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Responder a este mensaje
Asunto:[CAV] Novedades sobre alimentación: relación con el grupo sanguineo
Fecha:Viernes, 2 de Junio, 2006  19:14:14 (-0300)
Autor:Nelson Guizzo <nelson22 @.....com>

 Esta persona que escribe, Nelson Caracó es médico psiquiatra, amigo de varios años y vegetariano desde hace mucho tiempo.
 
Espero les sirva este texto, un abrazo.
 
Nelson Guizzo

---------- Forwarded message ----------
From: nelson caraco < nelsoncaraco@yahoo.com>
Date: 02-jun-2006 1:03
Subject: Novedades sobre alimentación: relación con el grupo sanguineo
To: nelson caracó <nelsoncaraco@yahoo.com >

 
Mando un material sobre grupos sanguineos y la alimentación mejor a cada grupo, hallazgo relativamente reciente y poco conocido aun para la mayoria, y que puede venir bien a muchos.
No es para tomarlo en forma extremista, pero puede dar para pensar y mejorar en cosas que no había aun idea. El material es copiado de algunas paginas web.
 
Un gran saludo
 
Nelson Caracó
 
 
Grupos sanguíneos y alimentación
Vivimos una época en que todo se define por estándares: desde lo que medimos hasta nuestro coeficiente intelectual. La alimentación no podía ser una excepción y en un intento por definir la forma de alimentación ideal, hemos acabado con un montón de dietas, para todos los gustos y colores. Seguramente todas ellas funcionan a algunas personas en determinados casos, pero aún no se ha diseñado la dieta que nos funcione a todos durante toda nuestra vida. Ni se diseñará. Cada uno de nosotros somos seres únicos que compartimos algunas señas de identidad colectivas. Así que se trata de aprender sobre esos signos compartidos, ver si se verifican en nosotros, y construir a partir de ahí, nuestra propia dieta, adaptada a nuestras necesidades en cada momento. Esto es lo que nos propone la alimentación según los tipos sanguíneos, un interesante enfoque de los alimentos y su relación con nuestra sangre.
 
