Iluminación mística
Por Ralph M. Lewis, F.R.C.
¿Cuál es el propósito de la filosofía mística? Un concepto o un propósito erróneo acerca de esto puede desviar nuestros esfuerzos.
En primer lugar, se debe comprender que el misticismo y sus aspectos filosóficos no son una finalidad en sí mismos. Los conceptos y las enseñanzas místicas son sólo los instrumentos para alcanzar ciertos objetivos específicos. Se ha puesto un gran énfasis en los llamados valores espirituales del misticismo; en otras palabras, en una percepción total del Ser y en el conocimiento de la relación que existe entre ese Ser y lo Absoluto o Dios.
Los filósofos místicos se han quejado desde hace mucho tiempo de que el hombre usa su conciencia en una forma muy limitada. El recurre principalmente a las experiencias objetivas, poniendo un mayor interés en los asuntos sensuales, las cosas mundanas, el materialismo. Así pues, figurativamente hablando el estado de existencia del hombre es unilateral, desequilibrado, mundano. Ahora bien, aceptando que estos cargos son básicamente verdaderos, aún persiste el interrogante original. En otras palabras, si se alcanza la experiencia mística de la Unidad, de la Conciencia Cósmica, ¿cuál es el propósito?
La respuesta que los místicos han dado tradicionalmente a esta pregunta es iluminación. Concisamente, esto significa esclarecimiento, la afluencia de una gnosis nueva, de un conocimiento exaltado. Se ha dicho que el conocimiento es poder, pero las ideas sólo tienen poder en su aplicación. Sin uso, el conocimiento está inerte, no logra fin alguno.
El poder del pensamiento se manifiesta únicamente cuando éste se pone en acción, al llevar a cabo algo.
La parte física o material del hombre no es fundamentalmente mala o corrupta. Tal concepto está basado en nociones teológicas obsoletas. Los apetitos y las pasiones del hombre están relacionados con las necesidades de su ser. Al crecer, conservar su vida, reproducir su especie y al envejecer, el hombre sólo está ajustándose a sus necesidades biológicas.
Pero, ¿qué hay acerca de los otros aspectos de la naturaleza humana, la parte abstracta del hombre? ¿Qué de la iluminación que el misticismo propugna que el hombre adquiera? ¿Tiene que existir una división definida en la naturaleza del hombre? ¿Ha de ser sensual y mundano, o buscar refugio en la experiencia mística?
Inspiración y creación
Uno de los preceptos básicos del misticismo es la unidad del Ser, es decir, la integración de todas las experiencias divergentes que el Ser es capaz de experimentar. Sin embargo, el subconsciente, el ser psíquico, debe reflejar hacia el mundo objetivo de la realidad la iluminación que recibe. El ser psíquico debe vigorizar al ser objetivo, despertando en él inspiración y aspiración para crear en el mundo aquellas cosas que representen la experiencia interna. En otras palabras, si el misticismo ha de tener algún valor el mundo debe compartir nuestras experiencias internas.
A través de los siglos, todo ideal espiritual o principio filosófico que ha sido aceptado como bueno, fue una fuerza motivadora que apremiaba al hombre a alcanzar algo más elevado en el curso de su vida. Unicamente en esta forma el hombre se convierte en un ser total, no un ser dividido en contra de sí mismo. Entonces, el misticismo debe y puede ser una fuerza dinámica, constructiva, en el mundo. El falso misticismo es un mundo irreal de evasión placentera del presente.
Las personas que tienen alguna iluminación confrontan los problemas diarios en una forma impersonal y desapasionada. Tal vez el asunto más cautivante del presente y de las eras pasadas ha sido el alcanzar la paz. Substancialmente, la paz no es un asunto de pasividad e inmovilidad. En realidad, la paz tiene que surgir del conflicto. No obstante, el conflicto es básicamente con uno mismo y no con otros. La paz comienza en el individuo, no entre grupos o con la gente colectivamente.
El hombre es un ser agresivo motivado por fuerzas, deseos e impulsos. Estos son esenciales para él. Debemos comprender que la vida se mueve por sí misma hacia sus objetivos, con una indiferencia absoluta por todo lo demás. Si existe un propósito para la vida, en el sentido orgánico, éste es que las cosas vivientes existan y nada más. El hombre es un producto de tales impulsos orgánicos. Si observamos al hombre desde un punto de vista físico, mortal, él es cruel. Sin embargo, en realidad la Naturaleza en sí no es despiadada, porque ella no ha alcanzado los conceptos morales que el hombre ha establecido.
