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 | | Asunto: | [amorc] OMT Louis-Claude de Saint-Martin: El Filósofo Desconocido | | Fecha: | Miercoles, 20 de Febrero, 2008 19:31:58 (+0100) | | Autor: | Leonardo Javier Restrepo Valen <leojavres @.....es>
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El Filósofo Desconocido Louis-Claude de Saint-Martin Por Stanislas y Zofia Coszczynski. (Oficiales de la Gran Logia de Polonia de AMORC en 1947) En la gran familia de las naciones, pese a las diferencias de raza,
nacionalidad y lengua, existe una cierta tendencia por parte de algunos hombres
evolucionados espiritualmente a atraerse entre sí. Son hombres con un alma de
naturaleza similar, que buscan la plenitud de su humanidad y que, al no poder
alcanzarla únicamente en el plano físico, continúan esta búsqueda en las regiones
superiores, donde su ardiente deseo los conduce al propio santuario del Dios
Vivo. Estos pioneros se reconocen entre sí mediante signos no sólo visibles sino
también invisibles y dan muestras de un grado de desarrollo y de renacimiento en
espíritu real y definitivamente alcanzado. En ciertos casos de especial
proximidad espiritual, el lazo que existe entre ellos se hace tan estrecho, que
incluso lo que llamamos muerte deja de ser un obstáculo. Una familia espiritual
unida no existe en un
momento determinado en carne y hueso, pero cada uno de sus miembros descubre
tarde o temprano los rasgos de esta familia y los bienes que de ella se derivan,
gracias a los tesoros espirituales que han sido acumulados por aquellos que han
sido sus predecesores. Cada uno, en el camino del desarrollo del ser, tiende
hacia el conocimiento de su propio Yo. Cada uno se esfuerza por despertar lo
trascendente, la imagen eterna enraizada en sí mismo, con el fin de hacer
perceptible y comprensible el texto del Divino Pensamiento en él depositado, y
con el propósito de alcanzar la manifestación más pura y plena de éste. Podríamos citar al respecto las palabras del Evangelio: “Busca y
encontrarás”, “Pregunta y te será respondido”. Cualquiera que desee ardientemente
y que busque con perseverancia y ardor hasta alcanzar el Ideal divino con toda la
fuerza de su alma, seguramente encontrará ayuda y apoyo. En
verdad, aquél que tenga valor
conquistará el Reino de los Cielos superando la oposición de los malos
instintos de la naturaleza, rechazando todo compromiso y tendiendo más que nunca
a elevarse al Reino de la Luz y de la Libertad. Louis-Claude de Saint-Martin
era un caballero entregado a la búsqueda de la luz. Ha sido reconocido como uno
de los más grandes místicos de Francia, pero la obra de su vida no figura
solamente en las obras que ha escrito. Toda su existencia estuvo impregnada de la
idea de una gran renacimiento de la humanidad, y ha despertado un profundo eco,
no sólo en Francia, sino también en Europa occidental y Oriental, Encontramos
señales de su influencia en las obras creadoras de nuestros poetas proféticos y
de forma muy señalada en el poeta polaco Adam Mickiewicz. Para poder comprender a Saint-Martin, debemos profundizarnos en su obra,
debemos revisar su vasta correspondencia, estudiar su biografía (publicada por
Papus, por Matter, por Franck y otros más) presentada por numerosos autores y
críticos con frecuencia de forma parcial y errónea. Un delicado observador no
tendría dificultad en descubrir al Saint-Martin verdadero, en descubrir una
imagen que no estuviera deformada. Su Yo real pasó por diversas fases de
desarrollo. Discípulo y adepto de la ciencia esotérica de Martinez de Pasqually,
humanista, teúrgo y místico; podemos ver los niveles de la escala que él ascendió
por los títulos de sus obras sucesivas: “El Hombre de Deseo”, “El Hombre Nuevo”,
“El Ministerio del Hombre Espíritu”. Los rasgos principales del carácter de Saint-Martin radican
en una actividad viril, una actividad vigorosa y también en una sensibilidad
delicada y femenina, en un refinamiento nato. Su actitud intrépida e
inquebrantable cuando se dedicaba a la defensa de los ideales que profesaba,
sostenidos virtualmente por su modo de vida, le hacía con frecuencia parecer
duro, incluso con sus amigos, si bien era el primero en sufrir. Era necesario que
una cierta ternura emergiera del corazón, y se esforzara por aliviar la pena que
no podía evitar infligir a otros.
El misticismo de Saint-Martin no era abstracto y separado de la
vida. Se esforzaba por penetrar en el seno mismo de la divinidad y con la luz del
conocimiento, iluminar todos los aspectos de la vida. Había descubierto el
secreto de la felicidad en la Tierra, el equilibrio perfecto entre la ley y el
deber, la armonía entre los ideales profesados y la vida cotidiana. Consideraba
que la coexistencia de los diferentes pueblos debía estar basada en la
fraternidad, una fraternidad que condujera hacia la igualdad espiritual de todos
y hacia la libertad, que es la expresión natural de los principios de
fraternidad. La doctrina de Saint-Martin es clara y simple.
