eGrupos Logo
Inicio > Mi Página > Mis Grupos > diosexiste > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 2701 al 2730 
AsuntoAutor
El Adviento es tie Alfa Rom
¿Cómo puedo conoce Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
¿Dios castiga? 8 Alfa Rom
La familia no es p Alfa Rom
Cuando te sientes Alfa Rom
Los Tres Leones Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Juan Nepomuceno de Alfa Rom
No importa que tan Alfa Rom
¿Qué quiere decir Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Santa Bárbara Alfa Rom
¿Dios castiga? 9 Alfa Rom
Ser Agradecidos Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Tiene 16 años y tr Alfa Rom
Creía ser bisexual Alfa Rom
Aroa Carrasco fue Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Dionisia, Mayórico Alfa Rom
Jesucristo vela po Alfa Rom
¿Dios castiga? 10 Alfa Rom
Vivir de prestado Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
«¿Con qué tiempo v Alfa Rom
1ª predicación de Alfa Rom
Lecturas, Santoral Alfa Rom
Narcisa de Jesús M Alfa Rom
Virgen de la Dulce Alfa Rom
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Dios Existe

Mostrando mensaje 36844     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[diosexiste] Lecturas, Santoral y Liturgia de las horas del Martes 07 de Diciembre de 2021
Fecha: 7 de Diciembre, 2021  00:06:22 (+0100)
Autor:Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>

Martes 2ª semana de Adviento


Lecturas del Martes 07 de Diciembre de 2021

Is 40,1-11: Dios consuela a su pueblo
Salmo 95: Nuestro Dios llega con poder
Mt 18,12-14: Dios no quiere que nadie se pierda

Santoral:

Ambrosio

Liturgia de las horas
Lecturas

Isaías 40,1-11

Dios consuela a su pueblo

"Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados."

Una voz grita: "En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-." Dice una voz: "Grita." Respondo: "¿Qué debo gritar?" "Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre."

Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: "Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres."

Salmo responsorial: 95

Nuestro Dios llega con poder.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / cantad al Señor, toda la tierra; / cantad al Señor, bendecid su nombre, / proclamad día tras día su victoria. R.

Contad a los pueblos su gloria, / sus maravillas a todas las naciones. / Decid a los pueblos: "El Señor es rey, / él gobierna a los pueblos rectamente." R.

Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, / aclamen los árboles del bosque, R.

delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra: / regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad. R.

Mateo 18,12-14

Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños."

Comentarios:

dominicos.org

…el Señor Dios llega

Nos adentramos en el Adviento, el tiempo por excelencia de la espera. Y no una espera cualquiera sino la espera de lo mejor que nos podía acontecer: ¡Dios viene a nuestro encuentro!

Comienza la lectura del 2º Isaías con ese grito de Dios: “Consolad, consolad a mi pueblo”. Efectivamente, el pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, estaba necesitado de consuelo. Soñaba con una intervención de Dios que les permitiera regresar a su tierra, recuperar su dignidad y su “identidad”.

Y el profeta les anuncia esa llegada de Dios con “poder”. Un poder desconcertante, pues se concreta en la imagen de un pastor que reúne y cuida a su rebaño. Ninguna precisión sobre aquello que esperan con ansia ilimitada…

La actualidad permanente de la Escritura nos permite situarnos ante esta Palabra y rescatar lo que hoy nos comunica a nosotros, la transformación a la que nos invita este Dios que sigue llegando en todo momento de la historia:

  • Aceptar que es Él el que viene, el que trae salvación. Una salvación que puede no coincidir con nuestras expectativas, con nuestra manera de entender lo que sería “mejor”. Se traduciría en abandonar la pretensión de diseñar el futuro a nuestro modo, en abandonarnos en sus manos y poner sólo en Él nuestra esperanza.
  • Asumir la realidad de nuestro mundo como lugar de su presencia, creer que es en esta realidad nuestra en la que se hace presente la salvación de Dios. Y que nuestra esperanza puede “apresurar” su venida.
  • Poner en acción la esperanza. Nunca se trata de esperar a ver qué pasa. Isaías lo deja muy claro. El Señor viene, pero “en el desierto preparadle un camino…”. Que, traducido quizá no signifique otra cosa -¡nada más y nada menos!- que poner en acción el amor siempre y en toda situación.

El Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños

En este capítulo del evangelio de Mateo se reúnen algunas instrucciones sobre el modo de actuar en la comunidad de los que siguen a Jesús. El cuadro que dibuja Mateo sitúa a Jesús rodeado de los discípulos, que tienen mucho interés en saber quién es el más grande en el Reino de los Cielos.

Jesús, antes de responder, coge a un niño pequeño y lo coloca en medio de ellos. El niño, en aquella época y cultura, representaba el último escalafón de la sociedad. No contaban para nada: ninguna consideración, ningún derecho. La pregunta por el “más grande” queda al margen, probablemente ante el desconcierto de los discípulos.

Y en ese contexto Jesús habla de un hombre que teniendo cien ovejas, pierde una y se va a buscarla dejando a las otras noventa y nueve. Y no ceja en su empeño hasta que la encuentra. Y se alegra por ella, más que por las noventa y nueve que no se habían perdido.

E inmediatamente presenta la explicación de esta historia: el Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños. El pequeño era el niño, personificación de los “últimos”, de los que no cuentan para nada. Y nos está diciendo claramente que Dios quiere la salvación de todos y cada uno de sus hijos. De modo que si alguno de nosotros anda perdido, la comunidad debería hacer cuanto está en su mano para “encontrarlo”, para recibirlo, acogerlo, integrarlo…

Pero aún hay algo mejor e “impensable” para cada uno de nosotros, algo que se convierte en cimiento y alegría de nuestra vida: en tantas situaciones o momentos de la vida en que nos podemos sentir “perdidos”, Dios mismo nos busca, incansable, y se alegra infinitamente si nos dejamos encontrar…


evangelizacion.org.mx/liturgia/
P. Ernesto María Caro

Evangelización activa

Si volteamos a nuestro alrededor nos encontraremos con muchos de estos "pequeños" que se han extraviado. Hombres y mujeres que, por diferentes razones, se encuentran lejos del Evangelio.

Hombres y mujeres, jóvenes y adultos que se han dejado engañar por el "oropel" del mundo y que se encuentran perdidos en el hedonismo, el consumismo, o en la más miserable pobreza; algunos incluso, en los vicios y las drogas. Son personas a las que les ha faltado un pastor que evitara que por las presiones del mundo, económicas, sociales o culturales, éstos se perdieran.

Tú y yo debemos y podemos hacer algo. Cada uno según sus posibilidades y el llamado de Dios en su corazón podrá hacerlo materialmente, pero todos debemos orar e interesarnos por ellos. Hagamos lo que está en nuestras manos, Dios completará la acción.

Monasterio Visitación de Santa María - Pasto
Padre Raúl Gómez sacerdote


Nos encontremos en torno a la Palabra del Señor en este día en donde venimos transitando la segunda semana del tiempo de Adviento, tiempo de preparación y conversión. Tiempo para volver la mirada al Señor y preparar el pesebre del corazón para que Jesús pueda nacer.

El evangelio nos propone esta escena bíblica donde Jesús les habla a los discípulos y les pone de ejemplo una parábola, para que todos entiendan, de un hombre que tiene cien ovejas y se le pierde una. Dice: “No deja acaso las noventa y nueve ovejas en la montaña para ir a buscar la que se le había extraviado??” Esta Palabra tiene que recordarnos las veces que el Señor nos ha salido a buscar, nos ha curado las heridas y vuelto al redil. Qué importante hacer este ejercicio de ser encontrado por el Señor y por otro lado ser Pastor e ir a buscar a los que se han alejado y extraviado. Quizá por nuestros malos gestos, palabras o actitudes, por no haber sido comprensivos. Quizá por no haber visto en ellos el rostro de Jesús y no los hemos tratado como tal.

Qué importante es para nosotros esta Palabra en este tiempo que estamos viviendo. Dice el texto bíblico que cuando el Pastor encuentra a la oveja se alegra más por ella que por las otras que no se extraviaron. Es tan valiosa una oveja perdida. Es tan valioso el hermano que se ha alejado del camino del Señor. Por eso, cuando lo encontramos y atraemos al camino de Jesús nos despierta tanta alegría este reencuentro.

