"La irrealidad de una fantasía no es enteramente tan
absoluta como por lo general suponemos: si nuestra conducta, por
ejemplo, es afectada por nuestro deseo fantástico de ganar el afecto de
la persona amada, si modifica nuestra vida y tal vez afecta todo el
curso de nuestras carreras, ¿podremos decir sensatamente que fue una
causa irreal la que produjo estos efectos por demás reales? "
Hillary Evans
"A lo largo de numerosos artículos y
diversos ensayos, he venido proponiendo –ignoro con qué suerte- una
nueva óptica de abordaje respecto de las causas tras el fenómeno OVNI;
un abordaje equidistante de la interpretación materialista alienígena
como de la psicologista que entiende estos fenómenos como subproductos
alucinatorios de carencias o represiones emocionales. Una óptica que
–resumo- entiende la presencia de una inteligencia exterior y ajena al
testigo, pero que por razones que no abundaremos aquí (ya que ameritan
un estudio por sí mismas) se disfraza, dramatiza y representa una
puesta en escena de naves, astronautas, escalerillas, controles
luminosos, camillas de quirófano, botas y cinturones fosforescentes, en
fin, tuercas y tornillos. Una óptica que entiende que, sea esa
inteligencia o inteligencias sencillamente extraterrestre o
complicadamente extradimensional (cualquier cosa que fuere lo que
entendamos por este término) “construye” situaciones no “reales” en sí
mismas en el sentido de causa y efecto, sino verdaderas
teatralizaciones enteléquicas, donde el episodio tiene otras razones de
ser que aquellas que se le adjudican."
"Un automovilista avanza en
total soledad por una carretera de madrugada. Es sólo oscuridad y
silencio, paz y quietud lo que lo rodea en una noche donde, quizás, él
es el único motorista que ha pasado por allí. De pronto, de un costado
de la ruta emana un poderosísimo haz luminoso y el hombre, estupefacto,
ve de entre un bosquecillo elevarse, hasta entonces inadvertido, un
destellante OVNI multicolor que en potentísimo despliegue acelera y se
pierde en lontananza. Los ovnílogos conocemos un sinnúmero de casos de
este tenor, y estoy seguro que cada uno que esté leyendo estas líneas
no ha podido evitar el acto reflejo de asociarlo con algún episodio
específico de su conocimiento. Y todo parece tan simple: una nave
extraterrestre ha sido “casualmente” observada en su despegue por un
circunstancial viandante. Tan sencillo como eso. O no. Porque, para
molestar, se me ocurre una pregunta: ¿porqué tuvo el OVNI que despegar justo
cuando pasaba el único automovilista de esa madrugada?. De
haberlo querido, el despegar unos minutos antes o después lo hubiera
mantenido en el anonimato (lo que, por otra parte y si uno se atiene a
las periódicas “declaraciones” de estos pretendidos extraterrestres, o
la propia historicidad del fenómeno, es lo que se reivindica
permanentemente). Pero no. Es como si la inteligencia detrás del OVNI
hubiera estado esperando ese momento. Como si lo hubiera hecho con toda
intención de ser visto por ese solitario y desprevenido testigo. Pero
sólo por un testigo. O bien, también en horario fuera de lo común, dos
amas de casa de un suburbio ven descender con movimientos erráticos un
OVNI junto al cual, segundos después, se posa otro. De ambos sale un
grupo más o menos numeroso de aparentes tripulantes que se dedican,
afanosa y ostensiblemente, a “reparar” al primero de los objetos, o por
lo menos eso es lo que parece ser la naturaleza de sus actos. Manipulan
objetos con aspecto de herramientas bajo y sobre la nave, acarrean
cajas de variado tamaño de uno a otro lado, incluso, ¡oh, bizarro
anacronismo!, la rutilante luminosidad de... puntos de soldadura es
arrancada de su superficie. Hasta aquí, todo parecería absolutamente
previsible, esperable y dentro de lo atípico de la circunstancia,
“normal”. Pero sólo si no nos hacemos ciertas incómodas preguntas. Por
ejemplo: ¿Porqué siempre resulta exitosa en tiempo y forma la
reparación? (Alguien dirá que las historias de “OVNIs estrellados”
demuestran que “no siempre” terminan satisfactoriamente; pero
precisamente a eso me remito. O se estrellan, o salen airosos de la
“panne”). ¿Porqué no queda ningún resto material de semejante
bricolage?. Y, lo más importante, ¿porqué siempre la reparación termina
justo a tiempo?. A tiempo antes del inminente amanecer; a tiempo antes
que pase el primer bus de la mañana, a tiempo antes que el policía de
ronda, la patrulla de caminos o el guardia privado acierte a pasar por
el lugar. En suma, justo a tiempo antes que aparezcan otros testigos."
(...) Leer más.