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[AFR] = Revista quincenal + Lecciones de
Esoterismo Práctico + Micros de audio = Suscripción
gratuita
VIAJE MÍSTICO A PIRIÁPOLIS
(Uruguay)
con Gustavo
Fernández
Kabballah y Alquimia -
Energías telúricas
En Semana Santa
1 al 5 de abril de
2010
¿Sabía usted que esta bella ciudad
debió llamarse "Heliópolis" por ser su fundador, Francisco Piria, miembro de una
Hermandad esotérica de ese nombre (cambiando al actual por simple "marketing")?.
¿Sabía que el mismo Piria era alquimista y estudioso de la mística
trascendente?. ¿Sabía usted que se ha detectado una línea de energía telúrica
que vincula Capilla del Monte (Córdoba) con Piriápolis y que, como críptica
clave, ambas ciudades tienen el mismo patrono?. ¿Sabía usted que el plano
fundacional de Piriápolis vincula plazas con calles trazadas de forma que
reproduzcan el Árbol de la Vida kabbalístico?
Por fin se
aproxima la oportunidad de compartir con nuestro Director una experiencia
mística y espiritual maravillosa, acompañándonos a tierras Uruguayas. A
Piriápolis, donde el genio de ese millonario, alquimista y esoterista llamado
Francisco Piria dejó para las generaciones futuras un enclave diseñado para el
trabajo interior y esotérico.
En nuestros
artículos "La Perla del Feng Shui" y "Uruguay Místico", ya hemos abundado en las
característiccas del lugar, pero para plena informaciòn, repetimos el primero al
final de esta circular. Sea el momento entonces de dar paso a la descripciòn de
la actividad que compartiremos, plena de aprendizaje, crecimiento e iluminación:
En esta ocasiòn, el grupo contará con la participaciòn del geobiólogo,
esoterista y profundo conocedor de los enigmas del lugar, Carlos
Rodríguez.
Jueves 1: Recepciòn de los participantes en la Terminal
Buquebus en el puerto de Buenos Aires. Viaje en catamarán hasta la ciudad de
Colonia del Sacramento (ROU), combinaciòn en bus hasta Piriápolis. Arribo
estimado, 16 hs. Ubicación en Hostería "Miramar". Descanso y caminata relajante
por la playa.
A la noche, fogón Alquímico en el retiro "Tierra Buena".
Consagraciòn de aceites con ritual específico para protecciòn y limpieza (traer
medio litro de aceite de oliva virgen, primera prensada). Ritual alquímico del
fuego y Transmisiòn de la Luz Espiritual Alquímica.
Viernes 2: Tour "Piriápolis Místico" por la ciudad.
Realidad geomagnética. Simbología de estatuaria, principales edificios, plazas y
calles. Meditaciones Kabalísticas y Alquímicas durante el recorrido (Hotel
Argentino, Hotel Piriápolis, Cerro San Antonio, Fuente de Venus, Castillo de
Piria, Iglesia Negra).
Por la noche: 23.30 hs, Meditaciòn Alquímica "Levantando
el Velo"
Sábado 3: Caminata por Sierra de las Ánimas, y el
"Cañadón de los Espejos", baños en sus aguas de purificaciòn, meditaciones en
puntos energéticos de la misma.

Domingo 4: Desde la mañana, paseo a Punta del Este. Relevamiento
de la simbología y propiedades de la Iglesia La Candelaria y el Rosetón de la
Rosa de Los Vientos. Meditación guiada. Por la tarde, libre, para pasear y
disfrutar del lugar

Gustavo Fernández en Punta del Este. Al fondo, la
isla Gorriti

Iglesia de la Candelaria

Simbología en cada vitral, en cada baldosa...

La "Rosa de los Vientos", de extrañas propiedades sonoras y
energéticas.
Lunes 5: En la mañana, partida de regreso hacia
Colonia. Al llegar, recorrida por el hermoso y enigmático Casco Histórico. Por
la tardenoche: regreso a Buenos Aires.

