La Buhardilla de José
N°28 julio 2005
¡ Bienvenidos a la Buhardilla !
Nuevamente nos encontramos para compartir algunas palabras y sentimientos.
La buhardilla ya no es un lugar aislado , solitario y poco visitado. La omnipresencia de la Web -esa red digital que nos va envolviendo con velocidad creciente- hace que permanentemente estemos recibiendo señales multiformes desde todas direcciones.
Seguramente Borges no imaginó en su Aleph semejante artilugio: apenas unos chips, unas fibras ópticas, un poco de señales satelitales, alguna cantidad pequeña de energía eléctrica, y aquí estamos, intercambiando nuestras vidas en forma de imágenes y palabras.
En 1958, año que yo nací - es notable la cantidad de cosas importantes que suceden el año en que nacemos- ,el ingeniero estadunidense Jack Saint Clair Kilby (premio Nobel de Física 2000 y recientemente fallecido), inventó el microchip. Gracias a eso, hoy podemos reunirnos aquí. No me veo, como a fines de los 70, escribiendo en la Adler y en la Lettera, fotocopiando, mimeografiando, llevando a hacer copias en Rotaprind, cortando , encuadernando, preparando y enviando correo, escribiendo cartas, etc.
Es cierto, a veces se extraña el cartero, los sobres por abajo de la puerta con los poemas y cartas, el olor del papel de las revistas recién hechas o ir hasta el correo a ver la casilla...Pero eso, ya, no es posible.
¿Que vendrá a continuación de Internet? Vaya uno a saber...
" Nunca sabemos qué sucederá a continuación; tampoco sabemos por qué sucede lo que sucede. Inventamos explicaciones individuales, familiares, nacionales, religiosas o culturales. Queremos saber para poder predecir, para elegir un curso de acción o para intentar controlar nuestra vida, aunque sea un poco. Pero la verdad es que no sabemos." Janet Cedar Spring
" Las convicciones son cárceles." Federico Nietzsche
" Se pintar y dibujar. Yo lo creo y también otras personas dicen creerlo. Pero no estoy seguro de que sea cierto" . Gustav Klimt
El Juego
Acá conseguimos las satisfacciones que, debido a nuestra inadaptación crónica, la ferocidad del mundo laboral nos niega. Estamos en la barrera de los 30. El mundo laboral (y aledaños) que hemos heredado nos produce mucho mas desconsuelo que satisfacción. Trabajamos porque no hay mas remedio, por una cuestión de supervivencia, no porque nos entretenga. Internet es nuestro refugio: aquí sí podemos jugar, tenemos permiso para hacer lo que nos gusta y hay cabida para los desafíos personales. En este parque de atracciones virtual, paradójicamente, somos personas, y no máquinas o recursos humanos. Aquí crecemos en la dirección que anhelamos, sin tener que hipotecar por ello nuestro albedrío. Se trata de la misma motivación de quien ahorra para escalar montañas. El impulso lo encontramos en el juego. Dicen que este acerca al misterio de la creación. Sin indagar demasiado en el sentido religioso de tal aserto, lo suscribimos.
Rubén A. Arribas
Una Noche
Daniel Rafalovich
Estoy perdidamente enamorado de
esta brisa
que me abraza, me refresca,
me dilata.
¿Habrá a esta hora
alguien pescando en el oscuro río,
a solas con su red
y su farol?
¿Habrá alguien poblando los vagones
trepado a una botella,
vegetando, se diría,
en su vigilia?
¿Qué soñarán, en esta hora,
los monjes en sus celdas?
El último de ellos
¿irá por los corredores
apagando las luces
lentamente?.
Pampa
Daniel Rubén Mourelle
I
Ella
soñabaYo
apenas
rozaba su mano
II
Ella soñaba
que yo soñaríaAnticipar
colmó su oficiocontar
las marcas que la espalda dejaba
en el látigo
===
De la colección : Niños del aquelarre
Los intelectuales y el país de hoy
"La gente sufre una mutilación espiritual"
La opinión del escritor Miguel Grinberg
“Generalmente, el lector o el oyente pasa la mayor parte del tiempo
tratando de discernir desde qué lugar le están hablando, desde qué
ideología, partido político, poder adquisitivo, religión... ¿es
homosexual?, ¿es pagano? Para mí, es vital crear una sociedad en la
cual se practique no la unanimidad, sino el diálogo de las
diferencias. Pero soy optimista. En un mundo que tiende a ser
patéticamente estéril también se vislumbran verdaderos chispazos de
fertilidad. De lo contrario, no seguiría escribiendo, traduciendo,
haciendo programas de radio...”
Miguel Grinberg se expresa desde su ceñido bunker
literario-intelectual, donde pilas y más pilas de libros y revistas
han terminado de apoderarse de las hornallas de la cocina, de una
heladera, de un corredor y hasta del piso del baño. Allí, entre pilas
de eclecticismo, toda “tierra firme” funciona como anaquel. “El ser
humano posee dones especiales, pero no se encuentra por encima de la
naturaleza: es parte de ella”, dice este poeta y escritor de 67 años,
calmado, quien tras haber trabajado diez años en Kenya bien podría
haberse vuelto un animista africano. Pero no.
Criado en el seno de una familia judía, Grinberg -padre de dos hijos
brasileños y casado desde hace veintitrés años- cuenta que con el
tiempo se sintió muy atraído por el cristianismo: "Tuve el privilegio
de ser amigo de un gran hombre del siglo XX, el padre Thomas Merton,
que me permitió visitarlo en su monasterio trapense, en Kentucky; por
otra parte, la herramienta de meditación que yo buscaba me la dio
-invitado por Allen Ginsberg- el budismo tibetano en el instituto
Naropa, en Colorado. También me cautivó el sufismo islámico, los
rollos del Mar Muerto y los esenios, en los que ya no se sabe dónde
termina el judaísmo y empieza el cristianismo? Hoy puedo decir que soy
naturalmente ecuménico".
