eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > diosexiste > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 2701 al 2730 
AsuntoAutor
El Adviento es tie Alfa Rom
¿Cómo puedo conoce Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
¿Dios castiga? 8 Alfa Rom
La familia no es p Alfa Rom
Cuando te sientes Alfa Rom
Los Tres Leones Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Juan Nepomuceno de Alfa Rom
No importa que tan Alfa Rom
¿Qué quiere decir Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Santa Bárbara Alfa Rom
¿Dios castiga? 9 Alfa Rom
Ser Agradecidos Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Tiene 16 años y tr Alfa Rom
Creía ser bisexual Alfa Rom
Aroa Carrasco fue Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Dionisia, Mayórico Alfa Rom
Jesucristo vela po Alfa Rom
¿Dios castiga? 10 Alfa Rom
Vivir de prestado Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
«¿Con qué tiempo v Alfa Rom
1ª predicación de Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Narcisa de Jesús M Alfa Rom
Virgen de la Dulce Alfa Rom
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Dios Existe

Mostrando mensaje 36835     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[diosexiste] Lecturas, Santoral y Liturgia de las horas del Domingo 05 de Diciembre de 2021
Fecha: 5 de Diciembre, 2021  03:29:10 (+0100)
Autor:Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>

Domingo 2º de Adviento


Lecturas del Domingo 05 de Diciembre de 2021

Baruc 5,1-9: Dios mostrará su esplendor
Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres
Filipenses 1,4-6.8-11: Que entre ustedes crezca el amor
Lucas 3,1-6: Todos verán la salvación de Dios

Santoral:

Sabas

Liturgia de las horas
Lecturas

Baruc 5, 1-9

Dios mostrará tu esplendor

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo.

Dios te dará un nombre para siempre: "Paz en la justicia" y "Gloria en la piedad".

Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios.

A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.

Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo,

para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios.

Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel.

Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Salmo responsorial: 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían: "El Señor ha estado grande con ellos." El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R.

Filipenses 1, 4-6. 8-11

Que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables

Hermanos: Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría.

Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy.

Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús.

Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús.

Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.

Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

Lucas 3, 1-6

Todos verán la salvación de Dios

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios."

Comentarios

dominicos.org

Pautas para la homilía

Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

En las lecturas de este segundo domingo de Adviento encontramos la presencia y el mensaje de dos profetas: Baruc y Juan Bautista. Con ellos la Palabra de Dios nos invita a mirar hacia el futuro. No obstante, se trata de un futuro cumplido. Si nos fijamos, lo que dice el primero (Baruc), lo actualiza, haciéndolo suyo en su contexto, el segundo (Juan Bautista): “allanad los senderos, rellenad los valles, que los montes se abajen”. En efecto, lo cierto es que Israel regresó del exilio y Juan Bautista preparó y despejó los caminos para que se viera “la salvación de Dios” en Jesucristo. En consecuencia, la secuencia promesa/cumplimiento que plantea la Palabra es la garantía con la que el creyente se ha de abrir confiadamente hacia la segunda venida de Jesucristo. Esta actitud es la que cabe esperar en quienes avanzamos por el camino de la economía de la salvación en este Adviento 2021. ¿Tenemos esta actitud?

Precisamente, la venida definitiva del Señor es el tema que plantea la segunda lectura de este domingo. De este modo se completa el escenario de la vida cristiana que el Adviento propone. Así se refleja en la conversación epistolar de Pablo con los cristianos de Filipos. Leemos: “Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día del Cristo Jesús”. La situación de estos cristianos de hace siglos es parecida a la nuestra. Tras la encarnación y la Pascua salvadora de Jesucristo avanzamos por la historia aguardando que la promesa de la Parusía se cumpla. Y, mientras tanto, intentamos ser fieles y luchar por la causa del Reino y su justicia. Pero las cosas no son fáciles. La cotidianidad de la vida está cargada de problemas (económicos, políticos, sanitarios, sociales), de pérdidas de sentido, de fracasos, de soledades e incomprensiones, que pueden acabar con esa esperanza; es decir, que pueden dinamitar la confianza en el futuro prometido y, por tanto, debilitar la fe en el presente. Ante esta situación, ¿qué se puede hacer?

Conviene fijarse en tres detalles de la Palabra de Dios de este domingo para encontrar respuesta a las preguntas (¿vivimos la actitud de la esperanza?, ¿qué se puede hacer frente a la tentación del desaliento?) que se nos plantean desde el hoy del Adviento 2021.

El primer detalle nos lo entrega el comienzo del evangelio de Lucas. Se trata del deseo de ubicar con precisión el momento histórico en el que la Palabra vino a Juan Bautista para que este comenzara su misión profética. Llama la atención la minuciosidad con la que el autor sagrado quiere señalar ese contacto de la Palabra con la realidad. Su deseo, sin duda, es mostrar que la promesa de Dios no defrauda. Y esto es verdad, más allá de la exactitud de las fechas que Lucas propone. Este realismo de la Palabra de Dios, que confirma la Encarnación, es el que hemos de recibir como lección en este domingo de Adviento. También nosotros podemos (y debemos) describir y presentar nuestro contexto vital en relación con hechos, fechas y personajes concretos. Será un signo claro de inserción en la realidad. En una realidad con la que también tiene que ver la Palabra de Dios que, desde la primera venida del Señor, sabemos que posee una clara tendencia encarnatoria. Es decir, la Palabra de Dios sigue conectando hoy con la historia y continúa teniendo una intención salvadora; entre otras cosas, porque busca vocacionar a alguien para que siga haciéndola resonar en el mundo y, por esta vía, hacer presente, precisamente en nuestra situación, una invitación realista en pro de una conversión humanizadora y salvífica. De aquí podemos extraer dos recetas muy prácticas: a) frecuentemos la Palabra de Dios, meditémosla, dejémosle más espacio en nuestras vidas y b) seamos conscientes de la realidad en la que nos hallamos, no intentemos evadirnos de ella; el Dios cristiano que dibuja el Adviento es “muy realista”.

Y con la conversión tiene que ver el segundo detalle. Juan Bautista recorría las comarcas predicando la conversión para acoger la salvación. Esa predicación sigue siendo necesaria en nuestros días. Por tanto, hemos de volver a convertirnos a la Palabra (a Jesucristo) e invitar a la conversión a los demás. No hemos de decaer o dejarnos llevar ante los conflictos y problemas. Esa es nuestra responsabilidad creyente. Una responsabilidad muy importante porque significa, ni más ni menos, que, si la cumplimos, proyectaremos a nuestro alrededor la esperanza de que otro mundo es posible y de que las cosas pueden ser de otra manera… conforme al plan de Dios.

