La Buhardilla de José

N° 15                                                   Marzo 2002

 


Llueve. Por fin.

Aquí, en el semiárido intersticio que vincula la Pampa con la Patagonia, los eventos pluvios no pasan desapercibidos. Erráticos, sorpresivos, pocas veces suaves y extensos- como ahora, en que vemos la lenta hidratación de las piedras y los cuerpos sedientos. O, en la mayoría de los casos, torrenciales diluvios por cortísimos minutos, con sol burlón a continuación.

Entonces, ocurre la degradación de la faz de la Tierra, la explosión de las rocas y la confusión infinita en los pensamientos de animales y hombres.

La lluvia, en cualquier caso, en cualquier lugar, vivifica. Reacomoda, nivela, destruye y reconstruye. Sorprenda, entretenga, aburra o calme, siempre es trascendental.

Y llueve.


 

esta tarde mi mujer sale de la lluvia

y la beso

 

la calle es un largo espejo

en el que se miran los árboles

 

una vida no es broma

 

José Luis Luca (1981)

 


La ciencia, el arte y el lugar de la imaginación

Entrevisté al profesor Jacob, premio Nobel de Medicina, hace unos años. La publicación de su cuarto libro, El ratón, la mosca y el hombre, que leí con mucho interés, me indujo a volverlo a ver. Me recibió en el mismo lugar donde lo había hecho antes: en el Instituto Pasteur, donde trabajan hoy, entre investigadores y empleados, más de tres mil personas. Al entrar en su despacho, más bien exiguo, me encontré nuevamente con las abundantes plantas verdes, testigos silenciosos de un hombre siempre alerta, curioso y amante de la vida.

Conversar con el profesor Jacob es muy enriquecedor no sólo porque es un eminente científico sino porque se interesa por las distintas facetas del ser humano. "El científico- explica- pasa de la esperanza al desconcierto, de la exaltación a la melancolía. Lo que dirige su espíritu a veces no es la lógica sino el instinto, la intuición."

-¿Cual es el papel de la imaginación en un descubrimiento?

-La imaginación tiene un papel preponderante. Tome un ejemplo: el descubrimiento de la penicilina por Fleming. Algunos dicen que fue fruto del azar pero, en realidad fue la imaginación la que captó el azar. El azar favorece sólo a los espíritus preparados.

-¿Existe en la ciencia un estilo como en la literatura y en la pintura?

- Por supuesto. Piense en el caso de Luis Pasteur: evidentemente, poseía un estilo excepcional, algo irresistible, que lo llevaba de un campo a otro- diría- con la actitud de un conquistador. Pasó de la química a la cristalografía, luego al estudio del mundo vivo en su aspecto menos conocido. Disimetría molecular, fermentación, generación espontánea, estudios sobre el vino, las enfermedades del gusano de seda, la cerveza, las enfermedades virulentas, los virus, las vacunas, profilaxis de la rabia, etcétera.

-¿ Doctor, usted habla en su libro de la diferencia entre la ciencia y el arte.¿Podría sintetizarnos su punto de vista?

- El trabajo científico está ligado inexorablemente a la idea de progreso, mientras que en el arte eso no existe. Una verdadera obra de arte no será nunca superada. Beethoven no supera a Bach, ni Picasso a Rembrandt. En tanto que Einstein sí supera a Newton. El científico describe el mundo exterior, donde objetos y acontecimientos no tienen ninguna realidad, sino que aparecen como puras construcciones del espíritu humano. El autor de una obra de arte es único, irremplazable. El autor de un descubrimiento científico es intercambiable. Sin Flaubert, no habría Madame Bovary, sin Mozart, no existiría La flauta mágica. Por eso los científicos no utilizan casi nunca para describir su actividad palabras como creación o creatividad. Emplean más bien la palabra descubrimiento.Se descubren cosas que ya existen, lo que hace el científico es encontrar la manera de revelarlas...Pero hay un punto de encuentro entre el arte y la ciencia: la imaginación. "Lo que hoy está probado fue antes imaginado" decía William Blake. En la fase imaginativa de la búsqueda científica, en la formación de las hipótesis, el científico funciona como el artista. Sólo que luego, cuando intervienen la prueba crítica y la experimentación, la ciencia se separa del arte y sigue un camino distinto. Una obra artística no se asemeja a una hipótesis científica. Pero en ambas la imaginación es la fuerza motriz, el elemento creador.

-¿Qué piensa acerca de los límites de la investigación científica?

