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Caminando-con-Jesus

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Asunto:[caminando-con-jesus] MISA DIARIA 14 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Fecha:Sabado, 13 de Septiembre, 2008  20:36:06 (-0400)
Autor:Caminando con Jesus <caminandoconjesus @...net>

MISA DIARIA


 

 

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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

www.caminando-con-jesus.org     -   www.caminando-con-maria.org      -  caminandoconjesus@vtr.net

Desde el 26 de febrero de 2002, en Internet - Santiago de Chile-Chile

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Fecha

Edición Nº

Tiempo

Ciclo

Semana

Salterio

10.457

14-09-2008

MD 1931

ORDINARIO

A

XXIV

IV

 

Las peticiones de oración, están en la parte de debajo de la pagina

Si desea escribir, solo hágalo a:  caminandoconjesus@vtr.net

Messenger: psadonoso@hotmail.com

 

PERDONAR PARA SER PERDONADOS

No es fácil perdonar: Sobre todo cuando hay heridas profundas; cuando el ofensor no da muestras de arrepentimiento. El ser humano siente la necesidad de justicia; incluso lo acecha el impulso a la venganza.

En este 24° domingo Durante el Año, la liturgia nos plantea un tema crucial para el cristiano: la necesidad de perdonar. Jesús ilustrará su respuesta a Pedro con una contundente parábola. La misericordia de Dios es infinita. ¿Hasta dónde llega la nuestra?

ANTÍFONA DE ENTRADA        Cf. Ecl 36,18

Concede la paz, Señor, a los que esperan en ti para que se cumpla lo que anunciaron tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu Pueblo Israel.

ACTO PENITENCIAL

— Tú perdonas nuestras culpas, Señor, ten piedad.

— Tú nos coronas de amor y de ternura. Cristo, ten piedad.

— Tú no nos tratas según nuestros pecados. Señor, ten piedad.

SE DICE GLORIA A DIOS.

ORACIÓN COLECTA 

Dios Creador y Señor del universo, mira con bondad a tu Pueblo, y para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos la gracia de servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA:  Eclo 27, 30- 28,7

La Biblia nos descubre el nexo que une el perdón otorgado por el hombre a su semejante, con el perdón que él mismo pide a Dios.

Lectura del libro del Eclesiástico.

El rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador. El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados. Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados. Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane? No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados! Él, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados? Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos; acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa. Palabra de Dios.

COMENTARIO

Las sentencias que leemos hoy del libro de Ben Sirac, significan la abolición de la “ley del talión”. Por lo que, si los hombres no olvidan los agravios recibidos de sus prójimos, tampoco Dios les perdonará las ofensas que han cometido contra Él. Inversamente, quien perdona a su prójimo, se verá a su vez perdonado por Dios.

SALMO: Sal 102, 1-4.9-12

En respuesta a la infinita misericordia de Dios, el salmo recuerda su bondad y compasión. Participamos de esta oración, aclamando:

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

Bendice al Señor, alma mía,  que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.

No acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

SEGUNDA LECTURA: Rom 14,7-9

San Pablo nos enseña que en la vida y en la muerte pertenecemos al Señor.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

Los cristianos pueden disentir en múltiples temas y cuestiones (cfr. 14, 2-6), pero, ante la vida y la muerte, todo comparten una condición común. No interesan aquí las divergencias sobre cuestiones de ascesis o de práctica. Lo esencial es que en toda circunstancia cada uno trabaje para el Señor, a quien pertenecen tanto los vivos como los muertos.

ALELUYA        Jn 13,34

Aleluya. «Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, así como Yo los he mandado», dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO            Mt 18, 21-35

Jesús resalta la infinita misericordia de Dios para que también nosotros perdonemos con generosidad a quienes nos ofenden.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Se acercó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?». Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes”. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?”. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».

Palabra del Señor.

