DIOS Y EL UNIVERSO
SEGÚN LOS
EXTRATERRESTRES
La Ovnilogía sufrió su
resonante parto en aquel tórrido verano de 1947. La noche de San Juan estalló la pesadilla de los platillos
volantes que sobrecogieron al mundo alegre y confiado de la postguerra. Ha llovido mucho en el último medio siglo, y
lo que nació como intrigantes aeronaves merodeando por la atmósfera terrestre se
ha convertido en un complicado rompecabezas de misteriosos fenómenos
interconectados entre sí y con un alto índice de extrañeza y absurdo:
Humanoides,
abducciones psíquicas, ovnis estrellados y cadáveres de ocupantes,
channeling, contacto con E.T., apariciones religiosas, yetis y animales
fantasmas, hombres de negro, mutilaciones de ganado, episodios
paranormales...
En el presente
trabajo nos centraremos en un interesante aspecto del denominado Síndrome Contacto: la cuestionable revelación
parafísica del siglo XX. Desde los
albores de los años cincuenta nuestro planeta padece una insólita epidemia de
decenas de miles de contactados, surgidos en los más dispares rincones
del globo.
Las referidas
antenas humanas airean la pretensión incomprobable de que están recibiendo
extraños discursos psíquicos infiltrados por seres invisibles oriundos de
remotos astros y dimensiones desconocidas.
Las supuestas
comunicaciones telepáticas aparecen recogidas en muchos centenares de volúmenes
que han hecho escasa mella en el gran público, pues son consideradas como
extravagancias no avaladas por pruebas científicas.
Sin analizar aquí
por falta de espacio la naturaleza del contacto interdimensional ni los ríos de
tinta que ha producido, nos limitaremos a ofrecer una breve síntesis
antológica —entre otras temáticas
posibles— de la teodicea y la
cosmovisión extractadas de un puñado de textos que se dicen dictados por
intangibles pobladores de esferas de vida alternativas.
Se trata de la
modesta sinopsis de una mínima fracción de los centenares de miles de páginas
que exponen la filosofía preconizada por los ufonautas. Con este resumen de la abrumadora
documentación disponible en torno al pensamiento alienígena, el lector podrá hacerse una idea del
alcance y calidad de la pretendida metafísica extraterrestre, y
juzgar por sí mismo en consecuencia.
He aquí como
decimos un vademécum del heterodoxo concepto de la cosmogonía y la deidad
vigente en la cultura interplanetaria.
TODO ES UNO
El conjunto de lo que existe
conforma una férrea unidad indivisible, en opinión de los filósofos
interdimensionales. Tú
mismo eres ese
Uno. (15) (Véase el apartado número 15 en la
Bibliografía final).
He aquí la verdad
que representa el sendero hacia toda verdad, lo que desvanece cualquier
misterio, la clave para una comprensión integral de la Realidad. En rigor sólo existe el Único,
por sobrenombre Dios. El
cosmos multidimensional es un sistema absolutamente unificado. (4)
Aunque no lo
parezca, los elementos de la Creación se encuentran misteriosamente
interconectados. Y afectar a un
componente del entramado universal significa influir en los demás, y por
supuesto en La Totalidad. La separación es ilusoria: todo depende
de todo, y las aparentes autonomías e independencias son meros entes de
razón.
Y cuando miramos
a los ojos al prójimo estamos contemplando el Amado, al mismo Creador. (4)
Los fenómenos
específicos nunca son eventos aislados, sino que forman parte de una secuencia
más amplia de causa y efecto. Y los
que parecen casos especiales y únicos, son también el resultado del mecanismo
coordinado de las leyes universales. Si consideramos a un suceso separado de
sus interconexiones causales, lo encumbraremos a la categoría mítica de enigma
de la naturaleza. Para eliminar los misterios del horizonte de la ciencia y
reemplazarlos por la comprensión inteligente, nada mejor que rastrear el más
vasto panorama causal de los acontecimientos a primera vista emancipados.
(15)
El substrato de
la vida infinita y autoconsciente es inmanente en el universo. Y todas sus unidades son
interdependientes y funcionan vinculadas de alguna manera entre sí. La separatividad es la primera de las
grandes ilusiones cósmicas. (11).
El universo es la
arena de experimentación de la Causa sin Causa, quien vive y se
expresa a través de una infinitud de centros intencionales únicos y
aparentemente finitos, los cuales parecen
llevar existencias autárquicas, hasta que debido a su gradual metamorfosis
evolutiva alcanzan una comprensión acerca de la unidad esencial de todas las
cosas y seres en Dios. (12).
El mundo como un
todo es un campo de influencias contínuo e ininterrumpido, con sus partes
vinculadas entre sí. La globalidad
de lo que existe interacciona —aunque sea de forma remota e
indirecta— con todo lo demás, y con
el propio universo en conjunto. En
un contexto de la máxima amplitud y profundidad, cualquier aspecto del
cosmos es La Totalidad. (20).
EL CAMPO DE FUERZAS DIVINO
La Causa Primera es la incognoscible energía que vitaliza
todo lo que hay. (14). La
Fuerza Unitaria es la
chispa vital, el
principio animador, la dinámica del eterno progreso de todo y todas las
cosas. El Innombrable representa la esencia o quid del puro hecho de existir, el intrínseco isness o beingness: la cualidad, atributo o condición
de ser que caracteriza al colectivo ontológico
universal. (9).
El único proyecto
de la Inteligencia
Cósmica consiste en
ser. Y el conjunto de
lo que existe, que es Él mismo, expresa la vida divina. El Padre Universal actúa, siente
y es a través del hombre, quien re-crea a cada momento la realidad
teológica y es lo
que Él es. Por ello cualquier cosa que hagamos es
siempre aceptada por la deidad. (9).
Juzgar al prójimo
implica enjuiciar al Origen; y atribuir límites a nuestros semejantes
supone asignar fronteras al Todopoderoso. Segregar a las criaturas de su deidad
interna significa despojarlas de su legítima naturaleza divino-humana. Al homo sapiens le corresponde rendir adoración a su
propia esencia interior, que no es más que un fragmento de la misma substancia
del Dispensador. De este modo
quererse a sí mismo equivale a
reverenciar al Generador y amar a toda la humanidad. (9).
Cada inteligencia
encarnada, por ser irremisiblemente única, está expresando mediante su
creatividad sui generis facetas especiales e irreemplazables de la Primera Causa. La vida podría explicarse como una exploración
ascendente del habitat de la Suprema Identidad, quien es la condición de
ser del sistema de todas las cosas, justamente tal como son, y no
como podrían o “deberían” ser. (9).
El
Absoluto es en todas las dimensiones, niveles de realidad y
universos simultáneos. Y espera de
sus hijos que se abandonen en la aventura de incursionar y acumular experiencia
en los diferentes reinos, esferas que no son otra cosa que Él mismo. Dios es amor y no ostenta actitudes,
simplemente es. Por tanto acepta y ama a los mortales
tal como somos, con nuestras alforjas asaz humanas de vicios y virtudes a
cuestas. (9).
Y nos deja en
libertad de hacer lo que nos apasiona (ateniéndonos claro está a sus
consecuencias de rigor), decisiones que en puridad coinciden con la voluntad
del Padre. (9).
El
Inefable se mantiene al margen del bien y del mal, de lo positivo y lo
negativo. Y ni siquiera es perfecto,
pues el cenit o plenitud supondría una limitación al cambio evolutivo permanente
que es requisito sine qua non del vivir. El programa del Incondicionado
radica en ser. Con lo cual los
individuos y cosas son literalmente el Muy Alto en una más vasta y compleja
manifestación de su propia substancia heterocéntrica. (9).
De esta manera
nuestra chispa interna nos transmuta en un genuino duplicado a nivel humano de
la divinidad, ya que el fuego anímico entraña la amplificación de la identidad
del Omega hecha carne. Porque el
Último es, a escala infinita, la reunión de sus incontables hijos
bienamados. (9).
Del pensamiento
contemplativo, que es el amor del Profundo a sí mismo, emergió el deseo de una
expansión creativa de su propia naturaleza ontológica. Y esta autotransformación, energizada por
el amor, devino en un incremento cualitativo de su esencia lóvica definitoria,
lo que supone el enriquecimiento adicional de sí mismo a través de la creación
del universo y del hacer suya la experiencia evolutiva de sus criaturas. (9).
La compleja
reduplicación del ente divino, su desarrollo en el eterno presente, tiene su
causa en los seres, quienes incorporan en su abismo interno un fragmento activo
de la Mente de Dios. A través del poder creativo delegado en
este átomo teológico individual, se
manifiestan en el esquema de las cosas las innumerables facetas ontológicas
del Ser Supremo.
(9).
La Fuerza Cósmica es el origen de los numerosos y
diferenciados sistemas energéticos que conforman la trama ondulatoria de la
Creación. La esencia de la Vibración Unitaria es el amor, que fluye en la Energía Crística del Plan Divino y deifica todo cuanto toca. (19).
Eres literalmente
el Hacedor mismo, pues Él habita en tu tabernáculo anímico. Y su poder y facultades potenciales te
las ha adjudicado por delegación. La
libre decisión de cultivarlos mediante el trabajo meritocrático, o por el
contrario dejarlos hibernar en estado latente, te corresponde sólo a ti y al
esfuerzo que estés dispuesto a aplicar en orden a hacer crecer en tu
personalidad las facetas divinas que
el Ser Teocéntrico te otorgó en estado
implícito.(4).
Para intentar
explicar en lenguaje humano lo inexpresable, asimilaremos a Dios al modo
de una línea isotrópica paralela a sí misma, que vibra ortogonalmente a su
propio esquema geométrico. O si se
prefiere, como un haz de ejes en el que los puntos de intersección de las líneas
se sitúan en todas partes simultáneamente. (10).