- Ese problema es relativamente reciente. El siglo XVIII no encaró la posibilidad de tales límites. Estaba convencido de que tarde o temprano, la ciencia resolvería todos los interrogantes que se plantean al hombre. Hoy uno se da cuenta de que hay preguntas que no conciernen a la ciencia y que esta se niega a encarar, como por ejemplo: ¿Cual es el sentido de la vida? ¿Cómo empezó todo? ¿Qué hacemos en la Tierra? No veo qué clase de progreso científico lograría contestar esas preguntas. El descubrimiento más importante de este siglo de investigación y de ciencia es, probablemente, el comprobar la dimensión de nuestra ignorancia acerca de la naturaleza. Cuanto más aprendemos, más intensos se vuelven nuestros enigmas.

Odile Baron Supervielle (1999)

 


En Julio del 2000 llegábamos en tren a Viena.  Ibamos a quedarnos unos días, antes de partir para Venecia. Nos esperaba en la  Südbahnhof (Estación Sur) nuestro amigo español, Rubén , quien fue un excelente anfitrión. Recorrimos la Ringstrasse de Francisco José- una suerte de calle circular que rodea la parte central de Viena, y el Stadtpark, donde los vieneses disfrutan las tardes de primavera entre abedules, patos y estatuas de Strauss y Mozart. También comimos  pizza en el distrito 7, una especie de barrio universitario , degustamos los cafés vieneses, a Klimt ,  los músicos del parque, etc. Nos impresionó ese gigantesco proyecto de construcción de una isla artificial sobre el Danubio, con forma de violín, longitudinal al curso del río . Sobre La Torre de Babel,  de Bruegel (1525-1569), que vimos en el museo Kunsthistorisches,   recordé  más tarde esa imagen cuando Las Cacerolas de Babel   sonaban  en Argentina.

Así nos vio llegar Rubén.

...Zehn Minuten noch
(correspondencia interceptada)



Corría ya el nuevo siglo cuando de las cartas pasamos a los hechos. No es que la
correspondencia hubiera durado años, tan sólo unos meses; sin embargo a las
casualidades no hay por qué preguntarles sus motivos: suceden y ya está.
Aquellos dos personajes se bajarían del tren como si tal cosa y yo me acercaría
como si los conociese de toda la vida. No estaba muy seguro de poder
reconocerlos por las fotografías que me habían enviado a través del correo
electrónico; ya se sabe, a ciertas edades uno usa las destrezas que le enseña la
vida para que la cámara no le traicione: demasiado lejos él en aquella foto del
páramo junto a un rótulo enorme; sosteniendo un niño que la semiocultaba, ella;
ambos sospechosamente jóvenes en la foto con un tercero, David, quien había
dejado escapar que aquella foto había que amarillearla casi veinte años.

La hora era la convenida según creía, pero no había tren del que bajara alguien
a quien pudiera arrimarme y preguntar. Confiaba en que ellos, con un acento
inconfundible al quejarse del calor o del peso de las maletas, se delatarían. No
fue así. Recorrí el andén un poco intranquilo.  Pregunté a un hombre, que estaba
examinando los raíles, por el tren que venía de Nürnberg. Se encogió de hombros
y señaló los paneles de llegadas y salidas; mientras iba hacia allí me reproché
el no haber traído las fotografías... casi diez meses en aquella ciudad,
pensaba, me otorgaban la ciencia suficiente como para distinguir a dos
argentinos entre cien o dos cientos austríacos. ¡Esperas argentinos, no
zíngaros!, sonreí admirado de mi propia ingenuidad, pues era una estupidez creer
que aquellos dos pasarían por tipos exóticos en una estación de trenes de la
capital del centro de Europa. Una excursión de unos treinta españoles,
emparejados casi todos, y otra más reducida de latinoamericanos daban color al
recinto a la vez que rompían en pedazos mis teorías del argentino - luciérnaga.
Con tanta algarabía, me dije, va a ser imposible localizarlos si ya han llegado
y me están esperando. Aún así, me puse detrás de ambos grupos y escruté sus
maletas y sus caras, agucé el oído para interceptar las conversaciones que
mantenían entre ellos, presté atención a cualquier mínimo detalle que pudiera
darme una pista sobre su procedencia. Quizá han confraternizado durante el viaje
y estarán dándose las direcciones y despidiéndose, pensé algo confiado. No había
manera, nada se salía de lo corriente en aquel grupo y la mayoría charlaban
entre sí bastante animados, sin que nadie se separase del grupo salvo para ir a
comprar algo de comer o de beber. Iban a Praga. Miré en el panel de salidas y
llegadas los horarios: había más de un tren que venía desde Nürnberg, pero
siguiendo trayectos diferentes, y ninguno tenía la llegada prevista a las 16.00
h, tal y como yo había anotado en la libreta antes de salir de casa. En la sala
de espera, una cabina acristalada situada a la izquierda de donde me encontraba,
dormían algunos viajeros, otros leían o charlaban, unos pocos comían un
bocadillo; parecían ser eslavos y esperar uno de esos trenes que paran en todas
las estaciones y que son los únicos en llegar a pueblos que nadie conoce, lejos
de las capitales, hacia donde los trenes viajan de noche llevando, con traje
gastado, tanto cansancio por la duración y la mala calidad del medio de
transporte. Aquél era el lugar exacto donde se podría encontrar a esa clase de
viajeros.

