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Asunto:[EscuelaSabatica] Notas Elena de White - 07
Fecha:Miercoles, 13 de Mayo, 2009  10:25:53 (-0200)
Autor:RDCh <rdchuquimia @..........ar>

Notas de Elena de White compiladas de sus escritos relacionadas con la Leccion 7 del Segundo Trimestre de 2009, cuyo título es "La gracia", para la Escuela Sabatica de Adultos correspondiente al sabado 16 de Mayo.
 
Material no disponible para algunas regiones de Hispanoamérica y que tenemos por gentileza del hermano Carlos Antuna.
 
Si bien este material se envia en este mensaje al final, también puede descargarse desde los siguientes enlaces:
 
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http://www.archive.org/download/ES2009/2009-02-07NotasEGW.pdf
 
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Lección 7

 

16 de Mayo de 2009

 

La gracia

 

 

Sábado 9 de mayo

 

Los términos de esta unidad entre Dios y el hombre en el gran pacto de la redención fueron decididos con Cristo desde la eternidad. El pacto de la gracia fue revelado a los patriarcas; el que fue hecho con Abrahán cuatrocientos treinta años antes de que la ley fuera dada en el Sinaí, fue un pacto confirmado por Dios en Cristo. El mismo evangelio se nos predica ahora. "Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abrahán, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abrahán" (Gálatas 39, 9). El pacto de la gracia no es una nueva verdad pues existía en la mente de Dios desde la eternidad; por eso es llamado el pacto eterno. No fue concebido después de la caída del ser humano para resolver el problema del mal. El apóstol Pablo declara que el evangelio es "la revelación del misterio oculto desde los tiempos eternos, pero manifestado ahora, y que mediante las Escrituras delos profetas, y por disposición del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe" (Romanos 16:26, 27) (Signs of the Times, 24 de agosto, 1891).

 

El Padre se dio a sí mismo al mundo en el don de su Hijo. Fue su amor por la raza caída que lo llevó a unirse con su Hijo en el plan de redención. En ese gran don se muestra el carácter de Dios, un carácter de santidad y amor. En la crucifixión de su querido Hijo en la cruz del Calvario les da a todos los hijos e hijas de Adán una expresión de su justicia y misericordia, así como una manifestación de la inmutabilidad de su santa ley. En el Calvario, "la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron" (Salmo 85: 10) (Signs of  the Times, 23 de diciembre, 1897).

 

 

Domingo 10 de mayo:

Dios proporciona la salvación

 

Los seres humanos pueden considerar que la orden dada a Abrahán fue demasiado severa, demasiado grande para que un hombre pudiera soportarla. Pero la fortaleza de Abrahán provenía de Dios; él no miraba las cosas que se ven con el ojo humano, sino las eternas. Lo que Dios requería de Abrahán no era más grande que lo que él mismo, en su divina compasión e infinito amor, había ofrecido al mundo: la muerte de su Hijo unigénito para que el ser humano culpable pudiera vivir. La ofrenda de sacrificio que se le pidió a Abrahán en la persona de su hijo estaba especialmente designada para prefigurar el sacrificio del Hijo de Dios.

 

El Señor acompañó cada paso de Abrahán hacia el monte Moria. Todo el pesar y la agonía que el patriarca soportó durante los tres días de su terrible prueba fueron permitidos para enseñarnos a nosotros una lección de perfecta fe y obediencia, y para que podamos comprender mejor el infinito sacrificio y la abnegación del Padre al dar a su único Hijo para que sufriera una muerte vergonzosa en favor de la raza culpable. Ninguna otra prueba que se le hubiese dado a Abrahán podría haber provocado tal angustia mental, tal tortura del alma, como la de ofrecer a su hijo para obedecer la orden divina.

 

Nuestro Padre celestial entregó a su amado Hijo para que sufriera la agonía de la crucifixión. Legiones de ángeles fueron testigos de la humillación y la angustia del Hijo de Dios pero no se les permitió detener la escena como en el caso de Isaac. No se escuchó ninguna voz para detener el sacrificio del Redentor del mundo, quien fue insultado, burlado y torturado, hasta que inclinó su cabeza y murió. ¿Qué mayor prueba de su divino amor y piedad podría haber dado el Infinito? "El que no escatimó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32) (Signs of the Times, 3 de abril, 1879).

 

Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la redención, entender que el Soberano del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abrahán se le mandó ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor, observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: "¿Dónde está el cordero para el holocausto?" Abrahán contestó: "Dios se proveerá de cordero"; y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre (La verdad acerca de los ángeles, p. 86).

