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Asunto:[EscuelaSabatica] Notas EGW - 12
Fecha:Domingo, 17 de Diciembre, 2006  00:01:58 (-0300)
Autor:RDCh <rdchuquimia @..........ar>

Notas de Elena de White compiladas de sus escritos relacionadas con la Leccion 12 "De la prision al palacio", correspondiente al sabado 23 de diciembre.
 
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Notas de Elena G. de White

 

Lección 12

23 de Diciembre de 2006

 

 

De la prisión al palacio

 

 

Sábado 16 de Diciembre.

 

En su niñez, [a José] se le había enseñado a amar y temer a Dios. A menudo se le había contado, en la tienda de su padre, bajo las estrellas de Siria, la historia de la visión nocturna de Betel, de la escalera entre el cielo y la tierra, de los ángeles que subían y bajaban, y de Aquel que se reveló a Jacob desde el trono de lo alto. Se le había contado la historia del conflicto habido junto al Jaboc, donde, después de renunciar a pecados arraigados, Jacob fue vencedor y recibió el título de príncipe con Dios.

 

Mientras era pastorcillo y cuidaba los rebaños de su padre, la vida pura y sencilla de José había favorecido el desarrollo de las facultades físicas y mentales. Por la comunión con Dios mediante la naturaleza, y el estudio de las grandes verdades transmitidas de padre a hijo como cometido sagrado, obtuvo fuerza mental y firmeza de principios (La educación, p. 52).

 

Los hermanos de José se propusieron matarlo primero, pero finalmente se conformaron con venderlo como esclavo para impedir que llegara a ser superior a ellos. Pensaban que lo habían enviado a donde no los molestaría más con sus sueños, y donde no existía la menor posibilidad de que se cumplieran. Pero Dios empleó los procedimientos de ellos para que precisamente se cumpliera lo que habían resuelto que jamás ocurriese: que él se enseñoreara de ellos.

 

El Señor no permitió que José fuera solo a Egipto. Los ángeles prepararon el camino para la recepción que allí se le iba a dar. Potifar, funcionario de la corte de Faraón, capitán de la guardia, lo compró a los ismaelitas. Y el Altísimo estuvo con José, le dio prosperidad y le ganó la simpatía de su amo, de tal manera que éste encomendó al cuidado del joven todo lo que poseía. “Y dejó todo lo que tenía en manos de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía”. Se consideraba abominación que un hebreo preparara alimentos para un egipcio (La historia de la redención, p. 103).

 

 

Domingo 17 de Diciembre:

“El soñador”

 

Esaú había menospreciado las bendiciones del pacto. Había preferido los bienes temporales a los espirituales, y obtuvo lo que deseaba. Se separó del pueblo de Dios por su propia elección. Jacob había escogido la herencia de la fe. Había tratado de lograrla mediante la astucia, la traición y el engaño; pero Dios permitió que su pecado produjera su corrección. Sin embargo, a través de todas las experiencias amargas de sus años posteriores, Jacob no se desvió nunca de su propósito, ni renunció a su elección. Había comprendido que, al valerse de la habilidad y la astucia humanas para conseguir la bendición, había obrado contra Dios.

 

De aquella lucha nocturna al lado del Jaboc, Jacob salió hecho un hombre distinto. La confianza en sí mismo había desaparecido. Desde entonces en adelante ya no manifestó su astucia anterior. En vez del disimulo y el engaño, los principios de su vida fueron la sencillez y la veracidad. Había aprendido a confiar con sencillez en el brazo omnipotente; y en la prueba y la aflicción se sometió humildemente a la voluntad de Dios. Los elementos más bajos de su carácter habían sido consumidos en la hornaza, y el oro verdadero se purificó, hasta que la fe de Abraham e Isaac apareció en Jacob con toda nitidez.