Dieta vegetariana: ¿le va bien a todo el mundo?
Hace ya varios años el médico naturópata James D'Adamo convencido de que no existía un sistema de alimentación universalmente válido, observó que aunque muchos de sus pacientes respondían bien a dietas vegetarianas, otros no sólo no lo hacían, sino que incluso parecían empeorar con este tipo de dietas. Buscando un patrón que le ayudara a acertar con el mejor tipo de alimentación posible para sus pacientes, pensó que siendo la sangre el principio nutritivo fundamental del organismo, allí podría encontrar, tal vez, alguna clave.
Después de muchos pacientes y mucha experimentación las pautas empezaron a aparecer y en 1980 este médico publicó sus primeras conclusiones empíricas en un libro llamado "El alimento de un hombre". Sin embargo, no sería hasta 1996 cuando su hijo, Peter D'Adamo, también médico naturópata, profundizara en las observaciones de su padre y publicara el libro que ha dado verdaderamente a conocer a nivel internacional, la teoría sobre la alimentación y su relación con los tipos sanguíneos: "Los grupos sanguíneos y la Alimentación".
Alimentación y tipos sanguíneos: explicando la teoría
La teoría de los tipos sanguíneos explica que el tipo de sangre de cada persona es la clave de su sistema inmunológico porque controla la influencia que los virus, bacterias, infecciones, sustancias químicas, exceso de stress, y cualquier situación que sea capaz de comprometer el sistema inmune, cuya función, reducida a términos muy simples, es la de reconocer lo propio y eliminar lo extraño, lo ajeno.
El sistema inmunológico cuenta con métodos muy sofisticados para poder reconocer a una sustancia como propia o como ajena, entre ellos están los antígenos que son unos indicadores químicos que se encuentran en las células de toda forma de vida. Y uno de los antígenos más poderosos, es precisamente, el que determina el tipo de sangre. Cuando el antígeno del tipo de sangre detecta que un antígeno extraño ha entrado en el organismo, lo primero que hace es crear anticuerpos contra ese antígeno "invasor". Un anticuerpo es como un artilugio inteligente destinado a identificar y atacar a un determinado tipo de antígenos.
A nivel físico cuando un anticuerpo localiza un antígeno extraño, se produce una reacción llamada aglutinación, que hace que el antígeno extraño se vuelva pegajoso. Esta aglutinación de antígenos extraños hace que se adhieran unos con otros, y así son más fáciles de tener bajo control y eliminar.
La clave está en la aglutinación
Las observaciones sobre el proceso de aglutinación mostraron que ciertos alimentos aglutinan las células de ciertos tipos de sangre, pero no de otros, lo que permite entender que ciertos alimentos sean beneficios para algunos tipos de sangre y "aglutinantes" (perjudiciales) para otros. Fundamentalmente, permitió establecer un nexo entre los alimentos y los tipos sanguíneos porque al comer se produce una reacción química entre la sangre y los alimentos, reacción que, aunque parezca increíble, viene determinada por la herencia genética, -la histórica además de la familiar-. Y se sabe que esta reacción se debe a la presencia de lectinas (proteínas con propiedades aglutinantes que afectan la sangre) en los alimentos.
La presencia de estas lectinas hace que si tomas un alimento cuyas lectinas son incompatibles con tu antígeno de la sangre, éstas ataquen tu organismo y comiencen a aglutinar las células de la zona donde se asienten, intentando destruirlas como si se tratara de elementos extraños. Según Peter D'Adamo, esta aglutinación provoca enfermedades graves como el síndrome de intestino irritable o la cirrosis hepática, por citar algunas.
Las investigaciones y observaciones realizadas por los D'Adamo y otros investigadores, permitieron establecer dos cuestiones especialmente útiles:
  1. Que la evolución histórica de los tipos sanguíneos desde la aparición del primer humano sobre el planeta hasta nuestros días, permite establecer un perfil por tipo sanguíneo que ayuda a comprender qué tipo de alimentación se adapta mejor a cada tipo y por qué.
