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OCULTISMO
OVNIs PARAPSICOLOGÍA
Año 8 Viernes 7
de setiembre de
2007 N° 173
AL FILO DE LA
REALIDAD "Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con
ello, pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo".
Voltaire.
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en todo el
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En este número de
AFR:
— SÓLO ÁMENME
por Gustavo
Fernández
— UNA EXTRAÑA ANTENA
por Gustavo
Fernández
— LA CUMBRE, CÓRDOBA: OTRO HITO PARA
INVESTIGAR
por Gustavo
Fernández
— SIGNOS Y AMULETOS EN DOS
CONTINENTES
por Gustavo
Fernández
AL FILO DE LA REALIDAD ES
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AL FILO DE LA
REALIDAD
El encuentro semanal con lo
desconocido.
Conduce: Gustavo Fernández
En nuestro último episodio, AFR Nº
49:
Una prueba de la existencia de
Dios Una deducción lógica, si reflexionamos sobre Entropía y
Negantropía.
SÓLO ÁMENME
Era el último año de la irrepetible
década de los ’60 y en este bizarro universo espiritualista rutilaba fugazmente
como meteorito errático Su Divina Gracia
Brapunavanda A.C. (en el escuálido par de notuelas que alcancé a leer sobre
sus quince minutos de fama —nunca mejor empleada la expresión— jamás se aclaró
qué diablos significaba A.C., aunque el morocho de bigote a lo Clark Gable y
pícara mirada no parecía de los tiempos de Antes de Cristo). Era, obvio, un indio,
vaya a saberse si hindú, arribado a las costas de California (¡nada menos!) como
uno más del incesante desfile de gurúes, maharijis, maestros y fakires importados
de Oriente en esos tiempos. Pero el tipo la tenía clara. No se embarcaba en
teológicas y metafísicas discusiones con Timothy Leary o Baba Ram Das en la TV yankee de costa a costa. Para
qué; uno terminaba nervioso, transpirando y en ocasiones, mal parado. No trataba
de vender en la calle, en conferencias o en ashrams sus libros hediondos de patchouli, ni sermoneaba desde alguna
estribación del Shasta a grito pelado para que hippies extraviados de lisérgico
y marihuana se acercaran a escucharle y, de paso, dejarle unas monedas para su
magro (o no) sustento. No, Brapu era un “maestro”... en el
sentido más cínico que el “lunfardo” porteño puede darle a la palabra. Porque Brapu reunía a sus devotos, o a los
periodistas, esperaba que se hiciera silencio y sólo decía: “Yo no vengo a darles ningún mensaje, ni a
traerles soluciones a sus problemas, porque yo soy Dios. Sólo siéntense ahí y
ámenme”.
Un genio el fulano. Lo crean o no,
parece que durante un par de años unos cuantos y unas cuantas hicieron eso; se
sentaban frente a él, días, semanas, todos en silencio, mirando al “maestro” y
el “maestro” mirándolos a ellos con una sonrisa que yo también tendría si veinte
giles se sientan a mirarme durante
días y sólo se levantan para ir al baño, comer algo, pagarme algunas cuentas,
dormir unas horas y vuelven a sentarse para mirarme y amarme.
Brapu debe haber pasado a mejor vida, ya. Bah,
no sé a qué tan mejor, porque por lo menos en ese entonces parecía pasarla bomba
en ésta con el curro de sentarse en silencio, sonreír y dejarse amar (y eso que
era fiero el pobre) y por ahí en la otra vida estaba esperando una larga fila de
tíos que se sentaron a amarlo y tarde piaron que esos años podrían haber estado
haciendo algo más productivo. En fin, cosas que se me ocurren y en todo caso,
problemas entre espíritus, conventillo de ultratumba en el que no me pienso
meter. Pero el tema es que recordé a Brapu hace unos días en que concluí
una jornada ahíto de tanta chantocracia imperante en el mundillo
espiritualista que, seamos francos, parece que de espiritualista cada vez menos.
Porque mirando alrededor, uno —yo— se desayuna que tenemos colegas donde el más
lerdo alcanza a un ñandú gateando.
