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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Revista Al Filo de la Realidad Nº 162
Fecha:Martes, 23 de Enero, 2007  15:46:22 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 
 
___________________________________________________________________________
OCULTISMO                                         OVNIs                                      PARAPSICOLOGÍA
 
Año 7                            Martes 23 de enero de 2007                        N° 162            
AL FILO DE LA REALIDAD
"Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo". Voltaire.
 
((( Fundada el 10-5-2000 )))
                                                                                                                      
                                                                                                                      
 
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MONOTEMÁTICO
 
 
DIOS Y EL UNIVERSO
SEGÚN LOS
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      Introducción de Gustavo Fernández
       
          Hace tiempo les debíamos —y nos debíamos también— la publicación de este profundo trabajo del insigne Don Ignacio Darnaude Rojas - Marcos. Y en estas líneas introductorias quisiera solicitar la atención de los lectores sobre dos instancias fundamentales que pueden modificar radicalmente sus cosmovisiones.
       
          Aclaremos que lo que Ignacio ha hecho aquí es una síntesis de la Teología —si puede llamársele así— "canalizada" y recepcionada por agentes humanos en distintos lugares y épocas. Es un hecho la imposibilidad de incluir todas las exposiciones de cuanto contactado, de cuanta revelación deambula por ahí. Pero veremos que lo que aquí se refleja es bastante universalista en tanto y en cuanto encontramos las mismas ideas, expuestas con mayor o menor elegancia, en casi todos aquellos que vía telepática, oral, táctil o mediumnímica dicen haberse relacionado con extraterrestres. Esto no significa que el autor —o quien esto escribe— crea necesariamente que reflejan una Realidad Trascendente. Pero —esto es lo importante— no cometamos la insuficiencia (error sería una palabra exagerada) de suponer que este material tiene únicamente valor anecdótico, psicológico, antropológico. Estoy seguro de que refleja otra cosa: un Conocimiento verdadero. La coherencia interna de sus postulados, las respuestas que propone a las preguntas fundamentales, la perspectiva metafísica que da a la mera existencia humana merecen una lectura pausada, atenta, reflexiva, debatida con quien sea pero sobre todo con uno mismo. Es ese el ejercicio que queremos proponerles. No se trata de que ustedes "crean en extraterrestres". Ni siquiera, si ya tienen su propio librito de cabecera sobre revelaciones e intuyan que nada nuevo aprenderán. No se trata, tampoco, de dedicarle un tiempo que puede interpretarse como un "aval", una "garantía" de certeza que estaríamos otorgándole a estas páginas. Simplemente, léanlo. Yo les aseguro su utilidad.
       
          Y en segundo lugar: comprendan que, no importando si esta información proviene realmente de extraterrestres, de ángeles, del Inconsciente Colectivo o de los Registros Akhásicos, ahora entenderán por qué a las Religiones Institucionalizadas les resulta tan repugnante la Nueva Era: si admitimos por un momento, sólo por un momento, que el Universo y Dios sean lo que aquí se propone (sólo una posibilidad pero a nuestro modo de ver con más significado, con más respuestas y herramientas de crecimiento interior que los ridículos catecismos escolares de todas las Iglesias dominantes), entonces el peligro potencialmente subversivo de la Nueva Era se expone en todo su esplendor. En lo personal, fue terminar de leer este trabajo y darme un golpe en la frente; con razón los fundamentalistas de todas las religiones execran de ovnis y contactos interdimensionales, de elfos y paragnostas, de rituales esotéricos y asanas. No ya si todo lo que aquí presentamos ES la Verdad; sólo su mera masificación sería un golpe mortal para aquellas.
       
          Pero creo que por ahora pueden estar tranquilas. Este trabajo no es digerible para las masas fetichistas, frívolas, de una religiosidad egoísta que sólo les ocupa en virtud de sus problemas y flaquezas cotidianas, para las mentalidades simples a las que les fatiga una espiritualidad más compleja que un ícono al que se le prene una vela y ya. Un trabajo que, claro, al correr por Internet quedará siempre compartimentado en un "target" que no es el de esa masa políticamente dominada. Pero no importa; por algún lado se comienza.
       
          Los invito entonces, primero a la lectura, luego a la reflexión y finalmente a la difusión. Admiremos de Ignacio Darnaude no sólo su bella pluma castellana sino la integridad intelectual que ha sabido darle a un caos de extractos de las más variadas vertientes, ordenándolos en un cuerpo armónico y de aleccionadora lectura. Preguntémonos, como hiciera yo en mi trabajo "Contactados y Revelaciones" (AFR Nº 64. Para solicitar clic y enviar) si después de todo, los "mensajes de extraterrestres" no solamente no serían producto de mentes alucinadas sino que realmente vendrían de "algo" o "alguien", sólo que ese "algo" o "alguien" no es aquello que, ingenuamente, el contactado cree y acepta.
       
       
       
       
      DIOS Y EL UNIVERSO
      SEGÚN LOS
      EXTRATERRESTRES
       
       
       

       

          La Ovnilogía sufrió su resonante parto en aquel tórrido verano de 1947. La noche de San Juan estalló la pesadilla de los platillos volantes que sobrecogieron al mundo alegre y confiado de la postguerra. Ha llovido mucho en el último medio siglo, y lo que nació como intrigantes aeronaves merodeando por la atmósfera terrestre se ha convertido en un complicado rompecabezas de misteriosos fenómenos interconectados entre sí y con un alto índice de extrañeza y absurdo:

       

          Humanoides, abducciones psíquicas, ovnis estrellados y cadáveres de ocupantes, channeling, contacto con E.T., apariciones religiosas, yetis y animales fantasmas, hombres de negro, mutilaciones de ganado, episodios paranormales...

       

          En el presente trabajo nos centraremos en un interesante aspecto del denominado Síndrome Contacto: la cuestionable revelación parafísica del siglo XX. Desde los albores de los años cincuenta nuestro planeta padece una insólita epidemia de decenas de miles de contactados, surgidos en los más dispares rincones del globo.

       

          Las referidas antenas humanas airean la pretensión incomprobable de que están recibiendo extraños discursos psíquicos infiltrados por seres invisibles oriundos de remotos astros y dimensiones desconocidas.

       

          Las supuestas comunicaciones telepáticas aparecen recogidas en muchos centenares de volúmenes que han hecho escasa mella en el gran público, pues son consideradas como extravagancias no avaladas por pruebas científicas.

       

          Sin analizar aquí por falta de espacio la naturaleza del contacto interdimensional ni los ríos de tinta que ha producido, nos limitaremos a ofrecer una breve síntesis antológica —entre otras temáticas posibles— de la teodicea y la cosmovisión extractadas de un puñado de textos que se dicen dictados por intangibles pobladores de esferas de vida alternativas.

       

          Se trata de la modesta sinopsis de una mínima fracción de los centenares de miles de páginas que exponen la filosofía preconizada por los ufonautas. Con este resumen de la abrumadora documentación disponible en torno al pensamiento alienígena, el lector podrá hacerse una idea del alcance y calidad de la pretendida metafísica extraterrestre, y juzgar por sí mismo en consecuencia.

       

          He aquí como decimos un vademécum del heterodoxo concepto de la cosmogonía y la deidad vigente en la cultura interplanetaria.

       

       

       

      TODO ES UNO

       

          El conjunto de lo que existe conforma una férrea unidad indivisible, en opinión de los filósofos interdimensionales. Tú mismo eres ese Uno. (15) (Véase el apartado número 15 en la Bibliografía final).

       

          He aquí la verdad que representa el sendero hacia toda verdad, lo que desvanece cualquier misterio, la clave para una comprensión integral de la Realidad. En rigor sólo existe el Único, por sobrenombre Dios. El cosmos multidimensional es un sistema absolutamente unificado. (4)

       

          Aunque no lo parezca, los elementos de la Creación se encuentran misteriosamente interconectados. Y afectar a un componente del entramado universal significa influir en los demás, y por supuesto en La Totalidad. La separación es ilusoria: todo depende de todo, y las aparentes autonomías e independencias son meros entes de razón.

       

          Y cuando miramos a los ojos al prójimo estamos contemplando el Amado, al mismo Creador. (4)

       

         Los fenómenos específicos nunca son eventos aislados, sino que forman parte de una secuencia más amplia de causa y efecto. Y los que parecen casos especiales y únicos, son también el resultado del mecanismo coordinado de las leyes universales. Si consideramos a un suceso separado de sus interconexiones causales, lo encumbraremos a la categoría mítica de enigma de la naturaleza. Para eliminar los misterios del horizonte de la ciencia y reemplazarlos por la comprensión inteligente, nada mejor que rastrear el más vasto panorama causal de los acontecimientos a primera vista emancipados. (15)

       

          El substrato de la vida infinita y autoconsciente es inmanente en el universo. Y todas sus unidades son interdependientes y funcionan vinculadas de alguna manera entre sí. La separatividad es la primera de las grandes ilusiones cósmicas. (11).

       

          El universo es la arena de experimentación de la Causa sin Causa, quien vive y se expresa a través de una infinitud de centros intencionales únicos y aparentemente finitos, los cuales parecen llevar existencias autárquicas, hasta que debido a su gradual metamorfosis evolutiva alcanzan una comprensión acerca de la unidad esencial de todas las cosas y seres en Dios. (12).

       

          El mundo como un todo es un campo de influencias contínuo e ininterrumpido, con sus partes vinculadas entre sí. La globalidad de lo que existe interacciona —aunque sea de forma remota e indirecta— con todo lo demás, y con el propio universo en conjunto. En un contexto de la máxima amplitud y profundidad, cualquier aspecto del cosmos es La Totalidad. (20).

       

       

       

      EL CAMPO DE FUERZAS DIVINO

       

          La  Causa Primera es la incognoscible energía que vitaliza todo lo que hay. (14). La  Fuerza Unitaria es la chispa vital, el principio animador, la dinámica del eterno progreso de todo y todas las cosas. El Innombrable representa la esencia o quid del puro hecho de existir, el intrínseco isness o beingness: la cualidad, atributo o condición de ser que caracteriza al colectivo ontológico universal. (9).

       

          El único proyecto de la Inteligencia Cósmica consiste en ser. Y el conjunto de lo que existe, que es Él mismo, expresa la vida divina. El Padre Universal actúa, siente y es a través del hombre, quien re-crea a cada momento la realidad teológica y es  lo que Él es. Por ello cualquier cosa que hagamos es siempre aceptada por la deidad. (9).

       

          Juzgar al prójimo implica enjuiciar al Origen; y atribuir límites a nuestros semejantes supone asignar fronteras al Todopoderoso. Segregar a las criaturas de su deidad interna significa despojarlas de su legítima naturaleza divino-humana. Al homo sapiens le corresponde rendir adoración a su propia esencia interior, que no es más que un fragmento de la misma substancia del Dispensador. De este modo quererse a sí mismo equivale a reverenciar al Generador y amar a toda la humanidad. (9).