Se puede decir que Grinberg ha sido protagonista de la cultura
alternativa de las últimas cuatro décadas en la Argentina y en
América. Editó revistas como Contracultura y Mutantia; publicó libros
sobre temas tanto de rock como de ecología; fue cofundador de alianzas
"verdes" pioneras (Red Nacional de Acción Ecologista y Pacto de Acción
Ecosocial de América Latina); realizó memorables ciclos radiales y
desde la prensa escrita y televisada promovió el rock argentino y la
ecología social. Fue, además, prosecretario de redacción del diario La
Opinión y de la agencia de noticias Télam. Entretanto, creó una
técnica avanzada de meditación para el desarrollo del potencial
intuitivo (holodinamia). Hoy, sin embargo, aclara que la suya no es
una diversidad simultánea: "He tenido ciclos. Con mi primera revista
literaria, Eco Contemporáneo, en los años 60, todo era poesía; después
pasé a crítico cinematográfico y luego a realizador de programas de
rock y publicista de cine para Hollywood. Más tarde, trabajé en la
órbita de las Naciones Unidas en el tema de medio ambiente. Pero
siempre fui un testigo crítico de la realidad argentina".
Como si todo ese cambalache de intereses fuera poco, Grinberg deja
deslizar, no sin algo de picardía, que su cuñado, salesiano, es obispo
de la Iglesia Católica en Brasil, y su tío, vicario de la Iglesia
Ortodoxa de San Pablo.
-Borges hablaba de un yo plural y de una sola sombra. ¿No se siente
así?
-No se me había ocurrido. ¡Qué interesante! Y desconcertante también,
porque el yo es por naturaleza singular. La pluralidad la dicta el
coro que nos rodea; desde esa interacción surge un juego de espejos
muy particular. Una vez recibí una carta de Allen Ginsberg, en la que
me escribía: "Hoy cumplo 50 años; es como cumplir 15, pero con
espejos". De todas maneras, uno elige el personaje que desea entre las
muchas posibilidades. Y desde un punto de vista de la búsqueda
espiritual uno trata de no dejarse comer por la sombra.
-En su libro "La generación V" usted habla de "vivir poéticamente".
¿A qué se refiere?
-Cuando se creó el servicio militar obligatorio, nuestro país estaba
inmerso en una situación caótica, donde era necesario alfabetizar a
muchos habitantes del interior e inmigrantes; era necesario crear
conciencia nacional. La milicia hacía ese trabajo pedagógico. De
carácter compulsivo, pero necesario en aquel momento. Hoy ya no se
trata de crear una unanimidad conceptual a través de la nacionalidad,
la cultura o de ese tipo de palabras que suelen usarse con mayúsculas.
Hay fenómenos de la historia de la humanidad -como el canibalismo o el
incesto- que, salvo en condiciones anormales o patológicas, ya han
sido superados. Otros, aún no.
-¿Cuáles son hoy los grandes desafíos?
-Uno es la superación del instinto homicida. Todo el siglo XX fue una
antología del espanto humano. El segundo punto es que ya no se puede
seguir hablando de una educación o de una formación uniforme y
universal.
-¿Cómo debería ser la educación?
-Particularizada, ya que cada uno de nosotros nace con un potencial y
con dones definidos: el aprendiz no es un recipiente para llenar, sino
una lámpara para encender. Y, en este sentido, los procesos de
masificación son una plaga. Por eso, el tema consiste en concebir la
vida como una obra de arte.
-¿Cree realmente que la vida como obra de arte es hoy una
posibilidad?
-Todo lo contrario. Hoy se vive una espantosa dictadura de la
vulgaridad, que genera toda esa gama de trastornos mentales,
emocionales y de convivencia que llenan las páginas de los
informativos. Así, el hombre-masa se solidifica y pasa a ser
irracional, lentamente emotivo y destructivo. En estos dos últimos
siglos de materialismo exacerbado se ha pasado por alto el hecho de
que no somos seres destinados a existir como consumidores,
contribuyentes o combatientes?
-¿Cuáles son las grandes epopeyas que tenemos por delante?
-Una es obvia: la estación espacial internacional que se está
construyendo, y desde la cual se podrá salir a la aventura espacial
con mucha más facilidad. La otra es la introspectiva, la que se
esfuerza por ampliar el área de la conciencia.
-¿En cuál de las dos aventuras hemos llegado más lejos?
-El viaje hacia el exterior es y va a ser exclusivo para
especialistas: astronautas, científicos, técnicos y militares. Con
respecto a la epopeya introspectiva, creo que cada día hay más
personas que, de manera intuitiva y espontánea, sienten que su estilo
de vida les está robando la inocencia junto con el verdadero sentido
de haber nacido. Yo todos los años participo de los congresos
holísticos internacionales que se realizan en Brasil. Actualmente hay
una corriente de ejecutivos, dentro del Banco Mundial, que realizan
encuentros de debates espirituales, sencillamente porque sienten que
su vida está incompleta. Estos congresos tienden a recibir auspicio
económico de grandes compañías brasileñas o filiales de compañías
trasnacionales.
-¿En qué se funda la inteligencia?
-Depende desde dónde se mire. Si se mira en el sentido de utilidad de
la corporación transnacional, un tipo inteligente es el que permite
que en el balance de fin de año se hayan ganado muchos más millones de
dólares que en el año anterior.
-¿Y desde una mirada espiritualmente más evolucionada?
-Desde esa óptica, un ser inteligente es aquel que consigue ser él
mismo de acuerdo a su naturaleza y lleva, además, ese proceso
evolutivo hasta sus últimas consecuencias.
-¿Podría mencionar algunos ejemplos?
-Bueno, autores como Merton, Edgar Morin, Ken Wilber, el poeta persa
Jalal al-din Rumi, William Blake...
-Hay un tinte decididamente místico en casi todos ellos. En el
contexto del misticismo, ¿qué papel desempeña el intelecto?
-Es un recurso natural que se usa en el abordaje racional de los
fenómenos y que permite, a la manera del radar, construir itinerarios.
Yo, como intelectual, lo utilizo del mismo modo que el capitán de un
barco utiliza la brújula. Ahora, cuando medito, trato de detener todos
los discursos que la mente fabrica sin cesar. Meditar es el arte de
entregarse. Uno aprende a nadar no porque conquista las aguas, sino
porque aprende a acompañarlas. Y para esto es preciso alivianarse,
soltar lastre; de lo contrario, te hundís. El otro día vi una película
de origen hindú, "Samsara". En una escena, el lado frontal de una
piedra preguntaba: "¿Cómo hace una gota de agua para mantenerse como
tal, sin secarse o evaporarse? Y cuando el monje la da vuelta, lee:
"Se sumerge en el océano". En el mundo no se practica ese tipo de
enseñanzas; todo lo contrario: cada uno termina encerrado dentro de un
frasquito. Y por eso tenemos grandes colecciones de frasquitos y poca
humanidad.
-¿Cuál es el rol fundamental del intelectual contemporáneo?
