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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Boletín - Grupo Cai / Curso Radiónica
Fecha:Lunes, 14 de Mayo, 2007  15:20:14 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 

Centro de Armonización Integral

 

PARAPSICOLOGÍA - OVNIS - OCULTISMO - CIVILIZACIONES DESAPARECIDAS - NEOARQUEOLOGÍA

ANTROPOLOGÍA REVISIONISMO HISTÓRICO - ESPIRITISMO - PIRÁMIDES - ASTROLOGÍA - I CHING

AROMATERAPIA - QUIROLOGÍA - NUMEROLOGÍA - TAROT - FENÓMENOS PARANORMALES

ESPIRITUALIDAD - TERAPIAS ALTERNATIVAS ...

 

www.AlFilodelaRealidad.com.ar

 

AFR es una revista quincenal, gratuita por email.

También se publican Lecciones de Esoterismo Práctico y un PODCAST (MP3).

 

 

 
 
SÚMESE AL GRUPO VIRTUAL CAI
 
 
Hola a todos/as:
 
Les recordamos que recientemente hemos abierto la inscripción al GRUPO VIRTUAL CAI. Estamos esperando nuevos amigos y amigas para comenzar un flujo intenso de material interesante; reflexiones, investigaciones, documentos insólitos o poco hallables, libros digitalizados y, sobre todo, fortalecer en un marco de respeto una fraternidad virtual. El grupo CAI aspira a trabajar más allá de simple lista o foro, como un verdadero encuentro de identidades en busca del crecimiento personal y el conocimiento.
 
Deben enviar un mail con sus datos personales (nombre y apellido, localidad de residencia, fecha de nacimiento, comentarios sobre su ocupación, sus temas de interés, etc.) a caintegral@yahoo.com.ar y darse el alta haciendo clic aquí: http://www.egrupos.net/grupo/grupocai/alta .
 
 
 
NUEVO LLAMADO AL CURSO DE
 RADIÓNICA ON LINE
 
Iniciamos el lunes 21 de este mes un nuevo curso on line de RADIÓNICA, que tanto éxito ha tenido en sus dos ediciones anteriores. Copiamos abajo la info, así como un artículo de este profesor, Gustavo Fernández, introduciendo en este apasionante campo a quienes lo desconocen.
 
 
 
Nuevo curso a distancia:
RADIÓNICA
 
 
Estimados/as amigos/as:
 
    Seguramente muchos de ustedes sabrán de —y se apasionarán con— la existencia de la RADIÓNICA, este campo de la moderna Parapsicología con infinitas aplicaciones para mejorar la calidad de vida del individuo y la sociedad. La posibilidad de desarrollar aparatos —de mayor o menor complejidad técnica— que interactuando con los campos Universales de energía o la propia psiquis humana proyecten sus efectos aun a distancia sobre nosotros y nuestros congéneres, es una verdad incontrastable desde hace décadas. Pero, sistemáticamente también, se ha venido disimulando al gran público la accesibilidad a estas posibilidades. Obsérvese, por caso, la cantidad de sitios en la Web que comercializan aparatos radiónicos o cámaras Kirlian y la absoluta escasez de aquellos que enseñen, didácticamente, esta apasionante ciencia.
 
    Además de su prolífica actividad en el campo de la divulgación presencial, nuestro Director, Gustavo Fernández, viene trabajando desde hace tiempo en la estructuración de un curso a distancia útil tanto para el principiante como para el experimentador avanzado (una estructura de trabajo similar a la que podrán haber disfrutado los lectores de su libro "El correcto uso del péndulo y la pirámide", del que quedan aún algunos ejemplares disponibles), un curso eminentemente práctico, un curso que es también un paseo investigativo sobre lo asombroso de los descubrimientos que aún se mantienen ocultos.
 
    En consecuencia, llegamos a ustedes en esta ocasión para ofrecerles el curso vía correo electrónico de RADIÓNICA.
 
