eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > diosexiste > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 2701 al 2730 
AsuntoAutor
El Adviento es tie Alfa Rom
¿Cómo puedo conoce Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
¿Dios castiga? 8 Alfa Rom
La familia no es p Alfa Rom
Cuando te sientes Alfa Rom
Los Tres Leones Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Juan Nepomuceno de Alfa Rom
No importa que tan Alfa Rom
¿Qué quiere decir Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Santa Bárbara Alfa Rom
¿Dios castiga? 9 Alfa Rom
Ser Agradecidos Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Tiene 16 años y tr Alfa Rom
Creía ser bisexual Alfa Rom
Aroa Carrasco fue Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Dionisia, Mayórico Alfa Rom
Jesucristo vela po Alfa Rom
¿Dios castiga? 10 Alfa Rom
Vivir de prestado Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
«¿Con qué tiempo v Alfa Rom
1ª predicación de Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Narcisa de Jesús M Alfa Rom
Virgen de la Dulce Alfa Rom
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Dios Existe

Mostrando mensaje 36831     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[diosexiste] Lecturas, Santoral y Liturgia de las horas del Sábado 04 de Diciembre de 2021
Fecha: 4 de Diciembre, 2021  00:55:55 (+0100)
Autor:Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>

Sábado 1ª semana de Adviento


Lecturas del Sábado 04 de Diciembre de 2021

Is 30,19-21.23-26: Se apiadará de tu gemido
Salmo 146: Dichosos los que esperan en el Señor
Mt 9,35-38–10,1.6-8: Jesús se compadecía de ellos

Santoral:

Juan Damasceno, Bárbara

Liturgia de las horas
Lecturas

Isaías 30,19-21.23-26

Se apiadará a la voz de tu gemido

Así dice el Señor, el Santo de Israel: "Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: "Éste es el camino, camina por él."

Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla. En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe."

Salmo responsorial: 146

Dichosos los que esperan en el Señor.

Alabad al Señor, que la música es buena; / nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. / El Señor reconstruye Jerusalén, / reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados, / venda sus heridas. / Cuenta el número de las estrellas, / a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso, / su sabiduría no tiene medida. / El Señor sostiene a los humildes, / humilla hasta el polvo a los malvados. R.

Mateo 9,35-10,1.6-8

Al ver a las gentes, se compadecía de ellas

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

A estos doce los envió con estas instrucciones: "Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis."

Comentarios:

dominicos.org
Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Casa Ntra.Sra. de los Ángeles (Vitoria)

Un camino de esperanza

El profeta Isaías nos acompaña en este tiempo del Adviento. Es el maestro de la esperanza. Él nos alecciona con el programa que Dios tiene, lleno de gracia salvadora. Y nos anima a dejar todo pesimismo y mirar hacia el futuro de la venida del Salvador.

Dios no quiere lloros, ni catástrofes, pandemias, ni la sequía de los campos, sino que la naturaleza y las cosechas sean abundantes. El profeta nos asegura que nuestro Dios es un Dios cercano, que nos escucha y nos conoce por nuestro nombre. Si acudimos a él oiremos muy cerca  su voz que nos dice Este es mi camino, camina por él.

El profeta habla a un pueblo que está desanimado políticamente y religiosamente. Y se dirige a los pobres y a los afligidos para darles ánimos. Y les anuncia que Dios no les olvida, que se apiada de ellos porque es rico en misericordia. El anuncio de esperanza del profeta se cumplirá en Cristo Jesús.

Ve, y predica

 “Jesús se compadeció”de aquella gente que se reunió en torno a él porque vagaba desorientada y solitaria; buscaba un guía que le congregara. Esa muchedumbre corresponde a muchos cristianos encerrados en sí mismos, a pesar de sus rezos y prácticas religiosas. Cristo quiere liberarnos para hacernos liberadores. La primera mediación es la comunidad. El que nos reunamos junto a él no sólo reunidos, sino también unidos a escuchar su palabra y compartirla, Y vivir así como hermanos.