Su verdad puede ser percibida fácilmente por cualquier hombre de buena voluntad,
porque este místico francés adquirió primeramente
conocimientos de las leyes divinas y dio forma a su doctrina en concordancia
con estas leyes. A través de sus obras deseaba difundir la luz de la conciencia
que se le había confiado por revelación. En consecuencia, el horror de un abuso
posible por parte de gentes no preparadas o de mala voluntad, de forma
persistente, le condujo a utilizar el velo de los símbolos esotéricos cuando se
refería a las verdades destinadas a los iniciados. La obra de toda su vida hizo
que un nombre fuera inmortal, no solamente en su propio país sino también en el
resto del mundo, ya que el rayo de luz que tiene como punto de partida la fuente
misma de la luz universal, brilla irresistiblemente para toda la humanidad.
LOS AÑOS JUVENILES Saint-Martin
nación en Amboise el 18 de enero de 1743. Se saben muy pocas cosas de su
infancia. Su madre murió cuando era todavía muy joven y esta pérdida debió
ejercer una profunda influencia en la manera en que se formó su personalidad. De
ahí su extrema sensibilidad, de ahí también el gran
desarrollo del sentimiento de va en busca de respuesta, y la dulzura de su
refinamiento. Entre él y su padre se produjo una cierta falta de comprensión, e
incluso en los primeros años de actividad de Saint-Martin, los choques acabaros
por ser inevitables. Se conocen pocas cosas en relación a sus hermanos, pero
parece igualmente que tampoco existía armonía en sus relaciones. La tristeza
acongojaba el corazón de Saint-Martin en su primera juventud, pero su reacción
mostró más fuerza de debilidad. En la intimidad de su
infancia no demasiado feliz, surgió en su alma la ardiente aspiración de una vida
superior; la ausencia de amor en el marco del ámbito familiar le incitó a buscar
el amor de Dios. Las cartas de Saint-Martin nos dicen hasta qué punto intentó
conscientemente cumplir sus deberes para con su padre, incluso al precio de una
gran sacrificio, aunque eran un obstáculo a los planes que elaboraba para su
propio futuro. Después de que hubo terminado la escuela, su padre quiso que
estudiara leyes. Saint-martin obedeció a sus deseos. No obstante, pronto estuvo
convencido de la imposibilidad de continuar esa dirección. Las complejidades del
Derecho, su relatividad, desentonaban con lo que constituía el entramado de su
carácter. Estaba a la búsqueda de otra clase de ley. En esta época de su vida no
podía ver claramente cuál era su camino; le faltaba aún el poder de una voluntad
consciente. De ahí su segundo error: la carrera militar. Esta tampoco duró
demasiado tiempo; pero en esta etapa de su vida había algo que comenzaba a
cristalizar en el seno de su ser, una puerta parecía abrirse hacia el jardín
encantado en el cual debía comenzar su misión. Allí trabó conocimiento don el
Señor De Granville, un oficial como él, y con el Señor De Balzac, ambos
discípulos de Martinez de Pasqually. Gradualmente, sus relaciones se hicieron
cada vez más estrechas. Saint-martin fue recibido en el círculo íntimo de
Martinez de Pasqually, fue iniciado y se conviertió para Martinez en un alumno
selecto y en su secretario. Saint-Martin dejó el ejercito y se dedicó por
entero a su obra. La idea de la reintegración de la Humanidad, planteada por
Martinez de Pasqually, le atraía poderosamente. De una forma leal y con gran
fervor Saint-Martin comenzó a ejecutar todas las órdenes de su maestro,
estudiando su teoría, sometiéndose a prácticas recomendadas y a prácticas
teúrgicas. LAS INFLUENCIAS IMPORTANTES La vida de Saint-Martin dio un vuelco cuando encontró al “Agente
Desconocido”. Se trataba de un ser que pertenecía a los planos superiores, que
imprimió su sello en la Logia de Lyon e inspiró especialmente a Saint-Martin.
En aquel momento , la individualidad de
Saint-Martin comenzaba a cristalizar, haciendo que se integrara cada vez más en
el trabajo colectivo en el seno de las logias y en los contactos personales
nuevos como, por ejemplo, los que tuvo con la Sociedad Mesmérica y con los
numerosos ocultistas de su época, ingleses, italianos, polacos y rusos. La amistad de las mujeres desempeñó un papel
importante en la vida de Saint-Martin, pues su talante estaba lleno de
vitalidad y entusiasmo. Entre otras, la Duquesa de Borbón, Madame de Bry,
Madame de Saint-Dicher, Madame de Polomieu, Madame de Brissac y otras. Madame de
Boecklin desempeñó un importante papel en la vida de Saint-Martin (gracias a su
alta espiritualidad y a su gran inteligencia). Ella le instó a que leyera las
obras de Jacob Boehme. Los años precedentes de su vida no fueron sino una
preparación, ya que en aquel momento su alma se expandía como una flor. La luz
del conocimiento espiritual fluía de las obras de Boehme hacia el Yo interior, ya
preparado, de Saint-Martin, confiriendo una seducción inesperada a su misión.
