Y tu que haces con tus problemas?
¿Rumias continuamente tus problemas? Di:
¡basta!
Laura Foletto
Los rumiantes tienen hasta cuatro estómagos (mejor dicho: uno
dividido en cuatro compartimientos) para procesar sus alimentos y transformarlos
de maleza en proteína y energía de alta calidad. ¡Qué bueno sería si
hiciéramos eso! Lamentablemente, procedemos al revés: tomamos una
oportunidad de cambiar y crecer y la reducimos a una maraña de
naderías.
¿Cómo llegamos a eso? Una causa es que creemos que pensando
mucho un tema lo resolveremos. Podría ser cierto si, estando lo
suficientemente centrados y concientes, observáramos todos los aspectos
involucrados y tomásemos una decisión que honrara nuestra evolución.
Lo que hacemos generalmente es entrar en una sucesión de
"análisis" de las variantes negativas y proyectar toda clase de desdichas,
inconvenientes, sufrimientos y fracasos posibles. Luego, nos dedicamos a
repetírnoslo como un disco rayado con mínimas variaciones. Al final,
estamos tan exhaustos que no nos queda energía para nada. O, peor,
terminamos creando esas cosas de tanto pensarlas.
Esa es una de las causas por la que tantas personas padecen una
serie de desgracias tras otras. Han asumido que la Vida es un rosario de
infortunios al que resignarse o contra el cual luchar. No se dan
cuenta que ese pensamiento es la base de sus problemas, ya que, como dice la Ley
de Atracción, causamos lo que nos sucede de acuerdo a nuestra vibración.
La clave es convertirnos en lo que deseamos. La primera
medida será, por lo tanto, terminar con los pensamientos limitantes y
negativos. Suena difícil, pero es fácil: diles ¡basta! ¿Tan
simple? Sí, totalmente. ¡El único requisito es que tendrás que
hacerlo continuamente!
Así como "enciendes" tus pensamientos por cualquier motivo, debes
"apagarlos" en el instante en que aparecen. Comenté que la mente inferior
es como un disco rayado; en cuanto pones la púa, comienza la canción.
Sácala y piensa en lo que deseas lograr. Y otra vez. Y otra
vez. Y, cuando te olvidaste y pasaste media hora o medio día o medio mes o
medio año perdido, vuelve a centrarte y recuerda tu
meta.
Poco a poco, empezarás a construir nuevas conexiones cerebrales,
cambios corporales, actitudes; se abrirán novedosos marcos de reflexión;
conocerás otras personas; aparecerán otras situaciones y tu vida cambiará
paulatinamente.
Otro axioma que olvidamos es que crece aquello en donde ponemos
nuestra atención. Entonces, ¿cómo pretendemos lograr lo que decimos que
deseamos si lo estamos bombardeando con pensamientos en contra?
Piensa:
- Si quieres
solucionar un problema, ¿pensarás en el problema o en las soluciones?
- Si quieres
cambiar una actitud que no te sirve, ¿seguirás criticándote por hacerla o
comenzarás a practicar la nueva?
- Si quieres ser
próspero, ¿pondrás tu atención en las deudas que tienes o en el dinero que
ganarás con tu emprendimiento?
- Si quieres
adelgazar, ¿te obsesionarás con la comida o te imaginarás disfrutando tu cuerpo
delgado y saludable?
En la cultura que vivimos, la mente es el bien mayor.
Renegamos de otros aspectos de nosotros mismos y nos perdemos de una enorme
cantidad de información y de experiencias maravillosas.
Uno es la conciencia cuerpo-mente. Nuestro cuerpo contiene
todo los que nos ha pasado y además nos expresa de maneras contundentes y
concretas. No escucharlo es dejar de lado un recurso poderoso y una fuente
de placer exquisita.
Otro es la intuición, la conexión con instancias superiores de
nuestro ser. Acallamos esa suave y sabia voz con tanto ruido y
quehaceres. Hacer silencio y confiar en ella hará que tome cada vez más
protagonismo.
Otro es la canalización de mensajes de nuestros Ángeles y Guías
Espirituales. Esto es más dificultoso porque no estamos educados para una
vida espiritual rica y plena, pero, a medida que vayamos adentrándonos en estas
posibilidades, iremos incorporando este aspecto. También, podemos acudir a
personas que lo hagan por nosotros al comienzo.
¿Seguirás rumiando o comenzarás a transformar tu vida en algo
valioso y regocijante?