Como efecto de la
vibración de la Matriz
Cósmica en el punto infinito del
universo, su emanación energética ejerce una irresistible presión sobre el
cosmos, e impregna los sistemas galácticos y reinos etéricos de “materia” sutil. El Insondable es como un holograma de complejidad
infinita cuyas partes reproducen el conjunto, inmanente en el Todo. El Omnipresente se manifiesta como el centro
infini-dimensional del multiverso, o conglomerado de los interminables cosmos paralelos que
coexisten interpenetrados en el mismo
hiperespacio de
n dimensiones. (10).
El
Animador constituye un campo de fuerzas isotrópico y
pluridimensional. En otras
palabras, un sistema ubicuo de ejes
del que parten infinitas líneas de fuerza en todas las direcciones espaciales y
dimensionales. El corazón de este
ensamblaje axial palpita en todos los confines de La Realidad, por lo que paradójicamente
el núcleo teocrático ocupa la inmensidad de la esfera de lo creado. (10).
Las componentes
energéticas no escapan de la ubicuidad del Megacentro, y en el eterno presente operan intramuros
de la anatomía divina, que ha sido definida como una hiperesfera
multidimensional con el centro en cualquier parte y la superficie en
ninguna. (10).
La deidad aparece
de este modo como una figura inmanente. Y al no desbordar los campos energéticos
el habitat dimensional de Lo Increado, vibran sin remisión en la hondura
del Absoluto. Pero como en este contexto carecen de
sentido los conceptos de “exterior” e “interior”, y al constituir el modelo
cósmico una conjunción omnipresente de vectores de fuerza, todas las flechas
energéticas derivadas del isotropismo del Alma del Mundo han de oscilar necesariamente en el seno
de un recinto único. Para seguir
auxiliándonos con la metáfora geométrica, nos cabe pues describir a la Creación
como un punto polidimensional de vibración infinita. (10).
Por otra parte la
confluencia de líneas de fuerza en un área concreta, origina la torsión del
espacio físico en ese lugar. Dios
sería por consiguiente un inagotable campo de influencias energéticas que vibra
en un punto infinito y produce una constante deformación del espacio. (10).
Y al tiempo,
el Centro de los Centros ejerce su perenne influjo sobre la
insondable esfera de Lo No Manifestado, ocasionando la emanación
de energía primordial, la cual se
transmutará oportunamente en energías de segundo y enésimo orden, y finalmente en
materia. De esta manera si el Ser de los Seres no existiera,
nada surgiría en el reino de Lo Manifestado. (10).
El
Engendrador de la energía cosmosférica controla como hemos dicho Lo Inmanifestado, o lo que
es lo mismo, las infinitas combinaciones ontológicas potenciales ya proyectadas
por la Mente Universal, pero que todavía no gozan del atributo
adicional de la existencia fáctica. (10).
En otro orden de
cosas, el hombre sólo logrará entender los fenómenos de la Naturaleza cuando
comprenda la naturaleza de su Animador. Nada hay inalcanzable para el poder
de El Camino, la Verdad y
la Vida. No sólo es el que da
nacimiento al espíritu, la energía y la materia, sino que de igual modo ha
insuflado el soplo vital a los Hijos que le asisten, encumbradas jerarquías
subdivinas de status comparable al del Sumo Hacedor, lugartenientes de
quienes emergen, por su delegación de poder, otras formas de vida de inferior
rango. (10).
Toda persona, ser
viviente, roca, vegetal, planeta o
galaxia corporeiza ciertas
cualidades, aspectos o particularidades del Punto Central. De esta manera el mosaico
inacabable de matices y características contenidos en el Supremo no permanece egoistamente
monopolizado in aeternum por
el habitat divino, sino que se plasma con una cálida generosidad en los diversos
mundos y en sus inimitables pobladores. (7).
“Dios
es”. Tan paradójico epigrama
expresa la concepción más exacta de la divinidad al alcance del intelecto
humano, por cuanto implica la comprensión de que nada es, excepto
Él, y de que todo lo demás vive en, por y a través de la deidad. Nada
existe en verdad, salvo Su existencia. (8).
La condición
de ser del cosmos y sus criaturas es justamente
la propia existencia del Altísimo. (2). El Último no ha creado al hombre sólo por el hombre
mismo, sino con idea de que sea instrumento libre y dinámico de Sus propios
designios, y al mismo tiempo manifieste Sus portentos. (8).
El Eterno
no es propiamente humano, aunque
exprese sus facetas a través de los mortales. Tampoco es un ser individual, sino más
bien cierta integración o gestalt de energías, y una masa piramidal de
conciencia colectiva. (18).
La
expansión del cosmos nada tiene que ver con el espacio tridimensional, sino con
una pirámide psíquica de estados de
conciencia, interrelacionada y en perenne crecimiento, que genera
simultánea e instantáneamente universos y seres dotados de inteligencia,
comprensión y validez eterna. Este
complejo integrado, de naturaleza mental y en permanente desarrollo, es a lo que
llamamos Dios, entidad que se
desdobla y proyecta sin cesar en sus creaciones, para reconstruirse de
nuevo. (18).
Su
inconcebible energía constituye el tejido de los mundos y palpita en el interior
y aún más allá de los universos, sistemas de realidad y campos de fuerza, por lo
que el Ser Heterocéntrico es
en verdad consciente —como afirma el
evangelio— de la muerte de cualquier
humilde gorrión, ya que en todos sus términos es cada pájaro que cae fulminado del cielo.
(18).
Y es
al mismo tiempo la agregación de los centros de conciencia que se enseñorean de
la Realidad, aunque el todo
resultante es mucho más que la suma de sus partes. Es también más que el conjunto de las
personalidades, sin perjuicio de que las criaturas estén destinadas a ser todo
cuanto es Él, en el devenir
de la evolución, gracias a la descentralización de su poder y atribuciones.
(18).
No
cabe postular por otro lado la existencia de un Dios-individuo de carácter personal en el sentido
cristiano. Y sin embargo gozamos de la más íntima, directa y excelsa sintonía
con una porción muy real de lo que denominaríamos
Todo-Lo-Que-Es (All
That Is), fragmento del Padre que con impagable magnanimidad se
focaliza en el abismo interno de todos los seres. (18).
Es
por eso que el Incondicionado se individualiza así literalmente en cada
foco de conciencia, donándole su propia substancia trascendente y
privilegiándolo con el uso y disfrute potencial de los atributos teológicos, rasgos celestiales a incrementar gracias al
meritocrático esfuerzo de cada
alpinista evolutivo. (18).
La Matriz Central es consciente de sí misma mediante la
identificación con sus chispas divinas destacadas en los individuos. Pero también lo es a través de algo
más: este inefable acervo energético
funciona sin embargo a todos los efectos, en parte y a nuestro modesto nivel, al
estilo de un Dios personal. (18).
Lo que solemos
entender por Dios es la emanación original o el Hijo
primogénito del Ser Supremo,
subjerarquía divina desgajada de la totalidad del Yo Soy, y el representante inmediato del I Am en la cúspide de la escala vibratoria del
espíritu. Dios es una entidad única expresada en
múltiples manifestaciones, y subordinada
a sus propias leyes universales.(15).
El Ser Supremo se
faculta a sí mismo para introducir modificaciones lógicas y necesarias en los
mecanismos de causa y efecto del universo. Esta intervención divina, directa o
indirecta (a través de sus
representantes, la miríada de ejecutivos cosmosféricos que se responsabilizan
del gobierno y control del cosmos), se lleva a cabo con un exquisito respeto al
ordenamiento jurídico —en sentido
amplio— vigente en la divinosfera.
(15).
Dios incide en su creación, pero organiza sus propias
actuaciones previa cautela de que jamás se violen las leyes naturales por
Él mismo instituidas. Por
otro lado la Mente
Universal pone un primoroso
cuidado en que no quede nunca la menor huella tangible de la intromisión de su
mano gerencial —ni la de sus
asistentes angélicos— en los asuntos
del mundo. Esta curiosa e
infalible “Ley de Acción
Elusiva” funciona como
un reloj, con el propósito de ocultar la influencia
divina y que siempre parezca que
“las cosas marchan solas”. (15).
Los planetas y esferas
vibratorias del universo, con sus correspondientes biosferas, equivalen al cuerpo anatómico del Ser Macrocósmico, a las células de
la fisiología del organismo divino. (11).
El Espíritu Infinito
es Todo-Lo-Que-Existe, y a la par es la conciencia del
omniverso, o agregado de
los innumerables sistemas de realidad que coexisten en la Creación. En el sentido más exacto,
Dios es el infiniverso, y
el megacosmos infinito es Dios. (20).
El Ser
Universal consciente de sí mismo es entre otras cosas el agregado de Todo-Lo-Que-Hay más la realidad latente de Lo No Manifestado. Es decir, lo que ya existe sumado a los
mundos, eventos y seres ya diseñados por la conciencia teológica, pero aún
aparcados en el abismo insondable de Lo Potencial (las creaciones originalísimas y
absolutamente inimaginables que pudieren emerger a la existencia en la
eternidad). (20).
Todos los entes
de la Realidad, animados y
aparentemente inanimados, comparten en la
sima del alma a la Causa sin
Causa, y participan activamente
en la Conciencia Universal,
aportándole sus reacciones libres y los aprendizajes por la experiencia
protagonizados a lo largo de la carrera evolutiva. (20).
Si existe un Creador,
debe ser parte integrante de la realidad universal, y no algo externo al esquema
de las cosas. De hecho el Hacedor es el universo, lo que implica que el
pluricosmos se ha generado a sí
mismo, no de la nada, sino a
partir de alguna configuración previa. Para expresar este concepto asombroso en todos
sus términos y de forma inequívoca, el universo se desarrolla a sí mismo en el
eterno devenir de la auto-creación. (20).
DUALISMO CÓSMIC0 Y TEOLÓGICO
Generado por el poder de los
principios universales del Pensamiento y la Voluntad, del recinto de la Luz
(opuesto al bloque de las Tinieblas) emergió la figura de un Dios personal: un ser perfecto, todopoderoso, omnisciente y operativo en
clave de amor. (1).