Por eso pidámosle al Señor en este día que así como fuimos encontrados y salvados también nosotros podamos ser instrumento del Amor de Dios. En este día te hago una propuesta y también me involucro en ella: que podamos ir en busca del hermano que se ha alejado del camino. Seguramente hay familiares o amigos que se han alejado del Amor de Dios. Que podamos ir a buscarlos y que este sea el día para ello. Que el Señor los bendiga mucho y que esta semana siga siendo tiempo de preparación para la Navidad. 
ciudadredonda.org
Misioneros claretianos

¿A qué se dedica Dios? ¿En qué emplea su tiempo? Básicamente en hacer tres cosas: llamar constantemente, perdonar a todas horas y consolar con infinita ternura. Por eso, cuando llevamos y dejamos salir al Espíritu Santo que llevamos dentro, lo que nos sale es consolar. El que está lleno de Dios no maldice, ni reniega, ni condena. Lo que le sale es lo contrario. De ahí el mandato de hoy de Isaías, su primera palabra: “consolad/consuelen”. Es lo que deberíamos hacer con más frecuencia los cristianos, consolar, llevar más amor, dar buenas noticias. Porque este mundo, nuestras realidades, necesitan más palabras de consuelo y menos palabras de condena. Hay que amar nuestra realidad y nuestro mundo, también con sus negatividades (y las nuestras personales) que tenemos que aceptar. Pero tenemos que recordar cada vez que nos levantamos por la mañana, que sólo el amor es capaz de transformarlo todo. Necesitamos más consuelo y menos condenas.

Hoy podíamos hacerle esta pregunta al Señor en nuestra oración personal: ¿dónde y a quién puedo y tengo que llevar palabras y gestos de consuelo y no lo estoy haciendo? Dímelo Señor. Dame tu luz para darme cuenta y la fuerza para hacerlo. Que yo pueda preparar tu venida sembrando esta estrella en el corazón de aquel que vive a mi lado o que veo todos los días en mi trabajo. Que de mis labios salgan palabras de consuelo y ternura y de mis manos gestos de acogida, especialmente hacia los que más me cuesta, que suelen ser los que necesitan más amor en sus vidas.

Jesús lo dice bien claro en el Evangelio de hoy: Dios no quiere que se pierda nadie, por eso arriesga lo que nosotros no haríamos, dejar las noventa y nueve ovejas. Fíjate si arriesga. ¿Es la “política” de Dios la condenación? Por si a alguno/a todavía dudaba…


oracionyliturgia.archimadrid.org/
Archidiócesis de Madrid


Dejarnos consolar por Dios

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén”. Dios quiere transmitir a su pueblo probado durante decenios en la deportación a Babilonia, el consuelo: pronto serán liberados y volverán a su país. El anuncio más consolador es que Dios llega, que llega con poder, que perdona a su pueblo sus pecados anteriores, que quiere reunir a todos los dispersos, como el pastor a sus ovejas. En este tiempo de Adviento también nos quiere llenar del consuelo de la esperanza a cada uno de nosotros. Dios es rico en misericordia, por el gran amor con nos ama (cf. Ef 2, 4), sale a nuestro encuentro, sale a buscarnos como a la oveja perdida. “No es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños”. El Dios que nos revela Jesucristo no queda indiferente ante el destino de los hombres. Es él quien está empeñado en llevarnos al cielo.

En el centro de esta parábola está la alegría de Dios. Su alegría es encontrar de nuevo, es perdonar, es salvar, es devolver la felicidad. Su alegría es encontrarnos y llevarnos con él. Quiere a todas las otras ovejas; pero la perdida le ha dado una particular alegría y desde ahora se sentirá más vinculado a ella: porque le ha salvado la vida. Habría muerto desgraciada, lejos del rebaño. La consideración de esta verdad llenará nuestro corazón de esperanza y agradecimiento, de la alegría ante la cercanía de la venida del Señor a la vida de cada uno. A los primeros a quien Cristo Jesús quiere salvar en este Adviento es a nosotros mismos. Tal vez no seremos ovejas muy descarriadas, pero puede ser que tampoco estemos en un momento demasiado fervoroso en nuestro seguimiento del Pastor. Todos somos débiles y a veces nos distraemos del camino recto.

