Nacido de
mujer: la expiación y la encarnación
Para el 22 de noviembre de
2008
Lee:
Mateo 1:18-25; 3:13-17; 4:1-11; 9:25;
Marcos 1:12, 13; Juan 1:1, 2, 14; Colosenses 2:9; Hebreos 1:3.
Descubre:
¿Qué es la
encarnación? ¿Qué relación tiene la expiación con la encarnación?
¿Qué evidencias
existen de que Jesús era complemente humano?¿Por qué era hombre y al mismo
tiempo Dios?¿Por qué Jesús fue bautizado?¿De qué manera la Deidad estuvo
presente en el bautismo de Jesús?¿Qué similitudes o contrastes existen entre las tentaciones que enfrentaron de Adán y Jesús?¿Cuántos milagros
realizó Jesús mientras realizaba su ministerio en esta tierra?¿Por qué Jesús
realizó milagros?¿Cuál es la primera evidencia que conoces a Jesús?¿Cuál es la
invitación de Jesús para ti?
Memoriza y
considera:
“Y sabéis que él apareció para quitar
nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Juan 3:5).
Pensamiento
clave: Mostrar que en la persona y la obra de
Cristo Dios estaba trayendo a los seres humanos de nuevo a la armonía con él y
con los demás.
PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA
SEMANA
·
Saber que Cristo
voluntariamente se rebajó a sí mismo y llegó a ser
humano.
·
Sentir la seguridad
de que Cristo es el sustituto de Adán.
·
Hacer que
conmemoremos la realidad de que Cristo fue plenamente Dios y plenamente humano.
“Dios el Hijo
Eterno es uno con el Padre. Por medio de él fueron creadas todas las cosas; EI
revela el carácter de Dios, lleva a cabo la salvación de la humanidad y juzga al
mundo. Aunque es verdaderamente Dios, sempiterno, también llegó a ser
verdaderamente hombre, Jesús el Cristo. Fue concebido por el Espíritu Santo y
nació de la virgen María. Vivió y experimentó tentaciones como ser humano, pero
ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios. Mediante sus milagros
manifestó el poder de Dios y éstos dieron testimonio de que era el prometido
Mesías de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y
en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió al Padre para
ministrar en el santuario celestial en nuestro favor. Volverá otra vez con poder
y gloria para liberar definitivamente a su pueblo y restaurar todas las cosas”
(Creencias de los Adventistas del Séptimo
Día, Nº 4)
I. EL
MISTERIO DE LA ENCARNACION
“El
nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José,
antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su
marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y
pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo:
José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es
engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre
JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para
que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He
aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el
ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta
que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Mateo
1:18-25)
1. ¿Cuál es
la posición de iglesia hablando en términos doctrinales acerca de
Jesús?
“Dios el Hijo
Eterno…Por medio de él fueron creadas todas las cosas…Aunque es verdaderamente
Dios, sempiterno, también llegó a ser verdaderamente hombre, Jesús el Cristo.
Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y
experimentó tentaciones como ser humano, pero ejemplificó perfectamente la
justicia y el amor de Dios…” (Creencias
de los Adventistas del Séptimo Día, Nº
4)
Las
declaraciones anteriores testifican que, en primer lugar, Jesús es divino;
segundo, que llegó a ser lo que antes no había sido: verdaderamente humano; y,
tercero, que fue sin pecado, aun cuando enfrentó severas tentaciones. Podemos
hacer estas afirmaciones sin vacilaciones, porque es lo que la Biblia enseña
claramente acerca del Hijo de Dios. Sin embargo, la iglesia, sabiamente, no ha
dilucidado, en una declaración doctrinal, la esencia específica de la naturaleza
humana de Jesús.
2. ¿Qué es la
encarnación? ¿Por qué la encarnación es un
misterio?
El misterio
de la encarnación: Lo que ocurrió dentro del vientre de María es algo
desconocido para los seres humanos. Deberíamos estar más que deseosos de
reconocer que la encarnación del Hijo de Dios escapa a nuestra comprensión. La
encarnación es, precisamente, la unión de lo divino y lo humano en la condición
de la carne humana. Aunque las dos naturalezas permanecen distintas, lo que
sucedió no fue que lo divino moró en lo humano, sino una encarnación
real. Éste es el evento más misterioso en la historia del universo que
las criaturas inteligentes de Dios hayan conocido, y está más allá de su
capacidad intelectual. Es una singularidad genuina en el cosmos; probablemente,
sea por esta razón que Dios ha llevado a la iglesia a afirmar sólo lo que la
Biblia declara inequívocamente, sin intentar especular con respecto al evento
mismo y lo que sucedió en el momento en que las dos naturalezas se unieron en el
vientre de María.