Percibía una nueva plenitud. Una libertad frente a la influencia limitante del
mundo exterior, desde entonces convertido en campo propicio para una acción
fructífera. La gran Revolución Francesa le respetó. En su calidad de
iniciado de un alto grado podía percibir el significado de los terribles
acontecimientos, pero aunque se compadecía de la masa de sufrimientos que
abrumaban a Francia, jamás trató de evitar das decisiones del destino como lo
hicieron otros iniciados según Cazotte, místico, hombre digno y de alta
moralidad, con el cual estaba en estrecha relación. Cuando la muerte proyectó su
sombra sobre París podando víctimas y más víctimas de alta cuna, Saint-Martin se
sintió seguro en la ciudad, sin temer por la suya propia de que había puesto en
las manos de Dios. Cuando fue obligado a abandonar París para ir a Amboise,
permaneció allí casi hasta su propio fin, muriendo en 13 de octubre de 1803.
Los discípulos de Saint-Martin declararon que los últimos
momentos de su vida fueron estáticos. La luz le rodeaba y le transfiguraba. Ya
había alcanzado otro plano y probaba que la muerte de un místico y de un iniciado
está desprovista del temor a lo desconocido. A un alma liberada, la muerte le
permite desembarazarse de las limitaciones de la materia. Es un retorno del
exilio, una reunión con el Padre Celestial. LA MISIÓN Después de
haber leído atentamente los documentos disponibles, nos proponemos ahora
presentar con más exactitud las fases del desarrollo de Saint-Martin. Su alma
buscaba manifestarse en la vida exterior, de una forma que correspondiera a
sus aspiraciones y deseos, que aún seguían siendo vagos. Su encuentro con
Grainville y con Balzac aportó un cambio a su vida. Parecía recibir una directriz
clara en cuanto a la orientación futura de su vida. Desde su más tierna juventud,
estaba preparado para someterse a cualquier imperativo interior. Jamás su
naturaleza exterior se le opuso. Ésta parece haber sido como una visión previa de
su propia misión, la que exigía la renuncia, el holocausto su naturaleza
inferior, contrariarse a sí mismo para ponerlo al servicio de la verdad, de la
modestia y de la humildad. Martines de Pasqually fue el primer
instructor de Saint-Martin. La idea fundamental de su doctrina de la
reintegración del hombre,
es decir, del retorno al estado primitivo que era el suyo antes de que se
sumergiera en el mundo material de los fenómenos, encantó a Saint-Martin.
Subyugado por la grandeza y la belleza de la verdad, se entregó voluntariamente a
todos los estudios necesarios y a todas las prácticas requeridas. En la escuela
Martines, en Lyon, el camino que lleva al Iluminismo conducía a la práctica de la
“magia ceremonial”. El objetivo final erala unión con Dios. Martines de Pasqually
fundó una asamblea en Lyon bajo el nombre de “Elus Cohen”. Era ésta una época en
la que las cuestiones esotéricas, entre ellas la magia, producían gran interés.
Bajo la dirección de Willermoz, a quien Saint-Martin conoció, la Logia de Lyon
se expandía. La doctrina magica y teúrgica de Martinez de Pasqually parecía más
apropiada a Willermoz. Estender el Iluminismo en Francia era su misión. Él
apreciaba el trabajo en grupo. Los objetivos comunes
hicieron que esto dos eminentes alumnos de Martines se atrajeran entre sí; pero
muy pronto aparecieron diferencias de carácter y de organización psíquica y se
separaron por cuestiones de método para alcanzar el objetivo final. Willermoz
escogía la vía mental, que exigía un desarrollo intelectual y encontraba su
expresión en la magia ceremonial, mientras que Saint-Martin escogía la vía del
corazón y encontraba su expresión más clara en la teúrgica pura. Consideraba que
la magia era algo indeseable, ya que aumentaba el poder de la voluntad
individual, lo cual, con frecuencia, conducía al orgullo y provocaba, si no la
caída, al menos pasos en falso en la vía del renacimiento. Por el contrario, la
teurgia, tal como la conocía Saint-Martin, desarrollaba una humildad cada vez más
profunda, motivada por el fortalecimiento del lazo con Dios a través de la
plegaria y de la súplica. Humildad y simplicidad, estas dos características
dominantes del carácter de Saint-Martin, le hacían
detestar la pompa y el esplendor que afectaba a las logias, ya que buscaba una
expresión simple y directa en las experiencias del alma. Por encima de todo
quería demostrar la esencia preciosa dejada por la comunión con las Potencias
Superiores. Un punto importante del desarrollo de Saint-Martin, en el que nos
debemos detener, como fue mencionado anteriormente, fue su contacto con lo que se
ha llamado “el Agente Desconocido”, cuyas enseñanzas, transmitidas por
“comunicación”, causaron en él una profunda impresión. Fue en esta época cuando
escribió su primer libro: “De los Errores y de la Verdad”. Intentando siempre
