Notas
de Elena de White compiladas de sus escritos relacionadas con la Texto de la Lección 10
del Primer Trimestre de 2010 cuyo título es "El fruto del
Espíritu es templanza", para la Escuela Sabática
de Adultos correspondiente al sábado 6 de marzo de 2010.
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Lección 10
6 de Marzo de
2010
El
fruto del Espíritu
es
templanza
Sábado 27 de febrero
Todos corren en la
carrera, pero uno solo gana el premio. Los demás que van en busca de la
perecedera corona de laurel, están condenados al fracaso, no importa cuán cabal
sea su preparación ni cuán fervientes y decididos sean sus esfuerzos. La
carrera cristiana es diferente; ninguno que corra con fervor y perseverancia,
fracasará. La carrera no es solamente para los valientes, ni la batalla para
los fuertes. El santo más débil así como el más fuerte puede ganar la corona de
gloria inmortal, si están dispuestos a experimentar privaciones y pérdidas por
amor de Cristo. El apóstol hace referencia al cuidado y la diligencia que se
requería para asegurarse la victoria en esos antiguos juegos, y exhorta a todos
los que comienzan la carrera cristiana a hacerlo con toda diligencia para
asegurarse el éxito, a fin de recibir la corona de gloria que el Juez justo
dará a todos los que se mantengan fieles hasta el fin de la carrera: "Así
que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no
como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en
servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser
eliminado" (1 Corintios 9:26, 27) (Review and Herald, 18 de
octubre, 1881).
Domingo 28 de febrero:
La paradoja del
dominio propio
Todo el que desee
participar de la naturaleza divina tenga en cuenta el hecho de que debe huir de
la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Debe haber una lucha
constante y diligente del alma contra las impías imaginaciones de la mente. Es
necesaria una firme resistencia ante la tentación de pecar en pensamiento o
acción. Se debe guardar el alma de toda mancha mediante la fe en aquel que es
poderoso para guardarnos sin caída. Debiéramos meditar en las Escrituras,
pensando sobria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación
eterna. La misericordia infinita y el amor de Jesús, el sacrificio hecho por
nosotros, demandan nuestra reflexión más seria y solemne. Deberíamos espaciamos
en el carácter de nuestro amado Redentor e Intercesor. Debiéramos tratar de
comprender el significado del plan de salvación. Tendríamos que meditar en la
misión de aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar
constantemente los temas celestiales, se fortalecerán nuestra fe y nuestro
amor. Nuestras oraciones serán más y más aceptables ante Dios, porque estarán
mezcladas cada vez más con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes.
Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria
y viviente en cuanto a la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo
sumo a todo el que se allega a Dios por medio de él (Comentario bíblico
adventista, tomo 3, p. 1163).
La Palabra de Dios
presenta claramente ante nosotros la verdad de que nuestra naturaleza física
entrará en conflicto con la espiritual. El apóstol nos encarga que nos
abstengamos de los placeres carnales que guerrean contra el alma. Cada apetito
pervertido es una pasión guerrera. La indulgencia ante los apetitos que
perjudican la fuerza física es la causa de las enfermedades del alma. Las
pasiones que menciona el apóstol no se limitan solamente a la violación del
séptimo mandamiento, sino a toda indulgencia en el gusto que menoscabe el vigor
físico, la cual se convierte en una pasión que causa conflictos. El apóstol
declara que el que desee obtener victorias y alcanzar objetivos más altos
"de todo se abstiene" (1 Corintios 9:25). La temperancia en la comida
y la bebida, así como el ejercicio de la temperancia en cualquier otro aspecto,
es esencial si queremos vencer como Cristo venció. Dios nos ha dado luz, no
para que la tratemos con indiferencia, sino para que sea nuestra guía y ayuda (Testimonios
para la iglesia, tomo 4, pp. 212, 213).
Al referirse a estas
carreras como figura de la lucha cristiana, Pablo recalcó la preparación
necesaria para el éxito de los contendientes en la carrera: la disciplina
preliminar, el régimen alimenticio abstemio, la necesidad de temperancia.
"Y todo aquel que lucha –declaró– de todo se abstiene".