Estuve a punto de considerar que lo mejor sería ir directamente a la pensión
donde iban a alojarse y encontrarme con ellos allí, ya que, según el reloj y el
horario que a mi juicio debía cumplirse, era posible que ya hubieran llegado en
el tren anterior; sin embargo volví a preguntar, esta vez a alguien que vestía
un traje más acorde con lo que uno espera que sea el encargado de controlar la
subida y bajada de pasajeros a los trenes -llevaba uniforme sin reflectantes y
en las manos unas hojas plastificadas en vez de una linterna-. La pregunta fue
algo confusa debido a la agitación y lo embarullado de mi gramática al no
formularla tal cual y caer en la tentación de explicarle al buen hombre parte de
mis penalidades dando vueltas por la estación. De entre las pocas cosas que
entendí fue que aún tardaría diez minutos más el tren. Si el tren que esperaba
había llegado o era el siguiente era un enigma, pues el ferroviario, casi
cantando, contestó en dialecto y sólo cacé el final: <<... Zehn Minuten noch>>.
Con las hojas bajo el brazo y las palmas de las manos abiertas frente a mi cara,
confirmó con la cabeza que, en cualquier caso, estaba en el andén correcto.

Nunca hubiera imaginado que durante el mes de junio en Viena hiciera tanto
calor, pero el caso es que sudaba en un país en el que suponía que me iba a
congelar de principio a fin. Saqué de la máquina de refrescos uno, y retomé el
andén con algo más de tranquilidad que antes. No soy un apasionado de los
trenes, pero me entusiasman las estaciones y cómo sale y entra la gente en esas
moles de hierro para marcharse o venir a la ciudad. Los de la Süd - Bahnhoff no
eran especialmente bonitos o llamativos, pero tenían ese encanto de las cosas
viejas, de lo que tiene sabor a cacharro destartalado pero que aún dejar
entrever, tras el óxido, cierto esplendor, cierta nostalgia. La locomotora que
estaba en el andén contiguo tiraba de una larguísima cola de vagones negros,
todos con unas letras blancas sobre el armazón gastado por la intemperie:
Beograd, Belgrado. Nadie puede ir en este tren: es irreal, es fantasma, pensé,
mientras buscaba con la mirada a los posibles pasajeros. En un banco, junto a
una máquina expendedora, una mujer con un pañuelo a la cabeza cerraba una maleta
con aspecto de estar cuarteada por los viajes, vociferaba algo inentendible a
unos chiquillos, casi con seguridad sus hijos, que no paraban de correr
alrededor de ella, arriba y abajo, subiendo y bajando del banco sin parar; un
hombre ya mayor, imagino que el padre y marido, apuraba su cigarro y conversaba
con alguien que parecía ser familia o allegado, pues le pasaba la mano sobre los
hombros y se estrechaban con rictus serio. En las ventanillas del tren decía que
aquella era una línea regular y que disponía de coches cama para efectuar el
trayecto, ya que gran parte del mismo era nocturno. Aquella familia, yo me
decía, debía de estar emparentada más o menos cercanamente con los gitanos
españoles, pues los rasgos principales eran idénticos, aun cuando no entendía
nada de lo que decían. Me estremecí al darme cuenta de que nunca había estado
tan cerca de una guerra. Recordé lo que nos contó Klaudija, en el descanso de
una de las clases, sobre lo difícil que era llegar donde vivía su familia
bosnia, ya que los bombardeos habían destrozado la línea del ferrocarril, y el
trayecto final había que hacerlo en un autobús viejo, como el de las películas.
Me pregunté si ese tren realmente llegaría a Belgrado.

