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 | | Asunto: | [diosexiste] RATONERAS DE LA VIDA | | Fecha: | 8 de Febrero, 2010 20:11:07 (+0100) | | Autor: | Alfa Romeo <yj_adonai @.....es>
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RATONERAS DE LA VIDA por el Hermano Pablo
Largo rato atisbó la llegada de la joven. Sabía que todas las noches, a las
diez en punto, regresaba del trabajo. Era una joven bella, atractiva, verdadera
flor de Málaga, España. Tal como él lo esperaba, la joven llegó. Tan pronto como
ella abrió la puerta y entró, él se abalanzó sobre ella.
Sin embargo, las cosas no salieron bien. José Olmedo, el asaltante, se vio en
una ratonera. La señorita alcanzó la puerta de su apartamento y escapó. Olmedo se
encontró de pronto en una situación difícil. Ninguna puerta se abría a menos que
pulsara el código. Dentro del vestíbulo del gran edificio de apartamentos, el
joven, de veintidós años, fue arrestado por la policía.
Le llamamos «ratonera» a una situación que no tiene solución. También se le
llama «callejón sin salida» y «punto sin retorno». Se trata de una de esas
condiciones imposibles de la vida. La gran mayoría de ellas, como en el caso de
Olmedo, las producimos nosotros mismos con nuestros errores y nuestros excesos.
Pero a veces, por esas situaciones ingobernables de la existencia, se producen
solas. En todo caso, son circunstancias que nos atrapan en una ratonera de la
vida, sin puerta de escape, sin socorro y sin protección.
¿Realmente hay ratoneras? ¿Hay situaciones insolubles? No, no las hay. Cuando
todo recurso se ha agotado, siempre queda Dios. Y no es que Dios haga caso omiso
del pecado. Él cambia el corazón humano. Su invitación es franca, firme y segura.
He aquí las palabras de Cristo: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y
agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11, 28).
Nuestro mayor problema no es un callejón sin salida. Es el no acudir a Dios
cuando todas las puertas se han cerrado. O tratamos, debido a nuestro orgullo, de
resolver nuestro propio dilema, hundiéndonos más en el problema, o cedemos a la
depresión que, para colmo de males, nos lleva a considerar el suicidio. Solos no
podemos salir de la ratonera.
Sin embargo, Jesucristo espera nuestro clamor. Él está siempre listo para
socorrernos y quitar las angustias que nos consumen. La vida siempre nos va a
presentar situaciones imprevistas, problemas, al parecer, insolubles. Vivimos en
un mundo lleno de corrupción. Pero Cristo quiere ser nuestro Salvador. Pongamos
nuestro problema en las manos de Dios. Entreguémosle a Él esa dificultad que nos
está consumiendo. A Dios nada puede sorprenderlo ni amedrentarlo. Él es Dios, y
puede socorrernos. Basta con que le digamos: «Entra, Señor, a mi corazón.»
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