3. ¿Por qué no debiéramos especular o
formular hipótesis acerca de la encarnación de Jesús?
Todo intento
por definir la naturaleza humana de Cristo es una exploración del misterio de la
encarnación, y debería ser abordado con reverencia y la conciencia de que no hay
lugar para el orgullo humano y actitudes condenatorias. La iglesia ha permitido
la diversidad de opiniones sobre este tema y anima su estudio, pero rechaza los
intentos de imponer a otros nuestras ideas personales. Los esfuerzos por obligar
a otros a adoptar una comprensión particular de la naturaleza humana de Cristo
generalmente causan turbación, divisiones y actitudes anticristianas en las
congregaciones locales. La exploración de este tema debería motivar la unidad
cristiana, el amor y la fe.
4. ¿Qué otros
pasajes bíblicos nos mencionan la encarnación de
Jesús?
Únicamente Jesucristo ha cumplido las profecías
anticipadas por los profetas desde el Génesis.
·
Dios prometió que el Salvador _el Mesías, el Ungido _
surgiría de Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la
tierra” (Génesis 22:18; 12:3).
·
Isaías predijo que el Salvador vendría como un Hijo varón
y que sería tanto humano como divino: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).
·
Este Redentor ascendería al trono de David y establecería
un reino eterno de paz (Isaías 9:7).
·
El lugar de su nacimiento sería en
Belén:
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para
estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y
sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miq. 5:2.
·
El nacimiento de esta Persona divino-humana sería
sobrenatural. Haciendo referencia a Isaías 7:14, el Nuevo Testamento declara:
“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre
Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23).
·
La misión del Salvador se expresa en las siguientes
palabras: “El
Espíritu de Jehová el Señor está sobre
mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los
abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los
cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena
voluntad de Jehová” (Isaías 61:1,2).
·
Jesús
identificó su misión con la del Mesías: “Y se le dio el libro del profeta
Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El
Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas
a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y
vista a los ciegos; a poner en
libertad a los oprimidos; a
predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al
ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y
comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y
todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de
gracia que salían de su boca y decían: ¿No es éste el hijo de José?”(Lucas
4:17-22).
·
Son solamente algunos pasajes, que la Biblia muestra que
Dios envió a su Hijo al mundo “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas
4:4). De hecho, el foco de las Sagradas Escrituras es Jesús.
5. ¿Cuáles
fueron los factores que se presentaron en el nacimiento de
Jesús?
Mateo sólo
menciona algunas de las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesús, las
que eran necesarias para demostrar que su venida era el cumplimiento de las
profecías del Antiguo Testamento. En armonía con el propósito de su Evangelio,
Mateo, a diferencia de Marcos y Lucas, omite muchos detalles de interés humano
de la vida de Jesús a fin de concentrarse en las enseñanzas del
Maestro.
Jesús fue
hecho "en semejanza de carne de pecado" (Romanos 8:3). María tenía tanta necesidad de ser
salvada de sus pecados como cualquier otro descendiente de Adán (Romanos 3:10,
23). Hay "un solo mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo
2:5).
María y José
vivían en Nazaret (Lucas 1:26-27; 2:4), "su ciudad" (Lucas 2:39), aunque como
descendientes de David, consideraban que Belén era la ciudad de su familia (El Deseado de todas las gentes, p.
47).
·
El hecho de que les resultó difícil encontrar alojamiento
en Belén sugiere que en ese momento ninguno de ellos tenía allí parientes
cercanos.
·
Tanto José como María eran de la casa y del linaje de
David (Mateo 1:20, Lucas 1:26-27; 2:4; ver com. Mateo 1:16). Es probable que fueran miembros del
pequeño círculo que estudiaba con afán las profecías y esperaba la venida del
Mesías (El Deseado de todas las
gentes, pp. 29-31, 72-73). De
ser así, sabiendo que el tiempo se acercaba, sin duda oraban para que Dios
apresurara la venida del Prometido (Lucas 2:25-26, 38).
