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Al Filo de la Realidad
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 | | Asunto: | [AFR] Lección de Esoterismo Práctico nº 40 | | Fecha: | Sabado, 30 de Enero, 2010 23:56:18 (-0300) | | Autor: | Centro de Armonización Integral <gusfernandez21 @.........ar>
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Centro de
Armonización Integral
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www.alfilodelarealidad.com.ar
Lección de Esoterismo Práctico nº
40
LA
EXPERIENCIA INICIÁTICA DEL
LABERINTO
Lejos quedaron aquellos tiempos. Largo, el camino
recorrido. Duro, con avances y retrocesos, idas y vueltas, desorientado creyendo
estar a punto de encontrar la salida pero no, otra vez un recodo y de nuevo casi
en el punto de comienzo.
De mi andar como esoterista,
hablo. Un andar que tuvo uno de sus primeros pasos con mis impetuosos dieciocho
años en un instituto parapsicológico de orientación rosacruz. O un instituto
rosacruz de orientación parapsicológica, qué más da. Cuando un servidor
transformaba casi cada clase seguida por mis condiscípulos con fruición
demasiado crédula para mi gusto en un debate despiadado en busca (yo) de
"sentido común" y racionalidad. Años tardé en comprender que no podía exigir
cartesianismo en el imperio de lo metafísico, y perdono con melancolía y
nostalgia a esa gente bienintencionada que trataba de impartir una formación
para la cual carecían seguramente de idoneidad.
Era yo
un adolescente, aún incipiente alumno de una Parapsicología que se pretendía
"científica". Y como la función hace al órgano (dicen, yo no lo creo) proceder
con actitud científica me transformaría en uno. Iluso de
mí.
¿Estados superiores de conciencia? Ilusiones.
¿Dimensiones paralelas? Alucinaciones. ¿Entes espirituales? Cosa de ignorantes.
El ignorante, obvio, resulté yo. Fue cuando me cayó la ficha esotérica, cuando
la Causalidad me embocó un gol estando en posición adelantada y el barbado
Árbitro no lo vio. Cuando me di cuenta de que me había pasado la mayor parte del
partido puteando a la hinchada contraria y de espaldas a la cancha mientras el
Mago, tomándose los medievales calzones con una mano para no hacer el papelón de
enredarse al darle de puntín al balón, me convertía un corner que aún hoy lo
miro por TV.
Uno busca lleno de
esperanzas...
... el camino que los sueños
prometieron a sus ansias, dice el tango. Y el Camino aparece. Jalonado, en mi
caso, de experiencias, vivencias, anécdotas, descubrimientos, paisajes (de este
mundo y del otro), bastante Conocimiento y, quizás, algunas píldoras de
Sabiduría. Y errores de bulto. Como suponer que ese camino es lineal, recto como
una flecha, desde el aquí, la ignorancia supina en lo Trascendente, hasta el
“allá”. O Más Allá. Que no es que te publiquen en la hispana revista, obvio,
sino vislumbrar la Verdad. Tocarla un momento. Vamos, por lo menos husmearla con
epicúrea sensualidad hermética. Pero como decía mi querido y finado abuelo
gallego: "la cuestión es joder". De recto, nada. La alguna vez soñada
autopista al Saber Espiritual que supuse como diseñada asépticamente por un poco
imaginativo dibujante con Autocad, más bien parece haber sido pergeñada por un
M. C. Escher borracho y con cólicos renales. Porque se retuerce sobre sí mismo,
me trae y me lleva, creo haber encontrado la salida pero no, ya lo dije, y giro
y giro y giro y no tengo veleidades de Pomba Gira. Hace más de treinta años que
entré al Laberinto y aquí estoy, todavía.
Pero algo ha
pasado conmigo. Este Laberinto es como un retorcido alambique de la vida que
sublimó alquímicamente la mía, la que entró como grano y sal de la tierra y hoy
es licor espirituoso.
Así que, después de todo, uno
aprendió algunas cosas. Por ejemplo, que afinando la percepción en el lugar y el
momento adecuados podemos asomarnos a la claraboya de Otra Realidad. Y una de
esas claraboyas es el trabajo con laberintos.
Jangadero del No
Tiempo "Jangada" se llama en Argentina al
conjunto de troncos de árboles, apenas atados entre sí, que hacheros y leñadores
del norte mesopotámico[1] echan a las aguas del río Paraná para enviar a los
aserraderos casi sin gastos de flete. Y "jangadero" es el valiente que en
precario equilibrio sobre uno de esos troncos y con una larga pértiga los
conduce. Los jangaderos son, además, conocidos por su habilidad para evadir los
peligrosos remolinos en el agua. Que, en el río Paraná, son llamados "remansos",
lo que es muy gracioso porque de "re - mansos", nada. Nada de nada, quiero
decir, porque en un remanso (remolino) no se nada. Se hunde.
Uno.
Así que cuando visiten Capilla del Monte y
quieran conocer un "remolino" de energías, un "vórtice" a otras percepciones...
¿pueden negar que me resulte divertido que el lugar donde eso sea posible se
llame... "El Remanso"?