 

El pecado de Jacob y la serie de sucesos que había acarreado no dejaron de ejercer su influencia para el mal, y ella produjo amargo fruto en el carácter y la vida de sus hijos. Cuando estos hijos llegaron a la virilidad, cometieron graves faltas. Las consecuencias de la poligamia se revelaron en la familia. Este terrible mal tiende a secar las fuentes mismas del amor, y su influencia debilita los vínculos más sagrados. Los celos de las varias madres habían amargado la relación familiar; los niños eran contenciosos y contrarios a la dirección, y la vida del padre fue nublada por la ansiedad y el dolor.

 

Sin embargo, hubo uno de carácter muy diferente; a saber, el hijo mayor de Raquel, José, cuya rara hermosura personal no parecía sino reflejar la hermosura de su espíritu y su corazón. Puro, activo y alegre, el joven reveló también seriedad y firmeza moral. Escuchaba las enseñanzas de su padre y se deleitaba en obedecer a Dios. Las cualidades que le distinguieron más tarde en Egipto, la benignidad, la fidelidad y la veracidad, aparecían ya en su vida diaria. Habiendo muerto su madre, sus afectos se aferraron más estrechamente a su padre, y el corazón de Jacob estaba ligado a este hijo de su vejez. “Amaba..., a José más que a todos sus hijos”.

 

Pero hasta este cariño había de ser motivo de pena y dolor. Imprudentemente Jacob dejó ver su predilección por José, y esto motivó los celos de sus demás hijos. Al ver José la mala conducta de sus hermanos, se afligía mucho; se atrevió a reconvenirlos suavemente, pero esto despertó tanto más el odio y el resentimiento de ellos. A José le era insufrible verlos pecar contra Dios, y expuso la situación a su padre, esperando que su autoridad los indujera a enmendarse (Patriarcas y profetas, pp. 208, 209).

 

 

Lunes 18 de Diciembre:

“El pecado con los cananeos”

 

Jacob había pecado, y había sufrido hondamente. Había tenido que pasar muchos años de trabajo, cuidado y dolor desde el día en que su gran pecado le obligó a huir de las tiendas de su padre.

 

Había sido fugitivo sin hogar, separado de su madre a quien nunca volvió a ver; trabajó siete años por la que amó, sólo para ser vilmente defraudado; trabajó veinte años al servicio de un pariente codicioso y rapaz; vio aumentar su riqueza y crecer a sus hijos en su derredor, pero halló poco regocijo en su contenciosa y dividida familia; se sintió dolorido por la vergüenza de su hija, por la venganza de los hermanos de ésta, por la muerte de Raquel, por el monstruoso delito de Rubén, por el pecado de Judá, por el cruel engaño y la malicia perpetrada en José. ¡Cuán negra y larga es la lista de iniquidades expuestas a la vista! Vez tras vez había cosechado el fruto de aquella primera mala acción. Vez tras vez vio repetidos entre sus hijos los pecados de los cuales él mismo había sido culpable. Pero aunque la disciplina había sido amarga, había cumplido su obra. El castigo, aunque doloroso, había producido el “fruto apacible de justicia” (Hebreos 12:11).

 

La inspiración registra fielmente las faltas de los hombres buenos que fueron distinguidos por el favor de Dios; en realidad, sus defectos resaltaban más que sus virtudes. Muchos se han preguntado el porqué de esto, y ha sido motivo de que el infiel se burle de la Biblia. Pero una de las evidencias más poderosas de la veracidad de la Escritura consiste en que ella no hermosea las acciones de sus personajes principales ni tampoco oculta sus pecados. Las mentes de los hombres están tan sujetas a prejuicios que no es posible que la historia humana sea absolutamente imparcial. Si la Biblia hubiera sido escrita por personas no inspiradas, habría presentado indudablemente el carácter de sus hombres distinguidos bajo un aspecto más favorable. Pero tal como es, nos proporciona un relato correcto de sus vidas.