en todo lo que emprendía estar lo más cerca posible de la verdad, firmó el libro
con el nombre de “Filósofo Desconocido”. Esta inspirada obra, debido a su
contenido inhabitual, causa muchas discusiones, especialmente en los círculos de
los iluminados. La tesis del libro es que mediante el
conocimiento de la propia naturaleza, el hombre puede alcanzar el conocimiento
de su Creador y de toda la Creación, y de este modo de las leyes fundamentales
del universo, cuyo reflejo encontramos en las leyes hechas por los hombres. Bajo
esta luz queda demostrada la importancia del libre albedrío, esa aptitud
fundamental del hombre; aptitud que, cuando se utiliza mal, lleva a su caída y
cuando se utiliza para el bien, le lleva a la superación y a la resurrección del
espíritu. “El Agente Desconocido” estuvo activo en la Logia de Lyon y se
hicieron muchas copias de sus enseñanzas. Saint-Martin asumió con avidez estas
enseñanzas y a medida que el tiempo pasaba, recibió una revelación que deseó
compartir con los miembros de la logia de Lyon. Sorprendido y exaltado por la luz
de su propio conocimiento, esperaba la misma reacción de parte de sus
hermanos. Grande y dolorosa fue su decepción cuando tuvo que enfrentarse a
una reacción fría y llena de sospechas por parte de la asamblea. Esta experiencia
fue terrible pues se dio cuenta de la enorme responsabilidad que existe al
revelar las altas verdades a aquellos que no están preparados. Este fue un golpe
que, a través de él, alcanzó al Gran Mediador y fue de los más penosos. Después
de todo esto, Saint-Martin se mostró muy reservado. Tuvo miedo de divulgar un
conocimiento más elevado. Aquí encontramos la explicación e una cierta oscuridad
que vela la luz contenida en su obra. Aparentemente adoptó la máxima pitagórica:
“el hombre no tiene más que una boca y dos orejas”. La vida externa del Filósofo Desconocido fue una
trama viviente, sobre la que el hilo de su vida interior bordaba el marco para
que esta vida fuese perfecta, sabía cómo utilizar el menor acontecimiento, feliz
o desgraciado, encontrando siempre una enseñanza escondida. Saint-Martin
descubrió el gran valor del silencia, condición absolutamente necesaria para
garantizar la inspiración. ¿No era el silencio una capa que protegía al mundo
invisible de la profanación? Sin embargo, la escuela del silencio era difícil
para un místico de su temperamento, cuya alma deseaba por encima de todo
proyectar la luz en las tinieblas de la ignorancia. Un simple dogma sólo podía
ser un obstáculo al torrente creador de su vida interior, el silencio no podía
encerrar su actividad detrás de unos barrotes, pero le sirvió para tomar la
medida del oro espiritual antes de entregársela a su discípulo. A continuación salió el libro de Saint-Martin: “Tabla
Natural de las Relaciones Existentes entre Dios, el Hombre y lo Natural”. El
hombre se ha visto privado de sus aptitudes y medios superiores, debido a que
está inmerso en la materia de forma tan profunda que ha perdido conciencia de su
naturaleza primera, que existía con anterioridad a esta caída, naturaleza que
constituía un reflejo de la imagen de Dios. Así el hombre se vio sujeto a las
leyes que reinan en el mundo. Por esta caída, el hombre se separó del marco de
sus propios derechos y dejó de establecer un lazo entre Dios y la naturaleza. El
hombre posee aptitudes psíquicas que pueden frenar los sentidos y las fuerzas de
la naturaleza si se hace independiente, si se libera de la sujeción de los
sentidos
para no hablar de la posibilidad que existe de hacerles servir para ampliar el
campo del conocimiento. El hombre, y esto es una regla que le concierne, posee la
facultad de percibir la ley, la unidad, el orden, la sabiduría, la justicia y la
fuerza en un grado superior. Esforzándose y por voluntad propia, puede volver
a la fuente del conocimiento que aún existe en él; puede restaurar la unidad que
fue el comienzo de todo. El renacimiento del hombre ha sido posible gracias al
sacrificio del Salvador y ahora todo hombre puede tomar parte en la obra de la
restauración del orden antiguo y volver a las leyes antiguas que están al
servicio de la toda criatura. Saint-Martin fue un resuelto adversario de la filosofía atea y
materialista que invadía por entonces toda Europa. En este período se puede
constatar la amplitud de la riqueza individual del Filósofo Desconocido. Reunía
el conocimiento adquirido en el mundo invisible con el de la inteligencia y
unidas ambas cosas, condujeron a la plenitud de las enseñanzas que tratan de
todos los problemas referentes a las condiciones del desarrollo de los
individuos, de las sociedades y de las naciones. Era la época de su infatigable
actividad, de sus numerosos contactos en su propio país y en el extranjero.