Cristo Jesús nos busca y nos espera. No sólo a los grandes pecadores y a los alejados, sino a nosotros, los cristianos que le seguimos con un ritmo más intenso, pero que también necesitamos el estímulo de estas llamadas y de la gracia de su amor. Somos nosotros mismos los invitados a confiar en Dios, a celebrar su perdón, a aprovechar la gracia de la Navidad. El que está en actitud de Adviento es él. Y esto también nos compromete a hacer nosotros lo mismo con los demás y ser también quienes llevan consuelo a su pueblo, particularmente a los más pequeños, quienes salen al encuentro de la oveja perdida.

En este tiempo hemos de acudir especialmente a nuestra Madre, modelo de esperanza, de apertura a las necesidades de los demás y preparar un corazón bien dispuesto al Señor. A ella nos encomendamos.


evangeliodeñdia.org
San Claudio de la Colombière (1641-1682)
Jesuita

Sermón predicado en Londres ante la duquesa de Cork

El Hijo de Dios viene a nuestro encuentro

Imaginaos la desolación de un pobre pastor cuya oveja se ha extraviado. Por todos los pueblos vecinos se oye la voz de este desdichado que, habiendo abandonado al grueso del rebaño, corre por los bosques y colinas, pasa a través de espesuras y matorrales, lamentándose y gritando con todas sus fuerzas, no pudiendo resignarse a volver sin que haya encontrado su oveja y llevarla al aprisco.

Eso es lo que hizo el Hijo de Dios cuando los hombres, por su desobediencia, se alejaron de la conducta señalada por su Creador; bajó a la tierra y no ahorró cuidados ni fatigas para devolvernos al estado del que habíamos caído. Es lo que todavía hace todos los días con los que se alejan de él por el pecado; les sigue, por así decir, sus huellas, llamándolos sin cesar hasta que vuelven al camino de la salvación. Y ciertamente, si no hubiera actuado así, sabéis bien lo que habría sido de nosotros después del primer pecado mortal; nos sería completamente imposible de volver al camino. Es preciso que sea él quien actúe primero, que nos presente su gracia, que nos persiga, que nos invite a tener piedad de nosotros mismos, sin lo cual nunca se nos hubiera ocurrido pedirle misericordia…

El ardor con que Dios nos persigue es, sin duda, efecto de una misericordia muy grande. Pero la dulzura con que viene acompañado este celo, nos muestra una bondad todavía más admirable. Sin embargo, y a pesar del deseo extremo que tiene de hacernos regresar, no usa jamás la violencia, sino que usa tan sólo los caminos de la dulzura. No veo ningún pecador, en toda la historia del Evangelio, que haya sido invitado a la penitencia por otro medio que el de las caricias y beneficios.


evangeli.net
Fr. Damien LIN Yuanheng
(Singapore, Singapur)


«No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños»

Hoy, Jesús nos lanza un reto: «¿Qué os parece?» (Mt 18,12); ¿qué clase de misericordia practicas? Quizás nosotros, “católicos practicantes”, habiendo gustado muchas veces de la misericordia de Dios en sus sacramentos, estemos tentados a pensar que ya estamos justificados ante los ojos de Dios. Corremos el peligro de convertirnos inconscientemente en el fariseo que menosprecia al publicano (cf. Lc 18,9-14). Aunque no lo digamos en voz alta, quizás pensemos que estamos libres de culpa ante Dios. Algunos síntomas de que este orgullo farisaico echa raíces en nosotros pueden ser la impaciencia ante los defectos de los demás, o pensar que las advertencias nunca van para nosotros.

El “desobediente” profeta Jonás, un judío, se mantuvo inflexible cuando Dios mostró pena por los habitantes de Nínive. Yahvé reprochó la intolerancia de Jonás (cf. Jon 4,10-11). Aquella mirada humana ponía límites a la divina misericordia. ¿Acaso también nosotros ponemos límites a la misericordia de Dios? Hemos de prestar atención a la lección de Jesús: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36). Con toda probabilidad, ¡todavía nos queda un largo camino por recorrer para imitar la misericordia de Dios!

