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PERDONAR
PARA SER PERDONADOS
No
es fácil perdonar: Sobre todo cuando hay heridas profundas; cuando el
ofensor no da muestras de arrepentimiento. El ser humano siente la
necesidad de justicia; incluso lo acecha el impulso a la venganza.
En
este 24° domingo Durante el Año, la liturgia nos plantea un tema crucial
para el cristiano: la necesidad de perdonar. Jesús ilustrará su respuesta a
Pedro con una contundente parábola. La misericordia de Dios es infinita.
¿Hasta dónde llega la nuestra?
ANTÍFONA
DE ENTRADA Cf. Ecl 36,18
Concede
la paz, Señor, a los que esperan en ti para que se cumpla lo que anunciaron
tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu Pueblo Israel.
ACTO
PENITENCIAL
—
Tú perdonas nuestras culpas, Señor, ten piedad.
—
Tú nos coronas de amor y de ternura. Cristo, ten piedad.
—
Tú no nos tratas según nuestros pecados. Señor, ten piedad.
SE
DICE GLORIA A DIOS.
ORACIÓN
COLECTA
Dios
Creador y Señor del universo, mira con bondad a tu Pueblo, y para que
sintamos el efecto de tu amor, concédenos la gracia de servirte de todo
corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA
LECTURA: Eclo 27, 30- 28,7
La
Biblia nos descubre el nexo que une el perdón otorgado por el hombre a su
semejante, con el perdón que él mismo pide a Dios.
Lectura
del libro del Eclesiástico.
El
rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador.
El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta
exacta de todos sus pecados. Perdona el agravio a tu prójimo y entonces,
cuando ores, serán absueltos tus pecados. Si un hombre mantiene su enojo contra
otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane? No tiene piedad de un hombre
semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados! Él, un simple
mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados? Acuérdate del fin,
y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los
mandamientos; acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu
prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Las sentencias que leemos hoy del
libro de Ben Sirac, significan la abolición de la “ley del
talión”. Por lo que, si los hombres no olvidan los agravios recibidos
de sus prójimos, tampoco Dios les perdonará las ofensas que han cometido
contra Él. Inversamente, quien perdona a su prójimo, se verá a su vez
perdonado por Dios.
SALMO:
Sal 102, 1-4.9-12
En
respuesta a la infinita misericordia de Dios, el salmo recuerda su bondad y
compasión. Participamos de esta oración, aclamando:
R.
El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice
al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al
Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
Él
perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del
sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
No
acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según
nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.
Cuanto
se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo
temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros
pecados. R.
SEGUNDA
LECTURA: Rom 14,7-9
San
Pablo nos enseña que en la vida y en la muerte pertenecemos al Señor.
Lectura
de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos,
vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la
vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió
a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.
Palabra
de Dios.
COMENTARIO
Los cristianos pueden disentir en
múltiples temas y cuestiones (cfr. 14, 2-6), pero, ante la vida y la
muerte, todo comparten una condición común. No interesan aquí las
divergencias sobre cuestiones de ascesis o de práctica. Lo esencial es que
en toda circunstancia cada uno trabaje para el Señor, a quien pertenecen
tanto los vivos como los muertos.
ALELUYA
Jn 13,34
Aleluya.
«Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, así como Yo los
he mandado», dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Mt 18, 21-35
Jesús
resalta la infinita misericordia de Dios para que también nosotros
perdonemos con generosidad a quienes nos ofenden.
Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Se
acercó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi
hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?». Jesús le respondió:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el
Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con
sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil
talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su
mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se
arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré
todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la
deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le
debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo:
“Págame lo que me debes”. El otro se arrojó a sus pies y le
suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”. Pero él no
quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y
fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo:
“¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también
tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?”. E
indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo
lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no
perdonan de corazón a sus hermanos».
Palabra
del Señor.
COMENTARIO
Un principio básico de la vida
cristiana es el perdón y la reconciliación. Por tanto, los números
utilizados por la pregunta de Pedro y, sobre todo, por la respuesta del
Maestro hablan de un perdón ilimitado, que es la contrapartida del
principio pagano de la venganza sin límite. A su vez, la parábola de los
dos empleados deudores es como un drama en cuatro actos: deuda, misericordia,
crueldad y justicia. Dios abre la gracia de su perdón de un modo
insospechado para el hombre, pero retira esta ola de indulgencia ante los
corazones ruines que niegan el perdón al prójimo.
Se
dice el Credo
ORACION
DE LOS FIELES
A
cada intención, pedimos: Ayúdanos a perdonar.
Para
que la Iglesia sea aceptada corno el signo visible del amor misericordioso
de Dios. Oremos.
Para
que sea posible lo que parece imposible: la reconciliación de los pueblos y
grupos étnicos enfrentados por la intolerancia y el odio. Oremos.
Para
que los que se sienten justamente ofendidos puedan superar el
resentimiento, adquieran la paz y sean capaces de perdonar. Oremos.
Para
que produzcamos gestos de reconciliación perdonando y pidiendo perdón.
Oremos.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Después de
alimentarnos con la palabra de Dios preparamos la mesa de la eucaristía.
Por eso, junto con el pan y el vino presentemos al Señor nuestra sincera
disposición a perdonar y pedir perdón.
Escucha,
Señor, nuestras súplicas y recibe con bondad estas ofrendas de tu Pueblo, a
fin de que los dones presentados por cada uno en honor de tu Nombre
aprovechen a todos para su salvación.
Por
Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO
DOMINICAL
Cristo nos
exhorta a perdonar con generosidad. Por eso, junto al celebrante, demos
gracias al Padre Dios que en me dio de las enemistades y discordias nos
llama a la reconciliación.
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Sal 35,8
¡Qué
inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra
de tus alas.
Con un corazón dispuesto
al perdón y a la reconciliación, acerquémonos a Jesús eucaristía, alimento
y fortaleza de nuestros propósitos.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
La
gracia de esta comunión, Señor, penetre nuestra alma y nuestro cuerpo, para
que no nos dejemos llevar por criterios puramente humanos sino que vivamos
bajo el constante influjo de este sacramento.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Con la alegría
de habernos encontrado con el Padre bondadoso y compasivo, nos retiramos,
cantando.
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