-Hoy, el intelectual, en lugar de dejarse atormentar por todo lo que
no funciona en la sociedad contemporánea, tendría que poner mucho más
énfasis en la divulgación de nuevos caminos posibles, de los aciertos
de quienes están en condiciones de marcarnos los claros, los tesoros
ocultos y los verdaderos significados de nuestro papel en la vida. En
estos tiempos, el intelectual tiene la rara oportunidad de asumirse
como una especie de radar mental a fin de captar aperturas hacia
realidades -individuales y sociales- inéditas.
-¿Por qué dice "rara oportunidad"?
-Porque la cultura actual se encuentra en una etapa de descomposición,
y así como la Edad Media fue un torbellino que dividió los tiempos
entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, ahora atravesamos un
territorio intermedio, que dejó de ser posmoderno. Al igual que el
artista, el intelectual tiene tres opciones: denunciar, enunciar (o
sea, describir conceptos desde la ética o la estética), o anunciar
rumbos. Me atrae esta última posibilidad. Y desde ella, insisto en que
la sociedad del mañana deberá concebirse como una obra de arte.
-¿No tiene la sensación de que a veces el propio ego termina siendo
la principal preocupación de muchos intelectuales?
-Bueno, hay intelectuales que generalmente disertan para escucharse a
sí mismos. Y debo reconocer que muchos de ellos producen disertaciones
no menos que magníficas, pero absolutamente estériles.
-William Blake, a quien usted admira, escribió: "Quien piensa y no
obra, engendra peste". ¿Dónde entra el intelectual en ese concepto?
-La persistencia de la crítica negativa es una manera de bloquear el
advenimiento de lo contrario. Un amigo mío, poeta, cuando leyó por
primera vez esa frase de Blake, dijo: "Quien no piensa y obra, también
engendra peste". Entonces, cuando el intelectual tiene al mismo tiempo
una actitud humana, ya no tiene miedo al ridículo.
-Es que el miedo al ridículo es directamente proporcional al tamaño
del ego.
-Sí, pero no hay nada que yo pueda hacer con el ego ajeno. A duras
penas puedo hacer algo con el mío, y tratar de que no entorpezca en mi
vida.
-En este aspecto, ¿cómo ha influido la psicología, que tanto
insiste con la reivindicación del yo como una entidad permanente, no
transitoria e independiente?
-La mayor parte de la psicología no hace más que aplacar los
conflictos, para que la persona siga desempeñándose como un engranaje
eficaz en la maquinaria que lo va a terminar por destruir, más de lo
que lo ha destruido hasta ese momento. Con los años, me he sentido
atraído por la psicología transpersonal, que, en cierta forma,
amalgama lo espiritual y lo psicológico. Esto tiene un parentesco con
lo que fue la psicología del hombre sano, de Abraham Maslow, que
apuntaba a desarrollar los núcleos positivos de las persona, en lugar
de quedarse atascado en los aspectos negativos o patológicos.
-Otro tema en el que usted insiste es en que las ciudades tienen
que volverse verdes.
-Sí; no puedo dejar de lamentar que, en nombre del progreso, se siguen
asfaltando y llenando de concreto los paisajes. Nuestra ciudadanía no
está concientizada desde un punto de vista ecológico ni espiritual.
-¿Por qué hace referencia a la ecología y a lo espiritual
simultáneamente?
-Porque la raíz etimológica oikos, del griego, que quiere decir
"morada", sirve para crear tanto la ciencia ecológica como la palabra
"ecuménico", que es la morada universal dentro de la cual pueden
convivir todas las religiones. El grueso de la gente sufre una suerte
de mutilación espiritual; es decir, está convencida de que el poder
adquisitivo exacerbado es la vía para llegar a triunfar en la vida.
Vamos a tener que seguir padeciendo algunos tsunamis y algunas otras
catástrofes análogas para darnos cuenta de que, como decían algunos
indios norteamericanos, el dinero no se puede comer. Sin embargo, por
primera vez en la historia, el último premio Nobel de la Paz lo ganó
una mujer africana, mi amiga Wangari Matai, que, al mismo tiempo, es
la primera ecologista en recibirlo, con lo cual vemos que, en cierta
medida, estamos avanzando en la dirección apropiada.
-¿Cuando habla de espiritualidad habla también de religión?
-No tiene nada que ver una con la otra; la religión se apoya en el
dogma y la espiritualidad en la inmensa generosidad del universo.
-¿Qué cree que sucederá con las religiones?
-Mucha gente necesita de la religión. Colin Wilson, un pensador
contracultural británico, dijo, y yo coincido, que la religión es un
bastón para el camino. Y hay gente que necesita un apoyo al caminar.
-Por último: ¿cómo es un intelectual en el siglo XXI?
-Una suerte de cronista de un nuevo mundo posible. Y, dado que la
mente humana es una especie de timón, como intelectual, personalmente,
me predispongo a expandir el área de mi conciencia, a orientarme hacia
experiencias de plenitud, a soltar lastres de prejuicios y cobardías,
y a proponer el ejercicio de una solidaridad conceptual y espiritual
donde cada cual logre ofrecer lo mejor de su naturaleza.
Por Ignacio Escribano
De la Redacción de LA NACION
15 de Junio de 2004
Estamos en medio de la debacle, del fin de la familia Bertotti. El vecino de atrás, Schafetti, perdió el trabajo y se dio de baja de DirecTV, y ahora nos quedamos sin televisión por cable. ¡A la mierda! Ocho meses estuvimos colgados del primer mundo, y fueron los meses más felices de nuestra vida. Ahora nos espera otra vez, agazapada, la mesa de Polémica en el Bar.
Ayer a la noche eran todas caras largas en casa. El Zacarías y el Nonno se habían anotado en un croquis, pegado a un corcho, todas las fechas de la Eurocopa. A la Sofi le empezaba el jueves la cuarta temporada de unos dibujitos animados que se la pasan puteando y que son un plato. El Caio miraba las reposiciones de Cha Cha Cha, y yo me había enganchado con los documentales de sexo del Cosmopolitan. ¡Toda nuestra vida estaba organizada!
En vez de eso, estamos los cinco con el plato de sopa en la mesa, sin saber qué cara poner.
—Mamá —me dice la Sofi—, estás más vieja.
—Es que hace mucho que no me mirabas a la cara, nena —le digo—. En realidad estoy como siempre. ¿Y a usted, Nonno, qué le pasa que no come?
—N'aqueste momento stano chiugando l'Italia —me dice, con un ojo en el reloj y el otro pispeando el televisor apagado, por las dudas que ocurra un milagro.
