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miércoles,
junio 24, 2009
* Un 6% de
las madres de estas pacientes tiene antecedentes de la enfermedad
PATRICIA MATEY
MADRID.- Son madre e hija y víctimas de la misma enfermedad: la anorexia
nerviosa. Sus testimonios desvelan el impacto que tiene esta patología en
quienes la sufren, y en todos los que les rodean. Pero, sobre todo, nos
'hablan' de cómo la han vivido dos generaciones distintas.
"Cuando la anorexia volvió a mi vida con mi hija Pilar pensé que no
iba a resistir pasar de nuevo por lo mismo. Otra vez la obsesión por la
comida se colaba en mi casa", relata Consuelo Durandez, de 50 años.
La enfermedad atravesó sus primeros años de matrimonio. "Cuando era
jovencita, como sucede en la mayoría de los casos. A diferencia de Pilar,
a mí me daba por darme atracones de comida de vez en cuando (anorexia
bulímica)". Hoy está curada.
"Entonces no se decía nada, ni se iba al médico y mucho menos a un
psicólogo o a un psiquiatra. Estaba mal visto. Yo la pasé solita y la
superé solita también. Curiosamente, al final he acudido a terapia de
grupo no por mi enfermedad, sino por las consecuencias que ha tenido la
anorexia de mi hija en nuestras vidas", añade.
Tal y como le ha sucedido a Consuelo, existe un buen número de padres y
madres con antecedentes de trastornos de la alimentación (anorexia o
bulimia) cuyas hijas han 'heredado' dichas patologías. Así se deduce de
un estudio llevado a cabo con 100 familias españolas. El trabajo,
realizado por Íñigo Ochoa, de la Facultad de Psicología de la Universidad
del País Vasco y publicado en 'Clínica y Salud' [revista editada por el
Colegio Oficial de Médicos de Madrid], refleja que un 6% de las madres
con hijas anoréxicas poseía antecedentes de la enfermedad y un 3% de
bulimia. Además, un 21,4% había padecido obesidad y un 34% siguió alguna
dieta.
Pero, como en el caso de Consuelo, la mayoría de ellos ha convivido en
silencio con estos trastornos. Sin apoyo social o sanitario. De hecho, no
fue hasta 1992 cuando el psiquiatra Gonzalo Morandé inauguró la primera
Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de España en el hospital
madrileño Niño Jesús. El año pasado este centro sanitario registró 174
altas por este tipo de enfermedades y realizó 9.282 sesiones
terapéuticas.
Tampoco en los años de la enfermedad de Consuelo existía la posibilidad
de descolgar un teléfono y recibir asistencia psicológica. Un ejemplo, la
línea telefónica gratuita de anorexia [900 60 50 40] de la Comunidad de
Madrid ha recibido más de 3.000 llamadas desde su puesta en marcha en
marzo de 2003.
'¿Que eres anoréxica? ¡Pues come!'
Consuelo mira con buenos ojos el 'despliegue' de todos estos recursos y
defiende "la gran evolución que ha experimentado la anorexia en
materia de prevención, diagnóstico y atención a sus víctimas y a sus
familias", pero se queja de que sigue siendo insuficiente. "Las
enfermas necesitan acudir a terapia durante muchos años y la demanda de
atención es mayor que la oferta. No todas las familias pueden pagar una
consulta semanal a un mínimo de 60 euros la hora. Tampoco se entiende
que, a sabiendas de la influencia que tienen la publicidad y los medios
de comunicación en el desarrollo de la patología, todavía sigamos
asistiendo al bombardeo continuo de cuerpos perfectos".
Su hija, que ahora tiene 19 años y estudia segundo de Filosofía, va más
lejos. "En todo este tiempo lo que me ha dolido profundamente ha
sido la falta de comprensión. Los demás no se ponen en tu lugar. Recuerdo
especialmente que una de mis profesoras me dijo: '¿Que eres anoréxica?