·
Al parecer, José era viudo cuando se casó con María. Tenía al menos otros seis hijos (Mateo
12:46; 13:55-56; Marcos 6:3; El Deseado
de todas las gentes, pp. 69-70, 288; se mencionan cuatro hermanos y un
número no definido de hermanas), y es probable que todos fueran mayores que
Jesús (El Deseado de todas las
gentes, pp. 65-66).
Jesús fue
engendrado por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Instrumento por
medio del cual se ejerce el poder creador y vivificador de Dios (Génesis 1:2;
Job 33:4; Juan 3:3-8; Romanos 8:11).
Lucas declara (Lucas 1:35) con mayor claridad que Mateo cuál fue el papel
del Espíritu Santo en el nacimiento de Jesús. Por obra del Espíritu Santo el "Verbo
fue hecho carne" (Juan 1:14), y el Hijo de María pudo llamarse "Hijo de Dios"
(Lucas 1:35).
A fin de no
aceptar a Jesús como el Mesías, los judíos inventaron el cuento de que era hijo
ilegítimo (Juan 8:41; 9:29). La
encarnación de Jesús es un milagro sublime e insondable. El era "en forma de Dios" (Filipenses
2:6; Juan 1:2), era adorado por las huestes celestiales, y ocupaba el trono del
universo. Pero como Rey de gloria
"prefirió devolver el cetro a las manos del Padre" (El Deseado de todas las gentes, p. 14) a fin de que fuera "por un poco
inferior a los ángeles" (Hebreos 2:7-8), "semejante a los hombres" (Filipenses
2:7). Más tarde, recibiría de nuevo
"toda potestad" (Mateo 28:18), sería "entronizado en medio de la adoración de
los ángeles" (Hechos de los
apóstoles, p. 31) y sería coronado de "gloria y de honra" (Hebreos 2:7;
Isaías 52:13-15). Sin embargo, el
misterio de la encarnación no es tan grande como el misterio del tierno amor que
la originó (Juan 3:16; Romanos 5:8; Gálatas 2:20; 1 Juan 4:9). El "misterio de la piedad" es el gran
misterio de todos los tiempos (1 Timoteo 3:16; Filipenses 2:7-8; Juan
1).
6. ¿Por qué
Jesús vino en este mundo? ¿Qué actividades realizó a favor de la
humanidad?
El pecado
había encerrado a los hombres (Romanos 6:16; 2 Ped. 2:19) en su cárcel (Isaías
42:7).
·
Jesús vino para quebrar las cadenas, abrir las puertas de
la cárcel y libertar a los cautivos de su condena de muerte (Isaías 61:1;
Romanos 7:24-25; Hebreos 2:15).
·
Vino a salvarnos de nuestros pecados, no en nuestros
pecados.
·
Vino, no sólo para salvarnos de los pecados que ya hemos
cometido, sino de nuestras tendencias inherentes que nos llevan al pecado
(Romanos 7:23-25; 1 Juan 1:7, 9).
·
Vino a redimirnos de "toda iniquidad" (Tito 2:14), en la
cual está incluida toda tendencia al mal heredada y cultivada (DTG
625).
·
Cristo no vino a salvar a su pueblo del poder de Roma,
como lo anhelaban los judíos, sino del poder de un enemigo mucho más formidable.
·
No vino a
restaurar "el reino a Israel" (Hechos 1:6), sino a restaurar el dominio de Dios
en el corazón de los hombres (Lucas 17:20-21).
·
Cristo no vino principalmente a salvar a los hombres de
la pobreza y de la injusticia social (Lucas 12:13-15), como lo afirman hoy
muchos apóstoles del evangelio social, sino del pecado, que es la causa
fundamental de la pobreza y de la
injusticia.
Todos los
aspectos importantes de la vida y de la misión de Jesús -su naturaleza, su
nacimiento, los diversos acontecimientos de su vida, y sobre todo sus
sufrimientos y su muerte- fueron predichos por los profetas de antaño (DTG 209,
759). No sólo eso, sino que cada
acto de su vida fue ejecutado en cumplimiento de un plan que existía desde la
eternidad. Antes de que Cristo
viniera a la tierra, ese plan, con todos sus detalles, estaba delante de él, y
cada acontecimiento tenía su hora señalada (DTG 120-121, 414-415; Deut. 18:15;
Lucas 2:49).
