viernes, octubre 02, 2009
Dejar de
comer, pegarse comilonas y vomitar luego, y obsesionarse con el ejercicio
y la comida biológicamente pura, son los trastornos que ponen en
peligro el desarrollo de muchos adolescentes.
Ángela Avalos R.
El día en que Caro no se presentó a comer a la mesa, sus
papás pensaron que era otro de sus berrinches de adolescente.
Tampoco hicieron clic cuando la joven, de 16 años, empezó a
remilgar de toda la comida que compraban en el súper porque
–aseguraba la muchacha– estaba cargada de contaminantes.
Cada vez era más difícil complacerla con las comidas y la
joven comenzó a adelgazar rápidamente, a vista y paciencia
de todos en casa.
En el fondo, lo que Caro presentaba era un cuadro de ortorexia, un
trastorno de la alimentación caracterizado por la obsesión
por comer solo alimentos “biológicamente puros”: nada
de grasas ni de otros alimentos supuestamente “sucios”.
Las consecuencias no se hicieron esperar en el organismo de la
adolescente. Como le sucede a las demás personas con ese
trastorno, empezó a sufrir la falta de vitaminas, a padecer de
hipotensión (presión sanguínea baja) y osteoporosis
(huesos frágiles y quebradizos por falta de calcio).
La ortorexia es solo uno de varios problemas de la alimentación
que suelen aparecer durante la adolescencia.
También está la anorexia (cuando se baja bruscamente la
ingesta de alimentos), la bulimia (los famosos atracones seguidos por
vómitos inducidos) y la vigorexia (obsesión por hacer
ejercicio, sin límite).
Riesgos a la vista
En la historia de Caro, la verdadera identidad de la muchacha está
resguardada, pero cada vez son más abundantes casos como el suyo
entre la población juvenil. Los especialistas coinciden en que las
presiones sociales por tener una figura estilizada y “a la
moda” hacen más frecuente la incidencia de estos males.
La nutricionista Marisol Chavarría Crespo, de Nutrikids, dice que
la anorexia es la tercera enfermedad crónica más
común en adolescentes.
“La adolescencia es un período donde se produce una
transformación del cuerpo y, por consiguiente, de la imagen
corporal.
“Todos esos cambios son muy acelerados y a los jóvenes les
resulta muy difícil aceptarlos”, comentó.
Incluso, dijo Chavarría, hay páginas en Internet promovidas
por aquellos enfermos que todavía no aceptan su condición.
En esos espacios cibernéticos se defienden expresiones como las
siguientes: “Si no estás delgada no eres atractiva”,
“Estar delgada es lo más importante”, “Compra la
ropa adecuada, córtate el pelo, toma laxantes, múerete de
hambre, ¡lo que sea para parecer más flaca!”.
“Estos trastornos son más frecuentes en las mujeres que en
los hombres, en una proporción de diez a uno”, precisaron
los especialistas Luis Carlos Sancho (psiquiatra del Hospital La
Católica), Andrés Mesén (psiquiatra del Centro de
Investigaciones Médicas) y la psicóloga Michelle Llach, de
ese mismo centro.
En los últimos años, la Clínica del Adolescente del
Hospital Nacional de Niños empezó a registrar más
casos de varones con trastornos como estos, especialmente anorexia y
bulimia.
Los pacientes, por lo general, son adolescentes con edades entre los 14 y
18 años.
Atentos
Lo primero que recomiendan los médicos a los papás es no
subestimar, por nada del mundo, los síntomas sugerentes de estos
trastornos.
Por ejemplo, cuando los muchachos empiezan con la costumbre de saltarse
los tiempos de comida sin razón aparente, y el hábito de
distribuir los alimentos en el plato, partirlos en muchos pedacitos y no
comérselos.
No hay que esperar a que aparezcan alteraciones menstruales (la regla
podría desaparecer del todo), se caiga el cabello por la falta de
nutrientes o surjan lesiones en las manos por el esfuerzo al inducirse el
vómito.
Se debe recurrir inmediatamente a buscar ayuda médica apenas hay
sospechas de que el muchacho padece cualquiera de esos trastornos.
El tratamiento incluye terapias psicológicas para mejorar la
imagen que el adolescente tiene de sí mismo, asesoramiento
nutricional para que aprenda a comer bien y, en los casos más
extremos, la administración de fármacos. “Las
personas que sufren (estos trastornos) tienen muchas posibilidades de
recuperarse siempre y cuando la enfermedad se detecte a tiempo. Solo al
haber transcurrido dos años libre de síntomas, se da de
alta al paciente. Aún así, apenas un 50% se cura de manera
total. Del resto, hasta un 5% llega a fallecer por complicaciones”,
explicaron Sancho, Mesén y Llach.
Estos especialistas coinciden en que, una vez detectado el problema en el
adolescente, el paciente y la familia deben estar dispuestos a cumplir un
plan de tratamiento.
“La participación de los padres en este proceso es vital. Se
deben realizar terapias familiares y los padres deben aprender a manejar
los planes de alimentación del paciente”, enfatizó
Marisol Chavarría.
Asunto mental
Los trastornos de la alimentación clasifican también como
problemas mentales.
Además, son enfermedades que nunca vienen solas. Están
acompañadas por otras como la depresión, la ansiedad y los
trastornos obsesivos-compulsivos.
Es aquí donde los jóvenes llegan a presentar dificultades
para mantener una sana relación con su familia. Se vuelven
muchachos solitarios y retraídos tanto en casa como en el cole .
Si estos muchachos no se atienden a tiempo, se complican a tal punto que
llegan al hospital cuando han perdido el 40% o más del peso para
su talla, poniendo en grave peligro la vida.
Además de adoptar una actitud vigilante para prevenir o captar a
tiempo estos trastornos de salud, los papás deben promover una
conducta saludable de sus hijos desde su más tierna infancia.
Es sabido, también, que los muchachos llegan a desarrollar otros
problemas como el sobrepeso y la obesidad porque consumen alimentos no
saludables.
Una encuesta reciente de la Clínica del Adolescente con
jóvenes de la Gran Área Metropolitana (GAM), reveló
que el 51% acostumbra ingerir “comida rápida”. Estos
alimentos tienen altas concentraciones de grasas saturadas y harinas
refinadas.
Ante estos riesgos, las familias deben extremar cuidados. Una actitud
alerta ayudará a prevenir y a detectar a tiempo cualquier
situación que pueda afectar la calidad de vida de los hijos.
http://www.nacion.com/
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