SOLEMNIDAD DE CRISTO REY
¿Quién es Dios para juzgarnos?
Muchas veces nos preguntamos:
Si Dios es un Padre justo y misericordioso:
-¿Por qué no se compadece de los enfermos?
-¿Por qué no socorre a los que tienen necesidades materiales?
-¿Por qué no escucha las oraciones de quienes dicen que creen en El?
-¿Por qué no hace algo para evitar que nuestro planeta sufra los efectos de la
contaminación, los cuales, aunque reflexionemos y dejemos de contaminar, son
inevitables?
Cuando llegue el día en que Dios nos juzgue, responderá estas y otras preguntas
que muchos de nosotros nos hemos planteado muchas veces, y las escuchamos muchas
veces quienes predicamos el Evangelio, a pesar de que muchos de nuestros oyentes
se niegan a conocer la respuesta a las mismas, aunque se muestran muy interesados
en desmentirnos. Dios nos responderá las citadas preguntas, pero, sin duda
alguna, cuando nos explique a todos los enfermos por qué ha permitido que
padezcamos sin saber cuál era la razón por la que permitía nuestro sufrimiento,
también nos dirá a muchos de nosotros: Ahora que sabéis por qué he permitido que
existan las enfermedades, yo os pregunto: ¿Fuisteis vosotros misericordiosos con
los enfermos que visteis durante los años que se prolongó vuestra vida?
¿Consolasteis a esos enfermos?
Cuando Dios nos explique el sentido de la pobreza, también nos preguntará a
todos: ¿Por qué me pedisteis a mí que me ocupara de los pobres, si yo respondí
vuestras oraciones proporcionándoos los medios que necesitasteis tanto para
vosotros como para socorrer a los marginados que vivían en vuestro entorno y en
otros países?
Cuando Dios nos explique la razón por la que no respondió a nuestras oraciones
en el momento en que nosotros deseábamos que lo hiciera, El nos dirá que
necesitaba fortalecer nuestra fe para beneficiarnos con sus dones y virtudes,
pues somos muy propensos a vivir cómódamente, y a no valorar lo que tenemos. Esta
respuesta puede ser muy chocante para quienes hemos visto morir impotentes a
nuestros familiares y amigos por causa de sus enfermedades, pero no hemos de
olvidar que en este mundo vivimos para sufrir.
Imaginemos que ha llegado el día en que Jesús disponga a los infieles a su
izquierda y a los Santos a su derecha. Cuando llegue ese día nos sorprenderemos
al comprobar que Dios no piensa como nosotros, pues Jesús premiará a quienes:
-Les den de comer a los hambrientos.
-Sacien la sed de los sedientos.
-Acojan a los emigrantes y a los inmigrantes y a los necesitados de hospedaje
de sus países.
-Vistan a quienes carezcan de ropa.
-Visiten a los enfermos.
-visiten a los presos.
Acttualmente:
-Es más fácil para muchos despilfarrar el dinero en actividades de ocio y en
comprar compulsivamente cosas inservibles que alimentar a los hambrientos y
satisfacer la sed de los sedientos.
-Con una prudencia muchas veces muy real pues no se nos puede considerar
pecadores por ello hasta cierto punto porque nos puede pasar de todo, nos es más
fácil desamparar a quienes carecen de hogar y de todo tipo de bienes materiales
que acogerlos en nuestras viviendas, pero quizá nos sucede que no colaboramos con
quienes mantienen comedores y albergues para quienes necesitan seguir viviendo,
pues muchas veces es muy fácil tachar de vagos a quienes no pueden o no se
atreven o nadie deja superarse en esta sociedad tan basada en la competencia
desleal.
-Si muchos pobres se han hecho a sí mismos, ¿no merecen los tales una
oportunidad de aprender a vivir y ser educados para no mendigar una segunda vez?
Si nos negamos a vestir a quienes tienen sus ropas rotas y están desnudos, ¿no
sucederá esto porque estamos desnudos espiritualmente?
-Si sabemos lo que es estar enfermos y estar solos porque hemos vivido esa
experiencia, o si imaginamos lo terribles que son algunas enfermedades, ¿por qué
no les damos parte de nuestro tiempo a los desvalidos para que dejen de pensar un
poco en su dolor?
-Dios no nos juzgará pensando en nuestros conocimientos bíblicos ni de ninguna
carrera o profesión que hayamos aprendido, pues El únicamente nos preguntará: ¿Me
conocéis? Y también: Si me conocéis, ¿por qué no fuisteis mis imitadores mientras
os di la oportunidad de amaros como yo os he amado desde la creación del mundo?
Si cuando rezamos el Padre nuestro le decimos a Dios: "venga a nosotros tu
Reino", ¿Por qué muchos de nuestros hermanos católicos no creen que el Reino de
Dios vendrá a nosotros al final de los tiempos?
Hace varios años conocí a una señora que viajaba conmigo en un autobús. Ella
mencionó a Dios, por lo cuál yo le pregunté si era católica. Como ella respondió
mi pregunta afirmativamente, le pregunté si tenía la costumbre de leer la Biblia.
La buena mujer me preguntó sorprendida: ¿Cómo un católico como tú piensas que una
católica puede leer ese libro que siempre llevan encima los testigos de Jehová y
los protestantes?
Si no aprendemos las verdades fundamentales de nuestra fe, ¿Cómo podremos
adorar a Cristo Rey? ¿Cómo podremos valorar la fe si no sabemos lo que es la
primera de las tres virtudes teologales? San Pablo les escribió a los cristianos
hebreos: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve" (HEB. 11, 1). Si no sabemos lo que tenemos que esperar, ¿Cómo vamos a
suponer siquiera que existen realidades que no podemos ver? En el supuesto caso
de intuir que existen realidades invisibles a nuestros ojos, ¿qué podemos hacer
para intentar comprender la existencia de las mismas?
San Pablo nos dice con respecto a la fe: "Pero sin fe es imposible agradar a
Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay (que El
existe), y que es galardonador de los que le buscan" (HEB. 11, 6).
Que Dios os bendiga.