Los corredores renunciaban a toda complacencia que tendería a debilitar las
facultades físicas, y mediante severa y continua disciplina, desarrollaban la
fuerza y resistencia de sus músculos, para que cuando llegase el día del
torneo, pudieran exigir el mayor rendimiento a sus facultades. ¡Cuánto más
importante es que el cristiano, cuyos intereses eternos están en juego, sujete
sus apetitos y pasiones a la razón y a la voluntad de Dios! (Los hechos
de los apóstoles, p. 250).
Lunes 1 de marzo:
José y los resultados
inmediatos de la justicia
Recuerde que su
experiencia no es la primera de su índole. ¿Recuerda las historias de José y
Daniel? El Señor no impidió las maquinaciones de hombres impíos; pero hizo que
sus artimañas obraran para el bien de aquellos que, en medio de la prueba y el
conflicto, mantuvieron su fe y lealtad.
El fuego del horno no
tiene como propósito destruir, sino refinar, ennoblecer y santificar. Sin la
prueba no sentiríamos tan hondamente nuestra necesidad de Dios y de su ayuda; y
nos tomaríamos orgullosos y autosuficientes. En las pruebas que encara, yo veo
evidencia de que el Señor vela por usted y que se propone atraerlo hacia él. No
son los sanos sino los heridos los que necesitan un médico; aquellos que se ven
presionados más allá de lo que pueden aguantar son los que necesitan un
ayudador. Acuda a la fortaleza. Aprenda la valiosa lección: "Venid a mí,
todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi
yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y
hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi
carga" (Mateo 11:28-30) (Testimonios para la iglesia,
tomo 8, pp. 135, 136).
José caminó con Dios.
No permitió que se lo desviara de la senda de la justicia para desobedecer la
ley de Dios ni con halagos ni con amenazas. Su dominio propio y su paciencia en
la adversidad, y su inalterable fidelidad, han quedado registrados para beneficio
de todos los que habrían de vivir más tarde sobre la tierra. Cuando sus
hermanos reconocieron su pecado en su presencia, los perdonó ampliamente y
manifestó mediante sus actos generosos y amantes que no albergaba resentimiento
por la forma cruel como lo habían tratado previamente (La historia de la
redención, p. 105).
El Señor no permitió
que José fuera solo a Egipto. Los ángeles prepararon el camino para la
recepción que allí se le iba a dar... Cuando se lo tentó para que se desviara
de la senda recta, para que violara la ley de Dios y traicionara a su amo,
resistió firmemente y dio evidencias del poder elevador del temor de Dios en la
respuesta que dio a la esposa de su señor. Después de referirse a la gran
confianza de éste, y al hecho de que le había confiado todo lo que tenía,
exclamó: "¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?'
Nadie lograría que se desviara de la senda de la justicia para que pisoteara la
ley de Dios ni con halagos ni con amenazas.
Cuando se lo acusó
falsamente de haber cometido un nefando crimen, no se hundió en la
desesperación. Consciente de su inocencia y su justicia continuó confiando en
Dios. Y el Señor, que lo había sostenido hasta ese momento, no lo abandonó. Fue
aherrojado y lanzado a una lóbrega celda. Pero el Señor convirtió en bendición
incluso esa desgracia. Suscitó la simpatía del encargado de la prisión, y
pronto José estuvo a cargo de todos los presos.
Aquí tenemos un
ejemplo para todas las generaciones de creyentes que habrían de vivir sobre la
tierra. Aunque estén expuestos a la tentación debieran saber que hay una
defensa al alcance de la mano, y que si finalmente no reciben protección será
por su propia culpa. Dios será un pronto auxilio y su Espíritu será un escudo.
Aunque estén rodeados de las más terribles tentaciones hay una fuente de
fortaleza a la cual pueden recurrir para resistirlas.