  2. Clasificar los alimentos según su acción para cada tipo sanguíneo como positivo, neutro o desaconsejable. Un alimento positivo actúa como una medicina porque se adapta a las necesidades del organismo completamente y lo refuerza (por ejemplo, un plato de lentejas refuerza a un tipo A). Un alimento neutro actúa como un alimento: no refuerza ni perjudica (por ejemplo, un plato de lentejas rojas es un alimento neutro para el tipo AB). Un alimento desaconsejable actúa como una sustancia perjudicial para el organismo: provoca aglutinación, y por lo tanto, a la larga, enfermedad (por ejemplo, un plato de lentejas es perjudicial para un tipo O y un tipo B).
La evolucion histórica de los tipos sanguíneos
La evolución histórica de los tipos determinó la adaptación de sus sistemas digestivos a las nuevas circunstancias imperantes a medida que estas se sucedían, desde el carnivorismo feroz del tipo O, primer habitante del planeta hasta el flexible tipo AB surgido hace diez o doce siglos.
Del análisis de esta evolución, estos observadores han podido determinar los siguientes perfiles:
  • Tipo O - El Cazador: es un gran consumidor de carne en gran parte gracias a que cuenta con un aparato digestivo realmente resistente. Tiene un sistema inmunológico muy activo, pero no se adapta bien a los cambios ambientales y dietéticos. Una actividad física intensa le ayuda a controlar el distress.
  • Tipo A - El Agricultor: es el primer vegetariano y se alimenta principalmente de los productos de la tierra. No es muy aficionado a la carne seguramente porque su sistema digestivo es delicado. Tiene un sistema inmune tolerante lo que le permite adaptarse bien a las condiciones alimenticias y ambientales. Controla mejor el exceso de stress con actividades relajantes y ejercicios físicos de baja intensidad. La dieta vegetariana ayuda al tipo A a mantenerse en forma.
  • Tipo B - El Nómada: es la síntesis de la evolución de los dos grupos anteriores, por lo tanto su dieta es más equilibrada. Dueño de un sistema inmune poderoso y de un sistema digestivo tolerante, opta por elecciones dietéticas más flexibles. Es un gran consumidor de productos lácteos. Controla mejor el exceso de stress con actividades de tipo creativo y necesita encontrar un equilibrio entre actividad física y actividad intelectual para sentirse en forma.
  • Tipo AB - El Enigma: es la fusión moderna de los grupos A y B. Poseer antígenos múltiples, los vuelve camaleónicos, y de esta forma responden a los cambios dietéticos o ambientales. Su sistema inmune es el más tolerante de los cuatro tipos sanguíneos y al igual que el Tipo A, tiene un tubo digestivo sensible y controla mejor el exceso de stress con actividades relajantes y ejercicios físicos de baja intensidad.
Aprendiendo a descubrir tu individualidad
Con la información recopilada por su padre, y ampliada por su propia experiencia, Peter D'Adamo clasificó distintos alimentos de uso habitual, según sean beneficiosos, neutros o perjudiciales para cada tipo sanguíneo. Sin embargo, clasificar los alimentos por su efecto en los distintos tipos sanguíneos no es de ninguna manera una forma de simplificar las cosas. Está claro que algunas de nuestras características particulares van mucho más allá de nuestra vida o la de nuestros progenitores: se entierran en el principio de los tiempos. Pero son nuestros problemas, insatisfacciones y reacciones de ahora las que están alimentando la enfermedad.
La alimentación y el exceso de stress son dos causas de primer orden en el desencadenamiento de la enfermedad, por lo tanto, todo lo que ayude a mejorar estos dos aspectos y a neutralizar sus efectos negativos, será bienvenido: si conoces qué perjudica tu tipo sanguíneo y lo reduces o eliminas, estarás plantándole cara a tus dolencias desde una posición privilegiada.
Mi recomendación es, como siempre, que uses lo que vas aprendiendo con sentido común y objetividad.
Son simplemente herramientas: todas sirven para determinada cosa en un determinado momento. Es tu sabiduría la que determina cuándo usarlas.
Y cómo usarlas.
 