 
 
Características del curso:
  • Extensión: 20 lecciones.
  • Duración: La totalidad de las lecciones se remiten a lo largo de 30 días.
  • Certificación: Cuando el alumno lo solicite, se le remite una evaluación conceptual que, aprobada, le hace acreedor a la recepción —sin costo alguno— de un Certificado de Facilitador en Radiónica.
  • Tutoría y consultas: Libres, directamente con el profesor a cargo.
 
Temario:
 
1) Qué es la Radiónica. La "prehistoria radiónica" (amuletos y talismanes).
2) Radiónica, Psicotrónica y Psiónica.
3) Activas y pasivas.
4) Construya usted mismo 10 modelos pasivos.
5) Construya usted mismo 10 modelos activos.
6) Aplicaciones (terapéuticas, de protección, apertura de caminos, etc.).
7) El Heptagrama radiónico y los Arquetipos.
8) Antecedentes históricos.
9) La Radiónica frente a la Ciencia Oficial.
10) Radiónica y Radiestesia.
11) Radiónica y Piramidología (agua piramidal y batería piramidal).
12) Diseño de propios sistemas radiónicos.
13) Radiónica en su PC (como usar la computadora como equipo radiónico).
14) Radiónica y Feng Shui (la concepción del flujo de geoenergías según el Feng Shui para concebir el espacio físico como un sistema radiónico).
15) Radiónica y Ciencias Herméticas (la Magia Ceremonial como proto-radiónica).
16) Radiónica y Aura Humana: técnicas de visión directa.
17) CONSTRUYA SU PROPIA CÁMARA KIRLIAN y aplíquela en Radiónica.
18) Radiónica y Bioenergética y sus efectos sobre el grupo social.
19) Radiónica y Mentalismo.
20) Evaluación.
 
 
Desde ya, le agradecemos el tiempo e interés dispensado a la presente información, y recuerde que como "Al Filo de la Realidad" no recibe subsidios de ningún tipo ni maneja espónsores publicitarios, su colaboración con nuestros cursos arancelados son los que hacen posible todo nuestro aporte.
 
 
Aranceles y modos de pago:
 
Argentina: $ 200 (doscientos pesos)
Exterior: U$S 100 (cien dólares estadounidenses)
 
 
Desde Argentina: todo pago deberá hacerse en el Banco de la Nación Argentina, cuenta Nº 2650-3907270516. Simplemente entonces se trata de hacer el depósito correspondiente (por ventanilla, cajero automático o Internet) y notificarnos por email del importe, fecha y número de la operación.
 

 

Desde fuera de Argentina:

Por Western Union a:

 

Gustavo Mario Fernández

DNI: 12.154.716

Gobernador Solá 637

3100 Paraná

Pcia de Entre Ríos

Argentina

 

Para quienes cuenten con tarjetas de crédito: www.dineromail.com

Una plataforma de pagos eficiente y absolutamente segura. Transferencias allí a la cuenta gusfernandez21@yahoo.com.ar

 

Consultas: gusfernandez21@yahoo.com.ar .

 

(no olvidar remitir por correo electrónico el número de transferencia otorgado en la operación).

 

 

RADIÓNICA: LA CIENCIA DE LA MAGIA

 

escribe: GUSTAVO FERNÁNDEZ

 

 

    En una reciente encuesta (1) hemos podido observar un fenómeno aparentemente secundario pero a nuestro criterio importante para comprender el estancamiento de la evolución, si no técnica, cuanto menos mediática en el consenso popular sobre la Parapsicología. En esa oportunidad, se requirió a un alto número de interesados en estas disciplinas que otorgaran un puntaje a los temas que más les atraían. La lista era lo bastante completa, y los encuestados demostraron, en general, un alto nivel de compromiso y seriedad a la hora de encarar su afición a estas temáticas. Observábamos como, de hecho, la Parapsicología obtenía uno de los puntajes más altos en el interés colectivo, mientras que una rama específica de la misma, la Radiónica, apenas alcanzaba un 7 % de interés (contra el 94 % evidenciado por su ciencia-madre). Dado que esto se debería, lógicamente, más al desconocimiento que el público tiene sobre lo que la misma abarca que a una “indiferencia temática” de aquélla, he decidido escribir estas líneas, esperando que sean lo suficientemente ilustrativas como para incentivar al lector a profundizar en su conocimiento y –especialmente– práctica.
 