Atardecer de un día agitado
Un debate con una contactada (con
extraterrestres) que rodeada de su inveterada corte de milagros discriminaba sin
fundamento alguno lo que era “cierto” y lo que no de las hipótesis ovnilógicas
que se debatían, porque claro, “así lo
recibía ella”. Y de pronto, uno —yo— imbécil disfuncional de la canalización
que me pasé treinta años de mi vida gastando kilómetros como dinero de mis
bolsillos y jirones de mi vida en el camino descubriendo que “ellos”, los
elegidos, ya tenían todas las respuestas, en un discurso donde el amor y los
mensajes de otros planos dictados en castellano arcaico (¿por qué será que
Kuthumi, Ashtar Sheran, El Morya, Saint Germain, siguen hablando como El
Quijote? ¿Están tan imbuidos de su cósmica esencia que no descubrieron que el
mundo hispanoparlante ya no habla así? ¿Será que el Registro Akhásico donde se
almacenan sus voces está en este plano en algún lugar de Asturias o Castilla, y
por eso nunca tienen sus mensajes el giro fonético guatemalteco, mexicano,
argentino, uruguayo...? Y mejor no hablar cuando la Virgen se anuncia a través de una
vecina. Escuchar a tantas “videntes” transmitir las palabras de María tal como
—dicen— las recibieron me hacía pensar, más que en un mensaje de la Inmaculada, en una
posesión de Niní Marshall). Tras cartón, informarme por pedido de una amiga
sobre el umbroso proceso de elaboración de la —por lo menos en estas tierras—
famosa Agua Diamantina, a sabiendas
de que hay gente bienintencionada que no se lava ni los dientes si no es con la
misma. Y encontrarme con un berenjenal de frases seudo científicas capaces de
dejar a cualquiera en un estado de semi trance, sin haber comprendido nada, por
supuesto, pero todo sonando taaaan serio... Mientras cenaba, escuché unas
grabaciones fragmentadas del venerable e ínclito Don Pedro Romaniuk, con su eterno discurso
del estilo: “porque en la Universidad de
Smmmmoolkji....uesky, la doctora Pavlita Cuchinota demostró que de los
56.095.278 átomos de la tercera vuelta contada desde arriba del ADN se encuentra
un átomo de xenón-cryptón-molibdeno, y fue publicado en el número 45, del Tomo XXXVI de los Anuarios de esa
universidad”... y, claro, nadie alcanza a escuchar bien el nombre de la
universidad, o de la doctora, o no busca los Anales por Internet, o si lo hace y
no los encuentra, seguro que uno es el torpe porque el profesor Romaniuk sabe
tanto y lo dice tan seguro, y estuvo en tantos programas de televisión y ha
escrito tantos libros... que debe ser verdad.
Me acosté temprano esa noche. Buscando
el sueño —sospecho que no otra cosa— ojeo “La Novena Revelación”. Y
el sueño se me fue definitivamente. El protagonista llega a Perú y se dirige
tras su misión al interior del país, en un largo viaje por carretera pasando
junto a (está en el libro, búsquenlo)... ruinas incas y mayas. ¿Mayas en Perú?.
Sería todo un descubrimiento, claro, pero ni autores ni editores dedican un
párrafo más a esto que conmocionaría al mundo. Da por hecho (propio de un gringo
que ni se informó del país que jura conocer) que todos estos indígenas
latinoamericanos están ahí nomás, unos junto a otros. Incas y mayas, revueltos,
claro.
Y cuando uno —yo— me siento frente a
esos contactados, canalizadores, escritores y conferencistas, y les señalo sus
ambigüedades, inexactitudes y contradicciones, resulta ser uno —yo— el “demasiado racional”. El “poco espiritual”. El “que aún no ha evolucionado”. Todo,
entonces, “ségual”. No importa los
errores científicos porque para esta New Age light de cosmética astral la
ciencia es despreciable (no las actitudes de ciertos científicos, como debería
ser), porque, claro, “lo que importa es
el mensaje”. Sin entender que el mensaje se bastardea si se bastardea el
canal de transmisión. Que si existen términos precisos en nuestros idiomas para
entes gnoseológicos precisos, deben ser usados. Que si da lo mismo mezclar
neutrinos con ángeles, mayas con incas, Saint Germain con Jung sin contexto, sin
rigurosidad intelectual porque, va de suyo, lo que importa es el mensaje, la
espiritualidad que tanto propugnamos se va a la mierda. Porque es una
espiritualidad ersatz, disfrazando la
megalomanía de algunos que llaman “espiritualidad” a simplemente carecer de la
capacidad, de la paciencia, de la humildad o de la voluntad de reconocer que
tienen quizás sólo unas pocas respuestas y una inmensa falta de conocimientos.
