Lección de Esoterismo
Práctico Nº 24
EL ANILLO
MANÁSICO
Y EL CONOCIMIENTO
AKHÁSICO
Más allá de
la rima del título (que en honor a la verdad juro no haberme propuesto),
posiblemente muchos lectores alguna vez se habrán preguntado el porqué de la
recurrente mención de la estrella Alción (o Alcione) en el material ovnilógico,
especialmente en el de neto corte contactista. Además de vincularse a las
afirmaciones de ser éste el punto de origen de alguna de las Inteligencias que
nos visitan, he aquí una especulación que podría interesarles.
En su libro
“El día más joven”, Paúl Otto Hesse
(creo que con ningún parentesco con Herman Hesse) afirma que la estrella
Alcione se encuentra rodeada por un anillo de tipo “saturnino”, de varios
cientos de años luz de extensión y “manásico” (palabra vinculada a la expresión
“manas” y que define en muchos pueblos, extrañamente de manera común, a una
especie de “energía” vital inmanente a la Naturaleza —digresión, el “maná”
hebreo, ¿se referiría a algún tipo de “sustentación biológica energética” más
que a alimento oral?—) formado por radiaciones de un tipo muy particular, efecto
de la rotura, división o descomposición de los electrones, razón por la cual esa
energía viaja por el espacio a una velocidad mucho mayor a la de los electrones
normales, produciendo una excitación molecular y atómica que modifica la materia
que encuentra en su camino. A partir de una fecha imprecisa pero inmediata,
según el autor, nuestro Sistema solar, en su deambular por el cosmos, ingresaría
en el disco manásico de Alcione, lo que dispararía cambios trascendentales en la
especie humana. Algunos de esos cambios estarían vinculados con el despertar de
sentidos extrasensoriales y un conocimiento omnímodo de toda la Realidad.
Estas
referencias carecerían de importancia más allá de lo bibliográfico si no fuera
que es imposible dejar de pensar en las reiteradas referencias que en toda la
Gran Pirámide de Keops encontramos con respecto a Alcione. Ya Piazza Smith había
señalado que trazando una perpendicular al pasillo descendente (el mismo que
apunta a la Estrella Polar) la misma señala a Alcione, en la constelación de Las
Pléyades. ¿Por qué sus antiguos constructores la señalaron con tanta firmeza?
¿Conocían el “disco manásico?” ¿Y por qué estas referencias se encuentran
vinculadas al número siete?
En
reiteradas lecturas espirituales a través de todo el mundo (yo tuve la
oportunidad de asistir a una de ellas en 1978) se viene afirmando que nuestro
sistema solar orbita en la séptima órbita alrededor de Alcione. Otra vez el
siete. El mismo número tan presente en la naturaleza, la humana y las demás. Una
vez más veo aquí las correspondencias de la parte del Todo con ese Todo, al
obligarnos nuestro posicionamiento a vibrar tan extrañamente con ese número (¿es
necesario recordarlo?: siete notas musicales, siete colores en el espectro,
“involuntariamente” elegimos siete maravillas del mundo —y no seis, o doce— cada
siete meses se renueva celularmente el organismo y así en número
incalculable).
Y otra vez,
también, Las Pléyades. Más allá de Billy Meier y otros contactados, el astrónomo
José Comas Solá advirtió que las seis más visibles —siete con la propia Alcione—
forman realmente un sistema físico: es decir, no se trata de una agrupación
imaginaria de puntos luminosos sin otra relación que la fantasía visual entre
sí, sino que obedecen a un centro gravitatorio, girando como hacen nuestros
planetas alrededor del Sol. En realidad, Alcione sería ese centro. Y Hesse
apunta que nuestro propio Sol, entonces, estaría en la séptima órbita, y aquí el
número siete vuelve a adquirir significativa relevancia.
No vamos a
discutir aquí la existencia del “anillo manásico”. O sí. Porque lo que queremos
es presentar un esbozo de respuesta a una pregunta que suelen hacerse algunos
estudiosos de estas disciplinas espirituales. Y tiene que ver con la rima del
título.
Por
“Registros Akhásicos”, entendemos un “plano”, “dimensión” o “esfera” —empleen el
término que ustedes deseen— donde los conocimientos del Todo, del Tiempo y el
Universo, del Ayer, el Hoy y el Mañana, están de alguna manera ya presentes,
accesibles a quienes desarrollan las vías metafísicas de acceso a esa
información, donde el Karma propio y ajeno, universal y mundano, queda
inscripto. Una especie de Gran Banco de Datos Universal, una Universal Wide
Web atemporal y espiritual.