Y por último, un tercer detalle. Además del contacto de la Palabra de Dios con nuestras existencias y con la realidad; además de la conversión responsable, algo que se puede  hacer o intensificar en este tiempo de Adviento es la oración de los unos por los otros. Orar, sobre todo, por la perseverancia de la Iglesia en este tiempo de difícil esperanza, tal y como Pablo recuerda en la carta a los Filipenses: “Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios”.

¡Feliz Adviento para todos!

Introducción

Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

El tiempo de Adviento es una introducción a todo el Año litúrgico y, en él, al conjunto de la vida cristiana ¿Cómo cumple este cometido? Estableciendo el marco temporal en el que acontece la celebración del misterio de la fe, que es en el que camina la Iglesia. Este marco es la convergencia en Jesucristo del pasado, del presente y del futuro; dimensiones que se entrecruzan en la vida creyente de manera enigmática pero real.

El Adviento, por tanto, no es solo un tiempo de preparación para la Navidad. Este es solo un aspecto. El Adviento prepara a la Iglesia y a los creyentes para que sepan vivir la fe en las condiciones históricas en las que se encuentran; es decir, que aprendan a vivir en el presente la actualidad y vigencia del ayer y que, simultáneamente, detecten la presencia del futuro definitivo en lo que acontece hoy.

En el horizonte del Adviento, la memoria se hace profecía y la profecía toma como fundamento la memoria. Estamos en la dinámica del binomio “promesa/cumplimiento”. Lo que sucedió ayer, y se ha cumplido, es la garantía de lo que sucederá. El que, tras ser anunciado, se hizo presente en la historia y en la carne (Jesucristo), es el mismo que, tal y como dijo, volverá rodeado de gloria. En esta lógica, la primera venida del Señor (Navidad), recordada y actualizada, es el raíz de la esperanza de su regreso definitivo (Parusía).

Ante esta situación histórico-salvífica planteada por el Adviento, las actitudes cristianas que se han de practicar responsablemente (y que ya no hay que dejar de lado a lo largo de todo el Año litúrgico) son dos: la conversión y la esperanza. Ambas muestran el dinamismo abierto y confiado de la vida creyente, que no cesará nunca mientras estemos en este mundo.

Comentario Bíblico

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)

Primera lectura: (Baruc 5,1-9)

Marco: El contexto es un conjunto (4,5-5,9) que puede describirse como "quejas y esperanzas de Jerusalén" en el que la ciudad, personificada, apostrofa a los desterrados y el profeta los anima con la evocación de las esperanzas mesiánicas. Nos introduce en las comunidades de la dispersión y nos muestra cómo se conservaba en ellas la vida religiosa por medio de relaciones con Jerusalén: la oración, el culto de la Ley y los sueños mesiánicos. El sabio-poeta responde anunciando a Jerusalén la restauración mesiánica.

Reflexiones

1ª) ¡Quítate tu ropa de duelo, se acabó la esclavitud!

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da. Bajo imágenes, frecuentes entre los profetas y tomadas del ritual que se observaba tanto en los lutos como en las fiestas y las bodas, el sabio-poeta invita a los dispersos a avivar su esperanza, porque el Señor tiene planes de liberación. Dios está a punto de actuar con los exiliados en Babilonia y con ello será glorificado su nombre. Aunque al pueblo se le antojaba que Dios guardaba silencio ya para siempre, no es así en realidad. Dios guarda silencio para educar a su pueblo, pero en su fidelidad no puede abandonarle para siempre. Dejaría de ser Dios. La historia de los hombres, nuestra propia historia, pasa por etapas en las que también a nosotros nos parece que Dios calla, que se aleja, que se desentiende de nuestros problemas e incluso tragedias. Surgen entonces los interrogantes: ¿dónde está Dios?... ¿dónde está el Dios Padre y providente?... Incluso sentimos la tentación de dudar de su justicia. Pero es necesario estar atentos, porque con toda seguridad Dios habla y lo hace con exquisita pedagogía. El resultado final lo resume así el sabio-poeta: Paz en la justicia, Gloria en la piedad.

2ª) ¡Vuelven cantando, trayendo sus gavillas!

Ponte en pie, Jerusalén..., contempla a tus hijos gozosos como llevados en carroza real. El exilio fue una etapa temporal, un paréntesis en la historia de Israel, una pedagogía de Dios para con su pueblo al que ama como una madre a sus hijos. Recordaba el Segundo Isaías: Sión decía: "Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado". ¿Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Fíjate en mis manos: te llevo tatuada en mis palmas; tengo siempre presentes tus murallas (Is 49,14-16). Los proyectos de Dios para con su pueblo son de paz y no de aflicción. Ciertamente nuestra historia humana está jalonada por el sufrimiento, contrariedades, preguntas acuciantes. Pero no menos cierto es que Dios está ahí para cumplir su palabra. Y más con nosotros que somos sus hijos, adoptivos, pero hijos. La esperanza engendra siempre en el corazón del hombre la alegría (Rm 12,12) y la seguridad firme (Rm 5,5). Dios nos hizo para la felicidad y nos quiere felices.

Segunda lectura: (Filipenses 1,4-6.8-11)

Marco: Motivación general de esta carta: desahogos del apóstol desde la prisión. Se trata de una acción de gracias y a la vez una entrañable súplica porque han sido colaboradores suyos en la obra del Evangelio. Una manifestación de confianza ya que Dios tiene poder para llevar a plena madurez y realización lo que gratuitamente ha comenzado.

Reflexiones

1ª) ¡Pablo vive movido por una gran confianza!

Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús. La llamada de Dios tanto a la fe como a cualquier vocación específica es, de suyo, irrevocable, firme, para siempre. Dios se compromete en serio con el hombre. No juega con nosotros porque nos tiene un infinito respeto. Quiere que su llamada sea definitiva. Y tiene poder para llevarla adelante. La grandeza y el drama del hombre ha sido siempre su libertad. Grandeza porque es la cualidad más profundamente humana. Dios, al hacernos a su imagen y semejanza, nos capacitó para asumir decisiones libres. Pero se ha convertido en un drama desconcertante. En momentos de tribulación, como aquellos a los que se refiere Pablo, es necesario volver la mirada al comportamiento de Dios sin dudar de su amor y fidelidad. Dios tiene poder para llevar adelante su obra. He ahí la raíz más segura de nuestra esperanza.

2ª) ¡Desbordante humanidad de Pablo!

Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero, en Cristo Jesús. La historia de la fundación de la comunidad de Filipos es aleccionadora (Hechos 16,11-40). Lucas se entretiene ampliamente en el acontecimiento haciendo una excepción a su habitual sobriedad al narrar el origen de las comunidades. Pablo sufrió duramente y siempre llevará aquella comunidad en la intimidad de su corazón de misionero. Quiero entretenerme un instante en la figura de Pablo, porque es una referencia para los ministros del Evangelio. Tanto el relato de la fundación como la carta entera expresan dos sentimientos: la capacidad de sufrimiento del apóstol y la ternura delicada que alberga en su corazón. Es importante atisbar por estas ventanas la riqueza humana de Pablo. Es necesario que los hombres nos vean ministros suyos, cierto (1Cor 4,1ss), pero también sensiblemente humanos. Pablo nació en Tarso (Cilicia), población situada en una espléndida y fértil llanura arropada por las imponentes cumbres del Taurus. Este contraste geográfico del lugar que le vio nacer marcó la humanidad de Pablo: tierno y recio a la vez.

Evangelio: (Lucas 3,1-6)

Marco: Es el comienzo del relato del ministerio de Jesús (los relatos de la Infancia son un amplio prólogo). Esto explica la introducción sincrónica solemne. El ministerio de Juan el Bautista es preparación para el ministerio de Jesús. Para interpretar bien esta parte del relato lucano hay que recordar el esquema global de la historia de la salvación, porque nos encontramos precisamente en la línea divisoria de dos etapas histórico-salvíficas: el tiempo de Israel y el tiempo de Jesús. En el pensamiento de Lucas, Juan el Bautista no es el precursor de Jesús, sino el último profeta del Antiguo Testamento (Lc 16,16). Con Jesús comienza algo totalmente nuevo. Por esto, este fragmento nos invita a dirigir la mirada hacia un nuevo comienzo con el ministerio de Jesús.

Reflexiones

1ª) ¡Es necesario contar con la historia!

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea... La lectura evangélica de este domingo nos invita a valorar la historia. La esperanza escatológica* del creyente en la Vuelta gloriosa de su Señor exige una mirada a la historia donde se desarrolló su primera venida. La revelación amorosa de Dios para la salvación de los hombres se realizó en la historia en la etapa preparatoria y en su plena realización: Jesús de Nazaret. Tanto la proclamación como la adhesión del creyente comienza su itinerario por el encuentro con el Jesús que vivió entre nosotros. Este encuentro forma parte imprescindible del mensaje cristiano auténtico. La humanidad de Jesús es el lugar de encuentro con la Palabra eterna de Dios y a la vez con todos los hombres (porque es el hombre ejemplar, porque es el alfa y la omega, porque lo que hicisteis con uno de los más pequeños conmigo lo hicisteis). Por eso Lucas tiene especial cuidado en situar el ministerio de Jesús en un espacio geográfico y en un momento histórico. También el mensaje de Jesús hoy debe poner especial cuidado en invitar a las gentes al encuentro con Él, que refleja el rostro verdadero del Padre y el sentido auténtico de la existencia humana. Jesús mismo nos declaró en la Última Cena que Él es el camino, la verdad y la vida. Es camino en cuanto hombre que nos conduce al Padre y, por tanto, a la salvación definitiva.

2ª) ¡Una oferta universal de salvación!

Y todos verán la salvación de Dios. Sólo Lucas recoge esta última expresión. Una salvación universal, sin fronteras étnicas, geográficas, religiosas, económicas o sociales. En ese camino de esperanza desde la Palabra y la historia, hay que contar con el desierto y con la apertura universal de la salvación. El plan que se propuso especialmente Lucas en su evangelio fue mostrar que Jesús es, con sus gestos y sus palabras, el Salvador universal. En un momento de la historia, en el que estamos tentados por toda clase de segregaciones, es necesario reavivar esta llamada universal. En nuestro entorno también sentimos esa tentación frente a los hermanos de otros países que buscan en el nuestro una mejor calidad de vida; frente a quienes nos estorban por cualquier causa social, cultural, económica e incluso familiar. Es necesario traducir la universalidad en todas nuestra relaciones cotidianas para testimoniar ante el mundo que nuestro Padre celestial no tiene acepción de personas.


evangeliodominical.org/
Sodalitium Christianae Vitae

El eco de la predicación del Bautista llega hasta nosotros en este segundo Domingo de Adviento. El Precursor, que recibió de Dios la misión de preparar al pueblo elegido para la venida del Salvador prometido, nos renueva también hoy el llamado a la conversión, a disponer los corazones para salir al encuentro del Señor que viene.

Para acoger al Señor es necesario enderezar las sendas torcidas y allanar los caminos. La buena obra de nuestra reconciliación, iniciada por Dios en cada uno de nosotros, no debe detenerse ni descuidarse ningún día. Debe avanzar y progresar hasta que alcancemos la plena madurez de Cristo, de tal modo que cada cual pueda repetir con el Apóstol: «vivo yo, más no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2, 20).

La necesaria preparación consiste en “abajar los montes y colinas”, es decir, quitar todo obstáculo del camino que conduce a la santidad, despojarnos de todo lo que retarda o impide la llegada del Señor a nuestros corazones. Por otro lado, consiste asimismo en “rellenar los valles y abismos”, es decir, en revestirnos de las virtudes que apresuran la llegada del Señor a nuestra casa.

¿De qué debemos despojarnos y de qué debemos revestirnos? Debo despojarme de la impaciencia con que suelo tratar a algunas personas y revestirme de paciencia y de un trato más afable; debo despojarme del egoísmo y apego a los bienes materiales para revestirme de actitudes de generosidad y desprendimiento; debo despojarme de la búsqueda desordenada de mi propia satisfacción sensual para revestirme de actitudes que custodien la pureza y castidad; debo despojarme de la insensibilidad frente a las necesidades del prójimo y revestirme de la solidaridad concreta; debo despojarme de los chismes, de la difamación, de palabras desedificantes o groseras para revestirme de un silencio reverente y de palabras que busquen siempre la edificación del prójimo; debo despojarme de resentimientos y rencores para revestirme de sentimientos de perdón y misericordia con quien me ha ofendido.

Si de verdad quieres que el Señor venga a ti y permanezca en tu casa, limpia tu corazón de todo aquello que es obstáculo para que Él venga y permanezca en ti, revístete de Cristo mismo cada día, de su justicia, de su caridad, de su paciencia, de todas las virtudes que ves brillar en Él.


Monasterio Visitación de Santa María - Pasto
Padre Sebastian Garcia

Gritar en el desierto. ¿Qué sentido puede llegar a tener este pasaje del evangelio que proclamamos hoy en nuestra liturgia? ¿De qué sirve gritar? ¿Y más aún en el desierto? Necesitamos meternos de lleno en la mentalidad de la época de Jesús para poder entender que el desierto es el lugar alejado, solo, inhóspito a la comodidad humana, en el que Dios ha hablado a sus amigos a través de los siglos. En el desierto no pareciera haber nada. Sin embargo está cargado de todo. Las grandes epifanías ocurrieron en el desierto según la Biblia.