 

 

Lunes 11 de mayo:

Cuadros del milagro de la gracia

 

Nuestro Señor crucificado está intercediendo por nosotros en la presencia del Padre delante del trono de la gracia. Podemos recurrir a su sacrificio expiatorio para nuestro perdón, nuestra justificación y nuestra santificación. El Cordero sacrificado es nuestra única esperanza. Nuestra fe eleva la mirada hacia él, se aferra de él como de Aquel que puede salvar hasta lo sumo, y el Padre acepta la fragancia de una ofrenda ampliamente suficiente. A Cristo ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, y para el que cree todas las cosas son posibles. La gloria de Cristo está implicada en nuestro éxito. El tiene un interés común en toda la humanidad. Es nuestro Salvador que simpatiza con nosotros (Comentario bíblico adventista, tomo 7, pp. 959, 960).

 

La vida terrenal del Salvador no fue una vida de comodidad y devoción a sí mismo, sino que trabajó con un esfuerzo persistente, ardiente, infatigable por la salvación de la perdida humanidad. Desde el pesebre hasta el Calvario, siguió la senda de la abnegación y no procuró estar libre de tareas arduas, duros viajes y penosísimo cuidado y trabajo. Dijo: "El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:28). Tal fue el gran objeto de su vida. Todo lo demás fue secundario y accesorio. Fue su comida y bebida hacer la voluntad de Dios y acabar su obra. No había amor propio ni egoísmo en su trabajo (El camino a Cristo, p. 77).

 

Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios. La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo. Sea revelada esta gracia a otros (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 195).

 

Cristo es llamado "Jehová, justicia nuestra", y mediante la fe cada uno debería decir: "Jehová, justicia mía". Cuando la fe se aferre de este don de Dios, la alabanza de Dios estará en nuestros labios y podremos decir a otros: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Entonces podremos hablar a los perdidos en cuanto al plan de salvación, [para decirles] que cuando el mundo yacía bajo la maldición del pecado, el Señor presentó condiciones de misericordia al pecador caído y sin esperanza, y reveló el valor y significado de su gracia. La gracia es un favor inmerecido. Los ángeles, que no saben nada del pecado, no comprenden qué significa que se les extienda la gracia, pero nuestra pecaminosidad demanda la dádiva de la gracia de un Dios misericordioso. Fue la gracia la que envió a nuestro Salvador a buscarnos, cuando éramos peregrinos, para llevamos de vuelta al redil (Mensajes selectos, tomo 3, pp. 389, 390).

 

 

Martes 12 de mayo:

¿Qué sucedió en el Calvario?

 

La muerte de Cristo en la cruz del Calvario es nuestra única esperanza en este mundo, y será nuestro tema en el mundo venidero. ¡Oh, no comprendemos el valor de la expiación! Si la comprendiéramos, hablaríamos más acerca de ella. El don de Dios en su amado Hijo fue la expresión de un amor incomprensible. Fue lo máximo que Dios podía hacer para mantener el honor de su ley y, sin embargo, salvar al transgresor. ¿Por qué no debe el hombre estudiar el tema de la redención? Es el tema supremo en el cual se puede ocupar la mente humana. Si los hombres contemplaran el amor de Cristo desplegado en la cruz, su fe se fortalecería para apropiarse de los méritos de su sangre derramada, y estarían limpios y salvados de pecado (Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1107).

 

Nos aterrorizamos cuando contemplamos la santidad y la gloria del Dios del universo pues sabemos que su justicia no le permitirá absolver al culpable. Pero no necesitamos permanecer en el terror pues Cristo vino al mundo a revelar el carácter de Dios, a explicarnos su amor paternal para sus hijos adoptivos. No hemos de estimar el carácter de Dios sólo por las estupendas obras de la naturaleza sino por la sencilla y amante vida de Jesús que presentó a Jehová como más misericordioso, más compasivo, más tierno que nuestros padres terrenales.

 

Jesús dio a conocer al Padre como Uno a quien podemos darle nuestra confianza y presentarle nuestras necesidades. Cuando nos aterrorizamos ante Dios y estamos abrumados por el pensamiento de su gloria y majestad, e1 Padre nos señala a Cristo como su representante. Lo que veis revelado en Jesús, la ternura, la compasión y el amor, es el reflejo de los atributos del Padre. La cruz del Calvario revela al hombre el amor de Dios., Cristo representa al Soberano del universo como a un Dios de amor. El dijo por la boca del profeta: "Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia" (Jeremías 3 1:3) (En los lugares celestiales, p. 18).