Pero lo que
proponemos con el sólo motivo de especulación intelectual, es suponer que
Alcione no tiene un anillo manásico del cual carezcan otras estrellas, sino tan
sólo es ése especial por circunstancias que serán motivo de otro artículo. Pero
que es entonces posible suponer que cada estrella, también nuestro Sol, tienen
su propio anillo manásico, el reservorio de información de las culturas, razas y
existencias de su zona de influencia. Así que lo que a continuación nos
preguntaremos es si existe alguna evidencia de que el Sol, o nuestro sistema
solar, tengan ese particular “plano vibratorio” al margen de los conocimientos
de la ciencia ortodoxa. Y, para ello, apelo a la paciencia del lector: vamos a
desempolvar algún material de mi amarillenta biblioteca de papel.
Un
artículo injustamente olvidado
Este trabajo que reproduzco a
continuación —y que sugiero leer con atención— nos revela no sólo pistas para
abonar esta teoría; también, nos habla de un “complot del silencio” destinado a
privarnos de información que, por los infinitos horizontes que abre al
conocimiento, y pese a no haber sido desmentido nunca por investigaciones
ulteriores hasta donde tenemos noticias, nos dice de cómo desde la misma ciencia
se acalla las voces de sus propios miembros que pudieran atentar contra el
“establishment” de lo establecido:
Revelaciones de científicos
europeos
Nota del Centro Internacional de Psicobiofísica de
Bérgamo (Italia), publicada originalmente en la Revista Centro Ricerche
Biopsichiche de Padova, mayo de 1966.
Se ha realizado en Campidoglio el anunciado
congreso científico por la antigua y gloriosa Academia Teatina, que preside el
Ingeniero Angelo De Luca, y que integran los más eminentes científicos
europeos, tales como el premio Nobel Louis Brolie; el profesor M. Tedeschini;
el profesor E. Medi, presidente del EURATOM; el profesor Polvani, ex
presidente del Consejo Nacional de Investigaciones; el profesor Augel, de la
Sorbona, director de investigaciones espaciales europeas; el profesor Courier,
de la Academia de Ciencias de París; el profesor Pende; Frigoni; Bompiani;
Cinquini; Ottaviani; Dúchense, de Lieja; Yoffe, de Cambridge; Siegmund, de
Bonn; etc.
El congreso ha tratado y puesto en evidencia
los trabajos de un “equipo” de científicos italianos que ha descubierto la
identidad fluido-dinámica de la estructura de la energía radiante, de la
materia y del espacio que la circunda, alcanzando a demostrar que la velocidad
de la luz es relativa.
Entre los científicos ha sido mencionado
Marco Tedeschini, profesor universitario de mecánica racional y electrónica,
ex colaborador de Marconi y Levi-Civita, y conocido en todo el mundo por su
famosa “Teoría de las apariencias”, de cuyos principios ha sido posible
realizar muchas aplicaciones prácticas, ya sea en el campo de la física como
en el de la neurología, el cual ha demostrado con una serie de pruebas sobre
las transmisiones ópticas que el espacio se comporta como un fluido que tiene
una densidad 100 cuatrillones de veces inferior a la del agua, cuyos vórtices
forman los sistemas atómicos y astronómicos de la materia con sus campos de
fuerza atractivas, y cuyas oscilaciones constituyen, según sus frecuencias,
las diferentes calidades de energía ondulatoria.
De
tales experimentos ha resultado también que La Tierra transporta consigo, en
su movimiento de revolución anual, el propio ambiente circundante de espacio
fluido, así como transporta consigo su cubierta atmosférica. Nuestro globo y
la esfera planetaria de espacio fluido que lo circunda, son a su vez
sumergidos en el vórtice solar, en una corriente fluida que tiene una
velocidad de 60 kilómetros por segundo.
El campo rodante
fluido solar y aquél planetario terrestre se mueven cada uno subdivididos,
como una cebolla, en estratos esféricos concéntricos de espacio fluido que
tiene espesor constante y velocidad de rotación inversamente proporcional a la
raíz cuadrada de su radio.
De los
experimentos citados ha sido posible advertir y medir, ya sea la corriente
fluida que tiene una velocidad de 9.335 Km/seg., y circula en torno a nuestro
planeta en el sentido de su rotación diurna y que produce con su empuje
centrípeto sobre los cuerpos en ella sumergidos, la aceleración de caída sobre
nuestro globo; ya sea la corriente solar, que tiene una velocidad de 60
Km/seg., que arrastra a La Tierra y a su esfera planetaria en su solidario
movimiento de revoluciones y que provoca la gravedad que las tiene ligadas al
Sol.
