Luego vinieron las disputas familiares. El Frente Amplio
inició el ajuste de cuentas "por los malos resultados en las elecciones
municipales de mayo" (el "progresismo" perdió cuatro intendencias municipales en
el interior del país y bajó la votación en Montevideo); se sucedieron las
zancadillas por los espacios de poder y los acomodos en una orgánica parásita;
y, finalmente, aparecieron las diferencias en torno a la "ley interpretativa" de
la Ley de Caducidad (en realidad, una "interpretación" de la impunidad...para
mantenerla), al punto que el gobierno tuvo que retirar el proyecto del Senado.
Entre agosto y diciembre, Mujica tuvo que enfrentar
incontables “desbordes sindicales”. Decenas de miles de trabajadores se
movilizaron por el Presupuesto Nacional y los Consejos de Salarios. Hubo
huelgas, ocupaciones, carpas solidarias, y marchas de los sindicatos. El 6 de
octubre se realizó un Paro General de 24 horas.
Ante las críticas de "inacción y lentitud", el gobierno
decidió marcar la cancha y "restablecer el principio de autoridad". Sin lo cual
el “buen clima de negocios” es, ya se sabe, pura palabrería.
Por un
lado, rechazó las demandas salariales de los sindicatos, en particular las del
sector público. Por otro lado, aplicó el orden jerárquico que debe primar en
todo Estado que se precie de tal. Prohibió las ocupaciones de edificios
públicos, habilitando la intervención policial para el desalojo en caso de ser
necesario; decretó la “esencialidad de los servicios” de recolección de basura y
guardavidas; ordenó a los militares limpiar la mugre en diversas zonas de
Montevideo. Y obtuvo el premio mayor: derrotó la lucha “ultraizquierdista” de
Adeom, el sindicato de los trabajadores municipales.
Desde los medios conservadores y empresariales llegaron
los mensajes de celebración por esta “saludable firmeza oficial” para “enfrentar
conflictos que amenacen el bienestar ciudadano”. (1)
Las últimas semanas dan cuenta de una superación de las
"convulsiones". Que al final, según Mujica, "no fueron tantas". Las voces
"disidentes" en el Frente Amplio se van apagando. Todas sus fuerzas políticas
apoyaron el decreto de "servicios esenciales", o sea, avalaron la restricción
del derecho de huelga en el conflicto municipal. Mientras tanto, el Partido
Comunista y el Movimiento de Participación Popular resolvieron, en sus
respectivos congresos, el apoyo incondicional al gobierno..."para seguir
profundizando los cambios".
Por el lado de los sindicatos, la “conflictividad
laboral” da paso a la “razonabilidad” del diálogo. Y todos vuelven a encontrarse
en la Dirección Nacional de Trabajo. Como debe ocurrir en un país acostumbrado a
los consensos y a la “autorregulación” de la protesta social.
Sin
embargo, el "desgaste del presidente" se hace evidente. "Habla mucho y hace
poco". Así como lo demuestran las opiniones de la mayoría de los consultados en
las encuestas. O como se puede escuchar en cualquier lugar de trabajo,
sindicato, barrio, feria, ómnibus, y hasta en rueda de amigos. Existe una amplia
coincidencia.
Mujica completa sus diez meses de gobierno "con cada vez
menos gente que aprueba su gestión". Y con muchos más desencantados que empiezan
a impacientarse porque la "profundización de los cambios" no acaba de llegar.
Por el contrario, la "brecha de la desigualdad" se ensancha y la "redistribución
de la riqueza" se alcanzaría no se sabe cuándo. Basta con remitirse al último
Informe de Coyuntura (diciembre 2010) del Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT:
"Pese a la coyuntura económica sumamente favorable que
está viviendo el país, con tasas de crecimiento del producto y niveles de
desempleo récord en términos históricos, no está claro que con los actuales
mecanismos que lleva adelante el gobierno se pueda acelerar el proceso de
redistribución de la riqueza, elemento en el que se avanzó poco en estos años.
Actualmente se mantiene una enorme brecha de ingresos donde el 20% más rico se
apropia del 47,7% del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre se debe
conformar con apenas el 5,7% de los ingresos totales. La economía sigue
creciendo a un ritmo mucho más acelerado que los salarios y las pasividades y
más de 800.000 uruguayos todavía perciben salarios por debajo de los $10.000".
(2)
Poco antes de estas lapidarias conclusiones, el Instituto
Nacional de Alimentación (INDA) informaba: 100.000 familias (equivalente a
375.000 personas, es decir el 10% de la población total del país), se encuentran
"con graves problemas de alimentación". Esto es, que dependen del
"asistencialismo focalizado" para comer una ración básica.
Tan solo pocos días después, otro cachetazo. Unos 20.000
niños (de los más de 35.000 que salen todos los días a trabajar) lo hacen en
medio de la basura. Sufriendo “una de las peores formas de trabajo infantil”
según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Es lo que indica el
estudio “Trabajo infantil en el Uruguay: la paradoja de la sobrevivencia en la
basura, un estudio sobre los niños recolectores y clasificadores de basura”. La
investigación da cuenta de una “subcultura” que por sus dimensiones "ya no se
puede ocultar". (3)
Son estos miles de niños sobre-explotados los que
componen la geografía social en su estado más crítico. Son los hijos y las hijas
de la pobreza extrema. Las principales víctimas de un “modelo de crecimiento”
que continúa por la senda del capitalismo neoliberal trazada por las
instituciones financieras internacionales. Vale decir, que privilegia la
acumulación y reproducción de bienes y ganancias empresariales por encima de las
necesidades sociales más urgentes. Esta indignante realidad de los
"niños-trabajadores" es, apenas, una muestra del "país de primera" que vendían
los spots electorales del "progresismo". Hace poco más de un año
atrás.