 
El grupo O sería el "cazador". Más o menos apareció hace 40.000 años. Su sistema digestivo esta adaptado a una dieta rica en proteínas animales y a los vegetales que pudieran encontrar. Los lácteos y los cereales todavía no formaban parte de nuestra dieta ya que la Agricultura y la ganadería no aparecerán hasta unos 30.000 años más tarde.
El grupo A sería el "agricultor". Surge con la introducción de la Agricultura hace más de 10.000 años. El grado de acidez de su estómago cambió adaptándose al consumo de los cereales. Tienen mayor dificultad en digerir la proteína animal. En este grupo encontramos la mayor cantidad de personas vegetarianas.
El grupo B sería el "pastor". Este grupo surge hace unos 10-15.000 años con el desarrollo del pastoreo. Su alimentación consistía, a menudo, en leche y productos lácteos, con lo cual al cabo de miles de años su metabolismo está más adaptado a digerir estos alimentos.
El grupo AB es la combinación del grupo A y B. Toleran, por ello, bastante bien los Cereales y los Lácteos.

Ventajas

Al igual que la medicina Ayurveda y la Medicina Tradicional China nos ayuda a entender que los alimentos no son buenos ni malos sinó más adecuados para unas u otras personas.
Permite, pues, individualizar la dieta simplemente aumentando y disminuyendo unos u otros grupos de alimentos.

Inconvenientes

Hay personas que pueden llegar a obsesionarse respecto a que si un alimento es de su grupo o no y no querer comer absolutamente nada si no es de su grupo por miedo a desarrollar inmediatamente las enfermedades de las que te avisa Peter J. D´Adamo.
Las personas del grupo O que son vegetarianas pueden sentirse ofendidas al pensar que esta teoría les quiere obligar a volver a comer carne.

