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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Revista Al Filo de la Realidad Nº 162
Fecha:Martes, 23 de Enero, 2007  15:46:22 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 
 
___________________________________________________________________________
OCULTISMO                                         OVNIs                                      PARAPSICOLOGÍA
 
Año 7                            Martes 23 de enero de 2007                        N° 162            
AL FILO DE LA REALIDAD
"Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo". Voltaire.
 
((( Fundada el 10-5-2000 )))
                                                                                                                      
                                                                                                                      
 
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MONOTEMÁTICO
 
 
DIOS Y EL UNIVERSO
SEGÚN LOS
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      Introducción de Gustavo Fernández
       
          Hace tiempo les debíamos —y nos debíamos también— la publicación de este profundo trabajo del insigne Don Ignacio Darnaude Rojas - Marcos. Y en estas líneas introductorias quisiera solicitar la atención de los lectores sobre dos instancias fundamentales que pueden modificar radicalmente sus cosmovisiones.
       
          Aclaremos que lo que Ignacio ha hecho aquí es una síntesis de la Teología —si puede llamársele así— "canalizada" y recepcionada por agentes humanos en distintos lugares y épocas. Es un hecho la imposibilidad de incluir todas las exposiciones de cuanto contactado, de cuanta revelación deambula por ahí. Pero veremos que lo que aquí se refleja es bastante universalista en tanto y en cuanto encontramos las mismas ideas, expuestas con mayor o menor elegancia, en casi todos aquellos que vía telepática, oral, táctil o mediumnímica dicen haberse relacionado con extraterrestres. Esto no significa que el autor —o quien esto escribe— crea necesariamente que reflejan una Realidad Trascendente. Pero —esto es lo importante— no cometamos la insuficiencia (error sería una palabra exagerada) de suponer que este material tiene únicamente valor anecdótico, psicológico, antropológico. Estoy seguro de que refleja otra cosa: un Conocimiento verdadero. La coherencia interna de sus postulados, las respuestas que propone a las preguntas fundamentales, la perspectiva metafísica que da a la mera existencia humana merecen una lectura pausada, atenta, reflexiva, debatida con quien sea pero sobre todo con uno mismo. Es ese el ejercicio que queremos proponerles. No se trata de que ustedes "crean en extraterrestres". Ni siquiera, si ya tienen su propio librito de cabecera sobre revelaciones e intuyan que nada nuevo aprenderán. No se trata, tampoco, de dedicarle un tiempo que puede interpretarse como un "aval", una "garantía" de certeza que estaríamos otorgándole a estas páginas. Simplemente, léanlo. Yo les aseguro su utilidad.
       
          Y en segundo lugar: comprendan que, no importando si esta información proviene realmente de extraterrestres, de ángeles, del Inconsciente Colectivo o de los Registros Akhásicos, ahora entenderán por qué a las Religiones Institucionalizadas les resulta tan repugnante la Nueva Era: si admitimos por un momento, sólo por un momento, que el Universo y Dios sean lo que aquí se propone (sólo una posibilidad pero a nuestro modo de ver con más significado, con más respuestas y herramientas de crecimiento interior que los ridículos catecismos escolares de todas las Iglesias dominantes), entonces el peligro potencialmente subversivo de la Nueva Era se expone en todo su esplendor. En lo personal, fue terminar de leer este trabajo y darme un golpe en la frente; con razón los fundamentalistas de todas las religiones execran de ovnis y contactos interdimensionales, de elfos y paragnostas, de rituales esotéricos y asanas. No ya si todo lo que aquí presentamos ES la Verdad; sólo su mera masificación sería un golpe mortal para aquellas.
       
          Pero creo que por ahora pueden estar tranquilas. Este trabajo no es digerible para las masas fetichistas, frívolas, de una religiosidad egoísta que sólo les ocupa en virtud de sus problemas y flaquezas cotidianas, para las mentalidades simples a las que les fatiga una espiritualidad más compleja que un ícono al que se le prene una vela y ya. Un trabajo que, claro, al correr por Internet quedará siempre compartimentado en un "target" que no es el de esa masa políticamente dominada. Pero no importa; por algún lado se comienza.
       
