Esther del Río está hoy ayudando a
lograr impresionantes e inexplicables sanaciones en
personas con graves patologías mediante la
ingesta -o aplicación externa en
algunos casos- de una especial agua vital, de
un cristal-líquido que obtiene del
agua corriente mediante un proceso que ha
patentado a nivel internacional. Y ya
no hablamos pues de teorías sino de
constataciones prácticas. De pura
clínica.
Que el agua es una sustancia de
propiedades únicas era ya evidente. Se trata
del solvente uni-versal por excelencia, es decir, del medio en el que se
disuelven casi todas las sustancias teniendo lugar además en su seno
innumerables reacciones químicas fundamentales para el metabolismo de todo ser
vivo. También sabemos que se puede activar, energetizar, dinamizar, indumizar,
oxigenar, ozonizar, mesmerizar, cromatizar, solarizar,
sonorizar, ionizar, imantar, polarizar,
magnetizar...
Esther del Río sostuvo hace tiempo
que el agua tiene “memoria”, pero los
científicos lo rechazaron sencillamente
porque no lo entendían, porque no podían
explicarlo con sus
conocimientos.
Linus Pauling, dos veces Premio
Nobel, formuló en la década de los 50 la
teoría de que las moléculas de agua
podían presentarse unidas formando dodeicosaedros de
caras hexagonales y pentagonales a las que
llamó clatratos.
Y fue a raíz de esa propuesta de la
que arrancó, la bioquímica Esther del
Río, para desarrollar su trabajo y
constatar que la naturaleza de tales
moléculas es el cristal líquido. Y que es
el agua lo que permite la conexión
electromagnética y fotónica de todo el
cuerpo.
En otras palabras, ha descubierto
cómo circula la energía vital del
organismo de la que han hablado siempre las
culturas orientales dando así
soporte científico a las terapias energéticas;
entre ellas a la Homeopatía y a
la
Acupuntura.
Los descubrimientos del
investigador japonés Masaru Emoto demuestran que
una simple frase, emoción o pensamiento
puede cambiar la estructura del agua.
Afirmación avalada por miles de
microfotografías electrónicas. Es más, constató
algo sorprendente: cuando el
agua se mezcla con la esencia de una flor la
estructura de los cristales que se
obtienen de esa infusión al congelarla es
similar a la de esa
flor.
Es decir, que el agua "capta" la
imagen de la flor con cuya esencia ha
entrado en contacto. ¿Comprende el lector
lo que tal cosa implica? Si los
cristales líquidos del agua orgánica tienen las
propiedades de movimiento de un
líquido y la óptica de un cristal sólido, ¿cómo
extrañarnos que pueda servir
como unidad de almacenamiento de
memoria?
De hecho esas propiedades explican
que el organismo puede codificar y
recodificar información en millonésimas de
segundo. No olvidemos que las
propiedades de los cristales líquidos han sido la
base de los inventos más
importantes de los últimos
tiempos.
Gracias a sus propiedades el
desarrollo de la informática actual nos ha
llevado a los ordenadores y a los
láser, a las pantallas de plasma y a los
móviles, a los satélites artificiales y
a las naves espaciales, a los
telescopios y a los microscopios electrónicos así
como a toda la informática
capaz de registrar, guardar, ordenar datos, codificar
programas, etc.
Por eso Esther del Río llega al
extremo de afirmar que los seres humanos
somos en realidad "el mejor ordenador
del mundo" donde "toda célula se comunica
a través de una pantalla de cristal
líquido capturando y mandando hologramas que
pueden ser
codificados".
Artículo Tomado de Diprored http://ninosdelsol.ning.com/profile/LuciaElenaFraga