¡Pues come!' A ella la hubiera tenido yo 21 días sin probar bocado para
que supiera qué se siente. Queda todavía mucha gente que piensa que no
comemos porque no nos da la gana, como si la anorexia fuera un capricho y
no una maldita enfermedad".
Por si a alguien le queda alguna duda de lo grave que es la anorexia,
Consuelo rememora lo que le ha costado sacar a su hija adelante. "No
ingresó en el hospital, pero los médicos le indicaron el ingreso
domiciliario durante un mes y medio. Las dos, cara a cara con la comida
sin salir de casa. La lucha en todo este tiempo para que siguiera una
dieta normal, con un aumento cada día del tamaño de las raciones, fue
tremenda... El 'bicho' (como llamamos nosotras a la anorexia) hacía que
ella se revolviera contra mí. Sólo quería que le tuviera desprecio porque
se sentía mal consigo misma por estar enferma. Tuve que dejar el trabajo
y acabé acudiendo a terapia de grupo familiar porque me estaba
hundiendo", comenta Consuelo.
El 'coro' de amigas
Pilar no recuerda aquel calvario. "Me lo cuenta mi madre, parece
como si yo lo hubiera borrado de mi memoria". En cambio, sí sabe a
ciencia cierta cuándo empezó a dejarse vencer por la anorexia.
"Tenía 12 años e ir al colegio era una penitencia. Me llamaban gorda
y se metían mucho conmigo, me hacían 'bullying' constantemente... Acudí a
un campamento y aquello me sirvió para reafirmarme en mi obsesión por la
comida y por los chicos. Por aquella época estaba tan obsesionada con la
delgadez como con el sexo".
El 'coro' de amigas ayudó al resto. "Venían a casa y la verdad es
que ninguna comía nada. Daba igual lo que les ofrecieras para merendar,
que a todo decían que no. Todas las chicas están obsesionadas con el
peso", aclara su madre.
Aunque la anorexia y la bulimia han estado ahí siempre, la llegada de la
cultura de la delgadez las ha convertido en epidemia. "En mi época
no había tanta obsesión con el cuerpo. Hasta en nuestro centro de salud
hay revistas sobre cómo adelgazar. Tuve que comentar que si no sabían lo
grave que es la anorexia como para dejar visibles en un centro médico publicaciones
que incitan a hacer dieta", denuncia Consuelo.
Los trastornos de la alimentación han aumentado vertiginosamente en los
últimos 30 años. Hoy afectan a entre el 4% y el 5% de los adolescentes y
jóvenes de nuestro país y a un 6% de los universitarios. "La edad
media de inicio de la enfermedad sigue estando entre los 10 y los 12 años
en el caso de la anorexia y entre los 16 y los 20 para la bulimia. No
obstante, y al igual que en los últimos años nos hemos encontrado con un
aumento de los casos masculinos, también está creciendo el número de
mujeres adultas (a partir de los 30 años) que están cayendo en la
enfermedad", aclara Enrique Berbel, psicólogo clínico en
ADANER-Madrid (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia
Nerviosa y Bulimia).
Consuelo acude durante una hora y media a las terapias de grupo que el
doctor Berbel organiza cada 15 días en el Hospital Niño Jesús.
"Intentamos que los padres entiendan la enfermedad, lo que va a
ocurrir, que habrá días buenos y malos, que el proceso de recuperación es
muy lento. Les proporcionamos estrategias para que sepan cómo pueden
ayudar a sus hijos, pero sobre todo es importante que no se sientan solos
y tengan una red social de apoyo", apunta el doctor Berbel.
"Me he quedado sin infancia, con menos cabello, sin menstruación...
Estoy tomando la píldora anticonceptiva para tener menstruaciones, pero
no son naturales. Tengo mucho miedo de no poder tener hijos. Eso sí, si
algún día tengo alguno lucharé para que la anorexia no me lo robe".
http://www.elmundo.es/
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