Observaciones

Como todas las tendencias dietéticas no siempre funciona a todo el mundo pero puede ser muy interesante sobre todo para aquellas personas a quienes no les han funcionado otras dietas.
Según los investigadores James y Peter D'Adamo la buena o mala asimilación de los alimentos está condicionada por nuestro grupo sanguíneo. Hasta el punto de que en cada grupo -A, B, AB y O- hay alimentos que son perjudiciales, otros beneficiosos y otros neutros. Es más, aseguran que muchas enfermedades pueden deberse al mero consumo de alimentos no adecuados para nuestro grupo sanguíneo. Otros, en cambio, nos ayudarían a sanar. Incluso afirman que en ello está la razón de que muchas personas no consigan adelgazar cuando se ponen a dieta.

En suma, el doctor Landsteiner descubrió la razón de por qué unas personas fallecían después de una transfusión de sangre y otras no: sus sangres no eran compatibles. Desde entonces sabemos que:
-Las personas con sangre del tipo 0 son "donadoras universales". Es decir, pueden donar sangre a cualquiera de las que tienen otros tipos de sangre pero sólo pueden recibir la suya propia.

-Las personas del tipo AB son "receptoras universales", es decir, pueden recibir sangre de todos los demás pero sólo pueden donar a los de su propio tipo.
-Las personas del tipo A pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos B y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB. Y,
-Las personas del tipo B pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos A y AB. Y puede donar a los de su mismo tipo y a las de tipo AB.

Este descubrimiento le sería recompensado a Karl Landsteiner con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1930.
Cabe añadir que Landsteiner descubrió tres antígenos más (M, N y P) similares a los antígenos de los grupos A y B pero, a diferencia de éstos, su presencia en los glóbulos rojos no supone la existencia en la sangre humana normal de aglutininas naturales. Y posteriormente otro en 1940 -junto a Alexander Salomon Wiener- que bautizaría como antígeno D o factor Rh (llamado así porque lo encontró en el suero de conejos inmunizados con sangre procedente de un mono de la especie Macacus Rhesus). Este antígeno tiene su importancia cuando la madre no tiene el antígeno y el padre sí ya que en el segundo embarazo los anticuerpos específicos anti-Rh que desarrolla la madre pueden atravesar la placenta y provocar el aborto o una enfermedad hemolítica en el recién nacido que cursa con ictericia: la temible eritroblastosis fetal. Finalizo diciendo que posteriormente se llegarían a descubrir hasta 42 antígenos distintos en los glóbulos rojos si bien su incidencia es al parecer notablemente menor y no vamos por tanto a entrar a profundizar en ello.
Agregaré, por último, que los datos disponibles indican -de forma aproximada- que el 40% de los europeos posee sangre del tipo 0, otro 40% del tipo A, el 15% del tipo B y alrededor del 5% del tipo AB.
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LA APORTACIÓN DE JAMES D'ADAMO
Como el lector habrá apreciado, la importancia de los antígenos es evidente ya que provoca reacciones inmediatas en el organismo. Pues bien, hace casi tres décadas un naturópata llamado James D´Adamo se dio cuenta de que los tratamientos dietéticos que aconsejaba a sus pacientes no obtenían siempre los mismos resultados y se preguntó a qué podría deberse. Formado en la escuela naturista, su experiencia con los pacientes le llevaría a percatarse sobre todo de que mientras la dieta vegetariana le sentaba estupendamente a algunas personas y su salud mejoraba a otras no parecía hacerles apenas efecto y a algunas incluso les sentaba mal y empeoraban. Aquello le sorprendió llevándole a la conclusión evidente de que no a todas las personas les sienta bien el mismo tipo de alimentación. E intuyó que como la sangre era la fuente principal de nutrición del organismo la respuesta podía estar en ella. Decidió pues investigarlo y a lo largo de muchos años tomó notas para poder luego cotejarlas y buscar posibles pautas comunes. Y sería de tan sencilla pero perseverante manera como llegaría a darse cuenta de que el tipo de alimentación estaba relacionado con los distintos tipos sanguíneos. Observó, por ejemplo, que las personas de sangre tipo A responden mal a las dietas generosas en proteínas cárnicas pero muy bien a las ricas en proteínas vegetales. Y que a esas mismas personas ni la leche ni sus derivados les iban bien. Es más, también mejoraban con ejercicios leves como el yoga mientras los duros y dinámicos les producían malestar. En cambio, a las personas de sangre tipo 0 les sentaba estupendamente la carne y los ejercicios más intensos. Y llegó a la conclusión de que, en efecto, el refrán que dice "lo que es alimento para un hombre puede ser veneno para otro" encerraba una gran verdad.
Todas aquellas observaciones las recogería James D'Adamo en una obra titulada El alimento de un hombre (One Man´s Food) que vería la luz en 1980.

