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Al Filo de la Realidad

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Asunto:[AFR] Revista Al Filo de la Realidad Nº 171
Fecha:Miercoles, 18 de Julio, 2007  00:01:33 (-0300)
Autor:CAI - Centro de Armonización Integral <afreditor @.....com>

 
 
 
___________________________________________________________________________
OCULTISMO                                         OVNIs                                      PARAPSICOLOGÍA
 
      Año 8                            Miércoles 18 de julio de 2007                        N° 171            
AL FILO DE LA REALIDAD
"Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo". Voltaire.
 
((( Fundada el 10-5-2000 )))
                                                                                                                      
                                                                                                                      
 
* Desde Paraná (Entre Ríos, Argentina)
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en todo el mundo *
 
 
 
 
En este número de AFR:
 
— LA PERLA DEL FENG SHUI
     por Gustavo Fernández
 
— LLEGÓ EL MOMENTO DE EXPERIMENTAR
     por Gustavo Fernández
 
 

 
AL FILO DE LA REALIDAD ES UNA REVISTA QUINCENAL DE DISTRIBUCIÓN GRATUITA POR EMAIL QUE INCLUYE LECCIONES DE ESOTERISMO PRÁCTICO.
 
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AL FILO DE LA REALIDAD
El encuentro semanal con lo desconocido.
Conduce: Gustavo Fernández
 
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  • Curso Básico de Tarot.
  • Curso Básico de AutoDefensa Psíquica.
  • Libro "Los Secretos del Triunfo Sexual".
  • Libro "Normas Jurídicas para el Ejercicio Legal de la Parapsicología y el Tarot".
  • Lecciones anteriores del Curso de Esoterismo Práctico (se emite por esta misma lista).
  • La Embestida de los Escépticos.
  • ¿Existen los "Hechizos" y "Maleficios"?
  • Denuncia por genocidio: El negocio con las enfermedades.
  • Software para consulta del I Ching.
  • Calendario 2007 para imprimir.
  • Video-Entrevista a Eugenio Siragusa (contactado) sobre Giorgio Bongiovanni.
       
      CDs

      Todos los números anteriores de Al Filo de la Realidad están disponibles en formato PDF y pueden accesarlos en Archivos Forteanos Latinoamericanos.

      Encontrará otros sitios web, listas de correo de discusión, boletines, cursos, comercios, etc. destinados a estas temáticas en nuestra sección de Enlaces.

       
      Radio La Embajada
      (radio on-line y grabada)
       
      Con programas periodísticos, musicales, deportivos y mucho, mucho humor.
      Pueden visitarla a la hora que quieran, mientras juegan, navegan o chatean.
      Con Marchelo Mariño y todo su circo.
       

       
       
      PRIMERO, LOS AGRADECIMIENTOS

       

          Desde hace más de un mes, quien esto escribe sigue acumulando millaje. El material se nos ha acrecentado al punto de que no alcanzará este número de AFR para relatar todas las peripecias y novedades. De allí que en esta nota introductoria concentraremos todos los debidos agradecimientos que representan a tantas amigas y tantos amigos que nos están acompañando. En lo personal, cansado pero contento, mientras sopeso la sugerencia de “Quique” Marzo de solicitar un subsidio por desarraigo, me dispongo a cribar las evidencias y las reflexiones que abrirán así nuevos horizontes. Mientras tanto, agrupemos los agradecimientos geográficamente, y en sucesivas ediciones daremos cuenta de las tareas cumplidas en cada lugar:
       
      En Uruguay
      Montevideo:
        • Prof. Mariela Dos Santos
        • Rafael Arza y Sandra Da Silva, y todo el equipo de “Buen día, Uruguay”, por Canal 4 TV
        • Andrea de Armas, programa “Con Rumbo Desconocido”, FM Total 
       
      Maldonado, Piriápolis y Punta del Este:
        • Documentalista Jorge Guaraglia
        • Maestro Richard Karlen (y toda la linda gente de la Asociación Civil “Sol”)
        • Geobiólogo Carlos Rodríguez
        • Marcelo Puyares, de FM  Maldonado
        • Blanca Barreto, FM Cadena del Mar
        • Noemí Serviño, programa “Nuestra Mañana”, Radio Maldonado
        • Juan Ramón Furtado, Informativo Radio FM Gente
       
      Pando:
        • Gerardo Fatigatti
        • Raúl Rodríguez
        • Víctor Emanuelle, “Freddy” Marcelo Núñez, FM Del Molino 89.3 MHz
        • Juan Barrios, Radio Ventura
        • Renzo Gabrielle, Canal 6
        • Centro Holítico Pando, AJUPEN, Piedras 1014
       
      En Córdoba (Arg):
      La Cumbre:
      • Dante Marchetti y su esposa, Brenda Mercado, de FM Contacto, 102.9 MHz
      • Librería “Tejados Verdes”, Belgrano 13, a sus responsables Lucía Olazábal y Mike Pearson
      • Ricardo Maldini
      • Secretaría de Turismo de La Cumbre, sr Secretario de Cultura, don Francisco Capdevila
       
