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Asunto:[caminando-con-jesus] MISA DIARIA 4 DE OCTUBRE DE 2008
Fecha:Viernes, 3 de Octubre, 2008  23:20:36 (-0400)
Autor:Caminando con Jesus <caminandoconjesus @...net>

MISA DIARIA


 

 

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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

www.caminando-con-jesus.org     -   www.caminando-con-maria.org      -  caminandoconjesus@vtr.net

Desde el 26 de febrero de 2002, en Internet - Santiago de Chile-Chile

Suscriptores

Fecha

Edición Nº

Tiempo

Ciclo

Semana

Salterio

10.458

04-10-2008

MD 1952

ORDINARIO

A

XXVI

II

Las peticiones de oración, están en la parte de debajo de la pagina

Si desea escribir, solo hágalo a:  caminandoconjesus@vtr.net

Messenger: psadonoso@hotmail.com

Pedro Donoso Brant | Facebook

HOY CELEBRAMOS A SAN FRANCISCO DE ASIS

«el hombre de hoy necesita la fe, la esperanza y la caridad de Francisco; necesita la alegría de brota de la pobreza de espíritu, esto es, de una libertad interior». -Juan Pablo II, 11-II-03

 

ORACION POR LA PAZ

San Francis de Asís

Señor,

hazme un instrumento de tu paz:

donde haya odio, ponga yo amor,

donde haya ofensa, ponga yo perdón,

donde haya discordia, ponga yo armonía,

donde hay error, ponga yo verdad,

donde haya duda, ponga yo la fe,

donde haya desesperación, ponga yo esperanza,

donde haya tinieblas, ponga yo la luz,

donde haya tristeza, ponga yo alegría.

 

Oh, Señor, que no me empeñe tanto

en ser consolado como en consolar,

en ser comprendido, como en comprender,

en ser amado, como en amar;

porque dando se recibe, olvidando se encuentra,

perdonando se es perdonado,

muriendo se resucita a la vida .

Amén.

 

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Francisco, el hombre de Dios, dejó su casa, abandonó su herencia y se hizo pobre y desvalido; pero el Señor se hizo cargo de él.

ORACION COLECTA

Oremos: Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de seguir gozosamente a Cristo en una vida de pobreza y humildad, haz que, a ejemplo suyo, nuestra preocupación esencial en esta tierra sea la de amar y seguir a tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.

Amén.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Job (42, 1-3. 5-6. 12-16)

Job le dijo al Señor:

“Reconozco que lo puedes todo y que ninguna cosa es imposible para ti. Era yo el que con palabras insensatas empañaba la sabiduría de tus designios; he hablado de grandezas que no puedo comprender y de maravillas que superan mi inteligencia.

Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto ya mis ojos; por eso me retracto de mis palabras y me arrepiento, echándome polvo y ceniza”.

El Señor bendijo a Job al final de su vida más que al principio: llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil burras.

Tuvo siete hijos y tres hijas; la primera se llamaba Paloma, la segunda Canela y la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les asignó una parte de la herencia, al igual que a sus hermanos.

Y Job vivió hasta los ciento cuarenta años y vio a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Murió anciano y colmado de años.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL SALMO 118

Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Enséñame a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío de ellos. Sufrir fue provechoso para mí pues aprendí Señor, tus mandamientos.

Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo bien sé que son justos tus decretos y que tienen razón cuando me afliges. Todo subsiste hasta hoy por orden tuya y todo está a tu servicio.

Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Yo soy tu siervo: instrúyeme y conoceré tus preceptos. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los humildes.

Enséñame, Señor, tus mandamientos.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

Aleluya.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10, 17-24)

Gloria a tÍ Señor.

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’.

El les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por que has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor.