       

          Cada inteligencia encarnada, por ser irremisiblemente única, está expresando mediante su creatividad sui generis facetas especiales e irreemplazables de la Primera Causa. La vida podría explicarse como una exploración ascendente del habitat de la Suprema Identidad, quien es la condición de ser del sistema de todas las cosas, justamente tal como son, y no como podrían o “deberían” ser. (9).

       

          El Absoluto es en todas las dimensiones, niveles de realidad y universos simultáneos. Y espera de sus hijos que se abandonen en la aventura de incursionar y acumular experiencia en los diferentes reinos, esferas que no son otra cosa que Él  mismo. Dios es amor y no ostenta actitudes, simplemente es. Por tanto acepta y ama a los mortales tal como somos, con nuestras alforjas asaz humanas de vicios y virtudes a cuestas. (9).

       

          Y nos deja en libertad de hacer lo que nos apasiona (ateniéndonos claro está a sus consecuencias de rigor), decisiones que en puridad coinciden con la voluntad del Padre. (9).

       

          El Inefable se mantiene al margen del bien y del mal, de lo positivo y lo negativo. Y ni siquiera es perfecto, pues el cenit o plenitud supondría una limitación al cambio evolutivo permanente que es requisito sine qua non del vivir. El programa del Incondicionado radica en ser. Con lo cual los individuos y cosas son literalmente el Muy Alto en una más vasta y compleja manifestación de su propia substancia heterocéntrica. (9).

       

          De esta manera nuestra chispa interna nos transmuta en un genuino duplicado a nivel humano de la divinidad, ya que el fuego anímico entraña la amplificación de la identidad del Omega hecha carne. Porque el Último es, a escala infinita, la reunión de sus incontables hijos bienamados. (9).

       

          Del pensamiento contemplativo, que es el amor del Profundo a sí mismo, emergió el deseo de una expansión creativa de su propia naturaleza ontológica. Y esta autotransformación, energizada por el amor, devino en un incremento cualitativo de su esencia lóvica definitoria, lo que supone el enriquecimiento adicional de sí mismo a través de la creación del universo y del hacer suya la experiencia evolutiva de sus criaturas. (9).

       

          La compleja reduplicación del ente divino, su desarrollo en el eterno presente, tiene su causa en los seres, quienes incorporan en su abismo interno un fragmento activo de la Mente de Dios. A través del poder creativo delegado en este átomo teológico individual, se manifiestan en el esquema de las cosas las innumerables facetas ontológicas del Ser Supremo. (9).

       

          La Fuerza Cósmica es el origen de los numerosos y diferenciados sistemas energéticos que conforman la trama ondulatoria de la Creación. La esencia de la Vibración Unitaria es el amor, que fluye en la Energía Crística del Plan Divino y deifica todo cuanto toca. (19).

       

          Eres literalmente el Hacedor mismo, pues Él habita en tu tabernáculo anímico. Y su poder y facultades potenciales te las ha adjudicado por delegación. La libre decisión de cultivarlos mediante el trabajo meritocrático, o por el contrario dejarlos hibernar en estado latente, te corresponde sólo a ti y al esfuerzo que estés dispuesto a aplicar en orden a hacer crecer en tu personalidad las facetas divinas que el Ser Teocéntrico te otorgó en estado implícito.(4).

       

          Para intentar explicar en lenguaje humano lo inexpresable, asimilaremos a Dios al modo de una línea isotrópica paralela a sí misma, que vibra ortogonalmente a su propio esquema geométrico. O si se prefiere, como un haz de ejes en el que los puntos de intersección de las líneas se sitúan en todas partes simultáneamente. (10).

       

          Como efecto de la vibración de la Matriz Cósmica en el punto infinito del universo, su emanación energética ejerce una irresistible presión sobre el cosmos, e impregna los sistemas galácticos y reinos etéricos de “materia” sutil. El Insondable es como un holograma de complejidad infinita cuyas partes reproducen el conjunto, inmanente en el Todo. El Omnipresente  se manifiesta como el centro infini-dimensional del multiverso, o conglomerado de los interminables cosmos paralelos que coexisten interpenetrados en el mismo  hiperespacio de n dimensiones. (10).

       

          El Animador constituye un campo de fuerzas isotrópico y pluridimensional. En otras palabras, un sistema ubicuo de ejes del que parten infinitas líneas de fuerza en todas las direcciones espaciales y dimensionales. El corazón de este ensamblaje axial palpita en todos los confines de La Realidad, por lo que paradójica­mente el núcleo teocrático ocupa la inmensidad de la esfera de lo creado. (10).

       

          Las componentes energéticas no escapan de la ubicuidad del Megacentro, y en el eterno presente operan intramuros de la anatomía divina, que ha sido definida como una hiperesfera multidimensional con el centro en cualquier parte y la superficie en ninguna. (10).

       

          La deidad aparece de este modo como una figura inmanente. Y al no desbordar los campos energéticos el habitat dimensional de Lo Increado, vibran sin remisión en la hondura del Absoluto. Pero como en este contexto carecen de sentido los conceptos de “exterior” e “interior”, y al constituir el modelo cósmico una conjunción omnipresente de vectores de fuerza, todas las flechas energéticas derivadas del isotropismo del Alma del Mundo han de oscilar necesariamente en el seno de un recinto único. Para seguir auxiliándonos con la metáfora geométrica, nos cabe pues describir a la Creación como un punto polidimensional de vibración infinita. (10).

       

          Por otra parte la confluencia de líneas de fuerza en un área concreta, origina la torsión del espacio físico en ese lugar. Dios sería por consiguiente un inagotable campo de influencias energéticas que vibra en un punto infinito y produce una constante deformación del espacio. (10).

       

          Y al tiempo, el Centro de los Centros ejerce su perenne influjo sobre la insondable esfera de Lo No Manifestado, ocasionando la emanación de energía primordial, la cual se transmutará oportunamente en energías de segundo y enésimo orden, y finalmente en materia. De esta manera si el Ser de los Seres no existiera, nada surgiría en el reino de Lo Manifestado. (10).

       

          El Engendrador de la energía cosmosférica controla como hemos dicho Lo Inmanifestado, o lo que es lo mismo, las infinitas combinaciones ontológicas potenciales ya proyectadas por la Mente Universal, pero que todavía no gozan del atributo adicional de la existencia fáctica. (10).

       

          En otro orden de cosas, el hombre sólo logrará entender los fenómenos de la Naturaleza cuando comprenda la naturaleza de su Animador. Nada hay inalcanzable para el poder de El Camino, la Verdad y la Vida. No sólo es el que da nacimiento al espíritu, la energía y la materia, sino que de igual modo ha insuflado el soplo vital a los Hijos que le asisten, encumbradas jerarquías subdivinas de status comparable al del Sumo Hacedor, lugartenientes de quienes emergen, por su delegación de poder, otras formas de vida de inferior rango. (10).

       

          Toda persona, ser viviente, roca, vegetal, planeta o galaxia corporeiza ciertas cualidades, aspectos o particularidades del Punto Central. De esta manera el mosaico inacabable de matices y características contenidos en el Supremo no permanece egoistamente monopolizado in aeternum por el habitat divino, sino que se plasma con una cálida generosidad en los diversos mundos y en sus inimitables pobladores. (7).

       

          “Dios es”. Tan paradójico epigrama expresa la concepción más exacta de la divinidad al alcance del intelecto humano, por cuanto implica la comprensión de que nada es, excepto Él, y de que todo lo demás vive en, por y a través de la deidad. Nada existe en verdad, salvo Su existencia. (8).

       

          La condición de ser del cosmos y sus criaturas es justamente la propia existencia del Altísimo. (2). El Último no ha creado al hombre sólo por el hombre mismo, sino con idea de que sea instrumento libre y dinámico de Sus propios designios, y al mismo tiempo manifieste Sus portentos. (8).

       

          El Eterno no es propiamente humano, aunque exprese sus facetas a través de los mortales. Tampoco es un ser individual, sino más bien cierta integración o gestalt de energías, y una masa piramidal de conciencia colectiva. (18).

       

          La expansión del cosmos nada tiene que ver con el espacio tridimensional, sino con una pirámide psíquica de estados de  conciencia, interrelacionada y en perenne crecimiento, que genera simultánea e instantáneamente universos y seres dotados de inteligencia, comprensión y validez eterna. Este complejo integrado, de naturaleza mental y en permanente desarrollo, es a lo que llamamos Dios, entidad que se desdobla y proyecta sin cesar en sus creaciones, para reconstruirse de nuevo. (18).

       

          Su inconcebible energía constituye el tejido de los mundos y palpita en el interior y aún más allá de los universos, sistemas de realidad y campos de fuerza, por lo que el Ser Heterocéntrico es en verdad consciente —como afirma el evangelio— de la muerte de cualquier humilde gorrión, ya que en todos sus términos es cada pájaro que cae fulminado del cielo. (18).

       

          Y es al mismo tiempo la agregación de los centros de conciencia que se enseñorean de la Realidad, aunque el todo resultante es mucho más que la suma de sus partes. Es también más que el conjunto de las personalidades, sin perjuicio de que las criaturas estén destinadas a ser todo cuanto es Él, en el devenir de la evolución, gracias a la descentralización de su poder y atribuciones. (18).

       

          No cabe postular por otro lado la existencia de un  Dios-individuo de carácter personal en el sentido cristiano. Y sin embargo gozamos de la más íntima, directa y excelsa sintonía con una porción muy real de lo que denominaríamos Todo-Lo-Que-Es (All That Is), fragmento del Padre que con impagable magnanimidad se focaliza en el abismo interno de todos los seres. (18).

       

          Es por eso que el Incondicionado se individualiza así literalmente en cada foco de conciencia, donándole su propia substancia trascendente y privilegiándolo con el uso y disfrute potencial de los atributos teológicos, rasgos celestiales a incrementar gracias al meritocrático esfuerzo de cada alpinista evolutivo. (18).

       

          La Matriz Central es consciente de sí misma mediante la identificación con sus chispas divinas destacadas en los individuos. Pero también lo es a través de algo más: este inefable acervo energético funciona sin embargo a todos los efectos, en parte y a nuestro modesto nivel, al estilo de un Dios personal. (18).

       

          Lo que solemos entender por Dios es la emanación original o el Hijo primogénito del Ser Supremo, subjerarquía divina desgajada de la totalidad del Yo Soy, y el representante inmediato del I Am en la cúspide de la escala vibratoria del espíritu. Dios es una entidad única expresada en múltiples manifestaciones, y subordinada a sus propias leyes universales.(15).