Sería sin embargo su hijo Peter -quien estudiaría también Naturopatía si bien en el John Bastar College de Seatle (EEUU)- el que establecería ya esa conexión. Y lo hizo descubriendo en primer lugar que dos de las principales afecciones del estómago -la úlcera péptica y el cáncer de estómago- se daba más en grupos sanguíneos concretos. La úlcera en las personas del tipo 0 y el cáncer en las del tipo A.

Hasta que los datos acumulados le llevarían finalmente a concluir que el tipo de sangre predispone a las personas a un tipo de alimentación concreto y distinto en buena medida a las de otros tipos. E, incluso, que predispone más a unas enfermedades que a otras. Y no sólo eso: también descubriría que la salud depende, en mucha mayor medida de lo que la gente imagina, de la alimentación. Es decir, que hay alimentos que actúan positivamente en los organismos de las personas con un determinado tipo de sangre mientras en las personas de otros tipos son perjudiciales. Y no sólo eso: a su juicio una alimentación no acorde con el tipo de sangre que se tiene es una de las principales causas del sobrepeso u obesidad de muchas personas... y la causa de que no logren adelgazar cuando lo intentan. Algo que sí conseguirían si dejaran de ingerir los alimentos perjudiciales para su tipo de sangre (recuerde el lector que hemos publicado ya en la revista varios reportajes sobre la dificultad que para adelgazar supone ingerir alimentos a los que uno es sensible o intolerante y que hoy ello puede determinarse con bastante exactitud mediante analíticas.

Dicho lo cual hay que aclarar desde ya que el propio autor deja claro que esas conexiones no son radicales. Es decir, no todos los organismos de las personas del mismo tipo son intolerantes a todos los alimentos ni el grado de sensibilidad es igual en todos al alimento al que son intolerantes. Las pautas generales que ofrece tras sus años de estudio clínico son pues sólo orientativas. Téngalo en cuenta. En todo caso, si desea profundizar en este tema sepa que encontrará las conclusiones de Peter D'Adamo publicadas en su obra Los grupos sanguíneos y la alimentación (Ed. J. Vergara).
¿Y POR QUÉ OCURRE ASÍ?
Padre e hijo, obviamente, se preguntarían por qué reacciona de forma tan diferente la sangre de unas personas con respecto a la de otras y a qué se debe la incompatibilidad manifiesta entre ellas en algunos casos. Su conclusión -que puede ser discutida- es la de que cada grupo sanguíneo es el resultado de un momento de la propia evolución humana.
Según ellos, el grupo sanguíneo del tipo 0 -el más antiguo y extendido- tendría más de 40.000 años de existencia y procedería de los hombres del Cro-Magnon, cuya alimentación se basaba en la caza y, por ende, en las proteínas de la carne.
El siguiente en aparecer habría sido el tipo A -entre 25.000 y 10.000 años- y apareció con las primeras sociedades agrícolas cuya alimentación se basaba en el consumo de cereales y vegetales, procediendo especialmente de Asia y Oriente Medio.
El tipo B procedería de las montañas del Himalaya surgiendo hace aproximadamente entre 15.000 y 10.000 años siendo propio de los habitantes nómadas de las estepas asiáticas.
En cuanto al tipo AB habría surgido de la mezcla entre caucasianos (A) y mongoles (B).