 

Los hombres a quienes Dios favoreció, y a quienes confió grandes responsabilidades, fueron a veces vencidos por la tentación y cometieron pecados, tal como nosotros hoy luchamos, vacilamos y frecuentemente caemos en el error. Sus vidas, con todos sus defectos y extravíos, están ante nosotros, para que nos sirvan de aliento y amonestación. Si se los hubiera presentado como personas intachables, nosotros, con nuestra naturaleza pecaminosa, podríamos desesperar por nuestros errores y fracasos. Pero viendo cómo lucharon otros con desalientos como los nuestros, cómo cayeron en la tentación como nos ha ocurrido a nosotros, y cómo, sin embargo, se reanimaron y llegaron a triunfar mediante la gracia de Dios, nos sentimos alentados en nuestra lucha por la justicia. Así como ellos, aunque vencidos algunas veces, recuperaron lo perdido y fueron bendecidos por Dios, también nosotros podemos ser vencedores mediante el poder de Jesús. Por otro lado, la narración de sus vidas puede servirnos de amonestación. Muestra que de ninguna manera justifica Dios al culpable. Ve el pecado que haya en aquellos a quienes más favoreció, y lo castiga en ellos aun más severamente que en los que tienen menos luz y responsabilidad (Patriarcas y profetas, pp. 241-243).

 

Cristo ha enseñado claramente que aquellos que persisten en pecados manifiestos deben ser separados de la iglesia; pero no nos ha encomendado la tarea de juzgar el carácter y los motivos. El conoce demasiado bien nuestra naturaleza para confiarnos esta obra a nosotros. Si tratásemos de extirpar de la iglesia a aquellos que suponemos cristianos falsos, cometeríamos seguramente errores. A menudo consideramos sin esperanza a los mismos a quienes Cristo está atrayendo hacia sí. Si tuviéramos nosotros que tratar con estas almas de acuerdo con nuestro juicio imperfecto tal vez ello extinguiría su última esperanza. Muchos que se creen cristianos serán hallados faltos al fin. En el cielo habrá muchos de quienes sus prójimos suponían que nunca entrarían allí. El hombre juzga por la apariencia, pero Dios juzga el corazón. La cizaña y el trigo han de crecer juntamente hasta la cosecha; y la cosecha es el fin del tiempo de gracia (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 50).

 

 

Martes 19 de Diciembre:

“José en Egipto”

 

José consideró como la mayor calamidad que podría haberle ocurrido el ser vendido en Egipto; pero entonces vio la necesidad de confiar en Dios como nunca lo había hecho cuando estaba protegido por el amor de su padre. José llevó a Dios consigo a Egipto, y este hecho quedó de manifiesto por su comportamiento alegre, a pesar de su tristeza. Como el arca del Señor trajo descanso y prosperidad a Israel, así también este joven temeroso y amante de Dios fue una bendición en Egipto. Este hecho se hizo patente de una manera tan señalada que Potifar, en cuya casa servía, atribuyó todas sus bendiciones a este esclavo que había comprado, y lo convirtió más en un hijo que en un siervo. Es el propósito de Dios que los que le aman y honran también sean honrados, y que la gloria que se le da a Dios a través de ellos, se refleje sobre éstos mismos (Recibiréis poder, p. 258).

 

Las lecciones que dio Jacob a José, en su juventud, al expresar su firme confianza en Dios y relatarle vez tras vez las preciosas evidencias de la amante bondad de Dios e incesante cuida o, fueron precisamente las lecciones que necesitó en su destierro entre un pueblo idólatra. Usó prácticamente esas lecciones en tiempo de prueba. Estando en la más difícil prueba, acudió a su Padre celestial en quien había aprendido a confiar. Si los preceptos y ejemplo del padre de José hubieran sido de un carácter opuesto, la pluma de la inspiración nunca hubiera trazado en las páginas de la historia sagrada el relato de integridad y virtud que reluce en el carácter de José. Las primeras impresiones efectuadas en su mente protegieron su corazón en la hora de la tremenda tentación y lo indujeron a exclamar: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Conducción del niño, p. 182).