En este segundo domingo de Adviento una de las propuestas del evangelio será la de ir nosotros también al desierto para poder escuchar. ¿A quién? A nosotros mismos, a la Casa Común, a los hermanos y fundamentalmente a Dios. Porque a Dios siempre se lo ha escuchado en el desierto. Claro que esto no implica sacar un pasaje en avión para ir al Sahara o meternos en el desierto de la Patagonia. Es algo mucho más profundo. Es en medio de nuestra abultada, repleta, veloz y feroz agenda, tomarnos un tiempo a solas para estar con Dios.

Ya no se trata de un lugar geográfico sino de un espacio existencial: abrir la mente, el alma, el espíritu y el corazón, serenarnos, calmarnos de la rutina de vértigo y vorágine y hacer silencio. No solo callarnos la boca y dejar de hablar. No. Se trata de algo más profundo. Se trata de ir al desierto. Un lugar inhóspito para nuestra zona de confort y donde no somos nosotros los que manejamos la cosa sino que es otro quien la lleva adelante; un espacio en el que no somos especialistas; un clima al que no nos podemos acostumbrar; una zona que porque pareciera estar plagada de nada, está llena de todo. Y allí gritar y escuchar el grito. O la palabra. O el susurro de Dios. Ir a un lugar en el que no juguemos de local a qué Dios nos sorprenda. Y dejarnos sorprender por Dios.

¡Cuánta falta nos hace todo esto! Especialmente a nosotros que vivimos metidos en una cultura del divertimento y la diversión que nos llevan justamente a la división y al la no unificación. El mal espíritu busca dispersarnos para no pensar en las grandes cosas de la vida, las preguntas existenciales, quién soy, de dónde vengo y a dónde voy… El Adviento es ese lindo tiempo para animarse a ir al desierto. Descalzarse y hacer un buen rato de silencio. Y escucharnos. Y escuchar a Dios. Y escuchar el clamor de tantos hermanos. Y escuchar el latir de la Casa Común. Hacé la prueba. Tomate un día de desierto. Apagá la tele, la radio, Spotify. No respondas por un rato los mensajes de Whatsapp. No subas fotos que no valen la pena a Instagram ni comentes historias. Los perfiles de Facebook y Twitter pueden esperar.

Hoy es un tiempo de desierto, especial para vos. Así gritamos en el desierto. Así preparamos los caminos del Señor. Así vivimos un Adviento que valga la pena de ser vivido. Feliz domingo de desierto de la mano de aquel que en el desierto se dejó tentar y venció.

ciudadredonda.org
Enrique Martínez de la Lama-Noriega
Misionero claretiano


SI SUPIERA PREPARAR LOS CAMINOS

           ¡Si yo supiera preparar el camino al Señor...pues ya habría llegado! Estaría mucho más presente entre nosotros y en mí mismo. Si yo supiera, y si supiéramos juntos. Poco puede hacer un solo «ingeniero» de caminos. Pero en lo que a mí me toca, tantas veces lo he intentado... que a veces no sé si merece la pena volver a proponérmelo.

Cuando me quedo en silencio, a solas conmigo, siento que añoro al Señor, y encuentro en mi interior ánimos y desánimos:

- Ánimos, porque son evidente las ganas que tengo de encontrarme con el Señor.

- Desánimos, porque no acabo nunca de conseguirlo, por más que lo intento cada nuevo Adviento.

¿Tan difícil es preparar el camino al Señor?

Anoche, al tomar el Evangelio de este domingo, volví a leer muy despacio:  Una voz grita en el desierto... «Desierto». Pues sí, cuántas veces siento mi corazón como un inmenso desierto, sin vida, sin caminos!

Preparadle el camino al Señor. «Preparar». Sí, creo que estoy dispuesto, porque mi corazón se siente tocado y se acelera como si quisiera ponerse inmediatamente a la tarea.

Allanad sus senderos...  «Allanar».  Cierto, mis senderos no son llanos, lo sé. Abundan los altibajos. Cuesta avanzar bien por ellos. Cuando no presto suficiente atención y cuidado... me voy dando tropezones.  ¡Y cuánto estorbo en mis senderos! Algunos por culpa mía. Pero a veces me los pusieron otros... Seguramente si pusiera un poco más de atención y cuidado, no tropezaría tanto, ni me enredaría, ni me desviaría... ¿Es posible allanar los senderos, Señor? ¿Lo intento de nuevo? Si me ayudas tú, Señor...   

      Después de un rato de silencio me encontré de nuevo leyendo: que los valles se levanten y los montes se abajen... Me detuve un poco asombrado: ¡Que los valles se levanten...! ¿Se puede levantar un valle? Si se levanta, deja de ser valle? ¿Tiene algo de malo ser valle? Que el monte y las colinas se abajen...  Pero si el monte se abaja, ¿no deja de ser monte?

¿Por qué el Bautista gritaba estas cosas tan raras y difíciles?

          Ciertamente lo que Juan pretende de nosotros implica una dura y gran transformación, no se trata de un simple cambio, un retoque, un apaño... Abajar un monte y elevar un valle son auténticas «obras de ingeniería».

          Es cierto que en mi vida hay montes y valles. ¿Cuál será ese valle, ese monte que hay que transformar? Desde los terrenos bajos y hundidos no se ve apenas. Hay escaso horizonte. Debe ser que hay «cosas» que me ciegan, me limitan, me acostumbran, proyectos demasiado cortos y cómodos, para ir tirando...Ideas, prejuicios, costumbres, miedos, cansancios... Cuántas cosas me impiden ver con claridad lo que tú quieres, Señor, y me acabo quedando «a ras de suelo». Otras, en cambio, me da por subirme a lo alto de mi monte, sin poner los pies en la tierra, aislado, lejos de todo y de todos, a mi aire, «a lo mío», como en una nube...

Muéstrame, Señor, mis montes y colinas, quédate cerca y ayúdame a mirarlos como tú los ves: esperando una transformación.

Continué con mi lectura orante: Que los caminos torcidos se enderecen. Los «caminos». Tienen siempre algo de reto y de misterio. ¿Adónde acabarán llevándote? ¡Existen tantos caminos! A veces creo que sé el camino, que lo conozco.  Pero no siempre estoy seguro de estar caminando bien. Como repetía un gran amigo claretiano «corres mucho, pero fuera de camino».  (Creo que la frase es de San Agustín). No todos los caminos te llevan a donde debes ir. Y algunos te alejan muchísimo.  O no tienen salida, o te agotan tanto, que pierdes las ganas de seguir.