Colomia. "Calle de los suspiros"

Otra vista de una calle de la Colonia
histórica

Colonia. Puente levadizo y portal de entrada del
fuerte primigenio

Vista de la Plaza de Armas de Colonia
Incluye:
- Traslado Buenos Aires -
Colonia (Buquebus) - Piriápolis (en bus). Regreso Piriápolis - Colonia - Buenos
Aires. - Alojamiento en
Hostería "Miramar" (frente a la misma rambla), 4 noches (base habitaciones
dobles o triples), con desayuno incluido, un almuerzo y cuatro cenas. (Cena
día jueves, almuerzo y cena día viernes, cena día sábado, cena día
domingo)
- Traslados dentro de la ciudad
y a puntos de actividad aledaños, transporte Piriápolis - Punta del Este -
Piriápolis. Transfer terminal - hotel- terminal a la llegada y la
partida
- Toda la actividad profesional
(tour místico, meditaciones, fogón alquímico, actividad en la sierra).Vianda
personal el día sábado al mediodía.
No incluye:
- Vianda opcional para el jueves y lunes al mediodía, gastos
personales el día en Punta del Este.
Único arancel:
Para Argentina: $ 2.250 (dos
mil doscientos cincuenta pesos)
Resto del Mundo; u$s 595 (quinientos
noventa y cinco dólares americanos)
Pagaderos por:
Para Argentina:
Banco Nación Argentina
Caja de Ahorro nº 2650-3907270516
Sr Alberto Enrique Marzo
Para eBanking:
CBU: 01103906 -
30039072705165 CUIL: 20-21512438/0
Pagos desde el exterior por Western Union
a:
María. Lourdes Piñeiro
C-I. 3.387.385-2
Avda. Piria 824, local 004
Piriápolis
Uruguay
(enviar número ded transferencia, localidad y nombre
co0mpleto del remitente, datos sin los cuales es imposible el cobro, a umbralesturismo@gmail.com )
Amigos y
amigas de Uruguay que deseen sumarse
Como es obvio, en estas
actividades suelen incorporarse lectores y lectoras de "Al Filo de la Realidad"
residentres en las bellas tierras uruguayas. Para ello, el esquema de trabajo es
sencillo. Deberán dirigirse por sus medios a Piriápolis, donde en la tarde del
jueves se sumarán a nuestro grupo, y compartirán todas las actividades hasta el
lunes por la mañana.
Contactar a: María Lourdes
Piñeiro
Teléfono 043-81822
Para los mismos, el costo de
participaciòn, con todo lo detallado incluido, es de $ 8.950 (ocho mil
novecierntos cincuenta pesos uruguayos)
PARA TODOS LOS CASOS, LA
FECHA MAXIMA DE RESERVA ES EL LUNES 1 DE MARZO DE 2010.
Reserva su plaza
abonando el 50 % del total. Saldo, al momento de la
partida.
Si quieren escuchar a Carlos Rodríguez, ver http://www.youtube.com/watch?v=AJHu0h5H80Q
Y si quieren intuir los misterios que se esconden en Uruguay,
recomendamos http://www.youtube.com/watch?v=a5SuDp2ZNwk&feature=related (esta
es una joyita hecha por nuestro entrañable amigo Jorge
Guaraglia, véanlo y escúchenlo)
LA PERLA DEL FENG SHUI
“En Piriápolis hay más fantasmas que
gente.”
Yolanda Roig, “Solsticio de Verano”
(Novela).
Donde el
cerro se precipita sobre la mar, ora bravía, ora mansa y serena, dicen los
pescadores que desde lejos se ven extrañas “luces” bailoteando. Para ellos son,
simplemente duendes. Es el cerro San Antonio, así llamado en honor al patrono de
la ciudad de Piriápolis. Enterarme y tener otro sobresalto de agradable
sorpresa causal (otro más) fue sólo uno. No por los duendes, no. Porque allí, de
pie en uno de los enclaves energéticos más importantes (y menos conocido como
tal) del planeta, mientras con inagotable excitación intelectual trataba de
enfocarme en el enigma simbólico que tenía frente a mis ojos, algo asomaba en mi
memoria: San Antonio, patrono aquí, patrono también de otro centro neurálgico de
energías, éste más marketineado: Capilla del Monte, a la
sombra el imponente Uritorco.
¿Habría una línea de fuerza telúrica corriendo
bajo mis pies desde Capilla del Monte hasta Piriápolis? ¿Era casualidad que este
redescubrimiento metafórico del bellísimo balneario uruguayo fuese para mí,
recién llegado directamente desde el pueblo cordobés? Eran preguntas que debería
archivar por ahora: las sorpresas místicas se sucedían frente a mis ojos sin
darme casi respiro, como una película a alta velocidad.
Esta imagen
frente a mí, por ejemplo. Astutamente, Jorge Guaraglia, casi mi cicerone,
me había llevado aproximándome por detrás. “Jesucristo, claro”, pensé.
Espaldas anchas, muy masculinas, casi un cliché de la advocación del Jesús de la
Misericordia. Pero, a medida que contorneaba la estatua el hombre se
metamorfoseaba en mujer. La Virgen Stella Maris, inusitadamente embarazada,
sonreía enigmáticamente al horizonte.
El
hermafrodita. Un hombre-mujer, además encinta. O... encinto. Una perfecta
parábola alquímica. Ahora era el viejo Piria al que no podía apartar de mis
pensamientos.