Jesús libera y convierte en hombres nuevos a sus discípulos para que, a su vez, sean liberadores, continuadores del anuncio de la Buena Noticia y de la obra liberadora de toda opresión. De aquí se deduce que el que no libera es porque no está liberado; el que no evangeliza es que no está evangelizado. ¡Cómo se puede callar uno viendo a hermanos alimentarse de desperdicios cuando él participa de manjares suculentos! Sería una traición imperdonable. “La orden dada a los doce: “Id y proclamad la Buena Noticia” vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos.

¿A quienes evangelizar? A todos, comenzando por los más cercanos, porque nos debemos más a ellos: “las ovejas descarriadas de Israel ¿Qué mensaje transmitir? La Buena Noticia” de momento, para que el anuncio se abra en círculos más amplios. Hemos de salir del Adviento más liberados y más liberadores.


evangelizacion.org.mx/liturgia/
P. Ernesto María Caro
Evangelización activa


El evangelista recurre a la vida diaria de la gente sencilla para hacerles ver la urgencia de la predicación y extensión del reino de los cielos. Este reino es la presencia actuante de Dios en el corazón y la vida de los que le son fieles.


Jesús siente la urgencia de que sea Dios quien gobierne la vida de aquellos que aceptan su invitación a tener en Dios a un padre y ver en los demás a hermanos muy queridos. Él mismo invierte todo su tiempo y esfuerzos en hacer saber que Dios quiere la felicidad de todos y lo hace porque es nuestro Padre, es una tarea que no se pude aplazar. Como un hombre sensible -semejante a su Padre misericordioso- se compadece de quienes le siguen porque ve que su vida, actuación y predicación es realmente Buena Noticia.

Pero la necesidad es tanta que rebasa las capacidades del hombre, por eso se vuelve la mirada al Padre, para que los frutos obtenidos por el trabajo de evangelización no se pierdan. La gente deambula como ovejas sin cuidado, comida, atención y protección, Jesús quiere ser la respuesta a todas las necesidades, pero espera que nosotros también lo seamos.


Monasterio Visitación de Santa María - Pasto
P. Guillermo Feldmann


Cuando terminaba de meditar este Evangelio me latía con fuerza en el corazón la invitación que tantas veces Jesús hizo a sus discípulos: “Ven, y sígueme”. Esta invitación sigue tan en pie como en aquella época, hoy Jesús nos vuelve a susurrar a nuestro oído y en lo profundo de nuestro corazón, “vení y seguime”; vení y seguime que te necesito porque la cosecha es abundante, y los trabajadores son pocos.

Frente a esta invitación me preguntaba qué podemos dar para ayudar o en qué nos puede necesitar Jesús, teniendo en cuenta la exhortación con la que termina hoy el Evangelio: “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”. Creo que todo lo que hemos recibido de Dios, desde su gran amor y generosidad, y me refiero a los dones, a los talentos, a los carismas y hasta la propia vida, son para ponerlos al servicio de los demás.

Y si somos capaces de hacer todo lo que Jesús nos diga nos convertiremos en canal de bendición de Dios, a favor de tantos hermanos que aún no conocen que hay un Dios capaz de hacer nuevas todas las cosas, que hay un Dios capaz de romper cadenas, que hay un Dios que puede sanar nuestras heridas y curar nuestras dolencias.

Este llamado que Jesús nos hace es urgente, y no se puede posponer, quizás sea tiempo de que nos preguntemos o que te preguntes: si Dios te ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y terrenales, ¿qué estás dispuesto a ofrecer?, ¿qué cosas darías de tu vida para que el reino de Dios se haga presente en medio de nosotros?.

No te olvides nunca de estas palabras que Jesús también un día nos enseñó: “El que quiera salvar su vida la perderá, quien la pierda por mí y por la Buena Noticia la salvará”. Que tengas un día lleno de bendición, y la luz de Jesús siempre te acompañe. Amén.

ciudadredonda.org
Misioneros claretianos

Jesús es la manifestación del reinado de Dios, por eso Él recorre las ciudades y las aldeas predicando con autoridad y haciendo palpable los efectos de esa predicación a través de las curaciones. Es evidente que la razón de ser de toda la vida de Jesús es dejar claro a todo el mundo que el reino de su Padre ha llegado, que es una buena noticia capaz de transformar la realidad. Jesús no se queda inmóvil frente al sufrimiento de la gente, siente compasión y vive con intensidad la misión de predicar, enseñar y curar, es decir, de transmitir vida a quienes les hace falta. Jesús inicia este movimiento del Reino, pero es consciente que su tarea debe ser continuada, por eso llama a sus apóstoles, les llena de su autoridad y los envía a predicar y a realizar nuevos signos que hagan presente el Reino de su Padre.