             Recuerdo, Señor, que nos dijiste que «mis caminos no son vuestros caminos». Los tuyos siempre llegan, porque vas al frente, porque los has recorrido primero. Pero para enderezar caminos, tengo que darme cuenta de que no voy bien orientado  ¡Con lo que me gusta tener razón y aparentar que lo tengo todo muy claro...! Pues me falta no poca humildad para aprender de otros, preguntar, dejar que me acompañen...

           Cuando ya estaba terminando, leo todavía que el Bautista sigue diciendo: que lo escabroso se iguale...  Lo escabroso es incómodo, estremece, asusta, dificulta... Puede que haya en mí algo escabroso, desagradable, algo que aleje, que moleste... Y puede que no me dé cuenta, aunque otros lo vean muy claro. Yo no lo sé, y ¡no sé si quiero saberlo! Pero conviene saberlo, aunque duela.  Porque a nadie le gusta que le rechacen, resultar incómodo, que otros te vean confundido y tú no te enteres... Siempre resulta más fácil ver lo escabroso en los demás que en uno mismo. Que lo escabroso se iguale: Ser más agradable, amable, suave, coherente, crear puentes, quitar estorbos, acoger, escuchar, atender... Lo que me aleja de los demás... me aleja también de Ti.

¡El Evangelio de hoy se me hace tan difícil!

Pero me llenan de esperanza las últimas palabras: «Todos verán la salvación de Dios». Y lo que nos ha dicho San Pablo: «el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús».

Tú eres el Camino. Ayúdame a corregir mis caminos torcidos y retorcidos.  Ya que si tú eres mi Camino no tengo que preparar nada, sino caminar cada día contigo.  Sólo buscarte a ti, escuchar tu voz y seguir tus pasos...

Pues manos a la obra. Entre los dos, Señor, que yo solo no puedo. Y de nuevo este Advineto ¡estoy dispuesto a intentarlo!


oracionyliturgia.archimadrid.org/
Archidiócesis de Madrid

Con Juan Bautista como protagonista, el segundo domingo de Adviento nos enseña hoy que, si bien la rutina es necesaria para la vida del hombre, parte de esta rutina ha de ser siempre una tarea de profundización. No conocemos suficientemente nuestra fe y a nuestro Dios mientras pasamos por esta vida: una rutina que desee siempre entrar en el misterio no puede faltarnos, evitando el riesgo de la superficialidad.

La Liturgia de la Palabra expone esta situación hoy con gran claridad: Es Juan Bautista el que aparece en medio de los hombres, en medio de las cosas de la vida de los hombres. Es este personaje, entre raro y misterioso, el que llama a pasar de la superficialidad a la revelación de Dios: sí, es Juan Bautista, pero en realidad es Dios el que guía a su pueblo, es Dios el que le instruye. Así nos lo advertía también la profecía en la primera lectura. Dios ha comenzado una obra buena, pero esa obra la va a completar en Cristo Jesús: Los profetas son signo, tanto de la obra buena que ha comenzado, como de que esta obra no ha llegado a su término mientras el que no aparezca en medio de los hombres sea el mismo Hijo de Dios.

Por eso, la superficialidad no es buena compañera de viaje, y creer que yo hago mi vida, que yo construyo solo y bien a la vez, que yo decido sin más, es superficial: Dios se pone en medio de nuestra vida para guiarla mejor. Así sucede en la historia, así sucede con el Bautista. Uno siempre tiene la tentación de mirar a Juan y pensar en su aspecto pobre, fuera de lo común, dejado… y sin embargo, Juan va vestido de gala, porque la realidad profunda, la que no se ve a simple vista, es que es Dios el que guía por medio de Juan.

La experiencia del hombre ha de ser la de reconocerse guiado por el Señor. Guiados entre llantos y entre cantares. La pobre apariencia de Juan manifiesta la realidad de un Dios que quiere comunicarse, pero que lo hace por medio de la realidad creada para provocar en el hombre el asentimiento de la fe, la libre respuesta alejada de toda esclavitud superficial. Esa pobre apariencia reclama una constante conversión, en la que no cabe acostumbrarse, porque sólo así se puede pasar de mi idea de Dios a la verdad, de mis ideas para Dios a la realidad de Dios sobre mí. Así sucede en la historia de los profetas, así sucedió con Juan, así se puede dar el paso a creer en Jesús también en mi propia vida.

Por eso, la celebración de la Iglesia continua esta misma dinámica: la pobre apariencia del Bautista era profética también en este sentido: sí, la liturgia se desarrolla por la acción de hombres, de personas que se equivocan, que no dan lo mejor de sí, emplean objetos a veces extraños, expresiones incomprensibles, lugares incómodos… pero, realmente, Dios se pone en medio de nosotros. La superficialidad no tiene sentido si queremos realmente celebrar en la Iglesia: la gente me parece que me molesta, no me gusta la predicación, la misa me parece larga, ese pan no parece pan… pero, realmente, Dios se hace presente. Los cristianos aprendemos, entonces, en la celebración sacramental, a huir de toda superficialidad, para que así, cuando salgamos a la vida, a las cosas de la rutina, podamos descubrir en ellas que «hay uno en medio de vosotros al que no conocéis». Y creamos. O aprendamos a creer más.

En contraste con esto, cuando el Señor vuelva nada será así: no habrá ninguna duda para nadie. Cristo volverá no solamente a nuestros ojos, sino a la totalidad de lo que somos, y entonces sabremos que Él es. La totalidad de nuestra persona será invadida por la totalidad de la suya, si hemos aprendido a creer para adorarle, si no hemos aprendido para rechazarle. En su pedagogía, Juan nos dice: aprended a huir de la superficialidad, creed en el que viene, en todo momento, en toda circunstancia.


evangeliodeldia.org
San Cirilo de Alejandría (380-444)
Obispo y doctor de la Iglesia

Sobre Isaías, III, 3

«Preparad el camino del Señor»

«¡El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerán como flor de narciso!» (Is 35,1). Esa que la Escritura inspirada llama, generalmente, desierta y estéril, es la Iglesia venida del paganismo. Existía antaño, entre los pueblos, pero no había recibido del cielo a su Esposo místico, quiero decir a Cristo... Mas, Cristo vino a ella: su fe le cautivó y la enriqueció con el agua divina que fluye de él; fluye porque él es «fuente de vida, torrente de delicias» (Sl 35,10.9)... Desde entonces, por su presencia, la Iglesia ha dejado de ser estéril y desierta; ha encontrado a su Esposo, y ha dado al mundo innumerables hijos, se ha cubierto de flores místicas...