Esta encumbrada
jerarquía engendró doce superentidades espirituales del máximo status (los
Maestros o Ancianos), co-responsables ante la
divinidad de la creación de los seres y la administración del mundo. Los elementos del bloque cósmico de la Oscuridad son paulatinamente absorbidos por el océano ilimitado
de la Luz, tras su metamorfosis y
purificación hacia la positividad. En consecuencia, a largo plazo el componente negativo del conjunto
dual disminuye y tiende a
extinguirse. (1).
Las criaturas
fueron destinadas a alcanzar meritocráticamente el reino de la Luz mediante la
experiencia acumulada en la singladura de la evolución, beneficiándose del privilegio del libre
albedrío. (1).
Algunos de los
doce Maestros a los que hemos hecho referencia involucionaron hasta degradarse
en la figura de Ángeles Caídos; y con tamaña transgresión se desviaron
del sagrado cometido que se les había encomendado. Esta vulneración de la ley natural fue lo
que se ha dado en llamar La
Caída. Pero incluso en su
situación de desobediencia angélica, los rebeldes gozan todavía de la potestad
de crear seres vivientes con propensión innata a la perversidad. Muchas de estas entidades
luciferinas habitan actualmente en
la Tierra. (1).
Poniendo en juego
la energía de su mente, la Matriz
Central dio nacimiento al universo, y a otras esferas de existencia
destinadas a sí misma y a sus doce Jerarquías supremas. (1).
La Mente Infinita mantiene en reserva dentro de
sí misma la potencial creación futura de Lo No Manifestado: la idea o prefiguración de los infinitos
seres, orbes y formas posibles, únicos y originales, ya concebidos en una
inacabable diversificación tipológica. (1).
Al emerger
el Dios personal del recinto de la Luz, tras
la mutua interacción entre los postulados cósmicos del Pensamiento y la Voluntad, Dios incluía ya en su ser ambos fundamentos del dualismo universal: lo
masculino versus lo femenino. (1).
El Ser Dual destiló
de su propia contextura bipolar los prototipos del hombre y la mujer, como
paradigmas independientes pero destinados a complementarse mutuamente en amor y
sabiduría, hasta fundirse en una sola unidad gracias al magnetismo de la
comprensión empática. (1).
La
Inteligencia Universal proyectó con su poder mental el plan general del
universo y el paquete de leyes naturales que gobiernan los mundos,
especializados éstos por funciones específicas, y adaptados para satisfacer de forma
diferencial las particulares necesidades de aprendizaje evolutivo de sus distintos pobladores. (1).
La Luz
Infinita infundió en todas las criaturas un fragmento de su propia energía
divina, como monitor interno
destinado a impulsar a los individuos a lo largo de su retorno evolutivo
desde la Oscuridad hasta el
esplendor de la Luz. (1).
Las
Tinieblas y la Luz constituyen el par de campos de fuerzas cósmicas
enfrentadas en la eterna batalla de Armagedón, como consecuencia
lógica del dualismo institucional que impregna a la realidad universal, e
incluso a la propia deidad.
(1).
Por
principio, la legitimidad, cuota de
poder y atribuciones que ostentan la Luz y las Tinieblas, son idénticas. Y los entes cosmosféricos ya citados del
Pensamiento y la Voluntad son susceptibles de resultar influenciados por igual a lo largo de la eternidad, tanto por
la Luz como por la Oscuridad. (1).
Como ya se ha dicho, el
Dios personal (Padre Universal) y centro del universo, emergió
como “descendencia” de la fusión armoniosa de las esencias
globalizadoras del Pensamiento y la Voluntad. Luz y Tinieblas, Pensamiento y Voluntad,
no fueron creados, ni tienen principio ni fin. (1).
La Luz y las
Tinieblas primigenias consistían en vastos océanos de corpúsculos
infinitesimales, en equilibrio y absoluta estabilidad, lo que se denomina estasis cósmica. El piélago oscuro
tiende a ser purificado y eliminado gradualmente, absorbido por el
luminoso. (1).
En el eterno
presente, coexisten contrapuestos los dos paradigmas monolíticos de la
divinosfera, increados y al margen del tiempo secuencial: la Luz (fuente del
bien y de lo positivo en obediencia a las leyes naturales, que acoge al
Pensamiento [femenino] y a la Voluntad [masculino]) ; y la Oscuridad (origen del caos, desorden, confusión y negatividad
[conducta anti-cósmica]). (1).
Con objeto de
consolidar por la experiencia inmediata una perfecta comprensión de las
profundas implicaciones del dualismo universal, la figura misma del Padre
y Dios personal (centro de la Creación y Alfa y Omega de
cuanto existe), participó activamente en una pugna en favor de la Luz y contra
las Tinieblas, competición de la que emergió victorioso. (1).
El Padre Celestial,
fuente de todo cuanto existe, es pensamiento, o sea, la Mente
Divina. (1).
La primera externalización
de la Mente de Dios consistió en la emisión, desde su propia estructura
de Dios Padre y Madre, de los principios contrapuestos de la
positividad (femenino) y la negatividad (masculino). Así se inauguró el
omnipresente dualismo cósmico, que cualifica todo lo que existe, incluso la
propia naturaleza de la deidad. He aquí el modelo básico que inspira otras
muchas manifestaciones de fenómenos bi-polares, como la materia y anti-materia,
el bien y el mal, hombre y mujer y demás. (19).
Los elementos del universo,
originados a imagen del Centro de los Centros —una extensión ilimitada de
protoenergía— son de índole bicéfala: positivos (femenino) y negativos
(masculino). Mediante el acoplamiento de ambas polaridades, están facultados
para generar sus propios hijos o sistemas energéticos subsidiarios.
(19).
El psiquismo del animal
humano está organizado asimismo a imagen del patrón dualista de Lo
Increado. El Yo Superior se escinde en la mente subconsciente,
reflejo del principio creativo, positivo y femenino que palpita en la Mente
Universal; y en la mente consciente ordinaria, nuestra versión humana del
polo activo, masculino y negativo. Ambos bloques psíquicos aunados gozan del
poder de creación de una progenie, en la forma de nuevas energías.
(19).
Ab initio, el
Omnisciente instauró en su propia esencia la estructura de
una pareja de
principios opuestos, al subdividir su propio soporte ontológico en las
polaridades
contrapuestas positivo-negativo, masculino-femenino, padre-madre... En el devenir, esta separación
dicotómica tuvo su
reflejo en la dualidad inherente a todos los ámbitos de la Realidad.
(22).
El paradigma unitario que
monopoliza los infinitos sistemas de realidad que conforman el Todo, es el
Punto Central, cuyo ser intrínseco está constituido por el sistema
cuaternario activo/pasivo + masculino/femenino. Este diseño básico
cualifica al colectivo de arquetipos, aspectos o facetas poseídos por las
identidades individuales diversificadas que animan el universo. Incluidas las
formas no familiares a nuestra particular corriente evolutiva. (7).
¿Qué función cumple lo
distinto, la infinita variedad universal de todo cuanto existe?. Pensemos que
sin diferencias, contrastes ni opciones alternativas no se daría el reto y la
fascinación de "lo otro". Ni se produciría un fastuoso enriquecimiento de las
criaturas debido a los flujos, intercambios, toma y daca, aprendizaje mutuo. Y
el esquema de las cosas se volvería irremediablemente entrópico, acabando
finalmente desenergizado, sin dinamismo vital, estancado, muerto.
(15).
Cada pieza del mecano
cósmico exhibe los contrapuestos atributos innatos de lo objetivo (el universo,
energía y materia, el código de normas naturales) y lo subjetivo (los
pensamientos, opiniones, actitudes y emociones únicas, la conciencia y el
sentido del Yo de las identidades individuales). El campo de lo objetivo
emana de la esencia paternal de la bipolar Causa Primera, y el bloque de
lo subjetivo deviene de su componente maternal. (15).
Esta fundamental
contraposición objetividad/subjetividad, compartida incluso en su misma trama
ontológica por el Sumo Hacedor, se manifiesta intrínsecamente en todas
las cosas y seres, como reflejo de las dos básicas maneras de considerar la
realidad y experimentar el mundo, siendo ambas igualmente "verdaderas",
necesarias y válidas, y por demás complementarias y no mutuamente excluyentes.
(15).
El fundamento del Ser
Infinito es el Principio de Vida Autoconsciente, emanado del recinto
causal que palpita en el centro de la gran hiperesfera cósmica. El Principio
Vital, la vida per se, es la realidad última, el alfa y el omega de Lo
Manifestado. Y es también la esencia que subyace en el fenómeno de la
conciencia, a la cual antecede, ya que sin soplo vital no se da el sentido del
Yo y armazón de la identidad individual, misterioso soporte al mismo
tiempo de los pensamientos, emociones y actitudes, y ámbito de la inteligencia.
(11).
El propósito del universo
—uno de ellos— consiste en hacer progresivamente más conscientes a todos sus
elementos en evolución. Por otra parte la conciencia surge previamente a la
materia, y sobrevive a la masa atómica. La vida como decimos es el substrato o
cimiento de la conciencia, y no a la inversa, aunque la conciencia es inherente
a la vida. (11).
El Principio de Vida, de
estructura bipolar, es al mismo tiempo positivo/negativo, masculino
(inteligencia)/femenino (amor), padre/madre, vida/conciencia. Y por su
naturaleza electro-magnética se nos presenta como un poder intrínseco de
atracción/repulsión. (11).
El Ser Trino
representa el lado inteligente del universo, y consta de tres partes: el aspecto
psíquico, el mental y el noético. El rasgo mental es la presencia divina en el
interior del hombre. (13).
