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| | Asunto: | [diosexiste] Beber no es un juego | | Fecha: | Lunes, 8 de Febrero, 2010 23:17:49 (+0100) | | Autor: | josefinafuensanta <josefinafuensanta @.....com>
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Autor: Ana Aznar | Fuente: Sontushijos.org Beber no es un juego |
| Puedes hablar con tu hijo para ayudarle a resolver el
momento en el que sus amigos le inviten a beber alcohol, ya que puede
resultar difícil decir simplemente: "No, gracias" |
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| Beber no es un juego | Los
niños y los adolescentes absorben el alcohol más rápidamente que los
adultos y sus hígados lo metabolizan con menos eficacia. Los propios
adolescentes reconocen que no beben de manera social, como lo hacen
los adultos normalmente, sino para cogerse el puntillo o
emborracharse.
La atracción por lo prohibido
La
adolescencia y preadolescencia es el tiempo en el cual la persona
crece y se desarrolla física, psicológica, emocional y socialmente.
Es un periodo dinámico de renovación y de continuos cambios, una
auténtica revolución hormonal y una tormenta de sentimientos
contradictorios. Está considerada como una etapa emocional y
nutricional inestable, con fuerte atracción por lo que se considera
prohibido, peligroso y susceptible de riesgo. La vulnerabilidad
psíquica del adolescente es muy influenciable por los medios de
comunicación sobre las tendencias, las modas, la música, las dietas,
las bebidas refrescantes o alcohólicas, que inciden en las pautas de
conducta, nutricionales y de comportamiento de estilo de
vida.
Se ponen en evidencia ante sus amigos
La
mayoría de los chicos y chicas que beben alcohol lo hacen porque les
ayuda a relacionarse con los demás, o lo utilizan para celebrar los
momentos alegres o superar los tristes. Cuando uno se intoxica con
el alcohol resulta evidente para todos, incluso si se empeña a
gritos en asegurar que él no está borracho. Eso no se sostiene a la
mañana siguiente, cuando se sufre un terrible dolor de cabeza, se
tiene los ojos inyectados en sangre, con sudores, náuseas,
temblores, pérdidas de memoria y los síntomas extremos del efecto
diurético del alcohol. Al contrario de otras drogas como la
marihuana y el LSD, el alcohol tiene la virtud de proporcionarnos
numerosas señales del daño que está provocando. Inicialmente, el
alcohol puede hacer del mundo un lugar mejor; tras un rato, sin
embargo, los efectos sedantes le ganan la batalla a los estimulantes
y los efectos placenteros se cancelan.
Un síntoma de
envenenamiento: la resaca
El acetaldehído es un veneno.
Actúa como irritante celular y en altas concentraciones causa daño,
vertiéndose en la corriente sanguínea y viajando al cerebro, donde
interfiere con los aminoácidos del cerebro que actúan como
neurotransmisores. Los variados síntomas del envenenamiento por
acetaldehído se conocen por todos como resaca. Un envenenamiento
persistente por esta sustancia hace que las células del hígado
funcionen pobremente: algunas mueren y se reemplazan con grasa y
fibra. Esto es la cirrosis del hígado.
Los estudios más
recientes muestran que con el tiempo, el etanol reduce la actividad
metabólica del cerebro. Deprime directamente las neuronas del centro
respiratorio en el tronco encefálico, reduciendo la toma de oxígeno
y haciendo la respiración menos eficiente. Cuando los niveles de
oxígeno en sangre se empobrecen progresivamente, la primera etapa es
la euforia. Después llega la sedación, la somnolencia, el sueño, la
insensibilidad, el coma y, en ocasiones, la muerte. Como disminuye
el sentido de responsabilidad, nos hace más imprudentes y puede
elevar la agresividad; la intoxicación es potencialmente una amenaza
para la vida, especialmente cuando entra en juego con la
testosterona, la hormona masculina de la
agresividad.
Otros efectos del alcohol
El
alcohol es un depresivo, lo que significa que hace más lento el
funcionamiento del sistema nervioso central. En realidad, bloquea
algunos de los mensajes que intentan llegar al cerebro, alterando
las percepciones, las emociones, los movimientos, la vista y el oído
de una persona. El alcohol reduce nuestro tiempo de reacción entre
un 10% y un 30%. Lo que ocurre es sencillamente que los mensajes
tardan más tiempo en llegar de nuestros ojos al cerebro. El
procesamiento de la información se hace más difícil y las órdenes a
los músculos no circulan tan rápido. Además, reduce la capacidad
para hacer dos o más tareas a la vez y la capacidad de ver los
objetos distantes. La visión nocturna puede reducirse en un 25% y es
posible que se produzca visión borrosa, visión doble o que se pierda
la visión periférica. Por otro lado, el alcohol hace que tengamos un
falso sentido de seguridad, de sobre confianza y de que todo está
controlado, por lo que la gente bebida es la que se pone en más
riesgo. Los jóvenes también tienen una menor tolerancia al alcohol,
con lo que la curva de riesgo se agudiza enormemente cuando se bebe
más de la cuenta.