    Nunca insistiremos lo suficiente en señalar que lo que el común de la gente llama “parapsicología”, poco tiene que ver con lo que originalmente (cuando Max Dressoir instituyó el término allá por 1892) significaba, así como la Parapsicología de Rhine (2) pocas correspondencias tiene con lo que hoy hacemos los parapsicólogos. Reconocer esta situación es fundamental, no sólo a la hora de tener un panorama más completo de los alcances de esta apasionante y polémica disciplina (ya veremos por qué no sé si decir “ciencia”) sino para comprender las múltiples contradicciones y el lento desenvolvimiento institucional y social de la misma.
 
 
Lo paranormal no es lo parapsicológico
 
    En general se suele emplea la expresión “fenómenos paranormales”, como sinónimo de “fenómenos parapsicológicos”. Ocurre, sin embargo, que si bien uno de esos términos engloba al otro, no funciona la expresión a la recíproca. Podemos enunciarlo diciendo: “Todo fenómeno parapsicológico es paranormal, pero no todo fenómeno paranormal es parapsicológico”.    
 
    Fenómenos como la telepatía, la clarividencia, la telekinesis, son “parapsicológicos” (producidos por la psiquis, pertenecen a un campo de estudio ajeno a la psicología ordinaria) y también “paranormales” (3). La energía de las pirámides (que investiga y aplica también el parapsicólogo) es “paranormal”, en tanto y en cuanto no corresponde al campo de las energías conocidas por la Física, pero no es “parapsicológica”, porque ni es producida por la mente, ni depende del hecho que el experimentador a priori “crea” o no en la producción del fenómeno, e incluso ni siquiera sea conciente que el mismo se está llevando a cabo.
 
    En consecuencia, graficaríamos esto diciendo que existe un gran conjunto A de fenómenos paranormales, dentro del cual se encuentra un subconjunto B de fenómenos parapsicológicos. Así, un experimento de premonición es parapsicológico y, por carácter transitivo, también paranormal. En el gráfico de marras, estaría ubicado dentro del subconjunto B y, por consiguiente, también sería parte integrante del A. Pero la energía piramidal, el comportamiento de los chakras, las radiaciones telúricas nocivas y tantos otros, como existen por fuera de lo mental, estarían, sí, en el conjunto A, pero no en el B.
 
    Desde los tiempos heroicos de las investigaciones mediumnímicas en sesiones espiritistas, pasando por las cuantificaciones estadísticas de Rhine, Pratt, Schrenck-Notzing y tantos otros, hasta la actualidad, lo que llamamos “parapsicología” se ha transformado en el cul de sac de todo lo que es mirado con ojeriza por la ciencia académica. Así, terrenos tan “paranormales” pero no “parapsicológicos” como el de las formas generadoras de energía, el de los vórtices energéticos geográficos y el de la existencia de un “campo bioplasmático” o “campo bioenergético” cuyo excedente físico llamamos “aura” (y cuya existencia, si bien condicionada por la mente, no es de la misma naturaleza) fueron progresivamente absorbidos por la literatura y los estudiosos de lo parapsicológico, hasta llegar a ser herramienta cotidiana de sus terapias y procederes. Hoy, sería impensable imaginar un parapsicólogo que no trabajara con los centros energéticos, o, como ya dije, con pirámides, pese a que, a fuerza de ser precisos, eso ya no sería parapsicología.
 
 
¿Y entonces qué hacemos?
 
    La idea puntual sobre la que estamos trabajando es, entonces, que el término “Parapsicología” ya nos resulta estrecho para definir nuestros contenidos. Se hacía imperativa la adopción de una nueva terminología, y esa es precisamente “Radiónica”.
 