La importancia de la confirmación
experimental de la existencia de un fluido universal y de sus movimientos de
rotación y revolución astronómicas arriba citados, consiste en el hecho de que
tales movimientos explican la desviación angular que sufren los rayos que les
proviene de las estrellas, o sea la aberración descubierta por Bradley en
1727, y también el éxito del experimento Michelson efectuado en 1887, en
perfecta armonía con la relatividad clásica de Galileo, a la cual es
indispensable por consiguiente volver, abandonando todas las
seudo-relatividades en contraste con la geometría euclídea, las cuales fueron
toleradas por medio siglo solamente, porque no parecía posible conciliar de
otra manera los dos fenómenos ópticos indicados.
También el profesor Renato De Luca,
presidente del Comitato Italiano Richerche Matematiche, procediendo por otro
camino, ha llegado a las mismas conclusiones. En efecto, descubrió un nuevo y
más exacto binomio de dilatación térmica, que introducido en la ecuación de la
termodinámica le rinde útiles resultados al cálculo preciso de los
prolongamientos térmicos de los cuerpos, del calor específico, de los valores
de la energía cinética de los gases, y de la temperatura de los astros. Pero
lo que más importa es que la ecuación de Planck que expresa la energía en
función de las temperaturas y que exige el repudio de la cinemática clásica,
está sustituída por otra que responde en pleno a tal cinemática.
En fin, los profesores E. Borgognone y D.
Mattiotto, han demostrado que también las perturbaciones electromagnéticas
tienen velocidad relativa, como resulta de los experimentos cumplidos de estos
dos físicos con electrones lanzados en tubos catódicos circundados de
oportunos campos magnéticos.
Los trabajos mencionados son de excepcional
valor científico en cuanto demuestran que: la aberración de la luz; los
resultados de los experimentos de Michelson, Morley, Picard, Sthäel, Miller;
el alejamiento de los rayos estelares pasados al costado del Sol; el
alejamiento del perihelio de Mercurio; los efectos Doppler, Fizeau, Kauffmann,
Mossbauer; la energía liberada de las bombas atómicas; la variación de la
energía por saltos en el pasaje de un electrón de un estrato a otro del campo
atómico (nota del autor: el “spin”) la conciliación entre las leyes de la
mecánica y del electromagnetismo son explicables con la cinemática clásica
solamente, considerando la existencia del fluido universal
hace poco hallado experimentalmente.
En el universo se verifica entonces solamente
la relatividad de Galileo. Pero esta certeza es la de la existencia de un
fluido universal, sustrato de cada materia y energía, como ha demostrado
Tedeschini en sus obras “La teoría de las apariencias”, “La Psicobiofísica”,
“La llave del Universo”, “La unificación de la materia y de sus campos de
fuerzas”, “Experimentos decisivos por la física moderna” (publicadas por el
Centro de Psicobiofísica de Bérgamo, vía Fra Damiano 20), nos permite
volver a las claras y seguras fuentes de la cinemática clásica, de resolver
toda la antítesis de la física teorética y de alcanzar con la fluidodinámica
aquella ciencia cósmica unitaria que desde siglos está en la aspiración
humana, y que comprende no sólo los fenómenos físicos, sino también los
biológicos y psíquicos, trinidad de realidad que se manifiesta en el
Universo.
En consecuencia, de lo que antecede, el
congreso que se desarrolló en Campodoglio ha fundado un Centro Studi
Pacinotti, institución que tiene los fines de formular cátedras universitarias
de Psicobiofísica en Italia y en el extranjero, para que tal ciencia unitaria,
madre de todas las otras, sea enseñada, desarrollada por todas partes con la
rapidez que reclaman los tiempos, y sean tratadas en sus principios, nuevos
conocimientos e invenciones para el ulterior progreso de todas las ramas del
saber y para el bienestar material y espiritual de cada uno y de la
humanidad.