      Capilla de Monte:
       
      La Falda:
      • Magali Araoz, de FM 105.3 TDC radio (teledifusora del centro del Valle de Punilla)
      • Sra. Silvia Álvarez
      • Sr. Jorge Dominguez
      • Sra. Laura Silvana Trenchi
      • Prof. Alfredo Ferrarasi
       

      En Nogoyá, Entre Ríos (Arg):

      (en virtud del Primer Congreso Argentino de Reiki y Terapias Complementarias)

          • Personal de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Nogoyá
          • Periodistas:
            • Oscar "Cachi" González
            • Horacio Reynoso
            • Lilian Brenda Viola
            • Amadeo "Tati" Oberti
            • Isidoro Medina
            • Mariana Riffel
            • Beatriz Peralta
            • Guillermina Negri
            • Martha Monzón
            • Elba Escobar
            • Jaqueline Sosa
            • Marisa Escobar
            • Maria Teresa "Make" Díaz
            • Anahi Villarruel
            • María Inés Valdés
            • David García
            • Zunilda Bolzán
            • Margot Battaus
            • y muy especialmente a la Maestra María del Carmen Escobar, al frente de la "Casa de Reiki", de Nogoyá.


       

       

      Piriápolis, Uruguay

       

      LA PERLA DEL FENG SHUI
       

       

       

      “En Piriápolis hay más fantasmas que gente.”

      Yolanda Roig, “Solsticio de Verano” (Novela).

       

       

       

          Donde el cerro se precipita sobre la mar, ora bravía, ora mansa y serena, dicen los pescadores que desde lejos se ven extrañas “luces” bailoteando. Para ellos son, simplemente duendes. Es el cerro San Antonio, así llamado en honor al patrono de la ciudad de Piriápolis. Enterarme y tener otro sobresalto de agradable sorpresa causal (otro más) fue sólo uno. No por los duendes, no. Porque allí, de pie en uno de los enclaves energéticos más importantes (y menos conocido como tal) del planeta, mientras con inagotable excitación intelectual trataba de enfocarme en el enigma simbólico que tenía frente a mis ojos, algo asomaba en mi memoria: San Antonio, patrono aquí, patrono también de otro centro neurálgico de energías, éste más marketineado: Capilla del Monte, a la sombra el imponente Uritorco.

       

          ¿Habría una línea de fuerza telúrica corriendo bajo mis pies desde Capilla del Monte hasta Piriápolis? ¿Era casualidad que este redescubrimiento metafórico del bellísimo balneario uruguayo fuese para mí, recién llegado directamente desde el pueblo cordobés? Eran preguntas que debería archivar por ahora: las sorpresas místicas se sucedían frente a mis ojos sin darme casi respiro, como una película a alta velocidad.

       

          Esta imagen frente a mí, por ejemplo. Astutamente, Jorge Guaraglia, casi mi cicerone, me había llevado aproximándome por detrás. “Jesucristo, claro”, pensé. Espaldas anchas, muy masculinas, casi un cliché de la advocación del Jesús de la Misericordia. Pero, a medida que contorneaba la estatua el hombre se metamorfoseaba en mujer. La Virgen Stella Maris, inusitadamente embarazada, sonreía enigmáticamente al horizonte.

       

          El hermafrodita. Un hombre-mujer, además encinta. O... encinto. Una perfecta parábola alquímica. Ahora era el viejo Piria al que no podía apartar de mis pensamientos.

       

       
      Tan vox populi era la pasión de don Francisco Piria por lo esotérico,
       que así lo satirizaba una publicación de la época
       

       

       

      El fundador hermético

       

          La vida de Francisco Piria tuvo grandes vacíos afectivos. Su madre enviudó cuando él tenía cinco años y frente a la imposibilidad de su manutención lo envió, junto a su hermano mayor en dos años, rumbo a Italia, a fin de que un tío jesuita se hiciera cargo de su educación.

       

          Cualquier madre o padre no dejará de sentir una solidaria compasión ante la imagen de dos pequeños, de cinco y siete años, haciendo solos una larga travesía por mar. Lo cierto es que ésa fue la primera de una cadena de experiencias que el joven Francisco iría atravesando para templanza de su espíritu. Si dudamos de la filiación esotérica de los jesuitas, los propios relatos de un Piria adulto las despejarán. Así, fue introducido en las artes alquímicas y en el conocimiento de los Principios Fundamentales.

       

          Vuelto a Uruguay con sólo catorce años, se lanza audazmente al mundo del comercio con éxito arrollador. Se convertirá con los años en propietario de una de las fortunas más importantes de América. Inmensas extensiones de tierras en Argentina y Uruguay, fábricas, centenares de propiedades, minas, canteras, buques, hacen de él un Midas sudamericano. De él la historia registra la paternidad edilicia de... sesenta barrios de la capital uruguaya, Montevideo.