Entonces, escribimos cualquier cosa, armamos seminarios, talleres, cursos,
conferencias donde decimos la primera idiotez que se nos cruce por la mente pero
intercalando maníacamente conceptos como “universalismo”, “amor cósmico”, “fin del
mundo”, “maldad humana”, “vibraciones superiores” porque ahí enfrente hay un
público que también habla de espiritualidad pero se asfixia en sus problemas
cotidianos que de espirituales no tienen nada, y siguen y siguen y siguen
buscando fórmulas mágicas. Así que les damos cualquier cosa: fotos del aura que
no son más que filtros de luces tomados con la webcam, cartas natales por computadora que hablarían del
destino voluptuoso tanto de un vecino como de un brócoli con la única condición
de que hayan brotado en el mismo momento, lecturas de Tarot nacidas más que de la potenciación de
nuestra percepción extrasensorial, de la agilidad verborrágica de alguien con
mucha calle. Y escrivimos con herrores garrafales de hortografía y
sintacsis, pero conbensemos a la gente para que conpre nuestras obras porque,
obio, son “mensajes de lo alto”, xq
lo que importa es el msj, tonces
varruntamos que agamos lo que agamos, y cmo lo agamos, si lo q imprta s el msj
la gente lo consum igual... y es terrible, pero lo consume, y a cualquier
precio. Un precio que, claro, ahora ya no será “arancel cultural” sino “donación
amorosa”.
Y uno —yo— se pregunta después para
qué escribir tratando de despertar conciencia. Si todos sabemos, tanto ustedes
como quien escribe, que quizás todo esto es un gasto innecesario de energía que,
después de todo, no es de uno sino universal. Así que quizás sólo baste que
dejen de leer, permanezcan frente al monitor y ya.
Sólo
ámenme.
Sobre
Astrología:
AFR Nº 17: Carl
Gustav Jung: Un espíritu inmortal a la luz de la Astrología.
AFR Nº 48: Un
nuevo mundo: la Astrología Espacial.
AFR Nº 95:
Enfoque astrológico del Asma Bronquial Humana.
AFR Nº 111:
¿Puede usarse la Astrología en particular y estas disciplinas en general para
acertar en los juegos de azar?
AFR Nº 118:
Enfoque Astrológico del Asma Bronquial Humana (II): Factores
Hereditarios.
AFR Nº 136:
¿Astrología y Astronáutica hermanadas en la Evolución de la Especie
Humana?
UNA
EXTRAÑA ANTENA
La fotografía
fue tomada hace pocas semanas en Capilla del Monte. Muestra una novedosa e
intrigante antena parabólica, de aproximadamente un metro sesenta centímetros de
diámetro, similar a las empleadas en avanzados sistemas de telecomunicaciones.
Está bien plantada sobre la tradicional capilla religiosa consagrada a San
Antonio en esa localidad y en el interior de la misma no existen oficinas afines
a esas actividades. Preguntamos. “Para ver televisión satelital”, nos dijeron.
Es obvio que las pequeñas antenas parabólicas de Direct TV en nada se parecen a
este monstruo sobre el cual nadie pudo darnos una explicación coherente. Pero
cualquiera que esté ahíto de misterios al pie del Uritorco, no puede dejar una
vez más de sorprenderse sobre esta extraña antena en ese extraño lugar y
seguramente con extraños fines, toda vez que si así no lo fuera no hubiera sido
necesario que se nos inventara una excusa tan ridícula. ¿Alguien tiene alguna
idea?