       

          El Ser Supremo se faculta a sí mismo para introducir modificaciones lógicas y necesarias en los mecanismos de causa y efecto del universo. Esta interven­ción divina, directa o indirecta (a través de sus representantes, la miríada de ejecutivos cosmosféricos que se responsabilizan del gobierno y control del cosmos), se lleva a cabo con un exquisito respeto al ordenamiento jurídico —en sentido amplio— vigente en la divinosfera. (15).

       

          Dios incide en su creación, pero organiza sus propias actuaciones previa cautela de que jamás se violen las leyes naturales por Él mismo instituidas. Por otro lado la Mente Universal pone un primoroso cuidado en que no quede nunca la menor huella tangible de la intromisión de su mano gerencial —ni la de sus asistentes angélicos— en los asuntos del mundo. Esta curiosa e infalible Ley de Acción Elusiva funciona como un reloj, con el propósito de ocultar la influencia divina y que siempre parezca que  “las cosas marchan solas”. (15).

       

          Los planetas y esferas vibratorias del universo, con sus correspondientes biosferas, equivalen al cuerpo anatómico del Ser Macrocósmico, a las células de la fisiología del organismo divino. (11).

       

          El Espíritu Infinito es Todo-Lo-Que-Existe, y a la par es la conciencia del omniverso, o agregado de los innumerables sistemas de realidad que coexisten en la Creación. En el sentido más exacto, Dios es el infiniverso, y el megacosmos infinito es Dios. (20).

       

          El Ser Universal consciente de sí mismo es entre otras cosas el agregado de Todo-Lo-Que-Hay más la realidad latente de Lo No Manifestado. Es decir, lo que ya existe sumado a los mundos, eventos y seres ya diseñados por la conciencia teológica, pero aún aparcados en el abismo insondable de Lo Potencial (las creaciones originalísimas y absolutamente inimaginables que pudieren emerger a la existencia en la eternidad). (20).

       

          Todos los entes de la Realidad, animados y aparentemente inanimados, comparten en la sima del alma a la Causa sin Causa, y participan activamente en la Conciencia Universal, aportándole sus reacciones libres y los aprendizajes por la experiencia protagonizados a lo largo de la carrera evolutiva. (20).

       

          Si existe un Creador, debe ser parte integrante de la realidad universal, y no algo externo al esquema de las cosas. De hecho el Hacedor es el universo, lo que implica que el pluricosmos se ha generado a sí mismo, no de la nada, sino a partir de alguna configuración previa. Para expresar este concepto asombroso en todos sus términos y de forma inequívoca, el universo se desarrolla a sí mismo en el eterno devenir de la auto-creación. (20).

       

       

       

      DUALISMO CÓSMIC0 Y TEOLÓGICO

       

          Generado por el poder de los principios universales del Pensamiento y la Voluntad, del recinto de la Luz (opuesto al bloque de las Tinieblas) emergió la figura de un  Dios personal: un ser perfecto, todopoderoso, omnisciente y operativo en clave de amor. (1).

       

          Esta encumbrada jerarquía engendró doce superentidades espirituales del máximo status (los Maestros o Ancianos), co-responsables ante la divinidad de la creación de los seres y la administración del mundo. Los elementos del bloque cósmico de la Oscuridad son paulatinamente absorbidos por el océano ilimitado de la Luz, tras su metamorfosis y purificación hacia la positividad. En consecuencia, a largo plazo el componente negativo del conjunto dual disminuye y tiende a extinguirse. (1).

       

          Las criaturas fueron destinadas a alcanzar meritocráticamente el reino de la Luz mediante la experiencia acumulada en la singladura de la evolución, beneficiándose del privilegio del libre albedrío. (1).

       

          Algunos de los doce Maestros a los que hemos hecho referencia involucionaron hasta degradarse en la figura de Ángeles Caídos; y con tamaña transgresión se desviaron del sagrado cometido que se les había encomendado. Esta vulneración de la ley natural fue lo que se ha dado en llamar La Caída. Pero incluso en su situación de desobediencia angélica, los rebeldes gozan todavía de la potestad de crear seres vivientes con propensión innata a la perversidad. Muchas de estas entidades luciferinas habitan actualmente en la Tierra. (1).

       

          Poniendo en juego la energía de su mente, la Matriz Central dio nacimiento al universo, y a otras esferas de existencia destinadas a sí misma y a sus doce Jerarquías supremas. (1).

       

          La Mente Infinita mantiene en reserva dentro de sí misma la potencial creación futura de Lo No Manifestado: la idea o prefiguración de los infinitos seres, orbes y formas posibles, únicos y originales, ya concebidos en una inacabable diversificación tipológica. (1).

       

          Al emerger el Dios personal del recinto de la Luz, tras la mutua interacción entre los postulados cósmicos del Pensamiento y la Voluntad, Dios incluía ya en su ser ambos fundamentos del dualismo universal: lo masculino versus lo femenino. (1).

       

          El Ser Dual destiló de su propia contextura bipolar los prototipos del hombre y la mujer, como paradigmas independientes pero destinados a complementarse mutuamente en amor y sabiduría, hasta fundirse en una sola unidad gracias al magnetismo de la comprensión empática. (1).

       

          La Inteligencia Universal proyectó con su poder mental el plan general del universo y el paquete de leyes naturales que gobiernan los mundos, especializados éstos por funciones específicas, y adaptados para satisfacer de forma diferencial las particulares necesidades de aprendizaje evolutivo de sus distintos pobladores. (1).

       

          La Luz Infinita infundió en todas las criaturas un fragmento de su propia energía divina, como monitor interno destinado a impulsar a los individuos a lo largo de su retorno evolutivo desde la Oscuridad hasta el esplendor de la Luz. (1).

       

          Las Tinieblas y la Luz constituyen el par de campos de fuerzas cósmicas enfrentadas en la eterna batalla de Armagedón, como consecuencia lógica del dualismo institucional que impregna a la realidad universal, e incluso a la propia deidad. (1).

       

          Por principio, la legitimidad, cuota de poder y atribuciones que ostentan la Luz y las Tinieblas, son idénticas. Y los entes cosmosféricos ya citados del Pensamiento y la Voluntad son susceptibles de resultar influenciados por igual a lo largo de la eternidad, tanto por la Luz como por la Oscuridad. (1).

       

          Como ya se ha dicho, el Dios personal (Padre Universal) y centro del universo, emergió como “descendencia” de la fusión armoniosa de las esencias globalizadoras del Pensamiento y la Voluntad. Luz y Tinieblas, Pensamiento y Voluntad, no fueron creados, ni tienen principio ni fin. (1).

       

          La Luz y las Tinieblas primigenias consistían en vastos océanos de corpúsculos infinitesimales, en equilibrio y absoluta estabilidad, lo que se denomina estasis cósmica. El piélago oscuro tiende a ser purificado y eliminado gradualmente, absorbido por el luminoso. (1).

       

          En el eterno presente, coexisten contrapuestos los dos paradigmas monolíticos de la divinosfera, increados y al margen del tiempo secuencial: la Luz (fuente del bien y de lo positivo en obediencia a las leyes naturales, que acoge al Pensamiento [femenino] y a la Voluntad [masculino]) ; y la Oscuridad (origen del  caos, desorden, confusión y negatividad [conducta anti-cósmica]). (1).

       

          Con objeto de consolidar por la experiencia inmediata una perfecta comprensión de las profundas implicaciones del dualismo universal, la figura misma del Padre y Dios personal (centro de la Creación y Alfa y Omega de cuanto existe), participó activamente en una pugna en favor de la Luz y contra las Tinieblas, competición de la que emergió victorioso. (1).

       

          El Padre Celestial, fuente de todo cuanto existe, es pensamiento, o sea, la Mente Divina. (1).

       

          La primera externalización de la Mente de Dios consistió en la emisión, desde su propia estructura de Dios Padre y Madre, de los principios contrapuestos de la positividad (femenino) y la negatividad (masculino). Así se inauguró el omnipresente dualismo cósmico, que cualifica todo lo que existe, incluso la propia naturaleza de la deidad. He aquí el modelo básico que inspira otras muchas manifestaciones de fenómenos bi-polares, como la materia y anti-materia, el bien y el mal, hombre y mujer y demás. (19).

       

          Los elementos del universo, originados a imagen del Centro de los Centros —una extensión ilimitada de protoenergía— son de índole bicéfala: positivos (femenino) y negativos (masculino). Mediante el acoplamiento de ambas polaridades, están facultados para generar sus propios hijos o sistemas energéticos subsidiarios. (19).

       

          El psiquismo del animal humano está organizado asimismo a imagen del patrón dualista de Lo Increado. El Yo Superior se escinde en la mente subconsciente, reflejo del principio creativo, positivo y femenino que palpita en la Mente Universal; y en la mente consciente ordinaria, nuestra versión humana del polo activo, masculino y negativo. Ambos bloques psíquicos aunados gozan del poder de creación de una progenie, en la forma de nuevas energías. (19).

       

          Ab initio, el Omnisciente instauró en su propia esencia la estructura de una pareja de principios opuestos, al subdividir su propio soporte ontológico en las polaridades contrapuestas positivo-negativo, masculino-femenino, padre-madre... En el devenir, esta separación dicotómica tuvo su reflejo en la dualidad inherente a todos los ámbitos de la Realidad. (22).

       

          El paradigma unitario que monopoliza los infinitos sistemas de realidad que conforman el Todo, es el Punto Central, cuyo ser intrínseco está constituido por el sistema cuaternario activo/pasivo + masculino/femenino. Este diseño básico cualifica al colectivo de arquetipos, aspectos o facetas poseídos por las identidades individuales diversificadas que animan el universo. Incluidas las formas no familiares a nuestra particular corriente evolutiva. (7).

       

          ¿Qué función cumple lo distinto, la infinita variedad universal de todo cuanto existe?. Pensemos que sin diferencias, contrastes ni opciones alternativas no se daría el reto y la fascinación de "lo otro". Ni se produciría un fastuoso enriquecimiento de las criaturas debido a los flujos, intercambios, toma y daca, aprendizaje mutuo. Y el esquema de las cosas se volvería irremediablemente entrópico, acabando finalmente desenergizado, sin dinamismo vital, estancado, muerto. (15).

       

          Cada pieza del mecano cósmico exhibe los contrapuestos atributos innatos de lo objetivo (el universo, energía y materia, el código de normas naturales) y lo subjetivo (los pensamientos, opiniones, actitudes y emociones únicas, la conciencia y el sentido del Yo de las identidades individuales). El campo de lo objetivo emana de la esencia paternal de la bipolar Causa Primera, y el bloque de lo subjetivo deviene de su componente maternal. (15).