El Yo Soy pudiera
concebirse como la extensión de protoenergía teocrática estabilizada en la
infinitud (estasis cósmica). En otras palabras: el Ser Primigenio
en un estado primordial de absoluta inmanifestación e indiferenciación de sí
mismo, antes de que afloraran a la existencia el universo y una pléyade de
jerarquías co-divinas. (19).
La Trinidad devino de
una suerte de desdoblamiento o focalización "extramuros" del Yo Soy. El
I Am, a efectos de eficacia operativa y especialización funcional, se
escindió destacando "al exterior" de su masa teológica el Dios-Padre
(esencia activa, negativa y masculina de la deidad), el Dios-Madre o
Espíritu Santo (substrato creativo, positivo y femenino) y el
Dios-Hijo o Vibración Crística, (el sistema de pautas energéticas
generatrices contemplado en el Plan Divino, designio concebido con el propósito
de dar subsiguiente nacimiento al cosmos y a sus criaturas). (19).
De este modo el
Hijo puede ser considerado como un campo de fuerzas operativo, emanado de la
ignota interacción entre Dios-Padre y Dios-Madre, y matriz energética que se
transmutará en las muchas variantes de "materia" tridimensional, astral y
etérica constitutivas del haz infinito y polidimensional de universos paralelos
y coexistentes. (19).
Lo que se entiende por Dios
representaría entonces la conjunción armoniosa y unitaria de esta tríada de
aspectos o facetas del único Ser Divino, el Yo
Soy. La Energía Crística o simplemente Cristo
constituye el campo de fuerzas del Absoluto, la protosubstancia
última en base a la cual se manifiesta la realidad universal, bajo las
directrices creadoras y especificaciones organizativas diseñadas en el Plan
Divino. (19).
Previamente al
arranque de la Creación, coexistía en solitario consigo misma una entidad de
inefable energía, inteligencia y poder, quien de cara a una efectividad
estratégica en cuanto a la proyectada creación del mundo, se corporeizó en tres
fundamentales atributos de sí misma, focalizados en orden a que se
responsabilizaran de las funciones especializadas de:
—
La creatividad, que incluye la voluntad y la fuerza (el Padre).
—
El intelecto y la comprensión (el Espíritu Santo).
—
El amor o energía empática (el Hijo). (6).
OMNIVERSO
Y COSMOGÉNESIS
El conjunto de los mundos aglutina un inmenso organismo vivo que piensa y siente
como un ser humano, aunque con mucha más intensidad. (6).
El cosmos no es en modo alguno estático; lo anima un movimiento perpetuo, la
gran deriva universal. (17).
En el origen la Inteligencia
Infinita elaboró un pensamiento creativo: el deseo de expandir su ser, en su
natural estado heterocéntrico (anti-egoísta) de conciencia, que sólo cabe
describir como "de amor sin límites". Y manifestó su mentalización lóvica en las
interminables configuraciones energéticas que constituyen la matriz de la
materia, las formas y los seres del universo infinito, integrado en última
instancia por el par de ladrillos básicos del edificio cosmosférico: el amor y
la energía. (4).
Una magnitud inacabable de estratos
dimensionales habitados y nunca idénticos coexisten simultáneos en la unisfera.
Cada universo paralelo se encuentra organizado mediante el concurso de una
específica y no repetida gama de energías, y alguna peculiar composición interna
de la modalidad particular de "materia" —en sentido amplio— que le es propia y
conforma su entramado físico, distinta a la substancia que integra otros planos
humanizados. (4).
Los infinitos reinos vibratorios
interpenetrados son equivalentes e igual de reales, aunque cada uno ostenta su
propia configuración "física" y frecuencial, a la que se adapta el aparato
sensorial de sus habitantes. Para estos inquilinos, otros niveles de realidad
alternativos y que hierven de gente resultan imperceptibles, y viceversa.
(4).
Cada plano frecuencial ha sido
diseñado como un recinto especializado, con el propósito de que sus
pobladores aprendan por la experiencia en vivo lecciones específicas de las que
están necesitados para impulsar su evolución, asignaturas "patentadas" que no se
enseñan en ningún otro orbe. (4).
El omniverso entero es un sistema
abierto, accesible a todos los seres según su grado de desarrollo evolutivo y el
esfuerzo que prefieran asumir con tal de beneficiarse de las increíbles ventajas
que oferta el cosmos. Las únicas restricciones en cuanto a aprovechar las
sinecuras del pluriverso, son las que el hombre se impone libremente a sí mismo
por gustos propios, haraganería, comodidad o alergia a lo desconocido, al elegir
de motu proprio soslayar el cambio y el dinamismo que exigirían los
novedosos desafíos y riesgos, confinándose en su querida, fácil, rutinaria y
segura patria aldeana. (4).
La flecha de la evolución universal
nos impulsa a elevar nuestra vibración anímica en sintonía con el pensamiento
del Espíritu de Dios, de irresistible tendencia heterocéntrica y
altruista. ¿Cuál es el propósito de la vida?. Aproximar asintóticamente nuestras
actitudes a los contenidos lóvicos de la Mente Divina. (4).
El bucle de involución/evolución
(emergencia desde el Creador; voluntario descenso involucionista hacia
los conflictivos mundos todavía animalizados; posterior ascenso evolutivo a
pulso; retorno al Origen sin Causa), implica lógicamente un doble
proceso: la "caída", desde rarificados estadios etéricos, a densos ambientes
materiales; seguida de una elevación meritocrática y pedagógica en orden
inverso. (12).
El universo en su expresión más
elemental es un infinito campo de fuerzas, un dominio de transmisión de
acciones, influjos y efectos, al que no cabe asignar límite y bordes, dentro y
fuera, centro y periferia, principio ni fin. El multicosmos simplemente
es. Y en su vasta geografía dimensional se expresan incalculables
modelos ontológicos, diferenciados en una inmensurable y portentosa
diversificación. (20).
El corazón de esta Totalidad aparece
vivificado por la Fuerza Universal: la influencia primordial que empapa
el recinto de la cosmosfera, de la cual se deriva la energía, matriz a su vez de
los átomos, fotones, gravitones y otros subelementos cósmicos. Todo lo que
existe no es más que alguna especial configuración compleja de esta Fuerza
Universal, ente que se construye y reestructura incesantemente a sí mismo.
(20).
Nuestra esfera observable consiste en
espacio, tiempo y materia. Componentes improbables en cosmos paralelos
originales, los cuales manifestarán otras características únicas, desarrolladas
asimismo a partir del último origen y substancia primigenia: la Fuerza
Universal. (20).
Las propiedades fundamentales y
definitorias de cada recinto cósmico especializado son únicas e
irrepetibles, y sólo se darán en ese sistema concreto. De lo que se infiere que
el espacio/tiempo y la materia atómica tridimensional existirán exclusivamente
en nuestro conjunto galáctico. Lo cual explica que las otras realidades
alternativas resulten intangibles para los cinco sentidos terrestres, adaptados
a la angosta franja ondulatoria de un peculiar medio físico/químico.
(20).
Cuando la Fuerza Universal
acapara el espacio infinito, y alcanza una estasis cosmogónica de
uniformidad indiferenciada y sin estructura interna alguna, se dice que el
universo está en equilibrio. A partir de este "momento cero", la emergencia de
configuraciones complejas en la naturaleza es un proceso de
auto-generación. (20).
El omniverso ha protagonizado
infinitos ciclos de estasis cósmica (océano energético, no-manifestación
y no-diferenciación del Yo Soy), seguida de la recreación de energía,
cuerpos materiales, mundos y seres (la "reencarnación" del
universo); para reducirse de nuevo, tras culminar los inmensos ciclos de la
evolución, a su más simple común denominador: el equilibrado monopolio de la
omnipresente Fuerza Universal. Y así sucesivamente. (20).
El modelo anterior rememora en cierto
modo la hipótesis de un cosmos oscilante en sucesivas etapas de
expansión/contracción: el Big Bang complementado por el Big
Crunch. O la respiración cósmica de Dios-Brahma en la cosmogonía hinduísta:
exhalación o creación universal, compensada por la posterior inhalación o
destrucción del cosmos. 20).
El "rascacielos" del pluricosmos constituye un
ente de insondable y gloriosa complejidad, donde cada uno de sus infinitos
"pisos" vibratorios representa una "mansión" paralela especializada. El
cosmiverso aparece conformado por la Fuerza Universal, su esencia
indiferenciada, de la que se deriva la energía, primera categoría de substancia
organizada y sujeta a diversificación. (20).
Los grandiosos universos dimensionales son
estructuras de segundo orden, construidas en base a variaciones permutativas de
la energía. (20).
La cadena sin fin de universos continuará
asumiendo infinitas formas cambiantes por toda la eternidad. Y nos cabe elegir
inagotables perspectivas o puntos vista como criterios alternativos para
entender el Todo, que es el resultado de una ingente sucesión de reacciones, en
respuesta a una tremenda variedad de acciones. (20).
La ley de la conservación dispone que todo se
transforma y cambia de estado incesantemente, hasta reconvertirse en algo
distinto y por lo general superior (la ascendente espiral evolutiva). Pero nada
se pierde jamás. (20).
En el diseño de La Realidad está previsto que
los cosmos paralelos interaccionen entre sí, mediante un flujo y reflujo de
influencias mutuas, y en un estado de perpetua reconversión. (20).
La permanencia es una de las contadas
imposibilidades cósmicas. Todo se modifica constantemente, y nada pervive tal
como empezó. El corolario de la aparente "muerte" es la resurrección, que
implica una metamorfosis hacia algún estadio más evolucionado. La única
constante del universo es la ley del cambio perpetuo de sus elementos. (19).
Los ciclópeos sistemas dimensionales
(universos) ceden y toman entre sí manifestaciones energéticas, experimentan
transformaciones internas y finalmente se autodestruyen, para renacer
seguidamente como nuevas manifestaciones mejoradas de la Fuerza
Universal. (20).