Isaías continúa: «Lo cruzará una calzada pura que llamarán Vía Sacra» (v.8). La calzada pura es la fuerza del Evangelio penetrando la vida o, dicho con otras palabras, es la purificación del Espíritu. Porque el Espíritu borra la mancha impresa en el alma humana, la libera del pecado y la hace superar toda suciedad. Esta calzada es llamada, con razón, santa y pura; es inaccesible a cualquiera que no esté purificado. En efecto, nadie puede vivir según el Evangelio si primeramente no ha sido purificado por el santo bautismo; nadie, pues, puede llegar a él sin la fe...

Sólo los que han sido liberados de la tiranía del demonio podrán llevar la vida gloriosa que el profeta da a entender con estas imágenes: «No habrá allí leones, ni se acercarán las bestias feroces» (v.9), allí, en esta calzada pura. En efecto, antaño, el diablo, este inventor del pecado, como bestia feroz atacaba, con los espíritus malos, a los habitantes de la tierra. Pero fue reducido a la nada por Cristo, echado lejos del rebaño de creyentes, despojado de la dominación que sobre ellos ejercía. Por eso, rescatados por Cristo y unidos en la fe, caminarán con un solo corazón sobre esta calzada pura (v.9). Abandonando sus antiguos caminos «volverán para llegar a Sión», es decir, a la Iglesia, «con gozo y alegría sin fin» (v.10) tanto sobre la tierra, como en los cielos, y darán gloria a Dios, su Salvador.


evangeli.net
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


«Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas»

Hoy, por boca de Juan el Bautista, el Evangelio nos urge a prepararle el camino al Señor Jesús. Pero, ¿nosotros hemos de abrirle una ruta a Dios? ¿No soy yo, más bien, quien necesita ser auxiliado por Dios? Ciertamente no podemos hacer nada sin Él, pero a la vez Él nos quiere necesitar: «Enderezad sus sendas» (Lc 3,4). ¿Cómo es eso? Porque el amor no se puede imponer; en todo caso, se puede proponer: «Él que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (San Agustín).

Jesús está a punto de llegar a la tierra, y lo encontraremos hecho un niño pequeño, "indefenso", reclinado sobre un pesebre: tan pequeño que no podrá escalar los muros de soberbia de mi corazón, ni emerger por encima de las olas de mi sensualidad…

En palabras de Benedicto XVI, «la fe cristiana nos ofrece precisamente el consuelo de que Dios es tan grande que puede hacerse pequeño». Pero, insisto, tan pequeño que, si no nos empequeñecemos también nosotros, no lo veremos ni siquiera pasar, o, incluso, podríamos llegar a tenerle miedo (como Herodes). Así, pues, hemos de enderezar nuestros corazones para que podamos «discernir lo mejor, a fin de que seamos puros y sin falta hasta el día de Cristo» (Flp 1,10).

«Enderezad sus sendas!». No es nueva esta petición. Ya hace muchos siglos —en tiempos del profeta Baruc— que Yavéh-Dios lo pedía a Israel. Lo podemos notar en la primera lectura de hoy: «Dios mandó allanar toda alta montaña y las rocas eternas, y rellenar todo valle hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios» (Bar 5,7). Del mismo modo que el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, si apartamos los obstáculos (colinas de soberbia, valles de tibieza…), nosotros cantaremos con lágrimas en los ojos: «El Señor ha hecho con nosotros cosas grandes: estamos llenos de alegría» (Sal 125,3).

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Nada alegra tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre» (San Gregorio Nacianceno)

  • «El evangelista destaca la figura de Juan el Bautista, que fue el precursor del Mesías, y traza con gran precisión las coordenadas espacio-temporales de su predicación. El evangelista quiere mostrar que el Evangelio no es una leyenda, sino la narración de una historia real; que Jesús de Nazaret es un personaje» (Benedicto XVI)

  • «‘Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan’ (Jn 1,6). Juan fue ‘lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre’ (Lc 1,15.41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La “visitación” de María a Isabel se convirtió así en “visita de Dios a su pueblo”» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 717)


fraynelson.com
Fray Nelson Medina OP

1. Jerusalén se alegra por el retorno de sus hijos

1.1 Cada una de las lecturas de hoy trae una enseñanza espiritual de vida muy grande. Bendigamos a Dios y avancemos con ánimo atento, humilde y orante en el banquete que la Iglesia nos ofrece. La tónica, como en todo el Adviento, es de esperanza; mirada al futuro, certeza de un bien que ha de llegar y para el cual conviene estar preparados y purificados.

1.2 La primera lectura, de Baruc, es un cántico de anuncio de gozo para Jerusalén. En su poesía proclama que el destierro no es eterno, que la última palabra no está en poder de los malvados, y sobre todo: que lo que viene es mejor que lo que hubo.

1.3 En este sentido hay algo que podemos aprender. Muchas veces caemos en lo que ya san Agustín denunciaba, esa ideología de que todo tiempo pasado fue mejor. Anclados en lo que una vez fue, llegamos a un punto en que parece que desconfiáramos de que Dios, que lo hizo, lo puede volver a hacer. La lectura de Baruc nos lanza hacia delante: los cautivos se fueron como prisioneros, ¡pero volverán como príncipes!

1.4 Otro aspecto bello e interesante de esta lectura es cómo todo obedece a Dios: la creación visible se pliega ante los elegidos de Dios, de modo tal que la sombra, el perfume y el camino mismo son hechura de Aquel que todo lo hace según su designio. Con otras palabras: el triunfo de la redención es manifestación de la soberanía de Dios sobre su creación.

2. Amar Mejor, Conocer Más

2.1 Cuando hablamos mucho de esperanza existe siempre el riesgo de considerar esta palabra sólo en su sentido pasivo. Esperar, en este sentido reducido, es sencillamente aguardar, resistir, aguantar.

2.2 En la Biblia, la esperanza tiene en general un contenido más rico y dinámico. La esperanza está movida por el amor, y el amor es activo, de modo que activamente nos prepara para el encuentro con el Amado.

2.3 Así entendemos mejor la cariñosa invitación que Pablo hace a los fieles de Filipos, con quienes sin duda tenía una cercanía particular: "esta es mi oración por ustedes: que su amor siga creciendo más y más y se traduzca en un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual; así podrán escoger siempre lo mejor y llegarán limpios e irreprochables al día de la venida de Cristo." Crecer en el amor y crecer en el conocimiento.

2.4 El amor, acto propio de la voluntad, y el conocimiento, acto propio de la inteligencia, han de mantenerse en movimiento hacia Jesucristo. Es como decir: todo nuestro ser. Los cristianos nunca obramos "porque sí", ni por simple costumbre, por la presión de la mayoría o por la sugestión de la propaganda. Nuestro dinamismo vital, la dirección íntima de nuestras decisiones chicas y grandes lleva el sello de un encuentro, personal y comunitario a la vez, con el Rey de la Historia.

