar tranquilos".

       

          Sólo Enki (Yaveh), se apiadó de la Humanidad, y encargó a Noé la construcción de un barco para ponerlo a salvo a él y a su familia.

       

          Después del Diluvio, los dioses se fueron de la Tierra, regresaron a su mundo y no volvieron jamás... ¿o tal vez sí?.

       

          Las Escrituras Sagradas de todas las culturas, nos hablan de la presencia de esos seres en tiempos posteriores al Diluvio. Concretamente Enki/Yaveh es mencionado como el Dios de Israel, y lo acompaña a través de toda su historia, si hemos de creer lo que nos relatan esos textos, lo que nos confirma que todo continúa después del cataclismo.

       

          En otras partes del planeta se hace referencia a los dioses y sus relaciones con la Humanidad, para bien o para mal.

       

          Al mismo tiempo, en el continente americano, las culturas mayas y otras razas nos hablan de la presencia de seres que ellos llaman dioses, procedentes de los cielos, que se relacionan con ellos.

       

          Así en el Popol-Vuh, la Biblia Maya, podemos leer:

      "Y los Maestros Gigantes hablaron, así como los Dominadores, los Poderosos del Cielo: Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre construido, de nuestro hombre formado como nuestro sostén, nuestro nutridor (?), nuestro invocador, nuestro conmemorador. Haced pues que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos conmemorados por el hombre construido, el hombre formado, el hombre maniquí, el hombre moldeado". POPOL -VUH, (Libro del Consejo de los indios Quichés).

       

          Está claro que no podemos esperar mucho de estos dioses, que tienen todos los defectos conocidos y por conocer, y muy pocas virtudes, y teniendo en cuenta que sólo somos para ellos sus esclavos. Sólo Enki parece apoyarnos algo. ¿Será este tal Yaveh un dios fiable?.

       

          De la mala idea que tenían los dioses en las guerras que se traían entre sí, o contra sus esclavos —nosotros, los humanos— tenemos buenos ejemplos registrados en esos relatos antiguos. No reparaban en medios a la hora de destruir, de matar, de arrasar.

       

          De lo ocurrido en Sodoma y Gomorra, porque uno de los dioses fue sodomizado por los humanos, todos tenemos una ligera idea. Los dioses podían sodomizar a los humanos, los humanos podían sodomizarse entre sí, pero los humanos no podían sodomizar a los dioses, a menos que ellos lo pidiesen. Era una práctica común en la Antigüedad.

       

          Cuando los dioses peleaban entre sí, o nos atacaban, eran espantosamente crueles. Como lo somos nosotros, hechos a su imagen y semejanza.

       

          Se han registrado en la zona que conocemos como el Mar Muerto y sus aledaños, grandes dosis de radiación, que evidencian un enfrentamiento nuclear en torno al año 2.040 antes de Cristo. Las partículas nucleares, las anomalías radiactivas son muy fuertes.

       

          La explosión nuclear acabó con la civilización sumeria.

       

          Un texto sumerio relata los hechos así:

      "En la Tierra (KI) cayó una calamidad, una desconocida para el hombre, una que no se había visto nunca antes... una gran tormenta del cielo... una tormenta que aniquiló toda la Tierra... un viento diabólico como un torrente enfurecido... acompañada de un calor abrasador... durante el día robó a la Tierra de su sol reluciente, por la noche las estrellas no brillaban... la gente aterrorizada, no podía apenas respirar... las bocas se llenaron de sangre... hizo que las casas se abandonaran... los ríos de Sumeria afluían con aguas amargas... los pastos crecían con hierba marchita... Los dioses evacuaron Uruk, se escondieron en las montañas, escaparon más allá de las lejanas llanuras...".

       

          A partir de este punto, las tablillas sumerias ya no vuelven a hablar de los dioses llegados del cielo a la Tierra, así que deberemos seguir el rastro de los "dioses" en otra parte, en otros relatos.

       

          Los sobrevivientes de esta destrucción, que se nos antoja nuclear, sufrieron un tremendo retroceso, confusos, desorientados, desamparados, aterrorizados y sumidos en el caos.

       

          Esas mismas salvajadas que realizaban los dioses —Yaveh, Baal, y otros— las repetimos hoy día sus esclavos, los humanos, poseedores de armamento nuclear, y capaz de emplearlo contra nuestra propia especie (Hiroshima, Nagasaki). Somos dignos herederos de nuestros padres, los "ángeles caídos":

      "Repentinamente, el cielo se oscureció por un instante y el resplandor de una luz hizo palidecer el sol de verano. Una columna de humo blanco empezó a subir de la tierra, tomando la forma de una gigantesca seta u hongo. Una luz terrible. No hubo ruido. Pero lo que aterrorizó y heló la sangre fue el soplo inmenso que se escapó de debajo de la nube blanca. A una velocidad aterradora pasó sobre las colinas y los campos, arrasándolo todo.