       

          Esta fundamental contraposición objetividad/subjetividad, compartida incluso en su misma trama ontológica por el Sumo Hacedor, se manifiesta intrínsecamente en todas las cosas y seres, como reflejo de las dos básicas maneras de considerar la realidad y experimentar el mundo, siendo ambas igualmente "verdaderas", necesarias y válidas, y por demás complementarias y no mutuamente excluyentes. (15).

       

          El fundamento del Ser Infinito es el Principio de Vida Autoconsciente, emanado del recinto causal que palpita en el centro de la gran hiperesfera cósmica. El Principio Vital, la vida per se, es la realidad última, el alfa y el omega de Lo Manifestado. Y es también la esencia que subyace en el fenómeno de la conciencia, a la cual antecede, ya que sin soplo vital no se da el sentido del Yo y armazón de la identidad individual, misterioso soporte al mismo tiempo de los pensamientos, emociones y actitudes, y ámbito de la inteligencia. (11).

       

          El propósito del universo —uno de ellos— consiste en hacer progresivamente más conscientes a todos sus elementos en evolución. Por otra parte la conciencia surge previamente a la materia, y sobrevive a la masa atómica. La vida como decimos es el substrato o cimiento de la conciencia, y no a la inversa, aunque la conciencia es inherente a la vida. (11).

       

          El Principio de Vida, de estructura bipolar, es al mismo tiempo positivo/negativo, masculino (inteligencia)/femenino (amor), padre/madre, vida/conciencia. Y por su naturaleza electro-magnética se nos presenta como un poder intrínseco de atracción/repulsión. (11).

       

          El Ser Trino representa el lado inteligente del universo, y consta de tres partes: el aspecto psíquico, el mental y el noético. El rasgo mental es la presencia divina en el interior del hombre. (13).

       

          El Yo Soy pudiera concebirse como la extensión de protoenergía teocrática estabilizada en la infinitud (estasis cósmica). En otras palabras: el Ser Primigenio en un estado primordial de absoluta inmanifestación e indiferenciación de sí mismo, antes de que afloraran a la existencia el universo y una pléyade de jerarquías co-divinas. (19).

       

          La Trinidad devino de una suerte de desdoblamiento o focalización "extramuros" del Yo Soy. El I Am, a efectos de eficacia operativa y especialización funcional, se escindió destacando "al exterior" de su masa teológica el Dios-Padre (esencia activa, negativa y masculina de la deidad), el Dios-Madre o Espíritu Santo (substrato creativo, positivo y femenino) y el Dios-Hijo o Vibración Crística, (el sistema de pautas energéticas generatrices contemplado en el Plan Divino, designio concebido con el propósito de dar subsiguiente nacimiento al cosmos y a sus criaturas). (19).

       

          De este modo el Hijo puede ser considerado como un campo de fuerzas operativo, emanado de la ignota interacción entre Dios-Padre y Dios-Madre, y matriz energética que se transmutará en las muchas variantes de "materia" tridimensional, astral y etérica constitutivas del haz infinito y polidimensional de universos paralelos y coexistentes. (19).

       

          Lo que se entiende por Dios representaría entonces la conjunción armoniosa y unitaria de esta tríada de aspectos o facetas del único Ser Divino, el Yo Soy. La Energía Crística o simplemente Cristo constituye el campo de fuerzas del Absoluto, la protosubstancia última en base a la cual se manifiesta la realidad universal, bajo las directrices creadoras y especificaciones organizativas diseñadas en el Plan Divino. (19).
       
          Previamente al arranque de la Creación, coexistía en solitario consigo misma una entidad de inefable energía, inteligencia y poder, quien de cara a una efectividad estratégica en cuanto a la proyectada creación del mundo, se corporeizó en tres fundamentales atributos de sí misma, focalizados en orden a que se responsabilizaran de las funciones especializadas de:
       
      — La creatividad, que incluye la voluntad y la fuerza (el Padre).
      — El intelecto y la comprensión (el Espíritu Santo).
      — El amor o energía empática (el Hijo). (6).
       
       
       
      OMNIVERSO Y COSMOGÉNESIS
       
          El conjunto de los mundos aglutina un inmenso organismo vivo que piensa y siente como un ser humano, aunque con mucha más intensidad. (6).
       
          El cosmos no es en modo alguno estático; lo anima un movimiento perpetuo, la gran deriva universal. (17).
       
          En el origen la Inteligencia Infinita elaboró un pensamiento creativo: el deseo de expandir su ser, en su natural estado heterocéntrico (anti-egoísta) de conciencia, que sólo cabe describir como "de amor sin límites". Y manifestó su mentalización lóvica en las interminables configuraciones energéticas que constituyen la matriz de la materia, las formas y los seres del universo infinito, integrado en última instancia por el par de ladrillos básicos del edificio cosmosférico: el amor y la energía. (4).
       
          Una magnitud inacabable de estratos dimensionales habitados y nunca idénticos coexisten simultáneos en la unisfera. Cada universo paralelo se encuentra organizado mediante el concurso de una específica y no repetida gama de energías, y alguna peculiar composición interna de la modalidad particular de "materia" —en sentido amplio— que le es propia y conforma su entramado físico, distinta a la substancia que integra otros planos humanizados. (4).
       
          Los infinitos reinos vibratorios interpenetrados son equivalentes e igual de reales, aunque cada uno ostenta su propia configuración "física" y frecuencial, a la que se adapta el aparato sensorial de sus habitantes. Para estos inquilinos, otros niveles de realidad alternativos y que hierven de gente resultan imperceptibles, y viceversa. (4).
       
          Cada plano frecuencial ha sido diseñado como un recinto especializado, con el propósito de que sus pobladores aprendan por la experiencia en vivo lecciones específicas de las que están necesitados para impulsar su evolución, asignaturas "patentadas" que no se enseñan en ningún otro orbe. (4).
       
          El omniverso entero es un sistema abierto, accesible a todos los seres según su grado de desarrollo evolutivo y el esfuerzo que prefieran asumir con tal de beneficiarse de las increíbles ventajas que oferta el cosmos. Las únicas restricciones en cuanto a aprovechar las sinecuras del pluriverso, son las que el hombre se impone libremente a sí mismo por gustos propios, haraganería, comodidad o alergia a lo desconocido, al elegir de motu proprio soslayar el cambio y el dinamismo que exigirían los novedosos desafíos y riesgos, confinándose en su querida, fácil, rutinaria y segura patria aldeana. (4).
       
          La flecha de la evolución universal nos impulsa a elevar nuestra vibración anímica en sintonía con el pensamiento del Espíritu de Dios, de irresistible tendencia heterocéntrica y altruista. ¿Cuál es el propósito de la vida?. Aproximar asintóticamente nuestras actitudes a los contenidos lóvicos de la Mente Divina. (4).
       
          El bucle de involución/evolución (emergencia desde el Creador; voluntario descenso involucionista hacia los conflictivos mundos todavía animalizados; posterior ascenso evolutivo a pulso; retorno al Origen sin Causa), implica lógicamente un doble proceso: la "caída", desde rarificados estadios etéricos, a densos ambientes materiales; seguida de una elevación meritocrática y pedagógica en orden inverso. (12).
       
          El universo en su expresión más elemental es un infinito campo de fuerzas, un dominio de transmisión de acciones, influjos y efectos, al que no cabe asignar límite y bordes, dentro y fuera, centro y periferia, principio ni fin. El multicosmos simplemente es. Y en su vasta geografía dimensional se expresan incalculables modelos ontológicos, diferenciados en una inmensurable y portentosa diversificación. (20).
       
          El corazón de esta Totalidad aparece vivificado por la Fuerza Universal: la influencia primordial que empapa el recinto de la cosmosfera, de la cual se deriva la energía, matriz a su vez de los átomos, fotones, gravitones y otros subelementos cósmicos. Todo lo que existe no es más que alguna especial configuración compleja de esta Fuerza Universal, ente que se construye y reestructura incesantemente a sí mismo. (20).
       
          Nuestra esfera observable consiste en espacio, tiempo y materia. Componentes improbables en cosmos paralelos originales, los cuales manifestarán otras características únicas, desarrolladas asimismo a partir del último origen y substancia primigenia: la Fuerza Universal. (20).
       
          Las propiedades fundamentales y definitorias de cada recinto cósmico especializado son únicas e irrepetibles, y sólo se darán en ese sistema concreto. De lo que se infiere que el espacio/tiempo y la materia atómica tridimensional existirán exclusivamente en nuestro conjunto galáctico. Lo cual explica que las otras realidades alternativas resulten intangibles para los cinco sentidos terrestres, adaptados a la angosta franja ondulatoria de un peculiar medio físico/químico. (20).
       
          Cuando la Fuerza Universal acapara el espacio infinito, y alcanza una estasis cosmogónica de uniformidad indiferenciada y sin estructura interna alguna, se dice que el universo está en equilibrio. A partir de este "momento cero", la emergencia de configuraciones complejas en la naturaleza es un proceso de auto-generación. (20).
       
          El omniverso ha protagonizado infinitos ciclos de estasis cósmica (océano energético, no-manifestación y no-diferenciación del Yo Soy), seguida de la recreación de energía, cuerpos materiales, mundos y seres (la "reencarnación" del universo); para reducirse de nuevo, tras culminar los inmensos ciclos de la evolución, a su más simple común denominador: el equilibrado monopolio de la omnipresente Fuerza Universal. Y así sucesivamente. (20).
       
          El modelo anterior rememora en cierto modo la hipótesis de un cosmos oscilante en sucesivas etapas de expansión/contracción: el Big Bang complementado por el Big Crunch. O la respiración cósmica de Dios-Brahma en la cosmogonía hinduísta: exhalación o creación universal, compensada por la posterior inhalación o destrucción del cosmos. 20).
       

          El "rascacielos" del pluricosmos constituye un ente de insondable y gloriosa complejidad, donde cada uno de sus infinitos "pisos" vibratorios representa una "mansión" paralela especializada. El cosmiverso aparece conformado por la Fuerza Universal, su esencia indiferenciada, de la que se deriva la energía, primera categoría de substancia organizada y sujeta a diversificación. (20).

       

          Los grandiosos universos dimensionales son estructuras de segundo orden, construidas en base a variaciones permutativas de la energía. (20).

       

          La cadena sin fin de universos continuará asumiendo infinitas formas cambiantes por toda la eternidad. Y nos cabe elegir inagotables perspectivas o puntos vista como criterios alternativos para entender el Todo, que es el resultado de una ingente sucesión de reacciones, en respuesta a una tremenda variedad de acciones. (20).