          Los invito entonces, primero a la lectura, luego a la reflexión y finalmente a la difusión. Admiremos de Ignacio Darnaude no sólo su bella pluma castellana sino la integridad intelectual que ha sabido darle a un caos de extractos de las más variadas vertientes, ordenándolos en un cuerpo armónico y de aleccionadora lectura. Preguntémonos, como hiciera yo en mi trabajo "Contactados y Revelaciones" (AFR Nº 64. Para solicitar clic y enviar) si después de todo, los "mensajes de extraterrestres" no solamente no serían producto de mentes alucinadas sino que realmente vendrían de "algo" o "alguien", sólo que ese "algo" o "alguien" no es aquello que, ingenuamente, el contactado cree y acepta.
       
       
       
       
      DIOS Y EL UNIVERSO
      SEGÚN LOS
      EXTRATERRESTRES
       
       
       

       

          La Ovnilogía sufrió su resonante parto en aquel tórrido verano de 1947. La noche de San Juan estalló la pesadilla de los platillos volantes que sobrecogieron al mundo alegre y confiado de la postguerra. Ha llovido mucho en el último medio siglo, y lo que nació como intrigantes aeronaves merodeando por la atmósfera terrestre se ha convertido en un complicado rompecabezas de misteriosos fenómenos interconectados entre sí y con un alto índice de extrañeza y absurdo:

       

          Humanoides, abducciones psíquicas, ovnis estrellados y cadáveres de ocupantes, channeling, contacto con E.T., apariciones religiosas, yetis y animales fantasmas, hombres de negro, mutilaciones de ganado, episodios paranormales...

       

          En el presente trabajo nos centraremos en un interesante aspecto del denominado Síndrome Contacto: la cuestionable revelación parafísica del siglo XX. Desde los albores de los años cincuenta nuestro planeta padece una insólita epidemia de decenas de miles de contactados, surgidos en los más dispares rincones del globo.

       

          Las referidas antenas humanas airean la pretensión incomprobable de que están recibiendo extraños discursos psíquicos infiltrados por seres invisibles oriundos de remotos astros y dimensiones desconocidas.

       

          Las supuestas comunicaciones telepáticas aparecen recogidas en muchos centenares de volúmenes que han hecho escasa mella en el gran público, pues son consideradas como extravagancias no avaladas por pruebas científicas.

       

          Sin analizar aquí por falta de espacio la naturaleza del contacto interdimensional ni los ríos de tinta que ha producido, nos limitaremos a ofrecer una breve síntesis antológica —entre otras temáticas posibles— de la teodicea y la cosmovisión extractadas de un puñado de textos que se dicen dictados por intangibles pobladores de esferas de vida alternativas.

       

          Se trata de la modesta sinopsis de una mínima fracción de los centenares de miles de páginas que exponen la filosofía preconizada por los ufonautas. Con este resumen de la abrumadora documentación disponible en torno al pensamiento alienígena, el lector podrá hacerse una idea del alcance y calidad de la pretendida metafísica extraterrestre, y juzgar por sí mismo en consecuencia.

       

          He aquí como decimos un vademécum del heterodoxo concepto de la cosmogonía y la deidad vigente en la cultura interplanetaria.

       

       

       

      TODO ES UNO

       

          El conjunto de lo que existe conforma una férrea unidad indivisible, en opinión de los filósofos interdimensionales. Tú mismo eres ese Uno. (15) (Véase el apartado número 15 en la Bibliografía final).

       

          He aquí la verdad que representa el sendero hacia toda verdad, lo que desvanece cualquier misterio, la clave para una comprensión integral de la Realidad. En rigor sólo existe el Único, por sobrenombre Dios. El cosmos multidimensional es un sistema absolutamente unificado. (4)

       

          Aunque no lo parezca, los elementos de la Creación se encuentran misteriosamente interconectados. Y afectar a un componente del entramado universal significa influir en los demás, y por supuesto en La Totalidad. La separación es ilusoria: todo depende de todo, y las aparentes autonomías e independencias son meros entes de razón.

