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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Revista Al Filo de la Realidad Nº 164
Fecha:Domingo, 25 de Febrero, 2007  00:39:52 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 
___________________________________________________________________________
OCULTISMO                                         OVNIs                                      PARAPSICOLOGÍA
 
Año 7                            Domingo 25 de febrero de 2007                        N° 164           
AL FILO DE LA REALIDAD
"Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo". Voltaire.
 
((( Fundada el 10-5-2000 )))
                                                                                                                      
                                                                                                                      
 
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En este número de AFR:
 
— EL "EXPERIMENTO FILADELFIA" DE LOS NAZIS
     por Gustavo Fernández
 
— LA "CONEXIÓN CUÁNTICA" Y EL FACTOR PSI
     por Moisés Garrido
 
— ATERRIZAJE EN CRESPO
   por Gustavo Fernández 
 
— LA PROSTITUCIÓN DEL PERIODISMO PARANORMAL
   por Manuel Carballal

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      ¿Antigravedad, velocidad cercana a la luz, apertura del hiperespacio o máquina del tiempo?

       

      EL “EXPERIMENTO FILADELFIA” DE LOS NAZIS

       

      escribe: Gustavo Fernández

       

       

       

      Sobre fines de la Segunda Guerra Mundial, y como sabemos ya claramente, los nazis estuvieron (¿sólo estuvieron?) a punto de desarrollar aeronaves con el aspecto y comportamiento de “platillos volantes”. Pero ése no fue su único “proyecto negro”, abortado (¿abortado?) por la derrota militar. En la abandonada mina de Wenceslas, en el “Sudetenland”, “Die Grockle”, “La Campana” era el desarrollo de un aparato que quizás continuó luego siendo experimentado en EE.UU. pero sobre el cual se discute su verdadera función: generador de antigravedad, apertura de “agujeros de gusano”, puerta en el tiempo o propulsor cósmico a velocidad lumínica. Este es un boceto de la historia.

       

       

       

          En el año 2001, salió a la venta un libro muy especial. Su título era “En busca de la gravedad cero” y su autor, un británico devenido investigador histórico, Nick Cook, supo presentar en él una interesante y muy bien documentada historia sobre “proyectos negros” nazis, tecnología extraña aun para los cánones de este incipiente siglo XXI, rumores y calificada información científica. Entre otros ítemes, se proponía una explicación alternativa sobre los “foo fighters”, esas misteriosas “bolas de luz” de comportamiento inteligente que los pilotos aliados observaron atónitos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Junto a un investigador polaco llamado Igor Witkowski, que ya había escrito varios libros sobre entretelones de la tecnología alemana de ese período, enfocaron su atención sobre una región montañosa próxima a la frontera checa, en el “Sudetenland”, o Baja Silesia. Allí, aparentemente, tropas especiales alemanas bajo la égida de un “Spezial Kommando” constituido por científicos altamente especializados y la “créeme” de los oficiales de las SS, trabajaban furiosamente, casi sobre el final de la guerra, en el desarrollo de un dispositivo antigravitatorio. Los estudios de la dupla apuntaron a reunir evidencia circunstancial de que el resultado de tales experimentos se condecía significativamente con efectos del tipo “foo fighter”, en tanto excedían las limitaciones de la física normal, la alta cota de vuelo de las apariciones, los bruscos cambios de dirección con instantáneas desaceleraciones y aceleraciones, características que ni entonces ni en el presente pueden imitar los recursos aeronáuticos y espaciales conocidos.

       

          El punto de partida de sus investigaciones fue un oscuro libro escrito por un ex oficial de las SS, de apellido Sporrenberg, titulado “La Wunderwaffe”[1], en edición del autor. En él se cita que la última noticia de este dispositivo era que había sido ocultado en una mina abandonada cerca de la pequeña aldea polaca de Ludwigsdorf, hoy en día llamada Ludwikowice. De hecho, consta en los registros históricos de los tribunales polacos que el oficial Karl Sporrenberg fue encontrado culpable de varios crímenes que él había cometido mientras estaba a cargo de las tropas especiales ya mencionadas. Éste proporcionó en su libro información detallada sobre el grupo de científicos y su destino (cuando sesenta y dos de ellos fueron ejecutados mientras el Ejército Rojo se cernía sobre Ludwikowice) y su suposición de que el dispositivo quizás había sido enviado a último momento hacia Noruega. En tanto, Cook y Witkowski visitaron la región, que en tiempos previos a la Guerra había pertenecido al Reich, donde muchas de las minas de carbón situadas en la región montañosa fueron utilizadas como instalaciones de producción para la Wehrmacht, imposibles de ser vistas por los aviones de reconocimiento. Allí, ciertamente, se produjeron algunas piezas clave de las V-2, en lo que se conoce como “Colina del Búnker”, en las afueras de la estrecha y alargada aldea que discurre a ambos lados del horrible camino solamente hasta la misma. Aquí comienza lo interesante: desde ella, nace otro, totalmente distinto, de 2,5 metros de ancho, hecho de sólido concreto ascendiendo lentamente las colinas serpenteantes. El visitante se encuentra primero con la típica compuerta de un polvorín, con otras del lado opuesto del montículo que alguna vez lo cubriera.

       

      Créditos de las fotografías en el terreno:
       
       
       
      Cincuenta metros después, un depósito. Aquí y allá, ventiletes de respiración
      de alguna gigantesca construcción subterránea, hoy sellados.
       
       
       
       
       
       
       
      Luego, nada por otros seiscientos metros. Aparecen entonces algunas ruinas
      de lo que parece ser una fábrica y entonces sí, en medio de un enorme playón de concreto,
      lo que Witkowski llamó “el anillo de pruebas”. Donde se experimentaba con La Campana.
       
       
      Treinta metros de diámetro, siete de altura, diez columnas
      de un metro con cuarenta centímetros de grosor.
       
       

      La historia

       

          Debo a nuestro lector Jorge Guaraglia, de Uruguay llamar mi atención sobre estos hechos históricos que desconocía. Jorge, de todas formas, es cualquier cosa menos un simple conocedor de la cuestión por lecturas superficiales: Cito algunas referencias de su primer informe:

      “... Hace unos años conocí a un inglés medio chiflado que me habló por primera vez de un experimento denominado "The Bell" o "La Campana", en español, lo que este amigo me contó (te pido disculpas pero me ha pedido reserva de su nombre) fue algo tipo Indiana Jones donde decía que los nazis habían trabajado en algún aparato que generaba campos tipo lo que describe Berlitz en su libro junto a Moore "El Experimento Filadelfia". Estamos hablando de cosas raras, tambores de mercurio rotativos (¿no te suena a vimanas?) extraños campos energéticos y cosas así...”

       

      “... Cuando este  amigo me habló del tema no le creí nada, (incluso fui a Bs. As. a entrevistarme con él). El hombre parecía tener miedo, me dijo que sabía algo respecto al tema que (sic) ..."los servicios de inteligencia americanos lo habían amenazado si divulgaba lo que sabía...”. etc., etc. Como verás, me dije para mí... uno más de los chiflados. Mientras tanto hace algunos años estoy intentando certificar lo que Burnside (con el cual somos amigos por mail) dice en su libro "El escape de Hitler" acerca de que en 1945 habría aterrizado un avión en algún lugar del litoral uruguayo y se habrían bajado materiales y luego habría sido echado al río Uruguay. Para resumir un poco el relato, hace como 2 años un escritor polaco Igor Witkowsky me preguntó acerca de lo que yo sabía del tema, y que no entendía cómo alguien por estos lados podría saber algo de un tema que él recién estaba publicando en un libro, (mi mail se lo había dado Abel Basti desde Bariloche) como no soy de esconder la leche sino de intentar colaborar mas allá de que sean otros los que publiquen (lo único que me interesa es saber la verdad) le conté a Igor todo lo que sabía que era bastante poco. Para mi sorpresa, a la vuelta de algunos meses tuvo el hermoso gesto de enviarme un ejemplar autografiado donde PARA MI TOTAL ASOMBRO se mencionaban lugares, nombres, fechas, se volvía a mencionar el famoso avión que habría arribado a Uruguay, se mostraban documentos desclasificados y en definitiva un material valiosísimo y con una información que creo sumamente seria donde demostraba todo lo que mi  "chiflado" amigo inglés me había dicho años antes. Esto es a grosso modo lo que sé. ¿Existió The Bell?,  todo parecería indicar que sí. ¿Fue traída a nuestras tierras durante la fuga nazi? ¿Por qué no? Al menos sus planos o un prototipo ...”.