       

          La ley de la conservación dispone que todo se transforma y cambia de estado incesantemente, hasta reconvertirse en algo distinto y por lo general superior (la ascendente espiral evolutiva). Pero nada se pierde jamás. (20).

       

          En el diseño de La Realidad está previsto que los cosmos paralelos interaccionen entre sí, mediante un flujo y reflujo de influencias mutuas, y en un estado de perpetua reconversión. (20).

       

          La permanencia es una de las contadas imposibilidades cósmicas. Todo se modifica constantemente, y nada pervive tal como empezó. El corolario de la aparente "muerte" es la resurrección, que implica una metamorfosis hacia algún estadio más evolucionado. La única constante del universo es la ley del cambio perpetuo de sus elementos. (19).

       

          Los ciclópeos sistemas dimensionales (universos) ceden y toman entre sí manifestaciones energéticas, experimentan transformaciones internas y finalmente se autodestruyen, para renacer seguidamente como nuevas manifestaciones mejoradas de la Fuerza Universal. (20).

       

          Estos gigantescos entramados paralelos poseen límites, y son por lo tanto finitos. El omniverso que los integra a todos es por el contrario un ente infinito, compuesto por una sucesión inacabable de partes finitas. (20).

       

          En el epigrama de H.B.S. Haldane, "el universo no es sólo más vasto y extraño de lo que imaginamos, sino mucho más vasto y extraño de lo que podemos imaginar." (20).

       

          Nada hay al margen de la naturaleza ni en el exterior de la macrosfera, conjunto que integra Todo-Lo-Que-Existe: las infinitas variantes de posibilidades y oportunidades coexistentes en el eterno presente, y accesibles a los trepadores de la evolución. (20).

       

          La constitución intrínseca del esquema de las cosas instiga a sus moradores a cumplir tarde o temprano las leyes naturales. Estas normas cósmicas son expresiones de lógica, organización y orden cuyo alfa y omega reside en el propio interés cooperativo: unas relaciones de beneficio mutuo, basadas en el desinterés, el bien común y las actitudes heterocéntricas opuestas al egoísmo. (20).

       

          En el inicio el Yo Soy, en su expresión de Espíritu, se extendía en la inmensidad del espacio, constituido por un número infinito de partículas divinas o corpúsculos de substancia espiritual, los espiritones. (3).

       

          El vasto océano de magma teológico, omnipresente, omnipotente y omnisciente, permanecía en el sobrecogedor equilibrio de la estasis cósmica, incorporando en forma inactiva y latente un cúmulo de variados atributos y principios divinos, que junto a los fenómenos subyacentes de Lo Potencial (universos y seres ya ideados por la Mente Divina, pero todavía no aflorados a la existencia), constituían Lo Inmanifestado. (3).

       

          El Espíritu Primordial decidió generar el Alma Universal, agregado de todos los espíritus individuales (mónadas, egos o espiritones), la cual ocupa el centro del organismo cósmico. El Alma Universal creó por su parte lo que entendemos por Dios: la Mente Universal. (3).

       

          Cada espiritón autoconsciente se transformó en un espíritu individualizado (el Yo o ego), quien representa la condición o intrínseca cualidad de ser, amén del fuego divino que funciona como guía interna de las identidades personales destinadas a sembrar la inteligencia en la Creación. El conjunto de estas mónadas primitivas o chispas teologales conforma el Alma Universal. (3).

       

          Dios diseñó la imagen mental del futuro universo no en la fase inaugural de subdesarrollo, sino en su etapa culminante de máxima perfección evolutiva. (3).

       

          Y para hacer realidad el conglomerado de mundos generó el Verbo, la vibración centrífuga de la Fuerza Unitaria, es decir, la irradiación de la Mente Universal, desde el núcleo teológico central (Alma Universal) hasta la periferia del multiverso, que es una vasta hiperesfera integrada por dimensiones radicalmente diferenciadas. (3).

       

          La Mente Universal permea los entresijos del recinto cósmico, y es en sí misma el pluriverso y sus elementos y seres. En última instancia todo es mente, y los átomos no son más que versiones solidificadas de pura substancia mental. El mundo se originó como una magna idea o figuración "visualizada" por la Mente Universal, proyecto que oportunamente se plasmó en Lo Manifestado. La energía es en verdad fuerza mental condensada en vibraciones ondulatorias, cuyo origen último es el pensamiento de Dios. (3).

       

          La Realidad es una absoluta unidad monopolizada por la sola vibración originaria, energía básica o principio vital de la Mente Universal: élan divino que en segundo término se manifiesta en una cantidad infinita de formas inimaginablemente diversificadas. El espacio, el tiempo y la materia carecen en sí mismos de substantividad propia, y no poseen una existencia real y objetiva. Son meros fenómenos mentales disfrazados, o sea, estados de conciencia.

       

          Los cuerpos sólidos son el postrer resultado de una idea o pensamiento, condensado en energía, y ésta a su vez coagulada en una estructura atómica. (3).

       

          ¿Qué es Dios? Intentar definir a Todo-Lo-Que-Es con el ineficiente lenguaje terrenal es ofrecer de la Conciencia Cósmica una inexacta idea antropomórfica, al asignar inevitablemente al A-Dimensional cualidades meramente humanas que no coinciden con la genuina naturaleza de la deidad. Es imposible describir a la Luz Primordial en palabras, pero gozamos como compensación del privilegio de interaccionar directa y personalmente con El Lejanísimo por medio de la experiencia mística y la meditación. (3).

       

          La Mente Universal creó la energía, en sus modalidades de la Luz (energía activa) y la Oscuridad (energía pasiva), tal como prevé el supremo principio cósmico del dualismo universal, la más fundamental de las leyes naturales. (3).

       

          La transmutación descendente de la jerarquía de entes energéticos, los cuales integran las diferentes categorías de ámbitos frecuenciales (Dios-Espíritu, universos mentales, universos astrales y etéricos, y universos tridimensionales), podría esquematizarse del siguiente modo:

       

          Los espiritones, cuantums espirituales o fracciones de la propia substancia divina, subyacente en todas las cosas, se transforman en mentones, corpúsculos de pura fuerza mental, condensación de las ideas y pensamientos de la Mente Universal en proceso de manifestación sensible. Los mentones se reconvierten por su parte en astrones, partículas elementales que conforman las modalidades intangibles de "materia" astral y etérica. Los astrones a su vez se desdoblan en basones, componentes primarios submateriales, a partir de los cuales se construyen los átomos de la materia visible convencional. (3).

       

          Como hemos visto, desde el Espíritu Divino a los táctiles objetos físicos desciende una gradación discontínua de clases de "materia", y de esferas de realidad intermediarias por ellas integradas: universos paralelos de substancia mental, compuestos por mentones; planos etéricos y astrales constituidos por astrones; y nuestro sistema galáctico espacio/temporal, cuyos elementos subatómicos son los basones. (3).

       

          El infiniverso archidimensional progresa según las pautas rítmicas de una eviterna alternancia de involución/evolución, protagonizando una espiral ascendente de mutación contínua. Todo nace, se desarrolla, madura, decae y por último "muere" (culmina una etapa en ese nivel y reanuda su crecimiento en otro plano vibratorio más adelantado), para transformarse seguidamente en un renovado ente de rango superior, e iniciar otro ciclo más elevado en la escala de Jacob. (3).

       

          Lo que se entiende por "evolución" implica la concatenación secuencial de tres situaciones complementarias, igualmente legítimas y necesarias:

      • Un comienzo en estado de perfección innata (entidades creadas sin mácula por el Innombrable).
      • Descenso voluntario o "caída" degenerativa hacia mundos primitivos, donde se viven atractivas y harto pedagógicas pasiones viscerales, más animalizadas que espirituales. Obligada fase de aparente degradación en el semiciclo involucionista.
      • Ascensión durante la tercera etapa regenerativa del semiciclo evolucionista. Retorno final de los montañeros en curso de deificación a la Fuente divina, de la que emergieron eones atrás cual mónadas embrionarias dotadas de atributos celestes en larvado estado potencial. Regresan cual virtudes, tronos y dominaciones, enriquecidos con la experiencia atesorada tras vivenciar el gran bucle "emanados del Origen para acabar reabsorbidos por el Origen." Y al subsumirse en Dios incrementan la calidad de la masa teológica aportándole esta sabiduría conquistada al trepar por la escala de Jacob. (3).

          El Gran Arquitecto no ha creado un universo imperfecto. Las evidentes y provisionales disfunciones del cosmos (ostensibles sin ir más lejos en nuestro planeta) son el resultado transitorio de los mecanismos naturales de causa y efecto, activados (con todas sus inevitables consecuencias, muchas de ellas negativas) por los pensamientos, emociones, actos, omisiones y libre albedrío de los agentes intencionales. Quienes durante un tiempo limitado se esfuerzan por dominar la maestría de vivir con inteligencia y sin vulnerar la normativa universal, a lo largo del doble ciclo de involución/evolución. (3).

       

          Aun así, en conjunto, en profundidad y a largo plazo el macrocosmos tiende a la auto-perfección. Y esta mejora incesante es precisamente el propósito de la evolución universal de todos los seres y cosas. (3).

       

          La expansión/contracción del Ser Infinito implica un macrocosmos oscilante. La Fuerza Unitaria irradia desde el corazón divino hacia extramuros de la Realidad (universo en expansión). Se alcanza el cénit de un maduro estadio de arcangelización del mundo (máximo radio del hiperuniverso). Comienza entonces la fase inversa (contracción). Para volver una vez más a la primigenia estasis cosmosférica, consistente en un campo infinito estable e indiferenciado de protoplasma espiritual, la única manifestación, en tal fase, del Yo Soy. Se inicia otra vez la etapa expansiva. Y así sucesivamente, tal vez ad infinitum. (3).

       

       

      EL 0CÉAN0 ESPIRITUAL

       

          Los espíritus individuales son partículas de la propia anatomía del Sin Nombre, integradas por una peculiar modalidad de energía. (10).

       

          En el principio de los principios no había más que el Yo Soy y su estasis universal, constituida por un ámbito infinito de protosubstancia espiritual libre, indiferenciada y carente de autoconciencia. (15).

       

          El plan del Supremo se organizó de tal manera que cada rasgo divino, faceta o propiedad cualitativa de su ser se manifestara en la exosfera, caracterizando y especializando por decirlo así a determinadas áreas dimensionales del universo, y también a los seres individualizados. A tal fin nubes amorfas del piélago de espíritu libre y continuo comenzaron gradualmente a coagularse en "grumos" o unidades discretas de masa espiritual, portadoras de singularidades específicas de la Primera Causa, y germen de futuras entidades conscientes destinadas a expresar características y aspectos cósmicos únicos y especializados. (15).