       

          Y cuando miramos a los ojos al prójimo estamos contemplando el Amado, al mismo Creador. (4)

       

         Los fenómenos específicos nunca son eventos aislados, sino que forman parte de una secuencia más amplia de causa y efecto. Y los que parecen casos especiales y únicos, son también el resultado del mecanismo coordinado de las leyes universales. Si consideramos a un suceso separado de sus interconexiones causales, lo encumbraremos a la categoría mítica de enigma de la naturaleza. Para eliminar los misterios del horizonte de la ciencia y reemplazarlos por la comprensión inteligente, nada mejor que rastrear el más vasto panorama causal de los acontecimientos a primera vista emancipados. (15)

       

          El substrato de la vida infinita y autoconsciente es inmanente en el universo. Y todas sus unidades son interdependientes y funcionan vinculadas de alguna manera entre sí. La separatividad es la primera de las grandes ilusiones cósmicas. (11).

       

          El universo es la arena de experimentación de la Causa sin Causa, quien vive y se expresa a través de una infinitud de centros intencionales únicos y aparentemente finitos, los cuales parecen llevar existencias autárquicas, hasta que debido a su gradual metamorfosis evolutiva alcanzan una comprensión acerca de la unidad esencial de todas las cosas y seres en Dios. (12).

       

          El mundo como un todo es un campo de influencias contínuo e ininterrumpido, con sus partes vinculadas entre sí. La globalidad de lo que existe interacciona —aunque sea de forma remota e indirecta— con todo lo demás, y con el propio universo en conjunto. En un contexto de la máxima amplitud y profundidad, cualquier aspecto del cosmos es La Totalidad. (20).

       

       

       

      EL CAMPO DE FUERZAS DIVINO

       

          La  Causa Primera es la incognoscible energía que vitaliza todo lo que hay. (14). La  Fuerza Unitaria es la chispa vital, el principio animador, la dinámica del eterno progreso de todo y todas las cosas. El Innombrable representa la esencia o quid del puro hecho de existir, el intrínseco isness o beingness: la cualidad, atributo o condición de ser que caracteriza al colectivo ontológico universal. (9).

       

          El único proyecto de la Inteligencia Cósmica consiste en ser. Y el conjunto de lo que existe, que es Él mismo, expresa la vida divina. El Padre Universal actúa, siente y es a través del hombre, quien re-crea a cada momento la realidad teológica y es  lo que Él es. Por ello cualquier cosa que hagamos es siempre aceptada por la deidad. (9).

       

          Juzgar al prójimo implica enjuiciar al Origen; y atribuir límites a nuestros semejantes supone asignar fronteras al Todopoderoso. Segregar a las criaturas de su deidad interna significa despojarlas de su legítima naturaleza divino-humana. Al homo sapiens le corresponde rendir adoración a su propia esencia interior, que no es más que un fragmento de la misma substancia del Dispensador. De este modo quererse a sí mismo equivale a reverenciar al Generador y amar a toda la humanidad. (9).

       

          Cada inteligencia encarnada, por ser irremisiblemente única, está expresando mediante su creatividad sui generis facetas especiales e irreemplazables de la Primera Causa. La vida podría explicarse como una exploración ascendente del habitat de la Suprema Identidad, quien es la condición de ser del sistema de todas las cosas, justamente tal como son, y no como podrían o “deberían” ser. (9).

       

          El Absoluto es en todas las dimensiones, niveles de realidad y universos simultáneos. Y espera de sus hijos que se abandonen en la aventura de incursionar y acumular experiencia en los diferentes reinos, esferas que no son otra cosa que Él  mismo. Dios es amor y no ostenta actitudes, simplemente es. Por tanto acepta y ama a los mortales tal como somos, con nuestras alforjas asaz humanas de vicios y virtudes a cuestas. (9).

       

          Y nos deja en libertad de hacer lo que nos apasiona (ateniéndonos claro está a sus consecuencias de rigor), decisiones que en puridad coinciden con la voluntad del Padre. (9).