—¿Y no podemos colgarnos del vecino de la izquierda, pá? —pregunta el Caio, al borde de las lágrimas.
—¿De quién? —digo yo— ¿De la vieja Monforte? Si se la pasa mirando a la Mirtha Legrand... La loca no tiene cable, Claudio...
—¡La culpa de todo la tiene el puto de Schafetti —grita mi marido, pegando un manotazo de impotencia a la mesa—, que se viene a quedar sin laburo justo ahora!
—Pobre hombre, Zacarías —intercedo—. La culpa es de este país, no de Schafetti. Ojalá que este buen hombre consiga trabajo pronto y esta situación se normalice... Porque así, dialogando entre nosotros, mucho no podemos durar.
De repente, al Zacarías se le ilumina la cara.
—¿Y si lo llamo a Schafetti y le damos trabajo en la pizzería?
—¿Para hacer qué? —le pregunto.
—Qué sé yo, el reparto, las pizzas. Si trabaja el Caio puede trabajar cualquiera.
—¿Y qué ganamos con eso?
—Si Schafetti tiene trabajo —elucubra mi marido—, vuelve a poner DirecTV y nosotros nos colgamos otra vez de la antena.
Nos quedamos todos viéndolo. Un rato, tampoco mucho. Solamente el tiempo necesario para ver si se daba cuenta solito que estaba diciendo una boludez grande como Chivilcoy. Pero el Zacarías nada: nos miraba como debe haber mirado Einstein a la esposa el día que le contó lo de la relatividad.
—¿Qué? —dice—. Qué me miran. ¿Está bien, no?
La Sofi, tímidamente, toma la palabra:
—¿Y cuánto le pagaríamos a Schafetti para que trabaje en la pizzería?
—Qué sé yo —dice el Zacarías—. Quinientos mangos.
—¿Y si contratáramos DirecTV nosotros, cuánto nos saldría? —sonríe la Sofía, encantada de encontrar al padre en un error conceptual. —¿Sesenta pesos?
El Zacarías frunce el entrecejo y se le pone la cara bordó . Cuando le cae la ficha de sus propias boludeces y se enoja con él mismo, siempre toma ese color borravino, que le va subiendo del pezcuezo al cerebro.
—¡Andá a tu pieza! —le dice el padre a la Sofi— ¡Maleducada de mierda! ¡A mí ese tonito de superada no, eh! ¡Conmigo respeto!
—Pero viejo —le digo—. La nena solamente te está haciendo entender que estás meando afuera del tarro...
—¡Una mierda me hace entender a mí una mocosa de quince años! —dice— ¡A la cama sin televisor!
Otra vez todos nos quedamos mirando la tele, apagada, triste.
—Van a tener que buscar otra penitencia —dice el Caio—. O acostumbrarse a perder la poca autoridad que les queda.
Y entonces sí, me empezaron a temblar las patas. Acabábamos de descubrir que no solamente nos habíamos quedado sin cable, sino también sin castigo para las criaturas. Y eso sí que es grave. Porque si el Caio y la Sofi no tienen castigo, la vida se convierte en una anarquía, en un desbarajuste que no tiene nombre.
—Viejo —le digo—. Andá, llamálo a Schafetti... Decile que empieza el lunes.
El Zacarías sale de la cocina, contento, a buscar el teléfono.
—¿Y hasta el lunes qué hacemos? —pregunta la Sofi, desesperada.
Nos costó tomar la decisión, pero alguien tenía que hacerlo. Así que me levanté yo misma, tomé aire, y puse a Sofovich. Cenamos en silencio, mirando el reflejo del televisor, como si otra vez estuviésemos en los años setenta.
—¿Ha visto, Mirtitta? —dice el Nonno, sorprendido—. Tevedúe alora se quiama América.
¡Qué desesperante es volver a la clase media-baja...!
http://mujergorda.bitacoras.com
Copyright © 2003-2005, Mirta Bertotti. Mercedes, Buenos Aires, Argentina. Hernán Casciari
OPINION
Vivir más despacio
Mientras a la carrera recuerdo que debo enviar el artículo de El Mundo, que no he ido a pagar el teléfono, que los obreros vendrán a realizar un trabajo en casa y que tengo que comprar un regalo para una amiga que cumple años, le echo el ojo a un reportaje publicado por una revista latinoamericana que da cuenta de cómo ha tenido éxito la creación, en Italia, de un movimiento que apuesta por la vida lenta. En medio del ajetreo, veo un oasis.
Me entero rápidamente (¿por qué todo lo tenemos que hacer rápidamente?), que el tal movimiento, llamado Slowcities, Ciudades Lentas, ofrece una alternativa a la trepidancia ciudadana, al esquema de vida que proponen los países industrializados -y no industrializados- a sus ciudadanos.
Veamos: mientras muchos trabajadores de las grandes ciudades deben someterse a una disponibilidad laboral de casi 24 horas, este grupo promueve un ritmo de vida más pausado, en el que hay tiempo para el disfrute de ciertos placeres ya prácticamente olvidados, como degustar una buena comida casera, dar un paseo por las calles en horas de la tarde o simplemente, detenerse un rato a conversar con los vecinos.
Bueno, parece tratarse de algo que, en el caso de Caracas, suena a verdadera utopía.
¿Acaso no hemos acordado que nuestra ciudad, la del frenesí de horarios y la inseguridad a toda hora y a toda marcha, no nos reserva ya para el encuentro sino los cerrados espacios de los centros comerciales y eso con mucho guillo de ladrones y secuestradores? ¿No decíamos recientemente que los caraqueños sólo se encuentran con sus amigos en las funerarias?
Estoy segura que muchas de mis amistades estarán acordes en adherir a este movimiento italiano, ya con ramificaciones en el mundo entero, que pretende devolvernos a los perdidos paraísos del pasado. Debemos ir pensando, en esta trepidante e irrisoria Quinta República, la forma de crear nuestro Slowcity, que nazca de nuestro deseo de recuperar el tiempo perdido de una ciudad que tuvo, lo sabemos bien, ese aura de alta humanidad, de convivencia armónica y pacífica, el sentido de que las cosas sencillas son las más auténticas y las más reconfortantes. Pero creo que estoy soñando, porque en este momento sube el volumen de la televisión y una sorpresiva cadena, a esta hora del día, me devuelve a nuestra áspera realidad.