 

Entonces, ¿con qué se ha de comprar el tesoro eterno? Sencillamente, devolviéndole a Jesús lo que le pertenece, recibiéndolo en el corazón por fe. Significa cooperación con Dios; llevar el yugo con Cristo; sostener sus cargas... El Señor Jesús puso a un lado su corona real... revistió su divinidad con humanidad a fin de que por medio de la humanidad pudiera elevar a la raza humana. De tal modo apreció las posibilidades de la raza humana, que se convirtió en el sustituto y seguridad del hombre. Coloca sus propios méritos sobre el hombre y así lo eleva en la escala de valor moral con Dios.

 

Cristo es el sacrificio expiatorio. Dejó la gloria del cielo, abandonó sus riquezas, puso a un lado su honra, no con el propósito de crear amor e interés para el hombre en el corazón de Dios, sino para ser un exponente del amor que existía en el corazón del Padre...

 

 Por la gracia de Cristo podemos ser fortalecidos y madurados para que, aunque somos imperfectos, podamos llegar a ser completos en él. Nos hipotecamos a Satanás, pero Cristo vino a rescatamos y redimirnos... Somos salvados únicamente por gracia, el don gratuito de Dios en Cristo (A fin de conocerle, p. 85).

 

 

Miércoles 13 de mayo:

Un cambio de corazón

 

"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Repito las palabras de Juan: "He aquí el Cordero de Dios". Debemos contemplar el carácter de Cristo y meditar en la cruz del Calvario porque este es el argumento incuestionable del cristianismo. El mensaje que debemos dar a los impenitentes y errantes es: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Todos los que lleguen a ser salvos deben mantener sus ojos en Jesús, porque al contemplarlo odiarán el pecado que trajo sobre su Redentor, sufrimiento y muerte. Y mientras su fe se fortalece, conocerán mejor al verdadero Dios, y a Jesucristo a quien él ha enviado. Al mirar a Jesús, lleno de compasión y tierno amor, y al recordar su sacrificio en el Calvario, que fue la manifestación más grande de su amor por la raza caída, su carácter será transformado (The Bible Echo, 1 de noviembre, 1893).

 

Hay esperanza para el pecador; y esa esperanza es Cristo elevado en la cruz del Calvario. La misericordia ofrece lo que la justicia demanda por la transgresión del ser humano. Mediante los méritos de Jesucristo, Dios puede perdonar el pecado y justificar al que es de la fe de Jesús. ¡Esta es una verdad de inestimable valor para el alma arrepentida! Aunque no podamos entenderla totalmente: ¿No apreciaremos personalmente esta realidad, que significa que Dios perdona el pecado a todos los que creemos en Jesús aunque seamos ignorantes, errantes y pecadores? En el mismo momento en que, contritos y arrepentidos, nos acercamos a él para pedirle perdón, en ese mismo momento nos perdona. ¡Qué gloriosa verdad! Debemos predicarla y cantarla; debemos elevar al "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"; debemos decirle a todos: ¡He aquí, el Hombre del Calvario! Dios está esperando para perdonar a todos aquellos que se alleguen a él con sincero arrepentimiento (Signs of the Times, 4 de septiembre, 1893).

 

Cuando la mente se detiene en Cristo, el carácter es moldeado a la divina semejanza. Los pensamientos se saturan con el sentimiento de su bondad y su amor. Contemplamos su carácter y de ese modo él está en todos nuestros pensamientos. Su amor nos envuelve. Cuando contemplamos aunque sea por un momento el sol en su gloria meridiana y luego apartamos los ojos, la imagen del sol aparece en todo lo que miramos. Así ocurre cuando contemplamos a Jesús; todo lo que miramos refleja su imagen, el Sol de Justicia. No podemos ver ninguna otra cosa o hablar de ninguna otra cosa. Su imagen está impresa en los ojos del alma, influye en cada detalle de nuestra vida diaria, suavizando y subyugando nuestra naturaleza entera. Contemplando somos formados a la semejanza divina, la semejanza de Cristo. Reflejamos los brillantes y vívidos rayos de su justicia sobre todos los que se asocian con nosotros. Nuestro carácter se transforma; porque el corazón, el alma y la mente están iluminados por los reflejos de Aquel que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros... No podemos detenemos a considerar nuestros sinsabores o hablar siquiera de ellos; porque un cuadro más placentero atrae nuestra mirada: el precioso amor de Jesús (La fe por la cual vivo, p. 152).

