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Caminando-con-Jesus
| | Asunto: | [caminando-con-jesus] MISA DIARIA 4 DE OCTUBRE DE 2008 | | Fecha: | Viernes, 3 de Octubre, 2008 23:20:36 (-0400) | | Autor: | Caminando con Jesus <caminandoconjesus @...net>
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MISA DIARIA
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MISA
DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
www.caminando-con-jesus.org -
www.caminando-con-maria.org - caminandoconjesus@vtr.net
Desde el
26 de febrero de 2002, en Internet - Santiago de Chile-Chile
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Suscriptores
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Fecha
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Edición Nº
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Tiempo
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Ciclo
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Semana
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Salterio
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10.458
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04-10-2008
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MD 1952
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ORDINARIO
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A
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XXVI
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II
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Las peticiones
de oración, están en la parte de debajo de la pagina
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Si desea
escribir, solo hágalo a: caminandoconjesus@vtr.net
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psadonoso@hotmail.com
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Pedro
Donoso Brant | Facebook
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HOY
CELEBRAMOS A SAN FRANCISCO DE ASIS
«el
hombre de hoy necesita la fe, la esperanza y la caridad de Francisco;
necesita la alegría de brota de la pobreza de espíritu, esto es, de una
libertad interior». -Juan Pablo II, 11-II-03
ORACION
POR LA PAZ
San
Francis de Asís
Señor,
hazme
un instrumento de tu paz:
donde
haya odio, ponga yo amor,
donde
haya ofensa, ponga yo perdón,
donde
haya discordia, ponga yo armonía,
donde
hay error, ponga yo verdad,
donde
haya duda, ponga yo la fe,
donde
haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde
haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde
haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh,
Señor, que no me empeñe tanto
en
ser consolado como en consolar,
en
ser comprendido, como en comprender,
en
ser amado, como en amar;
porque
dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando
se es perdonado,
muriendo
se resucita a la vida .
Amén.
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ANTÍFONA
DE ENTRADA
Francisco,
el hombre de Dios, dejó su casa, abandonó su herencia y se hizo pobre y
desvalido; pero el Señor se hizo cargo de él.
ORACION
COLECTA
Oremos:
Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de seguir
gozosamente a Cristo en una vida de pobreza y humildad, haz que, a ejemplo
suyo, nuestra preocupación esencial en esta tierra sea la de amar y seguir
a tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.
Amén.
PRIMERA
LECTURA
Lectura
del libro de Job (42, 1-3. 5-6. 12-16)
Job
le dijo al Señor:
“Reconozco
que lo puedes todo y que ninguna cosa es imposible para ti. Era yo el que
con palabras insensatas empañaba la sabiduría de tus designios; he hablado de
grandezas que no puedo comprender y de maravillas que superan mi
inteligencia.
Yo
te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto ya mis ojos; por eso me
retracto de mis palabras y me arrepiento, echándome polvo y ceniza”.
El
Señor bendijo a Job al final de su vida más que al principio: llegó a
poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil
burras.
Tuvo
siete hijos y tres hijas; la primera se llamaba Paloma, la segunda Canela y
la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las
hijas de Job. Su padre les asignó una parte de la herencia, al igual que a
sus hermanos.
Y
Job vivió hasta los ciento cuarenta años y vio a sus hijos, a sus nietos y
a sus bisnietos. Murió anciano y colmado de años.
Palabra
de Dios.
Te
alabamos, Señor.
SALMO
RESPONSORIAL SALMO 118
Enséñame,
Señor, tus mandamientos.
Enséñame
a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío de ellos. Sufrir fue
provechoso para mí pues aprendí Señor, tus mandamientos.
Enséñame,
Señor, tus mandamientos.
Yo
bien sé que son justos tus decretos y que tienen razón cuando me afliges.
Todo subsiste hasta hoy por orden tuya y todo está a tu servicio.
Enséñame,
Señor, tus mandamientos.
