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 | | Asunto: | [diosexiste] DOMINGO 14 B.- 5 de julio de 2009 | | Fecha: | 3 de Julio, 2009 21:04:31 (+0200) | | Autor: | Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>
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DOMINGO 14 B
5 de julio de 2009
ENVIADOS A UN PUEBLO REBELDE. EN NAZARET NO LE RECONOCIERON
1. "Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se
ha rebelado contra mí" Ezequiel 2,2. Ezequiel es un personaje muy singular,
tanto por su genio como por su temperamento oriental. Hijo del sacerdote Buzi,
vive al sur de Babilonia, en la actual Tel-Abib, junto al río Kebar. Allí recibe
el mandato de Dios con que hemos encabezado la homilía. 2. Desterrado de
Jerusalén, sigue con atención el desarrollo de la política de su pueblo, que
conoce profundamente. Es el hombre más excepcional de toda la literatura bíblica,
extraordinario en conocimientos, con un carácter fuerte, muy emocional y a la vez
reflexivo, dotado de imaginación creativa y vigorosa, historiador, poeta y
místico, y dotado de sabiduría para encuadrar el mundo de lo trascendente en la
realidad de su tiempo. Es el hombre más extraño y complejo, el más sensible, que
tuvo que actuar con la más fría energía, convertido en portavoz de castigo y de
salvación, de ruína y de reconstrucción; duro y comprensivo a la vez, calculador
y apasionado, soñador y realista, histórico y apocalíptico. Una personalidad tan
contradictoria que los que no ven la acción del Espíritu actuando sobre ella, lo
identifican con un enfermo mental. Pero su locura es la de las grandes
personalidades de la historia de la salvación, la locura de la cruz. Este es el
hombre enviado: "Yo te envío". Necesita ánimo Ezequiel para ir a Israel a
cumplir su misión, porque el conocimiento que tiene de la historia de rebeldía y
de infidelidades de su pueblo ha sido refrendado por Dios, que "le envía a un
pueblo rebelde".
3. Esa rebeldía de Israel que encontramos en Ezequiel enlaza con la "falta de
fe" que constata Marcos de Nazaret, donde Jesús no fue reconocido como Mesías
por sus paisanos, "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus
parientes y en su casa" Marcos 6,1, y a la vez, con las persecuciones de Pablo,
de que nos habla en su Carta 2 a los Corintios. Ezequiel tiene que cumplir una
dura misión en época difícil. El es un deportado entre los deportados, que tiene
que educar a un pueblo de dura cerviz, al que debe hablar en nombre de Dios.
Jesús salió de Cafamaum y vino a Nazaret, donde se había criado (Lc 4,16). Hacía
un año que había salido de Nazaret como un simple carpintero, y ahora volvía como
un famoso Rabbí rodeado de discípulos y con fama de profeta. Después de algunas
jornadas de intenso trabajo en Cafarnaún, decidió volver a su pueblo, caminando
unos cuarenta kilómetros. Nazaret era una pequeña aldea desconocida en los libros
bíblicos, donde las gentes vivían del cultivo de cereales, viñedos y olivares y
del cuidado de algunas cabras. En su pequeña sinagoga los sábados se reunían
todos para leer, comentar las Escrituras y orar juntos. Allí había asistido Jesús
durante treinta años. Conocía a todos, y todos le conocían a él.
4. El sábado, Jesús entró en la sinagoga, que estaba completamente llena. Allí
estaba María, su madre y sus parientes. Allí estaba todo Nazaret, con expectación
enorme. En la contemplación del primer sermón de Jesús en la sinagoga de Nazaret,
acude a mi memoria y a mi corazón el recuerdo de mi primer sermón en mi parroquia
natal. El templo estaba abarrotado desde hora muy temprana. El presidente de la
sinagoga invitó a Jesús. Jesús se levantó, subió al estrado, leyó el texto en
hebreo, y se sentó para hacer la homilía en arameo, que era su lengua materna.