       

          El Inefable se mantiene al margen del bien y del mal, de lo positivo y lo negativo. Y ni siquiera es perfecto, pues el cenit o plenitud supondría una limitación al cambio evolutivo permanente que es requisito sine qua non del vivir. El programa del Incondicionado radica en ser. Con lo cual los individuos y cosas son literalmente el Muy Alto en una más vasta y compleja manifestación de su propia substancia heterocéntrica. (9).

       

          De esta manera nuestra chispa interna nos transmuta en un genuino duplicado a nivel humano de la divinidad, ya que el fuego anímico entraña la amplificación de la identidad del Omega hecha carne. Porque el Último es, a escala infinita, la reunión de sus incontables hijos bienamados. (9).

       

          Del pensamiento contemplativo, que es el amor del Profundo a sí mismo, emergió el deseo de una expansión creativa de su propia naturaleza ontológica. Y esta autotransformación, energizada por el amor, devino en un incremento cualitativo de su esencia lóvica definitoria, lo que supone el enriquecimiento adicional de sí mismo a través de la creación del universo y del hacer suya la experiencia evolutiva de sus criaturas. (9).

       

          La compleja reduplicación del ente divino, su desarrollo en el eterno presente, tiene su causa en los seres, quienes incorporan en su abismo interno un fragmento activo de la Mente de Dios. A través del poder creativo delegado en este átomo teológico individual, se manifiestan en el esquema de las cosas las innumerables facetas ontológicas del Ser Supremo. (9).

       

          La Fuerza Cósmica es el origen de los numerosos y diferenciados sistemas energéticos que conforman la trama ondulatoria de la Creación. La esencia de la Vibración Unitaria es el amor, que fluye en la Energía Crística del Plan Divino y deifica todo cuanto toca. (19).

       

          Eres literalmente el Hacedor mismo, pues Él habita en tu tabernáculo anímico. Y su poder y facultades potenciales te las ha adjudicado por delegación. La libre decisión de cultivarlos mediante el trabajo meritocrático, o por el contrario dejarlos hibernar en estado latente, te corresponde sólo a ti y al esfuerzo que estés dispuesto a aplicar en orden a hacer crecer en tu personalidad las facetas divinas que el Ser Teocéntrico te otorgó en estado implícito.(4).

       

          Para intentar explicar en lenguaje humano lo inexpresable, asimilaremos a Dios al modo de una línea isotrópica paralela a sí misma, que vibra ortogonalmente a su propio esquema geométrico. O si se prefiere, como un haz de ejes en el que los puntos de intersección de las líneas se sitúan en todas partes simultáneamente. (10).

       

          Como efecto de la vibración de la Matriz Cósmica en el punto infinito del universo, su emanación energética ejerce una irresistible presión sobre el cosmos, e impregna los sistemas galácticos y reinos etéricos de “materia” sutil. El Insondable es como un holograma de complejidad infinita cuyas partes reproducen el conjunto, inmanente en el Todo. El Omnipresente  se manifiesta como el centro infini-dimensional del multiverso, o conglomerado de los interminables cosmos paralelos que coexisten interpenetrados en el mismo  hiperespacio de n dimensiones. (10).

       

          El Animador constituye un campo de fuerzas isotrópico y pluridimensional. En otras palabras, un sistema ubicuo de ejes del que parten infinitas líneas de fuerza en todas las direcciones espaciales y dimensionales. El corazón de este ensamblaje axial palpita en todos los confines de La Realidad, por lo que paradójica­mente el núcleo teocrático ocupa la inmensidad de la esfera de lo creado. (10).

       

          Las componentes energéticas no escapan de la ubicuidad del Megacentro, y en el eterno presente operan intramuros de la anatomía divina, que ha sido definida como una hiperesfera multidimensional con el centro en cualquier parte y la superficie en ninguna. (10).

       

          La deidad aparece de este modo como una figura inmanente. Y al no desbordar los campos energéticos el habitat dimensional de Lo Increado, vibran sin remisión en la hondura del Absoluto. Pero como en este contexto carecen de sentido los conceptos de “exterior” e “interior”, y al constituir el modelo cósmico una conjunción omnipresente de vectores de fuerza, todas las flechas energéticas derivadas del isotropismo del Alma del Mundo han de oscilar necesariamente en el seno de un recinto único. Para seguir auxiliándonos con la metáfora geométrica, nos cabe pues describir a la Creación como un punto polidimensional de vibración infinita. (10).