       

          Aclaremos algunos puntos incidentales pero importantes. Nick Cook no es un cualquiera: es un periodista galardonado, que trabaja como especialista en temas aeroespaciales, en la revista británica Jane’s Defense Weekly, que es la máxima autoridad mundial en temas militares y de tecnología militar. Hace diez años que Cook trabaja allí. Igor Witkowski goza de mucha credibilidad y respeto en su Polonia natal, tanto por sus conocimientos sobre tecnología alemana de la Segunda Guerra Mundial como por su honorabilidad como persona. El mentor de toda la búsqueda de Cook, es un científico británico, un Físico, al que él llama el Dr. Daniel Marckus (por obvias razones guarda su anonimato). Este individuo le orienta, le plantea interrogantes, le pide que le averigüe cosas ya que él mismo no tiene tiempo de averiguarlas y de viajar de un lado a otro. Luego con los datos que Cook le provee, Marckus a su vez interpreta los mismos y le ilustra sobre su importancia, funcionamiento de cosas, etc. Cook va a estar en permanente contacto con Marckus. Cook detalla que Witkowski había hecho un extenso estudio sobre las actividades de desarrollos tecnológicos de los alemanes en tiempo de guerra, y más adelante habla del general de los SS Jacob Sporrenberg, que fue sub-comandante de Cuerpo VI de los Waffen-SS en 1944. Witkowski le relata a Cook lo que Sporrenberg declaró a cortes rusas y polacas, acerca de experimentos con una Campana. En tanto, Cook se va a entrevistar con gente de la NASA, y va a viajar a Europa en búsqueda de los primeros experimentos que habrían realizado los alemanes en enormes subterráneos, ubicados cerca de la frontera checa, donde los proyectos estuvieron a cargo del General Hans Kammler, un individuo que había logrado la confianza de los superiores y adjudicación de dinero y mano de obra de los campos de concentración, para llevar a cabo experimentos científicos de avanzada, fuera de la corriente general de la ciencia de entonces. En resumidas cuentas, el proyecto había sido desarrollado bajo dos nombres en código: “Laternentrager” y “Chronos” y siempre implicó “Die Glocke”, el objeto con forma de campana que brillaba cuando se le sometía a prueba. La Campana en sí misma estaba hecha de un metal duro y pesado y estaba llena de una sustancia similar al mercurio, de color violeta. Este líquido metálico era almacenado en altos y finos frascos térmicos de un metro de alto encajados en plomo de tres centímetros de espesor. El experimento siempre tuvo lugar bajo una gruesa cubierta de cerámica y envuelto en dos cilindros que giraban rápidamente en direcciones opuestas. La sustancia similar al mercurio tenía el nombre en código “Xerum 525”. Otras sustancias incluidos los peróxidos de torio y berilio, recibían el nombre en código de “Leichmetall” (metal liviano).

       

          La cámara en la cual se llevaban a cabo los experimentos estaba situada en una galería cavada profundamente bajo tierra. Tenía un piso de aproximadamente treinta metros cuadrados y sus paredes estaban cubiertas con baldosas de cerámica con una sobrecapa de grueso revestimiento de goma. Después de aproximadamente diez ensayos, la sala se desmanteló y sus partes componentes fueron destruidas. Sólo la Campana misma se conservó. Los revestimientos de goma eran remplazados cada dos o tres experimentos y eran echados a un horno especial.

       

          Cada ensayo duraba aproximadamente un minuto. Durante este período, mientras La Campana emitía su pálido brillo azul, el personal permanecía a unos ciento cincuenta a doscientos metros de la misma. Todo equipo eléctrico que estuviera dentro de ese radio habitualmente haría cortocircuito o se estropearía. Después, la sala era empapada hasta por cuarenta y cinco minutos con un líquido que parecía ser salmuera. Los hombres que llevaban a cabo esta tarea eran prisioneros del campo de concentración de Gross-Rosen.

       

          Según comenta el especialista Milton W. Hourcade en el foro durante las pruebas, los científicos colocaban varios tipos de plantas, animales y tejidos de animales en la esfera de influencia de la Campana. En el período inicial de ensayos de noviembre a diciembre de 1944, casi todas las muestras fueron destruidas. Una sustancia cristalina se formaba dentro de los tejidos, destruyéndolos desde dentro; líquidos, incluyendo sangre, se hacían gelatina y se separaban en fracciones claramente destiladas. Las plantas expuestas a la Campana incluían musgos, helechos, hongos y moho; los tejidos animales incluían yema de huevo, sangre, carne y leche; los animales iban desde insectos y caracoles a lagartos, sapos, ratones y ratas.

       

          Con las plantas, se observaba que la clorofila se descomponía o desaparecía, volviendo a las plantas blancas cuatro o cinco horas después del experimento. Dentro de las ocho a catorce horas, ocurría un rápido decaimiento, pero difería de la descomposición normal en que no estaba acompañada de olor. Al final de este período, las plantas habitualmente se descomponían en una sustancia que tenía la consistencia de grasa para ejes.

       

          En una segunda serie de experimentos que comenzaron en enero de 1945, el daño a los sujetos de prueba se redujo en aproximadamente un 12 a un 15 por ciento luego de ciertas modificaciones al equipo. Esto se redujo a un dos o tres por ciento luego de un segundo conjunto de ajustes. La gente expuesta al programa se quejaba de enfermedades, a pesar de su ropa protectora. Las mismas iban desde problemas para dormir, pérdida de memoria y equilibrio, espasmos musculares y un permanente y desagradable sabor metálico en la boca. El primer equipo se dijo que fue disuelto como resultado de la muerte de cinco de los siete científicos que participaban.

       

          En su libro, Cook transcribe casi textualmente una conversación que mantuvo con Marckus: “Yo sé lo que ellos estaban tratando de hacer... Yo sé de qué se trataba realmente. Estaban tratando de generar un campo de torsión.”

      ¿Qué es un campo de torsión?

      “Laternentrager” significa “sostenedor de linterna”. Pero es el segundo nombre en código el que aporta el indicio revelador. Chronos . Sabes lo que eso significa, ¿no?.

      —Sí, Dan. Sé lo que significa. ¿Qué es un campo de torsión? ¿Qué es lo que hace?

      —Si se genera un campo de torsión de suficiente magnitud la teoría dice que puedes curvar las cuatro dimensiones del espacio en torno al generador. Cuanto más torsión generas, más espacio perturbas. Cuando curvas el espacio, también curvas el tiempo... Ahora, ¿entiendes lo que ellos estaban tratando de hacer? ¡Estaban tratando de construir una máquina del tiempo!
       
          “ 'La Campana' debe haber emitido radiaciones como el infierno” —sigue diciendo Marckus— “generando energía electromagnética en todas las frecuencias, desde ondas de radio a luz; no en vano enterraron tanto la maldita cosa.”. El hecho de que los alemanes hayan llenado los cilindros rotatorios con una mezcla de diferentes metales también es significativo, cree él. Si se pueden obtener las proporciones exactamente adecuadas se tiene una posibilidad aún mejor de interactuar con un campo de gravedad cero. Pero sería un proceso de mucho acierto y error, avalada por un comentario de Sporrenberg. Cada prueba había sido muy corta, durando un promedio de aproximadamente un minuto. Se parecía mucho a como si los científicos hubieran estado tratando de “sintonizar” la Campana como se hace con una radio. “Si se logra exactamente se tiene una muy interesante pieza de instrumento”, dice Marckus; “si se erra todo lo que se tiene es un costoso desecho”. Manipúlese la inercia de un objeto y se ha extraído su resistencia a la aceleración. Póngaselo en el espacio y continuará acelerando todo el tiempo hasta la velocidad de la luz, y quizás más allá de ella. Manipúlese el campo de gravedad local alrededor de un objeto y se puede obtener que levite”. Para cuando se escriben esos comentarios, ambos caminos de “propulsión avanzada” estaban siendo explorados dentro de la iniciativa de Innovaciones en Física de la Propulsión, de la NASA.
       
