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Asunto:(cav) EMOCIONES NEGATIVAS Y ACTIVIDAD CEREBRAL
Fecha:Jueves, 27 de Marzo, 2008  20:40:16 (-0300)
Autor:geraldinemunoz <geraldinemunoz @...net>


Las emociones negativas impactan la actividad cerebral
Reflexionar sobre las emociones ayuda a reducir el impacto negativo en el
cerebro y en el psiquismo


Un estudio realizado en Estados Unidos ha revelado que las emociones impactan
el cerebro, concretamente las regiones de la amígdala y la corteza insular.
Pero también ha demostrado que no estamos indefensos ante ellas, porque
dependiendo de la actitud que tomemos ante determinadas situaciones podemos
controlar la actividad neuronal que las emociones nos provocan. Gracias a
dichas actitudes podemos aumentar nuestro bienestar, y disminuir el impacto de
las situaciones dolorosas.
Por Yaiza Martínez.


Las emociones son fenómenos psicofisiológicos continuos que nos permiten
adaptarnos a ciertos cambios de nuestro entorno. Psicológicamente, alteran la
atención, condicionan nuestras conductas e incluso activan la memoria.

Desde el punto de vista fisiológico, además, las emociones producen respuestas
en el cuerpo, en la forma de expresiones faciales o tonos de voz, por ejemplo.
Pero, ¿qué influencia tienen las emociones en el cerebro?

Una investigación realizada en la Universidad de Standford, en Estados Unidos,
ha analizado el efecto sobre el cerebro de nuestra capacidad de regular las
emociones según sigamos dos estrategias distintas: la reconsideración
cognitiva y la represión expresiva.

Según explican los científicos del departamento de psicología de dicha
universidad, Philippe Goldin y James Gross, en un artículo aparecido en la
revista Biological Psychiatry, la estrategia de reconsideración cognitiva
(pensar sobre lo que está pasando) tendría un impacto temprano en el proceso
de generación emocional, mientras que la represión expresiva (evitar que se
note lo que estamos sintiendo) sería una estrategia de comportamiento cuyo
impacto es tardío, dentro del proceso de generación emocional.

Imágenes cerebrales de las emociones

La reconsideración, según Goldin, es una estrategia cognitiva que altera la
significación de una situación potencialmente desquiciante, y ha sido asociada
anteriormente con niveles reducidos de emociones negativas e incremento
positivo del bienestar.

Goldin pone el siguiente ejemplo para comprender esta estrategia en un
comunicado de la Universidad de Stanford: si vemos a un médico suturando una
herida de alguien, justo antes de dejarnos llevar por el horror de la visión
de la sangre, podemos pensar que el paciente está siendo ayudado y que se
recuperará.

Por el contrario, la represión es una estrategia del comportamiento que
implica la inhibición de la expresión física (no llorar o reír, por ejemplo)
provocadas por las emociones. En anteriores estudios, esta represión emocional
ha sido asociada con el incremento de la respuesta fisiológica a las
emociones, así como con la reducción del bienestar. Es decir, cuando una
emoción es reprimida, el cuerpo puede manifestar un síntoma específico y por
lo general la persona disminuye su nivel de bienestar o felicidad.

Pero, hasta la fecha, explican los científicos en Biological Psichiatry, no se
había realizado un estudio que investigase directamente las bases neuronales
de estas estrategias emocionales. Para conseguirlo, recurrieron a la
exploración por resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica que permite
medir la respuesta hemodinámica o de los flujos sanguíneos, relacionada con la
actividad neuronal del cerebro.

Imágenes desagradables

Un total de diecisiete mujeres en buen estado de salud se prestaron
voluntariamente a colaborar en el estudio. Todas las participantes fueron
mujeres porque, según los científicos, presentan un mayor grado de reactividad
emocional que los hombres, lo que facilitó el trabajo de investigación.

