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No me canso de leer este poema, Luis Gilberto. Especialmente los cuatro últimos versos.
Un beso.
El 7 de febrero de 2010 18:27, Luis Gilberto <lgcaraballo@gmail.com> escribió:
Como esa risa como esa voz del incendio aparece entre quejidos y humaredas, se desconcha en su seno, en un centro.
Como ese cenicero de silencios que nos llevamos en las tardes. luego de fumarnos el tiempo. Y luego de pasar entre las puertas con el cuerpo pulcro de sudor, sostenido por el verbo al lado con nuestra sombra.
Y tomarnos un café, un recuerdo en esa historia efímera una escalera de adjetivos, de itinerarios de escondernos en nosotros como esa caja donde se guarda lo más sagrado Y cuando será entonces esa liturgia?
Como esa risa, como esa voz del incendio, que se pierde Y nos carga vivos nadie sabe adónde alumbra Ese cenicero de silencios que nos llevamos en las tardes Y en las noches arden de nuevo,
los navíos de la memoria, reposan con sus torpes cascos encajados en el ser. Luis Gilberto Caraballo 2010
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