RESPIRAR
ES UNA FUNCION VITAL Y AUTOMÁTICA QUE NUESTRO ORGANISMO REALIZA UNAS 21.000
VECES A LO LARGO DEL DIA. HAY MUCHAS FORMAS DE RESPIRAR, CONOCERLAS Y
PRACTICARLAS NOS AYUDARÁ A RELAJARNOS.
LAS
VIRTUDES DEL AIRE
Cuando
respiramos no sólo oxigenamos la sangre, logrando así el correcto funcionamiento
cerebral. Respirar bien nos permite:
Tonificar y
revitalizar todo el organismo.
Relajar
el
cuerpo y la mente.
Establecer
parámetros de control sobre estados de ansiedad.
Mejorar
cuantitativamente las capacidades de estudio.
Facilitar la
creación de pensamientos armónicos y positivos.
Lograr el
aumento de la creatividad y de la imaginación.
La
superación de
dolencias y enfermedades de los sistemas respiratorio, circulatorio, digestivo y
nervioso.
TEÓRICAMENTE
TODOS SABEMOS RESPIRAR. De hecho, al tratarse de un proceso automatizado que
iniciamos al nacer, no le prestamos demasiada importancia. Sin embargo de una
buena respiración o, mejor dicho, del correcto ritmo respiratorio depende buena
parte de nuestra salud tanto física como psíquica.
Una
correcta respiración puede convertirse en la mejor de las medicinas. Veamos, por
ejemplo, que favorece la circulación y oxigenación de la sangre, pero también
nos ayuda a mejorar las funciones digestivas. Respirar bien implica recargar de
energía todos los centros
nerviosos, significa también poder conseguir una buena elasticidad de los
músculos con el consiguiente beneficio de
salud.
Yendo
un poco más lejos, vemos que la respiración correcta, pausada y armónica, esto
es, controlada, nos ayudará a dominar los estados emocionales adversos o
negativos, facilitándonos en definitiva un correcto equilibrio tanto físico como
mental, e incluso, espiritual.
SABER
RESPIRAR
Si
bien en determinadas metodologías de respiración se aconseja inhalar por la
nariz y exhalar por la boca, lo más recomendable para alcanzar un estado óptimo
de relajación, salvo que tengamos algún problema en nuestro órgano olfativo, es
practicar respiración nasal. Cuando respiramos por la nariz, estamos filtrando
el aire de cualquier impureza incluso de microbios, al tiempo que llega a los
pulmones más caliente que cuando respiramos por la
boca.
Un
correcto mantenimiento de la forma de respirar siempre pasará por acompañar la
acción con un poco de imaginación. Debemos ver y sentir el aire, para ello nos
concentraremos en los orificios de la nariz.
Un
segundo punto, ya más avanzado, será imaginar que dicha corriente de aire pasa a
nuestro interior y llega a los pulmones. Podemos imaginar cómo éstos se
ensanchan al recibir el aire y cómo después lo dejan salir hasta llegar de nuevo
a la nariz.
RESPIRACIÓN
DE LOS CUATRO TIEMPOS
Conocida
bajo el nombre de Pranayama, es una de las metodologías de respiración más
equilibradas. Resulta ideal para la relajación tanto física como psíquica. Para
llevar a cabo este sistema de respiración, cada persona debe marcar los segundos
que empleará en cada uno de los tiempos dado que no todos tenemos la misma
capacidad pulmonar.
El
ritmo que nos marca este sistema de respiración es: 1-4-2-4. Dicho de otro modo,
si los tiempos fueran segundos, inspiraríamos durante 1 y retendríamos el aire
durante 4 segundos. Lo expulsaríamos en 2 segundos y permaneceríamos sin tomar
aire otros cuatro. Tomando esta base de trabajo podemos efectuar las
modificaciones de tiempo que consideremos necesarias teniendo en cuenta nuestra
capacidad pulmonar.
Paso
a paso
- Cerraremos
los ojos y nos concentraremos en toda la cabeza, centrando la atención en las
fosas nasales.
- Tomaremos
aire (fase Puraka) con suavidad, sintiendo el cambio de temperatura en las
fosas nasales.
- Retendremos
(fase Kunbhaka), siendo conscientes que el aire es energía que nos da paz y
serenidad.
- Espiraremos
(fase Rechaka). Podemos desarrollar esta fase de forma pasiva, esto es,
dejando que el aire salga libremente, o empujándolo. Al sacar el aire, debemos
ser conscientes de que con él eliminamos
tensión.
- Permaneceremos
sin respirar (fase Kumbhaka Eterno). Esta fase es muy importante ya que es
cuando debemos concentrarnos con mucha fuerza en lo que estamos haciendo o
deseamos lograr. Por ejemplo, aprovecharemos el tiempo que estamos sin
respirar para pensar “me estoy
relajando”.
Este
tipo de respiración está especialmente indicado como sistema de entrenamiento.
