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Asunto:Formarse * Varios artículos
Fecha:Domingo, 25 de Mayo, 2008  23:12:45 (-0300)
Autor:info <info @............ar>

COMO CURARSE DE LA MELANCOLÍA

 

  La siguiente receta es de un gran psicólogoAlfred Adler, discípulo de Freud:

 

"Procure pensar cada día el modo en que pueda agradar a alguien. Realizar una buena acción es lo que provoca una sonrisa de alegría en el rostro de alguien" ¿Por qué una buena acción produce bienestar? Por una razón sencilla: Cuando uno se preocupa de su prójimo deja de pensar en el miedo y la melancolía.

 

El mismo autor dice en otro lugar: "El individuo que no se interesa por sus semejantes es el que tiene las mayores dificultades en la vida y causa las mayores heridas a los demás de esos individuos surgen todos los fracasos humanos". Decía un sabio: "Hacer el bien a los demás no es un deberes una alegría porque aumenta tu propia salud y tu propia felicidad’. Y Benjamín Franklin: "Cuando eres bueno para los demás eres mejor para ti mismo". O si quieres una expresión un poco más poética dice un proverbio chino: "Siempre queda un poco de fragancia en la mano que te da rosas".

 

El consejo del psicólogo es eficaz, cura la melancolía. Quienes han probado muchos medios para liberase de ella sin resultado no pierden nada con intentar este método que consiste en ayudar al prójimo hacer una acción buena cada día durante 14 días. ¿Quién iba a pensar que aquellas palabras: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"son el recurso psicológico más eficaz para curar la tristeza del corazón humano?.

 

Por otra parte no es difícil hallar ocasiones de hacer el bien porque el mundo está lleno de problemas y necesidades de todo tipo. Puedes empezar por tu propia casa y seguir luego por fuera, ten la seguridad de que el 75 por ciento de las personas con que te encuentras cada día tienen necesidad de cariño, de alegría, de algo tuyo. Dales algo y saldrás beneficiado. Una buena acción por ejemplo: ayudar al que se quedó tirado en la carretera, dar una limosna a ese niño que tiene cara de hambre, una sonrisa franca, una felicitación sincera, ceder el asiento en el autobús. En fintantas cosas.

 

Generalmente nosotros hacemos lo contrario preocuparnos de nosotros mismos y los demás... ¡que se aguanten!eso se llama egoísmo y de eso estamos llenos ¡hasta las orejas! Su resultado es la tristeza y la amargura tenemos dentro de nosotros las cosas más contrarias: la felicidad y la tristeza. Seremos nosotros los que construyamos nuestra alegría o nuestra desdicha según usemos una de estás dos herramientas: El "egoísmo" o el "amor".

 

¡Qué buen programa de vida sería buscar hacer felices a los demás sin buscar compensaciones! ¡Inténtalo!en tu trabajo, en la sociedad. Sucederá algo asombroso, la fórmula es mágica. Me impresiona mucho que un ateo famoso llegara a decir palabras como estas: ‘Si el hombre ha de extraer algo de alegría de su paso debe pensar en hacer las cosas mejores no solamente para sí sino también para los demás ya que su propia alegría depende de su alegría en los demás y de los demás en él’.

 

Si hemos de hacer las cosas mejores para los demás conviene hacerlo pronto porque el tiempo pasa. Pasaré por este camino una sola vez. Cualquier bien que pueda hacer o cualquier afecto que pueda mostrar, debe ser para hoy, no debo posponerlo o descuidarlo -porque no pasaré de nuevo por este camino.

 

  "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Esto no es sólo un mandamiento es una terapia increíble para el corazón triste. El esfuerzo por amar aleja de ti la melancolía.

 

Autor: P. Mariano de BlasLC

 

Tomado del Libro DE PASO POR LA VIDA

 

LECCIONES DE AMOR

 

En mi primer día de labores como profesor adjunto de pedagogía en la Universidad entré en el aula sintiéndome preso de una terrible angustia.  Un frío silencio fue la respuesta de la clase atestada a mi tímida sonrisa y breve saludo.  Revisé un momento mis anotaciones y di inicio balbuciente a mi disertación.