 

La fiel integridad de José lo llevó a la pérdida de su reputación y libertad. Esta es la prueba más severa a la que están sometidos los virtuosos y temerosos de Dios: que el vicio parece prosperar mientras la virtud es hollada en el polvo. La seductora estaba viviendo en la prosperidad como un modelo de virtuosa corrección, mientras que José, fiel a los principios, estaba bajo la envilecedora acusación del más repulsivo crimen. La religión de José mantuvo la dulzura de su carácter y su simpatía con la humanidad firme y cálida, a pesar de todas sus pruebas. Si sienten que no se los trata debidamente, hay quienes se vuelven agrios, poco generosos, ásperos y descorteses en sus palabras y comportamiento. Se hunden desanimados, llenos de odio y odiando a otros. Pero José era cristiano. Apenas entró en la vida de la prisión, puso en acción todo el brillo de la práctica de sus principios cristianos; comenzó a hacerse útil para otros. Se ocupó de las dificultades de sus compañeros de prisión. Fue alegre porque era un caballero cristiano. Dios lo estaba preparando mediante esta disciplina para una posición de gran responsabilidad, honor y utilidad, y estuvo dispuesto a aprender; aceptó de buen grado las lecciones que el Señor quería enseñarle. Aprendió a llevar el yugo en su juventud. Aprendió a gobernar aprendiendo la obediencia primero él mismo. Se humilló, y el Señor lo exaltó a un honor especial (Comentario bíblico adventista, p. 1111).

 

 

Miércoles 20 de Diciembre:

“El copero y el panadero”

 

El papel que desempeñó José en las escenas de la oscura prisión fue lo que lo elevó finalmente a la prosperidad y el honor. Dios tenía el propósito de que adquiriera experiencia por medio de las tentaciones, la adversidad y las penalidades, a fin de prepararlo para ocupar un puesto encumbrado.

 

Mientras él estaba confinado en la prisión, Faraón se enojó con dos de sus sirvientes, el jefe de los panaderos y el jefe de los coperos, y los envió a la misma prisión donde estaba José. El capitán de la guardia puso a José para que les sirviera durante el tiempo que estuviesen en la cárcel. Su conducta ejemplar, su actitud humilde y su fidelidad, le habían ganado la confianza de todos, incluso de los guardias. No dedicaba su tiempo a quejar- se de la injusticia de sus acusadores que lo habían privado de su libertad. Una mañana, mientras traía la comida a los oficiales del rey, notó tristeza en sus rostros y les preguntó: “¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José:

 

¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora”. El copero le relató entonces a José su sueño, y éste se lo interpretó diciéndole que sería restaurado al puesto que antes tenía y que volvería a servirle la copa al Faraón en su mano. El copero se sintió liberado y satisfecho con la interpretación (Spiritual Gifts, tomo 3, pp. 146, 147).

 

Poco a poco José ganó la confianza del carcelero, y se le confió por fin el cuidado de todos los presos. Fue la obra que ejecutó en la prisión, la integridad de su vida diaria, y su simpatía hacia los que estaban en dificultad y congoja, lo que le abrió paso hacia la prosperidad y los honores futuros. Cada rayo de luz que derramamos sobre los demás se refleja sobre nosotros mismos. Toda palabra bondadosa y compasiva que se diga a los angustiados, todo acto que tienda a aliviar a los oprimidos, y toda dádiva que se otorgue a los necesitados, si son impulsados por motivos sanos, resultarán en bendiciones para el dador.

 

El panadero principal y el primer copero del rey habían sido encerrados en la prisión por alguna ofensa que habían cometido, y fueron puestos bajo el cuidado de José. Una mañana, observando que parecían muy tristes, bondadosamente les preguntó el motivo y le dijeron que cada uno había tenido un sueño extraordinario, cuyo significado anhelaban conocer. “¿No son de Dios las declaraciones? Contádmelo ahora”, dijo José. Cuando cada uno relaté su sueño, José les hizo saber su significado: Dentro de tres días el jefe de los coperos había de ser reintegrado a su puesto, y había de poner la copa en las manos de Faraón como antes, pero el principal de los panaderos sería muerto por orden del rey. En ambos casos, el acontecimiento ocurrió tal como lo predijo.