Encontró tiempo para escribir una vasta correspondencia compartiendo con otros el
fruto de sus conocimientos. La influencia de Saint-Martin y la difusión de sus
enseñanzas en Francia, en Inglaterra y en Rusia datan del año 1785. Es esto lo
que muestran sus cartas en la obra de Longinov: “Novikoff y los Martinistas
Rusos”. Cuando estuvo en Londres conoció al
místico William Law y también a Monsieur Belz, el famoso clarividente. Este
encuentro resultó ser muy importante. Se hizo amigo de Zinovieff y del príncipe
Galitzine, que fue quien introdujo el martinismo en Rusia. Si el martinismo fue
criticado y perseguido, no fue más que el resultado de la ignorancia en cuanto a
la esencia y los objetivos de esta doctrina, pero fue también el resultado de los
errores humanos de martinistas ocasionales, naturalezas débiles, inmaduras e
inconstantes frente a los altos conceptos morales exigidos por las enseñanzas de
Saint-Martin. La difusión de las enseñanzas de Saint-Martin estuvo
acompañada de un éxito social personal, pero la cálida simpatía, las amistades
sinceras surgidas al contacto de su atrayente personalidad, no fueron obstáculo
para su vida interior. Haciendo una aplicación personal de sus enseñanzas, su ser
estaba tan purificado que su paz interior no podía haber sido puesta en peligro.
Su alma, sedienta de una mayor luz, la recibía en una proporción superior y la
asimilaba en beneficio de la posteridad. Alcanzó su apogeo cuando trabó
conocimiento con las obras de Jacob Boehme. En ellas encontró la solución
categórica a todos los problemas, el nivel del escalón más alto que conduce a la
unión con Dios Padre. Jacob Boehme no era un instructor en el sentido que lo fue
Martines de Pasqually, pero sí lo fue para el joven Saint-Martin; su
importancia fue mayor, ya que Saint-Martin estaba mejor preparado para recibir
una nueva revelación por medio de Jacob Boehme. Una nueva luz invadía su alma,
era asimilada y aceleraba el proceso interior de transformación. Encontramos eco
de sus experiencias en las cartas dirigidas a su cercano amigo el barón
Liebistorf (Kirchberger). Jacob Boehme era un místico por la gracia de Dios. La
revelación, el descenso de la luz, el maravillarse del alma... numerosas
expresiones pueden describir el choque que sufre un alma que de pronto
despierta. Vemos las diferentes modalidades de iluminación
cuando el “vaso elegido” está preparado para recibirla. En la
obra de Saint-Martin “El hombre de Deseo” vemos la nueva semilla producida por
la asimilación de la doctrina de Boehme. Esta obra recuerda uno de los salmos que
expresa el ardor del alma por Dios y deplora la caída del hombre, sus errores y
sus pecados, su ceguera y su ingratitud. Subrayando el origen
divino del hombre, Saint-Martin vio la posibilidad de un retorno de éste a su
estado primero, cuando estaba en concordancia con la ley de Dios. Solo
abandonando la vía del pecado y siguiendo las enseñanzas del Redentor Jesucristo,
el Hijo de Dios, que descendió de las alturas de Su trono celestial por amor a
toda la Humanidad, el
hombre es digno de adorar y por amor e imitándole puede alcanzar la
salvación. ¿Quién saldrá vencedor de este combate? Aquél que no se
preocupe de ser reconocido por los hombres ni de que estos se acuerden de él,
pero que dedique todos sus esfuerzos para no ser borrado de la memoria de Dios.
Si no hubiese sido por la venida de un hombre que pudo decir: “yo no soy de este
mundo”, ¿cuál habría sido el destino futuro del hombre? La Humanidad habría
permanecido en las tinieblas, y se encontraría separada como nunca del reino
del Padre. Pero si numerosas personas se separan del amor,
¿puede éste renunciar a ellos? En su obra posterior, “Ecce
Homo”, Saint-Martin previene del peligro que existe en buscar la excitación de
las emociones, de las experiencias mágicas de bajo nivel, los fenómenos variados,
que no son más que expresión de estados psico-físicos anormales del hombre. Este
camino conduce a la humanidad hacia tinieblas desconocidas y dudosas, lleva a una
caída aún más grande, mientras que la salvación no se puede alcanzar más que por
un renacimiento consciente. En su libro “El Hombre Nuevo”, publicado el
mismo año, el autor trata del pensamiento como un órgano de renacimiento que
permite penetrat en lo más profundo del ser humano y descubrir la verdad eterna
de su ser. El alma del hombre es un pensamiento de Dios; el deber del hombre es
quitar el velo que cubre el texto sagrado y a continuación hacer todo lo posible
para ampliarlo y manifestarlo durante toda su vida. En su obra “Del Espíritu de
las Cosas”, Saint-Martin declara que el hombre, creado a imagen y semejanza de
Dios, puede penetrar en el seno del Ser, que se encuentra escondido en toda la
creación y que debido a su clara visión interior, es capaz de ver y de reconocer
las verdades de Dios subyacentes en la naturaleza. La luz interior es un
reflector que ilumina todas las formas . De la intensidad de la luz depende el
grado de iluminación y del discernimiento que necesita el hombre
renacido en espíritu y que lee el Libro abierto de la Vida. El libro de Saint-Martin ”El Ministerio del Hombre-Espíritu” completa todas
las indicaciones anteriores, presentando un objetivo no diferente, el del
ascensión de una alta montaña. El hombre la escala empujado por una necesidad
interior y con el gusto previo de la victoria, que aporta la libertad después de
tribulaciones y sufrimientos. Una libertad que, en este caso es sinónimo de las
más grandes bendiciones que se pueden lograr en la Tierra. Existe un rayo
radical y único para descubrir y
expandir la moralidad y la bondad, y este rayo es el pleno desarrollo de
nuestra esencia interior inmanente. Ya ha sido ofrecido el más alto sacrificio
para salvar a la humanidad; toca ahora al hombre ofrecer en sacrificio voluntario
su propia naturaleza inferior, crucificarla, y así, librarla de las trabas
limitantes de la naturaleza vulgar. Es el retorno del hijo pródigo hacia el padre
lleno siempre de caridad y de perdón. Es esto lo que se ha de alcanzar para
conseguir la unidad perfecta con Él: “Mi Padre y Yo somos uno”. Cada alma posee su propio espejo que refleja una Verdad Única; cada alma posee
un prisma y un arco iris que le confiere sus colores, por ello las obras de
Saint-Martin no
son parecidas a las de Boehme. Las misiones de estos dos hombres, en la vida,
eran también diferentes aunque bebían de la misma fuente, de la misma necesidad
de servir a la humanidad, abriéndole un nuevo camino para su progreso.