LA CUMBRE,
CÓRDOBA:
OTRO HITO PARA
INVESTIGAR
Durante mi último periplo
por el hermoso Valle de Punilla cordobés, recalé un par de días en otra
localidad paradisíaca: La Cumbre. Por expresa invitación de los amigos
Dante
Marchetti y su esposa,
Brenda Mercado, de FM Contacto, 102.9 MHz, librería “Tejados
Verdes”, Belgrano 13, a sus responsables Lucía Olazábal y Mike Pearson y
la Secretaría de Turismo de La Cumbre, sr Secretario de Cultura, don
Francisco Capdevila, presenté mi último libro, “OVNIs Sobre las Torres
Gemelas”, a la par de interiorizarme sobre alguna casuística del lugar.
Quiero aquí resaltar dos curiosidades.
Una, la imagen, de nueve metros de altura, de un Cristo que, con los brazos
abiertos, reproduce el de 30 metros del Corcovado, en Río de Janeiro, Brasil. Lo
que casi todo el mundo ignora es que esa imagen no es la de Cristo. Aunque
generalmente los guías turísticos la asimilan al Jesús de la Misericordia –que,
empero, tiene los brazo a ambos lados pero a 45º hacia abajo, es en realidad
producto del sincretismo del culto Umbanda con la religión católica, y remite a
Oxalá, padre de muchos dioses el panteón africanista. Por supuesto, y habida
cuenta de la dimensión del “turismo religioso” en el país carioca, los
brasileros suelen ignorar este “detalle” que rara vez se comenta a los
visitantes, pero cualquier conocedor de la iconografía umbandista reconocerá
fácilmente la imagen, pues es costumbre de ese culto adoptar imágenes católicas
pero con leves “modificaciones” que, ara el ojo avizor, encierra el mensaje de
alusión a sus propias creencias. Aventuré, frente a los micrófonos de FM
Contacto, que en virtud de lo expuesto n sería extraño hallar en algún momento y
en sus cercanías “ofrendas”, es decir, restos de velas y comida ceremonial
consagrada a esas prácticas por parte de
cultores que sí saben de sus implicancias. ¿Y adivinen qué?. Acerté: días
después, el mismo Dante me informaba que algunos vecinos del lugar tenían para
mostrarme restos de esos rituales hallados en sus proximidades.
También es común en La Cumbre obtener extraños registros fotográficos, quizás
evidencia de la acción de “energías” del lugar que, como suele ocurrir en la
cercana Capilla del Monte, evidencian la presencia de factores de naturaleza
desconocida. Una de las fotografías que nos fue acercada documenta esto, y uno
no puede dejar de asociarla con la reiterada presencia en fotografías tomadas en
esta última localidad con distintas cámaras, bajo distintas circunstancias y por
distintas personas de “energías” (no se me ocurre otra forma de llamarlas)
materializadas en las fotos, con una frecuencia y claridad que no es susceptible
de interpretarse en términos de fallas en el proceso fotográfico, toda vez que
se obtienen tanto con cámaras digitales como de rollo.
Otra experiencia es de índole personal. Cuando ascendía al Cristo de La Cumbre,
me detuve un buen rato en un convento franciscano al pie del mismo. En el
interior de la modesta capilla, una imagen de San Roque con la rodilla izquierda
descubierta y lacerada remitía al simbolismo esotérico y alquímico del peligro
de descubrir verdades. Pero lo impactante había acaecido fuera: en el límpido
cielo y momentos antes de ingresar, veo claramente dibujadas, al parecer por
aleatorias nubes, tres letras: XLP. Tomé una foto, claro. Y Dante me
decía, en parte en broma y en parte en serio esa noche, que lo único que
faltaría es que nada saliera en la placa. Don premonitorio o maldición gitana:
fue el único cuadro cuyo revelado falló al no ser expuesto. Tengo como
único testigo a otro amigo del lugar, Ricardo Maldini quien, desde el
pueblo y sin saber qué estaba yo haciendo también las observó. No había habido
aviones a la vista y a los pocos minutos el propio viento dispersó la extraña
formación cuyo significado se me escapa.

De izquierda a
derecha, Dante, Francisco y Gustavo
(imagen del canal
de cable local).

Convento
franciscano, mediados el siglo XIX,
donde
aparecieron las extrañas “letras” en el cielo.

Interior de
la capilla del convento.

El “Cristo”
de La Cumbre.