 

El copero del rey había expresado la más profunda gratitud a José, tanto por la feliz interpretación de su sueño como por otros muchos actos de bondadosa atención; y José, refiriéndose en forma muy conmovedora a su propio encarcelamiento injusto, le imploró que en compensación presentara su caso ante el rey. “Acuérdate, pues, de mí para contigo —dijo— cuando tuvieres ese bien, y ruégote que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa: porque hurtado he sido de la tierra de los Hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me hubiesen de poner en la cárcel”. El principal de los coperos vio su sueño cumplido en todo detalle; pero cuando fue reintegrado al favor real, ya no se acordó de su benefactor. Durante dos años más, José permaneció preso. La esperanza que se había encendido en su corazón se desvaneció poco a poco, y a todas las otras tribulaciones se agregó el amargo aguijón de la ingratitud (Patriarcas y profetas, pp. 218, 219).

 

 

Jueves 21 de Diciembre

“La liberación de José”

 

Pero una mano divina estaba por abrir las puertas de la prisión. El rey de Egipto tuvo una noche dos sueños que, por lo visto, indicaban el mismo acontecimiento, y parecían anunciar alguna gran calamidad. El no podía determinar su significado, pero continuaban turbándole. Los magos y los sabios de su reino no pudieron interpretarlos. La perplejidad y congoja del rey aumentaban, y el terror se esparcía por todo su palacio. El alboroto general trajo a la memoria del copero las circunstancias de su propio sueño; con él recordó a José, y sintió remordimiento por su olvido e ingratitud. Informó inmediatamente al rey cómo su propio sueño y el del primer panadero habían sido interpretados por el prisionero hebreo, y cómo las predicciones se habían cumplido.

 

Fue humillante para Faraón tener que dejar a los magos y sabios de su reino para consultar a un esclavo extranjero; pero estaba listo para aceptar el servicio del más ínfimo con tal que su mente atormentada pudiese encontrar alivio. En seguida se hizo venir a José. Este se quitó su indumentaria de preso y se cortó el cabello, pues le había crecido mucho durante el período de su desgracia y reclusión. Entonces fue llevado ante el rey (Patriarcas y profetas, pp. 219, 220).

 

La interpretación fue tan razonable y consecuente, y el procedimiento que recomendó tan juicioso y perspicaz, que no se podía dudar de que todo era correcto. Pero ¿a quién se había de confiar la ejecución del plan? De la sabiduría de esta elección dependía la preservación de la nación. El rey estaba perplejo. Durante algún tiempo consideró el problema de ese nombramiento. Mediante el jefe de los coperos, el monarca había sabido de la sabiduría y la prudencia manifestadas por José en la administración de la cárcel; era evidente que poseía habilidad administrativa en alto grado.

 

El copero, ahora lleno de remordimiento, trató de expiar su ingratitud anterior, alabando entusiastamente a su benefactor. Otras averiguaciones hechas por el rey comprobaron la exactitud de su informe. En todo el reino, José había sido el único hombre dotado de sabiduría para indicar el peligro que amenazaba al país y los preparativos necesarios para hacerle frente; y el rey se convenció de que ese joven era el más capaz para ejecutar los planes que había propuesto. Era evidente que el poder divino estaba con él, y que ninguno de los estadistas del rey se hallaba tan bien capacitado como José para dirigir los asuntos de la nación frente a esa crisis. El hecho de que era hebreo y esclavo era de poca importancia cuando se tomaba en cuenta su manifiesta sabiduría y su sano juicio. “¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien haya espíritu de Dios?” dijo el rey a sus consejeros (Patriarcas y profetas, pp. 221, 222).

 

 

Viernes 22 de Diciembre:

“Para estudiar y meditar”

 

Patriarcas y profetas, pp. 214-224.

 

 

 

Bendiciones

RDCh





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