 

Jesús puso en armonía la cruz con la luz que procede del Cielo, pues allí es donde ella atraerá las miradas del hombre. La cruz concuerda directamente con el brillo de los semblantes divinos; por lo tanto, cuando los hombres contemplan la cruz pueden ver y conocer a Dios y a Jesucristo, a quien él ha enviado. Cuando contemplamos a Dios, vemos a Aquel que derramó su alma hasta la muerte. La contemplación de la cruz extiende la vista hacia Dios, y se discierne el odio que él tiene al pecado. Pero mientras contemplamos en la cruz el odio que Dios siente por el pecado, también contemplaremos su amor por los pecadores, que es más fuerte que la muerte. La cruz es para el mundo el argumento irrebatible de que Dios es verdad y luz y amor (Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1 107).

 

 

Jueves 14 de mayo:

Cristo, nuestra salvación

 

Cristo es el fundamento de toda iglesia verdadera. Todos los que son atraídos a una nueva fe deben ser fundamentados en él. Deben mantenerse en las mentes las verdades claras y sencillas del evangelio. La gran verdad central del evangelio, alrededor de la cual se agrupan todas las verdades, es la de Cristo crucificado como expiación por el pecado. Todas las otras verdades son tributarias de ésta.

 

Todas las verdades, correctamente comprendidas, derivan su valor e importancia de su conexión con esta verdad. El apóstol Pablo hace que ella se destaque con dignidad real. Apela a las mentes de todos los maestros de la Palabra para que comprendan la importancia de señalar a las almas a Cristo como el único medio de salvación. "Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gálatas 6:14).

 

Ningún hombre debe tratar de dominar otras mentes. Dios mismo es el fundador de la iglesia, y tenemos la inalterable promesa de que él acompañará con su presencia y protección a sus fieles que caminen en armonía o n su consejo. Hasta el fin del tiempo, Cristo ha de ser el primero. El es la fuente de vida, fortaleza, justicia y santidad. Él es todo esto para los que llevan su yugo y aprenden de él cómo ser mansos y humildes. No tolerará la autoexaltación (Alza tus ojos, p. 83).

 

Cristo es nuestro sustituto y garantía. Él se pone en lugar de la humanidad, de modo que él mismo es afectado en la medida en que el más débil de sus seguidores es afectado. Tal es la compasión de Cristo que nunca se permite a sí mismo ser un espectador indiferente de cualquier sufrimiento ocasionado a sus hijos. Ni la más leve herida puede ser hecha de palabra, intención o hecho que no toque el corazón de Aquel que dio su vida por la humanidad caída. Recordemos que Cristo es el gran corazón del cual fluye la sangre de vida hacia cada órgano del cuerpo. Él es la cabeza, desde la cual se extiende cada nervio hacia el más diminuto y más remoto miembro del cuerpo. Cuando sufre un miembro de este cuerpo, con el cual Cristo está tan misteriosamente conectado, la vibración del dolor es sentida por nuestro Salvador (El ministerio de la bondad, p. 26).

 

Hay una gran verdad central que siempre debe mantenerse en la mente cuando se escudriñan las Escrituras: Cristo crucificado. Toda otra verdad está investida con la influencia y el poder correspondientes a su relación con este tema. Únicamente a la luz de la cruz podemos discernir el exaltado carácter de la ley de Dios. El alma paralizada por el pecado puede recibir nueva vida únicamente mediante la obra realizada en la cruz por el Autor de nuestra salvación. El amor de Cristo constriñe al hombre a unirse con él en sus labores y sacrificios. La revelación del amor divino aviva en ellos la realidad de su obligación descuidada de ser portadores de luz para el mundo, y los inspira con un espíritu misionero. Esta verdad ilumina la mente y santifica el alma. Hará desaparecer la incredulidad e inspirará fe. Es la gran verdad que debe mantenerse constantemente ante la consideración de los hombres...

 

Cuando Cristo, en su obra de redención, es visto como la gran verdad central del sistema de verdad, se arroja una nueva luz sobre los acontecimientos del pasado y el futuro. Se los ve en una nueva perspectiva y adquieren un nuevo y profundo significado (A fin de conocerle, p. 210).

 

 

Viernes 15 de mayo:

Para estudiar y meditar

 

El Deseado de todas las gentes, pp. 690-713.

 
 
Bendiciones
RDCh
 
Compilación:
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