Saint-Martin apreciaba mucho las obras de Boehme, aunque muchas veces las
encontraba más bien caóticas y confusas. Quería ofrecérselas a sus compatriotas y
para ello tradujo los libros más importantes de Boehme: “la Aurora Naciente”,
“Los Tres Principios de la Esencia Divina” y “Cuarenta Preguntas Sobre el
Alma”. Después de
la muerte del Filósofo Desconocido, fueron publicados algunos breves escritos
de los que era autor, Entro otros citaremos “Pensamientos Escogidos”, numerosos
fragmentos éticos y filosóficos, poesía que igualmente incluía “El Cementerio de
Amboise” y “Estancias Sobre el Origen y el Destino del Hombre”, además de
meditaciones y plegarias. Saint-Martin se interesaba por la
ciencia de los números. Aunque su obra “Los Números” quedó inconclusa, contiene
sin embargo, muchas indicaciones importantes que no se podrían encontrar en otra
parte. Analizó los números desde un punto de vista metafísico y místico. En los
números encontró una confirmación de la caída y renacimiento del hombre. El
número
no se toma en el sentido de signo muerto, sino como expresión del Verbo
Creador. Cada número indica cierta idea y actúa en varios planos. Todo ello es la
expresión de la unidad y fluye del seno de la Divinidad. El amor y el
sacrificio estuvieron en la base del propio acto de Creación. El pecado original
y la caída del hombre, su desajuste y su inmersión en la materia, deben ser
rescatados mediante el sacrificio y el amor del Creador; sólo esto puede
conseguir el retorno a la Unidad. LA REVOLUCIÓN
FRANCESA Las cartas y la actividad de Saint-Martin explican
su relación con la Revolución francesa, que para muchos críticos ha permanecido
obscura, ya que no podía ser comprendida más que por aquellos que habían recibido
la iluminación y por los místicos. Detrás de todos los fenómenos que ocurren en
el plano físico, se encuentra se encuentra la proyección del
plano astral. Mientras que ésta no se manifieste en el mundo visible, existen
posibilidades de cambio, posibilidades de desviar el curso de las cosas mediante
el sacrificio y la llamada a la misericordia divina. Conocemos la historia
simbólica de los diez hombres “justos” que hubieran podido salvar a Sodoma de la
destrucción. Se dice que las proyecciones astrales no están todas reveladas,
poruq e pueden ser cambiadas por los factores superiores del mundo invisible y
también, por la acción del hombre sobre la Tierra. Pero una vez que se revela
la proyección fatal, no hay fuerza humana que pueda detener el curso de los
acontecimientos. Saint-Martin no solo creía sino que sabía, que si la
Providencia permite una vez la percepción de una proyección, aportando al pueblo
un mal indecible, la Redención, si no era voluntaria, debía ser impuesta. Veía la
Revolución como una imagen y como un inicio del Juicio Final que deberá llevarse
a cabo en esta Tierra de forma gradual. Afirmaba que la estructura social no
puede ser duradera, no puede satisfacer a la mayoría y tener un carácter elevado,
si no está basada en un conocimiento de la organización psico-física del hombre,
si esa estructura social no corresponde a la leyes divinas reflejadas en él. Un
legislador debería tener un conocimiento profundo de la naturaleza interior del
hombre, su conducta debería ser moral, debería encontrar un orden social que
expresara conocimiento, justicia y poder. Todas las tentativas de continuar sobre
la base de valores transitorios o erróneos no conducen más que al desastre,
cualquiera que sea la duración de estas tentativas. En su obra “El Cocodrilo”,
Saint-Martin describió la forma en que el mal se insinúa en las cosas santas y
con qué perfidia destila su veneno para destruir a aquellos que son ciegos e
insensibles. Pero el mal dispone de un tiempo limitado, se le reconoce fácilmente
mediante signos discernibles y no puede equivocar a los que tienen la mirada de
la conciencia, a los que observan y son caballeros de propósitos nobles. Cuanto
más grande sea el ejército reunido bajo las banderas del bien, más rápida se
producirá la victoria contra las filas cerradas y desleales del mal que siempre
se van debilitando. La relación de Saint-Martin con la Revolución Francesa
dependía de su
clase de conocimiento y ¿qué otro hombre poseía espiritualmente tal visión
interior de las cosas? Él comprendía lo que estaba en curso y
obraba con diligencia en el campo del misticismo. También hacía lo posible para
resolver el problema de una organización social que fuera justa y más feliz. En
la obra de Saint-Martin es evidente la influencia de la Revolución Francesa. No
podía ser de otra forma. LA ORDEN MARTINISTA TRADICIONAL La doctrina de Saint-Martin se expandió ampliamente por el mundo bajo
la forma de una Orden Iniciática, llevando el nombre de Orden Martinista.