Tan vox populi era la pasión de don Francisco Piria por lo
esotérico,
que así lo satirizaba una publicación de la
época
El fundador
hermético
La vida de Francisco Piria tuvo grandes vacíos
afectivos. Su madre enviudó cuando él tenía cinco años y frente a la
imposibilidad de su manutención lo envió, junto a su hermano mayor en dos años,
rumbo a Italia, a fin de que un tío jesuita se hiciera cargo de su
educación.
Cualquier madre o padre no dejará de sentir una
solidaria compasión ante la imagen de dos pequeños, de cinco y siete años,
haciendo solos una larga travesía por mar. Lo cierto es que ésa fue la primera
de una cadena de experiencias que el joven Francisco iría atravesando para
templanza de su espíritu. Si dudamos de la filiación esotérica de los jesuitas,
los propios relatos de un Piria adulto las despejarán. Así, fue introducido en
las artes alquímicas y en el conocimiento de los Principios
Fundamentales.
Vuelto a Uruguay con sólo catorce años, se lanza
audazmente al mundo del comercio con éxito arrollador. Se convertirá con los
años en propietario de una de las fortunas más importantes de América. Inmensas
extensiones de tierras en Argentina y Uruguay, fábricas, centenares de
propiedades, minas, canteras, buques, hacen de él un Midas sudamericano. De él
la historia registra la paternidad edilicia de... sesenta barrios de la
capital uruguaya, Montevideo.
Y es en 1897 cuando acomete la faraónica
edificación de su sueño, Piriápolis. Que originalmente debería haberse llamado
Heliópolis (como justo reconocimiento a la orden esotérica a la que pertenecía:
“Los Caballeros de Heliópolis” o la “Hermandad de Heliópolis”) hasta que la necesidad de ciertos
compromisos comerciales y promocionales le llevaron a modificarlo para su propia
inmortalización. La elección del lugar, en tanto, tampoco era casual. Cuando
conversábamos amenamente con Carlos Rodríguez, insustituible referente
hermético de la ciudad, consumado geobiólogo y sobre el cual regresaremos, él
mismo nos ilustraba sobre la riqueza y complejidad de las energías telúricas del
lugar, la vitalidad que la Red Hartmann alcanza en este punto y refiere la
anécdota cuando un grupo de estudiosos de la Escuela Talleres de Feng Shui Clásico,
Geomántica, etc. (Uruguay), de visita en el balneario, luego de
explorar y evaluar la región la denominaron como “la perla del Feng
Shui”.