       

      Las casas de las cimas cedieron ante su fuerza y cada árbol del campo fue arrancado de cuajo y sus hojas desaparecieron como por encanto...

       

      Un horrible silbido hirió de súbito los oídos de los que presenciamos de lejos tan terrible espectáculo...".

       

      "Una mujer gritaba, desesperada, con su hijo decapitado en su regazo. Los muertos y heridos se contaban por millares, abrasados, carbonizados, en Hiroshima y Nagasaki y la dignidad humana quedó perdida para siempre...

       

      Uno de los pilotos del avión asesino repetía sin cesar: ¡Dios mío, ¿Qué hemos hecho?!. ¡Dios mío, ¿Qué hemos hecho?!”.

       

          Vemos pues, que los antiguos dioses tenían un genio endiablado, capaz de hacer borrar del mapa, de un soplo, a todos cuantos se les pusieran por delante. Exigían obediencia y adoración total y sin discusión, tal y como corresponde a un esclavo. Grandes zonas fueron arrasadas por hacer cumplir sus mandatos, y si tuvieran que exterminar el planeta entero, que por otra parte es un planeta que les corresponde, no dudarían en hacerlo.

       

          Es conveniente tener claro esto, para saber con quién nos las tenemos que ver, y quiénes son los fundadores de nuestras religiones.

       

          Uno de los personajes, de estos dioses de los que estamos hablando, es Yaveh (Enki), que como hemos visto es el dios de Israel, dios que pongo con minúsculas, dada la abundancia de dioses, o de los que se hacen pasar como tales, y que es un ser que llama poderosamente mi atención. Para unos es Yaveh y para otros Y´hova, o Jehová, aunque algunas personas consideran que se trata de personas diferentes.

       

          Concuerdan todos los registros antiguos, ya sean los textos caldeos como los textos bíblicos más antiguos en que este dios Yaveh tenía un genio tremendo, un mal humor difícil de llevar, y que le gustaba ser adorado. Y le llaman "arrogante":

      "Uno de los Elohim llamado Y´hova aterrizó en Irak y era un arrogante celestial de la Hermandad Negra, que cabalgaba en un carro de fuego llamado El Poder y la Gloria del Señor, movido por krod". (una energía electrostática).

       

          Yaveh, (Enki) consideraba idólatra a quien adorase a otro dios rival, como a su hermano Baal, (Enlil). Existen varios pasajes bíblicos en que se narran situaciones difíciles y enfrentamientos entre facciones contrarias.

       

          Pero se llega a situaciones de confusión e indeterminación, en que los esclavos (nosotros) no son capaces de diferenciar a unos dioses de otros, por lo que se dan casos de sincretismo religioso, como sucede en la actualidad, en zonas del Centro y Sur de América, donde el sincretismo se nota en la mezcla de creencias africanas, (Umbanda, Vudú, etc.) y el Cristianismo.

       

          Los profetas de Yaveh o sus emisarios tienen que intervenir una y otra vez, para atraer a sus ovejas a su redil, y de vez en cuando Yaveh se lleva por delante a cientos de "idólatras", a sus familias y a sus animales. Y lo hace a veces de forma terrorífica, para procurar un golpe de efecto aterrador (abriendo la tierra y haciendo que se trague a los inicuos, por ejemplo).

       

          Esta "Gloria de Yaveh" es un aparato muy curioso. Cuando acompaña a los israelitas guiándolos por el desierto, éstos lo describen como una nube cuando es de día, y como una columna de fuego cuando es por la noche.

       

          Para el aterrizaje y mantener su nave fuera del alcance de los curiosos, manda construir un hangar llamado "tabernáculo".

       

          Quien penetra en ese tabernáculo de forma descontrolada, sin permiso, acaba contaminado por una especie de "lepra" o daño en la piel, que se asegura podría ser producto de algún tipo de radiación.

       

          Dice la Biblia (Éxodo, 40, 34 a 38): "Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima de la nube, y la Gloria de Yaveh llenaba el tabernáculo".

       

          Los israelitas levantaban el campamento cuando la nube se elevaba y les guiaba, y no se movían si la nube permanecía en el tabernáculo. Como hemos dicho, por la noche la nube era una columna ígnea.