    Podemos definir a la Radiónica como “la disciplina que estudia y aplica las interacciones energéticas no físicas entre el ser humano y el Cosmos”. Definición que puede parecer muy amplia –tal vez demasiado amplia– tan amplia como de por sí es un inagotable terreno de trabajo. Las energías cósmicas que sospechamos acumuladas en el interior de las pirámides, el huevo de energía que nos rodea constantemente absorbiendo y emitiendo en relación a los otros campos de energía, los cruces de napas de agua que generan flujos perjudiciales en vertical para los organismos vivos de superficie, las condensaciones energéticas propias de monumentos sagrados o edificios religiosos erigidos o construidos ad hoc, las vibraciones macrocósmicas del universo interactuando con el microcosmos del ser humano, los efectos de piedras preciosas y semipreciosas fragancias o sonidos sobre el cuerpo y la mente y un interminable etcétera serán objeto de sus desvelos. Y en una segunda instancia, su aporte es el descubrimiento de objetos o formas capaces de acumular, amplificar y dirigir, precisamente, esas energías.
 
 
La “energía de las formas”
 
    No abundaré aquí sobre la naturaleza y múltiples aplicaciones de las réplicas a escala de la Gran Pirámide de Keops (4). Tan sólo baste señalar que existe un hecho irrebatible: construido un objeto de forma piramidal respetando ciertas proporciones, materiales y orientación, se genera en su interior una cierta “energía” (empleamos este término por carencia de algún otro más feliz, si bien no cumple con las condiciones de todas las energías físicas, no siendo siquiera detectable por los instrumentos normales de medición) con efectos diversos. Un objeto que no cumpla esos requisitos no producirá ninguna consecuencia, y, como ya señalé, no depende de la “creencia” o “sugestión” previa del experimentador que el fenómeno se manifieste o no. He aquí una energía que no se comporta como otras que conocemos, que no es registrable, y que sólo se materializa cuando construímos objetos de una “forma” (debería decir “una topología”) determinada. No sabemos qué es, aunque sospechamos que sólo es una densificación particular de las energías cósmicas. Y a falta de mejor definición, la llamamos “energía de las formas”.
 
    No sólo la produce la pirámide; hemisferas, conos, helicoides desarrollables y hasta dibujos (sí, simples dibujos) dan cuenta de ella, siempre y cuando se respeten determinadas concepciones, en buena parte asociadas a la numerología históricamente sagrada. A fin de cuentas, un dibujo es una forma de dos dimensiones, de donde podemos suponer que los amuletos y talismanes, desde tiempos inmemoriales masivamente usados por la humanidad pero ridiculizados por la intelectualidad científica, no actúan por ser meros mecanismos “mágicos” sino porque, tomando en consideración el momento de fabricación, los elementos empleados y los diseños sobre ellos trazados, se transforman en condensadores de esa energía cósmica, como acumuladores de energía de las formas, claro que un tanto “ersatz”.
 
 
“Tecnificando” la magia
 
    Lo apasionante de este campo es que, por un lado, abre inconmensurables expectativas en el terreno de las aplicaciones sobre las problemáticas particulares del individuo. Además, brinda un marco comprensible (de cara al paradigma cientificista dominante de nuestra época) a rituales y liturgias secularmente consideradas, dije, “mágicas”, pero no en la acepción correcta del término, sino como deplorable sinónimo de “superstición”(5). A fin de cuentas, creo personalmente que la magia es al Ocultismo lo que la técnica es a la ciencia: la expresión práctica de sus enunciados teóricos. Y aquí se nos presenta un dilema.
 
 
Un difícil equilibrio
 
    Sin ánimo de ofender, debo decir que me resultan graciosamente patéticos los esfuerzos de muchos de mis colegas por obtener una “acreditación académica” de la Parapsicología. Hablan de “ciencia parapsicológica”, de innúmeros proyectos de ley para la reglamentación oficial de la misma, de titulaciones y doctorados, de investigaciones empíricas de laboratorio... Pero sospecho, debo admitir que con escepticismo, que tal “blanqueo” de la Parapsicología nunca ocurrirá y, quizás, lo mejor que podría pasarle a la misma es que nunca ocurra. Y me explico.
 