          Pero aquí viene la verdadera parte difícil. El vórtice de energía que se supone este aparato debía generar, no es un fenómeno tridimensional o aun cuatri-dimensional. No puede serlo. Para que un campo de torsión sea capaz de interactuar con la gravedad y el electromagnetismo tiene que estar revestido de atributos que fueran más allá de las tres dimensiones de izquierda, derecha, arriba y abajo, adelante y atrás, y del campo de tiempo cuatridimensional que ellas habitan; algo que los teóricos por conveniencia le llamaron la quinta dimensión, el hiperespacio.
       
       

      ¿Dónde está?

       

          Cook está seguro de que la Campana fue localizada por los estadounidenses y llevada a su país, donde se continuó experimentando en tiempos posteriores a la espera del momento de implementarla. La obvia pregunta de “Si es así, ¿por qué aún no hemos visto las aplicaciones de la misma?”, tiene dos respuestas, una obvia y la otra no tanto. La primera, que la economía mundial está edificada sobre la explotación petroquímica: recién en estos años en que avizoramos su próxima desaparición comienza a ser funcional el desarrollo de tecnologías alternativas, primero, claro, con aplicaciones militares. La otra respuesta es que sí está siendo usada, pero nos lo han ocultado y, según estos investigadores, es en el bombardero B-2 “Stealth” donde se emplea como coadyuvante del sistema de propulsión una pequeña generación de antigravedad. Máximo secreto militar, por supuesto. Los analistas que sospechan esto se fundamentan en un detalle: visto en planta, el B-2 no tiene dos extremos de alas, tiene siete, pues su “borde de fuga” es aserrado. Una tecnología meramente anti-radar, por el contrario, necesitaría lo primero —un borde de fuga sencillo— para minimizar la exposición a los sistemas de detección. Un “borde de fuga” aserrado, en cambio sí es funcional para una cosa: incrementar los puntos de descarga de la masiva electricidad estática que necesariamente se condensaría en forma de campo alrededor de un aparato antigravitatorio.

       
       
       
       
      Bombardero B-2 "Stealth"
       
       
          Pero Witkowski, como comenta Guaraglia, no descarta que fuera posible que la Campana, sus planos, un prototipo hayan sido traídos a Sudamérica. Desliza que su fuente pertenece al ámbito de la inteligencia militar, y esta precisión tendría más de sesenta años. Sabido es que el gobierno de Juan Perón brindó una “ruta de escape” a jerarcas y científicos alemanes y, de hecho, la tecnología argentina se ubicó octava en el mundo en sólo tres años luego de 1945. El desarrollo del caza jet Pulqui II es un ejemplo paradigmático, y sería interesante ahondar en los experimentos atómicos de Richter en la isla Huemul, frente a Bariloche, más allá de la “versión oficial” de la Historia que afirma que Richter era un lunático o un estafador y Perón un simple crédulo ambicioso (del fallecido ex presidente pueden decirse muchas cosas, incluso de su ambición, pero nadie que conozca un poco de su historia sostendría que era un simple crédulo).

       

      El Pulqui II

       

          Ah, por cierto. Existe el rumor de que en las cercanías del río Gualeguaychú habría aterrizado, luego de la Segunda Guerra Mundial, un avión con personal nazi, y que habrían ocultado en algún punto equipo de naturaleza desconocida. En lo personal, miro el mapa y observo que no está lejos de la población entrerriana de Rosario del Tala donde, como recordarán, informamos en “Al Filo de la Realidad” Nº 163 que existirían los remanentes de un centro secreto de experimentos digitado por europeos desde antes de la guerra. Y sí:  existe la anomalía, como pueden ver en la Revista de la Asociación Geológica Argentina, http://www.scielo.org.ar/scielo: Se ha elegido como caso testigo el área situada hacia el sur de la localidad de Gualeguaychú, en el extremo sudoriental de la provincia de Entre Ríos. Ésta fue seleccionada pues se tenía conocimiento del cese de operaciones y existía interés de autoridades locales en verificar la ausencia de anomalías indicadoras de potenciales residuos peligrosos para el ambiente. La interpretación de la respuesta magnética obtenida sugiere que los objetos enterrados con alta susceptibilidad magnética, no serían de grandes proporciones...”.

       
       
      Mapa de las anomalías magnéticas
       

       

          La honestidad profesional nos obliga a citar que las conclusiones del mencionado estudio son que los objetos parecen “tambores de menos de un metro de diámetro” y, de paso, contradecirse a sí misma cuando más adelante sugiere que “se trata de objetos ferrosos de menos de dos kilogramos de peso”, todo atribuible, posiblemente, a un relleno sanitario. Conocedores por sufrimiento propio de la burocracia argentina, nos preguntamos —porque conocemos— si se habrán hecho estudios de semejante nivel científico en cualquiera de los centenares de tóxicos y apestosos rellenos sanitarios de todo el país (útiles también para sepultar grandes negociados corruptos y decenas de cuerpos de desaparecidos), muchos (como los del Gran Buenos Aires o Gran Rosario) infinitamente más grandes que los de la pequeña ciudad de Gualeguaychú. La respuesta es esperable: no. De manera que volvemos a preguntarnos por qué tanto interés de las autoridades en este particular caso, y sospechamos que detrás de esta “preocupación sanitaria” puede esconderse otra cosa.

       

          Será cuestión de seguir investigando. Tan simple como eso.

       

       

      Referencias:

       

      [1] La traducción más aproximada al castellano sería “División de Armas Milagrosas”.

       

       


       
       
       
      LA CONEXIÓN CUÁNTICA Y EL FACTOR PSI
       
       

       
       
          "Cuando llegamos al nivel atómico, el mundo objetivo del tiempo y el espacio ya no existe, y los símbolos matemáticos de la física teórica sólo se refieren a probabilidades, no a hechos", aseguraba Werner Heisenberg, uno de los padres de la Física Cuántica. ¿Podría ser psi una interacción entre procesos mentales y procesos cuánticos externos?... Así lo cree el físico Evan Harris Walker, llegando a desarrollar incluso una estructurada "Teoría Cuántica de Psi". Pero ya los parapsicólogos de vanguardia venían observando desde hacía tiempo determinados modelos enunciados por la Física Cuántica —cuyo objeto de estudio es el mundo de las partículas subatómicas— que no sólo avalarían, de alguna manera, la existencia de ciertos fenómenos psi, sino que incluso arrojarían algo de luz sobre su paradójica naturaleza. Por eso, en 1974, la "Parapsychological Foundation" de Nueva York celebró en Ginebra (Suiza) un congreso bajo el título "Física Cuántica y Parapsicología" en el que participaron físicos de renombre. "La colaboración incipiente entre parapsicólogos y físicos es el indicio de una nueva fase interdisciplinaria de la investigación parapsicológica", anunciaba por entonces el prestigioso parapsicólogo Hans Bender.
       
          En principio, la función psi desafía las leyes mecanicistas planteadas por la física clásica. Pero no lo hace con las leyes indeterministas de la teoría cuántica, que no se rigen por la causalidad sino por la probabilidad, y que rompen con la imagen que teníamos hasta ahora del tiempo, el espacio y la masa. "Si se permite a la física cuántica violar las 'leyes de la naturaleza' tal como fueron concebidas por los físicos clásicos, la PES puede reclamar también el mismo derecho", escribe Arthur Koestler en 'Las Raíces del Azar'.