Nosotros somos los nuevos apóstoles, que hemos recibido el envío misionero de Jesús y hemos sido investidos de su poder contra el mal. ¿Cómo vives esta dimensión apostólica de tu vocación cristiana? Nuestro mundo de hoy necesita escuchar, ver y sentir la presencia de Dios; sigue habiendo multitudes extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor. Nos toca orar como Jesús para que nunca falte en nuestro mundo personas que como él dediquen su vida entera a hacer presente el Reino del Padre con palabras, gestos y acciones. Pero no sólo orar, que no es poco, también nos corresponde proclamar, curar, resucitar, es decir, dar gratis lo que hemos recibido gratis. No podemos quedarnos quietos, ni ser mezquinos. El que ha sido tocado por el amor, el que ha experimentado que el Reino es real y está presente en su vida y en la historia no puede vivir sino como vivió su Maestro. Que este tiempo de adviento nos permita ser más conscientes de lo mucho que hemos recibido del Señor porque sólo así estaremos dispuestos a vi ir entregados sin cálculos. Conjugaremos los verbos de Jesús: amar, orar, servir, anunciar, curar, resucitar…


evangeliodeldia.org
San Bernardo (1091-1153)
Monje cisterciense y doctor de la Iglesia

7º Sermón de Adviento

«Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ellos porque estaban fatigados y abatidos»

Al celebrar devotamente el adviento del Señor, no hacemos más que lo que debemos hacer; puesto que no viene sólo a nosotros, sino también por nosotros; aquel soberano Rey, que no tiene necesidad de nuestros bienes, verdaderamente la misma grandeza de su dignidad, manifiesta con mayor claridad, lo grande de nuestra necesidad. No sólo se conoce el peligro de la enfermedad, por el precio de la medicina, sino que también se conoce la multitud de achaques, por la abundancia de los remedios.

Por eso es necesario del advenimiento del Señor, por eso es necesaria a los hombres así oprimidos, la presencia de Cristo, y ojalá de tal modo venga, que por su copiosísima dignación, habitando en nosotros por la fe, ilumine nuestra ceguera; permaneciendo con nosotros, ayude nuestra debilidad, y estando por nosotros, proteja y defienda nuestra fragilidad. Porque, si él está en nosotros ¿quién nos engañará?, si está con nosotros ¿qué no podremos en el Señor, que nos conforta? (Fil. 4,13) “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8,31) Jesús Cristo es el consejero fiel que de ningún modo puede ser engañado, ni engañar, fuerte auxilio, que no se cansará... Es la sabiduría de Dios, la fuerza misma de Dios (1 Co 1,24)... A este tan gran Maestro, hermanos míos, recurramos en toda deliberación, esta poderosa ayuda invoquemos en toda decisión, a este protector tan fiel encomendemos nuestras almas en todos los combates, el cual vino al mundo, para que habitando en los hombres, con los hombres y por los hombres, se iluminasen nuestras tinieblas, y se suavizasen nuestros trabajos, y se apartasen nuestros peligros.


evangeli.net
Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer
(Barcelona, España)

«Rogad (...) al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies»

Hoy, cuando ya llevamos una semana dentro del itinerario de preparación para la celebración de la Navidad, ya hemos constatado que una de las virtudes que hemos de fomentar durante el Adviento es la esperanza. Pero no de una manera pasiva, como quien espera que pase el tren, sino una esperanza activa, que nos mueve a disponernos poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que Jesús pueda nacer de nuevo en nuestros corazones.

Pero hemos de tratar de no conformarnos sólo con lo que nosotros esperamos, sino —sobre todo— ir a descubrir qué es lo que Dios espera de nosotros. Como los doce, también nosotros estamos llamados a seguir sus caminos. Ojalá que hoy escuchemos la voz del Señor que —por medio del profeta Isaías— nos dice: «El camino es éste, síguelo» (Is 30,21, de la primera lectura de hoy). Siguiendo cada uno su camino, Dios espera de todos que con nuestra vida anunciemos «que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7).

