 | | Asunto: | Segunda ponencia | | Fecha: | 27 de Marzo, 2007 06:03:13 (+0100) | | Autor: | jrarce <jrarce41 @.......com>
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Internet y la brecha digital. Deyanira Sequeira. 27 de marzo del 2007.
No voy a comentar por obvio ese gran tema de la brecha digital que existe en
nuestro país, y que se origina en las diferentes oportunidades que tienen
estratos distintos de la población: los colegios públicos frente a los privados,
las zonas urbanas frente a las rurales, los barrios marginales frente a los
grandes desarrollos en que habitan las elites.
Más bien me voy a centrar, en el espacio de estas pocas líneas –una motivación
me dicen--, en la brecha digital dentro de los colegas bibliotecarios.
Pareciera que cada vez más, eso que llamamos manejo de la información
–documental y de otro tipo—se escapa de nuestro dominio y pasa a manos de
profesionales de otras disciplinas que producen documentos electrónicos y ellos
mismos se encargan de enviarlos a grandes repositorios para ser compartidos con
comunidades universitarias, empresariales y de organismos internacionales y
gubernamentales. Hay una fuerte tendencia en el Gobierno electrónico a ser
autosuficientes y a prescindir de esas tediosas normas que los bibliotecarios
usamos en el pasado: Mark, Dewey, LC, Anglo2 y otras.
Esquemas más simples de compartir información permiten que cualquier
profesional pueda colocar sus documentos en línea y compartirlos. El Dublín Core,
es una de esas normas simples cuyos 15 campos mínimos sustituyen los complejos
esquemas usados en sistemas que los bibliotecarios usamos en el pasado: winisis,
Alephino, Siabuc, y otros muchos sistemas basados en software propietario que
fueron desarrollándose en las empresas comercializadoras de software.
La aparición del software libre de excelente calidad como el DSpace o el
Greenstone, que usan la norma Dublín core, realmente lanza un reto a la comunidad
bibliotecaria.
Pareciera que la información escapa de nuestro dominio, pero no así el
conocimiento que es, en última instancia, el núcleo central de nuestra profesión.
Y es ahí donde está la brecha principal en este arte milenario de los
bibliotecarios: las comunidades de usuarios a las que servimos exigen
herramientas y procesos más sofisticados, desean una información con valor
agregado para que pueda convertirse en conocimiento. Para esto se requiere el uso
de taxonomías, que permitan búsquedas especializadas de información, se requieren
mapas conceptuales que ayuden a mostrar el camino en el universo informativo que
nos ofrece Internet. Los contenidos dispersos en esa gran Babel informativa, han
de organizarse mediante tesauros y vocabularios controlados, y los usuarios
exigen que se aplique el minado de datos y los almacenes informativos (paquetes)
a los miles de documentos que desean ya desmenuzados, sintetizados y pasados por
el ojo experto del profesional de la información.
Aquí está la brecha. Para cerrarla las Escuelas de Bibliotecología tienen que
comprender que el énfasis no debe ir hacia las tecnologías – lo que hemos
repetido hasta la saciedad – sino hacia una formación sólida que permita emplear
las herramientas que agregan valor a la información pura y simple y contextualiza
el saber dentro de las múltiples disciplinas cuyo conocimiento nos toca
gestionar. Pero no sólo es un reto para las Escuelas. También lo es para los
colegas profesionales que delegan la responsabilidad de su actualización
permanente, en las instituciones a las cuales sirven.
Hago un llamado a tod@os l@s colegas para que aprovechen esfuerzos como el que
se inicia este 26 de marzo en la UNA y que, precisamente, intenta ayudar a cerrar
estas enormes brechas.
Deyanira Sequeira.
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