Aunque Marcos silencia el contenido del discurso, lo conocemos por Lucas. Había
leído el capítulo 61 de Isaías, y centró su homilía en la frase: "Hoy se ha
cumplido esta Escritura que acabáis de oír: Evangelizar a los pobres, predicar la
libertad a los cautivos, la recuperación de la vista a los ciegos, liberar a los
oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor" (4,18). Ni Marcos ni Lucas lo
habían oído. Lo narran según Pedro, que habría estado allí. Entre unos y otros
nos dicen muy poco de todo lo que dijo Jesús en su homilía. Nos gustaría saber
todo lo que dijo basado en Isaías. Y más, nos gustaría haberlo oído. Desde luego
a sus paisanos no gustó. No podían negar su doctrina, pero no esperaban eso. Les
tocaría el corazón, les diría cosas que les hirieron. Se afirmaba profeta,
elegido, como Isaías, o como el Siervo de Yahvé. Es como si en aquel sermón
primero mío, yo hubiera anunciado que era el rey de España. Le despreciaron por
su origen humilde. Cuando algo humilla y no se tiene argumentos para refutarlo,
se desprestigia a la persona. Eso hicieron los nazaretanos: ¡Si lo conoceremos! Y
se ponen etiquetas negras a lo que podría orientar nuestra vida. No habla las
lenguas de la cultura, no cita a pensadores griegos, sólo cita el Antiguo
Testamento. ¡Como si no supiéramos de dónde procede! ¿De dónde le viene esa
sabiduría? Creen conocerle bien pero carecen de fe, conocen su aspecto humano,
pero ignoran el divino. Desde luego, admirados de las palabras llenas de gracia
que salían de sus labios, sí lo estaban, porque se decían: "¿De dónde saca todo
eso? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y
Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven entre nosotros aquí? Y desconfiaban de
él". "Decían los judíos: ¿Será éste el Mesías? Pero éste sabemos de dónde es;
mientras que, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es" (Jn 7,26). Creían
que el Mesías tenía que aparecer de un modo espectacular. Por eso se resisten a
creer que Jesús sea el Mesías. Conocen su origen humilde y su oficio de
carpintero; conocen a su madre, a sus hermanos y hermanas.
5. Mientras las palabras de Jesús, eran recibidas con alegría por los pueblos
y aldeas de alrededor, en su pueblo eran discutidas: "¿No es éste el hijo del
carpintero?". ¿Qué tiene que decirnos a nosotros? Le hemos visto crecer y nada
extraordinario en él nos llamaba la atención. Son amigos del espectáculo. Es
difícil aceptar que tal vez Dios tenga algo que decirme por medio de un pariente,
un amigo, que me advierte con sencillez y sin aparato. Y qué difícil es asimilar
que cualquier compañero haya sido elegido por Dios, haya entrado en el proyecto
de Dios antes que nosotros mismos. La historia es pródiga en ejemplos. La monja
de la misma comunidad de Bernardett, nunca aceptó que la Virgen se le hubiera
aparecido a ella, y San Clemente Romano nos dice que Pedro y Pablo fueron
martirizados por envidia. Y Jesús no pudo hacer en su tierra ningún milagro,
porque la acción de Dios está condicionada a la apertura humana. El poder de Dios
queda bloqueado ante la resistencia de los hombres. ?¡Cuántas veces quise reunir
a tus hijos como la gallina a sus pollos bajo las alas, y tú no quisiste!? (Mt
23,37). Jesús anuncia su mensaje desde la humillación y el rechazo. Los
habitantes de Nazaret no supieron descubrir la presencia del misterio de Dios en
la humana sencillez de aquel carpintero. Como ha dicho R. Fabris "La raíz de la
incredulidad está en la incapacidad de acoger la manifestación de Dios en lo
cotidiano". Podemos con nuestra falta de docilidad y mansedumbre, obstaculizar
la acción de Dios e impedirle que haga maravillas en nosotros.

6. En la televisión, la radio, la prensa, especialmente la del corazón, tienen
más resonancia las tonterías de un famoso que la sabiduría de un humilde. No
interesa tanto la suerte o la muerte de un honrado ciudadano o una abnegada ama
de casa, como la de un magnate de las finanzas o una estrella de la fama. Y sobre
todo, las separaciones y divorcios, o nuevas uniones de los que las venden y de
ellas viven. Y si lo hacen es porque eso es lo que gusta al público: hay
coincidencia de gustos. Y no es que la masa lo demande por su propia exigencia,
es que han hecho así a la masa, con intención positiva. Por eso hay demanda:
"Panem et circenses". El Hotel Glamour, tiene 11 millones de audiencia y
Ultimas Preguntas, 300.000. No interesan los valores que ofrecen con su ejemplo
mucha gente humilde. La televisión mimetiza, basta con ver cómo ha cundido el
vestido de las personas, o el desnudo de los cuerpos. ¿Es un mal? Seguramente que
a muchas las arrastra. Pero, si profundizamos un poco, ¿no recibirá más gloria
Dios, por el 1% que meritoriamente pasan a otro canal, o simplemente, apagan el
botón? ¡Cuánto debe agradar a Dios un acto libre, cuando permite tanto mal!