       

          El uniforme campo de fuerzas divino se fragmentó así en cuantums energéticos o "átomos" de substancia espiritual, el componente primordial que se extiende de un extremo a otro de la Creación e impregna al completo sus planos vibratorios: un substrato cósmico capaz de transmutarse oportunamente en variadas modalidades energéticas de segundo orden. (15).

       

          El espíritu libre representa una suerte de energía básica disponible, esencia todavía no utilizada ni individualizada, que es el trasfondo ambiental de los elementos del omniverso. Cuando este magma espiritual genérico se aplica para la conformación de otros entes, se subdivide en corpúsculos espirituales agrupados. El espíritu libre tuvo su fuente en el Yo Soy, que pudiera definirse como el estado o situación de absoluta indiferenciación e inmanifestación del ente divino primordial. (15).

       

          En un "momento cero" del eterno presente, y por justificadas razones, el Yo Soy decidió fundar la Creación mediante la aportación de una poderosa emanación de su esencia vital, en la forma de radiación centrífuga (desde el Centro hacia el extrarradio del omniverso) de su propia conciencia divina. (15).

       

          En el devenir, la citada exhalación corporeizó el mar sin fronteras de pre-substancia espiritual que interpenetra la cosmosfera. Quiere decir que la materia prima de todas las cosas es ni más ni menos que la conciencia de la Inteligencia Infinita, meollo deista que se dispersó de este modo en el piélago de espacio/espíritu, para concentrarse en segundo término en los focos de conciencia independientes de sus criaturas, asientos del sentido del Yo y de los pensamientos, emotividades y actitudes. (15).

       

          Los conceptos de espacio, vibración y espíritu estaban íntimamente relacionados en el amanecer del universo. Todos los seres y cosas son modulaciones específicas y diversificadas de la única estructura básica: la energía espiritual. (15).

       

          Uno de los atributos del inextinguible océano de espíritu libre es su conciencia potencial. Si se acumula suficiente masa espiritual, se exteriorizará el fenómeno latente de la conciencia, soporte de la actividad mental y emocional y experiencia subjetiva de la propia identidad individual. El grado de conciencia es una función de la densidad y concentración del protoplasma espiritual básico. Y podemos considerar al ilimitado espíritu libre como conciencia atenuada y dispersa, y al mismo tiempo como energía diluída. (15).

       

          El espacio cósmico no es en modo alguno un inmenso vacío, sino la mera extensión del campo de fuerzas divino, ocupado por el espíritu libre. Éste es el fundamento de la acertada teoría física del éter cósmico. Donde la Matriz Infinita no ha emanado su esencia espiritual, el espacio no ha sido creado. (15).

       

          El alma humana, al igual que los demás componentes del universo, es un agregado de particulares modalidades de masa y energía. Y por tanto corre el riesgo de resultar destruida in extremis, si la entidad en cuestión elige libremente la degradación irreversible que implica una pertinaz conducta anti-cósmica: la degenerativa y reiterada violación sin fin de las leyes naturales. (15).

       

          Como legítima defensa en orden a erradicar esta injusta perturbación ocasionada tanto a la omnisfera como a los demás seres del conjunto de la realidad, se produce en raras ocasiones lo que bien mirado es un suicidio cósmico auto-inducido. (15).

       

          Nos referimos a la segunda muerte o verdadera disolución espiritual: la aniquilación absoluta de la personalidad y una extinción de la identidad individual del que fue hijo de Dios. (15).

       

       

       

      UN UNIVERSO MENTAL.

      PANSIQUISMO CÓSMICO

       

          En su primigenio acto creativo, el Ser Des-Egocentrizador dispersó la Mente Divina en innumerables fragmentos, las chispas de la deidad que anidan en los centros de conciencia de los seres —aparentemente separados e independientes— que dinamizan los mundos. (6).

       

          Mediante esta dadivosa técnica de manifestación, la Causa de las Causas no incorpora a la exosfera su propio campo de fuerzas mentales global y unificado, es decir, renuncia al monopolio de un único bloque de inteligencia objetiva distanciado de sus criaturas. Al emplazar como sancta sanctorum de cada sujeto una porción de su misma naturaleza teológica, el Primero y Último ha donado a sus hijos el privilegio de compartir íntima y directamente —sin necesidad de intermediarios— la esencia ontológica de la deidad, y el desarrollo paulatino (en el arduo trabajo de la evolución) de potenciales atributos y prerrogativas divinas. (6).

       

          La psiquis trascendente del Muy Próximo aparece constituida por la agregación de todas las inteligencias individuales que se afanan por crecer en calidad espiritual. (16).

       

          La ilimitada extensión del espacio no es más que la inmensurable amplitud de la Mente Universal. La realidad que en apariencia es "externa" a nosotros, se reduce en verdad a estados subjetivos de conciencia. Y nada existe en puridad aparte o en los aledaños del complejo mental. (16).

       

          Las piezas materiales, el espacio y el tiempo no son sino engañosos "efectos especiales" o camufladas manifestaciones de la actividad psíquica, a fin de proporcionar un soporte o ambiente donde los humanos logren interaccionar con un medio y ejercitarse en la evolución. O lo que es lo mismo, los elementos tangibles no son más que ilusiones estables y con cierta permanencia, un útil simulacro "fabricado" literalmente por el peculiar funcionamiento de los cinco sentidos. (16).

       

          La materia es en última instancia un estado de conciencia. Cuando nos trasladamos de un lugar a otro no nos estamos desplazando como parece en el espacio exterior, sino en nuestros ámbitos internos de conciencia, que no representan aspectos cualitativos o cuantitativos confinados en el cerebro, sino que son en realidad la propia materia en movimiento, y se extienden en el espacio eterno. (16).

       

          La genuina naturaleza del hombre no reside en el cuerpo físico, sino en su mente. Y en todos los planos y esferas de la Creación las morfologías perceptibles no son otra cosa que substancia mental manifestada por un estado o ley de necesidad. Lo cognoscible consiste en formas de acción o movimiento, que en respuesta a meros estímulos exógenos tienen lugar en el interior del ser, y que dado el particular desempeño del aparato sensorial originan la falaz impresión de que son ocurrencias externas a la conciencia. (16).

       

          Los noumenos o kantianas "cosas en sí mismas" con independencia de cómo son percibidas por los sentidos corporales, resultan incognoscibles, y sólo pueden ser aprehendidas a través de la auto-realización. (16).

       

          Todo es conciencia ("All is consciousness"). La unisfera existe desde la eternidad y hasta la eternidad y no puede concebirse su término, por cuanto su auténtica naturaleza profunda es de carácter mental, y lo psíquico carece de fin. (16).

       

          Inacabables variantes y modalidades alternativas de espacio y tiempo secuencial florecen en otros niveles de realidad, debido a que la conciencia opera en un "círculo" ultradimensional infinito y sin solución de continuidad. (16).

       

          Los pensamientos son stricto sensu masas, entes, cosas. Un objeto físico deviene siempre de la solidificación sensible de una previa energía mental. (13).

       

          Dios es energía mental, la Conciencia del Universo. "Antes del antes" la Presencia Unitaria monopolizó la gloriosa vastedad de la Mente Infinita, la matriz creativa de toda existencia: un espacio insondable de pensamiento sin forma. ¿Cuál es el más eximio concepto del Último? El pensamiento, inteligencia suprema de la Mente Divina. (9).

       

          Los hechos sensibles corporeizan la plasmación final de la conciencia colectiva, la actividad mental y emocional del género humano, expresión subsidiaria de la inteligencia del Omnisciente. ¿Quién generó la realidad global? Los seres inteligentes, mediante su poder mental y emocional delegado por Lo Alto. El Divino Inventor no creó el mundo; Él es el universo de los universos. (9).

       

          La substancia primigenia que interpenetra los intersticios del océano cósmico es el pensamiento de la Conciencia Universal: el infinito centro mental de la Totalidad, cuyas pautas energéticas copan el espacio ilimitado. La vibración es pues el ladrillo primario con el que se ha edificado el conjunto de lo real. (4).

       

          Los átomos tridimensionales, así como las demás subespecies corpusculares intangibles que conforman la "materia etérica" vigente en otras dimensiones, son complejas combinaciones rotatorias y frecuenciales del fotón, la onda/partícula que constituye la estructura básica de las múltiples categorías de "materia" constitutivas de los mundos físico-químicos y astrales. (4).

       

          Todas las experiencias tienen su causa próxima o remota en raciocinios y emociones previos, que son el origen último de cuanto existe. Lo único que en definitiva ocupa el organismo cósmico es la energía especulativa: el pensamiento de la Mente Universal. (4).

       

          Las ideaciones de la Inteligencia Infinita engendran cuantums de pensamiento vital, unidades discretas de vida mental. Estos "corpúsculos intelectuales" de la deidad se materializan en una infinitud de entes y formas diversificados. (11).

       

       

       

      DE LA INFINITA VARIEDAD DE LAS COSAS

       

          Una magnitud inconmensurable de seres radicalmente diferenciados glorifican la vida en el universo. Las irrepetibles maravillas de la Creación son tan dispares que resultan inimaginables incluso para los cerebros proclives al vuelo de la más desbordada fantasía. (14).

       

          La infinidad es un concepto imposible de concebir por el ser humano. Para empezar, el universo es infinito. Si aceptamos tal postulado fundamental, admitiremos asimismo su corolario lógico: que todo en el recinto cósmico es igualmente infinito, es decir:

      • Dios es por supuesto infinito.
      • Infinitos y desiguales sistemas de realidad alternativos coexisten interpenetrados en el vasto ensamblaje de la omnisfera.
      • Los planetas comparables a la Tierra se extienden sin fin en el espacio insondable.
      • Innumerables seres emanados de lo Último pueblan los diferentes niveles vibratorios.
      • Todas y cada una de estas formas manifestadas por el Alma Universal son únicas sin remisión. Y difieren de las demás en sus irrepetibles particularidades individuales. Semejante opulencia de lo distinto origina así la máxima riqueza ontológica concebible: una inacabable oferta de originales y nunca duplicados modos de expresión, en infinita y gloriosa diversidad.
      • Tamaña exuberancia de lo heterogéneo convierte a la Totalidad en un sobrecogedor sistema abierto de infinitas oportunidades, variantes y posibilidades. Un amplísimo abanico de opciones disponibles en pro del desenvolvimiento evolutivo de las criaturas. (5).

          En el reino de El Camino, la Verdad y la Vida nada resulta imposible. El esplendor de creatividad que rige el universo es tan poderoso que todo lo que puede ser comprendido, e incluso lo absolutamente inconcebible, se manifiesta antes o después en algún enclave del mundo sensible. Del mismo modo los más inverosímiles sueños y fantasías acceden alguna vez al status de la existencia. Y hasta el universo global surgió en la imaginación del Gran Pensador. (9).