          No es de extrañar, pues, que fenómenos como la telepatía, la precognición y la psicokinesis hayan llamado la atención de algunos físicos teóricos como Brian Josephson, Jack Sarffati, Michael Talbot o Fritjof Capra, que han llegado incluso a aventurarse en la investigación parapsicológica, ante la perplejidad de sus colegas más conservadores. El mundo microscópico que nos revela la Mecánica Cuántica es tan imprevisible, perturbador y borroso como el mundo de los fenómenos paranormales. Los dos mundos se burlan de nuestro sentido común. Y curiosamente, en ambos, la conciencia parece jugar un papel fundamental. Los físicos teóricos han buscado sin éxito determinadas 'variables ocultas' que sirvan para describir el sistema cuántico y resolver el problema de la medición. Algunos de ellos, como Eugene Wigner, han pensado que quizás haya que buscarlas en la propia conciencia humana: "Los físicos descubrimos que es imposible dar una definición satisfactoria de los fenómenos atómicos sin hacer referencia a la conciencia". Si el principio cuántico implica a la mente de una manera esencial, encontramos nuevamente en ello un nexo con lo paranormal... "Al fin y al cabo, un conjunto de ideas que otorgue un papel importante al observador que realiza las mediciones y un posible papel a la conciencia de dicho observador parece abrir las puertas a los fenómenos psíquicos", apuntan los psicólogos Hans J. Eysenck y Carl Sargent.

          Es más, los axiomas esenciales de la mecánica cuántica, según el físico Costa de Beauregard, exigen que se produzcan fenómenos psíquicos... El 'Principio de Incertidumbre' de Heisenberg, por ejemplo, determina que cuando observamos el mundo subatómico ya estamos alterándolo, por el mero hecho de su observación. El observador se convierte así en participante. En base a este postulado, ¿resulta descabellada la acción de la mente sobre la materia estudiada por la Parapsicología?... En absoluto. Es más, los numerosos experimentos psicocinéticos llevados a cabo por el físico alemán Helmut Schmidt, empleando "Generadores de Sucesos Aleatorios" (basados en la desintegración radioactiva del estroncio-90), han permitido detectar esta aparente vinculación entre lo psi y lo cuántico. "La idea de que la Psicokinesis actúa solamente sobre procesos aleatorios parece intelectualmente atractiva y coherente con los experimentos que estamos realizando. Quizás apunta a una profunda relación entre la PK y la teoría cuántica", sostiene Schmidt.

          Otro modelo teórico perteneciente a la Mecánica Cuántica, y que ya ha sido confirmado experimentalmente, es la "Paradoja E.P.R." (iniciales de Einstein, Podolsky y Rosen), según la cual, dos partículas elementales que han estado alguna vez correlacionadas formando un único sistema, aunque sean separadas una de otra miles de kilómetros mantendrán una conexión no causal y seguirán transfiriéndose información de forma instantánea. ¿Esta misteriosa comunicación a distancia no recuerda en cierta manera la transmisión telepática?... De hecho, la idea de que existan partículas de energía psíquica, semejantes a los neutrinos, actuando como portadoras de la señal telepática, no resulta disparatada para ciertos científicos. El astrónomo V. A. Firsoff las llegó a bautizar con el nombre de "mindones", mientras que el matemático Adrian Dobbs, prefirió denominarlas "psitrones". Estas hipotéticas partículas trasladarían la información psi de una mente a otra, e incluso por sus velocidades hiperlumínicas, podrían traspasar las barreras del tiempo, explicando así fenómenos como la precognición.
       
          Como vemos, es tal la conexión entre el mundo cuántico y las facultades psi que, en algunos círculos especializados, ya se ha comenzado a hablar de "Parapsicología Cuántica". Pero es posible que la respuesta final a los fenómenos psi se encuentre más allá del universo del quantum...
       
      Mente holográfica

          ¿Y si hemos de buscar el origen de los fenómenos psi en una realidad transpsíquica, como sugería Carl G. Jung?. Podría tratarse teóricamente de un dominio extraespacial y extratemporal en el que tienen lugar acontecimientos anómalos, o dicho de otro modo, donde residiría la información paranormal. Nuestra mente, a modo de sintonizador, establecería conexión con ese "campo psi", que estaría más allá del marco de referencia causal de nuestra realidad material. De hecho, muchos físicos teóricos sugieren que en el nivel subatómico la realidad posee una dimensión adicional. Un nivel más profundo de la realidad en el que todo está interconectado, y que el profesor de Física Teórica David Bohm llamó "Orden Implicado". Según este novedoso enfoque teórico, ya no podemos entender el universo como una máquina, sino como un gigantesco holograma multidimensional, donde pasado, presente y futuro existen simultáneamente. Es más, el físico Michael Talbot señala que "según Bohm ve la cuestión, si cada partícula de la materia se interconecta con todas las demás, el cerebro mismo puede ser visto como infinitamente interconectado con el resto del universo". Puede incluso que la conciencia esté también estructurada de forma holográfica, como afirma el destacado neurofisiólogo Karl Pribam.

          Este "paradigma holográfico" —según el cual el cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico— nos podría aclarar muchas dudas sobre la naturaleza de los fenómenos psi. "Si existe lo paranormal —dice el propio Bohm— sólo puede entenderse mediante su referencia al orden implicado, puesto que en ese orden todo está en contacto con todo lo demás y, en consecuencia, no hay ninguna razón intrínseca para que lo paranormal sea imposible". El filósofo Sam Keen, otro explorador de la conciencia holográfica, aclara por su parte que "lo que llamamos PES (Percepción Extra Sensorial) y experiencia paranormal cabe que no sean más que nuestra inmersión en las dimensiones atemporales que constituyen la estructura holográfica de nuestras mentes".

          En un universo en el que todo está íntimamente interconectado, ya no hace falta que la información viaje de un punto a otro. La información sería, por tanto, la sustancia última de la realidad, de acuerdo al "modelo holográfico". Entenderíamos así fenómenos como la telepatía, la clarividencia o la psicokinesis. Serían sucesos que, al trascender el tiempo y el espacio, no son transmitidos, sino que son simultáneos y están en cualquier parte. "Nada necesita ir de aquí para allí porque en esa esfera no existe ningún allí", dice el hológrafo Eugene Dolgoff para referirse a la función psi.

          Los físicos Harold Puthoff y Russell Targ, del Stanford Research Institute (SRI), investigaron durante la década de los setenta a psíquicos que experimentaban con la llamada "visión remota". Al no depender este fenómeno de ningún factor energético conocido, concluyeron que debía de guardar relación con el nivel de interconexión cuántica. Los experimentos PES realizados por los parapsicólogos Stanley Krippner y Charles Tart, también encuentran en el "modelo holográfico" su explicación más plausible.

          Pero no sólo desde la Física se habla de otros niveles subyacentes de la realidad que están más allá del espacio y del tiempo. Desde la Biología, Rupert Sheldrake —entusiasta del paradigma holístico— nos habla de los "campos morfogenéticos" (campos-M), que serían regiones no materiales de influencia que actúan a través del tiempo y el espacio, y que, mediante un proceso que él llama "resonancia mórfica", moldean la forma, el desarrollo y el comportamiento de los organismos. Según esta sugerente teoría —ya experimentalmente demostrable— la memoria no se ubicaría en el cerebro, sino que es inherente a la naturaleza. Todo parece apuntar a que los sistemas naturales heredan una memoria colectiva de todas las cosas anteriores de su misma clase, sin importar lo lejos que puedan estar ni el tiempo transcurrido desde que existieron. Para este notable bioquímico de Cambridge, los fenómenos psi tienen plena cabida en su modelo teórico: "Son muchas las pruebas anecdóticas de la existencia de la telepatía, son muchas las personas que dicen haberla experimentado, y ha sido detectada en muchos experimentos parapsicólogicos. Estas pruebas son muy discutidas, principalmente porque desde el punto de vista científico convencional, la telepatía, como los otros presuntos fenómenos parapsicológicos, es teóricamente imposible. En cambio, en el contexto de la resonancia mórfica, es teóricamente posible".