Básicamente, el hombre tiene la tendencia instintiva a sacrificar cualquier cosa para satisfacer su yo físico, orgánico. Con todo, aquí es donde se manifiestan los aspectos psíquico y racional del hombre.
Desde el punto de vista intelectual y moral más elevado, la vida no significa solamente vivir; existir es vivir para un propósito. El hombre se distingue de los animales inferiores porque tiene un propósito determinado. Mas, ¿cuál debe ser ese propósito? Brevemente, ese propósito es el bienestar colectivo de toda la humanidad. Esta no es una frase gastada, aunque la escuchemos a menudo. Se trata del único ejemplo verdadero de desarrollo humano. Un incentivo individual hacia objetivos personales solamente es algo elemental y primitivo. Una persona que actúe así es estimulada exclusivamente por los impulsos de la vida y no por la intuición y racionalización elevadas que el hombre tiene a su disposición.
Alcanzar este gran propósito requiere autodisciplina. De hecho, para actuar en esta forma no se necesita ser menos ambicioso ni menos agresivo; antes bien, proyectamos hacia otros nuestro propio interés. De esta manera, nuestras acciones no están limitadas siempre al yo inmediato, sino que colaboran con el ideal del desarrollo colectivo de la humanidad. En este sentido, cada ser humano es en cierto grado el benefactor de las demás personas, en lugar de ser su rival.
Misticismo dinámico
El desarrollo de la humanidad puede lograrse solamente mediante la comprensión de nuestras emociones humanas y del Ser. En primer lugar, el hombre debe establecer ideales comunes los cuales elevarán al género humano. En segundo lugar, cada persona debería aprender cómo estimular ciertos impulsos a fin de colaborar con aquellos ideales. El hombre debe aprender también cómo reprimir otros impulsos. Ello incluiría el estudio de puntos prácticos de la psicología, de los estados mentales y normas racionales sobre ética y conducta.
Por consiguiente, la paz es un logro complejo, si es que alguna vez lograremos elevarnos por encima de las fuerzas primitivas de la manera de vivir vulgar que vemos aún en el presente. Debemos tener siempre presente que la paz es, principalmente, un logro personal. Nos agrada que las Naciones Unidas o cualquier otro tipo de grupo se reúna para considerar qué debe hacer la humanidad. Con todo, la paz no puede ser regulada desde el exterior de las personas, sino que debe cultivarse personal e individualmente.
Quienes poseen una chispa de iluminación comprenden que la tendencia del hombre a resistirse al cambio es otro de sus grandes problemas. El filósofo griego Heráclito dijo hace muchos siglos que todo se está transformando, nada permanece inerte. Todo lo que existe está en un estado de cambio continuo, transformándose en alguna otra cosa. Si las cosas existieran sin transformación alguna, nuestro mundo y el universo entero estarían estáticos.
A despecho de las condiciones cambiantes, los seres humanos somos criaturas de hábitos. Hablando en sentido figurado, el hábito se asemeja a los surcos de un disco fonográfico. Girar en esos surcos, continuando los hábitos, especialmente cuando estos no nos molestan o cuando nos causan satisfacción, exige siempre un esfuerzo menor. Los hábitos han surgido de la experiencia y de la tradición. La experiencia es producto del tiempo y las circunstancias. Aquello que es grato en un tiempo, puede dejar de serlo más tarde.
Tradiciones y progreso
Por otra parte, las tradiciones son experiencias y costumbres del pasado. Pueden o no continuar sirviendo el propósito para el cual se originaron. Las tradiciones se convierten muy a menudo en formas de actuar y pensar preconcebidas; todos hemos adquirido estos hábitos arraigados. Aun cuando esas tradiciones sean inofensivas y no nos causen problemas, a menudo cierran nuestra mente haciendo difícil realizar cambios o un posible desarrollo.
El renombrado historiador James Robinson declaró: "Lo antiguo disfruta siempre de prioridad; rara vez se le pide que compruebe su valor". La tradición adquiere un aire de reverencia del cual muchas veces no es merecedora. Una tradición tiene mérito sólo como un escalón hacia alguna cosa mejor. Ninguna tradición es tan sagrada que no puede ser puesta en duda en cuanto al valor que tiene actualmente.