7. ¿Qué
informe nos dan Mateo y Lucas
acerca del nacimiento virginal de
Jesús?
En forma
directa e indirecta Mateo y Lucas proporcionan la evidencia que confirma la
verdad del nacimiento virginal.
·
Ambos afirman que Jesús nació del Espíritu Santo (Mateo
1:18, 20; Lucas 1:35).
·
Declaran que María había de dar a luz un hijo que no
sería el hijo de José (Mateo 1:21), sino el Hijo de Dios (Lucas 1:35).
·
María permaneció virgen "hasta que dio a luz" a Jesús
(Mateo 278 1:25).
·
María le afirmó al ángel que era virgen (Lucas
1:34). Por todo esto se da
testimonio pleno del nacimiento virginal de Jesús. Aun sin que se tome en cuenta la palabra
"virgen", podría probarse la virginidad de María aunque Mateo nunca hubiera
empleado esa palabra en este contexto.
Mateo y
Lucas, escribiendo bajo la dirección divina, no hubieran narrado el relato del
nacimiento virginal si no hubiera sido verídico. Bien sabían cómo los dirigentes judíos
se habían burlado de Jesús por causa de las misteriosas circunstancias que
rodeaban su nacimiento, y comprendían que al repetir el relato estaban
proporcionando a sus críticos más oportunidad de ridiculizar la narración (El Deseado de todas las gentes, p.
662).
No hay duda
de que aquí Mateo emplea la palabra "virgen" en el sentido estricto del término,
para referirse a María como una joven casta y soltera. Bajo la conducción del
Espíritu Santo, Mateo aplica la predicción de Isaías a Cristo, y al hacerlo
emplea la palabra parthenós, que
significa estrictamente "virgen" y ninguna otra cosa.
Mateo y Lucas
se refieren a la virginidad de María como a un detalle del relato del
nacimiento, y puesto que ni Marcos ni Juan registran esa narración, no tienen
por qué referirse a este detalle específico. Lo mismo ocurre con Pablo, quien hace
resaltar la encarnación, la unión de lo divino con lo humano, como el gran hecho
céntrico implícito en el nacimiento de Jesús. En cierto sentido, el nacimiento
virginal es sólo incidental frente a la verdad mayor, pues fue el medio por el
cual se realizó la encarnación. El
concepto paulino de la deidad de Jesucristo armoniza perfectamente con el
nacimiento virginal (Filipenses 2:6-8; Colosenses 1:16; Hebreos 1:1-9). Fuera de
la encarnación, la crucifixión y la resurrección, Pablo no dice casi nada acerca
de detalles de la vida de nuestro Señor. Trata esos tres acontecimientos
sencillamente como hechos históricos.
8. ¿Por qué
la encarnación de Jesús es un misterio? ¿Qué relación tiene la encarnación de
Jesús con la expiación?
Todo el plan
de salvación es un milagro, un "misterio" (Romanos 16:25; Efe. 1:9; 3:9;
Colosenses 1:27; 2:2; Apocalipsis 10:7).
·
En primer lugar, es un misterio que Dios pueda amar a los
pecadores (Juan 3:16; Romanos 5:8).
·
Así también es un misterio que la sabiduría infinita
pudiera formular un plan por el cual la misericordia pudiera combinarse con la
justicia (Sal. 85:10) a fin de poder responder a las justas exigencias de la
santa ley de Dios y al mismo tiempo salvar al pecador del castigo que merece por
haber quebrantado esa ley (Juan 3:16; Romanos 6:23).
·
Es un milagro que el hombre, que por naturaleza está
enemistado con Dios (Romanos 8:7), pueda llegar a vivir en paz con el Señor
(Romanos 5:1).
·
Es un milagro que Cristo pueda librar del reinado del
pecado y de la muerte a una persona inclinada a hacer lo malo (Romanos 7:24;
8:1-2), y la capacite para vivir una vida perfecta en armonía con el carácter
divino (Romanos 8:3-4).
·
Es un milagro que una persona pueda nacer de nuevo (Juan 3:3-9), que
un hombre imperfecto (Romanos 3:23) pueda ser transformado (Romanos 12:2) por la
gracia de Cristo en tan hombre perfecto (Mateo 5:48) y se convierta en hijo de
Dios (1 Juan 3:1-3).