La investigación consistió en mostrar a dichas mujeres una serie de vídeos de
15 segundos de duración, neutros (como de paisajes) o desagradables (como
matanzas de animales u operaciones quirúrgicas), en una pantalla situada a
sólo 15 centímetros de sus caras. A las voluntarias se les pidió que, ante las
imágenes, siguieran una de las estrategias de regulación emocional antes
mencionadas, es decir, que reprimieran sus expresiones faciales, aunque no sus
emociones, o que reflexionaran sobre el significado de lo que estaban viendo.

Mientras veían las imágenes, una cámara colocada cerca de la pantalla de vídeo
grabó las expresiones de sus rostros, registrando cada mueca o tic. Además, su
actividad cerebral fue medida con la fMRI, lo que permitió a los científicos
comparar las áreas del cerebro que se activaban según la estrategia emocional
seguida por las participantes. Inmediatamente después de ver las imágenes, las
mujeres informaron por último sobre el grado de experimentación emocional que
habían sufrido.

Tal y como explica James Gross en el citado comunicado de Stanford, para poder
comprender qué sucede cuando la gente controla emociones muy intensas en su
vida diaria, los científicos tuvieron que provocar emociones potentes, de
manera que pudieran distinguirse bien las partes del cerebro que se activaban
por las emociones y también por las estrategias de regulación emocional.

Resultados

Las imágenes de la fMRI revelaron que, independientemente de la estrategia
empleada por las voluntarias, dos áreas del cerebro están asociadas con la
activación emocional: la amígdala y la ínsula o corteza insular.

Sin embargo, el grado de actividad neuronal en cada una de estas dos regiones,
así como el tiempo de actividad, era marcadamente distinto dependiendo de si
la persona seguía la estrategia de reconsideración cognitiva o la de
represión.

Al final de cada video, la estrategia de reinterpretación consiguió reducir
las emociones negativas, según las mediciones de las expresiones faciales de
las participantes. Asimismo, redujo también la excitación neuronal, según las
imágenes de fMRI tomadas. Estos datos fueron confirmados por las declaraciones
de las propias voluntarias. De hecho, la técnica condicionó los sentimientos
de las participantes muy rápidamente.

Por el contrario, la represión de la expresión facial resultó en un incremento
de la actividad neuronal en la amígdala y la ínsula, aumentó la reactividad
emocional durante la visión del vídeo, así como el tiempo en que resultó más
difícil mantener el rostro “inexpresivo”. En resumen, sólo la reconsideración
cognitiva resultó efectiva para controlar las emociones y redujo la respuesta
fisiológica del sujeto, mientras que la represión realmente incrementó los
niveles de estrés de las voluntarias.

A pesar de estos resultados, Groos y Goldin señalan que ambas estrategias
funcionan bien en determinadas situaciones, mientras que en otras no. Por
ejemplo, si alguien está sometido a abusos, no debe utilizar la
reconsideración para justificar el comportamiento de la persona que lo daña.
Por otro lado, la represión puede ser a menudo crucial para situaciones en las
que las emociones realmente deben controlarse.

Las emociones juegan un importante papel en la vida humana, por lo que
regularlas resulta esencial tanto para nuestra salud mental como para nuestra
salud física. A la inversa, la dificultad para gestionarlas puede suponer el
surgimiento de desórdenes mentales y de ansiedad.

Lo que realmente aporta de nuevo esta investigación es comprobar que las
emociones no dejan indiferente a la actividad cerebral. Por otro lado, también
ha establecido que la represión de las emociones activa la amígdala y la
ínsula. Asimismo, que reflexionar sobre las emociones ayuda a reducir el
impacto negativo en el cerebro y en el psiquismo.

Por último, los autores de esta investigación destacan que sus conclusiones no
pueden generalizarse, ya que hay circunstancias especiales en las que, más que
reflexionar sobre lo que nos hace sufrir, es preciso reaccionar, mientras que
también hay otras en que la represión de las emociones ayuda a controlar una
situación delicada.
(www.tendencias21.net)

Atte.

geraldine muñoz poirier
concepción
chile


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