Estos gigantescos entramados paralelos poseen
límites, y son por lo tanto finitos. El omniverso que los integra a todos es por
el contrario un ente infinito, compuesto por una sucesión inacabable de partes
finitas. (20).
En el epigrama de H.B.S. Haldane, "el universo
no es sólo más vasto y extraño de lo que imaginamos, sino mucho más vasto y
extraño de lo que podemos imaginar." (20).
Nada hay al margen de la naturaleza ni en el
exterior de la macrosfera, conjunto que integra
Todo-Lo-Que-Existe: las infinitas variantes de posibilidades y
oportunidades coexistentes en el eterno presente, y accesibles a los trepadores
de la evolución. (20).
La constitución intrínseca del esquema de las
cosas instiga a sus moradores a cumplir tarde o temprano las leyes naturales.
Estas normas cósmicas son expresiones de lógica, organización y orden cuyo alfa
y omega reside en el propio interés cooperativo: unas relaciones de beneficio
mutuo, basadas en el desinterés, el bien común y las actitudes heterocéntricas
opuestas al egoísmo. (20).
En el inicio el Yo Soy, en su expresión
de Espíritu, se extendía en la inmensidad del espacio, constituido por un número
infinito de partículas divinas o corpúsculos de substancia espiritual, los
espiritones. (3).
El vasto océano de magma teológico,
omnipresente, omnipotente y omnisciente, permanecía en el sobrecogedor
equilibrio de la estasis cósmica, incorporando en forma inactiva y
latente un cúmulo de variados atributos y principios divinos, que junto a los
fenómenos subyacentes de Lo Potencial (universos y seres ya
ideados por la Mente Divina, pero todavía no aflorados a la existencia),
constituían Lo Inmanifestado. (3).
El Espíritu Primordial decidió generar
el Alma Universal, agregado de todos los espíritus individuales (mónadas,
egos o espiritones), la cual ocupa el centro del organismo cósmico. El Alma
Universal creó por su parte lo que entendemos por Dios: la
Mente Universal. (3).
Cada espiritón autoconsciente se transformó en
un espíritu individualizado (el Yo o ego), quien representa la condición
o intrínseca cualidad de ser, amén del fuego divino que funciona
como guía interna de las identidades personales destinadas a sembrar la
inteligencia en la Creación. El conjunto de estas mónadas primitivas o chispas
teologales conforma el Alma Universal. (3).
Dios diseñó la imagen mental del futuro
universo no en la fase inaugural de subdesarrollo, sino en su etapa culminante
de máxima perfección evolutiva. (3).
Y para hacer realidad el conglomerado de mundos
generó el Verbo, la vibración centrífuga de la Fuerza Unitaria, es decir,
la irradiación de la Mente Universal, desde el núcleo teológico central
(Alma Universal) hasta la periferia del multiverso, que es una vasta
hiperesfera integrada por dimensiones radicalmente diferenciadas. (3).
La Mente Universal permea los entresijos
del recinto cósmico, y es en sí misma el pluriverso y sus
elementos y seres. En última instancia todo es mente, y los átomos no son más
que versiones solidificadas de pura substancia mental. El mundo se originó como
una magna idea o figuración "visualizada" por la Mente Universal,
proyecto que oportunamente se plasmó en Lo Manifestado. La
energía es en verdad fuerza mental condensada en vibraciones ondulatorias, cuyo
origen último es el pensamiento de Dios. (3).
La Realidad es una absoluta unidad monopolizada
por la sola vibración originaria, energía básica o principio vital de la
Mente Universal: élan divino que en segundo término se manifiesta en
una cantidad infinita de formas inimaginablemente diversificadas. El espacio, el
tiempo y la materia carecen en sí mismos de substantividad propia, y no poseen
una existencia real y objetiva. Son meros fenómenos mentales disfrazados, o sea,
estados de conciencia.
Los cuerpos sólidos son el postrer resultado de
una idea o pensamiento, condensado en energía, y ésta a su vez coagulada en una
estructura atómica. (3).
¿Qué es Dios? Intentar definir a
Todo-Lo-Que-Es con el ineficiente lenguaje terrenal es ofrecer de la
Conciencia Cósmica una inexacta idea antropomórfica, al asignar
inevitablemente al A-Dimensional cualidades meramente humanas que no
coinciden con la genuina naturaleza de la deidad. Es imposible describir a la
Luz Primordial en palabras, pero gozamos como compensación del privilegio
de interaccionar directa y personalmente con El Lejanísimo por medio de
la experiencia mística y la meditación. (3).
La Mente Universal creó la energía, en
sus modalidades de la Luz (energía activa) y la Oscuridad (energía pasiva), tal
como prevé el supremo principio cósmico del dualismo universal, la más
fundamental de las leyes naturales. (3).
La transmutación descendente de la jerarquía de
entes energéticos, los cuales integran las diferentes categorías de ámbitos
frecuenciales (Dios-Espíritu, universos mentales, universos astrales y
etéricos, y universos tridimensionales), podría esquematizarse del siguiente
modo:
Los espiritones, cuantums espirituales o
fracciones de la propia substancia divina, subyacente en todas las cosas, se
transforman en mentones, corpúsculos de pura fuerza mental, condensación
de las ideas y pensamientos de la Mente Universal en proceso de
manifestación sensible. Los mentones se reconvierten por su parte en
astrones, partículas elementales que conforman las modalidades
intangibles de "materia" astral y etérica. Los astrones a su vez
se desdoblan en basones, componentes primarios submateriales, a partir de
los cuales se construyen los átomos de la materia visible convencional. (3).
Como hemos visto, desde el Espíritu
Divino a los táctiles objetos físicos desciende una gradación discontínua de
clases de "materia", y de esferas de realidad intermediarias por ellas
integradas: universos paralelos de substancia mental, compuestos por mentones;
planos etéricos y astrales constituidos por astrones; y nuestro sistema
galáctico espacio/temporal, cuyos elementos subatómicos son los basones.
(3).
El infiniverso archidimensional progresa según
las pautas rítmicas de una eviterna alternancia de involución/evolución,
protagonizando una espiral ascendente de mutación contínua. Todo nace, se
desarrolla, madura, decae y por último "muere" (culmina una etapa en ese nivel y
reanuda su crecimiento en otro plano vibratorio más adelantado), para
transformarse seguidamente en un renovado ente de rango superior, e iniciar otro
ciclo más elevado en la escala de Jacob. (3).
Lo que se entiende por "evolución" implica la
concatenación secuencial de tres situaciones complementarias, igualmente
legítimas y necesarias:
-
Un comienzo en estado de perfección innata (entidades creadas
sin mácula por el Innombrable).
-
Descenso voluntario o "caída" degenerativa hacia mundos
primitivos, donde se viven atractivas y harto pedagógicas pasiones
viscerales, más animalizadas que espirituales. Obligada fase de aparente
degradación en el semiciclo involucionista.
-
Ascensión durante la tercera etapa regenerativa del semiciclo
evolucionista. Retorno final de los montañeros en curso de deificación a la
Fuente divina, de la que emergieron eones atrás cual mónadas
embrionarias dotadas de atributos celestes en larvado estado potencial.
Regresan cual virtudes, tronos y dominaciones, enriquecidos con la
experiencia atesorada tras vivenciar el gran bucle "emanados del
Origen para acabar reabsorbidos por el Origen." Y al
subsumirse en Dios incrementan la calidad de la masa teológica
aportándole esta sabiduría conquistada al trepar por la escala de Jacob.
(3).
El Gran Arquitecto no ha creado un
universo imperfecto. Las evidentes y provisionales disfunciones del cosmos
(ostensibles sin ir más lejos en nuestro planeta) son el resultado transitorio
de los mecanismos naturales de causa y efecto, activados (con todas sus
inevitables consecuencias, muchas de ellas negativas) por los pensamientos,
emociones, actos, omisiones y libre albedrío de los agentes intencionales.
Quienes durante un tiempo limitado se esfuerzan por dominar la maestría de vivir
con inteligencia y sin vulnerar la normativa universal, a lo largo del doble
ciclo de involución/evolución. (3).
Aun así, en conjunto, en profundidad y a largo
plazo el macrocosmos tiende a la auto-perfección. Y esta mejora incesante es
precisamente el propósito de la evolución universal de todos los seres y cosas.
(3).
La expansión/contracción del Ser Infinito
implica un macrocosmos oscilante. La Fuerza Unitaria irradia desde el
corazón divino hacia extramuros de la Realidad (universo en expansión). Se
alcanza el cénit de un maduro estadio de arcangelización del mundo (máximo radio
del hiperuniverso). Comienza entonces la fase inversa (contracción). Para volver
una vez más a la primigenia estasis cosmosférica, consistente en un campo
infinito estable e indiferenciado de protoplasma espiritual, la única
manifestación, en tal fase, del Yo Soy. Se inicia otra vez la etapa
expansiva. Y así sucesivamente, tal vez ad infinitum. (3).
EL 0CÉAN0 ESPIRITUAL
Los espíritus individuales son partículas de la
propia anatomía del Sin Nombre, integradas por una peculiar modalidad de
energía. (10).
En el principio de los principios no había más
que el Yo Soy y su estasis universal, constituida por un ámbito
infinito de protosubstancia espiritual libre, indiferenciada y carente de
autoconciencia. (15).
El plan del Supremo se organizó de tal
manera que cada rasgo divino, faceta o propiedad cualitativa de su ser se
manifestara en la exosfera, caracterizando y especializando por decirlo así a
determinadas áreas dimensionales del universo, y también a los seres
individualizados. A tal fin nubes amorfas del piélago de espíritu libre y
continuo comenzaron gradualmente a coagularse en "grumos" o unidades discretas
de masa espiritual, portadoras de singularidades específicas de la Primera
Causa, y germen de futuras entidades conscientes destinadas a expresar
características y aspectos cósmicos únicos y especializados. (15).