Deberíamos destinar cada día al menos cinco minutos a respirar de esta forma. Es
muy aconsejable cuando estamos en una reunión tensa o antes de ir a dormir. Por
supuesto, emplearemos esta respiración en la meditación cuando practiquemos
sesiones de yoga.
LAS
CUATRO FASES DE LA
RESPIRACIÓN
El
ciclo respiratorio está marcado por cuatro tiempos o fases. Trabajarlas nos
ayudará a relajarnos y a dominar nuestros propios ritmos tanto físicos como
emocionales.
Salvo
que se trate de poner en práctica un método concreto de respiración, siempre
debemos:
-
Inhalar
el aire suave y lentamente para que nuestros pulmones se hinchen poco a
poco.
-
Retenerlo
sin presión una vez ya está dentro, es el segundo paso. Debemos contenerlo
siendo conscientes de que está en nuestro
interior.
-
Expulsarlo
suavemente y, salvo que se nos indique lo contrario, empleando el mismo tiempo
que hemos invertido para obtenerlo.
-
Contener
sin respirar es uno de los puntos básicos que muchas personas olvidan,
especialmente en momentos de tensión. A no ser que estemos practicando la
respiración circular, debemos estar sin aire el mismo tiempo que hemos invertido
para tenerlo en el interior.
LA
RESPIRACIÓN CIRCULAR
Cuando
estamos en tensión, cuando notamos que estamos perdiendo la seguridad o nos
sentimos atacados, llega el momento de emplear la respiración circular. Esta
técnica estriba, esencialmente, en no retener el aire una vez ya está dentro ni
tampoco en pasar ni un momento sin él. En esta metodología, anulamos las fases
de retención y contención para que el organismo reciba continuamente la energía
del aire. De hecho, es lo que hacemos cuando nos sentimos atacados o bajo una
gran presión. En dichas situaciones y también en las que sentimos ansiedad, el
aire entra y sale del cuerpo, pero al hacerlo de forma descompensada y nerviosa
podemos hiperventilarnos, con el consiguiente riesgo para la salud. La
metodología de respiración circular nos permite imaginar un círculo de aire que
entra y sale de nuestro cuerpo y en perpetuo movimiento, regenerándonos con su
acción.
Paso
a paso
- Haremos
un esfuerzo por concentrarnos en la respiración sintiendo el ritmo que le
estamos imprimiendo.
- Reduciremos
poco a poco la velocidad con que estamos cogiendo el aire y nos dispondremos a tomarlo con la
mayor suavidad que nos sea posible.
- Una
vez el aire ya está en el interior, sin dejar ni un segundo de retención
permitiremos que salga hasta vaciarlo por
completo.
- Cuando
percibamos que el aire está fuera, volveremos, sin esperar, a tomarlo de
nuevo.
Debemos
realizar este ejercicio con la mayor lentitud posible estando muy pendientes de
no incrementar la velocidad de inhalación o expulsión del aire. Para relajarnos
correctamente debemos procurar que el aire entre y salga cada vez con mayor
lentitud.
Podemos
emplear este tipo de respiración siempre que estemos en tensión, cuando
necesitemos concentrarnos o en aquellos momentos que percibamos hostilidad en el
ambiente que nos rodea.
LAS
RESPIRACIONES PROFUNDAS
Son
relajantes siempre que las efectuemos tomando el aire muy lentamente por la
nariz hasta sentirnos totalmente llenos para después expeler el aire dejándolo
salir, sin presión.
Deberíamos
respirar profundamente dos o tres veces seguidas al menos una vez cada dos
horas.
LAS
VEINTE RESPIRACIONES CONECTADAS
Este
sistema de respiración es perfecto para todas aquellas situaciones que nos
producen tensión, especialmente cuando estamos muy nerviosos, tenemos estrés o
ansiedad. Se trata de una técnica que fue desarrollada por el médico y terapeuta
de California Leonard Orr. Es una práctica que debe realizarse en un tiempo
total de 30 segundos.
- Nos
sentaremos cómodamente o si estamos en pie, apoyaremos la espalda en una
pared. Efectuaremos dos respiraciones profundas previas al
ejercicio.
- Realizaremos
cuatro respiraciones cortas pero intensas, de forma que el aire entre y salga
lo más rápido posible.
- Efectuaremos
una respiración larga, tomando aire profundamente y dejándolo salir también
con suavidad.
- Repetiremos
el ciclo anterior cuatro veces sin
detenernos.
Al
acabar el ciclo respiratorio, permaneceremos un minuto en total quietud
sintiendo el cuerpo. Si hemos notado mareo, esperaremos un par de minutos más
antes de movernos. En el caso de ser fumadores debemos esperar al menos cinco
minutos antes de prender un cigarrillo ya que nuestro cuerpo está muy oxigenado
y la nicotina podría ser
perjudicial.