El tren de los argentinos llegó tal y como me había prometido mi interlocutor.
Al principio, en medio de la confusión, no acertaba a reconocerlos, pero pronto
encontré de quién sospechar. A él, con los datos de los que disponía, no me
sería fácil reconocerlo, por eso me concentré en ella, a quien la delató su
rostro moreno y el pelo más o menos largo que se asemejaba al de la fotografía,
pero llevaba gafas y dudé. Pensé que mi cara, tal y como se podía apreciar en el
primer plano que les había enviado, sí que era fácilmente reconocible y, con
disimulo, me puse delante de ellos. Nada. Como dos bueyes tiraban de su equipaje
y seguían hacía delante sin hablar. Presa del asombro por haberme equivocado no
supe qué hacer: para mí no había posibilidad de error, tenían que ser ellos...
ella era bastante morena y sus rasgos guardaban el parecido necesario con mi
recuerdo; él, por el contrario, tenía el pelo de un gris inesperado, casi
blanco, y el rostro y la espalda más grandes, aunque su bigote hacía pensar que
los rasgos anteriores podían ser tan solo una distorsión respecto de lo
percibido en una foto lejana; ambos, aunque no hablasen y les separase una
cierta distancia, parecían ir juntos. Habrán discutido, me dije rápidamente
intentando casar todas las piezas del rompecabezas. Fueron unos pocos segundos
de indecisión; sabía que, traspasado el umbral del andén que daba acceso al
vestíbulo donde estaban los ascensores y a las escaleras mecánicas, tendría que
desechar la posibilidad de encontrarme con ellos en la estación, si es que ése
era el tren. Los seguí unos pasos y constaté que seguían sin hablar. La
hipótesis de que aquellos dos iban juntos en ese viaje se venía abajo por
momentos. Había imaginado un diálogo, estúpido pero suficiente, entre dos
argentinos casados que recién bajan de un tren se miran el uno al otro con la
valija en el suelo y sacan un mapa de la ciudad para buscar cómo ir al
departamento donde tienen hecha la reserva de la pieza. Por desconocimiento, a
pesar de que había leído Rayuela no hacía mucho, no podía imaginar el texto
exacto en argentino, pero este bastaban dos palabras y una mínima gesticulación
y sabría quiénes eran. Sin embargo, aquellos dos andaban con la cabeza agachada
y sin mirarse el uno al otro. Él abría la marcha, ella le seguía unos pasos
detrás, alimentando así mi incertidumbre conforme se acercaban a la salida del
andén. Me volví hacía donde esperaban los pasajeros que partirían hacia Belgrado
buscando alguna posibilidad más. <<Tienen que ser...>>, concluí. Apresuré el
paso y en cuestión de unas pocas zancadas me puse a la altura de ella y sin más
preámbulo le hablé:

-Hola, ¿tú eres Alejandra?

Ella se detuvo y me indicó con la mano que esperase un momento.

-¡José Luis! -dijo alzando la voz.

El hombre que iba delante se dio media vuelta y se paró también. Avanzamos la
escasa distancia que nos separaba.

-Vaya, si es como en la foto, igual, igual -me espetó ella.

Tras habernos presentado un poco más formalmente, me ofrecí a llevar una de las
maletas. José Luis pidió que llegáramos cuanto antes a la pensión para poderse
duchar, pues aquel calor parecía sacado del asfalto de Buenos Aires en verano,
dijo. Alejandra sabía qué número de metro había que tomar y dónde hacer
transbordo para llegar hasta la pensión situada en la Hörlgasse, en el distrito
nueve. En el cambio de línea José Luis ya estaba proponiendo salir a la
superficie y terminar el trayecto en taxi para combatir el calor cuanto antes en
mejores condiciones. Logré convencerle de que faltaban unas pocas paradas nada
más. Aunque con más dificultades de las previstas, empíricamente quedó también
probada la teoría del argentino - luciérnaga: al subir al metro, un poco más
allá de donde nos agarramos para no caernos, alguien, que iba sentado leyendo el
periódico, asomó la cabeza por un lateral y sonrió cuando comenzamos a
intercambiar preguntas genéricas sobre el viaje, lo que pesaba la valija y lo
puntuales que eran aquellos subterráneos.