El uniforme campo de fuerzas divino se
fragmentó así en cuantums energéticos o "átomos" de substancia espiritual, el
componente primordial que se extiende de un extremo a otro de la Creación e
impregna al completo sus planos vibratorios: un substrato cósmico capaz de
transmutarse oportunamente en variadas modalidades energéticas de segundo orden.
(15).
El espíritu libre representa una suerte
de energía básica disponible, esencia todavía no utilizada ni individualizada,
que es el trasfondo ambiental de los elementos del omniverso. Cuando este
magma espiritual genérico se aplica para la conformación de otros entes, se
subdivide en corpúsculos espirituales agrupados. El espíritu libre tuvo su
fuente en el Yo Soy, que pudiera definirse como el estado o situación de
absoluta indiferenciación e inmanifestación del ente divino primordial.
(15).
En un "momento cero" del eterno presente, y por
justificadas razones, el Yo Soy decidió fundar la Creación mediante la
aportación de una poderosa emanación de su esencia vital, en la forma de
radiación centrífuga (desde el Centro hacia el extrarradio del omniverso) de su
propia conciencia divina. (15).
En el devenir, la citada exhalación corporeizó
el mar sin fronteras de pre-substancia espiritual que interpenetra la
cosmosfera. Quiere decir que la materia prima de todas las cosas es ni más ni
menos que la conciencia de la Inteligencia Infinita, meollo deista
que se dispersó de este modo en el piélago de espacio/espíritu, para
concentrarse en segundo término en los focos de conciencia independientes de sus
criaturas, asientos del sentido del Yo y de los pensamientos,
emotividades y actitudes. (15).
Los conceptos de espacio, vibración y espíritu
estaban íntimamente relacionados en el amanecer del universo. Todos los seres y
cosas son modulaciones específicas y diversificadas de la única estructura
básica: la energía espiritual. (15).
Uno de los atributos del inextinguible océano
de espíritu libre es su conciencia potencial. Si se acumula suficiente masa
espiritual, se exteriorizará el fenómeno latente de la conciencia,
soporte de la actividad mental y emocional y experiencia subjetiva de la propia
identidad individual. El grado de conciencia es una función de la densidad y
concentración del protoplasma espiritual básico. Y podemos considerar al
ilimitado espíritu libre como conciencia atenuada y dispersa, y al mismo tiempo
como energía diluída. (15).
El espacio cósmico no es en modo alguno un
inmenso vacío, sino la mera extensión del campo de fuerzas divino, ocupado por
el espíritu libre. Éste es el fundamento de la acertada teoría física del
éter cósmico. Donde la Matriz Infinita no ha emanado su esencia
espiritual, el espacio no ha sido creado. (15).
El alma humana, al igual que los demás
componentes del universo, es un agregado de particulares modalidades de masa y
energía. Y por tanto corre el riesgo de resultar destruida in extremis,
si la entidad en cuestión elige libremente la degradación irreversible que
implica una pertinaz conducta anti-cósmica: la degenerativa y reiterada
violación sin fin de las leyes naturales. (15).
Como legítima defensa en orden a erradicar esta
injusta perturbación ocasionada tanto a la omnisfera como a los demás seres del
conjunto de la realidad, se produce en raras ocasiones lo que bien mirado es un
suicidio cósmico auto-inducido. (15).
Nos referimos a la segunda muerte o verdadera
disolución espiritual: la aniquilación absoluta de la personalidad y una
extinción de la identidad individual del que fue hijo de Dios. (15).
UN UNIVERSO MENTAL.
PANSIQUISMO CÓSMICO
En su primigenio acto creativo, el Ser
Des-Egocentrizador dispersó la Mente Divina en innumerables
fragmentos, las chispas de la deidad que anidan en los centros de conciencia de
los seres —aparentemente separados e independientes— que dinamizan los mundos.
(6).
Mediante esta dadivosa técnica de
manifestación, la Causa de las Causas no incorpora a la exosfera su
propio campo de fuerzas mentales global y unificado, es decir, renuncia al
monopolio de un único bloque de inteligencia objetiva distanciado de sus
criaturas. Al emplazar como sancta sanctorum de cada sujeto una porción
de su misma naturaleza teológica, el Primero y Último ha donado a sus
hijos el privilegio de compartir íntima y directamente —sin necesidad de
intermediarios— la esencia ontológica de la deidad, y el desarrollo paulatino
(en el arduo trabajo de la evolución) de potenciales atributos y prerrogativas
divinas. (6).
La psiquis trascendente del Muy Próximo
aparece constituida por la agregación de todas las inteligencias individuales
que se afanan por crecer en calidad espiritual. (16).
La ilimitada extensión del espacio no es más
que la inmensurable amplitud de la Mente Universal. La realidad que en
apariencia es "externa" a nosotros, se reduce en verdad a estados subjetivos de
conciencia. Y nada existe en puridad aparte o en los aledaños del complejo
mental. (16).
Las piezas materiales, el espacio y el tiempo
no son sino engañosos "efectos especiales" o camufladas manifestaciones de la
actividad psíquica, a fin de proporcionar un soporte o ambiente donde los
humanos logren interaccionar con un medio y ejercitarse en la evolución. O lo
que es lo mismo, los elementos tangibles no son más que ilusiones estables y con
cierta permanencia, un útil simulacro "fabricado" literalmente por el peculiar
funcionamiento de los cinco sentidos. (16).
La materia es en última instancia un estado de
conciencia. Cuando nos trasladamos de un lugar a otro no nos estamos desplazando
como parece en el espacio exterior, sino en nuestros ámbitos internos de
conciencia, que no representan aspectos cualitativos o cuantitativos confinados
en el cerebro, sino que son en realidad la propia materia en
movimiento, y se extienden en el espacio eterno. (16).
La genuina naturaleza del hombre no reside en
el cuerpo físico, sino en su mente. Y en todos los planos y esferas de la
Creación las morfologías perceptibles no son otra cosa que substancia
mental manifestada por un estado o ley de necesidad. Lo cognoscible consiste
en formas de acción o movimiento, que en respuesta a meros estímulos exógenos
tienen lugar en el interior del ser, y que dado el particular desempeño del
aparato sensorial originan la falaz impresión de que son ocurrencias externas a
la conciencia. (16).
Los noumenos o kantianas "cosas en sí
mismas" con independencia de cómo son percibidas por los sentidos corporales,
resultan incognoscibles, y sólo pueden ser aprehendidas a través de la
auto-realización. (16).
Todo es conciencia ("All is
consciousness"). La unisfera existe desde la eternidad y hasta la eternidad
y no puede concebirse su término, por cuanto su auténtica naturaleza profunda es
de carácter mental, y lo psíquico carece de fin. (16).
Inacabables variantes y modalidades
alternativas de espacio y tiempo secuencial florecen en otros niveles de
realidad, debido a que la conciencia opera en un "círculo" ultradimensional
infinito y sin solución de continuidad. (16).
Los pensamientos son stricto sensu
masas, entes, cosas. Un objeto físico deviene siempre de la solidificación
sensible de una previa energía mental. (13).
Dios es energía mental, la Conciencia
del Universo. "Antes del antes" la Presencia Unitaria
monopolizó la gloriosa vastedad de la Mente Infinita, la matriz
creativa de toda existencia: un espacio insondable de pensamiento sin forma.
¿Cuál es el más eximio concepto del Último? El pensamiento, inteligencia
suprema de la Mente Divina. (9).
Los hechos sensibles corporeizan la plasmación
final de la conciencia colectiva, la actividad mental y emocional del género
humano, expresión subsidiaria de la inteligencia del Omnisciente. ¿Quién
generó la realidad global? Los seres inteligentes, mediante su poder mental y
emocional delegado por Lo Alto. El Divino Inventor no creó el
mundo; Él es el universo de los universos. (9).
La substancia primigenia que interpenetra los
intersticios del océano cósmico es el pensamiento de la Conciencia
Universal: el infinito centro mental de la Totalidad, cuyas pautas
energéticas copan el espacio ilimitado. La vibración es pues el ladrillo
primario con el que se ha edificado el conjunto de lo real. (4).
Los átomos tridimensionales, así como las demás
subespecies corpusculares intangibles que conforman la "materia etérica" vigente
en otras dimensiones, son complejas combinaciones rotatorias y frecuenciales del
fotón, la onda/partícula que constituye la estructura básica de las múltiples
categorías de "materia" constitutivas de los mundos físico-químicos y astrales.
(4).
Todas las experiencias tienen su causa próxima
o remota en raciocinios y emociones previos, que son el origen último de cuanto
existe. Lo único que en definitiva ocupa el organismo cósmico es la energía
especulativa: el pensamiento de la Mente Universal. (4).
Las ideaciones de la Inteligencia
Infinita engendran cuantums de pensamiento vital, unidades discretas de vida
mental. Estos "corpúsculos intelectuales" de la deidad se materializan en una
infinitud de entes y formas diversificados. (11).
DE LA INFINITA VARIEDAD DE LAS COSAS
Una magnitud inconmensurable de seres
radicalmente diferenciados glorifican la vida en el universo. Las irrepetibles
maravillas de la Creación son tan dispares que resultan inimaginables incluso
para los cerebros proclives al vuelo de la más desbordada fantasía. (14).
La infinidad es un concepto imposible de
concebir por el ser humano. Para empezar, el universo es infinito. Si aceptamos
tal postulado fundamental, admitiremos asimismo su corolario lógico: que todo en
el recinto cósmico es igualmente infinito, es decir:
-
Dios es por supuesto infinito.
-
Infinitos y desiguales sistemas de realidad alternativos
coexisten interpenetrados en el vasto ensamblaje de la omnisfera.
-
Los planetas comparables a la Tierra se extienden sin fin en el
espacio insondable.
-
Innumerables seres emanados de lo Último pueblan los
diferentes niveles vibratorios.