* Escritora
maryferrero@hotmail.com
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La
Sociedad por la Desaceleración del Tiempo
está formada por un grupo de unos 700 eclécticos miembros germanoparlantes y
tiene su sede en Austria. La Sociedad investiga el fenómeno del tiempo, organiza
simposios, publica libros... Su objetivo es llamar la atención de la innecesaria
aceleración con la que hacemos todo en nuestras vidas, promover la idea de que
es importante tomarse el tiempo que sea necesario para cualquier actividad, de
que debemos exigir nuestro derecho a pararnos y reflexionar sobre lo que estamos
haciendo.
"A pesar de trabajar menos horas, cada vez más gente tiene menos tiempo para las
cosas que realmente quieren hacer. La rueda de la historia gira cada vez a una
mayor velocidad, lo que hace cada vez más difícil tomarse el tiempo necesario
para la contemplación... Un tiempo para cada cosa y cada cosa en su tiempo son
dichos que están perdiendo su sentido. La rapidez lo es todo. Si decimos de
alguien que es lento, estamos insinuando que no está haciendo bien las cosas".
Más informacion:
http://zeitverein.uni-klu.ac.at
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Se acabó la prisa. Llega la ‘slow life’, la cultura de ir despacio |
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Ciudades lentas |
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Colegios sin timbres |
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En busca del tiempo perdido |
Cada mañana asalto con audacia el nuevo día
cada atardecer me retiro en desorden.
Cesar Fernández Moreno
Poética francesa
Selección de Rubén Vedovaldi
"Pienso que la poesía comienza
precisamente cuando comprendemos algo, por caminos que no son necesariamente los
de la comprensión vulgar. La poesía me hace alcanzar más directamente la
realidad, por una especie de atajo que conduce al calvero descubierto. La
emoción poética es la señal del conocimiento alcanzado, de la conciencia que
quema etapas. Y no lo contrario. El Canto, que es es siempre necesariamente a la
vez para el oído y para el corazón, se despierta precisamente cuando l a música
y la voz se ajustan, cuando hay perfecta adecuación del fondo y de la forma,
cuando esta pretendida subjetividad del poeta forma eco en cualquier parte de mí
que lo leo y que soy una "objetividad" en el sentido propio de la palabra. Hay
canto cuando el sonido emitido despierta sus armónicos en ese cristal del otro
extremo de la habitación, y que "comprende" tan bien que ese sonido es
verdaderamente música, que con él se rompe.
Por eso yo exijo a la poesía, clara o no, unas notas, unas precisiones
históricas que, lejos de impedirme soñar, confieren a mi sueño el inmenso campo
de la realidad."
- "Yo no escribo nunca un poema que no sea la continuación de las reflexiones
que comportan cada punto del poema, y que no tiene en cuenta todos los poemas
que precedentemente he escritos ni todos los poemas que precedentemente he
leído."
- "La poesía es el espejo borroso de nuestra sociedad. Cada poeta respira sobre
este espejo: su aliento lo empaña de diferente manera." Louis Aragon (1897-1982)
- "La poesía es sorpresa incesante y descubrimiento del infinito. Corresponde al
poeta darles el lecho donde ellos puedan despertar, donde se deslicen hasta
nosotros, de manera tal que, sorprendidos o descubiertos, ellos nos lleguen tan
límpidos, tan decantados, tan "necesarios", que en adelante pueden ser
confundidos en nosotros, en la carne misma de nuestra sensación y de nuestra
inteligencia.
Síntesis, abreviaturas, imágenes, son los guiños entre el Conocimiento y el
poeta. El poeta está al borde del círculo que tiene encerrados a los hombres y
que es necesario romper, forzar, liberar, si quiere conocer mejor su universo y
conocerlos." Robert Ganzo
- "El poeta no calcará el mundo, ni siquiera sobre el papel, ni lo copiará, ni
lo fotografiará. Lo hará ser positivo, como si él mismo, el poeta, fuese el
creador." Jacques Audiberti (1899-1966)
"Los verdaderos poetas no han creído nunca que la poesía sea para ellos
una propiedad. En los labios humanos, la palabra no ha callado nunca; las
palabras, los cantos, los gritos se suceden sin fin, se cruzan, se golpean, se
confunden. El impulso de la función lenguaje ha sido llevado hasta la
exageración, hasta la exuberancia, hasta la incoherencia. Las palabras dicen el
mundo, dicen el hombre, lo que el hombre ve, sienten lo que existe, lo que ha
existido siempre, la antigüedad del tiempo y el pasado y el futuro de la edad y
del momento, la voluntad, lo involuntario, el miedo y el deseo de lo que no
existe, de lo que va a existir. Las palabras destruyen, las palabras predicen,
encadenadas o sueltas, y de nada sirve negarlas. Todas participan en la
elaboración de la verdad. Los objetos, los hechos, las ideas que las palabras
describen pueden apagarse por falta de vigor, pero con seguridad serán en
seguida reemplazadas por otras que ellas mismas habrán suscitado y que, en sí,
cumplirán su total evolución.
Pocas palabras son necesarias para expresar lo esencial, todas las palabras son
necesarias para producir la realidad. Contradicciones, dificultades, todo
contribuye a la marcha de nuestro universo. Los hombres han devorado un
diccionario, y lo que ellos nombran, existe. Lo innombrable, el fin total, no
comienza sino en las fronteras de la muerte imprevista." Paul Eluard (1895-1952)
- "La poesía no tiene que expresar una realidad. Ella es en sí una realidad.
Ella se expresa a sí misma. Pero para ser admisible debe ser incluida en una
realidad más vasta, la del mundo de los seres vivos. La poesía es una creación
subjetiva del poeta, un mundo específico, un universo particular que el poeta
anima según un modo de pensar que, por ser a menudo oscuro, no es tampoco menos
orgánico.
La poesía es acción. Nunca se deja encadenar por sistemas cerrados. Si la poesía
no debe servir al hombre, si no debe ayudarle a liberarse de las violencias
interiores, de orden moral, y exteriores, de orden social, entonces no es más
que un objeto de diversión, simple entretenimiento." Tristan Tzara (1896-1963)
Yo no sé hacer poemas, no me considero un
poeta, no encuentro particularmente la poesía en los poemas, y no soy el primero
en decirlo. La poesía, sea tránsito, invención o música, siempre es un
imponderable que puede hallarse en cualquier género, con frecuencia desligado
del mundo. Su densidad puede ser mayor en un cuadro, una fotografía, una choza.
