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Dios Existe
 | | Asunto: | [diosexiste] La Presentación de Nuestra Señora al Templo | | Fecha: | 21 de Noviembre, 2008 15:00:57 (+0100) | | Autor: | Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>
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Autor: Mario Sgarbossa y Luiggi Giovannini | Fuente: Un Santo para cada día
La Presentación de Nuestra Señora al Templo |
| Fiesta, 21 de noviembre |
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La memoria de la Presentación de la Santísima Virgen María, tiene una gran
importancia, porque en ella se conmemora uno de los “misterios” de la vida de
quien fue elegida por Dios como Madre de su Hijo y como Madre de la Iglesia. En
esta “Presentación” de María se alude también a la “presentación” de Cristo y de
todos nosotros al Padre.
Por otra parte, constituye un gesto concreto de
ecumenismo con nuestros hermanos de Oriente. Esto se puede apreciar en el
comentario de la Liturgia de las Horas que dice: “En este día, en que se recuerda
la dedicación de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo
de Jerusalén en el año 543, celebramos junto con los cristianos de la Iglesia
oriental, la “dedicación” que María hizo de sí misma a Dios desde la infancia,
movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción
inmaculada”.
El hecho de la presentación de María en el templo no lo narra
ningún texto de la Sagrada Escritura; de él, sin embargo, hablan abundantemente y
con muchos detalles algunos escritos apócrifos. María, según la promesa hecha por
sus padres, fue llevada al templo a los tres años, en compañía de un gran número
de niñas hebreas que llevaban antorchas encendidas, con la participación de las
autoridades de Jerusalén y entre el canto de los ángeles. Para subir al templo
había quince gradas, que María caminó sola a pesar de ser tan pequeña. Los
apócrifos dicen también que en el templo María se nutría con un alimento especial
que le llevaban los ángeles, y que ella no vivía con las otras niñas sino en el
“Sancta Sanctorum”, al cual tenía acceso el Sumo Sacerdote sólo una vez al año.
La realidad de la presentación de María debió ser mucho más modesta y al mismo
tiempo más gloriosa. Por medio de este servicio a Dios en el templo, María
preparó su cuerpo, y sobre todo su alma, para recibir al Hijo de Dios, viviendo
en sí misma la palabra de Cristo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la
palabra de Dios y la practican”.
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