Nuestra sociedad contemporánea es un producto de las tradiciones. Por aferrarse a ellas, sufre muchas de las aflicciones que la han azotado durante siglos, tales como la guerra, el crimen, la pobreza, el fanatismo y la intolerancia. El sistema moral y los preceptos religiosos no han podido reprimir ni detener esos males.
Nos encontramos ahora en una nueva etapa de intelectualismo. Estamos en una era de escepticismo en la cual se están poniendo en tela de juicio la fe ciega y las tradiciones insubstanciales, dando como resultado cambios muy drásticos. Las antiguas bases de muchas creencias religiosas, de ideologías políticas, de moralidad y orden social, se consideran ahora deficientes. La reacción es de absoluto desdén, el cual se manifiesta real y simbólicamente en la disconformidad que observamos hoy en día.
En lugar de dejar una sociedad ordenada, tradicional, esto produce un estado de vacío. Lo viejo ha sido arrojado a un lado o está siendo arrojado, pero no hay algo que tome su lugar. Esta es aún una época de investigación y de pruebas en la que se están experimentando evasiones radicales hacia la libertad, es decir, la llamada libertad absoluta.
El mundo ha experimentado antes tal escepticismo en Egipto, en Grecia y en Roma. De hecho, a un período de escepticismo que sufrió Egipto alrededor del siglo XV A.C., se le llamó Período de Pesimismo. Ese escepticismo fue expresado también más recientemente, cuando el racionalismo reemplazó a la superstición durante la Edad Media.
Debemos entender que el verdadero escepticismo es saludable, ya que substituye con conocimiento a la fe ciega y las creencias sin fundamento. Habiendo encontrado el mundo externo tan plagado de errores y engaños, muchos jóvenes desean otra clase de experiencias emocionales. Quieren volcarse dentro de sí mismos, apartarse y buscar en su interior las respuestas. Anhelan experiencias nuevas y duraderas que les guíen, y repudian la antigua moral dogmática. Esta búsqueda de experiencias nuevas, de respuestas alternativas, es una de las razones de por qué recurren a las drogas alucinantes.
Deberíamos comprender que la verdadera iluminación no es sólo un estado de conciencia diferente, ni es una suplantación de la fatiga, la ansiedad o la depresión, por una especie de éxtasis momentáneo. La verdadera iluminación mística es un asunto del rejuvenecimiento de nuestra conciencia mundana. Es el adentrarnos en la mente consciente de las ideas, para encontrar conceptos que inspirarán confianza.
La Iluminación mística nos impulsa a confrontar la vida sintiéndonos renovados, no a apartarnos o aislarnos, convirtiéndonos en ermitaños o reclusos.
Aún en nuestros días, se pueden observar ciertos sacerdotes brahmanes sentados a las orillas del río Ganges, en la India, ajenos al terrible calor y a todo tipo de moscas e insectos que caminan sobre su cara y su pelo enmarañado. Estos sacerdotes tratan de encontrar un mundo dentro de sí mismos, intentando escapar, en lugar de adaptarse al mundo con cualquier iluminación que posean.
La filosofía mística juega un papel muy importante en los asuntos del mundo. Debemos comprender que no se trata de algo que simplemente nos elevará a una nube. El Dr. H. Spencer Lewis decía con frecuencia: "El misticismo te elevará a una nube, pero, debes conservar los pies bien plantados en el suelo o sufrirás una violenta caída". Interpretar el verdadero significado de la experiencia interna tiene gran importancia.
La filosofía mística nos enseña cómo puede relacionarse la experiencia interna con el mundo actual. Esta es una de las tareas de nuestro Consejo Internacional de Investigaciones. Todo pensamiento consciente, o cada acto consciente, tiene una idea tras de sí. Así también, todo avance verdadero de la humanidad debe tener esa motivación psíquica que denominamos experiencia mística.
¿Cuán a menudo nos damos cuenta de que la más grande posesión del hombre es la consciencia? Ella es el reflejo de la vida. Uno de los antiguos filósofos dijo: "Donde está la consciencia, estamos nosotros. Donde ésta no está, tampoco estamos nosotros". Mas esta consciencia, este espejo, debe ser pulida para que refleje una imagen más grande de la realidad y del Cósmico.