·
El nacimiento virginal, la vida perfecta, la muerte
vicaria y la gloriosa resurrección de Jesús son misterios para la mente
humana. La religión cristiana no
pide disculpas por los grandes misterios del plan de la salvación, porque el
amor redentor de Dios es en sí mismo el mayor de todos los
misterios.
La
encarnación del Hijo de Dios es el hecho culminante de todos los tiempos, la
piedra angular de la fe cristiana.
Pero sin el nacimiento virginal no podría haber verdadera encarnación, y
sin la encarnación y el nacimiento virginal la Biblia se convertiría en mera
fábula y leyenda, el cristianismo no sería más que un engaño piadoso, y la
salvación sería un espejismo decepcionante.
II. EL
BAUTISMO DE JESUS
El bautismo de Jesús y su ungimiento con el Espíritu
Santo, posiblemente ocurrió en la época de la fiesta de los Tabernáculos (otoño
del 27 d.C.), fue para él un acto de consagración a la tarea de su vida, que lo
separó para el ministerio (Mateo 3:13-17; Hechos 10:38). El Padre declaró públicamente que Jesús
era su propio Hijo (Mateo 3:17), y Juan el Bautista reconoció la señal que se le
había indicado para identificar al Cordero de Dios (Juan 1:31-34). Después de su bautismo, se retiró al
desierto para contemplar su misión.
Allí, el tentador lo sometió a pruebas destinadas a apelar a sus
sentidos, al orgullo y al logro de su propia misión. Antes que pudiera salir a salvar a los
hombres, él mismo debía obtener la victoria sobre el tentador (Mateo 4:1-11;
Hebreos 2:18). Más tarde regresó al
Jordán, donde Juan estaba predicando (Juan 1:28-34), y poco después reunió a su
alrededor un pequeño grupo de seguidores: Juan, Andrés, Simón, Felipe y Natanael (Juan
1:35-51). Su primer milagro, en
Caná de Galilea (Juan 2:1-11),
fortaleció la fe de ellos en él como el Mesías y les dio una oportunidad
de dar testimonio de su nueva fe a
otros.
“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para
ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado
por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero
Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda
justicia. Entonces le dejó. Y
Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le
fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía
sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en
quien tengo complacencia” (Mateo
3:13-17).
Corría el otoño (hemisferio norte) del año 27 d. C. y es
posible que Juan el Bautista hubiera estado predicando ya durante unos seis
meses (Mateo 3:1). En el otoño se
llevaban a cabo tres fiestas importantes:
·
Rosh Hashanah, o la fiesta de las trompetas (Levítico
23:24; Números 29:1);
·
Yom Kippur, el día de la expiación (Éxodo 30:10; Levítico
16);
·
Succoth, la fiesta de los tabernáculos, o "cabañas"
(Éxodo 23:16; Levítico 23:34). En
esta tercera fiesta se esperaba que todos los varones se presentaran ante el
Señor en Jerusalén (Éxodo 23:14-17).
Puesto que el bautismo de Cristo ocurrió en el otoño, es razonable pensar
que pudo haber sucedido en relación con su ida a esa fiesta en Jerusalén. Con frecuencia los judíos que viajaban
desde Galilea a Jerusalén tomaban el camino del valle del Jordán (Lucas
2:42). Si Jesús viajó por esta ruta
en su viaje a Jerusalén, habría pasado cerca de donde Juan estaba predicando y
bautizando en Betábara (Betania al otro lado del Jordán) en Perea, frente a
Jericó (Juan 1:28; El Deseado de todas las
gentes, p. 106; Mateo
3:1).
1. ¿Por qué
Jesús fue bautizado? ¿Qué lecciones importantes podemos aprender del bautismo de
Jesús?
Cuando
Jesús escuchó el mensaje proclamado por Juan, reconoció su llamado
(El Deseado de todas las
gentes, p. 84). Así concluyó su vida privada en Nazaret
y comenzaron sus tres años y medio de ministerio público, desde el otoño del año
27 d. C. hasta la primavera del año 31 d. C. (El Deseado de todas las gentes, p.
200;
Hechos 1:21-22; 10:37-40).
·
Juan estaba impresionado con la perfección del carácter
de Aquel que estaba delante de él y con su propia necesidad como pecador
(El Deseado de todas las
gentes, pp. 84-86; Isaías 6:5; Lucas
5:8). Así ocurre cada vez que el
pecador acude ante la presencia divina.