          A la Parapsicología todavía le queda mucho camino por recorrer para hallar la verdadera naturaleza de los fenómenos psi. Sin embargo, el objetivo no parece estar demasiado lejano, gracias al apoyo multidisciplinario que está recibiendo en las últimas décadas, sobre todo desde el campo de la Física moderna, que con sus innovadores y excitantes postulados, da sentido a la existencia de hechos que hasta hace bien poco parecían transgredir las leyes de la naturaleza. Como aseguraba el físico Michael Talbot, "siempre habrá en ciencia nuevas perspectivas que descubrir". Los fenómenos paranormales, sin lugar a dudas, son una de ellas...
       
       
      Nota del Editor:
       
      Puede obtener información relacionada haciendo clic en el enlace y enviando el mensaje vacío (lo que importa es el asunto).
       
      AFR Nº 46: Científicos proponen Universos Paralelos. (Solicitar por email)
      AFR Nº 133: Universos Paralelos, por Max Tegmark. (Solicitar por email)
       
       

       
       
       
      ATERRIZAJE EN CRESPO
       
       
       
       
          Crespo, Entre Ríos, Argentina (Wikipedia). Una pequeña y próspera ciudad a 42 kilómetros al sureste de la capital provincial, Paraná. Una población de ascendencia mayoritariamente alemana ("rusos del Volga", en abierto desconocimiento de los devenires geopolíticos y las clases de geografía del colegio, es como se los llama por el lugar). Gente trabajadora hasta el hartazgo que han logrado edificar uno de los polos económicos más prósperos del país, originalmente basada en la agicultura y la avicultura aunque hoy tiene extensiones industriales. Pero en las afueras, en la profundidad de las soledades de esta "pampa chacoparanaense" como geológicamente se denomina la región, originada por depósitos aluvionales del Plioceno inferior, hay gente aún aferrada a las antiguas tradiciones. Donde poco o nada se abandona el terruño, donde los hijos continúan casi kármicamente la labranza que los padres heredaron a sus vez de los abuelos. Donde, aún, muchas mujeres ancianas hablan sólo el dialecto de su Sajonia natal.
       
          Allí, los Spurrenberger —levemente matizamos su apellido, pues acceden a las fotografías pero no "a salir en los diarios con su nombre" (vaya uno a explicarles lo que es una revista electrónica)— son una familia tradicional. El día comienza muy temprano, alrededor de las 4:00, y a eso de las 9 de la noche están todos sumidos en un profundo sueño. Por ello, fue una feliz coincidencia que esa noche del 22 de enero de 2003 todavía estuvieran despiertos a las 22:30, cuando el fuerte ladrido de los numerosos perros les alertó. Miraron por una ventana. Y allí estaba: un "tren detenido"... sólo que las vías más cercanas en esa dirección, el Este, pasan a unos cincuenta kilómetros. La "cosa" parecía tener unos cien metros de largo, inmóvil, brillando sus "ventanillas". La familia la observó durante unos cincuenta minutos, siempre inmóvil, entre rezos musitados. Sorpresivamente, uno de los miembros del grupo señaló algo curioso: otra "luz" parecía provenir "de atrás", es decir, del Oeste. Por lo menos, un intenso resplandor aclaraba el cielo desde esa dirección. Fueron a otra ventana, que en este caso daba al Oeste. Y sí. Había una "luz", informe, titilante, muy densa pero sorprendentemente no tan brillante como pensaron cuando percibieron el resplandor, allí, a unos cincuenta metros por delante de su propia vivienda, en dirección al camino de entrada al predio. Diez minutos, no más, y con mucho miedo, permanecieron susurrándose preguntas sobre qué era eso allí afuera, también inmóvil. De pronto, como un foco eléctrico, simplemente se apagó. Al voltearse, comprobaron que "lo otro", "el tren", también había desaparecido. Entonces, prudentemente, se fueron a dormir, "porque no conviene estar hablando mucho de las cosas del diablo", en su decir. Al amanecer, nada extraño alteraba la paz del campo.
       
          Pero Spurrenberger seguía intrigado, aunque el pastor protestante de su comunidad hubiera seguramente visto con malos ojos su curiosidad. Decidió dirigirse al campo donde había estado "el tren", pero nada curioso llamó su atención. Sólo entonces, cuando regresó a su hogar y echó un vistazo al lugar donde flotó "la otra luz", las vio. Eran marcas. De forma poligonal de catorce lados, que medidas presentaron doce metros de diámetro y dos en cada uno de sus lados. La sustancia blanca es, simplemente, carbonato de calcio, mezclado con numerosas impurezas naturales pero es muy llamativo que la franja de tierra donde la misma estaba depositada se presentaba totalmente "pelada", es decir, libre del pequeño césped silvestre que allí suele crecer.
       
          ¿Un fraude perpetrado por la familia? Es sencillo conseguir carbonato de calcio —aun en una cantidad tan significativa— y desparramarlo en el lugar. Pero, ¿para qué?. Es gente molesta por el acoso periodístico e investigativo, que no desea que nada altere la paz y rutina del trabajo de campo de todos los días. ¿Algún gracioso para molestar? Imposible: los perros hubieran dado cuenta de él, además de exponerse a un disparo pues es habitual tener armas en la vivienda por seguridad. Incidentalmente, iluminar con algún reflector a los testigos mientras se traza cuidadosamente una figura geométrica de esas dimensiones mientras otros cómplices, del otro lado el campo, encienden varios reflectores secundarios que semejen "ventanillas", es demasiado pedir.
       
          Hipotetizar la función de esa sustancia química en ese lugar queda para otros analistas, por el momento. Nosotros, sólo podemos hacer la crónica, clavar otro alfiler en el mapa y alimentar la estadística y los archivos con otro aterrizaje presuntamente extraterrestre.
       
       
       
       
       
       
       
       
       
       

       

       

      LA PROSTITUCIÓN DEL PERIODISMO PARANORMAL

       
       
      Cuando un joven, con esa encantadora ingenuidad de la adolescencia, se acerca al mundo del misterio, lo hace con el mismo candor impecable con que algunos niños/as quieren ser enfermeras, bomberos o misioneros "cuando sean mayores". Con pasión y avidez se consumen las "pagas del domingo" en revistas esotéricas y libros sobre ovnis; normalmente de segunda mano porque el presupuesto no da para las novedades, a menos, claro está, que se trate de lo último de Benítez, Ribera, Del Oso, o alguna otra "gran celebridad" del mundo paranormal, cuyas obras son devoradas de un tirón, robándole horas al sueño y ese examen de matemáticas que deberíamos estar preparando, en lugar de empollarnos la vida y obra de Allan Kardec, o las aventuras de los ummitas en La Tierra.
       
       
       
          Cuando quieres darte cuenta te has fundido el presupuesto semanal en el Año Cero, el Enigmas o el Mas Allá (en mi época era el Karma-7, Universo Secreto o Mundo Desconocido), en lugar de haberlo invertido en la discoteca, el cine, la litrona, o alguna chinita de hachís, como hacen la mayoría de los adolescentes "normales". Con esa dulce credulidad, que oscila entre la mitomanía y la curiosidad, nos emocionamos con las últimas aventuras del ufólogo de turno, que consigue esquivar el hermetismo militar para sustraer algún nuevo informe oficial sobre avistamientos OVNI; o con el apasionante experimento de laboratorio que algún intrépido parapsicólogo ha conseguido diseñar para estudiar el incremento de los mensajes telepáticos en sueños; o con la apasionante odisea del sagaz investigador que ha conseguido infiltrarse en una secta satánica para descubrir los secretos del "Lado Oscuro"...
       