Yo
soy tu siervo: instrúyeme y conoceré tus preceptos. La explicación de tu palabra
da luz y entendimiento a los humildes.
Enséñame,
Señor, tus mandamientos.
ACLAMACIÓN
ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya,
aleluya.
Te
doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla.
Aleluya.
EVANGELIO
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas (10, 17-24)
Gloria
a tÍ Señor.
En
aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y
le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu
nombre’.
El
les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes
les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda
la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de
que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres
están escritos en el cielo”.
En
aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y
exclamó: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por
que has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has
revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido
bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo,
sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo
se lo quiera revelar”.
Volviéndose
a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que
ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver
lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo
oyeron”.
Palabra
del Señor.
Gloria
a tÍ Señor Jesús.
ORACION
SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta,
Señor, nuestros dones y prepáranos a celebrar el memorial de la pasión de
tu Hijo, que tan honda huella dejó en el alma y en el cuerpo de san
Francisco.
Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
PREFACIO
DE LOS SANTOS
La
gloria de los santos
El
Señor esté con ustedes.
Y
con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo
tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es
justo y necesario.
En
verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo.
Porque tu gloria resplandece en cada uno de los santos, ya que, al coronar
sus méritos, coronas tus propios dones. Con su vida, nos proporcionas
ejemplo; ayuda, con su intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces
participar de sus bienes, para que, alentados por testigos tan insignes,
lleguemos victoriosos al fin de la carrera y alcancemos con ellos la corona
inmortal de la gloria. Por Cristo nuestro Señor. Por eso, con los ángeles y
arcángeles, y con la multitud de los santos, te cantamos un himno de
alabanza, diciendo sin cesar:
Santo,
Santo, Santo...
ANTIFONA
DE COMUNION
Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Oremos:
Señor,
que esta sagrada comunión nos haga amar profundamente a Cristo y a los
hombres para que, a ejemplo de san Francisco de Asís, procuremos sin cesar
el bien de nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Reflexión
Bíblica
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“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y
las has revelado a la gente sencilla”
Lc 10, 17-24
Autor: Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant
“Al
volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo:
"Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". Él les
dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Al
regresar esos setenta y dos que había enviado Jesús, no pudieron disimular
la alegría de su corazón, su misión apostólica era un éxito, pero estos se
alegraban más porque habían hecho milagros, que por haber sido destinados a
cumplir una labor evangélica. Lo bueno habría sido que se alegraran por
aquellos que se hubieran convertido. Es así, como el Señor reprendió
admirablemente el orgullo en el corazón de sus discípulos, recordándoles la
perdición del maestro de la soberbia, para que en el autor de la soberbia
aprendiesen lo que debían temer de ese vicio. Entonces les dice: "Veía
a Satanás que caía del cielo como un rayo", esto es, desde la virtud
más perfecta, hasta la debilidad más extrema.
Antes
de la venida del Salvador, el Demonio o Satanás había sometido a todo el
mundo a su dominio, así es como era adorado. Pero desde que el Divino Verbo
bajó del cielo, cayó como un rayo, porque es pisoteado por los que adoran a
Jesús.
Jesús
les dice a sus discípulos, que les ha dado poder para caminar sobre
serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo y que
por esto nada podrá dañarlos.
Hemos
de observar que hay una diferencia entre las serpientes y los escorpiones,
mientras las primeras atacan y dañan con la boca, los escorpiones los hacen
con la cola, esto es, las serpientes atacan abiertamente, del mismo modo
como los malvados lo hacen en los homicidios y los escorpiones lo hacen
acechando a escondidas, como sucede con los vicios espirituales.
Los
discípulos regresaron llenos de alegría, ellos evangelizaron y predicaron
la Buena Noticia de la salvación, por ese motivo el regocijo colmo sus
corazones, esto nos parece legitimo, pues es el mensaje del Señor lo que se
sale a predicar, sin embargo la alegría de estos setenta y dos, era mas
bien vanidosa, pues se alegraban de haber sido elevados hasta hacerse
temibles a los demonios y a los hombres.