    Tal cual actúa el pensamiento científico, sólo un estrecho porcentaje del “corpus” de trabajo de la Parapsicología podría superar las exigencias universitarias; concretamente, aquella Parapsicología de los años ’30 y ’40, de cartas Zenner y experimentos de laboratorio, circunscriptas exclusivamente al estudio de los fenómenos “subjetivos” (telepatía, clarividencia, precognición) y “objetivos” (telekinesis, hiloclastia, aporte, termogénesis...). Disciplinas que dependen de factores tan inasibles como el trabajo espiritual del practicante, el Tarot, las runas, las sanaciones psíquicas (además de ser resistidas por las corporaciones médicas celosas de todo intrusionismo avalado por una jerarquización académica de las mismas) siempre quedarán fuera de las Universidades. Y, precisamente, lo que quedaría fuera de aquéllas es precisamente lo que la gente busca en nosotros. Ningún consultante –salvo escasísimas excepciones–acude a un parapsicólogo para que éste determine estadísticamente su índice de telepatía. Acuden con problemas cotidianos que requieren soluciones urgentes, y exigen diagnósticos de cara al futuro. Buscan la tirada de Tarot, el trabajo del péndulo, la armonización de su aura o de su vivienda. De resultas de lo cual, si se academizara la Parapsicología en los términos que la Ciencia dicta (y no la estoy defendiendo: sólo señalo que si queremos entrar en la Universidad debemos aceptar las reglas del juego que se nos imponen) quedaríamos excluidos de poder practicar aquello que hace a nuestra razón de ser, hoy por hoy. Porque por más que la mona se vista de seda, no sólo en mona se queda, sino que además resulta francamente ridícula. Ya que la tan cacareada “parapsicología científica” no existe: sus temáticas, técnicas y especulaciones son sólo un aggiornamiento de las milenarias enseñanzas ocultistas. Lo que el mago buscaba a través de los talismanes, hoy lo producimos con nuestros aparatos radiónicos; lo que antes se llamaba “profecías” hoy pueden denominarse “precogniciones”; la “magia mental” de Eliphas Levi está en un todo de acuerdo con el Control Mental y, sobre todo, no puede comprenderse por qué actúan las técnicas parapsicológicas si no se comprenden los principios filosóficos del Esoterismo.
 
 
A cortarse un dedo, se ha dicho
 
    Más allá de enjundiosas parrafadas que sólo alertagan los oídos de los novatos, muchos intentos explicativos del “porqué” de ciertos fenómenos parapsicológicos no resultan probables en absoluto. Nada, por ejemplo, parece más “anticientífico” que creer que con la foto o un mechón de pelo de alguien puede actuarse sobre él. Pero, de hecho, esto forma parte del arsenal –en ocasiones terapéutico– de cualquier parapsicólogo. Trabajando sobre lo que llamamos “muestras-testigo” (esa foto o mechón de cabello) algo “pasa” con su propietario. Funciona. Pero ninguna explicación resulta convincente.
 
    ¿Ninguna?
    Bien, si se animan a este experimento, quizás les depare una sorpresa.
 
    Supongamos que en casa alguien se lastima, se corta, pierde sangre en cualquier accidente hogareño. Tenga preparada una bolsita con sulfato de cobre (unas piedritas color verde azuladas que, entre otros usos, se emplean para clorificar piscinas de natación) y rápidamente diluyan en un vaso lleno de agua el mismo hasta el punto de saturación, es decir, cuando por más que sigan agregando sulfato de cobre éste no se disuelve más, o, por lo menos, cuatro o cinco cucharadas soperas colmadas. Entonces introduzcan en él un trocito de algodón sucio de la sangre del herido, dejándolo allí. Atención: no se trata de mojar la herida con la solución del sulfato, ya que (a) si bien observarían efectos cicatrizantes, aquí la acción sería comúnmente química –es el principio de las sulfamidas– y no esotérico, que es lo que tratamos de probar, y (b) el ardor subsiguiente en la herida haría que la víctima recordara el árbol genealógico del frustrado enfermero hasta la octava generación.
 