          Algunos adolescentes, por absurdo que parezca, llegan a mitificar de tal manera a los investigadores de lo paranormal, que sustituyen en sus carpetas escolares (y en los casos más graves en los posters de su habitación) el rostro de Silvester Stallone (sienta o no las piernas) o el último concierto de las Spice Girls (en mi época era AC/DC), por las fotos de algún avezado astro-arqueólogo al pié de la Gran Pirámide, o de algún "reportero de lo insólito" posando junto las Caras de Bélmez. Para esos jóvenes, los investigadores de lo paranormal no son meros mortales que intentan descubrir respuestas a algunos enigmas científicos, sino una especie de cruce genético entre Indiana Jones y el agente Mulder, cuya honorabilidad se presupone incuestionable. Vana presunción...
       
          Todos fuimos jóvenes, y en mayor o menor grado, pasamos por esa dulce mitomanía. Yo aún recuerdo, cuando la paga semanal no permitía una grabadora en el presupuesto, la inenarrable emoción que sentía, armado con una linterna en los dientes para poder tomar notas parapetado bajo las sábanas (mis padres —como cualquier padre— no aprobarían que robase horas al sueño para escuchar "tonterías esotéricas"), mientras escuchaba embelesado el "Media Noche" de Antonio José Alés, "En el Filo de la Navaja" de Enrique de Vicente, o "Espacio en Blanco" de Miguel Blanco... Conservo aún aquellos cuadernos escolares llenos de apresuradas anotaciones, con las que intentaba inmortalizar en mi incipiente archivo personal, aquellas extraordinarias revelaciones que los invitados de aquellos legendarios programas hacían en cada entrevista, antes de que se diluyesen en las ondas hercianas... Exactamente lo mismo ocurría con los programas de TV. Yo aún no tenía video cuando el Dr. Jiménez del Oso me hipnotizaba frente a la pantalla, domingo a domingo, en su Puerta del Misterio. Hoy, con la perspectiva de los años, me siento un poco ridículo al rescatar de esos viejos cuadernos escolares, dibujos garabateados con frenesí, intentando reproducir las reconstrucciones gráficas que ilustraban los casos que presentaba el Dr. del Oso.
       
          ¿Como era posible que mis profesores ignorasen en las aulas, las trascendentales revelaciones sobre la historia, el más allá o la vida extraterrestre que escuchaba en aquellos programas, o leía en las revistas especializadas? Gracias a Dios teníamos un Antonio Ribera, un Antonio José Alés, un Enrique de Vicente, un Prof. Darbó, etc., que, como una especie de cruzados de la "Verdad", luchaban contra el Sistema para rescatarnos de nuestra ignorancia, y de la manipulación de los poderes establecidos...
       
          Después llegarían los congresos y los cursos. Para un estudiante de 16 ó 18 años, reunir las 5.000 pesetas que costaba la entrada a un congreso de parapsicología, o las mensualidades del Curso de Parapsicología Superior del Instituto de Ciencias Parapsicológicas Hispano Americano (que por entonces dirigía el Prof. Darbó), o los Cursos de Hipnosis Práctica, del Prof. Rovatti, eran una labor titánica, gigantesca... pero merecía la pena. En aquellas conferencias, en las que tenía el privilegio de escuchar, cara a cara, a aquellos grandes monstruos del conocimiento paranormal, pensaba que podría encontrar las grandes respuestas, a los grandes enigmas, además de obtener —si había suerte— el autógrafo de aquellos héroes del misterio, dedicándome su último libro. Y como yo, aun hoy, quince años después, la mayoría de los jóvenes aficionados a lo paranormal, acuden a los congresos y seminarios paranormales con la ingenua creencia de que van a encontrar allí la Verdad que ansían. Como si alguien poseyese esa Verdad, y menos aún, pudiese ofrecerla en una conferencia ilustrada con diapositivas... Y todavía hoy continúan pidiendo autógrafos, como si estuviesen ante la selección española de fútbol, o ante los Rolling Stones... claro que el garabato de Butrageño o de "Morritos Jager" en una servilleta de papel, es un fetiche tan absurdo —o tan digno— como el de cualquier cazador de misterios...
       
          Pero los años pasan, y uno comienza a hacerse más crítico, al descubrir que los "casos perfectos", no lo son tanto... Que los moais de la Isla de Pascua, no son tan grandes ni tan pesados como pretendía Daniken, ni todos los marcianos son auquianos como decía Sesma... Que no todas las psicofonías son voces de los espíritus, ni todos los OVNIs son naves extraterrestres, ni todas las sectas satánicas devoran niños crudos... Y lo que es más terrible, uno termina conociendo personalmente a aquellos mitificados personajes que sólo conocía a través de las ondas de radio o las fotografías en la revista de turno... y descubre algo terrible... que son simples personas... con sus virtudes y sus miserias... con sus cualidades y sus pecados, como cualquier otra persona.
       
          Y entonces, aquel idealista y mitómano adolescente se percata de que las revistas comerciales esotéricas son eso, revistas comerciales, y como tales deben producir beneficios, o de lo contrario desaparecerán, como desaparecieron aquellas históricas Telepsiquia, Paraciencia, Espacio y Tiempo o Mundo Desconocido. Y los programas de radio deben generar beneficios (o al menos no pérdidas) a sus respectivas cadenas. Y los congresos deben generar ingresos para costear los gastos y los consabidos "cachés" de los conferenciantes... exactamente igual que en cualquier otro campo profesional.
       
          Y uno siente la tentación del desencanto. ¿No deberían ser esos legendarios investigadores del misterio, esos buscadores de la Verdad, una especie de altruistas misioneros de un sacerdocio paranormal, que trabajasen por amor al prójimo exclusivamente? Uno se responde a sí mismo al percatarse de que la comercialización del misterio es la misma, o menor aún, que la que se produce en otros campos de la cultura occidental. ¿No es la medicina la profesión más hermosa que existe en el universo? ¿Y no es cierto también que los grandes cirujanos amasan fortunas millonarias? ¿Y no es cierto acaso que un indigente enfermo de los ojos está condenado a la ceguera, por no poder costearse la operación que le repondría la vista? ¿Significa eso que la medicina es sólo cosa de quien puede pagársela? ¿Sería lícito condenar a nuestros médicos como charlatanes embaucadores por no dedicarse al oficio más trascendental del mundo de forma absolutamente gratuita? Por supuesto, la respuesta es no.
       
          En una sociedad consumista, es lógico que un profesional cobre unos honorarios por su tiempo y su trabajo. Es lógico que un médico cobre por su trabajo, como lo es que lo haga un parapsicólogo o un vidente. Pero ¿y si el médico receta fármacos por cuya venta se embolsa un porcentaje? ¿Y si el cirujano exagera su diagnóstico para poder cobrar la millonaria factura del quirófano? ¿Y si en el hospital utilizan a los pacientes para experimentar un nuevo fármaco? ¿Y si la compañía farmacéutica fomenta una determinada enfermedad para poder comercializar su vacuna?
       
          Lamentablemente lo mismo ocurre en el mundo de la política, en el mundo de la industria militar, en el mundo de las finanzas... o en el mundo esotérico.
       
          Un día, aquel joven ingenuo descubre que, algunos de sus mitos, no sólo ya no buscan la Verdad (imagino que lo hicieron algún día) con sus libros, programas o conferencias, sino que su objetivo es mucho más prosaico y cercano... pagar las facturas a fin de mes. Porque incluso los ufólogos, ocultistas y parapsicólogos más célebres consumen luz eléctrica y agua en sus casas. Y el alquiler, y la bolsa de la compra, no pueden ser objeto de trueque a cambio de una disertación sobre las Piedras de Ica o el Monstruo del Lago Ness... hasta los esoteristas más célebres deben usar el dinero. Y eso no es malo, es inevitable. Y uno conoce un día a Antonio José Alés, aquel fantástico profesional de la radio, de voz grave y tono pausado, que tantas noches de fantasía y misterio nos obsequió a todos. Y, entre copa y copa, el legendario autor de las "Alertas OVNI de la SER", le confiesa que no cree en los OVNIs, ni en el Más Allá, ni en los fantasmas... ni en nada de lo que cuenta. Y uno se contagia de aquel desencanto, porque descubre que aquellos fantásticos relatos nocturnos, que creía informes sobre auténticos casos reales, eran sólo eso, relatos fantásticos. Al menos para su autor, que se justificaba con un "a mi edad, no me voy a poner a hacer radio deportiva, y esto me da para vivir". ¿Quién puede reprochar esa actitud?
       