Rubén A. Arribas, Valencia, febrero de 2002               Rubén.JPG (2713 bytes)


(de la lista exus)

(Noticia: Rubén es un apasionado de las letras, escribe poesía y es Ingeniero Industrial. No sabe bien, afortunadamente- igual que yo- qué cosa hace por vicio, qué por placer y qué por obligación en la vida. Pertenece a ese clan privilegiado de vocación difusa, cuya vida diversificada jamás puede resultar previsible. Su rasgo más desconcertante  es una especie de pasión por lo argentino, que a nosotros nos motiva para buscar  la autoestima perdida, que por allí debe andar.JL)


Cartas de amor para Björk

 

Habría que escribirle cartas de amor; sólo cartas de amor. Cartas desde el asombro y la ternura, el deslumbramiento y la pasión. Cartas donde las palabras jueguen hasta salir de la hoja para mezclarse caprichosamente en cualquier otro espacio para renovar el lenguaje. Cartas en las que la fragilidad no se confunda con debilidad ni el talento con la astucia. Sobre todo, porque Björk siempre está un paso más allá, moderna y clásica. Cuando creemos que tiene un domicilio reconocible, cambia de dirección. Se esfuma. Hace que todas las jaulitas que puedan construirse en torno a su talento resulten osamentas abandonadas en el momento de su esplendor.

Es una suerte que el talento sea un gesto imposible de medir. Y Björk es una usina. Una constante generadora de movimientos imprevisibles. Del punk al jazz, del tecno hipnótico al pop, del hip hop a la canción.

Sí. Habría que escribirle sólo cartas de amor. Decirle, por ejemplo, que "Vespertine" resulta una nueva forma de la libertad en una carrera signada por la aventura. Y que es verdaderamente placentero entrar en esa intimidad donde el ritmo cambió de normas. La intensidad de los golpes electrónicos cambió por los del corazón, como si hubiese decidido abrirnos la puerta de su intimidad para seguir jugando y no dejar de ser niña. Esa niña terrible que a los 11 años ya tenía su disco propio y que hoy, a los 35, cuenta con una carrera sin desperdicios.

Después del salto sin redes que experimentó a las órdenes de Lars von Trier como protagonista de "Bailarina en la oscuridad"- la experiencia cinematográfica que padeció al punto de jurar no volver a pararse frente a una cámara(para un film, claro)-, Björk volvió a su mundo tan despojada como esa bailarina en la oscuridad. "Vespertine" es su disco más íntimo, aunque ello no quiera decir que postergó el intenso trabajo en estudio que profundizó desde aquel sorprendente "Debut" hasta "Homogenic". Sólo que aquí las capas de sonidos apuntan a crear un clima despojado (es decir, ayudan a internarse en la melodía) contra la intensidad de los efectos rítmicos en trabajos anteriores.

Y, además, está su voz.

Por eso, sólo habría que escribirle cartas de amor. Cartas que agradezcan este nuevo viaje o que intenten reflejar las sensaciones que se suceden en su nuevo trabajo. Cartas desprovistas de cualquier análisis, por más favorable que sea. Cartas en las que el único interés permitido sea el del gesto inesperado, el de abrir una caja llena de sorpresas por el puro placer de dejarse llevar sin especulaciones.

Si Radiohead marca la exploración sonora de estos años, Björk rompe ese horizonte y se instala un poco más allá, desafiante y leve, provocadora y sutil.

Tendríamos que agradecerle la libertad y el desapego, la picardía y la suavidad.

Habría que escribirle cartas de amor.

 

Daniel Amiano, La Nación

 

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                               Björk (Portada de "Debut" 1993)

http://www.sobroken.net


Hay que ir a lo mejor de la gente, porque si no, lo peor prevalece. José Martí.

Lo más emocionante del futuro es que podemos inventarlo. Charles Handy

Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. John Lennon

Busco el lado positivo de las cosas, no me interesan las memorias negativas. Si tengo un sentimiento ruin para mi gente, si el país anda en problemas, yo no puedo mudarme de país. Pero con mi actitud puedo mudarme de mi mismo. Si cada uno pudiera cambiar en pequeñas cosas, como solidaridad y respeto, el país mejoraría. Egberto Gismonti

La nostalgia es esa sensación que producen algunos recuerdos, que en general es placentera y deja un dolorcito a flor que no es lo mismo que un flor de dolorcito. De otros tiempos de mi vida conservo las charlas nocturnas en las casas de los amigos, el mate a cualquier hora, la preferencia de los almacenes a los shoppings y el tiempo que se toma para vivir todo eso. Adriana Varela

Una respuesta apacible puede apagar el más encendido furor. Jean de La Bruyere

Al hombre no le queda más que una tímida elección entre la felicidad de los sentidos y la paz del alma. Friedrich Schiller

Un partido es la locura de muchos en provecho de unos pocos. Alexander Pope

 

La felicidad no es una estación a la que hay que llegar,
sino una forma de viajar
. M. Runbeck

 


Entrevistadora: -¿Qué queda cuando todo se derrumba?