-
Todas y cada una de estas formas manifestadas por el Alma
Universal son únicas sin remisión. Y difieren de las demás en sus
irrepetibles particularidades individuales. Semejante opulencia de lo distinto
origina así la máxima riqueza ontológica concebible: una inacabable oferta de
originales y nunca duplicados modos de expresión, en infinita y gloriosa
diversidad.
-
Tamaña exuberancia de lo heterogéneo convierte a la Totalidad en
un sobrecogedor sistema abierto de infinitas oportunidades, variantes y
posibilidades. Un amplísimo abanico de opciones disponibles en pro del
desenvolvimiento evolutivo de las criaturas. (5).
En el reino de El Camino, la Verdad y la
Vida nada resulta imposible. El esplendor de creatividad que rige el
universo es tan poderoso que todo lo que puede ser comprendido, e incluso lo
absolutamente inconcebible, se manifiesta antes o después en algún enclave del
mundo sensible. Del mismo modo los más inverosímiles sueños y fantasías acceden
alguna vez al status de la existencia. Y hasta el universo global surgió en la
imaginación del Gran Pensador. (9).
Todo es o se hará real, inclusive las más
exaltadas fantasías, invenciones y surrealismos imaginativos, pues se han
originado en actos psíquicos intencionales, que son lo primero en el ranking de
lo manifestado. El mundo externo carece in extremis de substantividad
propia. A pesar de su convincente realismo, lo que vemos y tocamos es puro
maya, no pasa de ser alguna suerte de prestidigitación alucinatoria, o
sea, una mera ilusión mixtificadora de segundo orden, pergeñada por ondas
mentales, actitudes y sentimientos previos, los cuales ostentan en sí mismos el
máximo grado de realidad, por delante de los muy aparatosos objetos tangibles.
(9).
El potente aforismo Buscad y hallaréis
se deriva de que cualesquier quimera que osemos conjeturar con ayuda de la más
desbocada fantasía, esto es, absolutamente todas las combinaciones imaginables,
más las inconcebibles por la mentalidad terrestre, ad infinitum, de
hipotéticas variaciones hacederas, e incluso "imposibles", en cuanto a clases de
identidad ontológica, tipología humana, idiosincrasias, situaciones vitales o
experiencias personales, toda esa visionaria fantaciencia, repetimos, goza ya de
asegurada existencia fáctica en algún orbe, plano vibratorio o nivel dimensional
de la cosmocracia, aunque nos parezca una delirante utopía. (7).
Semejante milagro se explica por la explosión
de creatividad que impulsa el surgimiento de lo original y único en el tejido de
lo real, y debido a la abrumadora magnitud de la aludida y onírica
heterogeneidad en todos los sentidos de la que nos beneficiamos. Una pluralidad
que para nuestro asombro y agradecimiento se enseñorea del infiniverso en el que
por suerte tenemos el ser. (7).
En cuanto a nuestro individual Pedid y se os
dará, ya sabemos que lo añorado cobra vida y palpita en algún cubículo de la
omnisfera, y que además se encuentra disponible para satisfacer nuestras
necesidades. Sólo nos resta hacer méritos (con el mazo dando), y atraer lo
deseado al entorno en el que nos movemos, gracias al poder invencible de una
plegaria expresa dirigida al sistema universal (técnica de la visualización
creativa). (7).
Los manyllones de seres que se afanan en
automejorarse en el conjunto galáctico y otras arenas dimensionales, no son por
fortuna iguales. Por ninguna parte se atisban robots, uniformidad ni réplicas
sino intención personalísima, identidades únicas, "cada hombre es un mundo" y
libre albedrío. La imprevisible inteligencia creativa y lo diferente constituyen
la materia prima en la disímil realidad universal. (15).
La infinita variedad en los modos del ser,
férreamente instituida en los más dispares ámbitos de la divinosfera, nos
convierte a todos en valiosos especialistas, imprescindibles agentes
colaboradores en el plan divino, encargados de alguna misión específica de
imposible sustitución. (15).
De lo que se infiere que si actuáramos con
inteligencia habríamos de asumir nuestra sagrada responsabilidad frente al
universo: aportar el humilde pero imprescindible grano de arena necesario para
el buen funcionamiento del esquema de las cosas. Si desertamos del deber
sinérgico de asistir al conjunto que nos presta un habitat para evolucionar, y
no contribuimos al bien común mediante los talentos originales y habilidades
innatas que sólo cada uno de nosotros sabemos y podemos ejercer, excavaremos un
agujero patrimonial en los activos del Absoluto, produciendo una avería
en el macrocosmos. (15).
Por mucho que aprendamos acerca de La Realidad,
más todavía nos quedará por descubrir respecto a sus fascinadores misterios y
belleza filosófica. Y jamás alcanzará un fin la estremecedora diversificación de
las manifestaciones siempre cambiantes emanadas de la creatividad infinita del
Fuego Divino. (15).
LIBÉRRIMO ALBEDRÍO
Una magnánima ley promulgada por el
Dispensador te autoriza a expresarte en la vida por medio de tu voluntad
soberana, ateniéndote claro está a todas sus consecuencias lógicas, que pueden
ser de múltiples calibres y tipos. Al ejercer así tu espontaneidad única y sin
posibles fotocopias, complejizas, expandes y enriqueces la conciencia del
Eterno. (9).
Si nos hemos propuesto hacer realidad los
deseos, lo más eficaz es sentirlos con intensidad. El vivirlos con calor
y fuerza reconduce en dirección al Inefable la emoción necesaria para que
se cumplan los propios anhelos. (9).
Por lo general perseguimos por cauces asaz
tortuosos una felicidad subjetiva, a veces harto extraña y plagada de
sufrimientos. Y nos las aviamos con sorprendente habilidad para hacer libremente
aquello que en profundidad deseamos y nos dicta nuestra genuina voluntad
interna. (9).
Solemos incluir sin pestañear en este lote de
felicidad predilecta, aunque cueste creerlo, los horrores que nos catapultan a
los más terribles infortunios. Si debido a complejas motivaciones subconscientes
(soslayar determinadas responsabilidades en la vida, despertar compasión,
convertirnos en protagonistas y centros de atención, ejercer el poder y la
crueldad en los allegados que nos cuidan, etc.), anhelamos por ejemplo caer
enfermos, perderemos indefectiblemente la salud, pues vivimos en un universo
voluntarista que satisface por principio las hondas apetencias de sus
inquilinos, sin discriminar respecto a la índole o calidad aparentes de lo que
le pedimos. Lo concede y punto. (9).
Cuando en el fondo del alma, y por sutiles y
justificadas razones nos hace feliz el exótico placer de ser infelices, se pone
en marcha el ábretesésamo Llamad y se os abrirá, y atraeremos hacia
nuestro entorno circunstancias de supuesta desgracia por las que bajo cuerda
estamos lampando. (9).
Todo cuanto emprendemos, excelso o vil, es
legítimamente impulsado por el Yo interno, en orden a gestionar por medio
de la experiencia directa y personal la adquisición de determinadas
interpretaciones de la vida en las que aún somos ignorantes. Sólo mediante la
pasión de actuar buscando aprender, lograremos evaluar el significado espiritual
de nuestras acciones, y extraer sus lecciones éticas implícitas: la sabiduría.
(9).
Por cada pensamiento aceptado y sentido, mas
todavía no entendido en su totalidad, el alma presiona irresistiblemente hasta
lograr protagonizarlo en la existencia diaria. Con tan meándrico expediente, los
mortales ganan por la experiencia inmediata una exhaustiva comprensión emocional
de ese problema irresuelto, y en general de todas las vicisitudes de la
vida. (9).
Incluido por supuesto el voluminoso bloque de
la negatividad, la cual se supera para siempre —interesante paradoja—
una vez vivida a tope en carne propia, después de asimilar las candentes
lecciones morales que acarrea el ser malvado. Así pues todos hemos sido, o
seremos en otros avatares, santos y demonios. (9).
Tras protagonizar determinada gama de
circunstancias, y dominada definitivamente su carga didáctica, se extingue in
aeternum la fascinación de pasar de nuevo por ese trance, pues ya se ha
incorporado al ser la comprensión moral que dicha vivencia atesoraba. Y entonces
atraeremos novedosas situaciones vírgenes, capaces de aportarnos retazos que aún
nos faltan de la filosofía de la vida. (9).
Y con tan ingenioso procedimiento, la
devoradora hambre interior de renovadas experiencias enriquecedoras nos
impulsará con fuerza coercitiva en el decurso del tiempo a incursionar en
todos los episodios vitales imaginables, de la A a la Z. Así,
comprometiéndonos hasta la médula en coyunturas de la más variada índole,
engrandeceremos tanto nuestros horizontes espirituales como la conciencia
colectiva de la humanidad. Y habremos aportado de paso nuestro output
especialísimo nada menos que en pro de la expansión energizadora del Ser
Infinito. (9).
El espíritu persigue con encendida vehemencia
aquello que aún no ha vivido, porque su instinto evolucionista lo empuja a
procesar y decantar el contenido emocional de experiencias todavía desconocidas.
A la caza de pedagógicas vivencias inéditas, el alma genera la inextinguible
llama interior del deseo, que urge a la personalidad a explorar ignotas
aventuras y asimilar su esencia como sabiduría. (9).
De un extremo a otro del espacio/tiempo, la
voluntad individual goza del poder de expresarse a su aire según infinitas
combinaciones cualitativas, sin limitación alguna impuesta desde lo Alto.
Es cierto que en apariencia nos resulta imposible controlar algunas
circunstancias de la existencia. Pero está en nuestras manos en cambio —si
queremos, y siempre a cambio de esfuerzo— no ser una caña al viento, ejercer un
autocontrol y moldear, de acuerdo con los criterios y preferencias personales,
nuestras actitudes, puntos de vista, prioridades y rankings de valores ante la
vida. Con lo cual estamos facultados para reaccionar con auténtica
libertad, de la particular manera que elijamos, frente los estímulos que nos
ofrece el día a día. (4).