       

          Y es en 1897 cuando acomete la faraónica edificación de su sueño, Piriápolis. Que originalmente debería haberse llamado Heliópolis (como justo reconocimiento a la orden esotérica a la que pertenecía: “Los Caballeros de Heliópolis” o la “Hermandad de Heliópolis”[1]) hasta que la necesidad de ciertos compromisos comerciales y promocionales le llevaron a modificarlo para su propia inmortalización. La elección del lugar, en tanto, tampoco era casual. Cuando conversábamos amenamente con Carlos Rodríguez, insustituible referente hermético de la ciudad, consumado geobiólogo y sobre el cual regresaremos, él mismo nos ilustraba sobre la riqueza y complejidad de las energías telúricas del lugar, la vitalidad que la Red Hartmann alcanza en este punto y refiere la anécdota cuando un grupo de estudiosos de la Escuela Talleres de Feng Shui Clásico, Geomántica, etc. (Uruguay), de visita en el balneario, luego de explorar y evaluar la región la denominaron como “la perla del Feng Shui”.

       

       

            
       
                 La “rambla” de Piriápolis                 Piriápolis, desde uno de los cerros
         

       

       

      El umbral del hombre

       

          Así denomina a Piriápolis Carlos Rodríguez (www.sierradelasanimas.com/heliopolis.htm) quien en un escrito dice:

       

      “El lugar elegido por Piria seguramente lo cautivó por su belleza natural, con sus cerros rindiéndose ante el mar, pero sin duda no fue éste el determinante que lo llevó a construir precisamente aquí. Hay un ingrediente extra a tanta belleza, es la conjunción de fuertes puntos de energía que no pasaron inadvertidos para el fundador.”

       

      “No es novedad que en el planeta existen ciertos lugares que desde tiempos remotos llevaron a antiguas civilizaciones a construir sus templos y monumentos religiosos en puntos que potenciaban su poder por la energía que allí se concentraba. En Piriápolis existen innumerables puntos de alta concentración energética, pero lo más sorprendente es que en cada lugar de fuerza Piria dejó un monumento, una construcción o un símbolo. ¿Por qué? O… ¿para qué?.”

       

      “En realidad, cada monumento y construcción es un símbolo en sí mismo. Existe una conexión entre cada uno de ellos y todos representan una etapa en lo que constituye un camino iniciático. Es asombroso descubrir en sus obras la obsesión por dejar plasmados sus conocimientos de Qabbalah y Alquimia, diseñando una catedral a cielo abierto en un paseo, senderos y luminarias en un salón plagado de simbología y colores alquímicos, una iglesia que nunca fue, un castillo entre las sierras de cuya arquitectura se desprende un sinfín de mensajes. En el trazado original de la ciudad, cada manzana fue diseñada para que sus calles formaran un Árbol de la Vida. Sus monumentos representan en su conjunto el tránsito a la Era de Acuario. Sus obras arquitectónicas son templos en sí mismas. Tal vez la más impresionante sea la del Argentino Hotel, símbolo viviente del misticismo que encarna la ciudad donde a cada paso se encuentra un misterio por descubrir, un velo por levantar”.

       

       

       
      Carlos Rodríguez (de frente) conversando con nuestro Director

       

       

      Un país ocultista

       

          Que quede en claro de una vez: de lo que estoy hablando es de la ineluctable sorpresa de descubrir que Uruguay es un país ocultista, con misticismo cuidadosamente diseñado a cada paso. Esto llevará varios artículos, pero quiero obligar al lector a ponerse en mi piel para comprender qué significa hallar eso mientras se acumula vertiginosamente anécdotas, historias, lugares, reflexiones... Valga la oportunidad, entonces, para reiterar el agradecimiento a todos los hermanos y hermanas uruguayos, pero muy especialmente a Mariela Dos Santos y Jorge Guaraglia; en efecto, por ser ellos quienes con paciencia benedictina tuvieron que acompañar (y soportar) todas mis sobresaltadas euforias de deslucido descubridor: un rugido intempestivo en la quietud de la iglesia de La Candelaria al tropezar con el mágico ángulo de 52º, ¿recuerdan? (ver “En busca de portales dimensionales: explorando las grietas de la geometría Sagrada”, en AFR Nº 110) o mi inveterada costumbre de gritar “¡Pará!”, abrir la puerta del automóvil y echar pie, todo en una, cuando algo reclamaba mi atención mientras el conductor (Jorgito, claro) trataba de frenar el vehículo antes de una catástrofe. Ellos, en confidencia, me señalaron otras malas costumbres mías, como cierta manía compulsiva de andar arrastrándome por los suelos o trepándome a ciertos inverosímiles lugares para obtener una buena toma fotográfica. Pero vale la pena. Así que sirva esta digresión de honorable reconocimiento a estos dos amigos, de deseos de un descanso reparador... y de advertencia de alistarse que, en breve, Fernández returns.

       

       

       
      Mariela Dos Santos y Jorge Guaraglia
       

       

       

      Los hitos

       

          Argentino Hotel: desde el número de escalinatas y niveles hasta los vitrales del interior, todo tiene una simbología numérica. Sus rampantes, zoológicas alegorías (obsérvese el aspecto de la cola del “león alado”, remitiendo al símbolo de infinito), el “bagua” octaédrico de la base de las luminarias, columnas octogonales, colores de la Gran Obra alquímica...

