martes, junio 02, 2009
La escritora
expuso ayer en una charla en el Centro Cultural Ibercaja Portales cómo
logró superar la bulimia
Su escrutadora mirada insinúa una intensa vida. No en vano, la escritora
Espido Freire (Bilbao, 1974) se convirtió con 25 años en la ganadora más
joven del premio Planeta con Melocotones helados (1999). Sin embargo, en
el 2001 sorprendía confesando en su libro Cuando comer es un infierno que
en su adolescencia padeció bulimia. Completamente restablecida, Freire
lleva años ofreciendo su testimonio como ex bulímica, con el esperanzador
objetivo de transmitir que los Trastornos de la Conducta Alimentaria
(TCA) se pueden curar, y rechazar los mitos que estas enfermedades conllevan.
Con este mismo fin, ayer ofreció una conferencia en el Centro Cultural
Ibercaja, invitada por la Asociación de Trastornos de la Conducta
Alimentaria de La Rioja con motivo del Día de la Nutrición.
- Comenta que el 25% de la población femenina universitaria tiene
factores de riesgo de padecer anorexia o bulimia y asegura que uno de
dichos factores es que la consideración de la comida como algo
recreativo, ¿a qué se refiere?
- A que por la abundancia de alimentos, la comida se toma como algo
recreativo. Hace muy poco que el ser humano ha dejado de pasar hambre.
Cuando se pasa hambre, la comida es sagrada y hay una obsesión
generalizada. De hecho, se cree que después de una hambruna o de una
guerra, han de pasar tres generaciones hasta que la relación con la
comida se vuelve natural. La nuestra es la primera generación de la
historia que tiene más comida de la que necesita. Hay comida hecha no
para alimentar, sino para tentar. No importa cuáles sean los valores
nutritivos, sino el valor del gusto. Por ejemplo, no ves a gente comiendo
filetes por la calle, pero sí comiendo chocolatinas o patatas fritas.
- Entonces, ¿los trastornos alimentarios son la enfermedad del Primer
Mundo?
- Las enfermedades mentales son las del primer mundo y los trastornos del
comportamiento y de la alimentación están dentro de ellas.
- Otro de los factores de riesgo es ser perfeccionista, autoexigente...
Pero eso suele ir acompañado de fuertes personalidades. ¿No es una
contradicción?
- Se confunde la personalidad fuerte con la mala leche. En términos
psicológicos, la personalidad fuerte se considera de alguien que tiene
claras sus debilidades y sus fuerzas, y que es capaz de crear recursos
nuevos frente a las dificultades. En la adolescencia, muy poca gente
reúne esas cualidades. A veces el perfeccionismo es un refugio contra la
inseguridad o contra el miedo. En el caso de la anorexia ese
perfeccionismo se intensifica con el hecho de tener un cuerpo muy delgado
del que puedes controlar hasta el último gramo, hasta la última caloría.
En la bulimia, la búsqueda de la perfección se torna en frustración,
entonces llega el fracaso y posteriormente, el castigo que suponen los
atracones y los vómitos provocados.
- En la detección, ¿la familia puede ayudar o también se puede considerar
como un desencadenante?
- La familia es un factor de riesgo en cuanto a que hay ideas
preconcebidas sobre la alimentación, el cuerpo, el ser buen persona...
Ejerce también como mantenedor porque si todos los miembros de la familia
giran en torno al problema de una hija, el resto de los problemas no se
ven. Pero a la vez funcionan como elemento indispensable, sobre todo en
menores, para salir de esos trastornos.
- El descontrol actual, la sobreprotección, el ritmo vertiginoso de
vida... ¿también afectan?
- Por el estilo de vida actual, me preocupa más cómo afecta a las adultas
que cómo afecta a las adolescentes. Porque las adolescentes siguen
estando más controladas, pero una madre no tiene derecho a enfermar. Una
chica responsable, que tiene un trabajo, una hipoteca, no tiene derecho a
enfermar. Los adolescentes tienen que lidiar con unas dificultades muy
específicas, pero es que los adultos también. Las anoréxicas y las
bulímicas tienen grandes dificultades para ser asertivas y tienen la
necesidad compulsiva de estar siempre a la altura, algo que además la
sociedad valora. Es una cosa terrible que una adolescente tenga que ser
perfecta.
- Y si no se cura, eso se traslada a la vida adulta...
- Claro. Una adolescente que no se permite cometer errores y pretende la
perfección, cuando sea adulta trasladará esa ansiedad de no perder un
trabajo, de no tener fallos...
- ¿También de no ser feliz?
- Por supuesto. De hecho, una de las cosas más terribles de estas
enfermedades es el autoboicot que se realiza la persona.
- Así pues, ¿el primer paso para curarse es asumirlo y luego pedir ayuda?
- Más bien al revés. Primero pide ayuda y luego ya lo irás asumiendo.
Porque aceptar que estás enferma no te cura; te cura estar en
tratamiento. Hay una corriente errónea, muy de telefilme, de creer que
porque se ha aceptado ya se cura. No es así, porque la enfermedad da
herramientas erróneas para afrontar los conflictos, y eso es lo que hay
que modificar.
- Y una vez superada la enfermedad, ¿la persona cambia?
- La persona cambia cuando se ha recuperado porque el modo de tramitar su
vida tiene que ser necesariamente distinto. Por ejemplo, las anoréxicas
suelen ser niñas muy dóciles, que nunca han dado un problema; luego hay
una temporada en la que da muchos disgustos y la familia está desesperada
porque miente, se vuelve rebelde, no obedece; todo lo contrario a lo que
era... Las anoréxicas se tornan antipáticas, las bulímicas se vuelven
manipuladoras: mienten como jamás lo han hecho, son zalameras... El
problema está en que la familia se acaba acostumbrando a la nueva
personalidad de la hija, pero cuando comienza la curación y la verdadera
personalidad surge, las familias esperan que vuelva a ser la niña
perfecta, y eso es algo que no se va a recuperar. Va a ser una persona
más madura, con dudas y rebeldías, pero sin esos mecanismos que imponía
la propia enfermedad.
- Con la curación, ¿la enfermedad desaparece definitivamente?
- No. Hay que integrarla en la vida. La enfermedad es una señal de alerta
de que tu manera de pensar y tu comportamiento son erróneos. Por tanto,
hay que modificarlos porque si no, siempre habrá una tendencia de huir y
escapar frente a la ansiedad y a la frustración. Ser adulto implica hacer
cada cierto tiempo reválidas y análisis personales muy duros y muy sinceros.
Por eso, digo que esto es una señal de alarma. Muchas asociaciones de
familiares dicen que la anorexia o la bulimia atacan siempre a las
mejores, a las más listas, a las más guapas... Algo está ocurriendo
cuando a una mujer con esas características no se le permite ser feliz y
está siempre atacándose.
http://www.larioja.com/
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