Jesús,
quien ve el corazón de sus discípulos, se da cuenta de esto, por eso Jesús
dice: sin embargo no se alegren de que los espíritus se les sometan;
Arrojar los espíritus, así como obrar otros prodigios, no siempre es por el
mérito del que obra, sino que por la invocación del nombre de Jesucristo.
Porque todo lo que hicieron los discípulos, fue por el poder de invocar su
nombre. "En tu nombre se alegrarán todo el día?" (Sal 88,17).
En
este caso Jesús quiere ahora elevarlos a un gozo mayor, por esta razón
ahora le dice a sus discípulos que deben alegrarse más bien de que sus
nombres estén escritos en el cielo. En efecto la alegría debe abundar más
por ir al cielo que por humillar al demonio. El diablo cae de lo alto, pero
los hombres, viviendo abajo, son inscritos arriba en el cielo.
Sin
embargo, el maestro también ve el lado bueno de la labor de sus discípulos,
y el evangelista no relata que “En aquel momento Jesús se estremeció
de gozo, movido por el Espíritu Santo. Así como un buen padre se alegra de
ver bien dirigidos a sus hijos, así se regocija Jesucristo porque los
apóstoles se han hecho dignos de tantos bienes.
Jesús
vio la ganancia de muchos, es decir la sumisión de numerosos a la fe por la
operación del Espíritu que había dado a los santos apóstoles. Por eso dice
el Evangelio que Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo,
esto es, en los efectos que provienen del Espíritu Santo. Como amante en
extremo de los hombres, el Señor considera también como motivo de alegría
la conversión de los pecadores, y de ella da gracias diciendo: "Te
alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido
ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los
pequeños.
Cuado
menciona a los sabios, esta refiriéndose a los fariseos y a los escribas
que eran los intérpretes de la ley, cuando habla de los prudentes, son
aquellos que eran instruidos por los escribas. Así sabio se llama al que
enseña y prudente al que aprende. El Señor llama pequeños o párvulos a sus
discípulos, porque los eligió, no de entre los doctores de la ley, sino de
entre la gente del pueblo y los pescadores; los cuales se llaman párvulos,
pequeños o niños, porque no son hombres que tiene en su intención el hacer
daño.
Reza
Jesucristo, Sí, Padre, porque así lo has querido. “Todo me ha sido
dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie
sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera
revelar". Solamente el Padre puede entender y manifestar la
profundidad del misterio de Jesús, y el ha querido abrir este secreto a los
humildes (1 Cor 1,26). Jesús es el único que puede conocer al padre y solo
el padre puede conocerlo a El. Jesús se coloca en una comunión con el Padre
totalmente única.
El
Hijo vino para dar a conocer al Padre, para esto El nos pide sencillez,
humildad en el corazón, estar vacíos y despojados de nosotros mismos. El ha
querido abrir este secreto a los humildes.
Alabado
sea Jesucristo, Bendito sea por siempre el Señor, porque nos eligió a pesar
de nuestra miseria espiritual, para darnos a conocer al Padre, entonces
esta dignidad que nos regalo, nos debe hacer permanecer en humildad, a fin
de continuar siendo dignos del Señor Jesús y nos siga amorosamente
mostrando al Padre.
Que
esto sea un gran estimulo, para que el conocimiento del Padre sea en
nuestras vida algo cada vez más intenso. No dejemos por ningún motivo de
orar y por eso todos los días de nuestras vidas, no olvidemos de dar las
gracias, por toda la gran bondad y misericordia de Dios.