       

       

       

      Obsérvense las columnas octogonales

       

       

       

      Frente del Argentino Hotel

       

       

       

      León alado, ¿metáfora de la Esfinge?. Obsérvese la cola...

       

       

       

      El impresionante vitral de su “hall” central

       

       

       

      Las bases octogonales de las luminarias

       

       

       

      Hotel Piriápolis: frente al anterior, sus aceras están hechas a modo de azulejos y mosaicos mozárabes, pero con incrustaciones de piedras de colores. La Clave de Sol, la cruz de Ocho Beatitudes, Rosas, el absoluto simbolismo hermético y rosacruz por todas partes.

       

       

       

       

      El hotel Piriápolis

       

       

       

      Acera del Hotel Piriápolis: Clave de Sol

       

       

       

      Acera del Hotel Piriápolis: nuestro Director y la Cruz de Ocho Beatitudes

       

       

       

      Otras Claves y Cruces Templarias

       

       

       

      Acera del Hotel Piriápolis: las Rosas

       

       

       

      La Fuente de Venus: simbología astrológica y hermética la jalonan, en lo que se aprecia en el conjunto como aquella “catedral a cielo abierto” de la que hablara Rodríguez.

       

       
       
      La Fuente de Venus
       

       

       

      Cerro El Toro: camino a la cumbre, las estatuas de un Toro, un Águila, un León y una Venus..., ¿no les recuerda a la visión de Juan el Evangelista?

       

       

      El Castillo de Piria: Deslumbrante. Inagotable. Mágico hasta cortar la respiración. En sus sótanos inexplorados se rumorea que Piria tenía su laboratorio espagírico. Desde los mosaicos del piso (con ocho pétalos), la gran chimenea hogar orlada de signos zodiacales, los antiguos óleos donde íconos católicos son heréticamente cargados de simbología pagana; ¡observen este lienzo, donde un San Francisco de Asís se inclina ante un ciervo —daimon de la diosa Palas Atenea— con una luminosa cruz sobre su testa! El santo lleva un hacha a sus espaldas (dispuesto a talar un árbol, es decir, agredir a la Naturaleza) y sus dos fieles compañeros caninos esperan entre temerosos y sorprendidos, rabo entre las patas, en lugar de atacar al animal. La simbología es clara. Lo eclesiástico y los canes, domini canes (“dominicanos”, los “Perros del Señor”) ceden ante las deidades paganas, las fuerzas vitales de la Naturaleza[2]. La excepcional acústica de ciertos, sólo ciertos rincones (atención: otro increíble, místico pero perfecta y empíricamente comprobable fenómeno de acústica casi por fuera de las leyes físicas ya lo había comprobado un día antes en Punta del Este, sobre lo que volveré más adelante)... La construcción le demanda exactamente siete años, y en ese período la habita exactamente trescientos sesenta días.

       

       

       

      El castillo de Piria

       

       

       

      El cuadro de referencia

       

       

       

      La chimenea hogar del castillo

       

       

       

      Mariela, Jorge y Carlos estudiando el embaldosado

       

       

       

      El embaldosado del piso del castillo

       

       

       

      La Virgen de los Pescadores: la Stella Maris de infusa sexualidad, ya descripta al comienzo de este trabajo.

       

       

       

      La imagen por detrás...

       

       

       

      ...Y la imagen por delante.

       

       

      Las leyendas

       

          Hablamos de duendes y luces. A veces, de designios oscuros. Darwin, nada menos, en su paso por el lugar escribió: “aquél cerro que emergía del mar, durante la noche emitía sombras luminosas que se comunicaban con otras similares en los demás cerros de la cadena que bordea la costa”. Muchas veces los “duendes” han llevado sus bromas demasiado lejos, siendo muchas las historias de quienes bañándose no lejos de la orilla han sido arrastrados hasta el fondo por una fuerza superior, encontrando la muerte en apenas un metro de agua. ¿Y aquél caso del yate extranjero, vernáculo Mary Celeste, que encontrándose muy cerca de la costa fue envuelto por un banco de niebla muy espeso, regresando a la orilla sin uno solo de sus tripulantes, de los cuales jamás se volvió a tener noticias?

       

          O el cerro en donde todos los solsticios de verano se declaran incendios “accidentales” que dejan “espontáneamente” de suceder en el equinoccio de otoño. Es el que presenta una profunda grieta en forma de “V” en su cima por donde ese día, y sólo ese día, aparece el Sol.

       

       

      La iglesia inconclusa

       

          Dejé para el final de este artículo este ítem, por acompañar una vivencia muy personal. Los atractivos esotéricos de Piriápolis no culminan aquí (para quienes gusten llegarse, frecuentemente se organizan “tours místicos” y, una vez al año, el “mes místico” del que participan todas las fuerzas vivas de la ciudad). Pero voy a referirme a lo que he experimentado.