 

Nadie parecía hacerme el menor caso.  En ese momento advertí la presencia en la quinta fila de una joven de porte tranquilo vestida de blanco, de piel bronceada, ojos vivaces color castaño y cabellera dorada.  Su animado semblante y sonrisa cordial me alentaron a seguir adelante.  Atenta a mi exposición ella asentía con la cabeza o con un "sí"y tomaba notas.  Proyectaba la reconfortante sensación de interés cuando yo trataba de transmitir de manera tan insegura.  Empecé a dirigirme a ella y recobré la confianza y el entusiasmo.

 

Minutos después me atreví a pasar la mirada por toda el aula.  Los demás estudiantes habían empezado a atender y tomaban notas. Aquella extraordinaria muchacha me había sacado del aprieto.  Al terminar la lección revisé la lista en busca de su nombre: se llamaba Laura.  En las siguientes semanas leí sus trabajos.  Redactaba con creatividad, sensibilidad y fino sentido del humor.  Yo había pedido a mis discípulos que pasaran a verme a mi oficina durante el semestre escolar y aguardaba con especial interés a Laura.  Deseaba decirle cómo me había salvado aquel día y alentarla a que desarrollara sus cualidades de persona considerada y perspicaz.  Pero jamás se presentó.

 

Unas cinco semanas después de iniciado el semestrese ausentó durante dos semanas.  Pregunté la causa de su ausencia a los estudiantes que se sentaban cerca de ella y me sorprendió enterarme que ni siquiera sabían su nombre.  Recordé la aguda observación de Albert Schweitzer: "Estamos todos tan juntos y sin embargo todos estamos muriendo de soledad...".

 

Fui a ver a la directora administrativa de la sección de mujeres.  En cuanto mencioné el nombre de Laura, la dama se sobresaltó y exclamó: "Oh lo siento mucho, supuse que usted estaba enterado..." Laura se había suicidado.
 
Laura tenía apenas veintidós años.  El don divino de su individualidad se había perdido para siempre.  Llamé por teléfono a sus padres.  La ternura con que su madre se refirió a ella me indicó que la habían amado, pero era obvio para mí que ella no se había sentido amada.

 

¿Qué estamos haciendo?pregunté a un colega.  Nos ocupamos demasiado en enseñar cosas.  ¿De qué sirvió haber enseñado a Laura a leer, escribir, hacer cuentas si jamás le inculcamos lo que realmente necesitaba aprender?:  No le enseñamos a vivir jubilosamente, a justipreciarse y a tener conciencia de su propia dignidad.

 

Quise ayudar a quienes necesitan sentirse amados.  Daría un curso acerca del amor.  Me pasé varios meses buscando en libros algo que pudiera servirme pero fue poco lo que hallé.  Casi todos los textos trataban el tema con un enfoque sexual o romántico.  Era escaso lo que había sobre el amor en general.  Sin embargo consideré que si yo actuaba como facilita dormis discípulos y yo podríamos enseñarnos mutuamente a aprender juntos.  Llamé al curso "Lecciones de Amor".
 
Propuse a mis alumnos que se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida si estamos dispuestos a dedicarle el tiempola energía y la práctica necesarios.  Pocos faltaban a una sola sesión de lecciones de Amor.  Los participantes tenían que apretarse unos junto a otros a medida que llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos.  Una de las primeras cosas que intenté aclarar fue la importancia del contacto físico: "cuántos de nosotros hemos abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera el novio, la novia o a su cónyuge?".  Pocos levantaban la mano.  Una estudiante afirmó: "siempre temo que se interpreten mal mis intenciones".  La risa nerviosa que cundió me reveló que muchos compartían éste punto de vista.
 
Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia en que nos abrazábamos mucho.   Yo asocio los abrazos con un genero de amor más universal.  Pero si tú temes que te interpreten mal comunícale tus sentimientos a quien estás abrazando.  Para aquellos que realmente se sientan molestos si los abrazan bastará un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias.
 
Iniciamos la costumbre de abrazarnos unos a otros al final de cada sesión.  Con el tiempo los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la universidad entre los alumnos de mi curso.  Jamás concluíamos una sesión sin  un plan para compartir amor.
 
Cierta ocasión decidimos expresar gratitud a nuestros padres lo cual suscitó reacciones memorables:  Para uno de los estudiantes excelente jugador del equipo de fútbol de la universidad, la tarea resultó en especial incómoda.  Sentía un gran amor pero era incapaz de expresarlo. Tuvo que armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar hacer que su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo. Le dijo: - Te quiero papá - y lo besó.  Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y musitó: Lo sé hijo. Yo también te quiero.
 
Un secreto del amor radica en percatarse que uno mismo es un ser especial que no hay en todo el mundo una persona igual a otra.   Si tuviera una varita mágica y pudiera pedirle la realización de un deseo tocaría a todo el mundo con ella y haría que cada persona dijera con convicción:  "En éste instante me agrada como soy. Y me gusta lo que puedo ser.  Soy lo máximo".
 
La búsqueda del amor ha hecho de mi vida algo maravilloso. Perocomo habría sido mi existencia de no haber conocido a Laura?. Estaría aún balbuceando mi tema ante los estudiantesajeno a los vulnerables seres humanos que se ocultan detrás de las máscaras?.  De haber aprendido a amar antesquizás le  hubiese dicho a Laura lo mucho que me había ayudado en mi primer día como maestro.  ¡Cómo quisiera que Laura estuviera hoy aquí, conmigo! la abrazaría fuerte y le diría:   "Mucha gente me ha ayudado a saber que es el amor, pero tú me diste el primer impulso. ¡Gracias, te quiero!".
 
He ahí una de las cosas en que consiste el amor:  Compartir nuestro gozo con la gente.  Pero estoy convencido que en alguna forma misteriosa, el amor que le tengo a Laura ya ha viajado hasta ella.
 
Leo Buscaglia

 

 

El manejo de los sentimientos dolorosos.



 El sentimiento de haber sido lastimados y el de ira son los más
difí­ciles de encarar. Nos podemos sentir vulnerable,sasustados e
impotentes cuando estos sentimientos comienzan a aflorar porque
pueden disparar el recuerdo de ocasiones similares en que nos
sentiamos impotentes.
A veces para recuperar el sentido de control quizás¡ castiguemos a
la gente que está a nuestro alrededor ya sea que los culpemos de
esos sentimientos o que sean ví­ctimas inocentes. Quizás tratemos de
desquitarnos o de manipular a espaldas de la gente para ganar la
sensación de poder sobre la situación.
Estas acciones quizás nos den un sentimiento temporal de
satisfacción pero sólo nos harán posponer la decisión de afrontar
nuestro dolor.
Sentirse herido no tiene que ser algo tan atemorizante ni tenemos
que trabajar tan duro para evitarlo. Aunque sentirse herido no es
tan bonito como sentirse feliz los sentimientos siguen siendo sólo
esos entimientos.
Podemos someternos a ellos sentirlos y seguir adelante. Eso no
significa que tengamos que buscar sentirnos heridos o detenernos
innecesariamente en ese tipo de sentimientos. El dolor emocional no
tiene por que devastarnos. Podemos sentarnos derechos sentir el
dolor, indagar si necesitamos hacer algo para cuidar de nosotros
mismos y luego proseguir con nuestra vida.
No tenemos que actuar con prisas, no tenemos que castigar a los
demás para tener control sobre nuestros sentimientos. Podemos
empezar compartiendo con otros nuestro dolor de sentirnos
lastimados. Esto trae un alivio y a menudo la curación tanto para
ellos como para nosotros.
Con el tiempo aprenderemos la lección de que la verdadera fuerza
proviene de que nos permitamos a nosotros mismos ser lo bastante
vulnerables como para sentir el dolor. La verdadera fuerza proviene
de saber que podemos cuidar de nosotros mismos aunque sintamos
dolor emocional. La verdadera fuerza nos viene cuando dejamos de
hacer responsables a los demás de nuestro dolor y asumimos la
responsabilidad de nuestros propios sentimientos.
Hoy me someteré a mis sentimientos incluso a los que son
emocionalmente dolorosos. En vez de actuar con urgencia o de intentar
castigar a alguien seré lo bastante vulnerable para experimentar
mis sentimientos.
Melody Beattie.