          Y uno termina por conocer al admirable Profesor Darbó. Aquel enigmático parapsicólogo de la eterna perilla, cuya extensa bibliografía sobre posesiones, hipnosis, parapsicología, siempre "en profundidad", había devorado en su ingenua adolescencia. Y se recuerda memorizando cuadernillo a cuadernillo, y cinta a cinta, su magno Curso de Parapsicología en el ICPHA. Y casi con idénticas palabras que el radiofónico Alés le espeta en el alma esa terrible confesión. El "Teacher" tampoco cree en las posesiones, ni en la hipnosis, ni en la parapsicología, ni en los ovnis "ni creo en nada de eso, pero a mí me da para vivir…". ¿Puede alguien cuestionar esa lícita actitud? Si un profesional trabaja por lo mismo que trabajan todos los profesionales de todos los oficios —por dinero— quien esté libre de pecado (y no acuda a su empleo por el sueldo) tire la primera piedra. Sin embargo, que sea lícito no evita que para un ingenuo adolescente, que piensa que los "grandes del misterio" se creen lo que dicen, resulte descorazonador.
       
          Pero vayamos más allá. ¿Y si el profesional no sólo hace su trabajo (divulgar un misterio) sino que, como el médico que no cura sino favorece unos síntomas, lo provoca? Me explico. A mi juicio es muy lícito que un investigador o un divulgador viva (o lo intente) de su trabajo. Pero la labor de un investigador honesto es luchar contra el misterio, es decir, resolver los misterios, no crearlos. Naturalmente es muy lícito que Alés cobrase (como cualquier otro profesional de la radio) por sus multitudinarias Alertas OVNI... pero ¿es lícito que fomentase conscientemente fraudes en el Palacio de Linares para publicar reportajes sobre el tema? (entre otros engaños paranormales; ver EL OJO CRÍTICO Nº 0). Por supuesto considero lícito que el Prof. Darbó cobre el merecido sueldo que percibe por sus libros, programas o su revista (Karma-7) pero... ¿es lícito que fomente conscientemente mitos en los que no cree, como el "pitufo" capturado en los bosques de Gerona? Yo no lo sé.
       
          Y aun voy más allá. Por supuesto es lógico que un medio de comunicación informe sobre todo tipo de investigaciones, teorías y conjeturas. Pero, ¿resulta ético que un medio especializado fomente deliberadamente un determinado estado de opinión sobre un tema, con objeto de favorecer comercialmente a terceros?
       
          Pondré un ejemplo. En los últimos 3 meses (abril, mayo y junio de 1998) una conocida revista esotérica ha dedicado 2 portadas y 3 reportajes centrales a Egipto. ¿A qué obedece ese repentino interés por cuasi-especializarse en los misterios faraónicos? ¿Acaso se ha producido algún descubrimiento trascendental en el país de las pirámides que merezca tal monopolización de contenidos en la revista de Enrique de Vicente? Al leer los artículos, todos ellos firmados por D. Manuel José Delgado, se sorprende al reconocer los mismos contenidos y fotografías que el autodefinido "piramidólogo más famoso de Europa" (sic) ya había publicado en otras revistas como MÁS ALLÁ y ENIGMAS o, según afirman algunos egiptólogos (licenciados de verdad, y no pirámidólogos de "Todo a 100") simplemente ha plagiado. (Por mi parte sugiero la lectura del artículo sobre La Gran Pirámide publicado en la Revista de Arqueología Nº 179 —marzo 1996— y superponerlo con el último artículo de Delgado en AÑO CERO antes citado). ¿Por qué entonces esa ingente dedicación de páginas a fomentar los misterios egipcios? ¿Acaso Delgado consiguió engañar al director para plagiar sus propios textos volviendo a cobrarlos (cosa que me parecería muy lícito en un investigador independiente que deba costearse sus trabajos)?. No, la respuesta, decepcionante, se encuentra en las páginas 35 del número 95, y 63 del número 94. Todo ese despliege "informativo" (yo diría desinformativo) dirigido a fomentar una imagen esotérica, misteriosa y pro-extraterrestre de Egipto es en realidad una excelente operación de marketing. Se trata de popularizar la imagen de Manuel Delgado y crear la expectativa en los lectores para fomentar deliberadamente su interés por Egipto, con objeto de vender un "viaje iniciático" a la tierra de las pirámides.
       
          Merecería todo un reportaje monográfico (ya estamos en ello) analizar los trabajos de Manuel José Delgado y sus cuestionables teorías sobre Egipto. Consumado viajero, con una dilatada experiencia en Egipto, ha sido autor de unos videos divulgativos sobre La Gran Pirámide que yo recomiendo a todos los lectores y que él mismo definía como "el mejor negocio de su carrera", como hasta hace poco recomendaba la lectura de sus trabajos, que yo he devorado con la fascinación más absoluta. Para mi traumática decepción, recientemente descubrí la descorazonadora tendencia al engaño y compulsiva fabulación (en demasiados casos falseamiento deliberado de la verdad) de su autor. Por supuesto, el acceso nocturno a la Gran Pirámide, a las supuestas galerías secretas, etc., que oferta en sus viajes, como una exclusiva fruto de sus contactos políticos, en realidad está al alcance de absolutamente cualquiera. Basta con pagar los mismos sobornos a los vigilantes o a los inspectores arqueológicos, como hacen Delgado y otros muchos organizadores de viajes similares. Nadie puede cuestionar, sin embargo, su meritoria formación autodidacta y heterodoxa sobre el Egipto faraónico, a pesar de que no nos parezca lícito que se haga pasar por egiptólogo y "Profesor de Egiptología" (hemos presenciado este tratamiento personalmente en varios viajes a Egipto en su compañía), con objeto de avalar con esa inexistente titulación, sus opiniones personales, por otro lado tan dignas o tan indignas como las de cualquier auténtico licenciado en Historia. No seré yo quien fomente la absurda mitificación de una licenciatura universitaria, como si los licenciados y hasta doctorados, no dijesen tonterías de vez en cuando. Pero tampoco considero moral, ni necesario, apropiarse de títulos inexistentes para reforzar nuestras conjeturas y teorías personales. Sobre todo si el objetivo de refrendar esas teorías es la organización de lucrativos "viajes iniciáticos", sean estos a Egipto, o a la Alpujarra granadina.
       
          Delgado ha ganado muchos millones de pesetas con sus negocios en Egipto (y no exagero en absoluto), entrando ya en el circuito de agencias y mayoristas para vender sus productos pseudo-esotéricos. ¿Resulta lícito este negocio millonario a costa del pasado? Por supuesto que sí. Al fin y al cabo el Museo de El Cairo y todo el negocio turístico de Egipto mueve sumas mayores de dinero. De hecho existen otros viajes esotéricos a Egipto, como los coordinados por Ricard Bru, Darbó, Blanco, etc. Pero hay sólo una diferencia: el móvil del viaje, en este caso puramente lucrativo y sobretodo enfocado a la mitificación y vanidad personales.
       
          Mientras un museo arqueológico, una universidad o una agencia de viajes fomenta viajes a Egipto por puro turismo o por pura formación cultural, los viajes de Delgado incluyen "experiencias iniciáticas", "activación de los chakras humanos en los chakras telúricos egipcios", "regresiones a vidas pasadas" (casualmente todos han vivido en el Egipto faraónico en otra vida), como, justo es reconocerlo, ofrecen otros viajes similares. En dos ocasiones tuve la oportunidad de presenciar algunos de esos bochornosos espectáculos que, por pudor, no detallaré. Naturalmente cada individuo es libre de vivir su fantasía personal, fabulando reencarnaciones faraónicas mientras se revuelca por la cámara del caos en la Gran Pirámide, iluminaciones místicas dentro del sarcófago de Keops, o la higiene de sus chakras en la Isla Elefantina.
       