¿Cómo debiéramos entender la misericordia de nuestro Padre celestial? El Papa Francisco dijo que «Dios no perdona mediante un decreto, sino con un abrazo». El abrazo de Dios para con cada uno de nosotros se llama “Jesucristo”. Cristo manifiesta la misericordia paternal de Dios. En el capítulo cuarto del Evangelio de san Juan, Cristo no airea los pecados de la mujer samaritana. En lugar de ello, la divina misericordia cura a la Samaritana ayudándola a afrontar plenamente la realidad de su pecado. La misericordia de Dios es totalmente coherente con la verdad. La misericordia no es una excusa para tomarse rebajas morales. Sin embargo, Jesús debió haber provocado su arrepentimiento con mucha más ternura que la que sintió la mujer adúltera “herida por el amor” (cf. Jn 8,3-11). Nosotros también debemos aprender cómo ayudar a los demás a encararse con sus errores sin avergonzarles, con gran respeto hacia ellos como hermanos en Cristo, y con ternura. En nuestro caso, también con humildad, sabiendo que nosotros mismos somos “vasijas de barro”.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «¿Dónde pastoreas, Pastor bueno, tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey? Muéstrame el lugar de reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre para que yo, oveja tuya, escuche tu voz» (San Gregorio de Nisa)

  • «Una persona es consolada cuando siente la misericordia y el perdón del Señor. La alegría de la Iglesia es “dar a luz”, salir de sí misma para dar vida, ir a buscar a las ovejas que están extraviadas» (Francisco)

  • «Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al Hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.465)


fraynelson.com
Fray Nelson Medina OP

1. ¡Consuelen a mi pueblo!

1.1 La primera lectura nos ofrece una de las páginas más emotivas de la profecía de Isaías. El grito de amor y compasión nos traspasa: "¡consuelen a mi pueblo!". No estamos ante un juez implacable, ni frente a una norma anónima; no nos gobierna una ley inexorable, ni un destino ciego. Por grande y santo que sea el cielo, por puro y bello que sea Dios, sabe de tierras y miserias; entiende de dolores y pecados. En lo más alto hay un corazón. La suprema palabra no es una idea seca y fría, sino un corazón que palpita, que ama y que a su hora sabe gritar: "¡consuelen a mi pueblo!".

1.2 Ahora bien, el consuelo sólo es comprensible después del tiempo duro. Y el tiempo duro en el contexto de esta profecía tiene nombre propio: el destierro. Sólo que hay dos durezas en el destierro, como en todos los dolores que se enmarcan en la providencia de Dios: la dureza del castigo y la dureza de la medicina. Uno puede mirar los tiempos duros sólo como tiempos amargos, o puede mirarlos como purificación y preparación para una realidad nueva. El consuelo existe para quien espera un tiempo nuevo.

1.3 El pueblo ha pecado; el pueblo ha sido humillado; el pueblo ha aprendido una lección. ¿Cuál? Sólo Dios es grande. El camino que pasa por el pecado y la humillación no es una especie de "empate". Hay una ganancia neta y es la derrota de la soberbia y el rebrotar de la gratitud y la admiración por la grandeza y la piedad de Dios.

2. ¿Qué vale más?

2.1 Dios es poderoso y es también piadoso. Isaías saca la lección a su modo y Jesús la expone a su modo. Este pastor del evangelio de hoy no es un empresario de las ovejas, guiado por los números y las ganancias. La oveja perdida vale tanto o más que las noventa y nueve que no se han perdido. No es lógico en los números pero funciona; da vida. Un día yo he sido, un día yo seré esa oveja. Y entonces me convendrá que la lógica estricta se quede callada, para oír la canción de mi pastor.

2.2 Es mayor la alegría que nace del proceso perder-recuperar, que la alegría de nunca-perder. Es lo que decíamos con respecto a la lección que aprende el pueblo en su proceso pecado-humillación-lección. Al final de ese rodeo el pueblo es cualitativamente distinto. O como el hijo pródigo: vuelve a la misma casa, pero no vuelve el mismo. El rodeo por el pecado no es tiempo perdido. Puede ser el tiempo más importante de la vida de aquella oveja o de aquel pecador.


Santoral
Ambrosio
Santo, Memoria Litúrgica

Por: Redacción | Fuente: Archidiócesis de Madrid

Obispo y Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de san Ambrosio, obispo de Milán, y doctor de la Iglesia, que descansó en el Señor el día cuatro de abril, fecha que en aquel año coincidía con la vigilia pascual, pero que se le venera en el día de hoy, en el cual, siendo aún catecúmeno, fue escogido para gobernar aquella célebre sede, mientras desempeñaba el oficio de Prefecto de la ciudad. Verdadero pastor y doctor de los fieles, ejerció preferentemente la caridad para con todos, defendió valerosamente la libertad de la Iglesia y la recta doctrina de la fe en contra de los arrianos, y catequizó el pueblo con los comentarios y la composición de himnos. († 397).