       

          Por otra parte la confluencia de líneas de fuerza en un área concreta, origina la torsión del espacio físico en ese lugar. Dios sería por consiguiente un inagotable campo de influencias energéticas que vibra en un punto infinito y produce una constante deformación del espacio. (10).

       

          Y al tiempo, el Centro de los Centros ejerce su perenne influjo sobre la insondable esfera de Lo No Manifestado, ocasionando la emanación de energía primordial, la cual se transmutará oportunamente en energías de segundo y enésimo orden, y finalmente en materia. De esta manera si el Ser de los Seres no existiera, nada surgiría en el reino de Lo Manifestado. (10).

       

          El Engendrador de la energía cosmosférica controla como hemos dicho Lo Inmanifestado, o lo que es lo mismo, las infinitas combinaciones ontológicas potenciales ya proyectadas por la Mente Universal, pero que todavía no gozan del atributo adicional de la existencia fáctica. (10).

       

          En otro orden de cosas, el hombre sólo logrará entender los fenómenos de la Naturaleza cuando comprenda la naturaleza de su Animador. Nada hay inalcanzable para el poder de El Camino, la Verdad y la Vida. No sólo es el que da nacimiento al espíritu, la energía y la materia, sino que de igual modo ha insuflado el soplo vital a los Hijos que le asisten, encumbradas jerarquías subdivinas de status comparable al del Sumo Hacedor, lugartenientes de quienes emergen, por su delegación de poder, otras formas de vida de inferior rango. (10).

       

          Toda persona, ser viviente, roca, vegetal, planeta o galaxia corporeiza ciertas cualidades, aspectos o particularidades del Punto Central. De esta manera el mosaico inacabable de matices y características contenidos en el Supremo no permanece egoistamente monopolizado in aeternum por el habitat divino, sino que se plasma con una cálida generosidad en los diversos mundos y en sus inimitables pobladores. (7).

       

          “Dios es”. Tan paradójico epigrama expresa la concepción más exacta de la divinidad al alcance del intelecto humano, por cuanto implica la comprensión de que nada es, excepto Él, y de que todo lo demás vive en, por y a través de la deidad. Nada existe en verdad, salvo Su existencia. (8).

       

          La condición de ser del cosmos y sus criaturas es justamente la propia existencia del Altísimo. (2). El Último no ha creado al hombre sólo por el hombre mismo, sino con idea de que sea instrumento libre y dinámico de Sus propios designios, y al mismo tiempo manifieste Sus portentos. (8).

       

          El Eterno no es propiamente humano, aunque exprese sus facetas a través de los mortales. Tampoco es un ser individual, sino más bien cierta integración o gestalt de energías, y una masa piramidal de conciencia colectiva. (18).

       

          La expansión del cosmos nada tiene que ver con el espacio tridimensional, sino con una pirámide psíquica de estados de  conciencia, interrelacionada y en perenne crecimiento, que genera simultánea e instantáneamente universos y seres dotados de inteligencia, comprensión y validez eterna. Este complejo integrado, de naturaleza mental y en permanente desarrollo, es a lo que llamamos Dios, entidad que se desdobla y proyecta sin cesar en sus creaciones, para reconstruirse de nuevo. (18).

       

          Su inconcebible energía constituye el tejido de los mundos y palpita en el interior y aún más allá de los universos, sistemas de realidad y campos de fuerza, por lo que el Ser Heterocéntrico es en verdad consciente —como afirma el evangelio— de la muerte de cualquier humilde gorrión, ya que en todos sus términos es cada pájaro que cae fulminado del cielo. (18).

       

          Y es al mismo tiempo la agregación de los centros de conciencia que se enseñorean de la Realidad, aunque el todo resultante es mucho más que la suma de sus partes. Es también más que el conjunto de las personalidades, sin perjuicio de que las criaturas estén destinadas a ser todo cuanto es Él, en el devenir de la evolución, gracias a la descentralización de su poder y atribuciones. (18).