El
Señor les Bendiga
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant
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Santoral
de hoy: 4 de Octubre
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SAN
FRANCISCO
Autor:
Jesús Marti Ballester
En
agosto de 1224, Francisco se retiró con tres compañeros para ayunar
cuarenta días. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron
en el tema de sus meditaciones. Mientras oraba tuvo la visión del serafín,
y aparecieron en su cuerpo las señales visibles de las cinco llagas del
Crucificado. Un día se le apareció un ángel y le dijo: "Vengo a
confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a
recibir lo que Dios quiere hacer de ti". "Estoy preparado para lo
que él quiera", respondió. Por la mañana del 14 de septiembre, fiesta
de la Santa Cruz, antes de amanecer, estaba orando de cara a Oriente, y
pedía al Señor "experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu
Pasión y, en la medida de lo posible, aquel amor sin medida que ardía en tu
pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores";
y también, "que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi
mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, ya que tú te has
dignado morir por amor a mi". De repente, vió bajar del cielo un
Serafin con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó
absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser,
que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la
razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los
signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. No eran
llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos
lados y ennegrecida. En el costado se abrió una llaga sangrante, que le
manchaba la túnica y los calzones. Explicaba fray León que el fenómeno fue
más palpable y real de lo que muchos creen, y que estuvo acompañado de
otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el
monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol.
Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se
levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era
de día.
El
Hermano León nos ha dejado con la bendición autógrafa del santo, que se
conserva en Asís, una narración simple y clara del milagro. Describe el
costado derecho del santo como mostrando una herida abierta por una lanza,
mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de
carne, cuyas puntas estaban dobladas hacia atrás. Después de recibir los
estigmas Francisco sufrió dolores cada vez mayores en todo su cuerpo
frágil, ya de por sí debilitado por la continua mortificación. La
diferencia de época, inicios del siglo XIII, creyente, religioso y
sacralizado, le ahorrará a Francisco lo que el positivismo racionalista del
siglo XX atormentó a Pío de Pietrelcina.
EL
PERDON PEDIDO POR SAN FRANCISCO
San
Francisco de Asís pidió a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de
los Ángeles, el gran perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada
por mi venerado predecesor el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de
1216. Desde entonces empezó la actividad misionera que llevó a Francisco y
a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa.
Allí, por último, el Santo acogió cantando a «nuestra hermana la muerte
corporal» (Cántico de las criaturas). De la experiencia del Poverello de
Asís, la iglesita de la Porciúncula conserva y difunde un mensaje y una
gracia peculiares, que perduran todavía hoy y constituyen un fuerte
llamamiento espiritual para cuantos se sienten atraídos por su ejemplo. A
este propósito, es significativo el testimonio de Simone Weil, hija de
Israel fascinada por Cristo: «Mientras estaba sola en la capillita románica
de Santa María de los Angeles, incomparable milagro de pureza, donde san
Francisco rezó tan a menudo, algo más fuerte que yo me obligó, por primera
vez en mi vida, a arrodillarme» (Autobiografía espiritual). La Porciúncula
es uno de los lugares más venerados del franciscanismo, no sólo muy
entrañable para la Orden de los Frailes Menores, sino también para todos
los cristianos que allí, cautivados por la intensidad de las memorias
históricas, reciben luz y estímulo para una renovación de vida, con vistas
a una fe más enraizada y a un amor más auténtico. Por tanto, me complace
subrayar el mensaje específico que proviene de la Porciúncula y de la
indulgencia vinculada a ella” Con estas palabras comenzaba el mensaje
de Juan Pablo II en 1999, dirigido al Ministro General de la Orden
Franciscana, en la reapertura de la Basílica y de la capilla de la
Porciúncula.
¿QUÉ
OCURRIÓ EN LA PORCIÚNCULA?