La Cumbre,
vista desde el Cristo.

Extrañas
configuración en fotografías obtenidas en esta localidad,
un fenómeno
que se epite con frecuencia sin causa física aparente.

Capilla del Monte, zona de Las
Gemelas, dos días después.

Capilla del
Monte, zona de El Zapato, cuatro años antes.
SIGNOS Y
AMULETOS EN DOS CONTINENTES
Hace pocas semanas, pude
visitar —y recorrer con todo el tiempo que mi curiosidad siempre exige— las
ruinas de Cayastá. Para los lectores no argentinos (y para muchos argentinos
también, que quizás deberían conocer mejor nuestro riquísimo pasado) en esta
localidad de la provincia de Santa
Fe se realizó la primitiva fundación de la ciudad homónima, por el
conquistador español don Juan de Garay, el 15 de noviembre de 1573. Sesenta
años después, el permanente hostigamiento de los indígenas —especialmente de la
etnia Quiloaza— los desbordes de los ríos y las miasmas infecciosas, motivaron
su traslado a su actual emplazamiento. Y allí permanecieron, durante siglos,
sepultadas las ruinas, hasta que en el pasado siglo XX comenzó su
exhumación.
El lugar es
interesante por demás. Por ejemplo, es posible visitar las excavaciones de las
primitivas iglesias y contemplar, expuestos, los esqueletos de los primitivos
habitantes, entre ellos el famoso Hernando Arias de Saavedra (“Hernandarias”)
colonizador, guerreo del indio, explorador que llegó incluso a la en esos
tiempos inaccesible Patagonia en busca de la Ciudad de los Césares. También
pueden recorrerse otras ruinas de viviendas —incluso visitarse la reproducción
íntegra de una casa colonial de ese entonces— y un bien dispuesto y didáctico
museo. Y aquí encontramos dos objetos de interés que deseamos
comentar.
Por un lado, una “figa”,
esto es, un objeto amuleto que reproduce una mano con el pulgar entre el índice
y el dedo medio. Se lo emplea aún hoy profusamente en ciertas comarcas italianas
como protección contra la “envidia” —representa el acto de arrancar la lengua
del malidicente— pero no me constaba (por lo menos a mí) que fuera tan común y
cotidiano en estas tierras en aquellas épocas. De hecho, existía en Santa Fe La
Vieja una verdadera obsesión de protegerse más o menos esotéricamente contra
todo tipo de males: ladrillos, tejas, hasta utensilios cotidianos, como se
observa en las fotografías, estaban cubiertos de grafías exorcistas, “signos de
poder”, etc. Es doblemente interesante porque esta manía tan pagana en un pueblo
que con 400 habitantes tenía 6 iglesias habla a las claras del subestrato
“hechiceril” que regía sus costumbres.
Pero hay algo más
apasionante. La primera foto reproduce una grafía hecha en cerámica por los
indígenas “encomenderos”, es decir, reducidos a la civilización (en verdad, a la
servidumbre) habitantes del lugar. Tiene algo de laberíntico, de jeroglífico. La
segunda fotografía, reproducida en el diario “La Nación” de Buenos Aires en
1969, muestra a antropólogos argentinos durante un trabajo de campo con
indígenas “yorubas” africanos. Pues bien, si miran con atención, en la túnica
del jefe se reproduce exactamente el mismo símbolo de la cerámica anterior. Hay
cuatrocientos años de diferencia, miles de kilómetros e, incluso, raíces étnicas
y culturales distintas, pues no se trata en el caso de nuestro país de una
elaboración hecha por esclavos negros —que podrían haberla traído como recuerdo
de sus tierras— sino indígenas, y es sabido lo “intocables” que, de hecho, se
consideraban unos a otros (para conveniencia de los amos y señores hispanos que
veían así reducida la posibilidad de un alzamiento conjunto).
Pero hay más:
el mismo símbolo (según el “Diccionario de Símbolos” de G. Snwek) es de
origen etrusco y tendría como razón de ser evocar la liberación y
protección que llega con los hombres del cielo. Más allá de interpretaciones
varias, este trasvasamiento cultural abona la convicción de una pancultura
global común en tiempos ya muy remotos.
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