Asimismo, los adolescentes que beben
también tienen más probabilidades de engordar o padecer problemas de
salud. Un estudio realizado por la Universidad de Washington reveló
que las personas que consumían normalmente cinco o más bebidas
alcohólicas, una detrás de la otra, desde los 13 años, eran más
propensas al sobrepeso o a la hipertensión a la edad de 24 años, que
aquellas que no bebían alcohol. Las personas que continúan bebiendo
mucho alcohol durante la edad adulta corren el riesgo de dañar
órganos tales como el hígado, el corazón o el
cerebro.
Afecta más a las mujeres
El alcohol
tiene una masa molecular baja. Se disuelve fácilmente en agua, pero
menos en la grasa. Una vez que se consume, el alcohol se distribuye
por todo el agua del cuerpo. Las mujeres, que tienen menos masa
muscular y más tejido adiposo que los hombres, tienen menos agua en
el cuerpo para disolver el alcohol, por lo que queda en la corriente
sanguínea en más altas concentraciones que las que tendría un hombre
del mismo peso. Una asociación médica británica mostró que una jarra
de cerveza eleva el nivel de alcohol en sangre hasta un mínimo de
60mg. en los hombres, pero hasta por encima de 135mg. en las
mujeres. Cuando se ingiere oralmente, se absorbe rápidamente dentro
de la corriente sanguínea desde el estómago y el intestino delgado y
viaja directamente al hígado, donde la mayor parte se descompone en
acetaldehído. Si se toma seis bebidas en una hora, una de ellas se
convierte en acetaldehído en el hígado, mientras que las otras cinco
chapotearán como etanol en la sangre.
Pero... ¿por qué
bebe mi hijo?
Desde que son muy pequeños, los niños ven
mensajes publicitarios con gente "guay" que disfruta de la vida... y
del alcohol. Además muchos padres y otros adulto beben alcohol en
reuniones sociales, por ejemplo, se toma cerveza o vino durante una
cena; sin quererlo se trasmite el mensaje a los hijos de que el
alcohol es inofensivo. Durante la adolescencia e, común que se
experimente cor el alcohol. Algunos de los motivos por los que los
adolescentes beben alcohol o prueban las drogas son los
siguientes: ~ Por curiosidad. ~ Para sentirse bien, reducir el
estrés y relajarse. ~ Para no sentirse diferentes. ~ Para
parecer mayores.
Explica a tu hijo cómo le ataca el
alcohol
• Lugares del cerebro afectados: la corteza
cerebral, el cerebelo y el tronco encefálico, particularmente el
centro de la respiración. Alteración inicial: euforia suave,
relajación y sedación. • Efectos colaterales agudos:
intoxicación, se disminuye el sentido del oído y el sentido de
responsabilidad, resaca. • Efectos colaterales crónicos:
adicción, cirrosis en el hígado, pérdida de memoria, razonamiento
poco equilibrado, síndrome de Korsakoff, síndrome fetal
alcohólico. • Efectos irreversibles: daños permanentes en la
capacidad de aprendizaje y la memoria, ya que las neuronas que se
destruyen en el hipocampo no se reemplazarán jamás. • El 8% de
las personas que beben alcohol desarrollan algún tipo de problema y
cada una de esas víctimas afectará en alguna medida al menos a otras
seis personas.
PARA PENSAR...
• Habla con tu
hijo y pídele que no beba en ninguna circunstancia. Pon tu confianza
en él y dale una oportunidad si bebió por primera vez la noche de
fin de año. • Explícale que ni el café, ni la ducha fría, ni
vomitar, ni hacer ejercicio le ayudarán a perder una borrachera. Son
falacias, solo el tiempo hace que el cuerpo pueda liberarse del
alcohol. • Si de verdad quieres plantar cara al consumo precoz de
alcohol, proponte recuperar la cultura del "no" y del "castigo
responsable", frente a las extendidas posturas de permisividad
absoluta de los padres. • Si tu hijo va a acudir a una fiesta en
la que sabe que habrá bebidas alcohólicas, debe pensar en una
estrategia de antemano. Por ejemplo, él y un amigo podrían ponerse
de acuerdo en alguna señal que indique que es hora de
retirarse. • Observa cómo "anda" la autoestima de tu hijo.
Quienes poseen una autoestima elevada tienen menos posibilidades de
convertirse en bebedores con problemas, que quienes la poseen
baja. • Pero sobre todo, hazle ver que todos decidimos si bebemos
y cuánto; incluso los adultos. Que compruebe por sí mismo que puede
disfrutar de una fiesta o de otro evento con la misma intensidad, o
más intensamente, si no consume alcohol. Y como su sistema nervioso
central estará trabajando como debe, recordará mejor lo bien que se
lo pasó.
Y ACTUAR
Puedes hablar con tu hijo
para ayudarle a resolver el momento en el que sus amigos le inviten
a beber alcohol, ya que puede resultar difícil decir simplemente:
"No, gracias". Nadie quiere arriesgarse a sentirse rechazado o
dejado de lado. Podrá tener preparados distintos argumentos como:
"Tengo un partido mañana ", "Mi tío murió a causa del alcohol", "Mis
padres me vendrán a buscar muy pronto", "Ya me metí en serios
problemas por beber alcohol, no puedo volver a hacerlo" o "El
entrenador me
mataría".
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