Cuenta
Doña Emilia de Pardo Bazán en su “Vida de San Francisco” que
una noche, en el monte cercano a la Porciúncula, ardía Francisco de Asís en
ansias de la salvación de las almas. Un ángel le ordenó bajar del monte a
su Santa María de los Angeles. Allí vio a Jesucristo, a su Madre y a
multitud de espíritus. Oyó la voz de Jesús: - Pues tantos son tus afanes
por la salvación de las almas, pide, Francisco, pide. Francisco pidió una
indulgencia plenaria, que se ganase con sólo entrar confesado y contrito en
aquella capilla de los Ángeles.- Mucho pides, Francisco, pero accedo contento.
Acude a mi Vicario, que confirme mi gracia. Al alba, tomó el camino de
Perusa, acompañado de Maseo de Marignano. Estaba en Perusa el Papa Honorio
III. - Padre Santo -dijo Francisco, en honor de María he reparado una
iglesia; hoy vengo a solicitar para ella indulgencia. Dime cuántos años e
indulgencias pides.- Padre Santo -replicó Francisco-, lo que pido no son
años, sino almas. No puede conceder esto la Iglesia -objetó el Papa.- Señor
-replicó Francisco-, no soy yo, sino Jesucristo, quien os lo ruega. En esta
frase hubo tal calor, que ablandó el ánimo de Honorio, moviéndole a decir:
- Me place, me place, me place otorgar lo que deseas. Y llamó a Francisco:
-Otorgo, pues , que cuantos entren confesados en Santa María de los Ángeles
sean absueltos de culpa y pena; esto todos los años perpetuamente, mas sólo
en el espacio de un día natural. Bajó Francisco la cabeza en señal de
aprobación, y sin despegar los labios salió de la cámara. - ¿Adónde vas,
hombre sencillo? -gritó el Papa-. Me basta -respondió Francisco- lo que oí;
si la obra es divina, Dios se manifestará en ella. Sirva de escritura la
Virgen, Cristo el notario y testigos los ángeles. Y se volvió de Perusa a
Asís. Llegando a Collestrada, se desvió de sus compañeros para desahogar su
corazón en ríos de lágrimas; al volver de aquel estado de plenitud y de
gozo, llamó a Maseo a voces: ¡Maseo, hermano! De parte de Dios te digo que
la indulgencia que obtuve del Pontífice está confirmada en los cielos.
El
tiempo corría el tiempo sin que Honorio autorizara la indulgencia; el
retraso atribulaba a Francisco. En una fría noche de enero se encontraba
abismado. Impensadamente pensó que obraba mal, que faltaba a su deber
trasnochando y extenuándose a fuerza de vigilias, siendo un hombre cuya
vida era tan esencial para el sostenimiento de su Orden. Pensó que tanta
penitencia pararía en enflaquecer y perder su razón, y le entró congoja.
Para desechar esta tentación, nacida del cansancio de su cuerpo, se
levantó, y se arrojó sobre una zarza, revolcándose en ella. Manaba sangre
de su piel, y se cubría el zarzal de rosas, como las de mayo. Francisco se
encontró rodeado de ángeles que cantaban a coro:- Ven a la iglesia; te
aguardan Cristo y su Madre. Francisco se levantó transportado y caminó
luminoso. Sobre su cuerpo veía Francisco un vestido transparente como el
cristal. Cogió de la zarza florida doce rosas blancas y doce rojas, y entró
en la capilla. Allí estaban Cristo y su Madre, con innumerables ángeles.
Francisco cayó de rodillas. María se inclinó hacia su hijo, y éste habló
así: - Por mi madre te otorgo lo que solicitas; y sea el día aquel en que
mi apóstol Pedro, encarcelado por Herodes, vio milagrosamente caer sus
cadenas (1 de agosto). Ve a Roma; notifica mi mandamiento a mi Vicario;
llévale rosas de las que han brotado en la zarza; yo moveré su corazón.
Francisco se levantó, fue a Roma con Bernardo de Quintaval, Ángel de Rieti,
Pedro Catáneo y fray León, la ovejuela de Dios.