Breve Biografía


El joven prefecto de Liguria y de Emilia, Ambrosio, nació en Tréveris hacia el año 340 de una familia romana. Todavía era catecúmeno, cuando por aclamación del pueblo fue elegido a la sede episcopal de Milán, el 7 de diciembre del 374. En cuestión de religión cristiana tenía que aprender casi todo, y se dedicó sobre todo al estudio de la Biblia con tanto empeño que pronto la aprendió a fondo. Pero Ambrosio no era un intelectual puro; era sobre todo un óptimo administrador de su comunidad cristiana. Fue un verdadero padre espiritual de los jovencitos emperadores Graciano y Valentiniano II y del temible Teodosio I, a quien no dudó en reprochar duramente, exigiéndole una penitencia pública como expiación por haber hecho asesinar al pueblo de Tesalónica para acabar con una revuelta. Ambrosio es el símbolo de la Iglesia que renace después de los duros años del ocultamiento y de las persecuciones. Por medio de él la Iglesia de Roma trató sin nada de servilismos con el poder político.

Sus cualidades personales fueron las que le atrajeron la devota atención de todos. La actividad cotidiana de Ambrosio estaba dedicada a la dirección de su propia comunidad, y cumplía sus compromisos pastorales predicando a su pueblo más de una homilía semanal. San Agustín, quien fue un asiduo oyente de los sermones de San Ambrosio, nos cuenta en sus Confesiones que el prestigio de la elocuencia del obispo de Milán era muy grande y muy eficaz el tono de este apóstol de la amistad.

Sus libros publicados que han llegado hasta nosotros son las rápidas transcripciones y reutilizaciones de sus discursos, poco o nada revisados. Sus famosos Comentarios exegéticos, antes de ser reunidos en volúmenes, habían sido predicados a la comunidad cristiana de Milán. En ellos se nota el tono familiar del pastor que se dirige con amable sencillez a sus fieles. En ellos se siente palpitar el corazón de un gran obispo, que logra suscitar conmovedora emoción en sus oyentes con argumentos llenos de emotividad y de interés. Como buen pastor le gusta enseñar cantos litúrgicos a su pueblo. Por eso compuso un buen número de himnos, algunos son todavía familiares en la liturgia ambrosiana. Fue él quien introdujo en occidente el canto alternado de los salmos.

Entre sus escritos que no tienen relación directa con su predicación, recordamos el De officiis ministrorum, porque, recalcando el conocido texto ciceroniano y acogiendo todos sus elementos, demuestra que el cristianismo puede asimilar sin peligro de alterar el significado de la buena noticia esos valores morales naturales que el mundo pagano y romano en particular supo expresar. Ambrosio murió en Milán el 4 de abril del 397.

¿Quieres saber más? Consulta EWTN


Liturgia de las horas
Oficio de Lecturas

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

INVITATORIO

Salmo 94

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos. 

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. 

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 

HIMNO

Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino,
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.
 
Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios, que a todos ama.
 
Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.
 
La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de la verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén. 

SALMODIA

Ant. 1. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Salmo 36
LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5, 4).
I

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
 
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
 
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
 
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:
 
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
 
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Ant. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Ant. 2. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
 
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a los pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
 
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.
 
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agotarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;
 
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
 
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.
 
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
 
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.
 
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
 
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Ant. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Ant. 3. Confía en el Señor y sigue su camino.

III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.
 
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.
 
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
 
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.
 
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.
 
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.

Ant. Confía en el Señor y sigue su camino.

VERSÍCULO

V. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino del Señor.
R. Enderezad las sendas para nuestro Dios.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 35, 1-10
RETORNO DE LOS REDIMIDOS A TRAVÉS DEL DESIERTO

Esto dice el Señor:
«Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará.
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas.
En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro. Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán. No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán.
Los redimidos del Señor volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!»

