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 | | Asunto: | [diosexiste] MUERTE EN UNA ESPIRAL DE HUMO | | Fecha: | 10 de Octubre, 2008 20:00:18 (+0200) | | Autor: | Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>
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MUERTE EN UNA ESPIRAL DE HUMO por el Hermano Pablo
Al principio fue una advertencia silenciosa. La camarera señaló con el dedo un
cartel que decía: «NO FUMAR». Pero la mujer siguió fumando. Después ya fue una
advertencia de palabra: «Le ruego, señora, que no fume aquí. Si quiere fumar, hay
otra sección del restaurante para eso.» Pero la mujer siguió fumando.
Entonces, ante las quejas de varios clientes, vino una orden: «Si no puede
dejar de fumar, abandone el restaurante.» La mujer salió enfurecida, y volvió a
la hora, armada de un revólver. Fue así como Dafne Luster, de veintidós años de
edad y madre de cinco niños, mató a Rochelle Hudson, la mesera que se había
quejado del cigarrillo. En una espiral de humo se esfumó una vida, y otra fue a
dar a la cárcel por veinticinco años.
Hay sucesos en la vida que prácticamente nos obligan a hacer una reflexión. He
aquí una mujer joven, de sólo veintidós años, madre ya de cinco hijos, apasionada
fumadora, que se enfurece porque en un restaurante le piden que no fume en la
sección reservada para no fumadores. La ira y la frustración la trastornan, y no
halla más escape para su furia que matar de un tiro a la mujer que se ha
quejado.
Hay personas que se creen muy libres por haber derribado barreras morales y
ataduras religiosas. Se jactan de su libertad, se pavonean de su independencia y
hacen alarde de su individualismo. Pero están atadas a vicios y pasiones mil
veces más fuertes que los valores de los cuales dicen estar libres.
En las décadas de 1960 y 1970 se desarrolló mundialmente ese sentimiento de
«libertad». Sobre todo los jóvenes, saltando las vallas de la familia, de la
iglesia, de la escuela y de la ley, reclamaron libertad. Y en efecto, se
independizaron de todo valor moral.
Sin embargo, en su supuesta libertad fueron presa de las drogas y del alcohol,
y en lugar de libertad, ganaron sólo más servidumbre y esclavitud. En su libertad
imaginaria gustaron el amor libre hasta saciarse, y el resultado fue la
depravación moral junto con su secuela inevitable y mortal, el SIDA.
Es que la libertad sin valores, sin normas morales, sin pautas espirituales,
sin límites religiosos, no es libertad; es libertinaje. Y el libertinaje es una
esclavitud más exigente que las leyes morales más estrictas. Sólo Jesucristo
ofrece verdadera libertad. Sólo Él quita la opresión. Sólo Él da libertad de las
pasiones, de los vicios, de los odios y del pecado. Sólo Él nos libra de toda
atadura y esclavitud. Si de veras queremos ser libres, sometámonos al señorío de
Cristo. Esa es la única manera de ser verdaderamente libres.
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