Se
presentó al Papa llevando en sus manos tres rosas encarnadas y tres blancas
de las del prodigio. Intimó a Honorio de parte de Cristo que la indulgencia
había de ser en la fiesta de San Pedro ad Víncula. Le ofreció las rosas,
frescas y fragantes. Se reunió el Consistorio, y ante las flores que
representaban en enero la primavera, fue confirmada la indulgencia.
Escribió
el Papa a los obispos circunvecinos de la Porciúncula, citándoles para que
se reunieran en Asís el primer día de Agosto, a fin de promulgar la
indulgencia solemnemente. «En el día convenido apareció Francisco en un
palco con los siete obispos a su lado, y pronunció una plática ferviente
sobre la indulgencia. Los obispos se indignaron, y cuando el obispo de Asís
se levantó resuelto a proclamar la indulgencia por diez años solos, en vez
de esto repitió las palabras de Francisco; unos después de otros,
reprodujeron los obispos el primer anuncio.
Durante
muchos años, fue sólo conocida oralmente la indulgencia de la Porciúncula.
Medio siglo después del tránsito de Francisco hallamos el primer documento
de Benito de Arezzo, que dice así: «En el nombre de Dios, Amén. Yo fray
Benito de Arezzo, que estuve con el beato Francisco mientras aún vivía, y
que por auxilio de la gracia fui recibido en su Orden por el mismo Padre
Santísimo; yo que fui compañero de sus compañeros, y con ellos estuve
frecuentemente, ya mientras vivía el santo Padre nuestro, ya después que se
partió de este mundo, y con los mismos conferencié frecuentemente de los
secretos de la Orden, declaro haber oído repetidas veces a uno de los
compañeros del beato Francisco, llamado fray Maseo de Marignano, que estuvo
con el hermano Francisco en Perusa, en presencia del papa Honorio, cuando
el santo pidió la indulgencia de todos los pecados para los que, contritos
y confesados, viniesen al lugar de Santa María de los Angeles (que por otro
nombre se llama Porciúncula) el primer día de agosto, desde las vísperas de
dicho día hasta las vísperas del día siguiente. La cual indulgencia,
habiendo sido pedida por el beato Francisco, fue otorgada por el Sumo
Pontífice, aunque él mismo dijo no ser costumbre en la Sede Apostólica
conceder tales indulgencias». Del entusiasmo que en el pueblo despertaban
las indulgencias podemos juzgar por las crónicas que refieren el
acontecimiento que, estremeciendo hasta las últimas fibras de la conciencia
de Dante, dio por resultado la Divina Comedia. La multitud que acudía a
Asís a lucrar la indulgencia era enorme. El jubileo determinaba una
suspensión de discordias y luchas: la tregua de Dios.
Sitiado
Asís por las tropas de Perusa, el día 2 de Agosto se interrumpió el ataque,
para que los peregrinos pudieran entrar en la villa para obtener la
indulgencia. Gregorio XV, hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a
todas las iglesias franciscanas del mundo. Según fray Pánfilo de Magliano,
la indulgencia fue concedida el año 1216, y en 1217 la proclamación solemne
de la Porciúncula por siete obispos.
La
víspera del solemne día llamaba a los fieles la Campana de la Predicación;
se cubría el campo de toldos y enramadas y acampaban al raso los
peregrinos. Al lucir el nuevo sol se verificaba la ceremonia de la
absolución, descrita por el Dante, en el canto IX del Purgatorio.
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CORREOS RECIBIDOS CON SOLICITUD DE ORACIÓN POR LOS
ENFERMOS
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Hola:
Les suplico
eleven una oración por la salud de mi hija Silvana Pulido para que recupere
el peso que le corresponde de acuerdo a su edad y complexion
. . . gracias y
que Dios los llene de bendiciones
FERNANDO
PULIDO [cro_mexico@hotmail.com]
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en http://www.egrupos.net/grupo/misadiaria/alta
o
http://www.egrupos.net/grupo/caminando-con-jesus/alta
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