El Evangelio de hoy nos narra cómo, ante aquella multitud de gente, Jesús tuvo compasión y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38). Él ha querido confiar en nosotros y quiere que en las muy diversas circunstancias respondamos a la vocación de convertirnos en apóstoles de nuestro mundo. La misión para la que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo requiere de nosotros que seamos sus continuadores. En nuestros días también encontramos una multitud desorientada y desesperanzada, que tiene sed de la Buena Nueva de la Salvación que Cristo nos ha traído, de la que nosotros somos sus mensajeros. Es una misión confiada a todos. Conocedores de nuestras flaquezas y handicaps, apoyémonos en la oración constante y estemos contentos de llegar a ser así colaboradores del plan redentor que Cristo nos ha revelado.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Para una mies abundante son pocos los trabajadores. Al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio quienes se dediquen a anunciarlas. Rogad también por nosotros, para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros» (San Gregorio Magno)

  • «El mundo no es un conjunto de penas y dolores. Toda la angustia que exista en el mundo está amparada por una misericordia amorosa. Quien celebre así el Adviento podrá hablar de la Navidad feliz, bienaventurada y llena de gracia» (Benedicto XVI)

  • «Con el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: ‘Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre’» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 456)


fraynelson.com
Fray Nelson Medina OP

1. Dios ya no se esconde

1.1 Si hay una noticia consoladora es aquella que hoy nos regala el profeta: Dios ya no se esconde. Se deja sentir y atiende las súplicas. Dulce noticia, porque si hay algo torturante es el silencio de Dios. La luz crece de tal modo que la luna se equipara al sol mientras el sol adquiere el brillo perfecto.

1.2 Mas esa cercanía de Dios va en las dos direcciones. El mismo Dios que acoge las súplicas deja escuchar su voz y muestra el camino correcto. Esto debe ser destacado, porque a veces nos gusta que el Señor se haga presente para atender nuestra voz pero luego no nos interesa que esté cerca para que atendamos su voz.

1.3 Hay una señal, un punto que marca el comienzo de esa cercanía; algo que no quisiéramos oír. Se trata del día de la gran matanza. No debiera ser así. El ser humano debería aprender a obedecer sin que tantos tuvieran que morir. La humanidad debería sentirse acompañada sin necesidad de saberse sobreviviente. Mas la obstinación humana ha conducido a eso: pareciera que necesitamos del horror de la muerte para reconocer el pecado, y necesitamos del vértigo de la supervivencia para aprender a agradecer.

2. Tiempo de cosecha

2.1 El evangelio de hoy habla también de un tiempo final. Es la imagen clásica de la cosecha: el tiempo de la verdad. Sólo en la cosecha se sabe qué había en esas semillas. Y Cristo anhela un mayor número de trabajadores para la cosecha. Trabajaores que hagan aparecer el tiempo de la verdad.

2.2 El texto del evangelio, en efecto, suele ser interpretado como una invitación a trabajar, y ello no es del todo cierto. No es exactamente una invitación a trabajar sino una invitación a cosechar. La historia ha madurado y falta gente que saque la verdad que está oculta pero ya cercana en todo ese tiempo de larga maduración.

2.3 Un evangelizador, pues, no es simplemente un trabajador, ni siquiera un "buen" trabajador. Es alguien que porta la luz suficiente para descubrir y hacer presente la llegada del Reino. Mira con una hondura impresionante qué está maduro y lo recoge para los graneros de su Señor. En este sentido un evangelizador no malgasta energías tratando de convencer a base de palabras y contiendas; más bien, huyendo "de las discusiones estériles" (cf. 1 Tim 6,3-5), busca lo que está maduro para Dios. En el caso del evangelio, las ovejas de la casa de Israel; en otros casos, según va mostrando el Espíritu Santo, de acuerdo con lo que leemos en los Hechos de los Apóstoles.