Hay primero la conciencia de la majestad y la perfección de Dios y luego
la convicción de la propia indignidad y necesidad del poder salvador de
Dios. Cuando el pecador reconoce y
admite su condición perdida, su corazón se contrasta y se prepara para la obra
transformadora del Espíritu Santo (Salmo 34:18; 51:10-11, 17; Isaías 57:15;
66:2). Si no hay primeramente un
sentimiento de la necesidad que uno tiene del Salvador, no existe el deseo de
recibir el misericordioso don que Dios tiene para ofrecer al pecador
arrepentido, y en consecuencia el cielo nada puede hacer en favor del hombre
(Isaías 6:5).
·
Cara a cara con Aquel más poderoso que él, Juan, movido
por un espíritu de humildad y sintiendo su propia indignidad, no quiso
administrar el "bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados" (Marcos 1:4)
al que no tenía pecado (Juan 8:46:2 Corintios 5:21; Hebreos 4:15; 1 Pedro
2:22). Le parecía indebido bautizar
a Jesús. Sin duda no comprendía
plenamente que Jesús debía establecer un modelo para todo pecador salvado por
gracia.
·
De ninguna manera era adecuado bautizar a Jesús como
reconocimiento de sus pecados, porque no tenía pecados de los cuales
arrepentirse. Pero como nuestro
ejemplo, era conveniente y apropiado que Jesús aceptara el bautismo
(El Deseado de todas las
gentes, pp. 85-86).
·
En ocasión de su bautismo, Jesús puso de lado su vida
privada. Ya no era más sencillamente un hombre perfecto entre los hombres. En
adelante habría de ocuparse de su ministerio activo y público, como Salvador de
hombres. El que Cristo se sometiera
al bautismo de Juan confirmó el ministerio del Bautista colocó el sello de aprobación celestial
sobre él.
Mateo
y Marcos (Marcos 1:10) observan que Jesús contempló el descenso visible del
Espíritu Santo. Juan dice que
también el Bautista fue testigo de la manifestación divina (Juan 1:32-34). Lucas sencillamente dice que ocurrió esa
manifestación (Lucas 3:21-22). Es
posible que unos pocos más, quizá algunos de los discípulos de Juan y algunas
otras personas piadosas, cuyas almas estaban a tono con el cielo, vieran también
lo que ocurrió (El Deseado de todas las
gentes, pp. 86-87 110-111). El resto de la multitud que se había
congregado sólo vio la luz del cielo sobre el rostro de Jesús y sintió la santa
solemnidad de la ocasión. Esta
manifestación de la gloria y de la voz del Padre vino en respuesta a la plegaria
del Salvador en procura de fuerza y sabiduría para seguir con su misión. Juan también reconoció que esa era la
señal que le había sido prometida, por la cual habría de reconocer al "Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29-34). Y finalmente, la sublime escena había de
fortalecer la fe de quienes la habían presenciado y los prepararía para el
anuncio mediante el cual Juan identificó al Mesías 40 días más
tarde.
En
tres ocasiones durante la vida de Cristo se oyó la voz del Padre desde el cielo
que daba testimonio acerca de su Hijo: en su bautismo, en la transfiguración
(Mateo 17:5; 2 Pedro 1:16-18) y cuando se alejó del templo por última vez (Juan
12:28). Es declarado: "éste
es mi Hijo, el amado", "Tú eres mi Hijo
amado"
2. Entre los
cristianos, ¿Por qué se practica el bautismo? ¿Cuál es la forma correcta de
bautizar?
Casi todas las confesiones cristianas practican el
bautismo, aunque varían el modo de administrarlo: aspersión, derramar agua sobre
la cabeza o inmersión total de catecúmeno.
El método usado en tiempos del Nuevo Testamento era la inmersión (se lo
deduce del significado del término griego), según las descripciones bíblicas de
la realización de la ceremonia y de las aplicaciones espirituales que hace la
Biblia del rito. El término baptízô se empleaba antiguamente para
describir la inmersión de la tela para teñirla, y de una vasija para llenarla de
agua; cuando se lo aplica al bautismo cristiano su significado más obvio es
"sumergir" (las referencias bíblicas a los bautismos muestran claramente que se
usaba la inmersión). Juan el
Bautista bautizaba "en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas"
(Juan 3:23). No habría razón para
buscar un lugar donde había "muchas aguas" si volcar o asperjar un poco de agua
era la forma de bautizar. El relato
sobre el bautismo del eunuco etíope afirma que Felipe y el eunuco "descendieron
ambos al agua" y luego "subieron del agua" (Hechos 8:38, 39), actos que indican
con toda certeza más que un asperjar o volcar
agua.
