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Asunto:[difusioncav] Mascarilla de Oxigeno El Rol de mi mismo
Fecha:Lunes, 3 de Octubre, 2005  23:06:17 (-0300)
Autor:Difusión New Age <direcciones.esoterismo @.....com>

¨MASCARILLA DE OXIGENO¨

                                                   

Nunca les hacemos caso. Los sobrecargos en el avión estoicamente cumplen con su labor de darnos las instrucciones para un caso de emergencia. Mientras, los pasajeros en actitud autosuficiente de "Ya me lo sé" oímos sin oír y continuamos con la lectura del periódico o la plática con el vecino.

 

Un día puse atención a esa parte que dice: "Sí viaja con un menor, colóquese usted primero la mascarilla, y después colóquesela al menor". Me imaginé lo difícil que ha de ser en la práctica obedecer. La lógica y el instinto me dirían que en la emergencia si veo a mi hijo, sobrino o nieto de cinco años llorar junto a mí, sin duda le pondría la mascarilla primero.

 

Al preguntarle a la señorita sobrecargo la razón. Me contestó: "Imagínese si usted se desmaya, ¿quién atiende después al niño?" Su respuesta me hizo pensar que el concepto se aplica a nuestras vidas también.

 

El trabajo a contra reloj, los quehaceres, el deber, la prisa, la búsqueda afanosa de logro y perfección, hacen que vivamos la vida como si fuera una gran emergencia. Vivimos al borde del desmayo.

 

El resultado final es que al atender las propias exigencias y las de los demás sin parar, nos aleja de nosotros mismos y de los que más nos necesitan.

 

El problema es que confundimos el darnos un espacio para hacer lo que nos gusta, nos relaja, o nos divierte, con el remordimiento de vernos egoístas, especialmente si esto absorbe tiempo de familia. Lo cierto es que en el fondo estamos insatisfechos.

 

Cuando al abrir la agenda del día, nos damos cuenta que hay un espacio en blanco para hacer lo que queramos. La conciencia se debate entre sentarnos plácidamente a leer el periódico o hacer "algo productivo." Necesitamos darnos permiso, sin sentir culpa. Darnos tiempo para respirar y llenarnos de oxígeno, consentirnos un poco. De otra manera de poco serviremos a los demás.

 

Necesitamos saber decir no. No al trabajo que nos sobrepasa. No a todas las demandas de nuestros hijos y pareja. No a todos los compromisos sociales. No a la cantidad y si a la calidad. De momento nos suena paradójico, ya que desde chicos nos han inculcado lo contrario. Sin embargo de no hacerlo, pondremos en riesgo lo siguiente:

 

Nuestra salud mental El estrés que nos genera el tratar de quedar bien con todos, tiene un impacto negativo en el cerebro. Nos sentimos fatigados, irritables y propensos a la depresión.

 

Nuestra salud física. El estrés crónico continuo provoca niveles altos de adrenalina lo que eleva la presión sanguínea y el ritmo cardiaco. Esto provoca que el sistema inmunológico se debilite y por ende nos enfermemos.

 

Nuestras relaciones. El no darnos un espacio a nosotros mismos a corto plazo puede de momento parecernos razonable. Después de un tiempo, nos damos cuenta que el ignorar nuestras propias necesidades por atender a todos, es la razón misma por la que surgen los problemas con ellos. Los estudios comprueban que cuando una relación familiar explota no es porque estamos muy ocupados, sino por la insatisfacción de no estar disfrutando de la vida.

 

Si durante el día nos privamos de tener ratos de paz, reflexión y placer, suceden dos cosas negativas: Nos convertimos en un mal ejemplo para nuestros hijos, y al término de la jornada estamos tan cansados que no nos queda energía para estar con ellos.

 

Una vez que nos concentramos en nuestras necesidades, y las atendemos asertivamente y con prudencia, todo nuestro esquema de la vida toma otro giro.

 

Cuando nos entreguemos a los demás en forma de tiempo, cuidado y atención, lo haremos basado en nuestra voluntad y disposición. Además de la enorme satisfacción que nos da el sentirnos en control de nuestras vidas.

 

Busquemos el tiempo.

 

Preguntémonos, ¿Qué me relaja? ¿Qué me gusta? ¿Qué me divierte? A veces ya ni nosotros mismos sabemos. Sería bueno sentarnos por un rato y escribir aquello que más nos gusta hacer. Quizá tomar un baño de tina caliente rodeada de velas prendidas, hacer ejercicio, tomar un masaje, telefonear a mis amigos, leer, escuchar música, salir a caminar o comer chocolates.

 

Si esperamos a palomear toda la lista de pendientes para darnos permiso de dejar un espacio en blanco de la agenda cotidiana, nunca lo haremos. Siempre estará llena, incluso el día de nuestro funeral. La única solución es reservarnos un tiempo con el mismo compromiso y respeto que lo haríamos para una cita con el doctor o con el jefe.

 

Márquelo con pluma en su agenda, por ejemplo: Viernes de 1:30 a 4:30, y esa cita es sagrada. Cuando le digan: "Es que urge que te presentes" o "es muy importante que le llames" o "necesito que atiendas este asunto", tendremos que aprender a decir: "No puedo, ya tengo otros planes." Al principio será difícil, sin embargo es una manera eficiente de mantener el balance en nuestras vidas.

 

La próxima vez que viaje en un avión, ponga atención a lo que los sobrecargos nos dicen, y recuerde, No podemos dar lo que no tenemos. "Si yo me desmayo, ¿quién atiende después al niño?




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