       

          Yaveh le entrega a Moisés y a los israelitas una máquina (llamada Othiq Yomin en el Zohar, uno de los libros sagrados de la Kábala judía).

       

          Con esa máquina podían fabricar, a partir del cultivo y el procesamiento de un alga que los estudiosos creen que se trata de una de la especie Chlorella, que se mantenía por un suministro de rocío o riego, lo que llamaron "Maná", que les sirvió como sustento.

       

          La luz y el funcionamiento de la máquina en general la proporcionaba la energía nuclear. El Maná tenía un sabor a malta, que ellos identificaban con el sabor de la miel y oblea.

       

          Esa alga Chlorella constituye un complemento nutricional de primer orden, con un elevado porcentaje de proteínas (61 %).

       

          Tiene tantos beneficios para el ser humano que resulta sorprendente.

       

          Entre un sinnúmero de esos beneficios, podemos destacar que es desintoxicante, anticolesterol, reguladora del crecimiento de los niños, compensadora de los problemas de la vejez, ayuda en la cicatrización, regenera células de la piel, compensa la hipertensión reduciendo la máxima, cicatriza úlceras, reduce la halitosis, corrige el estreñimiento, el 82 % de sus ácidos grasos son insaturados, que son los correctos para la salud.

       

          Es muy buena contra la fibromialgia y el síntoma de la fatiga crónica, mejora las marcas de los deportistas, etc.

       

          ¡Anda que eran tontos los dioses!

       

          Un ingeniero electrónico y lingüista experto en computación (George Sasoon) siguiendo las instrucciones del Zoar, consiguió reproducir la máquina.

       

          La máquina era guardada en el Arca de la Alianza. La última ocasión en que se habla del Arca es en el Libro de los Macabeos, donde el profeta Jeremías esconde el Arca con la máquina de hacer maná, en el Monte Nebó.

       

          Este dios, extraterestre, o como más nos guste llamarlo, tomó al pueblo de Israel como su pueblo, el pueblo de Yaveh, el cual debía obedecerlo, invocarlo y adorarlo, y toda la vida de este pueblo debería transcurrir en torno a este dios.

       

          Así ha sido siempre, y las desgracias, las guerras y el drama han perseguido a Israel desde entonces. No ha habido paz para este pueblo elegido por dios, y camino va de no tenerla jamás. Es peligroso ser elegido por "dios".

       

          Yaveh participó directa y activamente en las guerras de los israelitas contra sus enemigos, enemigos que se ganaron a pulso, puesto que los israelitas, a instancias de Yaveh, usurpaban las tierras de otros pueblos, para adueñarse de lo que su dios les dijo que era la Tierra Prometida, pero que para conseguirla deberían luchar por ella.

       

          Toda una idea de "bondad y justicia" por parte del dios de Israel, pero no debe extrañarnos, pues para los dioses nosotros no tenemos ninguna importancia, y ENKI escogió a los israelitas como podía haber escogido a cualquier otro pueblo.

       

          Aparte de la máquina de fabricar el Maná, Yaveh dio instrucciones para la construcción de un arca para guardar determinados artilugios y objetos de culto.

       

          Esa fue el Arca de la Alianza, el objeto más maravilloso y valioso de cuantos podía llegar a poseer el pueblo de Israel.

       

          Era una gran caja de madera de acacia negra, revestida o forrada de láminas de oro por fuera y por dentro, por lo que se podía comparar casi con un ¿condensador?.

       

          Tenía cuatro argollas a través de las cuales se pasaban unos varales, de forma que los cuatro porteadores, sacerdotes vestidos con ropajes especiales (?), no tuvieran que tocar el cuerpo del Arca.

       

          Tenía dos estatuas, dos querubines de oro, con la cabeza agachada, en signo de sumisión, con las alas abiertas y enfrentadas las alas de uno con las del otro querubín.

       

          Entre estas imágenes, y a una altura determinada, se formaba una gran bola luminosa, a través de la cual Yaveh "se comunicaba con los sacerdotes”.

       

          Una tapa de oro macizo cerraba la caja —el Propiciatorio— dentro de la cual se hallaban la máquina del maná (Othiq Yomin); la vara florecida de Aarón, hermano de Moisés; las Tablas de la Ley; y una especie de libro de claves para leer los mensajes de la piedra, o arquitectura hermética.

       

          No se sabe exactamente qué era este artilugio llamado Arca, pero sí que era muy peligroso. Oza, un israelita que intentó sujetar el Arca para que no se cayera del carro de bueyes que la transportaba, cayó fulminado, muerto, castigado por un dios enfurecido con él, por su pecado de tocar el objeto sagrado. ¿Pecado?. ¿Intentar que no se caiga y se dañe es un pecado?.