La “rambla”
de
Piriápolis
Piriápolis,
desde uno de los
cerros
El umbral del
hombre
Así denomina a Piriápolis Carlos Rodríguez (www.sierradelasanimas.com/heliopolis.htm)
quien en un escrito dice:
“El lugar elegido por Piria
seguramente lo cautivó por su belleza natural, con sus cerros rindiéndose ante
el mar, pero sin duda no fue éste el determinante que lo llevó a construir
precisamente aquí. Hay un ingrediente extra a tanta belleza, es la conjunción de
fuertes puntos de energía que no pasaron inadvertidos para el
fundador.”
“No es novedad que en el
planeta existen ciertos lugares que desde tiempos remotos llevaron a antiguas
civilizaciones a construir sus templos y monumentos religiosos en puntos que
potenciaban su poder por la energía que allí se concentraba. En Piriápolis
existen innumerables puntos de alta concentración energética, pero lo más
sorprendente es que en cada lugar de fuerza Piria dejó un monumento, una
construcción o un símbolo. ¿Por qué? O… ¿para qué?.”
“En realidad, cada
monumento y construcción es un símbolo en sí mismo. Existe una conexión entre
cada uno de ellos y todos representan una etapa en lo que constituye un camino
iniciático. Es asombroso descubrir en sus obras la obsesión por dejar plasmados
sus conocimientos de Qabbalah y Alquimia, diseñando una catedral a cielo abierto
en un paseo, senderos y luminarias en un salón plagado de simbología y colores
alquímicos, una iglesia que nunca fue, un castillo entre las sierras de cuya
arquitectura se desprende un sinfín de mensajes. En el trazado original de la
ciudad, cada manzana fue diseñada para que sus calles formaran un Árbol de la
Vida. Sus monumentos representan en su conjunto el tránsito a la Era de Acuario.
Sus obras arquitectónicas son templos en sí mismas. Tal vez la más impresionante
sea la del Argentino Hotel, símbolo viviente del misticismo que encarna la
ciudad donde a cada paso se encuentra un misterio por descubrir, un velo por
levantar”.
Carlos Rodríguez (de frente) conversando con nuestro
Director
Un país
ocultista
Que quede en claro de una vez: de lo que estoy
hablando es de la ineluctable sorpresa de descubrir que Uruguay es un país
ocultista, con misticismo cuidadosamente diseñado a cada paso. Esto llevará
varios artículos, pero quiero obligar al lector a ponerse en mi piel para
comprender qué significa hallar eso mientras se acumula vertiginosamente
anécdotas, historias, lugares, reflexiones... Valga la oportunidad, entonces,
para reiterar el agradecimiento a todos los hermanos y hermanas uruguayos, pero
muy especialmente a Mariela Dos
Santos y Jorge Guaraglia; en
efecto, por ser ellos quienes con paciencia benedictina tuvieron que acompañar
(y soportar) todas mis sobresaltadas euforias de deslucido descubridor: un
rugido intempestivo en la quietud de la iglesia de La Candelaria al tropezar con
el mágico ángulo de 52º, ¿recuerdan? (ver “En busca de portales dimensionales:
explorando las grietas de la geometría Sagrada”, en AFR Nº 110) o mi inveterada
costumbre de gritar “¡Pará!”, abrir
la puerta del automóvil y echar pie, todo en una, cuando algo reclamaba mi
atención mientras el conductor (Jorgito, claro) trataba de frenar el vehículo
antes de una catástrofe. Ellos, en confidencia, me señalaron otras malas
costumbres mías, como cierta manía compulsiva de andar arrastrándome por los
suelos o trepándome a ciertos inverosímiles lugares para obtener una buena toma
fotográfica. Pero vale la pena. Así que sirva esta digresión de honorable
reconocimiento a estos dos amigos.
Los
hitos
Argentino Hotel: desde el número de escalinatas y niveles hasta los vitrales
del interior, todo tiene una simbología numérica. Sus rampantes, zoológicas
alegorías (obsérvese el aspecto de la cola del “león alado”, remitiendo al
símbolo de infinito), el “bagua”
octaédrico de la base de las luminarias, columnas octogonales, colores de la
Gran Obra alquímica...

Obsérvense las columnas
octogonales

Frente del Argentino Hotel

León alado, ¿metáfora de la Esfinge?. Obsérvese la
cola...

El impresionante vitral de su “hall” central

Las bases octogonales de las luminarias
Hotel Piriápolis:
frente al anterior, sus aceras están hechas a modo de azulejos y mosaicos
mozárabes, pero con incrustaciones de piedras de colores. La Clave de Sol, la
cruz de Ocho Beatitudes, Rosas, el absoluto simbolismo hermético y rosacruz por
todas partes.