 

 

UN GRITO EN EL SILENCIO

Por: M. Ángeles Vallet Luque de Mora

 

El aislamiento, la soledad, el abandono, el rechazo familiar, social y religioso, el abuso físico, emocional y espiritual, el menosprecio, el clasicismo, el racismo, etc., han hecho que miles de personas lancen un grito desde lo profundo de su ser, un grito clamando por ayuda, que lamentablemente en muchos casos ha quedado sepultado en el silencio por la indiferencia, la ignorancia, la falta de empatía y amor. 

 

Si alguna vez has gritado en soledad, hoy puedas empezar un camino hacia la sanidad, haciendo que tu grito se escuche, rompiendo el círculo de la soledad.  Igualmente tú puedes abrir tus ojos y oídos, extendiendo tus manos, a todos aquellos que gritan en silencio


¿Por qué no escuchamos el grito ajeno? ¡Qué nos impide escucharlo?.

 

Un psiquiatra clínico, explica lo que le han compartido algunos pacientes, del porqué les resulta difícil oír el grito ajeno:

 

-    " Si yo encontrara a mi vecino en problemas -matrimoniales, con los hijos, o cualquier otro- no sabría qué hacer.   El miedo al fracaso a no saber encarar el problema, o dicho de otra manera, el miedo a que al envolverse en ayudar a alguien, esta persona se de cuenta que yo también tengo mis debilidades, mis faltas y problemas.   El miedo a estar tan cerca de la persona, que uno pueda sentir el dolor ajeno, nos asusta, nos paraliza.  Necesitamos más humildad para poder decir: " Tú eres como yo, tú necesitas ayuda en esa área, y yo en esta otra.

 

¿Qué te puede impedir a ti que gritas en el silencio, dejar que se escuche tu voz, y recibir ayuda?

 

Recientes investigaciones han llegado a la conclusión de que la soledad es una de las principales causas de infelicidad y aunque no constituye un trastorno en sí misma, va normalmente asociada a sentimientos de descontento, frustración y ansiedad que con cierta frecuencia desembocan en depresión.  Es como un muro protector donde nos refugiamos en algunos casos, para no recibir más dolor, humillación y rechazo.

 

Existen algunas condiciones de vida que pueden propiciar el sentimiento de soledad: los cambios de domicilio que implican el corte de lazos familiares y de amigos, el tipo de relaciones que se establecen en la gran ciudad (formales, frías y poco íntimas), las escasas relaciones con la familia, el incremento de separaciones y divorcios, el incremento de valores individualistas, la búsqueda del éxito personal y la competitividad acentuada, el rechazo familiar, la desintegración familiar, problemas emocionales,  y un largo etcétera, conllevan a un aumento de la soledad en nuestro entorno. 

 

Cuando la soledad arraiga en nuestra personalidad puede convertirse en una cárcel psicológica que conlleva a un proceso que puede resumirse en cuatro etapas que forman una cadena cuyo final implica el inicio del círculo de la soledad.