Santoral
Juan Damasceno
Santo,
Memoria Litúrgica


Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia, célebre por su santidad y por su doctrina, que luchó valerosamente de palabra y por escrito contra el emperador León Isáurico para defender el culto de las sagradas imágenes, y hecho monje en la laura de San Sabas, cerca de Jerusalén, compuso himnos sagrados y allí murió. Su cuerpo fue enterrado en este día (c. 750).

Etimológicamente: Juan = Dios es misericordia, es de origen hebreo.

Nota: Anteriormente se lo celebraba el 27 de marzo

Breve Biografía


Juan Damasceno (Yahia ibn Sargun ibn Mansur, nacido a mediados del siglo VII de una familia árabe cristiana y muerto en el 749) es considerado el último representante de la patrología griega y el equivalente oriental de San Isidoro de Sevilla por sus obras monumentales como la Fuente del conocimiento. Su actividad literaria es multiforme: pasa con autoridad de la poesía a la liturgia, de la elocuencia a la filosofía y a la apologética. Hijo de un alto funcionario del califa de Damasco, Juan fue compañero de juegos del príncipe Yazid, que más tarde lo promovió al mismo puesto del padre, que corresponde en cierto modo al de ministro de Hacienda. En calidad de “Logothete”, fue representante civil de la comunidad cristiana ante las autoridades árabes.

A un cierto punto Juan renunció a la corte y a su alto cargo, probablemente por las tendencias anticristianas del califa. En compañía del hermano Cosme, futuro obispo de Maiouma, se retiró al monasterio de San Sabas cerca de Jerusalén, en donde, ordenado sacerdote, profundizó su formación teológica, preparándose para el cargo de predicador titular de la basílica del Santo Sepulcro.

Era el período en el cual el emperador de Bizancio, León III Isáurico, inauguraba la política iconoclasta, es decir, desterraba todas las imágenes sagradas, cuyo culto era considerado como un acto de idolatría. El anciano patriarca de Constantinopla, San Germán, defendió el culto tradicional explicando la verdadera naturaleza del homenaje que se les rendía a las imágenes, pero pagó con la destitución su acto de valentía. Desde Jerusalén, bajo el dominio árabe, se hizo oír otra voz en favor del culto de las imágenes, la del entonces desconocido monje Juan Damasceno o de Damasco, que con sus Tres discursos en favor de las sagradas imágenes se impuso inmediatamente a la atención del mundo cristiano. El emperador, no pudiendo atacar directamente al monje, recurrió vilmente a la calumnia, haciendo falsificar una carta de Juan, en la que éste habría tramado una conjuración para restituir el dominio de la ciudad de Jerusalén al emperador bizantino.

En esta disputa teológica, hecha de sutiles distinciones, Juan pudo demostrar toda su preparación teológica, puesta al servicio no sólo del patriarca de Jerusalén, sino de toda la Iglesia. En efecto, el segundo concilio de Nicea, en reparación de las injurias recibidas por el defensor de la ortodoxia, proclamó no sólo su ciencia, sino también su santidad. León XIII lo proclamó doctor de la Iglesia en el año 1890.

La Iglesia lo recuerda el 4 de Diciembre, aunque en muchos sitios se mantiene la fecha tradicional antigua de festejarlo el 27 de Marzo.

¿Quieres saber más? Consulta
corazones.org


Liturgia de las horas
Oficio de Lecturas

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

INVITATORIO

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que esta salvación de Dios, ha sido enviada a los gentiles (Hch 28, 28).

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.
 
Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.
 
Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.
 
Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.
 
Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMODIA 

Ant. 1. Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Salmo 104
LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN REALIZA LAS PROMESAS HECHAS POR DIOS A ABRAHÁN
Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida (S. Atanasio).
I

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas,
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
 
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
 
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
 
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
"A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad".
 
Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
"No toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas".

Ant. Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Ant. 2. No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

II

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo;
 
le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
 
El rey lo mandó desatar,
el Señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase sabiduría a los ancianos.

Ant. No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Ant. 3. Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

III

Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus enemigos.
 
A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.
 
Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dio muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.
 
Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el territorio;
les dio en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.
 
Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
 
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
entre sus tribus nadie tropezaba;
los Egipcios se alegraban de su marcha,
porque los había sobrecogido el terror.
 
Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que los alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos por el desierto.
 
Porque se acordaba de la palabra sagrada,
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo.
 
Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las haciendas de las naciones:
para que guarden sus decretos,
y cumplan su ley.

Ant. Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

VERSÍCULO

V. El Señor anuncia su palabra a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.

PRIMERA LECTURA

Año I:

Del libro del profeta Isaías 13, 1-22
EL DÍA DEL SEÑOR

Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós:
Sobre el monte pelado izad la bandera, levantad la voz a ellos, agitad la mano y que entren por las puertas de los nobles. Yo he mandado a mis consagrados y también he llamado a mis valientes, para ejecutar mi ira a mis gallardos.
Escuchad: ¡Ruido estruendoso en los montes, como de mucha gente! ¡Ruido estrepitoso de reinos, naciones reunidas! el Señor de los ejércitos pasa revista a su tropa de combate. Vienen de tierra lejana, del cabo de los cielos, el Señor y los instrumentos de su enojo para arrasar toda la tierra.
Ululad, que cercano está el Día del Señor, como la destrucción de Sadday viene. Por eso todos los brazos decaen y todo corazón humano se derrite. Se empavorecen, angustias y apuros les sobrecogen, cual parturienta se duelen. Cada cual se asusta de su prójimo. Son los suyos rostros llameantes. He aquí que el Día del Señor viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores. Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna.
Pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré. Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino, y la humanidad más que metal de Ofir. Por eso haré temblar los cielos, y se removerá la tierra de su sitio, en el arrebato del Señor de los ejércitos, en el día de su ira hirviente. Será como gacela acosada, como ovejas cuando no hay quien las reúna: cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra. Todo el que fuere descubierto será traspasado, y todo el que fuere apresado caerá por la espada. Sus párvulos serán estrellados ante sus ojos, serán saqueadas sus casas, y sus mujeres violadas.
He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni desean el oro. Machacarán a todos sus muchachos, estrellarán a todas sus muchachas, del fruto del vientre no se apiadarán ni de las criaturas tendrán lástima sus ojos.
Babilonia, la flor de los reinos, prez y orgullo de Caldea, será semejante a Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios. No será habitada jamás ni poblada en generaciones y generaciones, ni pondrá tienda allí el árabe, ni pastores apacentarán allí. Allí tendrán aprisco bestias del desierto y se llenarán sus casas de mochuelos. Allí morarán las avestruces y los sátiros brincarán allí. Se responderán las hienas en sus alcázares y los chacales en sus palacios de recreo. Su hora está para llegar y sus días no tendrán prórroga.

RESPONSORIO Ap 18, 2. 4. 5

V. Grande es el día del Señor, terrible es, ¿quién lo resistirá? 
R. Pero ahora convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso.
V. Ha llegado el día grande de la ira del que está sentado en el trono y del Cordero: y ¿quién podrá resistir?
R. Pero ahora convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso.

Año II:

Del libro del profeta Isaías 21, 6-12
EL VIGÍA ANUNCIA LA RUINA DE BABILONIA

Así me ha dicho el Señor:
«Anda, pon un vigía que vea y avise. Cuando vea carros, troncos de caballos, jinetes en burro, jinetes en camello, preste atención, mucha atención y que grite: “Lo veo”.»
Como vigía, Señor, yo mismo sobre la atalaya estoy de pie a lo largo del día, y en mi puesto de guardia estoy firme noches enteras. Pues bien: por ahí vienen jinetes, troncos de caballos y anuncian:
«¡Cayó, cayó Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han estrellado contra el suelo!»
Trilla mía y parva de mi era: lo que he oído de parte del Señor de los ejércitos, Dios de Israel, os lo he anunciado. Oráculo contra Edom. Alguien me grita desde Seír:
«Centinela, ¿qué hay de la noche? Centinela, ¿qué hay de la noche?»
Responde el centinela:
«Se hizo de mañana y también de noche. Si queréis preguntar, volveos, venid.»

RESPONSORIO Ap 18, 2. 4. 5

V. Gritó el ángel con voz potente: «¡Cayó Babilonia la grande!» Y oí luego otra voz que decía desde el cielo:
R. «Salid de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados.»
V. Sus delitos se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
R. Salid de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados.