El hotel Piriápolis

Acera del Hotel Piriápolis: Clave de Sol

Acera del Hotel Piriápolis: nuestro Director y la Cruz de Ocho
Beatitudes

Otras Claves
y Cruces Templarias

Acera del Hotel Piriápolis: las Rosas
La Fuente de Venus:
simbología astrológica y hermética la jalonan, en lo que se aprecia en el
conjunto como aquella “catedral a cielo abierto” de la que hablara
Rodríguez.
La Fuente de Venus
Cerro El Toro: camino
a la cumbre, las estatuas de un Toro, un Águila, un León y una Venus..., ¿no les
recuerda a la visión de Juan el Evangelista?
El Castillo de Piria:
Deslumbrante. Inagotable. Mágico hasta cortar la respiración. En sus sótanos
inexplorados se rumorea que Piria tenía su laboratorio espagírico. Desde los
mosaicos del piso (con ocho
pétalos), la gran chimenea hogar orlada de signos zodiacales, los antiguos
óleos donde íconos católicos son heréticamente cargados de simbología pagana;
¡observen este lienzo, donde un San Francisco de Asís se inclina ante un ciervo
—daimon de la diosa Palas Atenea— con
una luminosa cruz sobre su testa! El santo lleva un hacha a sus espaldas
(dispuesto a talar un árbol, es decir, agredir a la Naturaleza) y sus dos fieles
compañeros caninos esperan entre temerosos y sorprendidos, rabo entre las patas,
en lugar de atacar al animal. La simbología es clara. Lo eclesiástico y los
canes, domini canes (“dominicanos”, los “Perros del Señor”) ceden ante las
deidades paganas, las fuerzas vitales de la Naturaleza.
La excepcional acústica de ciertos, sólo ciertos rincones (atención: otro increíble, místico pero
perfecta y empíricamente comprobable fenómeno de acústica casi por
fuera de las leyes físicas ya lo había comprobado un día antes en Punta
del Este, sobre lo que volveré más adelante)... La construcción le demanda
exactamente siete años, y en ese período la habita exactamente trescientos
sesenta días.

El castillo de Piria

El cuadro de referencia

La chimenea hogar del castillo

El embaldosado del piso del
castillo
La Virgen de los
Pescadores: la Stella Maris de infusa sexualidad, ya descripta al comienzo
de este trabajo.

La imagen por detrás...