          Pero esto nos lleva a otro factor, el de las "magias" esotéricas. Delgado sabe que con cada grupo que lleva a Egipto dispone de una serie de billetes "free", con todos los gastos pagados, que hábilmente invierte esos pasajes gratuitos en invitar a viajar gratis a los directores de revistas y programas esotéricos, que luego corresponderán a su invitación, publicando sus artículos y libros, etc. Me consta que personajes como Iker Jiménez, Lorenzo Fernández, etc., consideran a Delgado un sinvergüenza, pero el "pacto" entre "caballeros" hace que se establezca la ley de silencios. Unos viajan gratis a Egipto, y el otro proyecta su imagen y publica sus trabajos en las revistas de los primeros... ¿A quién le importa que las informaciones que se publiquen sean falsas, tendenciosas y mitificadoras? El caso es respetar el pacto y no criticar a los "investigadores famosos". Estas alianzas son mucho más frecuentes en el mundo esotérico de lo que el lector se puede imaginar...
       
          Por otro lado, y por no extenderme más, todas estas actitudes, especialmente comerciales, no hacen más que empobrecer la ya maltrecha imagen del mundo paranormal. Los Palacios de Linares, los "pitufos" de Gerona y los "viajes iniciáticos a Egipto" no son más que golosos regalos para los detractores sistemáticos de lo paranormal. Asociaciones como ARP que, al menos, sólo estafan presupuestos universitarios (eso sí, más lucrativos que cualquier congreso esotérico) haciéndose pasar por "escépticos expertos en lo paranormal" para defender el dogma pseudo-científico gracias al sensacionalismo comercial de quienes aseguran cosas como que "mi descubrimiento de la Cámara Secreta de La Gran Pirámide podrá darme el premio Nobel" (cita textual de Manuel Delgado); que "en Gerona dos matrimonios capturaron a un "pitufo" que se subía a los bafles de la radio" (sic) como dice el Prof. Darbó, etc. Pero eso no es importante. Al fin y al cabo lo peor que puede ocurrir es que tengamos que soportar las críticas (en este caso merecidas) de los negativistas profesionales, que podrán acusarnos de utilizar el misterio sólo como un lucrativo negocio.
       
          No, lo peor es que el mundo de lo paranormal, tan repleto de incógnitas y ambigüedades, es el terreno más fértil para que abonen todo tipo de psicopatías. Mitos como el de los faraones reencarnados en cada viajero a Egipto, o fantasmas del Palacio de Linares proclamando auténticos discursos interminables (dignos del Comandante Castro) en sospechosas psicofonías, encierran serios peligros. Por supuesto una mente medianamente racional no se dejará influir por esas fantasías (probablemente ni siquiera se dejará influir por la esotérica publicidad de los viajes iniciáticos a Egipto, ni por los cassettes comercializados con las psicofonías del Palacio de Linares), pero ¿y si no es una mente racional la que consume esos productos? ¿Y si se trata de un maníacodepresivo? ¿O de un místico? ¿O de un visionario similar a los adeptos a la Puerta del Cielo de California, a los Davidianos de Wacco o a los Templarios Solares de Francia?
       
          En mi humilde opinión, el investigador —y más aún, el divulgador de los fenómenos paranormales— debe ser total, completa y absolutamente impecable. Bajo ningún concepto, y por ninguna circunstancia, puede fomentar los mitos y menos aún los fraudes, amparándose en el derecho a la información. ¡Caramba!, existen tantos misterios reales, o al menos no demostradamente falsos, que no es necesario alentar más mentiras. Considero lícito —y es sólo una opinión personal, como todas las reflexiones en voz alta de este texto— la profesionalización de la divulgación de estos temas (aunque también la considero casi imposible), pero debemos ser extremadamente cautos en ese proceso.
       
          Recordemos aquel joven ingenuamente ilusionado por el mundo del misterio. Tras años de feroz lectura comenzará a hacer sus primeros pinitos en la investigación, redactando breves noticias que, tímidamente, envía a alguna revista esotérica. ¿A quién no le agrada ver reflejado su trabajo en un medio de masas? ¿Quién no siente ese cosquilleo en el ego al ver su firma y su foto ilustrando esa información, para fardar ante los amigos del barrio? A lo mejor hasta le pagan mil o dos mil duros con los que amortizar el dinero invertido en el autobús, la pensión, o los carretes de fotos y cintas que ha utilizado en su humilde investigación. Después llegarán los grandes reportajes a todo color, las entrevistas en radio y televisión, y ese apostolado ingenuo de unos misterios que aún considera de trascendental importancia para la humanidad. Más tarde dará sus primeras conferencias, donde docenas de ojos clavados en él escucharán atentos sus palabras, y tal vez otros apasionados por el misterio, más jóvenes o más ingenuos que él, también fomentarán su ego pidiéndole autógrafos o hasta hacerse una foto juntos... Y de no estar constantemente atento a sus emociones, un día descubrirá que su importancia personal ha restado relevancia a aquellas cuestiones que antes eran fundamentales; el Más Allá, el Universo, o la Mente, que le hicieron iniciarse en la investigación, y ahora han dejado paso al dinero y la fama que pueden reportarle afirmaciones (cuanto más dogmáticas y sensacionales mejor) sobre los extraterrestres, la reencarnación, o la limpieza de chakras en Egipto.
       
          Y lo más lamentable, una vez dentro de ese círculo vicioso puede ser absorbido por una hipocresía generalizada que convierte a los más famosos o veteranos divulgadores del misterio en "intocables". Al fin y al cabo, cuestionar a los directores de las revistas especializadas o de los programas esotéricos puede incluirnos en las "listas negras". Entonces ya no podremos publicar en esas revistas, no seremos invitados a esos programas ni asistiremos a esos congresos multitudinarios (como sin duda ocurrirá conmigo tras este escrito). Pero, ¿realmente merece la pena prostituir nuestra conciencia por publicar un artículo o dar una conferencia? ¿Compensa verdaderamente divulgar cosas que sabemos mentiras, sólo para eclipsar a otros investigadores y obtener más protagonismo (dímelo tú Mahou)? ¿Podemos mirar a los ojos de esos jóvenes adolescentes que creen lo que escribimos y decimos, si no lo creemos nosotros? Yo creo que no. Por eso, tras sentir la tentación de publicar estas reflexiones bajo pseudónimo, sabiendo las enemistades que me acarrearán con algunos "intocables", creo que sería como caer en lo que estoy criticando, aunque de esa forma no me vetasen en las revistas o congresos que estoy cuestionando. Mi nombre es Manuel Carballal y, por supuesto, yo también he sido tentado por la importancia personal y la comercialización del misterio. Ojalá, si algún día mi ego o mi ambición me hacen caer en esas tentaciones, algún otro joven e ingenuo investigador sea capaz de denunciar esa situación, como yo lo hago ahora, con la mejor de las intenciones. Porque no se trata sólo de un producto comercial, sino de que nuestras palabras forman la opinión y pueden condicionar las creencias de las personas que realmente creen lo que decimos. Y debemos ser muy amigos de Platón, pero deberíamos ser más amigos de la Verdad...
       
       
       
      NOTA: Este artículo se publicó originalmente en la revista EL OJO CRÍTICO, en el verano de 1997. Inmediatamente Manuel Carballal fue expulsado de todas las revistas esotéricas —a excepción de Más Allá— por haber cuestionado a los "intocables" colaboradores, directores y directores adjuntos de revistas como ENIGMAS, KARMA-7 o MÁS ALLÁ. Recientemente, con la expulsión del Prof. Darbó como director de KARMA-7, el nuevo director de dicha revista, Josep Guijarro, levantó el veto que Darbó había impuesto a Carballal, quien sigue expresamente censurado en otras revistas comerciales por su rebeldía para con el "pacto" de no cuestionar a los "investigadores" y periodistas esotéricos, famosos y "respetables".
       

       
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