3. "Vino la Palabra del Señor"

3.1 El evangelio de hoy, por su parte, nos aproxima al borde del gran momento. La figura humilde y señera de Juan aparece en el horizonte. Se le nombra junto a hombres que la historia universal considera grandes: el emperador, el procurador romano, los tetrarcas y pontífices. Sin embargo, toda la grandeza de Juan no viene de su relación con estos poderosos de la tierra, sino con algo nuevo, algo que viene de los cielos: la salvación de Dios.

3.2 Lo otro que llama nuestra atención es que todos aquellos grandes personajes, que se conocían entre sí, tenían su sede y gobierno en espléndidos palacios y buscaban las grandes ciudades; se rodeaban de fuerza y hacían alianzas de dinero, parentesco y ejércitos numerosos y feroces. Todo esta lógica resulta tan impactante como ridícula cuando vemos que "vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías." Es bueno entonces que ya desde el Adviento sepamos que el que ha de venir tiene su propio estilo y no se paga mucho de las apariencias que suelen desvelarnos.


Santoral
Sabas
Santo
, Abad


Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

Abad

Martirologio Romano: Cerca de Jerusalén, san Sabas, abad, que, nacido en Capadocia, se retiró al desierto de Judea, donde fundó un nuevo estilo de vida eremítica en siete monasterios que se llamaron «lauras», reuniendo a los solitarios bajo un superior. Vivió durante muchos años en la Gran Laura, que posteriormente llevó su nombre, brillando con el ejemplo de santidad y luchando esforzadamente por la fe de Calcedonia ( 532 ).

Breve Biografía


Sabas es el fundador de la llamada Grande Laura al lado del valle de Cedrón, a las puertas de Jerusalén. Había nacido en Mutalasca, cerca de Cesarea de Capadocia, en el 439, y después de pasar algún tiempo en el monasterio de su pueblo, en el 457 se trasladó al de Jerusalén fundado por Pasarión, pero éste no satisfizo sus aspiraciones. Y al contrario de muchos monjes que abandonaban su convento para correr a las grandes ciudades a llevar una vida poco edificante, Sabas, deseoso de soledad, durante una permanencia en Alejandría pidió y obtuvo el permiso para retirarse a una gruta, con el compromiso de regresar todos los sábados y domingos a hacer vida común en el monasterio.

Cinco años después, de regreso en Jerusalén, fijó su domicilio en el valle de Cedrón en una gruta solitaria, a donde entraba por una pequeña escalera hecha con lazos. Por lo visto, esa escalera reveló su escondite a otros monjes deseosos como él de soledad, y en poco tiempo, como en un gran panal, esas grutas inhóspitas en la pared rocosa se poblaron de solitarios pero no ociosos habitantes.

Así nació la Grande Laura, esto es, uno de los más originales monasterios de la antigüedad cristiana. Sabas, con mucha paciencia y al mismo tiempo con indiscutible autoridad, gobernó ese creciente ejército de ermitaños organizándolos según las reglas de vida eremítica ya establecidas un siglo antes por San Pacomio. Para que la guía del santo abad tuviera un punto de referencia en la autoridad del obispo, el patriarca de Jerusalén lo ordenó sacerdote en el 491.

Sabas, a pesar de su predilección por el total aislamiento del mundo, no rehuyó sus compromisos sacerdotales. Fundó otros monasterios, entre ellos uno en Emaús, y tomó parte activa en la lucha contra la herejía de los monofisitas, llegando al punto de movilizar a todos sus monjes en una expedición para oponerse a la toma de posesión de un obispo hereje, enviado a Jerusalén por el emperador Anastasio.

Ante el emperador de Constantinopla, San Sabas puso en escena una representación de mímicas para demostrar con la evidencia de las imágenes coreográficas la triste condición del pueblo palestino agobiado por pesados impuestos y uno en particular, que perjudicaba a los comerciantes, pero sobre todo al pueblo.

Cuando murió, el 5 de diciembre del 532, toda la región quiso honrarlo con espléndidos funerales. En Roma, en el siglo VII, por obra de los monjes griegos surgieron sobre el monte Aventino un monasterio y una basílica dedicados a su memoria, del que toma el nombre el barrio.

Fue uno de los santos más influyentes y significativos del anacoretismo en Oriente.

¿Quieres saber más? Consulta ewtn


Liturgia de las horas
OFICIO DE LECTURA

INVITATORIO


Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
 
Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: VERBO QUE DEL CIELO BAJAS

Verbo que del cielo bajas,
Luz del Padre que, naciendo,
socorres al mundo mísero
con el correr de los tiempos:

Ilumina el corazón,
quema de amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y yerros,

para que, cuando regreses
como juez de nuestros hechos,
castigues el mal oculto
y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance
por nuestras culpas al fuego,
mas felices moradores
nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo
gloria y honor tributemos,
y al Espíritu Paráclito,
por los siglos sempiternos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.

Salmo 103 I - HIMNO AL DIOS CREADOR

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas;

pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.

Ant 2. Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.

Salmo 103 II

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.

Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.

Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.

Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.

Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.

Ant 3. Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.

Salmo 103 III

¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.

Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelaste para que retoce.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;

escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.

Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.

V. Levantaos, alzad la cabeza.
R. Se acerca vuestra liberación.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 22, 8b-23

CONTRA LA SOBERBIA DE JERUSALÉN Y DE SOBNA, MAYORDOMO DE PALACIO

Aquel día, inspeccionasteis el arsenal en la Casa del bosque, y descubristeis cuántas brechas tenía la ciudad de David; recogisteis el agua del aljibe de abajo, hicisteis recuento de las casas de Jerusalén y demolisteis algunas de ellas para reforzar la muralla; entre los dos muros hicisteis un depósito para el agua del aljibe viejo. Pero no volvisteis los ojos al Autor de todo esto, ni mirasteis al que desde antiguo lo formó.

El Señor de los ejércitos os invitaba aquel día al llanto y al luto, a raparos y a ceñiros de saco; mas lo que hubo fue alegría y fiesta, matanza de vacas y degüello de corderos, comer carne y beber vino, según aquello de «a comer y a beber, que mañana moriremos». Entonces el Señor de los ejércitos me reveló esto al oído:

«Juro que no se expiará este pecado hasta que muráis —lo ha dicho el Señor de los ejércitos—.»

Así dice el Señor de los ejércitos:

«Anda, ve a ese mayordomo de palacio, a Sobna, que se labra en lo alto un sepulcro y excava en la piedra una morada: "¿Qué es tuyo aquí, o a quién tienes aquí para que te labres aquí un sepulcro? Mira: el Señor te aferrará con fuerza y te arrojará con violencia, te hará dar vueltas y vueltas como un arco sobre la llanura dilatada. Allí morirás, allí pasarán tus carrozas de gala, oh tú, vergüenza de la casa de tu Señor.

Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Helcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes: será él un padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Pondré en su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, y dará un trono glorioso a la casa de su padre."»

RESPONSORIO    Ap 3, 7. 8

R. Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David: * «He abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.»
V. Has guardado mi palabra y no has renegado de mi nombre.
R. He abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.

SEGUNDA LECTURA

De los Comentarios de Eusebio de Cesarea, obispo, sobre el profeta Isaías
(Cap. 40: PG 24, 366-367)

UNA VOZ CLAMA EN EL DESIERTO

Una voz clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas para nuestro Dios.» El profeta afirma claramente que no es en Jerusalén, sino en el desierto, donde se cumplirá esta profecía, es decir, la manifestación de la gloria del Señor y el anuncio de la salvación de Dios a todos los hombres.

Estas cosas se cumplieron en la historia y a la letra cuando Juan Bautista predicó la venida salvadora de Dios en el desierto del Jordán, donde se reveló la salvación de Dios. Porque Cristo se manifestó y su gloria se hizo patente a todos cuando, en su bautismo, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo, descendiendo en forma de paloma, permaneció sobre él y se oyó la voz del Padre que daba testimonio de su Hijo: Éste es mi Hijo muy amado, escuchadlo.

Estas cosas se dijeron porque Dios iba a venir a un desierto que había estado siempre cerrado e inaccesible: todas las naciones estaban privadas del conocimiento de Dios, y los justos y los profetas evitaban el trato con ellas. Por eso aquella voz manda preparar un camino a la Palabra de Dios y enderezar las sendas, para que cuando llegue nuestro Dios pueda avanzar sin obstáculos. Preparad el camino del Señor: este camino es la proclamación de la Buena Noticia que trae a todos un nuevo consuelo, que desea ardientemente hacer llegar a todos los hombres el conocimiento de la salvación de Dios.

Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén. Estas palabras que acabamos de citar están cuidadosamente ordenadas y hacen una oportuna mención de los evangelistas: después de haber hablado de la voz que clama en el desierto, anuncian la llegada de Dios a los hombres. A la profecía sobre Juan Bautista sigue muy lógicamente la mención de los evangelistas.

¿Cuál es esta Sión sino la que antes fue llamada Jerusalén? Pues también aquélla era un monte, como dice la Escritura: El monte Sión donde pusiste tu morada, y el Apóstol: Os habéis acercado al monte de Sión. ¿No aludirá acaso al coro de los apóstoles, elegidos de entre aquel primer pueblo de la circuncisión?

Es esta Sión y Jerusalén la que ha recibido la salvación de Dios y que ha sido edificada sobre el monte de Dios, es decir, sobre el Verbo unigénito. Y es a ésta a quien Dios manda subir al monte alto y anunciar la palabra de la salvación. ¿Quién es el que lleva la Buena Noticia sino el coro de los que proclaman el Evangelio? ¿Qué significa llevar la Buena Noticia? Predicar a todos los hombres, y en primer lugar a las ciudades de Judá, la venida de Cristo a la tierra.

RESPONSORIO    Cf. Mt 11, 11. 9

R. Ha venido el Precursor del Señor, acerca del cual el mismo Señor da este testimonio: * «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.»
V. Es éste un profeta, y más que un profeta, es aquel de quien dice el Salvador:
R. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.


ORACIÓN.

OREMOS,
Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)


V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Himno: VEN, SEÑOR, NO TARDES

Ven, Señor, no tardes,
Ven, que te esperamos;
Ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al Amor.

Envuelto en noche sombría,
gime el mundo de pavor;
va en busca de una esperanza,
buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida
y le falta corazón;
le falta cielo en la tierra,
si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,
baje el rocío a la flor,
ven, Señor, no tardes tanto,
ven, Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas que con nosotros está Dios. Aleluya.

Salmo 117 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas que con nosotros está Dios. Aleluya.

Ant 2. Sedientos todos, acudid por agua; buscad al Señor mientras se le encuentra. Aleluya.

Cántico: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR Dn 3, 52-57

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, Santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sedientos todos, acudid por agua; buscad al Señor mientras se le encuentra. Aleluya.

Ant 3. Mirad: el Señor vendrá con poder para iluminar los ojos de sus siervos. Aleluya.

Salmo 150 - ALABAD AL SEÑOR.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad: el Señor vendrá con poder para iluminar los ojos de sus siervos. Aleluya.

LECTURA BREVE   Rm 13, 11b-12

Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que has de venir al mundo.
R. Ten piedad de nosotros.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mira, yo envío a mi Mensajero para que prepare mi camino delante de ti.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.
Mira, yo envío a mi Mensajero para que prepare mi camino delante de ti.

PRECES

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores,
líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo,
muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley,
para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos,
concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque Jesucristo mismo nos lo enseñó, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro...

ORACION

Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS

Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mirad: viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mirad: viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Ant 2. Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

Salmo 113 B - HIMNO AL DIOS VERDADERO.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

Ant 3. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

LECTURA BREVE   Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

V. Y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.
Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

PRECES

Hermanos, oremos a Cristo, el Señor que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad,
vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad,
concédenos tu misericordia.

Tú que en tu primera venida viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados,
absuélvenos de todas las culpas, cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad.

Tú que lo gobiernas todo con tu poder,
ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, digamos al Padre:

Padre nuestro...

ORACION

Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: CUANDO ACABAMOS EL DÍA

Cuando acabamos el día
te suplicamos, Señor,
nos hagas de centinela
y otorgues tu protección.

Que te sintamos: contigo
sueñe nuestro corazón
para cantar tus loores
de nuevo al salir el sol.

Danos vida saludable,
alienta nuestro calor,
tu claridad ilumine
la oscuridad que llegó.

Dánoslo, Padre piadoso,
por Jesucristo, el Señor,
que reina con el Espíritu
Santo vivificador. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90 - A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

LECTURA BREVE   Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN       Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACION

OREMOS,
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTIFONA FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.


Of La Tr Sx Nn Vs Cm











Antivirus gratuito: Panda On Line
Herramientas contra virus: Panda
Cursos Bíblicos gratuitos por Internet: Aula de la Biblia
¿Deseas escuchar música cristiana?: Radio Carisma
Libros católicos gratuitos: Servicio Koinonía

Suscríbete a Dios Existe
Alojado en egrupos.net
contador para web
contador de visitas para web

Inicio | Apúntate | Bazar | Grupos | Gente | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos is a service of AR Networks
Copyright © 1999-2004 AR Networks, All Rights Reserved
Terms of Service