COMENTARIO

Un principio básico de la vida cristiana es el perdón y la reconciliación. Por tanto, los números utilizados por la pregunta de Pedro y, sobre todo, por la respuesta del Maestro hablan de un perdón ilimitado, que es la contrapartida del principio pagano de la venganza sin límite. A su vez, la parábola de los dos empleados deudores es como un drama en cuatro actos: deuda, misericordia, crueldad y justicia. Dios abre la gracia de su perdón de un modo insospechado para el hombre, pero retira esta ola de indulgencia ante los corazones ruines que niegan el perdón al prójimo.

Se dice el Credo

ORACION DE LOS FIELES

A cada intención, pedimos: Ayúdanos a perdonar.

Para que la Iglesia sea aceptada corno el signo visible del amor misericordioso de Dios. Oremos.

Para que sea posible lo que parece imposible: la reconciliación de los pueblos y grupos étnicos enfrentados por la intolerancia y el odio. Oremos.

Para que los que se sienten justamente ofendidos puedan superar el resentimiento, adquieran la paz y sean capaces de perdonar. Oremos.

Para que produzcamos gestos de reconciliación perdonando y pidiendo perdón. Oremos.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Después de alimentarnos con la palabra de Dios preparamos la mesa de la eucaristía. Por eso, junto con el pan y el vino presentemos al Señor nuestra sincera disposición a perdonar y pedir perdón.

Escucha, Señor, nuestras súplicas y recibe con bondad estas ofrendas de tu Pueblo, a fin de que los dones presentados por cada uno en honor de tu Nombre aprovechen a todos para su salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO DOMINICAL

Cristo nos exhorta a perdonar con generosidad. Por eso, junto al celebrante, demos gracias al Padre Dios que en me dio de las enemistades y discordias nos llama a la reconciliación.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN        Sal 35,8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

Con un corazón dispuesto al perdón y a la reconciliación, acerquémonos a Jesús eucaristía, alimento y fortaleza de nuestros propósitos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La gracia de esta comunión, Señor, penetre nuestra alma y nuestro cuerpo, para que no nos dejemos llevar por criterios puramente humanos sino que vivamos bajo el constante influjo de este sacramento.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Con la alegría de habernos encontrado con el Padre bondadoso y compasivo, nos retiramos, cantando.

 

Reflexión Bíblica

 

 

DOMINGO VEGISIMO CUARTO DEL CICLO A

Autor: Fr. Julio González Carretti OCD

Perdona la ofensa a tu prójimo y serás perdonado

La preocupación por el perdón ha estado siempre presente en la Escritura, lo que lo hace actual y necesario en la comunidad eclesial, formada por santos y pecadores. El tema central de estas lecturas es del perdón de las ofensas. El Sirácida o Eclesiástico nos habla de ese perdón de Dios para con el pecador. La venganza es castigada por Dios, llevará el Señor, cuenta de sus pecados del hombre vengativo (v. 1). La exhortación del autor sagrado es ha perdonar al prójimo sus ofensas, sin ese perdón, cómo se le puede pedir la curación, el perdón de los pecados, etc. Dios no concederá nada a quien no perdona a su hermano. “Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los  mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa. Absténte de disputas y evitarás el pecado, porque el apasionado atiza las disputas (vv. 6-8).

En la vida y en la muerte somos del Señor.

El apóstol Pablo nos exhorta a descubrir desde nuestra condición bautismal cómo debemos imitar a Jesucristo en esa donación de la propia existencia al prójimo: “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos. Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos” (vv. 7-9).  La muerte en Cruz y la Resurrección son la vida nueva del cristiano. Ya no está centrado en sí mismo, en su egoísmo, está viviendo en Cristo, vida de resucitado, en un amor que es capaz de entregarla y donarla a su prójimo. Esta entrega es salir al encuentro de las necesidades de los demás, del círculo familiar, la comunidad cristiana, el ambiente de trabajo o la  acción solidaria con niños, ancianos,  jóvenes, pastoral social etc.

Perdón hasta setenta veces siete.