De este artículo podemos
extraer algunas reflexiones:
-
Recordar, por
ejemplo, que Hippolite León Denizard Rivail, más conocido por su seudónimo
de “Allan Kardec”, codificador del Espiritismo, en su libro “Génesis,
Milagros y Predicciones”, en el capítulo XIV, artículo “Los Fluidos”, ya
había anticipado casi en las mismas palabras la existencia de estos campos
fluídicos revelados por las entidades con él comunicantes. Lejos está de mi
intención propugnar con esta observación una defensa de esta filosofía o
religión (como se la quiera conceptualizar) sino señalar, con esta
coincidencia, la accesibilidad por medios espirituales (a fin de cuentas,
aún podemos discutir con “quién” o “qué” comunicaba Kardec) a este
conocimiento y la ratificación que la metodología científica aporta a lo
que, si leen especialmente las líneas destacadas, bien podríamos llamar el
“anillo manásico” de nuestro Sistema Solar.
-
Retrotraernos a la Ley de correspondencia (“la parte de todo
está en el Todo”) y señalar que el comportamiento del “aura” (porción del
campo bioplasmático que sobresale del cuerpo físico) con su característica
rotación es, en lo microcósmico, apenas un reflejo de la “corriente de
fluido” macrocósmica que arrastra a la Tierra.
-
Pero lo que considero más importante es ese párrafo que
destaqué y que nuevamente reproduzco:
“De tales experimentos ha resultado también que la Tierra transporta
consigo, en su movimiento de revolución anual, el propio ambiente
circundante de espacio fluido, así como transporta consigo su cubierta
atmosférica.” Porque de lo que nos está hablando aquí el autor, es de la
certeza, por lo menos para esos científicos, de que nuestra Tierra, y el
sistema Solar todo, posee una especie de “campo etéreo” que le es propio, y
que pondría en evidencia que dicha situación, de repetirse en Alcione, no
sería un extraño caso particular, sino simplemente otra circunstancia de
similar tenor, aunque tal vez de características
especiales.
La
hipótesis del banco de imágenes
Quizás emparentada con la propuesta
jungiana del “Inconsciente Colectivo”, la idea de los Registros Akhásicos se
asimila a la suposición de un banco de imágenes universal, a donde concurren
todas las experiencias y vivencias de todos los seres vivos y de donde se
obtiene la información elemental, basal, fundamental, para modelar en la
realidad las experiencias y vivencias por venir. Aunque parezca forzada, esta
posibilidad ciertamente sirve para explicar todos los aspectos de ciertas
“apariciones” y fenómenos psíquicos, habida cuenta de que —a ello ya nos referiremos en otras
oportunidades— descreemos de una
explicación meramente patológica o psicopatológica para
explicarlas.
El típico caso donde una
aparición alerta a un sujeto de un inminente peligro —siendo indiferente si se trata de una
supuesta entidad espiritual, el tío fallecido o la madre localizada a miles de
kilómetros, gozando de buena salud pero ignorante de las vicisitudes del
protagonista— es un buen ejemplo de
ello. Existe una gratuita tendencia innata a concluir que se trata, o bien de un
“doble”, algo así como una proyección astral del ser querido para alertarle, o
bien del conocimiento premonitorio o telepático del riesgo por venir y una
dramatización posterior para su mejor comprensión por parte del destinatario.
Pero para comprender por qué reivindicamos para este tipo de casos la teoría de
los Registros Akhásicos, permítasenos remitirnos a un caso específico (referido
e investigado por alguien tan confiable como Louise Rhine):
Durante la primera Guerra Mundial, un
prisionero canadiense en Alemania logró escapar y, de noche y durante una
tormenta de nieve, llegó a una encrucijada en la que un camino conducía hacia
Holanda y una probable seguridad, y el otro hacia una captura casi cierta.
Vaciló y luego optó por uno de los caminos. De repente, se le apareció la
figura de su hermano (que hasta esa hora dormía apaciblemente en Inglaterra,
ignorante de todo) muy clara y vívida, y le dijo: “No, Richard, por ese camino no. ¡Toma por
el otro camino, idiota!”. El resultado fue que aquél hombre que huía, tomó
el otro camino y se salvó.
El hermano no sólo no tenía idea del peligro
que acosaba al prisionero, sino que seguramente tampoco habría podido
aconsejarle respecto de qué camino tomar. Esto es lo mismo que decir que, a los
efectos prácticos, el hermano del fugitivo nada contaba para con este asunto.
Ahora bien, supongamos que el inconsciente del hermano en Inglaterra se dio
cuenta de la situación de peligro del perceptor; su preocupación podría haberle
hecho intervenir como una “aparición” en momento de crisis. O que dicha
aparición era una dramatización creada por el inconsciente del perceptor, un
modo conveniente de expresar la advertencia, tras adquirir intuitivamente la
información correcta.