¡Cuán tremendo fue el
embate que se lanzó contra la naturaleza moral de José! Provino de alguien que
ejercía influencia, de una persona bien preparada para desviarlo. No obstante,
con cuánta prontitud y firmeza resistió. Sufrió por causa de su virtud y su
integridad, porque la que quería desviarlo se vengó de la integridad que no
pudo derrotar, y gracias a su influencia lo envió a prisión, acusándolo falsamente
de un delito que no había cometido. José sufrió entonces porque no quiso
claudicar. Había puesto su reputación y sus intereses en las manos de Dios. Y
aunque se permitió que fuera afligido por cierto tiempo para prepararlo con el
fin de que ocupara un puesto importante, el Señor protegió esa reputación que
había sido ensombrecida por una malvada acusadora, y más tarde, a su debido
tiempo, permitió que aquella resplandeciera. Dios usó incluso la prisión como
un camino que lo conduciría a su elevación. La virtud proporcionará a su debido
tiempo su propia recompensa. El escudo que protegía el corazón de este joven
era el temor de Dios, que lo indujo a ser fiel y justo con su amo, y leal a su
Señor (La historia de la redención, pp. 103-105).
Martes 2 de marzo:
Sansón y los frutos del
fracaso
La promesa de Dios de
que por medio de Sansón comenzaría "a salvar a Israel de manos de los
filisteos" se cumplió; pero ¡cuán sombría y terrible es la historia de esa
vida que habría podido alabar a Dios y dar gloria a la nación! Si Sansón
hubiera sido fiel a su vocación divina, se le habría honrado y ensalzado, y el
propósito de Dios se habría cumplido. Pero él cedió a la tentación y no fue
fiel a su cometido, y su misión se cumplió en la derrota, la servidumbre y la
muerte.
Físicamente, fue
Sansón el hombre más fuerte de la tierra; pero en lo que respecta al dominio de
sí mismo, la integridad y la firmeza, fue uno de los más débiles. Muchos
consideran erróneamente las pasiones fuertes como equivalentes de un carácter
fuerte; pero lo cierto es que el que se deja dominar por sus pasiones es un
hombre débil. La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las
emociones que él domina, y no por las que le dominan a él.
El cuidado
providencial de Dios había asistido a Sansón, para que pudiera prepararse y
realizar la obra para la cual había sido llamado. Al principio mismo de la vida
se vio rodeado de condiciones favorables para el desarrollo de su fuerza
física, vigor intelectual y pureza moral. Pero bajo la influencia de amistades
y relaciones impías, abandonó aquella confianza en Dios que es la única
seguridad del hombre, y fue arrebatado por la marea del mal. Los que mientras
cumplen su deber son sometidos a pruebas pueden tener la seguridad de que Dios
los guardará; pero si los hombres se colocan voluntariamente bajo el poder de
la tentación, caerán tarde o temprano.
Aquellos mismos a
quienes Dios quiere usar como sus instrumentos para una obra especial son los
que con todo su poder Satanás procura extraviar. Nos ataca en nuestros puntos
débiles y obra por medio de los defectos de nuestro carácter para obtener el
dominio de todo nuestro ser, pues sabe que si conservarnos estos defectos él
tendrá éxito. Pero nadie necesita ser vencido. No se le deja solo al hombre
para que venza el poder del mal mediante sus débiles esfuerzos. Hay ayuda
puesta a su disposición, y ella será dada a toda alma que realmente la desee (Conflicto
y valor, p. 132).
Miércoles 3 de marzo:
La larga carrera de
Pablo
Si los hombres, sin
tener un objetivo más alto que el de una corona perecedera como recompensa de
su ambición, se sometían a la temperancia en todas las cosas, ¡cuánto más deben
estar dispuestos a practicar la negación de sí mismos aquellos que profesan
estar buscando no solo una corona de gloria inmortal, sino una vida que ha de
durar tanto como el trono de Dios, y riquezas eternas, honores imperecederos y
un permanente peso de gloria!
¿No debieran los
estímulos presentados ante los que corren la carrera cristiana, inducirles a
practicar la negación de sí mismos y la temperancia en todas las cosas a fin de
que puedan mantener sujetas sus propensiones animales, herir el cuerpo, y
controlar el apetito y las pasiones carnales? Entonces podrán ser participantes
de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que está en el mundo
por medio de la concupiscencia (Consejos sobre el régimen alimenticio,
pp. 98, 99).
Los años de
abnegación, de privaciones, de pruebas, de aflicciones y persecuciones que
soportó Pablo, los llamaba él algo momentáneo. Las cosas del tiempo presente no
eran consideradas dignas de mención al compararlas con el eterno peso de gloria
que le aguardaba cuando hubiera terminado la lucha. Esas mismas aflicciones
eran los operarios de Dios, dispuestas para la perfección del carácter
cristiano. Cualesquiera sean las circunstancias del cristiano; no importa cuán
oscuros y misteriosos sean los caminos de la providencia; no importa cuán
grandes sus privaciones y sufrimientos, él puede apartar de tales cosas su
mirada dirigiéndola a lo invisible y eterno. Tiene la bendita seguridad de que
todas las cosas le ayudan para su bien...