RESPONSORIO Is 35, 3-4

V. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, vosotros, cobardes de corazón, sed fuertes, no temáis, dice el Señor, porque vengo
R. A romper el yugo de vuestra esclavitud.
V. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, a resarcir y a salvarnos.
R. A romper el yugo de vuestra esclavitud.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Ambrosio, obispo
(Carta 2,1-2. 4-5. 7: PL 16 [edición 1845], 847-881)
QUE EL ENCANTO DE TU PALABRA CAUTIVE EL FAVOR DEL PUEBLO

Recibiste el oficio sacerdotal y, sentado a la popa de la Iglesia, gobiernas la nave contra el embate de las olas. Sujeta el timón de la fe, para que no te inquieten las violentas tempestades de este mundo. El mar es, sin duda, ancho y espacioso, pero no temas: Él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
Por consiguiente, la Iglesia del Señor, edificada sobre la roca apostólica, se mantiene inconmovible entre los escollos del mundo y, apoyada en tan sólido fundamento, persevera firme contra los golpes de las olas bravías. Se ve rodeada por las olas, pero no resquebrajada, y, aunque muchas veces los elementos de este mundo la sacudan con gran estruendo, cuenta con el puerto segurísimo de la salvación para acoger a los fatigados navegantes. Sin embargo, aunque se agite en la mar, navega también por los ríos, tal vez aquellos ríos de los que afirma el salmo: Levantan los ríos su voz. Son los ríos que manarán de las entrañas de aquellos que beban la bebida de Cristo y reciban el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz. Hay también una corriente viva que, como un torrente, corre por sus santos. Hay también el correr del río que alegra al alma tranquila y pacífica. Quien quiera que reciba de la plenitud de este río, como Juan Evangelista, Pedro o Pablo, levanta su voz; y, del mismo modo que los apóstoles difundieron hasta los últimos confines del orbe la voz de la predicación evangélica, también el que recibe este río comenzará a predicar el Evangelio del Señor Jesús. Recibe también tú de la plenitud de Cristo, para que tu voz resuene. Recoge el agua de Cristo, esa agua que alaba al Señor. Recoge el agua de los numerosos lugares en que la derraman esas nubes que son los profetas.
Quien recoge el agua de los montes, o la saca de los manantiales, puede enviar su rocío como las nubes. Llena el seno de tu mente, para que tu tierra se esponje y tengas la fuente en tu propia casa.
Quien mucho lee y entiende se llena, y quien está lleno puede regar a los demás; por eso dice la Escritura: Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo. Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga voluntariamente a donde lo conduzcas. Que tus discursos estén llenos de inteligencia. Por la que dice Salomón: Armas de la inteligencia son los labios del sabio, y, en otro lugar: Que el sentido ate tus labios, es decir: que tu expresión sea brillante, que resplandezca tu inteligencia, que tu discurso y tu exposición no necesite sentencias ajenas, sino que tu palabra sea capaz de defenderse con sus propias armas; que, en fin, no salga de tu boca ninguna palabra inútil y sin sentido.

RESPONSORIO 2 Tm 4, 2; Sir 48, 4. 8

V. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta.
R. Armado de toda paciencia y doctrina.
V. ¿Quién podrá gloriarse de ser como tú, que ungiste reyes para ejecutar castigos?
R. Armado de toda paciencia y doctrina.

HIMNO TE DEUM

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
 
Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
 
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
 
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te aclama:
 
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
 
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
 
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
 
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
 
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
 
Creemos que un día
has de venir como juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V.
Bendigamos al Señor. 
R. Demos gracias a Dios.


Laudes

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

INVITATORIO

Salmo 94

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos. 

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. 

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo.  

HIMNO

Cristo, Cabeza, Rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.
 
Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y lo nombró en la Iglesia
jefe del pueblo.
 
Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.
 
Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido al mundo como luz (Jn 12, 46).

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
 
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
 
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
 
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
 
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Ant. 2. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cántico Is 38,10-14. 17-20
ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN
Yo soy el que vive y estaba muerto... y tengo las llaves de la muerte (Ap 1, 17. 18).

Yo pensé: "En medio de mis días
  tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
  me privan del resto de mis años".
 
Yo pensé: "ya no veré más al Señor
  en la tierra de los vivos,
  ya no miraré a los hombres
  entre los habitantes del mundo.
 
Levantan y enrollan mi vida
  como una tienda de pastores.
 Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
  y me cortan la trama".
 
Día y noche me estás acabando,
  sollozo hasta el amanecer.
  Me quiebras los huesos como un león,
  día y noche me estás acabando.
 