       

          No cabe postular por otro lado la existencia de un  Dios-individuo de carácter personal en el sentido cristiano. Y sin embargo gozamos de la más íntima, directa y excelsa sintonía con una porción muy real de lo que denominaríamos Todo-Lo-Que-Es (All That Is), fragmento del Padre que con impagable magnanimidad se focaliza en el abismo interno de todos los seres. (18).

       

          Es por eso que el Incondicionado se individualiza así literalmente en cada foco de conciencia, donándole su propia substancia trascendente y privilegiándolo con el uso y disfrute potencial de los atributos teológicos, rasgos celestiales a incrementar gracias al meritocrático esfuerzo de cada alpinista evolutivo. (18).

       

          La Matriz Central es consciente de sí misma mediante la identificación con sus chispas divinas destacadas en los individuos. Pero también lo es a través de algo más: este inefable acervo energético funciona sin embargo a todos los efectos, en parte y a nuestro modesto nivel, al estilo de un Dios personal. (18).

       

          Lo que solemos entender por Dios es la emanación original o el Hijo primogénito del Ser Supremo, subjerarquía divina desgajada de la totalidad del Yo Soy, y el representante inmediato del I Am en la cúspide de la escala vibratoria del espíritu. Dios es una entidad única expresada en múltiples manifestaciones, y subordinada a sus propias leyes universales.(15).

       

          El Ser Supremo se faculta a sí mismo para introducir modificaciones lógicas y necesarias en los mecanismos de causa y efecto del universo. Esta interven­ción divina, directa o indirecta (a través de sus representantes, la miríada de ejecutivos cosmosféricos que se responsabilizan del gobierno y control del cosmos), se lleva a cabo con un exquisito respeto al ordenamiento jurídico —en sentido amplio— vigente en la divinosfera. (15).

       

          Dios incide en su creación, pero organiza sus propias actuaciones previa cautela de que jamás se violen las leyes naturales por Él mismo instituidas. Por otro lado la Mente Universal pone un primoroso cuidado en que no quede nunca la menor huella tangible de la intromisión de su mano gerencial —ni la de sus asistentes angélicos— en los asuntos del mundo. Esta curiosa e infalible Ley de Acción Elusiva funciona como un reloj, con el propósito de ocultar la influencia divina y que siempre parezca que  “las cosas marchan solas”. (15).

       

          Los planetas y esferas vibratorias del universo, con sus correspondientes biosferas, equivalen al cuerpo anatómico del Ser Macrocósmico, a las células de la fisiología del organismo divino. (11).

       

          El Espíritu Infinito es Todo-Lo-Que-Existe, y a la par es la conciencia del omniverso, o agregado de los innumerables sistemas de realidad que coexisten en la Creación. En el sentido más exacto, Dios es el infiniverso, y el megacosmos infinito es Dios. (20).

       

          El Ser Universal consciente de sí mismo es entre otras cosas el agregado de Todo-Lo-Que-Hay más la realidad latente de Lo No Manifestado. Es decir, lo que ya existe sumado a los mundos, eventos y seres ya diseñados por la conciencia teológica, pero aún aparcados en el abismo insondable de Lo Potencial (las creaciones originalísimas y absolutamente inimaginables que pudieren emerger a la existencia en la eternidad). (20).

       

          Todos los entes de la Realidad, animados y aparentemente inanimados, comparten en la sima del alma a la Causa sin Causa, y participan activamente en la Conciencia Universal, aportándole sus reacciones libres y los aprendizajes por la experiencia protagonizados a lo largo de la carrera evolutiva. (20).

       

          Si existe un Creador, debe ser parte integrante de la realidad universal, y no algo externo al esquema de las cosas. De hecho el Hacedor es el universo, lo que implica que el pluricosmos se ha generado a sí mismo, no de la nada, sino a partir de alguna configuración previa. Para expresar este concepto asombroso en todos sus términos y de forma inequívoca, el universo se desarrolla a sí mismo en el eterno devenir de la auto-creación. (20).