Gloria a tÍ Señor Jesús.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, nuestros dones y prepáranos a celebrar el memorial de la pasión de tu Hijo, que tan honda huella dejó en el alma y en el cuerpo de san Francisco.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

PREFACIO DE LOS SANTOS

La gloria de los santos

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Porque tu gloria resplandece en cada uno de los santos, ya que, al coronar sus méritos, coronas tus propios dones. Con su vida, nos proporcionas ejemplo; ayuda, con su intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces participar de sus bienes, para que, alentados por testigos tan insignes, lleguemos victoriosos al fin de la carrera y alcancemos con ellos la corona inmortal de la gloria. Por Cristo nuestro Señor. Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con la multitud de los santos, te cantamos un himno de alabanza, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

ANTIFONA DE COMUNION

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Oremos:

Señor, que esta sagrada comunión nos haga amar profundamente a Cristo y a los hombres para que, a ejemplo de san Francisco de Asís, procuremos sin cesar el bien de nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Reflexión Bíblica

 

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla”

Lc 10, 17-24

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

“Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

Al regresar esos setenta y dos que había enviado Jesús, no pudieron disimular la alegría de su corazón, su misión apostólica era un éxito, pero estos se alegraban más porque habían hecho milagros, que por haber sido destinados a cumplir una labor evangélica. Lo bueno habría sido que se alegraran por aquellos que se hubieran convertido. Es así, como el Señor reprendió admirablemente el orgullo en el corazón de sus discípulos, recordándoles la perdición del maestro de la soberbia, para que en el autor de la soberbia aprendiesen lo que debían temer de ese vicio. Entonces les dice: "Veía a Satanás que caía del cielo como un rayo", esto es, desde la virtud más perfecta, hasta la debilidad más extrema.

Antes de la venida del Salvador, el Demonio o Satanás había sometido a todo el mundo a su dominio, así es como era adorado. Pero desde que el Divino Verbo bajó del cielo, cayó como un rayo, porque es pisoteado por los que adoran a Jesús.

Jesús les dice a sus discípulos, que les ha dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo y que por esto nada podrá dañarlos.

Hemos de observar que hay una diferencia entre las serpientes y los escorpiones, mientras las primeras atacan y dañan con la boca, los escorpiones los hacen con la cola, esto es, las serpientes atacan abiertamente, del mismo modo como los malvados lo hacen en los homicidios y los escorpiones lo hacen acechando a escondidas, como sucede con los vicios espirituales.

Los discípulos regresaron llenos de alegría, ellos evangelizaron y predicaron la Buena Noticia de la salvación, por ese motivo el regocijo colmo sus corazones, esto nos parece legitimo, pues es el mensaje del Señor lo que se sale a predicar, sin embargo la alegría de estos setenta y dos, era mas bien vanidosa, pues se alegraban de haber sido elevados hasta hacerse temibles a los demonios y a los hombres.

Jesús, quien ve el corazón de sus discípulos, se da cuenta de esto, por eso Jesús dice: sin embargo no se alegren de que los espíritus se les sometan; Arrojar los espíritus, así como obrar otros prodigios, no siempre es por el mérito del que obra, sino que por la invocación del nombre de Jesucristo. Porque todo lo que hicieron los discípulos, fue por el poder de invocar su nombre. "En tu nombre se alegrarán todo el día?" (Sal 88,17).

En este caso Jesús quiere ahora elevarlos a un gozo mayor, por esta razón ahora le dice a sus discípulos que deben alegrarse más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo. En efecto la alegría debe abundar más por ir al cielo que por humillar al demonio. El diablo cae de lo alto, pero los hombres, viviendo abajo, son inscritos arriba en el cielo.

Sin embargo, el maestro también ve el lado bueno de la labor de sus discípulos, y el evangelista no relata que “En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo. Así como un buen padre se alegra de ver bien dirigidos a sus hijos, así se regocija Jesucristo porque los apóstoles se han hecho dignos de tantos bienes.

Jesús vio la ganancia de muchos, es decir la sumisión de numerosos a la fe por la operación del Espíritu que había dado a los santos apóstoles. Por eso dice el Evangelio que Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, esto es, en los efectos que provienen del Espíritu Santo. Como amante en extremo de los hombres, el Señor considera también como motivo de alegría la conversión de los pecadores, y de ella da gracias diciendo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños.