Si se trata de la primera posibilidad, es
razonable suponer que nadie poseía la información: o sea, que no había una
persona viva que conociera la ecuación camino correcto – duda del sujeto. Sea
lo que fuere lo que guió al perceptor, era alguien o algo con acceso a un
conocimiento más que comúnmente accesible, pero no el hermano como tal. Si se
trata del segundo caso, tendríamos que preguntarnos por qué todo ese trabajo de
representar a su hermano; después de todo, hay docenas de casos documentados en
los que las personas fueron advertidas por simples premoniciones, corazonadas o
pálpitos. Y aunque dejemos abierta la posibilidad de que un agente externo
intervino, en uno u otro sentido, ocurrió el acceso a alguna fuente de
información, y para explicarlo se necesita algo parecido a la hipótesis del
banco de imágenes.
Esta hipótesis además nos ayudaría en algunos
problemas de estas disciplinas; por ejemplo, cómo los sujetos voluntarios
sometidos a un experimento de abducción imaginaria aparecieron con narraciones
tan parecidas a los que produjeron los secuestrados presuntamente reales, o
permiten comprender mejor las extrañas correspondencias entre la ciencia ficción
y ciertas categorías de apariciones de OVNIs cuando los testigos, en este
segundo caso, generalmente son lo suficientemente iletrados como para descartar
lecturas de oscuras publicaciones fantásticas de decenios anteriores
generalmente en idiomas que no les son propios.
Los arquetipos de Jung pueden estar almacenados
en estos Registros Akhásicos, y la teoría
del campo morfogenético de Ruppert Sheldrake, que sugiere que todos los
organismos son de algún modo “conscientes” de lo que les ocurre a otros
organismos de su tipo, no es más que una manera distinta de llamar al mismo
principio.
La “psicometría” y los
Registros Akhásicos
Aquí no nos referiremos a lo que por
tal término se conoce en Psicología (la evaluación y medición de patrones
intelectuales mediante “tests”) sino a lo que en Parapsicología conocemos por
tal término, es decir, al proceso por el cual ciertos psíquicos, teniendo en sus
manos un objeto determinado, logran “evocar” detalles de sus dueños o de las
circunstancias en las que ese objeto se vio envuelto. La tendencia popular es
suponer que ese objeto retiene “vestigios de memoria” de los sucesos en los
cuales participó, como si los hechos fueran una melaza pegajosa que ciertas
cosas pueden retener. Tal vez sea así. Pero también es más probable en el
sentido de que en alguna parte haya una especie de memoria de todo lo acontecido
en el Universo y el objeto actúe como un código de búsqueda, lo cual le permite
a la persona dueña de la aptitud psíquica recuperar de ese depósito la
información adecuada. Cualquiera sea el proceso, el objeto le brinda al
sensitivo la orientación necesaria. Y si esto es verdad respecto de esa pistola
que nos revive los padecimientos del asesinato en el que participó, también
sería cierto respecto a esa vieja mansión donde “vemos” apariciones asimilables
a sus antiguos moradores y sus circunstancias.
Finalmente, recordemos que toda la historia del conocimiento hermético
(desde los augures romanos hasta los espiritistas decimonónicos) nos recuerdan
que, de alguna forma, en el sujeto quedan impregnados (hoy diríamos, en su
“aura”) todos los acontecimientos en los que participó, todas las
intencionalidades que tuvo; según los seguidores de Kardec (nuevamente) es
posible hacer una lectura del “periespíritu” para observar, en él, colores y
anomalías que debidamente interpretadas nos remitirán a sucesos agradables o
desgraciados de su vida. De forma tal que aplicando un cierto carácter
transitivo, podemos colegir que, respetando aquel mismo Principio de
Correspondencia a que hicimos referencia, el Anillo Manásico de un sistema
cualquiera puede conservar el registro de los hechos acaecidos en su entorno, y
es plausible aceptar que algún otro (Alcione, por ejemplo) puede a su vez
aglutinar sinópticamente los de los sistemas que le son secundarios. La
culminación obvia de este razonamiento es que si información es vibración, y si
nosotros mismos no somos más que nubes electrónicas infinitamente pequeñas
orbitando de manera más o menos ordenada en un espacio vacío, la interacción
entre nosotros —información
vibratoria— y un Anillo Manásico ajeno
al nuestro necesariamente ha de provocar algún efecto resonante; ergo, algún
cambio. Si positivo o negativo, es sólo cuestión de más
especulación.