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Written
by klip7 on April 14th, 2010 in Cine.
Alicia
García de Francisco
EFE
Distante,
misteriosa, solitaria, bella, pero, sobre todo, divina. 20 años después
de su muerte, el mito de Greta Garbo, forjado en sólo dos décadas de
interpretaciones, sigue siendo objeto de admiración y análisis.
El
15 de agosto de 1990 murió, a los 84 años, Greta Lovisa Gustafsson, la
mujer que desde 1941, con apenas 36 años, se había escondido en un
anonimato que le permitió descansar del escrutinio público y de tener que
ser siempre la divina Greta Garbo.
Quiero
estar sola fue la única y lapidaria frase que la Garbo pronunció
cuando sorprendió al mundo cinematográfico con una prematura retirada, en
su mejor momento, siendo la estrella mejor pagada de Hollywood y, sobre
todo, la más admirada e imitada.
Una
admiración basada en el misterio que siempre rodeó a la actriz, que lo
fomentó con un aire frío y distante que la hizo ganarse el apelativo de
la que nunca se ríe.
Su
irrupción en Hollywood, tras cambiarse el nombre con el que nació en
Suecia el 18 de septiembre de 1905, fue un cambio radical respecto a la
imagen que se potenciaba en el cine americano de los años veinte, con
heroínas débiles en búsqueda de protección.
Y
Garbo estaba a años luz de esa imagen, de ahí que llamara la atención ya
en su primera película americana, Torrent (1926), basada en
la novela Entre naranjos, del español Vicente Blasco
Ibáñez.
Esta
primera incursión en el cine estadounidense demostró el magnetismo de la
actriz en la pantalla y la razón por la que se había convertido en la
mayor estrella de Suecia a sus 21 años y con sólo tres filmes en su
haber.
Había
llegado al cine por casualidad. Tras la muerte de su padre, cuando ella
tenía 14 años, se vio obligada a dejar la escuela y a buscar un trabajo
que encontró en unos grandes almacenes, donde pronto la utilizaron como rostro
para sus campañas publicitarias.
Entre
1920 y 1922 participa en dos cortos y dos largos pero es en 1924 cuando
da el primer verdadero paso en lo que sería una carrera meteórica en el
cine.
Es
fichada por el famoso director finlandés Mauritz Stiller -responsable de
su cambio de nombre- para La leyenda de Gosta Berling, que
fue la cinta que le abrió las puertas de Hollywood a través de su
contrato con la Metro Goldwyn Mayer.
Ya
asentada en California, tras Torrent llegarían The
temptress (1926); Flesh and the devil (1926) o
The divine woman (1928), con la que se ganó el sobrenombre
de divina que la acompañaría para siempre.
Cautivó
a los espectadores desde el cine mudo, un silencio que aplicó también a
su vida privada, de la que poco o nada se sabía en una época en la que la
vida de los actores de Hollywood era el principal entretenimiento de las
revistas.
Y si
en el cine mudo cimentó su carrera, fue el sonoro, con el descubrimiento
de su grave voz el que confirmó su estatus de estrella. ¡La Garbo
habla! fue la frase de promoción de su primer filme
hablado, Anna Christie, que le valió su
primera nominación al Óscar.
Conseguir
otras tres pero sin triunfo alguno, lo que la asemeja a otras grandes
estrellas e iconos de la gran pantalla, como Marlene Dietrich, Rita
Hayworth o Marilyn Monroe.
Hollywood
sólo le concedió una postrera estatuilla en honor a su carrera, en 1955,
que ni siquiera acudió a recoger al estar ya apartada del mundo de las
estrellas.
Un
reconocimiento artístico que nunca acompañó al éxito de sus películas
-como Grand Hotel (1932), Queen Christina
(1933), The Painted veil (1934), Anna
Karenina (1935), Camille (1936) o
Ninotchka (1939)- o a sus astronómicos
sueldos para los estándares del momento -llegó a cobrar 500.000 dólares
por trabajo-.
Ella
misma reconoció: Mi talento está dentro de límites muy definidos.
No soy tan versátil como actriz como algunos piensan.
A
pesar de ello, su magnetismo parece no tener fin.
Este
año se ha organizado en Milán una exposición bajo el título El
misterio del estilo, que exhibe buena parte de los zapatos y el
guardarropa utilizados por la actriz durante su carrera.
Los
libros sobre su vida no dejan de aparecer, buscando detalles íntimos
desconocidos y, a poder ser, escandalosos.
Su
supuesta bisexualidad y su supuesta relación con otra de las grandes
divas, Marlene Dietrich, son dos de los temas más repetidos, quizás
porque la Garbo nunca mostró al público su vida personal.
Mi
vida se ha desarrollado a través de escondites, puertas traseras,
ascensores secretos y todas las maneras posibles de pasar
desapercibida, afirmó en una de las pocas entrevistas que
concedió.
Un
aislamiento que la acompañó durante toda su vida y que contrasta con el
interés que aún hoy despierta su figura.
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