Cuado menciona a los sabios, esta refiriéndose a los fariseos y a los escribas que eran los intérpretes de la ley, cuando habla de los prudentes, son aquellos que eran instruidos por los escribas. Así sabio se llama al que enseña y prudente al que aprende. El Señor llama pequeños o párvulos a sus discípulos, porque los eligió, no de entre los doctores de la ley, sino de entre la gente del pueblo y los pescadores; los cuales se llaman párvulos, pequeños o niños, porque no son hombres que tiene en su intención el hacer daño.

Reza Jesucristo, Sí, Padre, porque así lo has querido. “Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar". Solamente el Padre puede entender y manifestar la profundidad del misterio de Jesús, y el ha querido abrir este secreto a los humildes (1 Cor 1,26). Jesús es el único que puede conocer al padre y solo el padre puede conocerlo a El. Jesús se coloca en una comunión con el Padre totalmente única.

El Hijo vino para dar a conocer al Padre, para esto El nos pide sencillez, humildad en el corazón, estar vacíos y despojados de nosotros mismos. El ha querido abrir este secreto a los humildes.

Alabado sea Jesucristo, Bendito sea por siempre el Señor, porque nos eligió a pesar de nuestra miseria espiritual, para darnos a conocer al Padre, entonces esta dignidad que nos regalo, nos debe hacer permanecer en humildad, a fin de continuar siendo dignos del Señor Jesús y nos siga amorosamente mostrando al Padre.

Que esto sea un gran estimulo, para que el conocimiento del Padre sea en nuestras vida algo cada vez más intenso. No dejemos por ningún motivo de orar y por eso todos los días de nuestras vidas, no olvidemos de dar las gracias, por toda la gran bondad y misericordia de Dios.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

Santoral de hoy: 4 de Octubre

 

SAN FRANCISCO

Autor: Jesús Marti Ballester

En agosto de 1224, Francisco se retiró con tres compañeros para ayunar cuarenta días. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron en el tema de sus meditaciones. Mientras oraba tuvo la visión del serafín, y aparecieron en su cuerpo las señales visibles de las cinco llagas del Crucificado. Un día se le apareció un ángel  y le dijo: "Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti". "Estoy preparado para lo que él quiera", respondió. Por la mañana del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes de amanecer, estaba orando de cara a Oriente, y pedía al Señor "experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de lo posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores"; y también, "que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, ya que tú te has dignado morir por amor a mi". De repente, vió bajar del cielo un Serafin con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. No eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones. Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo que muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día.

El Hermano León nos ha dejado con la bendición autógrafa del santo, que se conserva en Asís, una narración simple y clara del milagro. Describe el costado derecho del santo como mostrando una herida abierta por una lanza, mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de carne, cuyas puntas estaban dobladas hacia atrás. Después de recibir los estigmas Francisco sufrió dolores cada vez mayores en todo su cuerpo frágil, ya de por sí debilitado por la continua mortificación. La diferencia de época, inicios del siglo XIII, creyente, religioso y sacralizado, le ahorrará a Francisco lo que el positivismo racionalista del siglo XX atormentó a Pío de Pietrelcina.

EL PERDON PEDIDO POR SAN FRANCISCO

San Francisco de Asís pidió a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el gran perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada por mi venerado predecesor el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces empezó la actividad misionera que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Allí, por último, el Santo acogió cantando a «nuestra hermana la muerte corporal» (Cántico de las criaturas). De la experiencia del Poverello de Asís, la iglesita de la Porciúncula conserva y difunde un mensaje y una gracia peculiares, que perduran todavía hoy y constituyen un fuerte llamamiento espiritual para cuantos se sienten atraídos por su ejemplo. A este propósito, es significativo el testimonio de Simone Weil, hija de Israel fascinada por Cristo: «Mientras estaba sola en la capillita románica de Santa María de los Angeles, incomparable milagro de pureza, donde san Francisco rezó tan a menudo, algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a arrodillarme» (Autobiografía espiritual). La Porciúncula es uno de los lugares más venerados del franciscanismo, no sólo muy entrañable para la Orden de los Frailes Menores, sino también para todos los cristianos que allí, cautivados por la intensidad de las memorias históricas, reciben luz y estímulo para una renovación de vida, con vistas a una fe más enraizada y a un amor más auténtico. Por tanto, me complace subrayar el mensaje específico que proviene de la Porciúncula y de la indulgencia vinculada a ella” Con estas palabras comenzaba el mensaje de Juan Pablo II en 1999, dirigido al Ministro General de la Orden Franciscana, en la reapertura de la Basílica y de la capilla de la Porciúncula.