       

          Este aparato, arca o lo que fuese, tenía extraordinarios poderes, como separar y detener el curso de los ríos, destruir ejércitos enteros, y llevarse por delante todo cuanto se opusiese al pueblo de Israel.

       

          Iba de un lado para otro a hombros de los hebreos. Pero, ¿por qué los que la transportaban debían vestir ropas especiales?. ¿Aislantes tal vez?.

       

          Un día cayó en manos de los filisteos, en los tiempos de Samuel, y se la llevaron con ellos, pero no tardaron en devolvérsela a los israelitas, espantados ante la cantidad de muertos y las enfermedades que el Arca provocaba en medio de su pueblo. ¿Qué demonios era este aparato?.

       

          70 israelitas murieron también, sólo por mirar dentro, para comprobar si estaban todos los objetos o faltaba alguno.

       

          Este dios de Israel hemos dicho que tomaba parte activa en sus luchas contra los enemigos de su pueblo. Y se llevaba por delante a ejércitos enteros.

       

          Veamos lo que pasó en una batalla contra los amorreos.

       

          Se había formado una confederación de cinco estados, (Hebrón, Laquis, Jerusalén, Jarmut y Eglón), contra el pueblo israelita.

       

          Yaveh ordena a los sacerdotes que portan el Arca, que se coloquen sobre el río Jordán. Hecho esto, las aguas del río se detienen, y los israelitas cruzan el río a pie seco. A punto de comenzar la batalla, Yaveh arremete contra la confederación anti-israelita, de una forma muy curiosa: Nuevamente vemos una "acción de guerra climática", pues el dios desata contra los enemigos una fuerte tormenta de granizo de gran tamaño que causa numerosísimos muertos y pone en fuga a los confederados, absolutamente espantados.

       

          Pero lo más sorprendente es que Josué, peleando contra los amorreos, ve que la noche se acerca y que necesita la luz del sol para poder ganar la batalla. Y ordena al sol: 

      "Sol, ¡Deténte en Gabaón, y tú luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo (????), y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos."

       

          ¿No está escrito en el Libro de Jaser? "Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquél, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel". (Josué 10, 10/14).

       

          Bien, yo no me creo nada que la Tierra hubiese detenido su giro de rotación para que el sol "no se moviera", durante casi un día entero. Si eso no es posible, habrá que pensar que el sol no era el sol, sino ¿la Gloria de Yaveh?, ¿la nave del dios, luminosa, para que pudiera verse el campo de batalla sin problemas?. ¿Pasó algo parecido a lo que ocurrió en Fátima, en que se confundió al sol con otra cosa?.

       

          Aunque cueste creerlo, es más racional pensar eso, que no que el planeta se hubiera detenido, creo yo. Además, la Biblia lo da a entender en cierta forma cuando dice: "...habiendo atendido Jehová la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel". Por cierto, es la única vez que un humano le da una "orden" a un dios, y éste le hace caso.

       

          Hoy por hoy, el Arca de la Alianza es el objeto tecnológico más codiciado por todo tipo de personas —arqueólogos, historiadores, herméticos, aventureros— pues es enorme su poder. Ha dado lugar a numerosas novelas y películas, y siempre se ha visto rodeada por el misterio.

       

          Se dice que los templarios la encontraron y la trajeron rápida y secretamente a Europa, entre otros valiosísimos objetos, como el Espejo y la Mesa de Salomón. Pero puede ser una leyenda.

       

          Durante el reinado de Salomón, el centro del Judaísmo en todos los órdenes fue Jerusalén. Allí fue a parar el Arca de la Alianza, que se mantuvo en el Sancta Santorum del templo hasta el 900 antes de Cristo. El templo se erigió para guardar el Arca, porque ella venía a ser como el mismo dios, o el receptáculo donde moraba el espíritu del dios. Pero a partir de poco después de esa fecha, el Arca desaparece, y nunca más se ha vuelto a saber de ella. Circulan rumores de que se excavaron pasadizos y cuevas donde esconderla, a salvo de conquistas y consecuentemente que pasara a ser parte de un botín de guerra.

       

          Jeremías dijo que nunca nadie hallaría el Arca, hasta que lo decidiese el propio dios, cuando regresase con su pueblo, y la ocultó, como dijimos anteriormente en el monte Nebó, borrando toda huella que pudiese facilitar su localización. Sus hombres habían marcado el lugar donde la habían ocultado, para poder recuperarla en cualquier momento, pero él les recriminó tal actitud, y les hizo suprimir toda huella identificadora del lugar.