El Espíritu Santo
iluminaba el alma de Pablo con luz del cielo, y él estaba seguro de que tenía
una participación en la posesión comprada, reservada para los fieles. El
lenguaje de Pablo era vigoroso. No podía encontrar palabras de suficiente
fuerza para expresar la excelencia de esa gloria, ese honor y esa inmortalidad
que recibirán los creyentes cuando Cristo venga. En comparación con la escena
en que se posaban los ojos de su mente, todas las aflicciones temporales solo
eran momentáneas, leves aflicciones, indignas de consideración. Vistas a la luz
de la cruz, las cosas de esta vida eran vanidad y vacuidad. La gloria que le
aguardaba era sustancial, ponderable, durable, más allá de lo que podía
expresar el lenguaje (Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp.
1099, 1100).
Jueves 4 de marzo:
Cómo crecer en dominio
propio
A menos que la Palabra
sagrada sea realmente apreciada, no se la obedecerá como si fuera un seguro y
precioso libro de texto. Se debe luchar contra cada pecado dominante hasta que
sea vencido. En la medida en que el ser humano pecador obra su propia salvación
con temor y temblor, el Señor le ayudará en sus esfuerzos; pero Dios no obrará
sin la cooperación humana. El pecador debe poner todo su esfuerzo y poder, y a
la vez debe capacitarse colocándose como un estudiante voluntario en la escuela
de Cristo. Y mientras acepta la gracia que se le ofrece gratuitamente, la
presencia de Cristo en el pensamiento y el corazón le darán la capacidad de
decisión para dejar a un lado todo pecado, a fin de que el corazón se llene de
Dios y de su amor...
Son pocos los que se dan
cuenta de las terribles características del pecado y de la enormidad de la
ruina que ha resultado de la transgresión a las leyes de Dios. Al examinar el
maravilloso plan de redimir al pecador y restaurar en él la imagen moral de
Dios, se llega a comprender que el único medio para librar al ser humano fue la
inigualable condescendencia, el amor y la abnegación del Hijo de Dios.
Solamente él tenía la fortaleza para batallar contra el adversario de Dios y
del ser humano. Como nuestro sustituto y garantía, ahora nos da poder a todos
los que por la fe llegarán a ser victoriosos en su nombre y mediante sus
méritos.
En la cruz del
Calvario podemos ver lo que le ha costado al Hijo de Dios brindar salvación
para la raza caída. Y así como su sacrificio fue completo, también debe ser
completa la restauración del ser humano y su limpieza del pecado. La ley de
Dios nos ha sido dada para que gobierne nuestra conducta; ningún acto contra
ella será excusado; ninguna injusticia escapará a la condenación. El
conocimiento de la ley condenaría al pecador y le quitaría cualquier esperanza
si no fuera porque puede ver a Jesús como su sustituto y garantía, listo para
perdonar sus transgresiones y pecados. La vida de Cristo es un perfecto
cumplimiento de cada precepto de la ley. Y cuando el alma arrepentida y
obediente, por la fe en Cristo, trata de obedecer los Diez Mandamientos de
acuerdo a su mejor conocimiento, la perfección de la vida de Cristo le es
imputada para cubrir sus transgresiones (Fundamentals of Christian
Education, pp. 134, 135).
Dios honrará y sostendrá al alma que con todo
su corazón y con fervor desea caminar delante de él con la perfección de la
gracia de Cristo. Nunca olvidará ni abandonará al que humildemente le sigue.
Obrará en el corazón de los que le reciben, haciéndolos puros y santos, y
capacitándolos para ser colaboradores juntamente con él. Con una percepción
santificada apreciarán la fuerza de sus promesas y se apropiarán de ellas. No
lo harán porque se sentirán dignos de ellas, sino porque por su fe viviente
recibirán los beneficios del sacrificio de Cristo y serán revestidos con su
manto de justicia (Signs of the times, 3 de junio, 1903).
Bendiciones
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