LA TRISTEZA ES HUMO NEGRO Leo J. Mart.
La tristeza es humo negro que el alma, como los carros, arroja cuando está quemando aceite.
Un carro bien ajustado no quema aceite ni echa humo. Un carro bien ajustado marcha rápido y feliz. Un alma que está bien ajustada no tiene motivos de tristeza, porque del mal saca bien, de la derrotas saca impulsos para ganar la pelea, de la pérdida sabe sacar grandes ganancias.
La tristeza viene cuando la inteligencia se llena de mentiras y la voluntad no hace el bien.
La alegría es el encuentro de la inteligencia con la vedad, la tristeza es el encuentro de la inteligencia con la mentira.
La alegría es el encuentro de la voluntad con el bien; la mentira es el encuentro de voluntad con el mal.
La alegría es el encuentro de la oscuridad con la luz y la tristeza es el producto de rechazar la luz y obstinarse en seguir en las tinieblas.
Quien está en la verdad está feliz aunque otros estén en la mentira; quien hace el bien está feliz aunque otros hagan el mal. Quien está en la luz sigue la luz aunque otros la rechacen. Quien va adelante sigue avanzando aunque otros den pie atrás.
La tristeza es producto de la envidia, de compararse con otros que tienen lo que el triste no posee.
La tristeza es producto del egoísmo de sentirse solo. Se sienten solos los que no saben que son hijos de Dios.
La tristeza es producto de la maldad del corazón y por eso el triste todo lo hace mal y de mala gana.
La tristeza lleva al triste a sentirse víctima incomprendida y la tristeza lleva a la muerte.
Pablo Apóstol mientras estaba en la cárcel decía a sus discípulos: <Que estéis alegres> porque él estaba feliz en medio de sus cadenas. El fuerte sabe sacar libertad en medio de sus cadenas.
La tristeza es producto del pecado personal; pero los pecados de otros no tienen capacidad de robarnos el gozo y la paz del corazón.
El triste le echa la culpa de su tristeza a los defectos de los demás, porque el triste no se mira a sí mismo si no que siempre está juzgando a los demás.
El triste le echa la culpa de su tristeza a su situación, a los factores externos que le rodean; pero la fiebre no está en las sábanas, el triste es triste por la podredumbre de su alma, por su egoísmo y cobardía.
El triste es un eterno derrotado y con su tristeza nunca ganará una victoria.
El triste se llena de rabia y más tristeza cuando ve a otros felices.
El triste siempre está cansado, enfermo y solo. Un alma triste enferma al cuerpo; una persona triste espanta a todos.
Al triste hay que decirle que se olvide de sí mismo, que piense en los demás y saldrá de su tristeza.
La enfermedad del mundo actual es la tristeza, la tristeza y frustración del mundo de Satanás.
Que no diga que tiene a Dios quien está triste, porque Dios es fiesta y alegría; y el demonio es derrota y gran tristeza.
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