Héctor Yánover: -La poesía. A la mañana, al abrir los ojos, por la puerta                    veo la biblioteca y sé que todo está en orden.


Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo, puesto que precisamente escribo por no estar o estar a medias. Escribo por falencia, por descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme.

 

Julio Cortázar. La vuelta al día en 80 mundos.

http://www.rayuela.com/

Cortázar.JPG (9439 bytes) 

Julio Cortázar


 

San Martín del Carso

 

De estas casas

no ha quedado

más que algún

fragmento de muro

 

De tantos

que me amaban

no ha quedado

ni eso siquiera.

 

Pero en el corazón

ninguna cruz ya falta.

 

Mi corazón

es el país más desgarrado.

 

Silencio estrellado

 

Y los árboles y la noche

No se mueven ya

Sino por los nidos.

 

Poesía

 

Los días y las noches

sueñan

en estos nervios míos

de arpa

 

vivo de esta alegría

enferma de universo

y sufro

por no saberla

encender

en mis

palabras.

 

No gritéis más

 

Cesad de matar a los muertos,

No gritéis más, no gritéis

Si los queréis oír todavía,

Si esperáis no perecer.

 

Tienen el imperceptible susurro,

No hacen más rumor

Que el crecer de la hierba,

Alegre donde no pasa el hombre.

Giusseppe Ungaretti        Ungaretti.JPG (6867 bytes)

              

 

(Nació en Alejandría de Egipto el 8 de febrero de 1888, de ascendientes italianos. Realizó sus estudios clásicos en Egipto. Se trasladó a París en 1909 - en donde obtuvo el Diplome d'études supérieures- y permaneció en Francia hasta 1914. Soldado italiano desde el 15, tomó parte en las luchas del frente francés e italiano hasta 1918)

 


Así como todos los demás viciosos, el lector y el viajero tienen todos un arsenal de justificaciones a las cuales acuden para defenderse. La lectura y el viaje, afirman, amplían los horizontes mentales, estimulan la imaginación y son una educación liberal, etc., etc. Estos argumentos son especiosos, como lo prueba el que nadie queda muy impresionado al escucharlos. Y es que si bien pudiera ser del todo verdad, para cierta gente, que la lectura sin método y el viaje sin propósito son educativos con largueza, no obedece a esta razón el que la mayoría de verdaderos lectores y viajeros natos se entreguen a sus gustos. Leemos y viajamos, no para lograr la amplitud  y mayor riqueza de nuestras mentes, sino para llegarnos a olvidar de un modo agradable de su existencia. Nos gusta leer y viajar porque ambas cosas son dos de los más deliciosos entre los muchísimos sucedáneos del pensar. Son unos sustitutos sofisticados y algo rarificados: éste es el motivo por el cual no constituyen una diversión para todos. El lector o viajero congénito es uno de estos espíritus tan fastidiosos que no llegan a encontrar las distracciones que requieren en las apuestas, el mah-jong, la bebida, el golf, o los fox-trots.

(...)

En mí viajar es francamente un vicio. La tentación a entregarme a él me resulta casi tan difícil de resistir como la tentación de entregarme a la lectura de un modo promiscuo, omnívoro y carente de propósito. De vez en cuando, es cierto, formulo una resolución desesperada de corregir mi manera de actuar; trazo programas de lecturas útiles y serias; trato de convertir mis errabundos viajes en sistemáticas giras a través de la historia del arte y de la civilización. Pero no suele acompañarme el éxito. Transcurrido un corto plazo vuelvo a caer en mis viejos malos hábitos. ¡Deplorable debilidad! Intento consolarme con la esperanza de que incluso mis vicios podrán serme de algún provecho.

Aldous Huxley (A lo largo del camino, 1925)


Esta Buhardilla está acompañada con la siguiente música. "Vespertine", de Björk(2002). "Storm at Sunup", de Gino Vanelli (1975). Banda de sonido del film   "Lola rennt" (Run Lola Run) (l999). Richard Wagner, Famous Overtures (London Symphony Orchestra). "Affection", de Lisa Stanfield. (1989)

Mis lecturas del verano:    La mente alien (Philip K. Dick). La Divina Comedia (Dante Alighieri). A lo largo del camino (Aldous Huxley). Seis sombreros para pensar (Edward de Bono). La Red (Juan Luis Cebrián- Club de Roma). Manual de zonceras argentinas (Arturo Jauretche).

Visitas y encuentros de un  verano atípico. Malvina, Jorge y el Niño- Maradona (Ramiro). Juliana, Gabriela, Federico y Buschi. Miriam , Mario and family. Daniel, Alejandra y niños. Y Minita, que como supuse, regresaría mil veces a Munich.