Pues bien, para los D'Adamo la reacción de cada uno de los tipos sanguíneos se debería a que la sangre guarda una especie de "memoria celular" que "recuerda" su ancestral tipo de alimentación.
Ahora bien, ¿por qué reacciona la sangre ante ciertos alimentos como si éstos fueran peligrosos enemigos a batir? Peter D'Adamo asegura que se debe a las lectinas de los alimentos. ¿Y qué son las lectinas? Pues un tipo de proteínas cuyos antígenos también producen la activación del sistema inmune y, consecuentemente, el fenómeno de aglutinación en sangre del que hemos hablado al principio. Algunas hasta pueden producir la muerte instantánea en presencia de cantidades infinitesimales al convertir los glóbulos rojos en coágulos que obstruyen las arterias. Es el caso de la ricina que contienen las semillas de castor (Ricinus communis) aunque afortunadamente la mayoría de las lectinas de nuestra dieta no son tan peligrosas.

Y lo importante es que cada grupo sanguíneo reacciona de manera diferente ante ellas. Es decir, hay lectinas alimentarias -hablamos siempre generalizando- que son rechazadas por las personas de un tipo de sangre mientras no ocurre así con otros para los que incluso son beneficiosas.
En suma, ingerir alimentos que contienen lectinas incompatibles con nuestro grupo sanguíneo puede ocasionar diversas dolencias e impedirnos reducir el peso en caso de sobrepeso u obesidad. ¿Y cómo saber a qué alimentos somos intolerantes? Pues mediante un test de intolerancia alimentaria (remito al lector a los artículos ya publicados al respecto) o sometiéndose al denominado Test del Iindicán. Se trata de un análisis que permite calcular la eliminación a través de la orina de indicán, una sustancia del grupo químico de los índoles que se elimina por medio de las heces y la orina cuando el aparato gastrointestinal y el hígado no consiguen digerir las lectinas de un alimento. Como es obvio, cuando alguien consume alimentos ricos en lectinas incompatibles con su grupo sanguíneo se constatará una mayor eliminación de indicán al analizar la orina. Para Peter D'Adamo, si el test da un valor de 0 ó 1 no hay problema, si marca 2 o 3 hay algún problema y si la cifra alcanza 3 o 4 la situación puede considerarse crítica.
ALIMENTOS BENEFICIOSOS, NEUTROS O DESACONSEJADOS
En suma, Peter D'Adamo clasifica los alimentos en relación con los cuatro grupos sanguíneos en beneficiosos, neutros y desaconsejados. Los primeros son -en cada grupo sanguíneo- los que desarrollan un papel nutricional óptimo asegurando además una actividad antioxidante, antimutágena y anticancerígena. Podríamos decir que son "alimentos medicinales". Los segundos llevan a cabo un papel meramente nutritivo. Y los terceros son los que contienen sustancias no digeribles para los individuos de un determinado grupo sanguíneo debido a sus lectinas específicas porque provocan la reacción defensiva del sistema inmune que los aglutina para poder luego eliminarlos.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO 0
Según Peter D'Adamo las personas con sangre del tipo 0 presentan -siempre hablando en general- un sistema inmunitario potente y muy activo, tendencia a una actividad tiroidea lenta, dificultad de adaptación a nuevas condiciones ambientales y nutricionales, bienestar con actividad física o deportiva regular e intensa y un aparato digestivo muy eficiente capaz de metabolizar dietas ricas en proteínas (carnes magras, pescado y marisco). En cuanto a los alimentos que le son muy beneficiosos o perjudiciales puede encontrarlos el lector en el recuadro. Los que no figuran son considerados neutros pero, en general, las personas del tipo 0 deben:
1) Consumir frutas y verduras en abundancia pero reducir el consumo de las crucíferas (coliflor, coles de Bruselas, berzas...) y las hortalizas de la familia de las solanáceas (berenjenas, patatas, etc.) excepto los tomates
2) Consumir carnes magras equilibrando esa aportación con verdura. Deben evitar sin embargo la carne de cerdo, los embutidos, las carnes en conserva y los alimentos en salazón.
3) Consumir pescado y marisco a excepción de pulpo, salmón ahumado, arenques en salazón, caviar y pez gato así como el pescado salado, secado o en conserva.
4) Limitar o evitar el consumo de leche, lácteos, quesos y huevos. Están en cambio permitidos la mantequilla, los quesos frescos magros y los quesos de soja.
5) Eliminar todo producto que contenga trigo y limitar los que llevan maíz y cereales.
6) Evitar las bebidas gaseosas, las colas y el café prefiriendo el té.
7) Practicar alguna actividad física de forma regular. Les van mejor los deportes competitivos que requieren intenso esfuerzo físico.
8) En presencia de problemas utilizar productos fitoterapéuticos o infusiones de diente de león, menta, olmo, fucus, tila, alholva, regaliz, lúpulo y rosa canina. Y evitar las de equinácea, áloe, bardana, genciana, barba de maíz o ruibarbo.
Cabe añadir que los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo 0 son el gluten del trigo, el maíz, las judías, las lentejas y las crucíferas (coles, coliflor y coles de Bruselas). Por el contrario, favorecen la pérdida de peso las algas marinas, la sal yodada (de forma muy moderada), los pescados y mariscos, la carne de hígado, las espinacas y el brócoli.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO A
Las personas con sangre del tipo A presentan según D'Adamo -hablando en general, insistimos- un sistema inmunitario vulnerable, una buena adaptación a condiciones ambientales y nutritivas estables, bienestar con una actividad física o deportiva relajante, un aparato digestivo frágil que tolera mal la carne, la harina de trigo, la leche y los lácteos, y al que le va mejor una dieta vegetariana rica en cereales y legumbres.
Las personas del tipo A deberían pues:
1) Basar su dieta en el consumo de fruta, cereales, legumbres y verduras.