       

       

       

      DUALISMO CÓSMIC0 Y TEOLÓGICO

       

          Generado por el poder de los principios universales del Pensamiento y la Voluntad, del recinto de la Luz (opuesto al bloque de las Tinieblas) emergió la figura de un  Dios personal: un ser perfecto, todopoderoso, omnisciente y operativo en clave de amor. (1).

       

          Esta encumbrada jerarquía engendró doce superentidades espirituales del máximo status (los Maestros o Ancianos), co-responsables ante la divinidad de la creación de los seres y la administración del mundo. Los elementos del bloque cósmico de la Oscuridad son paulatinamente absorbidos por el océano ilimitado de la Luz, tras su metamorfosis y purificación hacia la positividad. En consecuencia, a largo plazo el componente negativo del conjunto dual disminuye y tiende a extinguirse. (1).

       

          Las criaturas fueron destinadas a alcanzar meritocráticamente el reino de la Luz mediante la experiencia acumulada en la singladura de la evolución, beneficiándose del privilegio del libre albedrío. (1).

       

          Algunos de los doce Maestros a los que hemos hecho referencia involucionaron hasta degradarse en la figura de Ángeles Caídos; y con tamaña transgresión se desviaron del sagrado cometido que se les había encomendado. Esta vulneración de la ley natural fue lo que se ha dado en llamar La Caída. Pero incluso en su situación de desobediencia angélica, los rebeldes gozan todavía de la potestad de crear seres vivientes con propensión innata a la perversidad. Muchas de estas entidades luciferinas habitan actualmente en la Tierra. (1).

       

          Poniendo en juego la energía de su mente, la Matriz Central dio nacimiento al universo, y a otras esferas de existencia destinadas a sí misma y a sus doce Jerarquías supremas. (1).

       

          La Mente Infinita mantiene en reserva dentro de sí misma la potencial creación futura de Lo No Manifestado: la idea o prefiguración de los infinitos seres, orbes y formas posibles, únicos y originales, ya concebidos en una inacabable diversificación tipológica. (1).

       

          Al emerger el Dios personal del recinto de la Luz, tras la mutua interacción entre los postulados cósmicos del Pensamiento y la Voluntad, Dios incluía ya en su ser ambos fundamentos del dualismo universal: lo masculino versus lo femenino. (1).

       

          El Ser Dual destiló de su propia contextura bipolar los prototipos del hombre y la mujer, como paradigmas independientes pero destinados a complementarse mutuamente en amor y sabiduría, hasta fundirse en una sola unidad gracias al magnetismo de la comprensión empática. (1).

       

          La Inteligencia Universal proyectó con su poder mental el plan general del universo y el paquete de leyes naturales que gobiernan los mundos, especializados éstos por funciones específicas, y adaptados para satisfacer de forma diferencial las particulares necesidades de aprendizaje evolutivo de sus distintos pobladores. (1).

       

          La Luz Infinita infundió en todas las criaturas un fragmento de su propia energía divina, como monitor interno destinado a impulsar a los individuos a lo largo de su retorno evolutivo desde la Oscuridad hasta el esplendor de la Luz. (1).

       

          Las Tinieblas y la Luz constituyen el par de campos de fuerzas cósmicas enfrentadas en la eterna batalla de Armagedón, como consecuencia lógica del dualismo institucional que impregna a la realidad universal, e incluso a la propia deidad. (1).

       

          Por principio, la legitimidad, cuota de poder y atribuciones que ostentan la Luz y las Tinieblas, son idénticas. Y los entes cosmosféricos ya citados del Pensamiento y la Voluntad son susceptibles de resultar influenciados por igual a lo largo de la eternidad, tanto por la Luz como por la Oscuridad. (1).

       

          Como ya se ha dicho, el Dios personal (Padre Universal) y centro del universo, emergió como “descendencia” de la fusión armoniosa de las esencias globalizadoras del Pensamiento y la Voluntad. Luz y Tinieblas, Pensamiento y Voluntad, no fueron creados, ni tienen principio ni fin. (1).

       

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