Lo que irrita y molesta en los poemas es el narcisismo, el quietismo -dos
callejones sin salida- y el enternecimiento que asoma por sus propios
sentimientos. Yo acabo en lo peor: la parte deliberada. Aparte de eso, la poesía
es un regalo de la naturaleza, una gracia, no es un trabajo. Tan sólo la
ambición de hacer un poema basta para matarlo."
- "Se identifica siempre a los pensamientos con las palabras, como si no hubiera
otros medios de expresión que las palabras. Pero las palabras son, justamente,
el medio más imperfecto, el más grosero, el menos satisfactorio. Gestos,
mímicas, sonidos, líneas y colores: he aquí los medios primitivos, puros y
directos de la expresión."
- "Yo escribo con entusiasmo y para mí.
a) ya para liberarme de una intolerable tensión o de un abandono no menos
doloroso;
b) ya para un compañero que yo me imagino, para una especie de alter-ego al que
quisiera honestamente tener al corriente de un extraordinario tránsito, o del
mundo que, habitualmente indiferente, de pronto creo descubrir de nuevo, en su
virginidad;
c) deliberadamente, por trastornar lo inamovible y lo establecido, por
inventar." Henri Michaux (1899-1986)
- "El poeta nunca debe presentar un pensamiento, sino un objeto, es decir, que
incluso al pensamiento le debe hacer tomar una actitud de objeto.
El poema es un objeto de goce que se ofrece al hombre, hecho y destinado
especialmente para él."
- "Reemplazar el desafío de las cosas por el lenguaje. Por ejemplo, estos
claveles desafían al lenguaje. Yo no tendré descanso hasta haber reunido unas
palabras, con cuya lectura o audición se deba exclamar necesariamente: se trata
de algo como un clavel.
¿Es eso poesía? No lo sé, ni me importa. Para mí es una necesidad, un empeño, un
enojo, una cuestión de amor propio y nada más."
- "Cuidemos nuestra paleta. Es una condición de la belleza literaria: es preciso
elegir las palabras que se ajusten al pensamiento." Francis Ponge
- "Nada de poesía que no provenga de otro mundo, lo suscite y nos instale. Nada
de poesía eficaz fuera del mito profundo, preexistente. A cada uno corresponde
reunir o inventar el suyo, reencarnar su secreto universo. 'Todos los azares de
nuestra vida son materiales con los cuales podemos hacer lo que queramos' (Novalis)."
- "Un poema es siempre una anticipación." Louis Emié
- "Síntesis de la actividad de la
imaginación, de la sensibilidad, de la inteligencia y de la voluntad, la poesía
es una higiene mental, un instrumento de liberación psicológica, una expresión
analítica del misterio interior y exterior. La poesía tiende a la metamorfosis
de la realidad.
Medio de comunicación, la poesía se separa lo mismo de una libertad anárquica
que de la excesiva sujeción a un academicismo que destruiría su principal poder.
La poesía está sometida a un ritmo regido por los números, utilizando una
sintaxis elíptica, obedeciendo a las imágenes verbales y forzando a las
palabras, por inusitados hallazgos, a librar, más allá de su contenido racional,
un contenido mágico." Philippe Dumaine
- "En nuestra vida de todos los días nos sentamos, nos movemos, hablamos, a
veces sin prestar demasiada atención a lo que hay de extraño en la palabra,
medio de entendimiento común a la par que hilo conductor de nuestras íntimas
meditaciones.
De cara a lo exterior, por una parte, este mismo lenguaje, a través del cual se
efectúan los cambios cotidianos que exige nuestra existencia social, es, por
otra parte, el desnivel a lo largo del cual nos deslizamos, lejos del escándalo
de la calle, en busca de nuestros bienes más personales y profundos.
Al valor corriente de las palabras, al valor de cambio que poseen los diversos
elementos del discurso -en tanto que son monedas para el comercio con los
demás-, hay que añadir el valor personal que se les ha asignado en el uso que
cada uno de nosotros puede hacer para sus fines más internos, menos públicos,
cuando se trata de sondear y transfundir en poesía nuestros sedimentos más
secretos.
En esa doble naturaleza del lenguaje, de igual modo que en ese par de
necesidades antagónicas, una de las cuales empuja hacia el sol claro de una
comunicación con el hombre, mientras la otra induce a profundizar cada vez más
en su propia noche, reside, en su mayor parte, el tormento propio de casi todos
los poetas. De esa manera, dividido, nadie puede extrañarse de ver aquí a uno de
ellos derramarse en una ola tumultuosa de palabras, igual que hace un embriagado
o una pitonisa en trance, mientras se eclipsa la máscara inhumana, como el
enfermo atacado de un gran mal que se desploma con los dientes apretados y la
boca espumeante." Michel Leiris
- "En épocas pasadas tuve por esencial la 'poesía involuntaria'. Pero a esto,
¿no se le ha llamado desde hace mucho tiempo inspiración? Ahora voy más lejos:
me inclino por la poesía espontánea. Y, si es posible, por el grito, el largo
grito. Mis poemas, que son cada uno de ellos fruto de una larga fermentación, de
una larga obsesión, surgen de un único chorro, como un ser natural, o como un
géyser, o una flecha.
El poeta tiene que decir lo que siente. Nadie puede ayudarle. La soledad es un
mal, todo el mundo lo sabe. Sin embargo, poco a poco, yo me he transformado en
un ser bastante solitario, bastante salvaje. Pienso, en definitiva -no hay por
qué negarlo-, que la soledad relativa es la condición del poeta. Cuando el poeta
sale de su soledad es cuando encuentra sus problemas., que, por otra parte, son
los problemas de todos. Pero en esa soledad -quiérase o no- el poeta encuentra
también sus soluciones.
En cuanto a la pregunta : '¿Qué es la poesía?', habría mucho que decir. Pero, lo
digamos o no, la poesía es..., lo esencial. Ésta es mi respuesta. La verdadera
poesía no existe sino en los momentos en que el poeta está inmerso en su alma,
inmerso en su palabra, pues el poeta no dispone de ninguna otra arma, de ningún
otro medio para expresarla, que su alma y su palabra.
La poesía no es un fin. La poesía es un medio. Y la belleza tampoco es un fin,
sino una elevación. Lo demás es literatura -buena o mala-, pero no poesía."
Pierre Morhange
- "Las palabras de que se sirve el poeta, y que él elige con obstinada lucidez
-unas con preferencia a otras-, lo expresan con más exactitud que el pensamiento
mismo que ellas tratan de formular y comunicar. Estas palabras, como la mayor
parte -si no todos- de los signos y de los medios de comunicación que el hombre
ha descubierto o inventando, tienen un doble valor: de belleza intrínseca y de
representación objetiva. A veces sucede que estos dos valores coinciden, pero a
veces también pueden interferirse.