    Observaremos entonces un hecho fascinante: sin ningún tipo de acción química en contacto con la herida, ésta cicatrizará varias veces más rápido de lo que haría cualquier compuesto medicinal aplicado directamente sobre aquélla, actuando a distancia. Tan es así, que aunque se pongan centenares de kilómetros entre el herido y su “muestra testigo” sumergida en la dilución, seguirá actuando, y aun lo hará aunque el sujeto del experimento nada sepa del mismo o no crea en él, lo que invalida la hipótesis de la sugestión. Personalmente, además de haberlo empleado numerosas veces, cuento con el testimonio de un odontólogo especializado en cirugía maxilofacial y otro profesional de la salud, urólogo y cirujano, que desde hace años y por mi recomendación vienen empleándolo con éxito en sus intervenciones quirúrgicas. Es tanto como afirmar que la acción (química o energética, lo mismo da) sobre la muestra de sangre se copia, se duplica en el original del cual proviene porque, obviamente, la parte del todo (la muestra de sangre) refleja al Todo del cual fue obtenida.
 
    Este ejemplo funciona, yo diría con más asiduidad de lo que habitualmente podemos esperar de las sustancias comúnmente recomendadas por la ciencia médica. Pero, ¿cómo explicarla?. Sólo hay una forma, y es acudiendo a uno de los Principios Fundamentales del Universo, la Ley de Correspondencia, un concepto ignorado por la ciencia materialista –y, por extensión, por los parapsicólogos que tratan de atrincherarse en un cierto cientificismo– pero conocido y transmitido por el Ocultismo desde tiempos milenarios
 
 
La Ley de correspondencia
 
    Tres mil doscientos años antes de Cristo, según cuentan los antiguos relatos egipcios, finalizó el reinado de dioses y semidioses sobre la Tierra. En el valle del Alto Nilo un rey de pastores, Menes, ascendió en ese entonces al faraonato con el título de Menes I, El Tinita (por ser oriundo de la ciudad de Thinis).
 
    Menes desarrolló, en su prolongado reinado, una vasta tarea de conquista y culturalización para sacar a su pueblo de la condición pastoril y agrícola que hasta entonces lo caracterizaba. Hizo contratar especialistas en las más variadas disciplinas provenientes de los más alejados puntos del mundo conocido y, muy especialmente, agregó a su corte a un sabio caldeo, arquitecto, médico, astrónomo y –lógicamente para ese entonces– mago, conocido como Toth. Hasta avanzada su ancianidad, Toth se dedicó a volcar sus conocimientos en diversos libros, algunos perdidos para siempre, otros conservados fragmentariamente como el llamado “Libro de Toth”, compendio de Teurgia o Alta Magia Blanca del que sólo sobrevivieron a la primera de las siete destrucciones de la Biblioteca de Alejandría sus láminas ilustrativas, exactamente setenta y ocho, y que conformaron al paso del tiempo la baraja del Tarot o, en egipcio, “tarah ha’ Toth” (de donde por deformación proviene el vocablo “Tarot”) y la “Tábula Esmeragdina”, o “Tabla de Esmeralda”, una sucesión de aforismos que guardaban memoria del conocimiento filosófico de los contemporáneos de este Toth que, al morir, fue elevado a la categoría de dios –apoteosis común en esos tiempos– e, incluso, adoptado tardíamente por los griegos con el nombre de Hermes Trimegisto (“el tres veces grande”). Precisamente, lo de “filosofía hermética” proviene de su nombre helenizado.
 
    El primer aforismo de la “Tabla de Esmeralda” expresaba el Principio de Correspondencia, que enseguida explicaremos, con estas palabras: “Es verdad, muy cierto y verdadero, que lo que es arriba es como lo que es abajo, y lo que es abajo es como lo que es arriba, para hacer el milagro de una sola gran cosa bajo el Sol”. En otros términos, la total identificación entre lo macrocósmicamente grande y lo microcósmicamente pequeño.
 