El evangelio nos habla del perdón de las ofensas, aunque la preocupación del autor habla más de la cantidad que de la calidad de ese perdón. ¿Cuántas veces tengo que perdonar? pregunta Pedro. La respuesta de Jesús es clara: “Pedro se acercó entonces y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Le dice Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» (vv. 21-22), es decir siempre. El cristiano debe perdonar siempre, por que reconoce que la capacidad de perdonar viene de Dios. Ese perdón siempre nacerá del amor de Dios que reside en el propio corazón y si perdona es porque conoce el perdón que Dios le ha otorgado. La parábola nos presenta la actitud de quien habiendo recibido el perdón de Dios, no es capaz de perdonar a su hermano una pequeña deuda económica. La actitud de Dios es la que cada cristiano debe tener para con su prójimo, es decir, perdonar toda deuda, la gran suma que le fue condonada, porque se lo suplicó a su señor (vv. 27-28). Al conocer que no actuó en consecuencia con su prójimo el siervo malvado, fue llamado a la presencia de su señor: “Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo  suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti? Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano” (vv. 32-35). El siervo malvado no le dio importancia al perdón de su señor y lo que significó perdonarle esa tremenda deuda. Lo mismo sucede a quien no aprecia el perdón de Dios en toda su dimensión de conversión a su amor misericordioso que encierra en sí mismo el dinamismo para perdonar al prójimo. No tengamos con Dios y el prójimo más deuda que la del amor. La comunidad eclesial, la familia son los espacios ideales para poner en práctica ese perdón que siempre nacerá del amor de Dios de quien lo ha vivido en su existencia cristiana. La reconciliación la Iglesia la ofrece en el Sacramento que Jesús fundó con ese propósito, de pedir perdón de los propios pecados, desde esa experiencia el hombre de fe queda capacitado para perdonar los pecados de sus hermanos. 

S. Juan de la Cruz:

“Aunque Dios se olvide de la maldad y pecado después de perdonado una vez, no por eso le conviene al alma echar en olvido sus pecados primeros…porque si estando en pecado recibió de Dios tanto bien, puesta en amor de Dios y fuera de pecado, ¿cuántas mayores mercedes podrá esperar?” (CB 33,1).

Cuando comenta la estrofa 32 de su Cántico espiritual, deja en claro:                              Cuando tú me mirabas, / su gracia en mí tus ojos imprimían; / por eso me adamabas, y en eso merecían/ los míos adorar lo que en ti veían”. El perdón divino imprime la mirada amorosa de Dios a la hora de reconciliar al pecador con su gracia para adorar los que propios ojos pueden contemplar. 

El Señor les Bendiga

Fr. Julio González Carretti OCD

Santoral de hoy: 14 de Septiembre

 

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

La veneración de la Santa Cruz, 14 de septiembre, va unida a las solemnidades de la dedicación de la basílica de la Resurrección erigida sobre el sepulcro de Cristo (año 335). Pero, al mismo tiempo, se inserta dentro de un contexto bíblico que realza su importancia: «El décimo día de este séptimo mes será el día de la Expiación, en el que ofreceréis durante siete días la fiesta de las Tiendas en honor al Señor. Durante siete días habitaréis en cabañas» (Lev 23, 34 y 42). Como es sabido, la carta a los Hebreos interpreta el sacrificio de Cristo relacionándolo con la liturgia del- día de la Expiación (Hebr 9, 9-12), y fue durante ese tiempo cuando Jesús declaró: «el que tenga sed, que venga a mí". (Jn. 7, 37)

Cristo ofreció sobre la cruz su sacrificio para la expiación de los pecados de muchos; la Cruz es, para el pueblo cristiano, el signo de la esperanza del Reino, que el pueblo judío celebraba durante la fiesta de los Tabernáculos. Eso da a entender con qué luz brilla la Cruz gloriosa de Jesús: la Cruz, que había sido motivo de desprecio, se ha convertido en nuestra gloria. Si el árbol plantado en el paraíso le produjo a Adán un fruto de muerte, el árbol de la cruz nos ha proporcionado un fruto de vida, Cristo, en quien «está nuestra salvación, vida y resurrección».

Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo

 

CORREOS RECIBIDOS CON SOLICITUD DE ORACIÓN POR LOS ENFERMOS

 

Pido oración por mi hermana Marta Miriam Donoso Brant, Hospitalizada en Valparaíso-Chile

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