La función de la poesía, y el trabajo del poeta, consiste justamente en hacer
coincidir con la mayor frecuencia -cosa que no sucede siempre- estos dos valores
fundamentales de las palabras, con un mínimo de concesiones a uno o a otro. Si
se tomaran las palabras una a una, conociendo sólo uno de sus valores
separadamente o en conjunto, n existirían sin duda problemas que resolver ni
dificultades que vencer. No existiría, asimismo, y con toda evidencia, ni
pensamiento ni poesía.
Sin embargo, las palabras existen y no podrían ser empleadas sino colocadas cada
una en un lugar bien determinado por la lógica y la sintaxis en un conjunto en
el que, desde luego, es su valor de representación, su sentido, quien las
relaciona entre sí para constituir un discurso coherente y generalmente
aceptado. Las palabras, ordenadas de tal forma en este discurso y no sintiendo
sino la sujeción de las leyes de la razón y la costumbre, ¿han de ser
necesariamente bellas? ¿Que les falta? Y si sólo fuesen bellas, es decir,
exentas de toda regla impuesta por el lenguaje, de toda disciplina del espíritu,
¿serían igualmente verdaderas? Por último, ¿es lo bello quien debería tener
prioridad sobre lo verdadero, o al contrario, habiéndose demostrado que estas
nociones han dejado de ser consideradas como equivalentes -nada prueba que ellas
lo fueran de hecho-, hoy más que nunca?
El poeta es quien, incluso antes de surgir el pensamiento -o al margen-, se
sirve de las palabras, las escoge y las concuerda, quien conviene en detenerse
en su trabajo. Mirada bajo este ángulo, restrictivo pero capital, la poesía no
deja de comportar una parte esencial de oficio, una constante de artesanía que
por contacto con el habla corriente tiene de devolverle algo de insólito, aunque
más o menos artificial (artesanía, artificial, vocablos que tienen una misma
raíz: arte). En su trabajo, y a pesar de su voluntad de permanecer dueño de sus
intenciones y de su proyección, el poeta, de manera limitada, entre otras
privaciones, por el mecanismo de las facultades intelectuales y de su
manifestación exterior, está aún expuesto -pese a la resistencia propia de las
palabras que él intenta desesperadamente vencer- al azar, acaso su más
insidioso, su más tenaz enemigo. Ese rudo y peligroso combate contra la
intrusión de cada instante del azar, parece extrañamente terminar en provecho
del poeta, y, cualquiera sea el resultado, le inflinge una verdadera capitis
diminutio. El triunfo más seguro del poeta, ¿no será entonces una humilde, pero
nunca humillante confesión de fracaso? Y la poesía, ¿se reduciría, en el fondo,
a una tentativa suprema de desenajenación, a una perpetua medida de fuerzas
entre el poeta y el azar, entre el pensamiento -un pensamiento aventurado- y las
palabras que permiten formularlo y comunicarlo?" Claude Sernet
La admiración que genera
Emanuel Ginóbili en toda la NBA y particularmente en San Antonio es mayúscula.
Imágenes del escolta argentino suelen ilustrar por estos días notas de tapa de
diarios de circulación masiva, como el USA Today o el San Antonio
Express News, y también de revistas, como la que edita la cadena televisiva
ESPN. Hay posters e indumentaria de todo tipo con acciones espectaculares
o dibujos con la cara del argentino. Y, también, gigantescos carteles de
publicidad en las rutas y calles de la ciudad.
La popularidad y atracción de Emanuel no sólo en la comunidad latina provocó,
hace aproximadamente un mes, otro impacto que repercutió periodísticamente: en
el Metropolitan Metodist Hospital de San Antonio nació un chico que se llama...
Ginóbili José Ray Ramírez. Hijo de Reneé San Miguel y Jorge Ramírez, el padre,
orgulloso y luciendo casi siempre una camiseta de Manu, explicó que su
fanatismo por el bahiense es tal que esa fue la mejor manera de expresarle su
gratitud. Sin dudas, Ginóbili todo lo puede.
"Estuvo increíble, grandioso. A veces los demás dábamos vueltas alrededor de él y sólo nos quedábamos mirando qué clase de gran tiro iba a hacer. ¡Y lo hacía!" Tim Duncan (pivote de San Antonio Spurs)
Hernán Sartori.
hsartori@clarin.com
El centro de
entrenamiento de San Antonio Spurs estaba abierto sólo por una sesión de
masajes para él. El parquet brillaba impoluto. Cuando su figura se acercó,
fue como si un anfitrión recibiera al invitado de turno en su hogar.
Emanuel Ginóbili estaba listo para recibir y agradecer el premio Clarín
Consagración de Oro 2004. Se prestó a posar para la foto y a quedarse
quietito en el mejor lugar para ser filmado con una amabilidad que
sorprendió al fotógrafo y al camarógrafo estadounidenses, acostumbrados al
mal humor que marca el ritmo entre las figuras.
Entonces caminó hacia la sala de recepción para la prensa y posó una vez
más. La puerta de madera se cerró. El cronista la quiso abrir, pero no
pudo. "No intentes más que no vas a poder", aconsejó Manu. Acto
seguido, colocó su pulgar derecho en un lector de huellas digitales. Y la
puerta se abrió.
Como se le abren las puertas de todo desafío que se le pone delante a este
muchacho de 27 años que hizo de su apodo y de su juego marcas registradas
para siempre en la memoria colectiva.
Todo empieza con su juego, claro. No importa que le den duro bajo el aro.
Ni que a veces su idea le salga mal. Manu no claudicará. "Jamás
cambiaré mi forma de jugar. Así soy yo", cuenta cuando puede. Hasta se lo
dijo al cabrón de Gregg Popovich en su temporada debut en la NBA. Nadie
sabe cómo se contuvo el técnico de los Spurs para no enojarse en serbio,
como suele hacer.
Un tipo acostumbrado a que todas las pelotas pasaran por él en Italia y en
la Selección, tuvo que comprender que la NBA le haría pagar el derecho de
piso. Que para Manu fue un año nada más. Y vino con un título
bajo el brazo.
