¿
Rumias
continuamente tus problemas?
Di:
¡basta!
Los
rumiantes tienen hasta cuatro estómagos (mejor dicho: uno dividido en cuatro
compartimientos) para procesar sus alimentos y transformarlos de maleza en
proteína y energía de alta calidad. ¡Qué bueno sería si hiciéramos
eso! Lamentablemente, procedemos al revés: tomamos una oportunidad de
cambiar y crecer y la reducimos a una maraña de naderías.
¿Cómo
llegamos a eso? Una causa es que creemos que pensando mucho un tema lo
resolveremos. Podría ser cierto si, estando lo suficientemente centrados y
concientes, observáramos todos los aspectos involucrados y tomásemos una
decisión que honrara nuestra evolución.
Lo que
hacemos generalmente es entrar en una sucesión de “análisis” de las variantes
negativas y proyectar toda clase de desdichas, inconvenientes, sufrimientos y
fracasos posibles. Luego, nos dedicamos a repetírnoslo como un disco
rayado con mínimas variaciones. Al final, estamos tan exhaustos que no nos
queda energía para nada. O, peor, terminamos creando esas cosas de tanto
pensarlas.
Esa es
una de las causas por la que tantas personas padecen una serie de desgracias
tras otras. Han asumido que la Vida es un rosario de
infortunios al que resignarse o contra el cual luchar. No se dan
cuenta que ese pensamiento es la base de sus problemas, ya que, como dice
la Ley de
Atracción, causamos lo que nos sucede de acuerdo a nuestra vibración.
La
clave es convertirnos en lo que deseamos. La primera medida será, por lo
tanto, terminar con los pensamientos limitantes y negativos. Suena
difícil, pero es fácil: diles ¡basta! ¿Tan simple? Sí,
totalmente. ¡El único requisito es que tendrás Jque
hacerlo continuamente!
Así
como “enciendes” tus pensamientos por cualquier motivo, debes “apagarlos” en el
instante en que aparecen. Comenté que la mente inferior es como un disco
rayado; en cuanto pones la púa, comienza la canción. Sácala y piensa en lo
que deseas lograr. Y otra vez. Y otra vez. Y, cuando te
olvidaste y pasaste media hora o medio día o medio mes o medio año perdido,
vuelve a centrarte y recuerda tu meta.
Poco a
poco, empezarás a construir nuevas conexiones cerebrales, cambios corporales,
actitudes; se abrirán novedosos marcos de reflexión; conocerás otras personas;
aparecerán otras situaciones y tu vida cambiará
paulatinamente.
Otro
axioma que olvidamos es que crece aquello en donde ponemos nuestra
atención. Entonces, ¿cómo pretendemos lograr lo que decimos que deseamos
si lo estamos bombardeando con pensamientos en contra?
Piensa:
-
Si quieres solucionar un problema, ¿pensarás en el problema o en las soluciones?
-
Si quieres cambiar una actitud que no te sirve, ¿seguirás criticándote por
hacerla o comenzarás a practicar la nueva?
-
Si quieres ser próspero, ¿pondrás tu atención en las deudas que tienes o en el
dinero que ganarás con tu emprendimiento?
-
Si quieres adelgazar, ¿te obsesionarás con la comida o te imaginarás disfrutando
tu cuerpo delgado y saludable?
En la
cultura que vivimos, la mente es el bien mayor. Renegamos de otros
aspectos de nosotros mismos y nos perdemos de una enorme cantidad de información
y de experiencias maravillosas.
Uno es
la conciencia cuerpo-mente. Nuestro cuerpo contiene todo los que nos ha pasado y además nos expresa de maneras contundentes y
concretas. No escucharlo es dejar de lado un recurso poderoso y una fuente
de placer exquisita.
Otro es
la intuición, la conexión con instancias superiores de nuestro ser.
Acallamos esa suave y sabia voz con tanto ruido y quehaceres. Hacer
silencio y confiar en ella hará que tome cada vez más
protagonismo.
Otro es
la canalización de mensajes de nuestros Ángeles y Guías Espirituales. Esto
es más dificultoso porque no estamos educados para una vida espiritual rica y
plena, pero, a medida que vayamos adentrándonos en estas posibilidades, iremos
incorporando este aspecto. También, podemos acudir a personas que lo hagan
por nosotros al comienzo.
¿Seguirás
rumiando o comenzarás a transformar tu vida en algo valioso y
regocijante?