       

          ¿Aclaración necesaria? No soy un dechado de clarividencia, no canalizo antes del desayuno y si el biólogo Alwin Lawson llegara a tener razón y las experiencias de abducción son sólo recuerdos perinatales, padeceré la orfandad de suponerme parido por un repollo, porque no jalonan mis noches experiencias trascendentes con seres incorpóreos. Sí son por mis lectores históricos conocidas unas cuantas experiencias insólitas, alguna aterradora, pero sospecho que me han ocurrido más que gracias a mi capacidad de sintonización, a pesar de ella. Es decir que no ando por la vida sintiendo presencias, visualizando energías, convocando espíritus. Algunos me señalan como demasiado pensante; yo disfruto la pedantería de dar por sentado un ecuánime maridaje de espiritualidad y racionalidad.

       

          De modo que cuando Carlos y Jorge me hablaron de “la iglesia que no fue” y de las leyendas que se tejían a su alrededor, eso y decidir visitarla fue una sola cosa. Allá fuimos. Mariela, sensible ella, fue constreñida a quedarse en el auto. Jorge, mirándome de reojo, musitó algo como “ni loco entro”. Carlos fue más expeditivo: pasó raudamente en su automóvil, saludó con la mano y se perdió en lontananza.

       

          ¿Adivinen quién entró? Acertaron. Un servidor.

       

          La escena era digna de Brian De Palma. Nubes espesas, oscuras, cubrían el cielo. Sólo dos perrazos aparecieron de la nada y me ladraron agresivamente desde una distancia cada vez más breve para mi gusto. Miré la gótica escena (“neogótica” tendría que decir, que tal es el estilo de la pseudo iglesia con mucho de “románica” pero nada de “romántica”) y, casi por reflejo, también mi infaltable brújula. La primera gran extrañeza: la iglesia está orientada al oeste, en lugar de al este. Recordé el comentario sobre la negativa de los eclesiásticos a aceptarla pese a que Piria corría con todos los gastos, y me pregunté si la razón no sería esta orientación. Pero instantáneamente me di cuenta que era una suposición tonta: los constructores debían saber desde el vamos cómo debe orientarse un templo católico. Debía haber otra razón.

       
       
       
       
       
      Frente de la iglesia inconclusa
       
       
       
      La nave central

       

       

          Comencé a desplazarme hacia la izquierda de la construcción buscando una forma de ingresar y alejarme de los perros. Esta vez, mi zurdez me jugó una mala pasada: si hubiera ido hacia la derecha habría hallado un gran portón abierto. Pero ya aclaré que la clarividencia no es lo mío[3]. Una ventana, y allí estaba yo trepando y rogando que los mohosos ladrillos no cedieran bajo mi peso. Un salto, y ya estaba dentro. Unos pasos, y me hallaba en la desolada nave central.

       

          Allí encontré el portón abierto y la segunda extrañeza. Los perros, instantes antes tan interesados en probar sus caninos en mis huesos, seguían ladrándome furiosos pero sin ingresar al templo, manteniéndose frente al portón abierto. Miré entonces hacia donde debería haberse hallado el altar, tomé unas fotos y fue entonces cuando sentí primero y creí entrever después esa sombra espesa deslizándose sobre el muro del fondo. Unas fuertes —aunque no incontenibles— ganas de vomitar me ganaron. Hice casi por instinto los mudras del Pequeño Sellado de protección y cuando volví a enfocar la vista en el muro la sombra ya no estaba, pero la ominosa sensación de ser observado, sí.

       

          Ya se sabe la visceral reacción de los porteños frente al peligro: giramos sobre nuestros talones y a paso lento, como quien no quiere la cosa y disimulando, nos vamos silbando “La Puñalada” (una versión en audio de esta milonga en la sección Audio). Al salir, claro, los cancerberos me estaban esperando. Ahí quedó demostrado lo peligrosas que son mis piernas. No saben como corro.

       

          Llegué al automóvil aún con ganas de vomitar que, sin embargo, se disiparon poco a poco. ¿Miedo? No, “opresión” sería más bien la palabra. Y fue en ese momento que Jorge, alias “quien-avisa-no-es-traidor”, me señaló un detalle sugestivo: todos los alrededores de la iglesia inconclusa están deshabitados, pese a estar en un bello lugar. Sólo una edificación fue construida en un terreno lindante: una casa mortuoria. Y aún recuerdo las palabras de mi amigo: “cuando de un lugar se va la Luz, entra la Oscuridad”.

       

          ¿Qué hay allí? No lo sé (pero pienso averiguarlo). ¿Para qué la construyó Piria? Tampoco nadie lo sabe.

       

          Y me alejé de Piriápolis, mirando el paisaje por la ventanilla. Y recordando la primera imagen grabada en mi retina cuando, unos kilómetros antes de llegar, observando la ciudad balnearia recostada en las estribaciones entre la sierra y el mar, había expresado que “se sentía un Feng Shui perfecto”. No podía ser de otra manera.