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, sobre los bienes de la paciencia
(Núms. 13 y 15: CSEL 3, 406-408)
LA ESPERANZA NOS SOSTIENE

Es saludable aviso del Señor, nuestro maestro, que el que persevere hasta el final se salvará. Y también este otro: Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Hemos de tener paciencia, y perseverar, hermanos queridos, para que, después de haber sido admitidos a la esperanza de la verdad y de la libertad, podamos alcanzar la verdad y la libertad mismas. Porque el que seamos cristianos es por la fe y la esperanza; pero es necesaria la paciencia, para que esta fe y esta esperanza lleguen a dar su fruto. Pues no vamos en pos de una gloria presente; buscamos la futura, conforme a la advertencia del apóstol Pablo cuando dice: En esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que se ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Así pues, la esperanza y la paciencia nos son necesarias para completar en nosotros lo que hemos empezado a ser, y para conseguir, por concesión de Dios, lo que creemos y esperamos. En otra ocasión, el mismo Apóstol recomienda a los justos que obran el bien y guardan sus tesoros en el cielo para obtener el ciento por uno, que tengan paciencia, diciendo: Mientras tenemos ocasión, trabajemos por el bien de todos, especialmente por el de la familia de la fe. No nos cansemos de hacer el bien, que, si no desmayamos, a su tiempo cosecharemos.
Estas palabras exhortan a que nadie, por impaciencia, decaiga en el bien obrar o, solicitado y vencido por la tentación, renuncie en medio de su brillante carrera echando así a perder el fruto de lo ganado, por dejar sin terminar lo que empezó. En fin, cuando el Apóstol habla de la caridad, une inseparablemente con ella la constancia y la paciencia: La caridad es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educada ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Indica, pues, que la caridad puede permanecer, porque es capaz de sufrirlo todo. Y en otro pasaje escribe: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vinculo de la paz. Con esto enseña que no puede conservarse ni la unidad ni la paz si no se ayudan mutuamente los hermanos y no mantienen el vínculo de la unidad, con auxilio de la paciencia.

RESPONSORIO Ha 2, 3; Hb 10, 37

V. Se acerca su término y no fallará.
R. Si tarda, espéralo, porque ha de llegar sin falta.
V. Todavía un poco de tiempo, un poco nada más: y el que ha de venir vendrá.
R. Si tarda, espéralo, porque ha de llegar sin falta.

ORACIÓN

Señor Dios, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida alcanzar la gracia de la libertad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.  
R. Demos gracias a Dios.


Laudes

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

INVITATORIO 

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle. 

Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que esta salvación de Dios, ha sido enviada a los gentiles (Hch 28, 28). 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle. 

HIMNO 

Ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia.
 
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
 
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
 
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
 
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

SALMODIA

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Salmo 118, 145-152
XIX (Kof)

Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
 
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
 
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cántico Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO
Los que habían vencido a la bestia cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios (Ap 15, 2. 3).

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
 
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
 
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
 
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
 
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»
 
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.
 
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?
 
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
 
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones. 

Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
 

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
 
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Ant. Alabad al Señor, todas las naciones.

LECTURA BREVE  Is 11, 1-3a

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

RESPONSORIO BREVE

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No temas, Sión; mira que tu Señor vendrá. Aleluya.

BENEDICTUS Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
 
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
 
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
 
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
 
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No temas, Sión; mira que tu Señor vendrá. Aleluya.

PRECES

Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:

Guarda a tu pueblo, Señor.
 
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia,
— vela por la santidad de tu Iglesia.
 
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra,
— y afianza la santidad de tus fieles.
 
Por tu Espíritu consérvanos en el amor,
— para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.
 
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia,
— hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

ORACIÓN

Señor Dios, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida alcanzar la gracia de la libertad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO 

¡Luz que te entregas!, 
      ¡luz que te niegas!, 
      a tu busca va el pueblo de noche: 
      alumbra su senda. 
 
Dios de la luz, presencia ardiente 
sin meridiano ni frontera: 
vuelves la noche mediodía, 
ciegas al sol con tu derecha.  