He aquí un trascendental postulado cósmico: a
cada inteligencia que progresa en la divinosfera se le faculta por toda la
eternidad para seleccionar a su antojo las preferencias individuales más
queridas, y a poner en práctica en cada ocasión, sin restricción alguna,
flamantes experimentos vitales en base a sus más viscerales compulsiones
internas. Eso sí, asumiendo como es de justicia el búmeran de las repercusiones
en el prójimo y en el entorno desencadenadas por sus elecciones soberanas.
(4).
Tan ventajoso régimen de autonomía de la
voluntad perdurará hasta el postrer retorno del peregrino en ascenso al hábitat
del Amado, tras la cadena de ciclos de involución/evolución. (4).
Echando mano de este dadivoso programa, y como
fundamental corolario del libre arbitrio (que no hay que olvidarlo, se lo
debemos a la munificencia del Dispensador), el cosmos se perpetúa
autogenerándose en una infinita y prodigiosa diversificación y variedad
de mundos, opciones, formas, mentalidades y actitudes. Opulencia en la oferta
que implica el máximo despliegue imaginable de oportunidades enriquecedoras para
las criaturas, y por intermedio de ellas, también para el mismo
Generador. (4).
Las chispas inteligentes emergieron a la
existencia asistidas mediante el don del libre albedrío. Prebenda que las
faculta para modificar, si así lo desean y según preferencias individuales, la
primigenia energía heterocéntrica ofrendada por el Supremo Hacedor,
degradándola de motu proprio en anticósmicas frecuencias vibratorias de
signo egocéntrico. (4).
El hombre ha aprovechado así su irrestricta
capacidad de elección para generar a su capricho entes y formas negativas,
discordantes con el altruismo generalizado vigente en el universo. Se trata de
energías intencionales de carácter entrópico no contempladas en el primitivo
diseño, en clave amorosa, del Padre. (4).
EL HOMBRE ENRIQUECE A DIOS
La Mente Universal no es estática ni
siempre idéntica, sino que paradójicamente se expande e intensifica a sí
misma sin cesar. Deviene por así decirlo más, distinta y mejor, valiéndose entre
otras cosas de los pensamientos y emociones, actos y reacciones de los seres
humanos. El Único progresa como si dijéramos absorbiendo por ósmosis en
su organismo macrocósmico el crecimiento continuo de sus hijos, quienes se
autoperfeccionan poco a poco en el maratón evolutivo. (9).
Somos un componente eterno y único de la
Mente Divina. Y mediante la aportación de nuestras peculiares y
exclusivas vivencias psico-emocionales incrementamos si cabe con un valioso plus
de originalidad y diversidad el espectacular despliegue de Lo
Manifestado. (9).
El Ubicuo contempló en el origen el
deseo de acentuar aún más —si fuere
concebible— su propia complejidad
interna, promover la expansión de su substancia ontológica, potenciar su
auto-conciencia y protagonizar infinitos modos de vida. Todo ello mediante la
absorción de la sabiduría decantada por las experiencias docentes de un
sinnúmero de unidades intencionales únicas, que evolucionan afanadas en
reaccionar libérrimamente ante los estímulos ofrecidos por el ambiente, en los
mundos creados a tal efecto por la Conciencia Universal. (19).
Semejante actitud de la Unicidad
Suprema, cuya voluntad es mejorarse a sí misma haciendo suya la sapiencia
evolutiva conquistada por sus criaturas, explica la creación para dicho fin de
un cosmos pluridimensional abarrotado de seres inteligentes en perpetua
ascensión hacia el Origen. Y responde al peliagudo interrogante de Leibnitz de
por qué existe el universo en lugar de no haber nada. (19).
La Matriz Cósmica insufló la existencia
en los sistemas energéticos bipolares (padres y madres), con la
finalidad de que generasen por su cuenta y mediante poder delegado otras
energías intencionales en sentido amplio (hijos), e incrementaran su
propia densidad anímica y autoconciencia luchando por ser mejores en la gran
carrera de obstáculos que es la evolución. (19).
Todo ello con miras de que estas energías
individualizadas vuelvan finalmente a su Fuente capitalizadas con la máxima
complejidad, polifacéticas y enormemente acrecidas. Y que en estado angélico se
subsuman en el Espíritu Infinito, donándole un valor añadido de
imprevisibles facetas cualitativas, tan originales como las identidades únicas
de las que provienen, pues lo que cada individuo contribuye a Dios sólo
él, y ningún otro ser en la entera Creación, es capaz de producirlo. (19).
En el diseño del ensamblaje omniversal, el
Alma del Mundo genera múltiples sistemas de energía inteligente, quienes
florecen en los recintos dimensionales especializados a los que por su libre
elección van destinados, con ánimo de proseguir su desarrollo. (19).
Cuando han agotado su ciclo evolutivo, tras
eones de aprendizaje por la experiencia directa en multitud de heterogéneos
centros de vida, los homo sapiens retornan a su Origen inmensamente más
complejos y perfectos, incorporando en el plasma del Supremo tan opulenta
cosecha. A esta donación sumarán los impredecibles subsistemas ontológicos
(hijos), creados a su vez por ellos mismos mediante la fusión de sus dos
polaridades complementarias. (19).
En otras palabras, la Vibración
Primordial digamos que hace aún más divino su Ser Macrocósmico, al
metabolizar en el seno de su propia anatomía deífica el hipercomplejo cúmulo de
actitudes, tablas de valores, creatividad, preferencias sui generis y
sabiduría, destiladas por el conocimiento decantado en virtud de las
irreproducibles reacciones vitales libres de quintillones de personalidades
únicas, enfrentadas al reto evolutivo de los variados estímulos, situaciones y
circunstancias ofrecidos por el medio en los infinitos niveles vibratorios
habitados del omniverso. (19).
El Hacedor incrementa así su patrimonio
ontológico, allegándose para su propio beneficio la quintaesencia de las
experiencias didácticas protagonizadas por los hombres y querubines a lo largo
de su vasta repatriación evolutiva hacia el Centro. (19).
Recinto teocrático del que surgieron billones
de siglos atrás, cual mónadas primitivas con sus atributos divinos latentes y
todavía sin desarrollar, y Centro al que regresan en estado arcangélico.
(19).
La inapreciable masa de concepciones
filosóficas, opciones éticas y creatividad, ofrendadas por las entidades que han
culminado su evolución, hacen todavía más rica y densa si fuere posible la
composición interna de la divinidad. (19).
SUBJETIVISMO Y VERDAD PRIVADA
Stricto sensu, todo es verdadero y
nada hay incierto, habida cuenta de que las cosas se derivan de las ondas
mentales, y el pensamiento es la substancia de Dios. La verdad se concibe
a escala individual, y resulta correcta sólo para el que la sostiene. La certeza
es algo irremediablemente subjetivo, en función de las inimitables actitudes,
opiniones y creencias de cada persona. Y coincide con lo que un determinado
sujeto intuye que es fehaciente, como resultado de sus originales experiencias
amasadas en muchas vidas del pasado. (19).
Sus artículos de fe han de ser
forzosamente únicos y distintos de los aceptados por otros seres humanos. Los
mortales a su vez buscarán cada uno de ellos la verdad específica que respalda
aquello en lo que prefieren creer. Tengamos en cuenta que lo que ha nacido por
la fuerza mental —que es el conjunto de la realidad universal— y vive en la
conciencia, es verídico, aunque todavía no se haya manifestado en el plano de la
materia. (19).
Hasta lo más insólito y fuera de contexto,
incluso lo nunca imaginable, deviene verdadero, pues su antecesor es el
ingrediente psíquico, parte de una realidad superior que es la Mente de
Dios. La verdad no es una vivencia intelectual, sino un sentimiento, la
comprensión emocional. Es lo que cada cual barrunta en su fuero interno como
fidedigno. Y sólo uno mismo
está en condiciones de formular la propia certidumbre, que siempre
es personal y autoelegida. (19).
El mejor maestro del homo sapiens es su
sima interna, excelente conocedora de la certitud que necesita y desea. Por otro
lado nada puede ser probado en rigor por los ilusorios hechos o fenómenos
tangibles, que se modifican conforme evoluciona la comprensión de la humanidad.
Todo es en definitiva conjetura y no se despachan dogmas inamovibles, ya que la
realidad se transforma sin cesar, modelada por el pensamiento y las emociones.
(19).
Las sempiternas "pruebas" exigidas por el
método científico son en el fondo de carácter anímico, evidencias interiores. Y
no radican en los fenómenos observables en sí mismos, sino en la actitud
emocional del individuo que prefiere aceptarlos subjetivamente como hechos
verídicos, por cuanto la vibración interna de naturaleza emotiva, y no los
objetos sensibles, ostentan el máximo grado de realidad en la cosmosfera.
(19).
Lo que se considera "la verdad" actúa como una
limitación, pues tanto lo comprobado como lo falso son en puridad inexistentes,
al ser la verdad constantemente redefinida por el pensamiento y el sentir del
hombre. (19).
Paradójicamente todo es verdad y nada lo es. Y
en sentido estricto sólo se da la pura substantividad o condición primordial de
ser (el isness). Lo único real es la vida
misma en permanente cambio evolutivo, y los entes con su gloriosa vocación de
ser. Y así la verdad es y puede ser todo y todas las cosas. No
busquéis la verdad, sed. Y de este modo viviréis en
comunión con el pluricosmos. (19).
Las enseñanzas universales en torno a la
Causa Primera y a su plan divino, inspiradas desde los planos superiores
a los contactados, son parte de un colosal sistema de comunicación de la verdad
establecido en el cosmos. Estamos ante un vasto dispositivo informador de
carácter vivo, dinámico, vibratorio y multifacético, conformado en diferentes
niveles de comprensión, según la cualidad frecuencial, madurez y posición
evolutiva de los beneficiarios de la revelación. (19).
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