 

-    Creencias negativas hacia sí mismo:

A causa de sus fracasos pasados las personas solitarias se ven negativamente a sí mismas y están convencidas de que fracasarán al tratar con los demás. Tienen poca autoestima, se rebajan a sí mismos, se sienten incapaces de relacionarse. Creen que su timidez es invencible y no pueden luchar contra ella.  Así el solitario se deja arrastrar por pensamientos negativos de sí mismo y de los demás.  Esto tiende a funcionar por profecías auto-cumplidoras.  Quien cree que va a fracasar acaba fracasando por su falta de confianza.

 

-    Conducta con poca habilidad social:

El solitario tiene poca habilidad social, le resulta difícil desplegar actividades sociales, participar en grupos, no sabe ser agradable,  demostrar que disfruta de la compañía de los otros, y tratarlos cordialmente.  Suele comportarse de forma menos agradable cuando está en público, se siente inseguro de sí mismo, ansioso, generalmente es poco inclinado a revelar su intimidad y cuando la descubren se comporta de forma inapropiada, demasiado íntimo con los de su mismo sexo y superficial con el sexo opuesto tendiendo a refugiarse en la ironía al tratar con los demás.


-    Rechazo de los otros:

La mala imagen del solitario, la forma de tratar a los demás no son una buena tarjeta de presentación. Con su forma de actuar ahuyenta a los que podrían haber llegado a ser amigos suyos y contribuye a que los demás no le miren bien.

 

-    Retirada a la soledad:

Sólo el repliegue en su concha permite un mínimo de seguridad a la persona que se siente rechazada por los demás.  La soledad tiende a consolidarse con el tiempo.  Estas personas están convencidas de que su situación no va a cambiar.  La depresión e infelicidad que acompañan al aislamiento refuerzan las creencias negativas hacia sí mismo y reinician el proceso circular en una situación que se realimenta a sí misma.

 

Es importante darse cuenta del proceso para poder iniciar el cambio e iniciar el proceso hacia la aceptación de uno mismo, de los demás y conseguir la felicidad.  El primer paso para salir de este círculo, es aceptar confiar en alguien.  Esto no es fácil.  Algunas personas son deshonestas, pero no todas.  Algunas personas mienten, pero no todas.  Otras abandonan, pero no todas.  No generalices, no todos somos iguales.  Por regla general las personas que hemos sufrido, percibimos más fácilmente quien escucha sin prisas y con interés, y quien extiende una mano amiga de corazón.  Date una nueva oportunidad


El segundo paso es recuperar tu autoestima.  ¿Qué es autoestima?  Es el valor que me doy a mí mismo, la auto valía que tengo de mi persona en su totalidad, sea ésta alta, media o baja.  La manera en que nos tratan los demás es un reflejo de cómo nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos.  Investigaciones han demostrado que no existe relación entre la inteligencia o las características físicas y el éxito en la vida; todo tiene que ver con la actitud. 

 

"Sólo podemos respetar a los demás cuando uno se respeta a sí mismo.  Sólo podemos dar, cuando nos damos a nosotros mismos.  Sólo podemos amar, cuando nos amamos a nosotros mismos".

 

 

El verdadero valor de los valores
 
Sergio Sinay
Por Sergio Sinay “No podemos enseñar valores, debemos vivir valores. No podemos dar un sentido a la vida de los demás. Lo que podemos brindarles en su camino por la vida es más bien y únicamente un ejemplo: el ejemplo de lo que somos”. En 1970 el psicoterapeuta austriaco Víctor Frankl fundador de la logoterapia afirmaba esto al hablar de la voluntad de sentido. Frankl consideraba a la voluntad de sentido como la forma de percepción que impregna a cada hombre y que cuando se hace conciente le permite encontrar un propósito para cumplir más allá de sí mismo en el encuentro con otro.

 

Ese propósito justifica y da significado a la existencia. Cada hombre decía Frankl debe encontrar el sentido de su vida porque solamente sobrevivir insistían o es el máximo valor.

 

Vivimos en una época y en una sociedad en las que cada vez más y en muchos aspectos“solamente sobrevivir” parece haberse convertido en el único valor. Y no sólo en términos económicos, ser pobre no es único requisito para ser sobreviviente o para no ver otro horizonte que la supervivencia.