Llamaron por teléfono, además, nuestros amigos lectores Daniel Serra y Daniel Rafalovich. Al primero le tocó esta vez encontrarme despierto. Más esa suerte no tuvo el segundo Daniel, a quien espero no  haber asustado con mis somnolientos balbuceos.( Muy bueno el cassette Daniel!)

A todos , gracias por estar allí.


b i e n v e n i d o s a l d e f a u l t

Argentina 2002. Población. 38 millones de personas.

Pobres: 15 millones. Con serios problemas de alimentación: 10 millones. Desocupados: 3 millones. Caída del ingreso per cápita 15 % en los últimos 3 años.

Conectados a Internet: 3.5 millones. Cosecha de soja: 28 millones de toneladas.(5000 millones de dólares) Producción anual de oleaginosas y cereales por habitante: 2000 kg. (récord entre todos los países)

Stock de ganadería vacuna, 49 millones de cabezas. (Pero hacen falta vender 280 millones de vacas para pagar el gasto público de un año en Argentina)

Producción de leche: 10 millones de litros. Producción de trigo: 16 millones de toneladas. (Pero otros países nos donan alimentos, entre los cuales hay algunos elaborados con la harina de trigo que hemos exportado, unos 10 millones de toneladas)

Cosecha de maíz: 15 millones de toneladas (Pero hacen falta 114 cosechas como esta para pagar el gasto público de un año en Argentina)

Un kg. de soja(*) -380 gramos de proteína- por día cubre las necesidades alimentarias de una familia típica. Precio: 10 centavos de dólar. (pesos: 0.20)

En el Congreso, 200 legisladores aplaudieron de pié la declaración final de quiebra de la Argentina.

Yo, mientras se sucedían los presidentes y arreciaba el concierto de cacharros de cocina, leía La Historia del Surrealismo (Maurice Nadeau, 1948)

"Nada de pintores, nada de literatos, nada de músicos, nada de escultores, nada de religiones, nada de imperialistas, nada de anarquistas, nada de socialistas, nada de bolcheviques, nada de políticos, nada de proletarios, nada de demócratas, nada de burgueses, nada de aristócratas, nada de ejércitos, nada de policía, nada de patrias, en fin, basta de todas esas imbecilidades, no más nada, no más nada. NADA, NADA, NADA.

De esta manera esperamos que lo nuevo, que será eso mismo que no queremos más, se impondrá menos podrido, menos inmediatamente GROTESCO"  

(Manifiesto de Aragón, 1924, París)

 

(*) A propósito de la soja y su controvertida trasngénesis. Si ustedes quieren leer un artículo interesante y bastante "despolotizado" sobre el tema, lo encontrarán en la biblioteca de la buhardilla, en la carpeta "Textos Verdes". El site en la Web es:

http://ar.briefcase.yahoo.com/buhardilladejose


El tiempo es justiciero y pone todas las cosas en su sitio. Voltaire


ANTIHUMOR PROPIO

¿DÓNDE ESTÁ EL TATA?
por don Tercero Sombra
(¡El tercero es el vencido!)

Se va la primera.

Los argentinos estamos disorientao
como uruguayo que le robaron el termo.
Sabemos que la administración no sirve,
pero no sabemos a quien darle el freno.
Lo mejor es  A NAIDES
(bueh, ya está el exagerao).
Otra vez inflamao el verbo.
¿A quién  ponemos, que no meta la pata?
¿Cómo nos gobernamos?
¿Quién nos seguirá dando cosas?
O sea: ¿Dónde está el Tata?
En esta desorientación estamos extraviaos
como borrego que salió de la manada.
Y la manada perdida en el humo.
Y entonces aparecen los vago,
con solucione prefracasada.

Unos pocos dicen: "llamemos a los milicos"
Pero éstos, que aprenden e sus fracasos,
'Esta vez que se arreglen solos'
dicen y callan por si acaso.
Y menos, si no hay plata...

Otros proponen un gobierno socialista,
a favor de los trabajadores, clasista,
en contra del capital financiero internacional, antiimperialista,
a favor de Cuba, en contra de los yanquis capitalistas.
Pa reemplazarlo por garrotes
clasistas y burocráticos privilegiados del socialismo,
el estado soy yo, solidarios azotes.
O sea, mas de lo mismo.