       

          Todo es o se hará real, inclusive las más exaltadas fantasías, invenciones y surrealismos imaginativos, pues se han originado en actos psíquicos intencionales, que son lo primero en el ranking de lo manifestado. El mundo externo carece in extremis de substantividad propia. A pesar de su convincente realismo, lo que vemos y tocamos es puro maya, no pasa de ser alguna suerte de prestidigitación alucinatoria, o sea, una mera ilusión mixtificadora de segundo orden, pergeñada por ondas mentales, actitudes y sentimientos previos, los cuales ostentan en sí mismos el máximo grado de realidad, por delante de los muy aparatosos objetos tangibles. (9).

       

          El potente aforismo Buscad y hallaréis se deriva de que cualesquier quimera que osemos conjeturar con ayuda de la más desbocada fantasía, esto es, absolutamente todas las combinaciones imaginables, más las inconcebibles por la mentalidad terrestre, ad infinitum, de hipotéticas variaciones hacederas, e incluso "imposibles", en cuanto a clases de identidad ontológica, tipología humana, idiosincrasias, situaciones vitales o experiencias personales, toda esa visionaria fantaciencia, repetimos, goza ya de asegurada existencia fáctica en algún orbe, plano vibratorio o nivel dimensional de la cosmocracia, aunque nos parezca una delirante utopía. (7).

       

          Semejante milagro se explica por la explosión de creatividad que impulsa el surgimiento de lo original y único en el tejido de lo real, y debido a la abrumadora magnitud de la aludida y onírica heterogeneidad en todos los sentidos de la que nos beneficiamos. Una pluralidad que para nuestro asombro y agradecimiento se enseñorea del infiniverso en el que por suerte tenemos el ser. (7).

       

          En cuanto a nuestro individual Pedid y se os dará, ya sabemos que lo añorado cobra vida y palpita en algún cubículo de la omnisfera, y que además se encuentra disponible para satisfacer nuestras necesidades. Sólo nos resta hacer méritos (con el mazo dando), y atraer lo deseado al entorno en el que nos movemos, gracias al poder invencible de una plegaria expresa dirigida al sistema universal (técnica de la visualización creativa). (7).

       

          Los manyllones de seres que se afanan en automejorarse en el conjunto galáctico y otras arenas dimensionales, no son por fortuna iguales. Por ninguna parte se atisban robots, uniformidad ni réplicas sino intención personalísima, identidades únicas, "cada hombre es un mundo" y libre albedrío. La imprevisible inteligencia creativa y lo diferente constituyen la materia prima en la disímil realidad universal. (15).

       

          La infinita variedad en los modos del ser, férreamente instituida en los más dispares ámbitos de la divinosfera, nos convierte a todos en valiosos especialistas, imprescindibles agentes colaboradores en el plan divino, encargados de alguna misión específica de imposible sustitución. (15).

       

          De lo que se infiere que si actuáramos con inteligencia habríamos de asumir nuestra sagrada responsabilidad frente al universo: aportar el humilde pero imprescindible grano de arena necesario para el buen funcionamiento del esquema de las cosas. Si desertamos del deber sinérgico de asistir al conjunto que nos presta un habitat para evolucionar, y no contribuimos al bien común mediante los talentos originales y habilidades innatas que sólo cada uno de nosotros sabemos y podemos ejercer, excavaremos un agujero patrimonial en los activos del Absoluto, produciendo una avería en el macrocosmos. (15).

       

          Por mucho que aprendamos acerca de La Realidad, más todavía nos quedará por descubrir respecto a sus fascinadores misterios y belleza filosófica. Y jamás alcanzará un fin la estremecedora diversificación de las manifestaciones siempre cambiantes emanadas de la creatividad infinita del Fuego Divino. (15).

       

       

      LIBÉRRIMO ALBEDRÍO

       

          Una magnánima ley promulgada por el Dispensador te autoriza a expresarte en la vida por medio de tu voluntad soberana, ateniéndote claro está a todas sus consecuencias lógicas, que pueden ser de múltiples calibres y tipos. Al ejercer así tu espontaneidad única y sin posibles fotocopias, complejizas, expandes y enriqueces la conciencia del Eterno. (9).

       

          Si nos hemos propuesto hacer realidad los deseos, lo más eficaz es sentirlos con intensidad. El vivirlos con calor y fuerza reconduce en dirección al Inefable la emoción necesaria para que se cumplan los propios anhelos. (9).

       

          Por lo general perseguimos por cauces asaz tortuosos una felicidad subjetiva, a veces harto extraña y plagada de sufrimientos. Y nos las aviamos con sorprendente habilidad para hacer libremente aquello que en profundidad deseamos y nos dicta nuestra genuina voluntad interna. (9).

       

          Solemos incluir sin pestañear en este lote de felicidad predilecta, aunque cueste creerlo, los horrores que nos catapultan a los más terribles infortunios. Si debido a complejas motivaciones subconscientes (soslayar determinadas responsabilidades en la vida, despertar compasión, convertirnos en protagonistas y centros de atención, ejercer el poder y la crueldad en los allegados que nos cuidan, etc.), anhelamos por ejemplo caer enfermos, perderemos indefectiblemente la salud, pues vivimos en un universo voluntarista que satisface por principio las hondas apetencias de sus inquilinos, sin discriminar respecto a la índole o calidad aparentes de lo que le pedimos. Lo concede y punto. (9).

       

          Cuando en el fondo del alma, y por sutiles y justificadas razones nos hace feliz el exótico placer de ser infelices, se pone en marcha el ábretesésamo Llamad y se os abrirá, y atraeremos hacia nuestro entorno circunstancias de supuesta desgracia por las que bajo cuerda estamos lampando. (9).

       

          Todo cuanto emprendemos, excelso o vil, es legítimamente impulsado por el Yo interno, en orden a gestionar por medio de la experiencia directa y personal la adquisición de determinadas interpretaciones de la vida en las que aún somos ignorantes. Sólo mediante la pasión de actuar buscando aprender, lograremos evaluar el significado espiritual de nuestras acciones, y extraer sus lecciones éticas implícitas: la sabiduría. (9).

       

          Por cada pensamiento aceptado y sentido, mas todavía no entendido en su totalidad, el alma presiona irresistiblemente hasta lograr protagonizarlo en la existencia diaria. Con tan meándrico expediente, los mortales ganan por la experiencia inmediata una exhaustiva comprensión emocional de ese problema irresuelto, y en general de todas las vicisitudes de la vida. (9).

       

          Incluido por supuesto el voluminoso bloque de la negatividad, la cual se supera para siempre interesante paradoja una vez vivida a tope en carne propia, después de asimilar las candentes lecciones morales que acarrea el ser malvado. Así pues todos hemos sido, o seremos en otros avatares, santos y demonios. (9).

       

          Tras protagonizar determinada gama de circunstancias, y dominada definitivamente su carga didáctica, se extingue in aeternum la fascinación de pasar de nuevo por ese trance, pues ya se ha incorporado al ser la comprensión moral que dicha vivencia atesoraba. Y entonces atraeremos novedosas situaciones vírgenes, capaces de aportarnos retazos que aún nos faltan de la filosofía de la vida. (9).

       

          Y con tan ingenioso procedimiento, la devoradora hambre interior de renovadas experiencias enriquecedoras nos impulsará con fuerza coercitiva en el decurso del tiempo a incursionar en todos los episodios vitales imaginables, de la A a la Z. Así, comprometiéndonos hasta la médula en coyunturas de la más variada índole, engrandeceremos tanto nuestros horizontes espirituales como la conciencia colectiva de la humanidad. Y habremos aportado de paso nuestro output especialísimo nada menos que en pro de la expansión energizadora del Ser Infinito. (9).

       

          El espíritu persigue con encendida vehemencia aquello que aún no ha vivido, porque su instinto evolucionista lo empuja a procesar y decantar el contenido emocional de experiencias todavía desconocidas. A la caza de pedagógicas vivencias inéditas, el alma genera la inextinguible llama interior del deseo, que urge a la personalidad a explorar ignotas aventuras y asimilar su esencia como sabiduría. (9).

       

          De un extremo a otro del espacio/tiempo, la voluntad individual goza del poder de expresarse a su aire según infinitas combinaciones cualitativas, sin limitación alguna impuesta desde lo Alto. Es cierto que en apariencia nos resulta imposible controlar algunas circunstancias de la existencia. Pero está en nuestras manos en cambio —si queremos, y siempre a cambio de esfuerzo— no ser una caña al viento, ejercer un autocontrol y moldear, de acuerdo con los criterios y preferencias personales, nuestras actitudes, puntos de vista, prioridades y rankings de valores ante la vida. Con lo cual estamos facultados para reaccionar con auténtica libertad, de la particular manera que elijamos, frente los estímulos que nos ofrece el día a día. (4).

       

          He aquí un trascendental postulado cósmico: a cada inteligencia que progresa en la divinosfera se le faculta por toda la eternidad para seleccionar a su antojo las preferencias individuales más queridas, y a poner en práctica en cada ocasión, sin restricción alguna, flamantes experimentos vitales en base a sus más viscerales compulsiones internas. Eso sí, asumiendo como es de justicia el búmeran de las repercusiones en el prójimo y en el entorno desencadenadas por sus elecciones soberanas. (4).

       

          Tan ventajoso régimen de autonomía de la voluntad perdurará hasta el postrer retorno del peregrino en ascenso al hábitat del Amado, tras la cadena de ciclos de involución/evolución. (4).

       

          Echando mano de este dadivoso programa, y como fundamental corolario del libre arbitrio (que no hay que olvidarlo, se lo debemos a la munificencia del Dispensador), el cosmos se perpetúa autogenerándose en una infinita y prodigiosa diversificación y variedad de mundos, opciones, formas, mentalidades y actitudes. Opulencia en la oferta que implica el máximo despliegue imaginable de oportunidades enriquecedoras para las criaturas, y por intermedio de ellas, también para el mismo Generador. (4).

       

          Las chispas inteligentes emergieron a la existencia asistidas mediante el don del libre albedrío. Prebenda que las faculta para modificar, si así lo desean y según preferencias individuales, la primigenia energía heterocéntrica ofrendada por el Supremo Hacedor, degradándola de motu proprio en anticósmicas frecuencias vibratorias de signo egocéntrico. (4).

       

          El hombre ha aprovechado así su irrestricta capacidad de elección para generar a su capricho entes y formas negativas, discordantes con el altruismo generalizado vigente en el universo. Se trata de energías intencionales de carácter entrópico no contempladas en el primitivo diseño, en clave amorosa, del Padre. (4).