Justo es decirlo, el presidente y los ministros está
preocupados. Quieren "empezar un debate sobre cómo distribuir mejor la riqueza".
Acaban de descubrir - luego de siglos de capitalismo -, que "el mercado sólo no
reparte". Si Adam Smith los escuchara - por no invocar a Karl Marx - se mataría
de risa. Por cierto, si alguien piensa que van a debatir un cambio de programa
económico, se equivoca. Porque el "intercambio" en el gabinete ministerial "no
es tanto sobre el rumbo" que se confirma. Así lo hizo Mujica en el último
Consejo de Ministros realizado en la ciudad de Fray Bentos, y así lo hizo su
vicepresidente Astori en un foro de empresarios organizado por la Asociación de
Dirigentes de Marketing. Los dos ratificaron por completo el rumbo económico.
Por más griterío que se escuche.
Lo que estaría en debate entonces sería la "apertura de
oportunidades", porque "toda la matriz de protección social - que asegura la
caída de la pobreza y la indigencia, y que es necesaria, por supuesto - no
garantiza mejoras en la distribución del ingreso". (4) Para empezar por donde se
debe, el gobierno ya resolvió acelerar los proyectos público-privado
(concesiones y privatizaciones) y una nueva "rebaja de los aportes patronales".
Porque ya lo sabemos de sobra: de los empresarios que invierten y "generan
puestos de trabajo" depende la suerte de la evolución del salario. Ergo: la
"distribución del ingreso".
El presidente es un hombre sensible, Con un pasado (cada
vez más lejano) de lucha. Reconoce las "dificultades que atraviesa mucha gente"
y con su talante paternalista les recuerda a los de abajo "su derecho al
pataleo". Aunque pide "paciencia". No obstante, a la hora de responder a las
críticas sobre la "inacción y lentitud" de su administración, plantó una de sus
tantas reflexiones patéticas: "Me siento como un viejo hablando en el desierto
(...) En este país no te dejan hacer nada" (...) Es fácil mandar un proyecto de
ley, pero andá a saber cuándo sale y andá a saber cuándo se aplica". (5) Nos
dice que quiere hacer, pero se lo impiden. Pasó por alto un pequeño detalle: su
partido tiene mayoría parlamentaria (en senadores y diputados) lo que garantiza
la aprobación casi automática de las leyes que el Poder Ejecutivo pudiera
enviar.
Finalmente, la "caída de imagen" no sólo afecta al
gobierno nacional. A la jefa comunal de Montevideo no le va mejor. Ana Olivera
(Partido Comunista-Frente Amplio), cierra su gestión anual con el menor apoyo
desde que el "progresismo" gobierna la capital del país. Hace 20 años.
En apenas seis meses de gestión, tiene el 38% de desaprobación, contra
un 35% de aprobación. Peor: entre los votantes frenteamplistas, "apenas un 50%
dice aprobar lo que hace el gobierno municipal". La limpieza, las obras de
infraestructura, la rebaja de impuestos, la "inversión social", en fin, todo lo
prometido espera en una agenda tan incompetente como burocrática.
Sin
embargo, la "compañera intendenta" (la segunda más votada a la dirección en el
congreso del Partido Comunista) espera revertir en el corto plazo la situación
de parálisis. Dice que "llegó el momento de las realizaciones". La razón para el
optimismo es sencilla: fue removido el principal obstáculo. Mejor dicho: el
sindicato fue puesto en vereda. El decreto de "esencialidad de los servicios" y
los milicos actuando de rompehulegas dejaron las cosas en claro sobre quién (y
cómo) manda. Ninguna reivindicación salarial fue contemplada y se aplicarán
sanciones a los infractores del decreto represivo. En este punto, vale decirlo,
el gobierno municipal cuenta con la "aprobación" de la mayoría de los
montevideanos y de los frenteamplistas: el 86% y el 52% respectivamente, estuvo
a favor de la mano dura contra Adeom. O lo que es igual: de escarmentar de una
buena vez a los "radicales". Porque los "intereses corporativos" (de la clase
trabajadora) no pueden predominar por sobre el "interés general de los
ciudadanos todos". Lo afirmó la "compañera intendenta" en medio del conflicto y
lo recalca el presidente de la República cada vez que se le ocurre.
Notas
1) Editorial del diario
El Observador, 15-12-2010.
2) Al dato de 800.000 personas que tienen como
salario mensual $10.000 (510 dólares), hay que agregar unos 450.000 asalariados
que ganan un Salario Mínimo Nacional, $5.924 (300 dólares). Esto significa que
cerca del 70% de la fuerza laboral del país se encuentra en una situación de
precariedad salarial. La Canasta Familiar del Índice de Precios al Consumidor
(IPC) está situada en $40.817 (2.100 dólares), esto corresponde a un "hogar
promedio" (3,3 personas, de las cuales 2 reciben ingresos).
3) La
investigación fue realizada en el marco del Programa Proniño de Telefónica en
coordinación con la ONG Gurises Unidos y el Centro de Informaciones y Estudios
del Uruguay (CIESU).
4) Vicepresidente Danilo Astori, nota del semanario
Búsqueda, 11-12-2010.
5) Entrevista en el semanario Búsqueda, 11-12-2010.
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