¿QUÉ OCURRIÓ EN LA PORCIÚNCULA?

Cuenta Doña Emilia de Pardo Bazán en su “Vida de San Francisco” que una noche, en el monte cercano a la Porciúncula, ardía Francisco de Asís en ansias de la salvación de las almas. Un ángel le ordenó bajar del monte a su Santa María de los Angeles. Allí vio a Jesucristo, a su Madre y a multitud de espíritus. Oyó la voz de Jesús: - Pues tantos son tus afanes por la salvación de las almas, pide, Francisco, pide. Francisco pidió una indulgencia plenaria, que se ganase con sólo entrar confesado y contrito en aquella capilla de los Ángeles.- Mucho pides, Francisco, pero accedo contento. Acude a mi Vicario, que confirme mi gracia. Al alba, tomó el camino de Perusa, acompañado de Maseo de Marignano. Estaba en Perusa el Papa Honorio III. - Padre Santo -dijo Francisco, en honor de María he reparado una iglesia; hoy vengo a solicitar para ella indulgencia. Dime cuántos años e indulgencias pides.- Padre Santo -replicó Francisco-, lo que pido no son años, sino almas. No puede conceder esto la Iglesia -objetó el Papa.- Señor -replicó Francisco-, no soy yo, sino Jesucristo, quien os lo ruega. En esta frase hubo tal calor, que ablandó el ánimo de Honorio, moviéndole a decir: - Me place, me place, me place otorgar lo que deseas. Y llamó a Francisco: -Otorgo, pues , que cuantos entren confesados en Santa María de los Ángeles sean absueltos de culpa y pena; esto todos los años perpetuamente, mas sólo en el espacio de un día natural. Bajó Francisco la cabeza en señal de aprobación, y sin despegar los labios salió de la cámara. - ¿Adónde vas, hombre sencillo? -gritó el Papa-. Me basta -respondió Francisco- lo que oí; si la obra es divina, Dios se manifestará en ella. Sirva de escritura la Virgen, Cristo el notario y testigos los ángeles. Y se volvió de Perusa a Asís. Llegando a Collestrada, se desvió de sus compañeros para desahogar su corazón en ríos de lágrimas; al volver de aquel estado de plenitud y de gozo, llamó a Maseo a voces: ¡Maseo, hermano! De parte de Dios te digo que la indulgencia que obtuve del Pontífice está confirmada en los cielos.

El tiempo corría el tiempo sin que Honorio autorizara la indulgencia; el retraso atribulaba a Francisco. En una fría noche de enero se encontraba abismado. Impensadamente pensó que obraba mal, que faltaba a su deber trasnochando y extenuándose a fuerza de vigilias, siendo un hombre cuya vida era tan esencial para el sostenimiento de su Orden. Pensó que tanta penitencia pararía en enflaquecer y perder su razón, y le entró congoja. Para desechar esta tentación, nacida del cansancio de su cuerpo, se levantó, y se arrojó sobre una zarza, revolcándose en ella. Manaba sangre de su piel, y se cubría el zarzal de rosas, como las de mayo. Francisco se encontró rodeado de ángeles que cantaban a coro:- Ven a la iglesia; te aguardan Cristo y su Madre. Francisco se levantó transportado y caminó luminoso. Sobre su cuerpo veía Francisco un vestido transparente como el cristal. Cogió de la zarza florida doce rosas blancas y doce rojas, y entró en la capilla. Allí estaban Cristo y su Madre, con innumerables ángeles. Francisco cayó de rodillas. María se inclinó hacia su hijo, y éste habló así: - Por mi madre te otorgo lo que solicitas; y sea el día aquel en que mi apóstol Pedro, encarcelado por Herodes, vio milagrosamente caer sus cadenas (1 de agosto). Ve a Roma; notifica mi mandamiento a mi Vicario; llévale rosas de las que han brotado en la zarza; yo moveré su corazón. Francisco se levantó, fue a Roma con Bernardo de Quintaval, Ángel de Rieti, Pedro Catáneo y fray León, la ovejuela de Dios.