Otros utilizan la estratagema, con intención.
del desorientao y el debilucho,
se ponen del lao de la autorida, aunque no del juez trucho,
porque están mas quemao,
que pava e fogón.
¿Y ande está la autorida ahora eh?
En los países de ajuera como no.
Ajuera nada es igual, todo es mejor,
asigun dicen ahora.
Empezamos por traer a los curas
¡Ninguna autorida como esa, sí señor!
También trajimos la ONU, con su alcancía
llena e sellao.
Hasta ahí vamos mal, porque tenemos el casco
mas grande que la estancia.

Y también están los que dicen:
"Tenemos que hacer como Brasil"
"Tenemos que hacer como Chile"
"Tenemos que hacer como España"
Y así recorren todos los países
asigun sus conveniencias y estupidez.
No falta quien dice
"Tenemos que pedirle al holandés
a cambio e la Maxima".
¡Sí, vacas lecheras nos pueden mandar
los inundaos esos!
Porque reyes, ya tenemos de copas,
de oro,
y sobre todo de espada.
Digo, por las dudas.
Porque nosotros nos subimos a cualquier tren,
y más al que descarrila,
con tal de escapar la responsabilidá.
Aunque en ello nos vaya la vida.

Hágale caso a este gaucho,
nadie viene a sembrar el campo por usté.
Si anda pidiendo semilla prestao,
vendrán a repartir la cosecha,
eso mas que clavao.

Segunda

Entonce compatriota,
nada de cada lechón en su teta,
la chancha esta muerta.
Nada de milico ni entenao, nada de juez corruto
ni palenque ande rascarse.
Aca el tema es sencillo,
de lo que le hemos sacao al indio,
lo suyo es suyo y lo mío es mío.
Y a defenderlo a facon y cuchillo.

En este pago grande.
Hay tierra pa cada uno,
Algunos juntaron demasiao
y se jueron pa la ciuda,
otros abombaos siguieron huella.
En vez de mirar la estrella,
se fueron pa la luz,
amontonao como los mosquito,
allí los llenaron de papelito
que trajeron del Fondo
que no sirven ni pa dir al fondo.
Quienes son más ligero qu'el avestruz.

Pero a mi no me vengan con sellao
ni cuento,
si me quieren sacar e la chacra,
vengan con los milico y me van a sacar muerto.
Me tienen harto las caravana e lacra,
que cambian la guitarra y el verseao.
Si quieren llevar cereal traigan los patacone.
Y si se llevan los patacone,
me traen lo que he comprao.

Así funciona la cosa en mi celebro atrasao,
al maestro le doy un ternero;
y otro al dotor.
Le presté  al ruso el trator,
que lo ha sacao del barro,
le regalé un par de toros al vasco
y a la viuda una carrada de leño,
pero se me vuelan los pato,
cuando me quieren sacar a sopapo,
lo que me ha costao tanto empeño,
los joputa doblaron los eje,
de tanto cargar el carro.
Que mis hijos vendan la tierra
cuando he muerto, es su derecho,
pero pa juntar mas campo que un país,
algunos no sé como han hecho.
Soy ignorante y no entiendo demasiao,
pa mi la tierra tiene que trabajar el dueño.
No me convence  la provincia entera
en manos de un avivao,
como si hubiese ganao solo la guerra,
no ha de tener el brazo tan largo,
que le llegue hasta la tranquera.

Mi manera de pensar es simple.
Dende que sobra campo a destajo,
el trabajador que tenga su pedazo.
Y el vago soga o conchabo.
Y no quiero puebleros que cobran de prepo.
Ni que empeñen mi tierra mientras trabajo.

Al tata lo tengo enterrao, al lado del tamarisco
desde entonce estoy medio arisco
y esos que se llaman 'el fisco'
me tienen las que les dije, que me llegan hasta el piso.

Se va la última.

No venga a tasarme el campo
con los ojos del impuestero,
porque no es como aparienta,
sino como yo lo siento.

No venga a tasarme el campo
con los ojos del banquero,
su corralito no tiene plata,
ni pa pagar mis recuerdo.


Néstor Cirilo
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La última parte es una paráfrasis de un tema
del músico argentino Atahualpa Yupanqui

 

ica_2002@hotmail.com
http://www.argentinaposta.150m.com/

 


Y para el fin de la Buhardilla ( y especialmente para el fin de la convertibilidad), hemos elegido este pequeño poema de Giussepe Ungaretti.

 

Lejos

 

Lejos lejos

como a un ciego

me han llevado de la mano

 

(G.U. "La Alegría")

 

Nos vemos en el otoño. JL.

 

buhardilladejose@yahoo.com.ar

 

01-03-02