       

       



      [1] Heliópolis es desde siempre un grupo muy discreto y universal de alquimistas. Entre sus filas han pasado la mayoría de los maestros alquimistas medievales, tanto laicos como religiosos. Durante el siglo XX han alternado en esta fraternidad figuras de la estatura de Champegne, Swaller, Dujols, Fulcanelli, Eugene Canseillet y don Francisco Piria. Este último viajaba todos los años puntualmente a las reuniones de la hermandad en el viejo continente. De la misma forma que Fulcanelli dedicó sus libros a “los hermanos de Heliópolis”, Piria dio originalmente el nombre de Heliópolis a su obra mayor, una ciudad especialmente trazada para el encauce de energías cósmico-telúricas.

      [2] La interpretación de este cuadro es absolutamente personal .

      [3] Y si lo fuera, el verdadero ocultista, oculto está.

       

       
       

      Una lección de Alquimia práctica

       

       

      LLEGÓ EL MOMENTO DE EXPERIMENTAR

       

       

       

      “Yo alabo sobremanera el valor con el cual habéis combatido los discursos ordinarios de algunos espíritus, que creen que su honor está en juego si no califican de patrañas todo lo que no conocen, porque no quieren que se diga que otros pueden percibir o descubrir verdades para los que ellos carecen de toda comprensión”. Eudoxio, 400 A.C.

       

       

         

       

          Tuve mis resquemores a la hora de escribir este artículo. Uno deambula tanto tiempo en estos menesteres que aquello de “Osar, Poder, Saber, Callar” se encarna, y uno se pregunta si no estará violando algún código ético universal al revelar —o, mejor aún, al proponer— ciertos secretos. Pero las dudas, cuando menos en mí, suelen durar poco. Ésta es la Era de Acuario. Y uno —yo—  hace tiempo que aprendió que el Dharma de su vida es revelar lo no revelado. Así que inspiremos hondo, y aquí vamos.

       

          Tal vez resultaría cómodo escudarme en que el Secreto lo revela un secretista. Julio C. Stelardo era su nombre, uruguayo de nacimiento y fallecido, si la memoria no me falla, hace un par de años. Supe de él en mi reciente “gira” por ese hermoso país, de lo cual daré amplia cuenta en este y otros números de “Al Filo de la Realidad”. Pero sirva esta nota como homenaje a un casi desconocido para el mundo que, sin embargo, supo sentar escuela en esas tierras.

       

          Reproduciré a continuación algunos párrafos de un difícilmente hallable libro de Stelardo, titulado “La Alquimia y el Grial en el Río de la Plata”, y que llega a mí por la inestimable amabilidad de la profesora Mariela Dos Santos, de Montevideo. Personaje curioso este Stelardo. Sus mismos discípulos hacen un gesto de extrañeza mezclado con admiración cuando a él se refieren, señalando grandes virtudes a la par de algunos “dislates”. ¿Serían tales, o simples maniobras de un espagirista acostumbrado a lidiar con un exoterismo académico pertinaz pero insuficiente para transmitir otras verdades?

       

          Me apasionan ciertas implicancias. Mis conocimientos de química son menos que cero. Así que, sin opinar sobre esto (rompiendo mi vieja regla de no enseñar lo que yo mismo no he probado pero, ¡qué tanto!, a veces las reglas se hicieron para romperlas) simplemente transmitiré lo que Stelardo enseña: a convertir plata en oro. Esto, según él mismo propone, no es metafórico: es literal, real. Así que invito a la comunidad de lectores entre los que sé muchos con fuerte formación profesional, a experimentarlo. Si fuera realidad, y juguemos sólo con esa posibilidad, las implicaciones son fenomenales, y la comunidad de “Al Filo de la Realidad” habrá sido la primera en resucitar la Alquimia.

       

          Una de esas consecuencias es que si esto es posible, es posible también que afirmaciones más audaces de Stelardo sean igualmente ciertas, y aquí dudo. En efecto, el maestro propone algo de una audacia rampante: que hace unos cincuenta mil años, una raza previa a la atlante vivía en lo que hoy es el territorio uruguayo, desarrollando conocimientos increíbles hasta que mudó al Tíbet. Vimanas y Grial, un río de los “Urunagas” (o “adoradores de los Nagas”) que sería el gentilicio de la región y no el idioma avañeé de los guaraníes, Shambala y Agharta, túneles y cerros manipulados por la megaingeniería de esos antecesores jalonan su teoría.

       

          Invoca, nada menos, que a H. P. Blavatsky, quien en “La Doctrina Secreta” y su Glosario dice que: “la voz Uragas nace en Uruguay creada por los indios por apócope del vocablo Urunagas (...) Son los Nagas del Potala, los maestros antípodas sudamericanos establecidos por milenios en la actual República Oriental del Uruguay. Serán los propios Urunagas al retirársela valle sagrado de los Incas y al Nepal quienes llevarán el fonema Uraga con ellos (...) Estos últimos desde Nepal transmitieron el término y su significado al Tíbet y a la India y a su debido tiempo se incorporó al sánscrito con su aceptación actual: Uraga significa Serpiente Estelar”.

       

          Pavada de linaje.