Estoy piando como una golondrina,
  gimo como una paloma.
  Mis ojos mirando al cielo se consumen:
  ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
 
Me has curado, me has hecho revivir,
  la amargura se me volvió paz
  cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
  y volviste la espalda a todos mis pecados.
 
El abismo no te da gracias,
  ni la muerte te alaba,
  ni esperan en tu fidelidad
  los que bajan a la fosa.
 
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
  como yo ahora.
  El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
 
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
  todos nuestros días en la casa del Señor.

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Ant. 3. ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. †

Salmo 64
SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS
Cuando se habla de Sión debe entenderse del reino eterno (Orígenes).

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,
† y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.
 
A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.
 
Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.
 
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;
 
tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.
 
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.
 
Tú cuidas la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;
 
riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
 
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Ant. ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.

LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy  y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
R. He colocado centinelas.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

BENEDICTUS Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
 
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
 
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
 
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
 
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.
 
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que, por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
 
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
 
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
 
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: 

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo. 

CONCLUSIÓN 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.
 
¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
pudo caber igual parte
de la culpa original?
 
De toda mancha estáis libre:
¿y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?
 
Si los hijos de sus padres
toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.
 
II
 
De Adán el primer pecado
no vino en vos a caer;
que quiso Dios preservaros
limpia como para él.
 
De vos el Verbo encarnado
recibió el humano ser,
y quiere todapureza
quien todopuro es también.
 
Si es Dios autor de las leyes
que rigen la humana grey,
para engendrar a su madre
¿no pudo cambiar la ley?
 
Decir que pudo y no quiso
parece cosa cruel,
y, si es todopoderoso,
¿con vos no lo habrá de ser?
 
Que honrar al hijo en la madre
derecho de todos es,
y ese derecho tan justo,
¿Dios no lo debe tener?
 
Porque es justo, porque os ama,
porque vais su madre a ser,
os hizo Dios tan purísima
como Dios merece y es. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya.

Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DE DIOS

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
 
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
 
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Ant. Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya. 

Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.

Salmo 147
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
 
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
 
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
 
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.

Ant. 3. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

Cántico Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
 
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.
 
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
 
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
 
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

LECTURA BREVE Rm 8, 29. 30

A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó.

RESPONSORIO BREVE

V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
V. Y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
R. Porque me has librado.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.

MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
 
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
 
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
 
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.
 
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
 
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos abundancia de salud y de paz.
 
Tú que hiciste de María la madre de misericordia,
— haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.
 
Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José,
— haz que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

ORACIÓN

Oh Dios, que por la Concepción inmaculada  de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Completas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido, agradezcamos sus dones y reconozcamos humildemente nuestros pecados.

Todos examinan en silencio su conciencia. Terminado el examen se añade una de las siguientes fórmulas penitenciales:

I
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.  

II
V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

HIMNO

El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.
 
Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.
 
Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
"Gracias, Señor, por este día".
 
Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti confía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran día.
 
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén 

SALMODIA

Ant. 1. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Salmo 4
ACCIÓN DE GRACIAS
El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los muertos (S. Agustín).

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
 
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
 
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
 
Hay muchos que dicen: "¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?"
 
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
 
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.

Ant. 2. Durante la noche, bendecid al Señor.

Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO
Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes (Ap 19, 5).

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.
 
Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.
 
El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.

Ant. Durante la noche, bendecid al Señor.

LECTURA BREVE Dt 6, 4-7

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

RESPONSORIO BREVE

V. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. 

Cántico de Simeón Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. 

ORACIÓN

Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.

INVOCACIÓN A LA SANTÍSA VIRGEN

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, hermosa doncella,
ruega a Cristo por nosotros.




























Antivirus gratuito: Panda On Line
Herramientas contra virus: Panda
Cursos Bíblicos gratuitos por Internet: Aula de la Biblia
¿Deseas escuchar música cristiana?: Radio Carisma
Libros católicos gratuitos: Servicio Koinonía

Suscríbete a Dios Existe
Alojado en egrupos.net
contador para web
contador de visitas para web

Inicio | Apúntate | Bazar | Grupos | Gente | Quienes somos | Privacidad de Datos | Contacta

eGrupos is a service of AR Networks
Copyright © 1999-2004 AR Networks, All Rights Reserved
Terms of Service