 

La pregunta que urge responder en un mundo que se hunde cada día en un pronunciado inquietante y trágico vacío existencial es la pregunta por los valores que dan sentido a nuestra vida a la de cada uno en particular.

 

Pocas veces la palabra valores ha de haber sido pronunciada tantas veces como en estos últimos tiempos. Esto es motivado por tragedias cercanas como la de Carmen de Patagones en donde un adolescente se convierte en asesino serial matando a varios de sus compañeros de colegio o la de Cromagnon, donde casi doscientas personas mueren en un salón de baile gracias a un cóctel siniestro que combinó la corrupción privada y oficial la negligencia criminal de un jefe de gobierno y su gabinete y la irresponsabilidad sin excusas de un grupo de rock cegado por la fama y la ambición.

 

Y también por tragedias con epicentro en otras regiones como el genocidio disfrazado de guerra santa impulsado por el presidente del Imperio más grande del mundo y algunos secuaces menores (entre ellos el primer ministro de un ex imperio que perdió las uñas pero no las mañas)las irracionales matanzas del terrorismo fundamentalista o las tragedias ecológicas que tienen colaboración humana.

 

Se habla de transmitir valores, de educar en valores, de preguntarnos por nuestros valores y por los que les dejamos a nuestros hijos.

 

Quizá cada uno de nosotros, células del organismo social que integramos debiéramos preguntarnos a la manera de Frankl, cómo estamos viviendo aquellos valores que declamamos.

 

Porque los valores son verbos antes que sustantivos. En un mundo donde basta una mentira mil veces repetida para invadir y destruir un país en un mundo donde un candidato ya convertido en presidente puede admitir que mintió para ganar porque sino no lo hubieran votado en un mundo donde las leyes sólo se invocan para que las cumplan los otros en un mundo donde los derechos se reclaman pronto y las obligaciones se olvidan rápido en un mundo donde cualquiera puede creerse dueño de Dios yen consecuencia matar a los “infieles”en un mundo donde no tener es no ser en un mundo donde consumir se percibe como sinónimo de vivir y se cree que la adrenalina es más importante que la sangre y por lo tanto hay que generarla todo el tiempo y de cualquier modo¿de qué hablamos al hablar de valores? ¿Qué decimos más allá de palabras bellas o fuertes o asertivas, cuando proponemos valores?

 

En Calígula la impresionante obra teatral de Albert Camus, cuando el emperador decide apoderarse de las herencias de todos los ciudadanos de Roma previa ejecución de los mismos lo justifica de una manera clara y brutal: “Si el Tesoro tiene importancia la vida humana no la tiene. La vida no vale nada ya que el dinero lo es todo”.

 

Resulta estremecedor observar el paisaje cotidiano de nuestra sociedad y los modelos que cada vez más prevalecen en las relaciones interpersonales porque sin distinción de clase de nivel cultural o económico pareciera que la idea de Calígula se impone con constancia, con prisa y sin pausa.

 

Vuelvo a Frankl. Él sostenía que era la conciencia el órgano que podría guiar al hombre en la búsqueda del sentido que en ella reside la capacidad “de percibir totalidades de sentido en situaciones concretas de la vida”.

 

Para ello debe estar despierta. En estos días sombríos es importante no seguir adormeciendo a la conciencia bajo torrentes de declamaciones.

 

Esto no sólo vale para políticos, educadores profesionales y funcionarios. También para cada uno cada hombre, cada mujer cada padre, cada madre en su espacio más propio, íntimo y cotidiano.

 

Si no los trágicos gritos que quedan como eco de las tragedias no naturales en el mundo que habitamos no bastarán para interrumpir el festival de sin sentido y vacío en el que baila una sociedad que dos mil años después podría volver a tener a Calígula como líder y mentor.

 

Si de veras creemos que vamos a enseñar valores empecemos por vivirlos. Aquí y ahora.

 

Sergio Sinay -


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