       

          Esto es interesante en cuanto alimenta la leyenda de la “Escuela Universal de Las Antípodas”[1], la convicción de la creencia en todo el Valle de Punilla de nuestra provincia de Córdoba —con el inefable Uritorco como señal preclara— en la continuidad cuando menos energética y transmitida por maestros milenarios uniendo lugares tan distantes del globo. Stelardo sostiene que la orografía de su país fue en parte modificada en tiempos muy pretéritos por estos maestros; concretamente, los particulares “cerros chatos” del Uruguay habrían sido el resultado de operaciones propias de la mudanza de monasterios. Y escribe: “La ribera occidental del río de los Urunagas (hoy río Uruguay) no era habitable en esas edades por ser una gran sabana, inundable, pantanosa y cenagosa. Pasarían milenios antes que las aguas del río y sobre todo el gran caudal del Paraná aportaran las tierras de aluvión suficientes para darle nivel y consistencia a las actuales provincias argentinas de Entre Ríos y Buenos Aires, y redujeran a un mero estuario el ancho mar allí existente en esos tiempos. En cuanto a los cerros chatos de la actual República Argentina, tienen otro origen y otra historia”.

       

          ¿Otro origen y otra historia? Aun ahora me sacude el recuerdo del escalofrío que me corrió por la espalda al leer estas líneas. Porque aquí caía una ficha perfecta de este alocado rompecabezas: un par de años atrás, en esta misma revista reflejamos un trabajo de nuestro amigo Gustavo Andrés Laphitz, de Misiones, cuando llamó nuestra atención hacia unos extraños “cerros” en la (casi totalmente) planísima provincia de Corrientes. Estos cerritos están, oh casualidad, en las cercanías del río Uruguay y mi tocayo siempre insistió sobre su “aspecto artificial”. Incluso, en su momento, pusimos a disposición de nuestros lectores un programita[2] diseñado por Laphitz donde se pueden observar imágenes y subsecuentes demoras me han impedido apersonarme in situ a investigar. Siempre tuve cierta resistencia, ¿dentro de qué teoría podían encajar estos “cerros”, de ser artificiales? Ahora, siempre y cuando menos en teoría, lo veo claro: en la de Stelardo, por ejemplo.

       

          Ahora (siempre y cuando, claro, ustedes no tengan nada más interesante que hacer) vamos a fabricar oro.

       

       

              “Hubo un tiempo en que sacerdotes de oro celebraban misa en cálices de madera. Hoy, sacerdotes de madera celebran misa con cálices de oro”.  Julio C. Stelardo

       

      “Vayamos, pues, adelante con una probada receta de los sopladores de carbones, receta que desde antes de la edad media se efectúa con positivos resultados.

       

      Queda de antemano un interrogante: luego que puedas dar crédito a tus ojos y a la experiencia, luego que los resultados del análisis químico confirmen la transmutación de plata en oro, ¿qué harás? ¿Esperarás primero resultados y luego pensarás qué hacer?

       

      Suele el hombre primero hacer y luego pensar. Este camino muy frecuentemente se lamenta el haberlo transitado. Sólo los pocos primero piensan y de éstos muchos menos cumplen lo pensado luego de los hechos.

       

      Estás advertido: transmutarás oro. En sí misma es una rentable acción. Si eso buscabas pronto será el fin de camino, pero para pocos, muy pocos, serán el fin de la pista y elevarán vuelo, dejando a los otros y al oro en el suelo, pues con ese lastre se anda pero no se vuela.

       

      Bien, ahora recuerda a Hermes y abramos nuestra caja de Pandora.

       

      Hablaremos del más sencillo de los procedimientos arquímicos[3]. Consiste en manejar el resultado y las consecuencias de las violentas reacciones que tienen los ácidos sobre las bases. Durante esas convulsiones de la mezcla se logra la creación de cuerpos nuevos.

       

      Así se logra partiendo de alguno de los metales próximos al oro, como el cobre, la plata, el plomo, etc., producir pequeñas cantidades de oro.

       

      Desarrollaremos la secuencia espagírica partiendo de la plata, el amable lector lo podrá duplicar e incluso hacer partiendo de otros materiales. Este proceso tiene el éxito asegurado.

       

      Veamos.

       

      1)      En una retorta de vidrio alta, de forma tubular, poner hasta la tercera parte de su capacidad Ácido Nítrico Puro (antes llamado “agua fuerte”) = NO3H. Atención: este ácido es muy corrosivo y su contacto con la piel genera gravísimas quemaduras. Haga esta experiencia con la participación de un químico experimentado con el manejo del ácido nítrico en el laboratorio. Utilice probetas y materiales de excelente calidad. Sobre todo, cuidado con las salpicaduras y los riesgos de rotura de la probeta, por falta de pericia y experiencia por parte del operador. Tenga muy en cuenta esta advertencia.

       

      2)      Luego adapte un recipiente (conectarlo) también de vidrio, que tenga tubo de escape.

       

      3)      Apoyarlo en un baño de arena y calentarlo suavemente sin llegar al grado de ebullición del ácido, pro que esté próximo a él.

       

      4)      Apagar el fuego, destapar la boca del tubo.

       

      5)      Introducir una pequeña porción de plata. Que sea plata virgen o plata de Copela que no tenga ningún vestigio de oro.