    La estructura de un átomo es, microcósmicamente, como el Sistema Solar macrocósmico que lo contiene. La parte del todo refleja el Todo. Un ser humano es 70% agua y 30 % materia sólida y vive, casualmente, en un planeta que es 70 % agua y 30 % materia sólida. Además, su sangre tiene exactamente la misma proporción de sal que la del agua del planeta. El iris de una persona permite conocer el funcionamiento de todo su organismo porque, como siempre, la parte de un Todo refleja ese Todo. Una carta natal astrológica resume en su microcosmos, el macrocosmos de la vida y la personalidad del sujeto al que pertenece. Las líneas de mi mano reflejan mi personalidad y mi vida también, pues mi mano, como parte de un Todo integrado por mí y por mi devenir, refleja el Todo. Una persona carismática y de fuerte carácter concita a su alrededor a las personas de temperamento más débil, que imitan sus poses, su manera de ser y tratan de vivir en función de aquél, lo que llamaríamos una conducta heliocéntrica, donde hasta “la luz del Sol” (y recordemos que en Astrología el Sol significa la personalidad manifestada) es “reflejada” por quienes giren a su alrededor, actuando microcósmicamente como un sistema planetario lo hace macrocósmicamente.
 
    En Matemáticas es conocida una curiosidad llamada serie de Fibonacci, planteada por el sabio homónimo, donde cada número resulta de la suma de los dos anteriores. Tal el caso de la secuencia 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89... etc. Pues bien, una figura que se repite en la naturaleza universal es la espiral de Fibonacci, donde cada una de las espiras (vueltas) se distancia de la anterior de acuerdo a esa progresión numérica. Esto es tan así, que lo encontramos desde la espiral macrocósmica de una galaxia, hasta en la microcósmica de un caracol e, incluso, si toman ustedes un repollo colorado y lo cortan transversalmente, comprobarán que no sólo su disposición es en espiral sino que respeta la serie de Fibonacci.
 
 
Una cuestión de marketing
 
    Por todo esto es que afirmo que la Radiónica es la ciencia de la magia. Y hacia ella, si les parece bien, dirigiremos nuestros pasos en próximos artículos, donde expondremos y explicaremos el uso de diversos aparatos acumuladores y moduladores de esas energías, muchos de los cuales podrán ustedes construir sobre la mesa de la cocina en algunos momentos libres. Luego cabe preguntarse: ¿por qué, entonces, hablamos tanto de “Parapsicología” y no de “Radiónica”, u organizamos cursos de la primera y no los anunciamos como lo que, en definitiva, realmente son, lo segundo?. Es por una cuestión de imagen, si así lo quieren: si anunciamos una conferencia de Radiónica, sólo un grupo reducidísimo acudirá: la mayoría de los potenciales interesados pensará que hablaremos sobre Rayos X o programas de radio. En cambio, empleando el caduco y limitado término de “Parapsicología”, el público cuanto menos tiene una idea sobre lo que referirá la cosa.
 
 
(1)   Realizada a 138 miembros suscriptores de la revista electrónica “Al Filo de la Realidad”, agosto de 2000.
 
(2)   Joseph Banks Rhine, biólogo norteamericano, creó, en las instalaciones de la Universidad de Duke, el primer laboratorio de investigación estadístico-matemática de los fenómenos parapsicológicos.
 
(3)   Esto implica entender, primero, qué comprendemos por “normalidad”. A los fines científicos, existen dos clases de normalidad, la biológica y la estadística. Y no son necesariamente correspondientes. Por ejemplo, es normal estadísticamente hablando resfriarse en invierno, pero no es normal biológicamente, ya que implica una pérdida del estado de equilibrio. En un sentido más amplio, aquí aplicamos la expresión “normalidad” a lo habitualmente aceptado en los claustros científicos y universitarios.
 
(4)   Mayores precisiones sobre su empleo pueden hallarse en mi libro “El correcto uso del péndulo y la pirámide”, Editorial 7 Llaves, Buenos Aires, Argentina, 1999.
 
(5)   No me molestaría demasiado, de todas formas, que lo mío sea considerado superstición si de un sentido etimológico estamos hablando. En efecto, “superstición" proviene de “supérstite”: “lo que sobrevive”. Lo que sobrevive de un conocimiento perdido en la Antigüedad.

 

 

 
Al Filo de la Realidad es órgano de difusión del Centro de Armonización Integral, academia privada dedicada a la investigación, difusión y docencia en el campo de las "disciplinas alternativas", fundada el 15 de octubre de 1985 e inscripta en la Superintendencia de Enseñanza Privada dependiente del Ministerio de Educación de la República Argentina, bajo el número 9492/93.
 

 








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