El apóstol Pablo realizó una aplicación espiritual del
rito bautismal, que sólo es clara si se refiere al de sumersión. Al analizar el significado del bautismo,
Pablo señala que:
·
Así como Cristo murió por el pecado, el cristiano debe
morir a los pecados.
·
Así como Cristo, después de que murió, fue sepultado, el
cristiano debe ser "sepultado" simbólicamente con él en el sepulcro de agua del
bautismo.
·
Así como Cristo fue levantado de la tumba, el cristiano
se debe levantar a una vida espiritual nueva (Romanos 6:3-5; Colosenses
2:12). Obviamente, las figuras de
sepultura y resurrección no tendrían sentido si no pensáramos en una inmersión
total. Vale la pena notar que la
presencia de bautisterios en las iglesias más antiguas muestra que por siglos la
iglesia cristiana practicó el bautismo por
inmersión.
Queda claro que a los cristianos se le exigía el
bautismo: Cristo ordenó a sus discípulos que bautizaran (Mateo 28:18, 19; Mar.
16:15, 16) y enseñaran a los nuevos conversos a observar todas las cosas
ordenadas por él (Mateo 28:20); los apóstoles enseñaron la necesidad del
bautismo (Hechos 2:38; 10:48; 22:16), y practicaron el rito (Hechos 8:12; 16:14,
15, 33; 19:5). Entre los
prerrequisitos para el bautismo señalados por las Escrituras están la aceptación
de Jesucristo como el Hijo de Dios (Hechos 8:36, 37; 8:12; 18:8) y el
arrepentimiento (Hechos 2:37, 38).
El término "bautizar" también se usa en sentido
figurado. Juan el Bautista declaró
que Cristo bautizaría con "el Espíritu Santo y con fuego" (Mateo 3:11; Lucas
3:16), lo que significaba el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés
bajo el símbolo del fuego (Hechos 2:3, 4) o tal vez la destrucción final de los
malvados (Mateo 3:11, 12). Jesús
habló simbólicamente de su muerte como un bautismo (Mateo20:20-23:Mar. 10:37-39;
Lucas 12:50), y Pablo en forma figurada de la experiencia de Israel al salir de
Egipto: “En Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar" (1 Corintios 10:1,
2).
III. LAS TENTACIONES DE
JESÚS
1. ¿Cuáles fueron las tres
tentaciones que Jesús afrontó en el desierto después de su bautismo? (Mateo
4:1-11; Mar. 1:12, 13).
“Entonces
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y
después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a
él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo
de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo:
Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre
el pináculo del templo, y le dijo: Si
eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará
acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en
piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez le llevó el diablo a un monte
muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le
dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo:
Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo
servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”
(Mateo 4:1-11).
Jesús no
provocó la tentación, ni tampoco se colocó a sabiendas en el terreno hechizado
del diablo. Se retiró al desierto para estar solo con su Padre y para meditar en
la misión que tenía por delante.
·
Jesús tomó sobre sí la naturaleza humana, y con ella la
posibilidad de ceder al pecado (El
Deseado de todas las gentes, pp. 91-92). Se permitió que arrostrara "los
peligros de la vida en común con toda alma humana", que peleara "la batalla como
la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota
y la pérdida eterna" (El Deseado de todas
las gentes, p. 33).
·
Sólo así podría decirse "que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15).
·
Por otra parte, si, como algunos lo afirman, Jesús,
siendo divino, no podía ser tentado, su tentación habría sido una farsa. Por medio de su naturaleza humana
experimentó la tentación (El Deseado de
todas las gentes, p. 636-637).
·
Si la forma en que experimentó la tentación hubiera sido
en algo menos difícil que la nuestra, "él no podría socorrernos" (El Deseado de todas las gentes, p.
92).
Tenemos un
representante ante el Padre que puede "compadecerse de nuestras debilidades"
porque "fue tentado en todo según nuestra semejanza". Por eso se nos invita a acercarnos
"confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia
para el oportuno socorro" (Hebreos 4:15-16). Jesús sabe por experiencia propia
lo que la humanidad puede soportar, y ha prometido moderar el poder del tentador
de acuerdo con la fortaleza de cada uno de nosotros, a fin "de poderla resistir
con éxito" (1 Corintios 10:13, BJ).