       

      6)      Entonces comenzará la emisión de peróxido de nitrógeno, o sea la emisión de nitrógeno con el máximo de oxidación que este elemento permite. Es uno de los óxidos llamados “singulares” pues los peróxidos son manantiales de oxígeno.

       

      7)      Se apreciará que la emisión de peróxido cesa cuando la efervescencia del ácido se detenga.

       

      8)      Volver una y otra vez a introducir plata (siempre en pequeñas dosis) y cada vez esperar a que la nueva ebullición cese.

       

      9)      Cuando sea visible la poca energía de la ebullición, o sea cuando los vapores rojos salgan más lentamente por saturación, hay que cesar de agregar trozos de plata.

       

      10)  Dejar quieto cuarenta minutos, inclinar lenta y suavemente la probeta trasvasando la solución (deberá estar aún caliente y su coloración será clara). Tener cuidado de no arrastrar el poso de sedimento.

       

      11)  En el fondo de la retorta habrá de verse un pequeño poso de apariencia de arena negra.

       

      12)  Lávese con agua destilada tibia y vuélquese en una pequeña taza de porcelana. Ensayos que se pueden realizar: (a) No se disuelve en ácido clorhídrico; (b) se disuelve en agua regia; (c) se disuelve en ácido nítrico. La primera de estas tres opciones no lleva a ninguna parte, aunque (por ello) da indicios de qué elemento se trata. La tercera nos retrotrae al proceso que iniciamos. La segunda es la que sugerimos y seguiremos.

       

      13)  Disolver el poso en agua regia y se obtendrá una hermosa solución amarilla de bello color, como el tricloruro de oro. Se conocen dos cloruros de oro: Cloruro auroso, AuCl, el protocloruro de oro y el cloruro áurico, AuCl3, el tricloruro de oro. El cloruro áurico o tricloruro de oro es la sal de oro por excelencia. Si se disuelve en éter se logra lo que en los libros antiguos se llamaba oro potable (¡no se le ocurra beberlo!). Pero no es esta nuestra finalidad, así que sigamos adelante.

       

      14)  Si añadimos a nuestra solución, a nuestro licor dorado, agua destilada y lo precipitamos por una lámina de zinc suavemente inclinada, se depositará un polvo amorfo, muy fino, color mate - marrón rojizo, idéntico a la coloración que da el oro natural que se reduce de esta forma.

       

      15)  Lavando y secando este precipitado polvoriento, si lo comprimimos contra un vidrio o mármol dará una lámina brillante de un bonito color amarillo por sus reflejos y de color verde por transparencia.

       

      16)  Hemos llegado, pues, al oro más puro, pero es muy pequeña la cantidad.

       

      17)  Entonces, aumentémosla. Tomemos la solución que nos quedó en el numeral 10 que era de color claro y estaba aún tibia. Llamémosla por su nombre: Nitrolunar, Nitrato de Plata, la sal de lata por excelencia. Agréguese el agua del lavado del numeral 12. Luego hagamos la reducción (consiste en quitar oxígeno agregando un metal ávido de él) como el nitrato responde a la fórmula NO3Ag, esto resultará. Introducir zinc o cobre, luego decantar en chapa de zinc y luego lavar en abundancia y desecar por calor.

       

      18)  Y así recuperaremos como polvo de plata aquella parte que no se transmutó de ella y la volveremos a usar.

       

       

      Comentarios y puntualizaciones sobre la Transmutación realizada

       

      Hemos logrado oro joven, oro naciente. Tiene todas las características del oro común, salvo su densidad. Pesa más que la plata pero menos que el oro común. No es un estado alotrópico de la plata. Es oro. No es un compuesto inestable. Es oro. Puede por contracción mecánica llevársele a la densidad elevada del oro adulto.

       

       

          Y una (in)necesaria aclaración del autor de este artículo: ya sé que lo realmente trascendente de la Alquimia no es la transmutación material, sino la espiritual que debe acompañarle. Ya sé que algún exégeta puede enrostrarme dirigir el foco de atención de mis lectores a un materialismo pragmático en lugar de reclamar sus esfuerzos espirituales en pos de una metamorfosis más metafísica. Pero reivindico esto: deberá haber —espero— quienes hagan este experimento y nos informen de sus resultados. Podrá ocurrir entonces que (a) sea un fiasco y, coherentes con nuestra línea editorial, de ello daremos cuenta, o (b) que resulte exitoso. Si fuera éste el caso, no sólo pondrá sobre el tapete de la atención pública esta ciencia milenaria y sagrada; fortalecerá el espíritu de búsqueda de muchos, así renovados en sus energías tras una Piedra Filosofal más feérica. Y no será poco.

       

       



      [1] Ver “Nazis a la caza del Grial”, en AFR N° 100.

      [2] Puede descargarse desde nuestra web, sección Software, en: http://www.alfilodelarealidad.com.ar

      [3] Stelardo hace una clara distinción entre “Espagiria”, “Arquimia” y “Alquimia”, a la que nos referiremos en otra oportunidad.

       

       
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