7. Ezequiel, Pablo y el mismo Jesús llevaron el mensaje de Dios a los hombres
rebeldes y duros de corazón. El profeta es un hombre que ha sido interpelado por
Dios: ahí comienza el drama de su vida. La fuerza del encuentro le empuja a
cumplir su misión y él se deja conducir, consciente de ser un instrumento en sus
manos. Toda su vida está impregnada del sentido del mensaje que debe anunciar. El
profeta pisa tierra mirando al cielo. No se anuncia a sí mismo ni sus ideas ni
sus geniales ocurrencias, porque sabe que no es más que el altavoz de quien le
inspira. Tampoco confía en sus fuerzas, porque conoce su debilidad. Sólo apoyado
en la fortaleza de Dios puede penetrar en los oídos duros y trasformar los
corazones rebeldes. Levanta su mano izquierda para delatar y su derecha para
consolar y perdonar. Así Ezequiel, así Pablo y así Jesús.
8. En el pueblo de Dios surgen profetas obligados a encararse con las mismas
dificultades sin ceder al desaliento. «La misión del obispo y del sacerdote
consiste en anunciar el Evangelio, la gracia y la verdad; en llevar al mundo el
mensaje de salvación; en hacerle tomar conciencia de sus pecados y de la
posibilidad de redención; en invitarle a la esperanza, en arrancarle de la
servidumbre de los ídolos que renacen cada día y en convertirle al Señor» (Pablo
VI).
9. Junto al ministerio de los obispos y sacerdotes está el profetismo de los
hombres y mujeres comprometidos, incomprendidos o tenidos por carrozas, y los
jóvenes por frikkis, que tienen que sufrir como los profetas y como Jesús. La
cuestión central del pasaje es ésta: ¿Quién es Jesús? Según los textos
evangélicos era conocido como el carpintero, el hijo del carpintero, el hijo de
María, el hijo de José. Sus paisanos escucharon su extraordinaria sabiduría y sus
acciones poderosas, y comprobaron que no se correspondían con la imagen que
tenían de él. La gente conocía bien lo que le habían enseñado. Pero constata que
sabe más de lo que se le ha enseñado. ¡Se le ha dado una nueva sabiduría! Y
reaccionaron como los que un día le habían oído decir que él era el pan bajado
del cielo: "No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo
se atreve a decir que ha bajado del cielo?" (Jn 6,42). Aquellos aldeanos de
Nazaret no supieron descubrir quién era realmente Jesús. No supieron descubrir al
profeta esperado por Israel. Tenían todas las claves para conocerlo, pero les
falló la más importante: la fe. Jesús se sintió despreciado, humillado y
fracasado en su propia tierra. ¡El peso del misterio que llevaba dentro le había
complicado una visita y una estancia grata y amable en su pueblo!
10. Las tres lecturas de hoy tienen un punto de coincidencia en la prueba del
fracaso. Ezequiel se dirige a un pueblo rebelde, que no le hace caso cuando le
proclama la palabra de Dios; Pablo siente en su carne un misterioso mal que lo
apalea para que no sea soberbio; Jesús fracasa estrepitosamente en su tierra. Los
proyectos de Dios exigen siempre el paso por la humillación y la amargura del
fracaso o de la propia impotencia y debilidad. Es preciso asumirlos con sentido
cristiano. Nos pueden ayudar, además, a una necesaria cura de humildad y de
renuncia a vanos triunfalismos. La Iglesia no debe pretender ser distinta de
Jesús.
11. Jesús no pudo hacer ningún milagro. ¡Misteriosa impotencia de quien un día
iba a triunfar sobre la muerte! Y de quien venía a redimir al mundo con su
Sangre! Los milagros de Jesús no eran prodigios de poder que avasallaban. Eran
signos o momentos significativos de encuentro con Jesús y de transformación
personal, que requerían una fe inicial, que luego confirmaría el mismo signo. Sin
fe, ni Dios mismo puede hacer sus maravillas en nosotros. Ya ha dicho Calvino que
los incrédulos paralizan la mano de Dios, porque no le dejan desplegar su poder.
12. La rutina y el orgullo paralizan la acción de Dios. Negaron a Jesús la
capacidad de decir una palabra salvadora, porque era el hijo del carpintero, como
aquella vieja que no quería rezarle a San Antonio porque le había conocido
"ciruelo". Habían visto a Jesús en su sencillez, pero como era de su misma
comunidad, y sabían que era bueno, discreto y servicial, como conocían a sus
parientes, no admitieron ni su sabiduría, ni sus milagros. ¡Lo que se perdieron!
Podemos nosotros también perder, por orgullo y por prejuicios, tesoros de
sabiduría y transformación, que no comprendemos, porque nos falta fe.