Dentro de cada corazón humano se repite el gran conflicto que Cristo
debió soportar en el desierto de la tentación. Sin pruebas -sin la oportunidad de
elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo- no puede desarrollarse el
carácter. La fuerza para resistir a
la tentación se desarrolla resistiendo a la
tentación.
Primera
tentación: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
pan”
Satanás había
presenciado el bautismo de Jesús y había escuchado la proclamación del cielo que
dijo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" . Guiándose por las apariencias, parecía
lógico dudar de la verdad de esa afirmación. Pálido, cansado, extenuado y sumamente
hambriento (El Deseado de todas las
gentes, pp. 110-111), Jesús no tenía la apariencia de ser el Hijo de Dios.
Las palabras de Satanás, "si eres" representaban para Jesús la pregunta: "¿Cómo
sabes que eres el Hijo de Dios?" Del mismo modo, en el huerto del Edén, el
tentador había tenido el propósito de inducir a Eva a no creer en las palabras
que Dios tan claramente había pronunciado en cuanto al árbol del
conocimiento. Así también Satanás
se acerca a los hombres y a las mujeres hoy, tratando de conseguir que no crean
las verdades que tan claramente aparecen en la Palabra revelada de Dios. Sólo aquellos cuya fe, como la de Jesús,
descansa firmemente en lo que "escrito está", en un claro "así dice Jehová",
podrán resistir los engaños del diablo.
Una tentación siempre representa un desafío a alguna verdad claramente
conocida. Induce a suponer que las
circunstancias justifican el abandono de algún
principio.
La forma de
la frase griega indica que también podría traducirse de la siguiente manera:
"Puesto que eres el Hijo de Dios".
De este modo se insinuaría el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios,
pero al mismo tiempo era un desafío a que mostrase su poder y
autoridad.
En diversas
ocasiones durante su ministerio, se le pidió a Jesús que diera prueba de que era
el auténtico Mesías mediante el despliegue de su poder milagroso (Mateo 12:38;
16:1; Mar. 8:11-12; Juan 2:18; 6:30).
Pero él se negó a realizar milagros cuando se lo desafiaba a
hacerlo. Más bien, cada milagro
debía responder a alguna necesidad específica de las personas a quienes estaba
procurando ministrar. Es verdad que
se podía esperar que las fuerzas y los elementos de la naturaleza obedecieran la
voz de su Creador (Mateo 8:26; Juan 2:6- 11), pero Jesús no recurrió al empleo
de su poder celestial para disponer de algo que no esté a nuestro
alcance.
·
En este texto el pan representa las exigencias materiales
de la naturaleza física del hombre.
·
Representa la filosofía materialista de la vida que
supone que la vida del hombre consiste en la abundancia de lo que posee y que
vive sólo de pan. Así como la
tentación hecha por Satanás a Adán y Eva en el jardín del Edén se basó en la
excitación del apetito, también el apetito fue la base de su primer ataque
contra el Hijo de Dios.
·
Muchas de las tentaciones que acosan a los hombres son de
esta clase. En primer lugar, Satanás sabe que al tentar la naturaleza física del
hombre, tiene mayor probabilidad de un éxito inmediato. En segundo lugar, dirige
sus tentaciones contra las debilitadas y degradadas facultades físicas del
hombre, sabiendo perfectamente que por medio de la naturaleza física, por medio
de los sentidos, puede alcanzar todo el ser. La naturaleza física debe estar
siempre bajo el control de las facultades superiores de la mente, la voluntad y
la razón a fin de evitar la ruina. El cuerpo es el medio por el cual se
desarrollan la mente y el alma, por medio del cual se forma el carácter (MC
92). Esta tentación fue real porque
Jesús, como Hijo de Dios, tenía el poder de satisfacer su hambre creando
alimento.
La tentación
consistía en la sugerencia satánica de que Cristo satisficiera su hambre en una
forma indebida, sin tomar en cuenta cuál podría ser la voluntad de Dios. Lo que
proponía Satanás insinuaba que Dios debía ser poco bondadoso al dejar que su
Hijo sufriera hambre y estuviera solo, sobre todo cuando eso era completamente
innecesario.
La respuesta
de Jesús
La f