       

       

       

      EL HOMBRE ENRIQUECE A DIOS

       

          La Mente Universal no es estática ni siempre idéntica, sino que paradójicamente se expande e intensifica a sí misma sin cesar. Deviene por así decirlo más, distinta y mejor, valiéndose entre otras cosas de los pensamientos y emociones, actos y reacciones de los seres humanos. El Único progresa como si dijéramos absorbiendo por ósmosis en su organismo macrocósmico el crecimiento continuo de sus hijos, quienes se autoperfeccionan poco a poco en el maratón evolutivo. (9).

       

          Somos un componente eterno y único de la Mente Divina. Y mediante la aportación de nuestras peculiares y exclusivas vivencias psico-emocionales incrementamos si cabe con un valioso plus de originalidad y diversidad el espectacular despliegue de Lo Manifestado. (9).

       

          El Ubicuo contempló en el origen el deseo de acentuar aún más si fuere concebible su propia complejidad interna, promover la expansión de su substancia ontológica, potenciar su auto-conciencia y protagonizar infinitos modos de vida. Todo ello mediante la absorción de la sabiduría decantada por las experiencias docentes de un sinnúmero de unidades intencionales únicas, que evolucionan afanadas en reaccionar libérrimamente ante los estímulos ofrecidos por el ambiente, en los mundos creados a tal efecto por la Conciencia Universal. (19).

       

          Semejante actitud de la Unicidad Suprema, cuya voluntad es mejorarse a sí misma haciendo suya la sapiencia evolutiva conquistada por sus criaturas, explica la creación para dicho fin de un cosmos pluridimensional abarrotado de seres inteligentes en perpetua ascensión hacia el Origen. Y responde al peliagudo interrogante de Leibnitz de por qué existe el universo en lugar de no haber nada. (19).

       

          La Matriz Cósmica insufló la existencia en los sistemas energéticos bipolares (padres y madres), con la finalidad de que generasen por su cuenta y mediante poder delegado otras energías intencionales en sentido amplio (hijos), e incrementaran su propia densidad anímica y autoconciencia luchando por ser mejores en la gran carrera de obstáculos que es la evolución. (19).

       

          Todo ello con miras de que estas energías individualizadas vuelvan finalmente a su Fuente capitalizadas con la máxima complejidad, polifacéticas y enormemente acrecidas. Y que en estado angélico se subsuman en el Espíritu Infinito, donándole un valor añadido de imprevisibles facetas cualitativas, tan originales como las identidades únicas de las que provienen, pues lo que cada individuo contribuye a Dios sólo él, y ningún otro ser en la entera Creación, es capaz de producirlo. (19).

       

          En el diseño del ensamblaje omniversal, el Alma del Mundo genera múltiples sistemas de energía inteligente, quienes florecen en los recintos dimensionales especializados a los que por su libre elección van destinados, con ánimo de proseguir su desarrollo. (19).

       

          Cuando han agotado su ciclo evolutivo, tras eones de aprendizaje por la experiencia directa en multitud de heterogéneos centros de vida, los homo sapiens retornan a su Origen inmensamente más complejos y perfectos, incorporando en el plasma del Supremo tan opulenta cosecha. A esta donación sumarán los impredecibles subsistemas ontológicos (hijos), creados a su vez por ellos mismos mediante la fusión de sus dos polaridades complementarias. (19).

       

          En otras palabras, la Vibración Primordial digamos que hace aún más divino su Ser Macrocósmico, al metabolizar en el seno de su propia anatomía deífica el hipercomplejo cúmulo de actitudes, tablas de valores, creatividad, preferencias sui generis y sabiduría, destiladas por el conocimiento decantado en virtud de las irreproducibles reacciones vitales libres de quintillones de personalidades únicas, enfrentadas al reto evolutivo de los variados estímulos, situaciones y circunstancias ofrecidos por el medio en los infinitos niveles vibratorios habitados del omniverso. (19).

       

          El Hacedor incrementa así su patrimonio ontológico, allegándose para su propio beneficio la quintaesencia de las experiencias didácticas protagonizadas por los hombres y querubines a lo largo de su vasta repatriación evolutiva hacia el Centro. (19).

       

          Recinto teocrático del que surgieron billones de siglos atrás, cual mónadas primitivas con sus atributos divinos latentes y todavía sin desarrollar, y Centro al que regresan en estado arcangélico. (19).

       

          La inapreciable masa de concepciones filosóficas, opciones éticas y creatividad, ofrendadas por las entidades que han culminado su evolución, hacen todavía más rica y densa si fuere posible la composición interna de la divinidad. (19).

       

       

       

      SUBJETIVISMO Y VERDAD PRIVADA

       

          Stricto sensu, todo es verdadero y nada hay incierto, habida cuenta de que las cosas se derivan de las ondas mentales, y el pensamiento es la substancia de Dios. La verdad se concibe a escala individual, y resulta correcta sólo para el que la sostiene. La certeza es algo irremediablemente subjetivo, en función de las inimitables actitudes, opiniones y creencias de cada persona. Y coincide con lo que un determinado sujeto intuye que es fehaciente, como resultado de sus originales experiencias amasadas en muchas vidas del pasado. (19).

       

          Sus artículos de fe han de ser forzosamente únicos y distintos de los aceptados por otros seres humanos. Los mortales a su vez buscarán cada uno de ellos la verdad específica que respalda aquello en lo que prefieren creer. Tengamos en cuenta que lo que ha nacido por la fuerza mental —que es el conjunto de la realidad universal— y vive en la conciencia, es verídico, aunque todavía no se haya manifestado en el plano de la materia. (19).

       

          Hasta lo más insólito y fuera de contexto, incluso lo nunca imaginable, deviene verdadero, pues su antecesor es el ingrediente psíquico, parte de una realidad superior que es la Mente de Dios. La verdad no es una vivencia intelectual, sino un sentimiento, la comprensión emocional. Es lo que cada cual barrunta en su fuero interno como fidedigno. Y sólo uno mismo

      está en condiciones de formular la propia certidumbre, que siempre es personal y autoelegida. (19).

       

          El mejor maestro del homo sapiens es su sima interna, excelente conocedora de la certitud que necesita y desea. Por otro lado nada puede ser probado en rigor por los ilusorios hechos o fenómenos tangibles, que se modifican conforme evoluciona la comprensión de la humanidad. Todo es en definitiva conjetura y no se despachan dogmas inamovibles, ya que la realidad se transforma sin cesar, modelada por el pensamiento y las emociones. (19).

       

          Las sempiternas "pruebas" exigidas por el método científico son en el fondo de carácter anímico, evidencias interiores. Y no radican en los fenómenos observables en sí mismos, sino en la actitud emocional del individuo que prefiere aceptarlos subjetivamente como hechos verídicos, por cuanto la vibración interna de naturaleza emotiva, y no los objetos sensibles, ostentan el máximo grado de realidad en la cosmosfera. (19).

       

          Lo que se considera "la verdad" actúa como una limitación, pues tanto lo comprobado como lo falso son en puridad inexistentes, al ser la verdad constantemente redefinida por el pensamiento y el sentir del hombre. (19).

       

          Paradójicamente todo es verdad y nada lo es. Y en sentido estricto sólo se da la pura substantividad o condición primordial de ser (el isness). Lo único real es la vida misma en permanente cambio evolutivo, y los entes con su gloriosa vocación de ser. Y así la verdad es y puede ser todo y todas las cosas. No busquéis la verdad, sed. Y de este modo viviréis en comunión con el pluricosmos. (19).

       

          Las enseñanzas universales en torno a la Causa Primera y a su plan divino, inspiradas desde los planos superiores a los contactados, son parte de un colosal sistema de comunicación de la verdad establecido en el cosmos. Estamos ante un vasto dispositivo informador de carácter vivo, dinámico, vibratorio y multifacético, conformado en diferentes niveles de comprensión, según la cualidad frecuencial, madurez y posición evolutiva de los beneficiarios de la revelación. (19).

       

       

       

      BIBLIOGRAFÍA

       

      (1) Michael Agerskov : TOWARD THE LIGHT. (Copenague, Dinamarca, 1979, 348 páginas).

      (2) Elsa Barker : LETTERS FROM A LIVING DEAD MAN. (1915, 291 pp).

      (3) Lewis E. Cook Jr., y Junko Yasui: GOLDOT. THE DOCTRINE OF TRUTH. (Life Science, Yorktown, Texas, 1976, 1028 pp).

      (4) Don Elkins y Carla Rueckert: SECRETS OF THE UF0. (L/L Company, Louisville, Kentucky, 1977, 103 pp).

      (5) HERALDS OF THE NEW AGE. (Revista neozelandesa).

      (6) Hilarion : THE NATURE OF REALITY. (Marcus Books, Toronto, Canadá, 1979, 114 pp).

      (7) Murry Hope : THE LION PEOPLE. (Londres, 1988, 126 pp).

      (8) Joseph James: THE WAY OF MYSTICISM. Londres, 1950, 256 pp).

      (9) J.Z. Knight : RAMTHA. (Aurora, Colorado, 1986, 217 pp).

      (10) Dino Kraspedon : MY CONTACT WITH FLYING SAUCERS. (Neville Spearman, Londres, 1959, 205 pp).

      (11) Oswald Murray : THE PROCESS OF MAN’S BECOMING. (Londres, 1921, 254 pp).

      (12) Oswald Murray : THE SPIRITUAL UNIVERSE. (Londres, 1924, 295 pp).

      (13) Harold W. Percival : THINKING AND DESTINY. (Dallas, Texas, 1946, 1021 pp).

      (14) George Ch. Pisanis : INCORRUPTIBLE DISCOURSES. THE ECHO. (Atenas, Grecia, 1985, 256 pp).

      (15) Dr. E. Blanche Pritchett : TRANSCRIPTS OF 44. (Arlington, Washington, 1968, 306 pp).

      (16) Mark Probert : THE MAGIC BAG. (San Diego, California, 1963, 159 pp).

      (17) Michael Blake Read: THE EVERGREENS. VISITORS OF TIME AND SPACE. (Toronto, Canadá, 1978, 36 pp).

      (18) Brad Steiger : REVELATION, THE DIVINE FIRE. (Berkley Books, Nueva York, 1973, 291 pp).

      (19) Francie Steiger : REFLECTION FROM AN ANGEL´S EYE. (Berkley Books, Nueva York, 1982, 202 pp).

      (20) Robert Allan Stewart : THE INFINITE UNIVERSE. (Falcon Press, Las Vegas, Nevada, 1989, 182 pp).

      (21) Mary Blount White : LETTERS FROM THE OTHER SIDE (1913-1917). (1987).

      (22) Joseph Whitfield: THE ETERNAL QUEST. (1983, 233 pp).

       
       
       

       
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