Como columna de la aurora, 
iba en la noche tu grandeza; 
te vio el desierto, y destellaron 
luz de tu gloria las arenas.  

Cerró la noche sobre Egipto 
como cilicio de tinieblas; 
para tu pueblo amanecías 
bajo los techos de las tiendas.  

Eres la Luz, pero en tu rayo 
lanzas el día o la tiniebla: 
ciegas los ojos del soberbio, 
curas al pobre su ceguera.  

Cristo Jesús, tú que trajiste 
fuego a la entraña de la tierra, 
guarda encendida nuestra lámpara 
hasta la aurora de tu vuelta. Amén. 

SALMODIA 

Ant. 1. Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas.

Salmo 118, 105-112
XIV (Nun)
HIMNO A LA LEY DIVINA
Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros (Jn 15, 12).

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
 
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
 
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

 Ant. Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas.

Ant. 2. Fortaleced las manos débiles, sed fuertes y decid: «Mirad a nuestro Dios que viene y nos salvará.» Aleluya.

Salmo 15
EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD
Dios resucitó a Jesús, rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24).

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
 
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
 
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
 
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
 
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
 
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Ant. Fortaleced las manos débiles, sed fuertes y decid: «Mirad a nuestro Dios que viene y nos salvará.» Aleluya.

Ant. 3.  La ley se nos dio por mediación de Moisés; pero la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo.

Cántico Flp 2, 5-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
 
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
 
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el "Nombre—sobre—todo—nombre";
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Ant. La ley se nos dio por mediación de Moisés; pero la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo.

LECTURA BREVE 1 Ts 5, 23-24

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.

RESPONSORIO BREVE

V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ven, Señor, y danos tu paz; tu visita nos retornará a la rectitud y podremos alegrarnos en tu presencia.

MAGNIFICAT Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
 
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
 
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
 
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ven, Señor, y danos tu paz; tu visita nos retornará a la rectitud y podremos alegrarnos en tu presencia.

PRECES
 
Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que nació de la Virgen María, y digámosle:
 
Ven, Señor Jesús.
 
Hijo unigénito de Dios, que has de venir al mundo como mensajero de la alianza,
—haz que el mundo te reciba y te reconozca.
 
Tú que, engendrado en el seno del Padre, quisiste hacerte hombre en el seno de María,
—líbranos de la corrupción de la carne.
 
Tú que, siendo la vida, quisiste experimentar la muerte,
—no permitas que la muerte pueda dañar a tu pueblo.
 
Tú que, en el día del juicio, traerás contigo la recompensa,
—haz que tu amor sea entonces nuestro premio.
 
Señor Jesucristo, que por tu muerte socorriste a los muertos,
—escucha las súplicas que te dirigimos por nuestros difuntos.
 
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

ORACIÓN

Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Completas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido, agradezcamos sus dones y reconozcamos humildemente nuestros pecados.

Todos examinan en silencio su conciencia. Terminado el examen se añade una de las siguientes fórmulas penitenciales:

I
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.  

II
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

HIMNO

El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.
 
Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.
 
Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
"Gracias, Señor, por este día".
 
Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti confía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran día.
 
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén 

SALMODIA

Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4
ACCIÓN DE GRACIAS
El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los muertos (S. Agustín).

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
 
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
 
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
 
Hay muchos que dicen: "¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?"
 
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
 
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO
Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes (Ap 19, 5).

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.
 
Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.
 
El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.

LECTURA BREVE Dt 6, 4-7

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

RESPONSORIO BREVE

V. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. 

Cántico de Simeón Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. 

ORACIÓN

Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.

INVOCACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.















































Antivirus gratuito: Panda On Line
Herramientas contra virus: Panda
Cursos Bíblicos gratuitos por Internet: Aula de la Biblia
¿Deseas escuchar música cristiana?: Radio Carisma
Libros católicos gratuitos: Servicio Koinonía

Suscríbete a Dios Existe
Alojado en egrupos.net
contador para web
contador de visitas para web

Inicio | Apúntate | Bazar | Grupos | Gente | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos is a service of AR Networks
Copyright © 1999-2004 AR Networks, All Rights Reserved
Terms of Service