Saint-Martin estaba en pro de la iniciación individual. Cada miembro era
cuidadosamente escogido y se le daba la oportunidad de establecer un contacto
estrecho
y familiar. Entonces el Iniciador le daba las indicaciones y
las enseñanzas que más le convenían y que no estuvieran por encima de sus
posibilidades de comprensión. El camino era más largo que el consistente en
trabajar con todo un grupo, pero era más seguro, ya que la pureza de la doctrina
permanecía inalterada, pues reposaba sobre los miembros de la Orden y así
ganaba fuerza y expresión. Sin embargo, no todos los Colegios de esta orden siguieron la
línea recomendada por Saint-Martin y el resultado fue deplorable. Ya hemos dicho
que según Saint-Martin el hombre era la clave de todos los misterios del
universo, la imagen del mundo visible completo y estaba ligado a éste último. El
hombre puede alcanzar toda la verdad mediante el conocimiento de su propia
naturaleza por medio de todas las aptitudes que existen en él: las físicas, las
intelectuales y las espirituales. Debe comprender en profundidad el lazo
existente entre su conciencia y su libre albedrío. Saint-Martin trata de esto en
su “Nueva Revelación”. Ciertos rasgos subrayan
las similitudes existentes entre el Hombre y su Creador. Los poderes creadores
y el libre albedrío sin límites. Estos rasgos, aunque no sean más que reflejos
desdibujados de dios, pueden obrar en perfecta concordancia con las leyes que
llevan a Él y al hombre hacia la fuente de las bendiciones. Las mismas
características, si son mas utilizadas rompen la unión natural con Dios y someten
al hombre a poderes de nivel inferior. El hombre tiene el poder y la capacidad de
reparar el mal hecho, si todas sus aptitudes tienen hacia ese único objetivo.
Saint-Martin habla de la unidad como de una causa primera, como de una
esencia íntima siempre viva, de donde emana. Así pues, cada ser,
independientemente
de los alejado del centro, o del grado de evolución en que se encuentre, está
ligado a la causa primigenia y forma parte de la unidad, de forma similar al rayo
de Sol que, sin que importe el alejamiento debido a su viaje a través de los
espacios infinitos, está siempre vinculado al sol por las ondas vibratorias. La
luz central de donde emanan todos los soles, aunque forma parte de todo un
sistema de soles y de rayos, mantiene su independencia y es diferente de la luz
artificial. Dios es todo, pero todo no es Dios. La doctrina de Saint-Martin se
aplica a toda la humanidad. Deseaba la unión de Esta en nombre del amor y
consideraba la fraternidad como base de la vida social. Es erróneo tomar la
igualdad de la gente de base. Saint-Martin consideraba que la igualdad era una
constante matemática, una expresión del orden y de la armonía. La fraternidad es
el factor que regula las relaciones entre los hombres enlazando justicia y
caridad, fuerza y debilidad.
El mal, la explotación y la tiranía no pueden persistir a la luz
del amor fraternal. De una fraternidad así concebida deriva un sentido justo y
adecuado de la igualdad, que reposa sobre una relación entre los derechos y los
deberes. Saïr, en su ensayo sobre Saint-Martin, lo explica así: “la relación
entre la circunferencia y su radio, expresado en matemáticas por la letra “pi”,
es siempre constante. Aunque el perímetro de un círculo sea de un milímetro de
longitud o de un millar de leguas, la relación no varía y se puede afirmar, en
consecuencia, que todas las circunferencias tienen entre sí esa igualdad de
relación” . Lo mismo vale para el hombre: la circunferencia en
su derecho; la ley es el límite que el hombre no puede transgredir, y el radio, o
más bien la superficie descrita o cubierta por su radio en su revolución
alrededor del centro, es el campo de su deber. A medida que las circunferencias
aumentan, los círculos aumentan también. Así, a medida que los derechos del
hombre aumentan, sus
deberes aumentan proporcionalmente. En el Universo, donde la
ley es la unidad en la Pluralidad, cada cosa reposa en el orden y en la
armonía. Para que el orden y la armonía existan, es necesario que cada cosa esté
en su lugar, en perfecta armonía con todos los seres y las cosas. El hombre en su
calidad de individuo, es uno de los más felices cuando mantiene un perfecto
equilibrio entre derechos y deberes, Es en este equilibrio en el que se basa la
igualdad: cuantos mas derechos, mas deberes; cuanto menos derechos menos deberes.