"El Remanso" es una muy
agradable hostería con cabañas al pie del imponente Uritorco. Debo a la
amabilidad de su propietaria (Liliana, cuyo email es: "El Remanso" elremanso@arnet.com.ar) el poder haber accedido
con mi grupo, disfrutar la belleza del lugar, conocer sus atrapantes
"morteros"[2] y un prolijo laberinto, trazado con pequeñas rocas y de unos
veinte metros de diámetro en el cual realizamos la experiencia que quiero
relatarles.
Transitado por nosotros en horario
nocturno, consistió en recorrer aquél en forma individual y grupal, en estado
levemente meditativo, reuniéndonos en grupos de tres al llegar al centro y tras
el recogimiento a partir de una oración, emprender el regreso. Como se verá,
aparecen en las fotografías los cada vez más habituales (y no sólo en este
contexto) "orbs" (sobre los que próximamente publicaré un estudio
personal) así como también otras extrañas manifestaciones lumínicas; tal, el
caso de "rayos de energía" no susceptibles de explicación convencional
(como linternas en movimiento, reflejos y difracciones ópticas, etc.) que
ilustran esta nota.
Pero ahora quiero llevar la
atención del lector en otra dirección, que tiene que ver con el "adentro"
(quizás no tan fenomenológica y visualmente impactante como el "afuera", pero
mucho más transformador) de cada uno. Las vivencias en el
laberinto.
Es muy interesante. Hagan la experiencia y
cotejen sus sensaciones con otros; verán que son prácticamente calcadas.
Desorientación, confusión, crees estar llegando al centro pero das un recodo y
estás proyectado otra vez cerca de la periferia. Más aún, de noche y con el
efecto estroboscópico de los "flashes" de las cámaras, el sentimiento sumado era
de ansiedad, hartazgo, impotencia: otra vez parece que llegaste al meollo, y
otra vez las vueltas del camino te alejan. ¡Tan sencillo, tan breve que parecía
desde fuera! ¡Tan petulante tu sonrisa cuando supusiste que en aburridos
instantes llegarías al centro! Y allí estás, el tiempo pasa, te enojas, te
angustias y claro, te desorientas y confundes más.
Y
de pronto, casi con un golpe de iluminación que no fue un flash disparado en tu
rostro sino brotando desde lo profundo de tu corazón, te das cuenta que esto que
estás haciendo se parece a algo. ¿A qué? A la propia vida. ¿Cuántas veces
te metes en situaciones que vistas desde afuera parecen tan simples pero se
transforman en bretes insalvables, confusos, erráticos? Mira en tu corazón
ahora: ¿cuántas situaciones de tu vida, hoy, parecen laberínticas, sumiéndote en
desorientación y confusión?
Entonces llega la
impaciencia y el enojo. Decides saltar tiempos y cortar camino a través, cosa de
salir de allí cuanto antes. No sé tú, pero yo... hablaba ahora del laberinto.
Quizás tú lo hacías de la vida.
Vale, porque uno es
reflejo microcósmico de la otra. Pero caminas el laberinto y aceptas que tu
guía, instructor o amigo te mire con algo de sorna y mucho de censura si pasas a
través de las piedras. Así que en un acto de voluntad decides seguir, como dice
otro tango, yira que te yira a través... del
laberinto.
Y de pronto ocurre. Te ocurre. Ya no te
sientes molesto, ni impaciente, ni confundido. Sólo te dejas fluir. Sientes
que eres Uno con el Laberinto. Y el paso de los minutos te encuentra
diferente. Sorteas el laberinto como un jangadero el "remanso" que es en verdad
remolino, sabiendo que sólo cuando llegues al centro, al meollo, al fondo, es
cuando comenzarás a salir. Y descubres que ello se aplica, literalmente, en la
vida. Pero no es ahora ya más, nunca jamás, mera especulación o filosofía de
café. Es experiencia incorporada, para la que te has entrenado y estás
dispuesto. Bienvenido al Conocimiento, jangadero del No
Tiempo.
Ilustraciones

Estamos en el
laberinto. Como se obsevará, en algunas fotos aparecen orbs, en otras, no. Las
mismas cámaras que acaban de tomar una imagen "limpia" en breves segundos
capturan extraños reflejos, y viceversa. Si se tratara del eflejo en gotas de
rocío, defectos de la cámara, etc., una tras otra "copiarían" los errores y no
presentarían diferencias tan fundamentales.
 El primer "orb" sobre la cúspide de las manos el primer
grupo
 Ahora no están...
 Ahora sí..
 Aquí también...
 De espaldas, nuestro
Director observa el cielo. Tras él, con diferencia de un minuto antes, la
misma persona tira una segunda foto...



 Las
luces inexplicables, una y otra vez.....
 Los
morteros
 El
"rayo de energía" (¿cómo llamarlo, si no?)
Referencias:
[1] Argentina tiene su propia
"Mesopotamia". Se trata de la región constituida por las provincias de Entre
Ríos, Corrientes y Misiones, rodeadas por los ríos Paraná, Paraguay, Uruguay y
De la Plata. La expresión "región mesopotámica" se aplica por extensión a las
vecinas provincias de Santa Fe, Chaco y Formosa.
[2] En un afloramiento
rocoso se cuenta una treintena de estos hoyos en la piedra, de pretendida
manufactura indígena con fines culinarios y de molienda a la que le sospecho
otra finalidad, sobre lo que volveré en otro momento.
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