2) Consumir pescado sólo en pequeñas cantidades (carpa, mero, bacalao, merluza, salmón, sardina, trucha) excluyendo los pescados planos como el lenguado y la platija.
3) Limitar o evitar el consumo de carne pero evitando los embutidos, las carnes -especialmente si están en conserva- y los alimentos salados o ahumados (embutidos, carnes en conserva, alimentos en salazón...).
4) Evitar el consumo de leche y productos lácteos. En cambio, la soja y sus derivados le son particularmente beneficiosos.
5) No consumir alimentos precocinados.
6) Consumir de forma habitual semillas oleaginosas y frutos secos pero evitando las nueces brasileñas y los pistachos.
7) Reducir el consumo de productos a base de harina de trigo.
8) Practicar actividades físicas relajantes (yoga, Tai-Chi, bicicleta, natación, excursiones...).
9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, valeriana, áloe, bardana y espino albar pero evitar la barba de maíz y el ruibarbo.
Cabe agregar que los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo A son las carnes, los alimentos lácteos, las habas y el exceso de trigo favoreciendo el adelgazamiento los vegetales, los aceites vegetales, la soja y la piña.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO B
Las personas con sangre del tipo B presentan según D'Adamo un sistema inmunitario activo, facilidad de adaptación ambiental y nutricional, bienestar con actividades físicas o deportivas moderadas y equilibradas, y un aparato digestivo eficiente que le permite seguir una dieta variada y equilibrada con leche y lácteos pero que posee poca tolerancia a los embutidos, la carne de cerdo, el marisco, las semillas y los frutos secos.
Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
1) Llevar una dieta variada y equilibrada.
2) Consumir abundantes frutas y hortalizas de hoja verde.
3) Consumir carnes magras pero evitando las de pollo y cerdo así como los embutidos.
4) Consumir pescado pero evitar los mariscos. No se recomiendan las gambas, los cangrejos, la langosta, los mejillones, las ostras, las almejas, el pulpo, las anchoas, la anguila y los caracoles.
5) Consumir huevos, leche y productos lácteos (es el único que los tolera bien).
6) Limitar los productos a base de trigo y maíz.
7) Limitar el consumo de semillas y frutos secos.
8) Practicar actividades físicas moderadas y equilibradas como los ejercicios aeróbicos, la bicicleta, la natación, el yoga o el tenis.
9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o infusiones de salvia, menta, ginseng, eleuterococo o regaliz pero evitar las de tila, lúpulo, ruibarbo, áloe, barba de maíz y alholva.
En cuanto a los alimentos que favorecen el aumento de peso en las personas del tipo B son el maíz, las lentejas, los cacahuetes, las semillas de sésamo, el trigo y el trigo sarraceno favoreciendo el adelgazamiento los vegetales de hoja verde, el té de palo dulce, la carne -especialmente la de hígado-, los huevos y los lácteos.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO AB
Las personas con sangre del tipo AB presentan según D'Adamo un sistema inmunitario vulnerable, facilidad de adaptación a las condiciones de vida modernas, bienestar con una actividad física o deportiva relajante que exija esfuerzos moderados y un aparato digestivo frágil que precisa una dieta mixta moderada y tolera mal las carnes rojas, la pasta, las alubias y los frutos secos.
Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
1) Limitar el consumo de carnes rojas y evitar las carnes en conserva o ahumadas así como los embutidos.
2) Consumir pescado y marisco pero evitando la langosta, las gambas, los cangrejos, las ostras, las almejas, el pulpo, la lubina, las anchoas y la anguila.
3) Evitar el consumo de productos a base de harina de trigo y limitar el consumo de pasta.
4) Consumir leche, lácteos y quesos... salvo cuando al hacerlo haya producción excesiva de moco con afecciones de las vías altas respiratorias. En tal caso deben suprimirse.
5) Consumir frutas -especialmente ciruelas, uvas, piña y frutas del bosque- y hortalizas en abundancia -sobre todo tomate-.
6) Preferir las grasas vegetales -primando el aceite de oliva- pero evitar el vinagre.
7) Eliminar los encurtidos y la pimienta.
8) Preferir las actividades físicas y deportivas relajantes que exijan sólo esfuerzos moderados.
9) En caso de malestar utilizar productos fitoterapéuticos o infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, eleuterococo, regaliz o espino blanco pero evitar las de tila, lúpulo, áloe, barba de maíz, alholva y ruibarbo.
Terminamos comentando que los alimentos que favorecen según Peter D'Adamo el aumento de peso en las personas del tipo AB son las carnes rojas, el maíz, el trigo, el trigo sarraceno, las alubias, las judías y las semillas de sésamo mientras favorecen el adelgazamiento las verduras, las algas marinas, los pescados, los lácteos, la piña y el tofu.
CONCLUSIÓN
Hasta aquí un breve resumen de lo expuesto por los D'Adamo -padre e hijo-. Sólo nos resta apuntar que a nuestro juicio la generalización propuesta es demasiado amplia y probablemente no responda a la realidad individual aunque sí pueda reflejar las "tendencias". Por otra parte, el Test Indicán permite saber si tenemos problemas con los alimentos pero no conocer cuáles son concretamente los que nuestro organismo rechaza activando las defensas del sistema inmune. Sin embargo, los actuales tests de intolerancia o sensibilidad alimentaria sí los detectan por lo que lo más adecuado es someterse a ellos. Una posibilidad, por cierto, a la que debería optar toda aquella persona a la que se le ha diagnosticado una enfermedad autoinmune. Es muy posible que mejoren simplemente eliminando los alimentos a los que su organismo reacciona con virulencia.

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