Como base de igualdad debe existir la fraternidad, sin la cual sólo existirían el
odio o los celos
entre el fuerte y el débil, entre el rico y el pobre. Es la fraternidad la
única que puede unir a la familia humana en los lazos de la comunidad. En una
familia que se ame y esté idealmente unida, cada uno de sus miembros encontrará
su lugar según su fuerza y sus aptitudes cada uno aceptará voluntariamente
soportar el número de deberes que le corresponda y cada uno de ellos deseará
disfrutar de derechos que son, sin lugar a dudas, los suyos. El edificio social
que esta construido sobre una supuesta igualdad, no tendrá cimientos duraderos,
porque en él la fraternidad será impuesta sin que sea condición voluntaria. De la
misma forma, y con esto, un reparto de tareas efectuado de esta forma, no siempre
conciliará justicia con caridad. Es cosa muy diferente cuando el altruismo y la
solidaridad se encuentran en el fundamento de la fraternidad. La libertad es para cada ser el efecto que se desprende de
observancia estricta de los límites asignados por la ley. Un hombre que viola la
ley pierde proporcionalmente su libertad. Para ser libre, el hombre debe
conservar cuidadosamente el equilibrio entre su derechos y sus deberes y, si
quiere ampliar el campo de sus derechos, deberá reconocer los deberes adicionales
que esto, necesariamente, acarreará. En resumen, diremos que la
felicidad de la humanidad consiste en la unión de todos los miembros de su gran
familia. Esta unión de todos los
miembros de su gran familia. Esta unión sólo puede complementarse a través de
la fraternidad, que crea equilibrio estable entre los derechos y deberes,
garantizando al mismo tiempo la libertad, la seguridad y la preservación del
conjunto. LA VERDADERA CRISTIANDAD
De acuerdo con todo lo dicho, observamos que Saint-Martin era
un profundo pensador cristiano que quería abrir un camino a las ideas cristianas
y utilizarlas para la elaboración de la estructura social. Según él, el amor de
Cristo debe tener el derecho de regular la vida del hombre. La orden Martinista
también es una orden de caballería cristiana y, cada uno de sus miembros, tiene
el deber de obrar en pro de su propio desarrollo interior, pasando por fases de
renacimiento más profundas que nunca, hasta el punto culminante del nacimiento de
Dios en él, en su seno. Su deber, como miembro de la Orden, es el de
servir a toda la humanidad sin escatimar esfuerzos, sin tomaren consideración la
intensidad de estos, ni el sacrificio que esto impone. Así, el Martinismo era el
anuncio del advenimiento de la Era del Cristo Cósmico que se revelaría
universalmente en las almas de los hombres en este gran proceso de
transformación. En su trabajo sublime, el Martinismo se une a
la antigua y Mística Orden Rosacruz (AMORC), cuyo influjo iluminador sobre la
humanidad
perdura desde hace siglos y constituye la fuente eterna de luz que fluye para
el renacimiento de la humanidad. La Orden Martinista Tradicional y AMORC
estaban afiliadas a la organización internacional conocida bajo el nombre de
F.U.D.O.S.I. (Federación Universal de Ordenes y Sociedades Iniciáticas). Para todos los martinistas que veneran la memoria de su maestro, el
Filósofo Desconocido, en su testamente deja una última frase que reza: “La única
iniciación que yo recomiendo y busco con el mayor ardor de mi alma, es aquella
mediante la cual podemos penetrar en el corazón de dios, e inducir este corazón
divino a penetrar
en el nuestro. Así se hará perfecto el matrimonio indisoluble que hará de
nosotros el hermano, el esposo de nuestro Divino Salvador”. El
único camino para alcanzar esta Iniciación sagrada es descender a lo más profundo
de nuestro ser, sin escasear esfuerzos mientras no hayamos alcanzado el objetivo,
la profundidad donde veremos la vivificante raíz; y desde ahí, de forma natural,
daremos el fruto que corresponderá a nuestra naturaleza, como sucede con los
frutos de los árboles de esta Tierra, sostenidos por diversas raíces a través de
las que los jugos vitales no dejan de elevarse.
Con mis mas sinceros y
mayores deseos de paz profunda, felicidad plena y vida exitosa ¡¡¡¡¡ Que asi sea
¡¡¡¡¡ "El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en
disfrutar lo que se obtiene." Ralph
Waldo Emerson
Leonardo Javier Restrepo Valencia Manizales
Colombia leojavres@yahoo.es
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