Es el hombre que levanta a sus compañeros, con jugadas mágicas y arengas
en las buenas y en las malas. "Tiré un zapato y entró", confió después del
doble agónico del triunfo ante Serbia y Montenegro, en el arranque de los
Juegos Olímpicos de Atenas. Fue sincero. Pero, ¿cuántos slaloms entre
"postes" de dos metros se ven más imposibles de realizar que aquel tiro
histórico? Y sin embargo, Manu va.
Es el hombre que levanta a los hinchas, una tarea sencilla si de
argentinos se trata. Pero para una audiencia como la estadounidense,
acostumbrada a perderse varios minutos de cada partido con tal de comerse
su hamburguesa y tomarse su cerveza en los estadios, exaltarse por un
extranjero es cosa seria.
Es el hombre que trata con respeto y exige lo mismo a sus interlocutores.
Sabe que debe responderle a los chicos que se acercan a pedirle
autógrafos, porque en esos cinco segundos se formarán una imagen de él. No
le hace faltar usar quilates de oro o tatuarse mensajes místicos para
hacerse valer. Con humildad y una convicción inquebrantable tiene a la
gente en la mano.
Siempre lo reconoce. Está tocado por una varita mágica, porque su cuerpo
no estalla a pesar de las veces que lo contorsiona. Claro que él lo ayuda
con una conducta profesional a ultranza. Cuando es tiempo de entrenar o
jugar, entrega todo. Después, a casa, a vivir la vida en familia, a
joder un rato con la compu...
Todo lo que tocó, lo logró. En cuatro años jugó las finales más
importantes del básquetbol: Euroliga, Mundial, Juegos Olímpicos y NBA. Y
en febrero se dio el gusto de estar en el Juego de las Estrellas. Apenas
le quedó la espina de El Robo del Siglo en Indianápolis. Por eso
ya debe estar pensando en el Mundial de Japón 2006. Porque ganar es el
verbo que lo apasiona. Y si se da con la celeste y blanca, mejor.
Los rótulos se funden. El deportista argentino del momento. El mejor del
siglo XXI. En deportes colectivos, Diego y Manu van de la mano.
La lista podría seguir. ¿Para qué? ¿Para empalagar? ¿Para reforzar un
sentimiento? ¿Para subirse al carro de los vencedores? ¿Para qué?
Es tiempo de disfrutar. Es tiempo de emocionarse. Es tiempo de sentirse
parte. Es el tiempo de Manu. ¡Déjenlo volar!
Sergio Hernández. DT de la selección
argentina
Todo lo que
nos brinda Manu provoca felicidad y orgullo. Si hasta logró el milagro que
Buenos Aires, esta ciudad que cobija todo pero siempre fue bastante fría
para el básquet, vibre con sus jugadas inesperadas y casi siempre de final
feliz. La gente se agolpó hasta en las veredas de los bares, desafiando al
frío, para seguir estas finales que recordaremos por mucho tiempo. La
serie, para nosotros los entrenadores, fue espectacular. Se emplearon
diferentes tácticas, cada partido obligaba a los técnicos a crear la
fórmula para recuperarse. Detroit refrescó su historia de "chicos malos",
pero por suerte, en el último juego, Bowen marcó bien a los perimetrales
rivales. Y bueno, ni qué decir lo de Emanuel y el final de Duncan. Ellos
fueron los líderes de la levantada. La temporada fue realmente agotadora
para Manu, con la fase regular y cuatro serie de playoffs. Necesitará más
que nadie el descanso, porque nunca se guarda nada. Entregó toda su
energía.
Fragmentos de
EL OFICIO DE VIVIR
"... En la pausa de un tumulto pasional (¿será hoy el último?) renace el deseo de escribir poesía.
En la lenta atonía de un colapso silencioso nace el deseo de escribir prosa."
"En este oficio de componer poesías no es la cálida inspiración la que crea la idea feliz, sino la idea feliz la que crea el calor inspirado."
"Sabemos de muchas cosas que, en la práctica de nuestra vida, no se realizan del mismo modo. El hombre de acción no es el ignorante que se lanza a la dispersión para olvidarse de sí mismo, sino el hombre que vuelve a encontrar en la práctica las cosas que sabe. Del mismo modo el poeta no es el inepto que adivina, sino la mente que encarna en la técnica de las cosas que sabe."
"... Es preciso relatar sabiendo que los personajes poseen un determinado carácter, sabiendo que las cosas acaecen según determinadas leyes; pero el point de nuestro relato no debe consistir en tales caracteres ni en tales leyes."
"... La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida. Le dice a la vida: 'Tú no me engañas: sé cómo te comportas, te sigo y preveo tus movimientos, gozo viendo cómo procedes, y robo tu secreto componiéndote en ingeniosas construcciones que detienen tu fluir'."
"... Todo artista trata de desmontar el
mecanismo de su técnica para ver cómo está constituido y, en lo posible, para
servirse de él en frío. Empero, sólo se logra una obra de arte cuando ella tiene
para el artista algo misterioso. Es natural: la historia de un artista consiste
en la sucesiva superación de la técnica empleada en su obra anterior, mediante
una creación que supone una ley estética más compleja. La autocrítica es un
medio de superarnos a nosotros mismos. El artista que no analiza y no destruye
continuamente su técnica es un pobre hombre."
Cesare Pavese,
«El oficio de vivir»,
Ediciones Siglo Veinte, 1976.
(Extraído de Clepsidra Año 8 --
Número 27
Verano 1990 / 91
, gracias Daniel Mourelle ¡¡¡ 20 años de Clepsidra!!! JL )
¡20 años atrás! Es 1985, albores de la Liga Nacional de Básquet , y vamos con Ale a ver Pacífico-Estudiantes, en la cancha de Pacífico. Llueve a cántaros en la árida Bahía, las copiosas goteras del estadio de barrio no inmutan ni a los jugadores ni al público. Lleno total, señoras del Barrio Pacífico, amas de casa con delantal puesto, diferentes clases sociales, obreros, estudiantes, señores en ropa de trabajo, niños y adolescentes de todas las edades. Richiotti le roba mágicamente el balón a un clon premonitorio de Duncan. Pases fabulosos, jugadas increíbles que arrancan explosiones de los espectadores, cuyas pulsaciones están tan altas como la de los jugadores, los árbitros y los relatores radiales de varias radios. Gana Pacífico, partido vertiginoso, que se define el los últimos dos segundos. Para el infarto. Típico de Bahía...En el público, con 8 años recién cumplidos, me lo imagino a Manuel, a los saltos, subido a algún primer escalón de grada de madera o silla, para ver por entre los hombros y cabezas de los asistentes...
Hasta la próxima
Sábado Julio 30, 2005