Se presentó al Papa llevando en sus manos tres rosas encarnadas y tres blancas de las del prodigio. Intimó a Honorio de parte de Cristo que la indulgencia había de ser en la fiesta de San Pedro ad Víncula. Le ofreció las rosas, frescas y fragantes. Se reunió el Consistorio, y ante las flores que representaban en enero la primavera, fue confirmada la indulgencia.

Escribió el Papa a los obispos circunvecinos de la Porciúncula, citándoles para que se reunieran en Asís el primer día de Agosto, a fin de promulgar la indulgencia solemnemente. «En el día convenido apareció Francisco en un palco con los siete obispos a su lado, y pronunció una plática ferviente sobre la indulgencia. Los obispos se indignaron, y cuando el obispo de Asís se levantó resuelto a proclamar la indulgencia por diez años solos, en vez de esto repitió las palabras de Francisco; unos después de otros, reprodujeron los obispos el primer anuncio.

Durante muchos años, fue sólo conocida oralmente la indulgencia de la Porciúncula. Medio siglo después del tránsito de Francisco hallamos el primer documento de Benito de Arezzo, que dice así: «En el nombre de Dios, Amén. Yo fray Benito de Arezzo, que estuve con el beato Francisco mientras aún vivía, y que por auxilio de la gracia fui recibido en su Orden por el mismo Padre Santísimo; yo que fui compañero de sus compañeros, y con ellos estuve frecuentemente, ya mientras vivía el santo Padre nuestro, ya después que se partió de este mundo, y con los mismos conferencié frecuentemente de los secretos de la Orden, declaro haber oído repetidas veces a uno de los compañeros del beato Francisco, llamado fray Maseo de Marignano, que estuvo con el hermano Francisco en Perusa, en presencia del papa Honorio, cuando el santo pidió la indulgencia de todos los pecados para los que, contritos y confesados, viniesen al lugar de Santa María de los Angeles (que por otro nombre se llama Porciúncula) el primer día de agosto, desde las vísperas de dicho día hasta las vísperas del día siguiente. La cual indulgencia, habiendo sido pedida por el beato Francisco, fue otorgada por el Sumo Pontífice, aunque él mismo dijo no ser costumbre en la Sede Apostólica conceder tales indulgencias». Del entusiasmo que en el pueblo despertaban las indulgencias podemos juzgar por las crónicas que refieren el acontecimiento que, estremeciendo hasta las últimas fibras de la conciencia de Dante, dio por resultado la Divina Comedia. La multitud que acudía a Asís a lucrar la indulgencia era enorme. El jubileo determinaba una suspensión de discordias y luchas: la tregua de Dios. 

Sitiado Asís por las tropas de Perusa, el día 2 de Agosto se interrumpió el ataque, para que los peregrinos pudieran entrar en la villa para obtener la indulgencia. Gregorio XV, hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a todas las iglesias franciscanas del mundo. Según fray Pánfilo de Magliano, la indulgencia fue concedida el año 1216, y en 1217 la proclamación solemne de la Porciúncula por siete obispos. 

La víspera del solemne día llamaba a los fieles la Campana de la Predicación; se cubría el campo de toldos y enramadas y acampaban al raso los peregrinos. Al lucir el nuevo sol se verificaba la ceremonia de la absolución, descrita por el Dante, en el canto IX del Purgatorio.

 

CORREOS RECIBIDOS CON SOLICITUD DE ORACIÓN POR LOS ENFERMOS

 

Hola:

Les suplico eleven una oración por la salud de mi hija Silvana Pulido para que recupere el peso que le corresponde de acuerdo a su edad y complexion

. . . gracias y que Dios los llene de bendiciones

FERNANDO PULIDO [cro_mexico@hotmail.com]

 

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