13. Pablo se siente débil, ante dificultades parecidas. Junto a sus conquistas
cuenta también con fracasos ministeriales. "Nadie es profeta en su tierra". Son
un pueblo rebelde pero, más pronto o más tarde, "sabrán que hubo un profeta en
medio de ellos". Pueblos testarudos y obstinados, no aceptan ni al profeta, ni
a Jesús, ni a Pablo. Pueblos tercos. Su terquedad, su pertinacia y testarudez, no
era la firmeza de los héroes, sino la dureza de la roca, del que no quiere
moverse para comenzar un camino desconocido. Son los del "siempre se ha hecho
así". Incapaces de innovar, para progresar y mejorar. Es la terquedad del
orgulloso instalado en su torre de marfil, que no permite que le molesten, ni con
razones ni con milagros. Santo Tomás dice que mantienen su propio criterio más de
lo justo para manifestar su propia excelencia, que nace de la vanagloria. Y san
Bernardo asegura que la lepra del criterio propio es tanto más grave cuanto más
oculta está, y ésta es para San Buenaventura, la más grave tentación del
cristiano. Ha sido el pecado de todos los cismáticos. Balmes describe al hombre
terco de puro orgullo: "Contempladle: su frente altiva parece amenazar al cielo;
su mirada imperiosa exige sumisión y acatamiento; en sus labios asoma el desdén
hacia cuanto le rodea; en toda su fisonomía veréis que rebosa la complacencia en
sí mismo, la afectación de sus gestos y modales os presenta un hombre lleno de
sí, que procede con excesiva compostura. Toma la palabra. Resignaos a callar.
¿Replicáis? No escucha vuestras réplicas y sigue su camino. ¿Insistís otra vez?
El mismo desdén, acompañado de una mirada que exige atención e impone silencio".
Era la actitud de los nazaretanos. Se nos hace necesaria la petición de San
Agustín: "Noverim me". "Señor, que me conozca". Un examen a fondo de nuestra
vida, de nuestro carácter. Para aceptarnos como somos, y para comenzar a mejorar.
14. La verdad es que hace falta dulzura y mansedumbre como la de Jesús, para
no refrenar el caballo, para que en su fogosidad no coja el bocado con los
dientes, y precipite al jinete; tal vez haya que aflojar la brida, para que se
detenga y se deje gobernar. Si apretáis al hombre y le oprimís, le encolerizáis;
si le encolerizáis, lo precipitáis; se le puede persuadir, pero no forzar; y si
se le fuerza se alborota. Debía de ser muy duro para Jesús, conocer lo que ha
venido a dar y ser rechazado por los que van a recibir tanto amor.
15. La cuestión de los hermanos de Jesús ha dado pie a negar la virginidad de
María, por no tener en cuenta que la lengua hebrea y la aramea carecen de
términos propios para designar los diversos grados de parentesco y así, las
diversas categorías de parentesco se designan con el término hermano. A Lot,
sobrino de Abraham, se le llama hermano en Gén 13,8; y en Gén 29,15, a Jacob se
le llama hermano de Labán, que era su tío. En l Cró 9,6-9,13 se habla de Yeuel
con 690 hermanos; de Reuel con 956 hermanos; y de Adaías con 1.760 hermanos. Y
hay que tener en cuenta que en el Oriente bíblico los vínculos familiares eran, y
son aún hoy día, más fuertes que entre nosotros: todo un clan o toda una tribu
son hermanos.
16. El Profeta Ezequiel, Pablo y Jesús, junto con la comunidad cristiana,
pueden apropiarse a la letra, los sentimientos del salmista, propios del que es
rechazado y marginado: "Nuestra alma está saciada del sarcasmo de los
satisfechos, del desprecio de los orgullosos" Salmo 122. Pero no para
desalentarse y tirar la toalla, sino "Para poner los ojos en el Señor, como los
pone la esclava en las manos de su señora". 17. Aceptemos nosotros a Cristo,
y a sus profetas, y a todos los que nos aporten un rayito de verdad y de amor,
reconociendo en ellos la acción de Dios salvífica permanente, quizá santificante
por la oportunidad magnífica que nos ofrece de ejercitar la paciencia, la
humildad y mansedumbre, a imitación del Maestro y de los santos. San Luis, Rey de
Francia, decía que nunca se contradijese a nadie, de no ser pecado su omisión. No
lo decía por prudencia humana, ni para contentar a todos, sino por un sentimiento
verdaderamente cristiano, para evitar todo debate y discusión. San Francisco de
Sales nos da esta lección: "Cuando hay que corregir, es necesario usar de gran
dulzura y arte, sin pretender violentar el espíritu de nadie; porque, diciendo
las cosas con acrimonia y aspereza, nada se gana". "Se cazan más moscas con una
gota de miel, que con un barril de vinagre".
18. Con la eficacia del pan eucarístico que vamos a ofrecer y a partir para
nuestro alimento, recibiremos fuerza para "vivir contentos en nuestras
debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades
sufridas por Cristo. Porque cuando somos débiles, entonces somos fuertes. Nos
basta su gracia" 2 Corintios 12,7
JESÚS MARTÍ BALLESTER
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