...Y la imagen por delante.
Las leyendas
Hablamos de duendes y luces. A veces, de
designios oscuros. Darwin, nada menos, en su paso por el lugar escribió:
“aquél cerro que emergía del mar, durante la noche emitía sombras luminosas
que se comunicaban con otras similares en los demás cerros de la cadena que
bordea la costa”. Muchas veces los “duendes” han llevado sus bromas
demasiado lejos, siendo muchas las historias de quienes bañándose no lejos de la
orilla han sido arrastrados hasta el fondo por una fuerza superior, encontrando
la muerte en apenas un metro de agua. ¿Y aquél caso del yate extranjero,
vernáculo Mary Celeste, que encontrándose muy cerca de la costa fue
envuelto por un banco de niebla muy espeso, regresando a la orilla sin uno solo
de sus tripulantes, de los cuales jamás se volvió a tener noticias?
O el cerro en donde todos los solsticios de
verano se declaran incendios “accidentales” que dejan “espontáneamente” de
suceder en el equinoccio de otoño. Es el que presenta una profunda grieta en
forma de “V” en su cima por donde ese día, y sólo ese día, aparece el Sol.
La iglesia
inconclusa
Dejé para el final de este artículo este ítem,
por acompañar una vivencia muy personal. Los atractivos esotéricos de Piriápolis
no culminan aquí (para quienes gusten llegarse, frecuentemente se organizan
“tours místicos” y, una vez al año, el “mes místico” del que participan todas
las fuerzas vivas de la ciudad). Pero voy a referirme a lo que he
experimentado.
¿Aclaración necesaria? No soy un dechado de
clarividencia, no canalizo antes del desayuno y si el biólogo Alwin Lawson
llegara a tener razón y las experiencias de abducción son sólo recuerdos
perinatales, padeceré la orfandad de suponerme parido por un repollo, porque no
jalonan mis noches experiencias trascendentes con seres incorpóreos. Sí son por
mis lectores históricos conocidas unas cuantas experiencias insólitas, alguna
aterradora, pero sospecho que me han ocurrido más que gracias a mi capacidad de
sintonización, a pesar de ella. Es decir que no ando por la vida
sintiendo presencias, visualizando energías, convocando espíritus. Algunos me
señalan como demasiado pensante; yo disfruto la pedantería de dar por
sentado un ecuánime maridaje de espiritualidad y racionalidad.
De modo que cuando Carlos y Jorge me hablaron
de “la iglesia que no fue” y de las leyendas que se tejían a su alrededor, eso y
decidir visitarla fue una sola cosa. Allá fuimos. Mariela, sensible ella, fue
constreñida a quedarse en el auto. Jorge, mirándome de reojo, musitó algo como
“ni loco entro”. Carlos fue más expeditivo: pasó raudamente en su
automóvil, saludó con la mano y se perdió en lontananza.
¿Adivinen quién entró? Acertaron. Un
servidor.
La escena era digna de Brian De Palma. Nubes
espesas, oscuras, cubrían el cielo. Sólo dos perrazos aparecieron de la nada y
me ladraron agresivamente desde una distancia cada vez más breve para mi gusto.
Miré la gótica escena (“neogótica” tendría que decir, que tal es el estilo de la
pseudo iglesia con mucho de “románica” pero nada de “romántica”) y, casi por
reflejo, también mi infaltable brújula. La primera gran extrañeza: la iglesia
está orientada al oeste, en lugar de al este. Recordé el comentario sobre la
negativa de los eclesiásticos a aceptarla pese a que Piria corría con todos los
gastos, y me pregunté si la razón no sería esta orientación. Pero
instantáneamente me di cuenta que era una suposición tonta: los constructores
debían saber desde el vamos cómo debe orientarse un templo católico. Debía haber
otra razón.
Frente de
la iglesia inconclusa
La nave
central
Comencé a desplazarme hacia la izquierda de la
construcción buscando una forma de ingresar y alejarme de los perros. Esta vez,
mi zurdez me jugó una mala pasada: si hubiera ido hacia la derecha habría
hallado un gran portón abierto. Pero ya aclaré que la clarividencia no es lo
mío.
Una ventana, y allí estaba yo trepando y rogando que los mohosos ladrillos no
cedieran bajo mi peso. Un salto, y ya estaba dentro. Unos pasos, y me hallaba en
la desolada nave central.
Allí encontré el portón abierto y la segunda
extrañeza. Los perros, instantes antes tan interesados en probar sus caninos en
mis huesos, seguían ladrándome furiosos pero sin ingresar al templo,
manteniéndose frente al portón abierto. Miré entonces hacia donde debería
haberse hallado el altar, tomé unas fotos y fue entonces cuando sentí primero y
creí entrever después esa sombra espesa deslizándose sobre el muro del fondo.
Unas fuertes —aunque no incontenibles— ganas de vomitar me ganaron. Hice casi
por instinto los mudras del Pequeño Sellado de protección y cuando volví
a enfocar la vista en el muro la sombra ya no estaba, pero la ominosa sensación
de ser observado, sí.
Ya se sabe la visceral reacción de los porteños
frente al peligro: giramos sobre nuestros talones y a paso lento, como quien no
quiere la cosa y disimulando, nos vamos silbando “La Puñalada” (una versión
en audio de esta milonga en la sección Audio). Al salir,
claro, los cancerberos me estaban esperando. Ahí quedó demostrado lo peligrosas
que son mis piernas. No saben como corro.
Llegué al automóvil aún con ganas de vomitar
que, sin embargo, se disiparon poco a poco. ¿Miedo? No, “opresión” sería más
bien la palabra. Y fue en ese momento que Jorge, alias
“quien-avisa-no-es-traidor”, me señaló un detalle sugestivo: todos los
alrededores de la iglesia inconclusa están deshabitados, pese a estar en un
bello lugar. Sólo una edificación fue construida en un terreno lindante: una
casa mortuoria. Y aún recuerdo las palabras de mi amigo: “cuando de un
lugar se va la Luz, entra la Oscuridad”.
¿Qué hay allí? No lo sé (pero pienso
averiguarlo). ¿Para qué la construyó Piria? Tampoco nadie lo sabe.
Y me alejé de Piriápolis, mirando el paisaje
por la ventanilla. Y recordando la primera imagen grabada en mi retina cuando,
unos kilómetros antes de llegar, observando la ciudad balnearia recostada en las
estribaciones entre la sierra y el mar, había expresado que “se sentía un
Feng Shui perfecto”. No podía ser de otra manera.
Heliópolis es desde siempre un grupo muy discreto y universal de
alquimistas. Entre sus filas han pasado la mayoría de los maestros alquimistas
medievales, tanto laicos como religiosos. Durante el siglo XX han alternado en
esta fraternidad figuras de la estatura de Champegne, Swaller, Dujols,
Fulcanelli, Eugene Canseillet y don Francisco Piria. Este último viajaba todos
los años puntualmente a las reuniones de la hermandad en el viejo continente. De
la misma forma que Fulcanelli dedicó sus libros a “los hermanos de Heliópolis”,
Piria dio originalmente el nombre de Heliópolis a su obra mayor, una ciudad
especialmente trazada para el encauce de energías
cósmico-telúricas.
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